XI
Despliega la noche la mujer con su larga y negra cabellera y de sus dedos saltan al mínimo cielo de la casa abalorios de estrellas. El piso se siente enaltecido por el sublime brillo y un revelante espejo aparece para agrandar los besos que nosotros, los amantes, hemos seleccionado.
El ámbito donde descansa la casa se amplía en lo sensual, siendo la música su esencia y su deseo tiernamente contenido.
La mujer dice y afirma del encanto que siente. Yo me plazco en dejarme caer entre sus ojos y sorber la piel de su aliento. Mientras tanto, la casa no ha cesado de inventar instrumentos de brisas, de sombras y de innegable contento.
Para cerrar la noche despierta, la casa me ordena escribir sobre la cintura de la mujer de firme prevaleciente, versos hombres de versos, con mi barba amatoria y rica.