VI
Un tordo merodea alrededor de una de las almas de la casa. Tal asunto suele ser permisivo si la levedad se pone de manifiesto bajo circunstancias extraordinarias. De lo contrario, un negro sino se apropia, irremediablemente, del espíritu que la casa guarda con celo en su recóndito origen.
A veces, aparecen manchas pardas o rojizas en los intersticios por donde se escapan los sueños y luego, una premura parece entorpecer el natural avance de la casa hacia otros confines más pletóricos.
La tierra de los patios entonces, hurga un único destino que la justifique ante los ojos de los visitantes.