La casa que me habita • Wilfredo Carrizales
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IX

A los gatos los seduce la casa, su calor aquiescente. De noche, en medio de la blancura de las paredes, el mejor representante de los felinos reivindica su fuero y exige ambiente muelle al lado de abundante comida. A cambio, deja cierta parentela.

Se asevera que algún espíritu protector de los gatos acude, constantemente, a la casa en procura de bienestar para la cofradía maullante. (Cuando el espíritu ocupa el ámbito doméstico ronroneo y como los alimentos eróticos del sueño).

Hay un pan de almizcle aromatizando el hambre de la casa en tiempos acuosos. Entonces, me presento ante el Consejo de los Felinos y expongo mi altivez y mi humildad gemelas como ofrenda a la magnificencia de los dueños del hogar.