XV
El enorme gato es fiel testigo y por eso cuelga de la pared. La casa le ha asignado tan importante tarea. Da su testimonio escrito el gato. La casa redacta las noticias y la mañana dominical pregona en todas sus paredes los eventos amatorios que convirtieron la noche en inextinguible llama de vela.
El periódico ahora es la casa. Lo proclama la primera página encima del vano de una puerta: “Amantes no sucumbieron a la noche y fueron madrugada y nacieron diurnos de intemporales amores y placeres suyos”.
La mañana del domingo cierra el ciclo y vuelve a sumar ocho como cuando algún dios olvidado intenta desglosar el concepto múltiple.
No viste de sueño la mujer porque ha sido amada y ella también amó y desnudó al hombre en un real soñar para que la volviera a desear despierto.
La mujer abandona lentamente la casa. Los helechos se alargan para admirarla y robarle algo de su peculiar certeza en la acera por donde evoluciona el amor.
Dos bocas se juntan en la despedida y, a la vuelta de una semana, la casa tendrá para ellas enhebrados los besos y dispuestos los ámbitos adonde los labios serán de nuevo fiesta y canción.