
"Incidente en una obra. En la obra en construcción del señor Fragnaud, se ha producido ayer un incidente entre dos delegados. Según parece, el constructor despidió a uno de ellos, y entonces los obreros se declararon en huelga. Esto ocurrió ayer antes del mediodía".
En ese momento, se produce el primer gran contraste urbano y división de
las ciudades. Paradoja visual agresiva, la casa criolla construida con
barro convive junto a la fastuosa mansión estilo inglés o francés. Mar del
Plata es todavía una sola pero ya surgen los puntos de conflictos. Comienza
a ser altisonante su arquitectura y la disputa pública se traslada a un
terreno urbanístico. Están aquellos que no quieren un puerto próspero y
aquellos que sí. Cada grupo pugna por priorizar cierto tipo de obra que le
beneficia. Surgen así edificios comerciales para el turismo y públicos para
los marplatenses; las rambla primitiva y la Pellegrini para unos, y la
Usina Eléctrica y la Compañía Telefónica Marplatense para otros.
La década del '30 es quizás el período más rico de la arquitectura local; no tanto por la calidad, sino por la cantidad: en seis años —del '32 al '38— la superficie construida aumentó de 24.412 m² en principio a 120.774 m² sobre el final. Una auténtica explosión que explica las desprolijidades y el poco tino urbano que siempre se da con los crecimientos histéricos.
En cierta medida, la convivencia a principios de siglo, pareció sobrellevar un período de mutuo respeto entre las dos ciudades, plasmado en el crecimiento edilicio casi paralelo de ambos estados. La diplomacia fue tácita hasta que los intereses del balneario chocaron contra los de la ciudad. Un claro ejemplo fue la negativa de Santiago Luro (hijo del fundador de la ciudad) a que se irguiera un puerto con posibilidades a futuro. De esta lucha, luego encarnizada, surgiría el dilema de un ciudad dividida por sus intereses particulares. Aun teniendo presente que ambos bandos sufrieron consecuencias negativas, ya todos sabemos quiénes, en rigor, perdieron.