La ciudad enemistada, por Felipe Celesia

Arquitectura y sociedad El origen arquitectónico de Mar del Plata, se remite en principio a la estancia, entendida como una vivienda de construcción simple, agrupada alrededor de un patio. La estancia surge con el deseo local de comenzar a constituirse en ciudad. El proyecto urbano se consolida a partir de 1886 con la aparición de la arquitectura moderna y el uso del hierro y vidrio como materiales estéticos. Se conoce el art noveau y el uso del hormigón armado es ya, una cuestión cotidiana.

...La casa criolla construida con barro convive junto a la fastuosa mansión estilo inglés o francés En ese momento, se produce el primer gran contraste urbano y división de las ciudades. Paradoja visual agresiva, la casa criolla construida con barro convive junto a la fastuosa mansión estilo inglés o francés. Mar del Plata es todavía una sola pero ya surgen los puntos de conflictos. Comienza a ser altisonante su arquitectura y la disputa pública se traslada a un terreno urbanístico. Están aquellos que no quieren un puerto próspero y aquellos que sí. Cada grupo pugna por priorizar cierto tipo de obra que le beneficia. Surgen así edificios comerciales para el turismo y públicos para los marplatenses; las rambla primitiva y la Pellegrini para unos, y la Usina Eléctrica y la Compañía Telefónica Marplatense para otros.

La década del '30 es quizás el período más rico de la arquitectura local; no tanto por la calidad, sino por la cantidad: en seis años —del '32 al '38— la superficie construida aumentó de 24.412 m² en principio a 120.774 m² sobre el final. Una auténtica explosión que explica las desprolijidades y el poco tino urbano que siempre se da con los crecimientos histéricos.

En cierta medida, la convivencia a principios de siglo, pareció sobrellevar un período de mutuo respeto entre las dos ciudades, plasmado en el crecimiento edilicio casi paralelo de ambos estados. La diplomacia fue tácita hasta que los intereses del balneario chocaron contra los de la ciudad. Un claro ejemplo fue la negativa de Santiago Luro (hijo del fundador de la ciudad) a que se irguiera un puerto con posibilidades a futuro. De esta lucha, luego encarnizada, surgiría el dilema de un ciudad dividida por sus intereses particulares. Aun teniendo presente que ambos bandos sufrieron consecuencias negativas, ya todos sabemos quiénes, en rigor, perdieron.