Crónicas citadinas, por Mirco Ferri


A manera de introducción

La ciudad, mi ciudad específicamente, ha sido durante estos dos últimos años una de mis obsesiones. Mi hobby por excelencia es tratar de informarme lo más posible sobre este tema, pero realmente mis avances no han sido muy fructíferos: la literatura documental disponible sobre mi urbe es bastante precaria y difícil de conseguir. Para saciar esta necesidad de documentación, tuve que recurrir a los escritores costumbristas de finales del siglo pasado y principios del presente, quienes con pluma a veces irónica, a veces grandilocuente, pero siempre afectuosa, trazan el fresco de una ciudad pequeña y amable, París de un solo piso como la definiera Aquiles, el poeta de la ciudad, en donde el ambiente citadino se funde con las actividades campestres.

Sin embargo, de esta concepción de ciudad bucólica, si se me permite la paradoja, a lo que se ha convertido en la actualidad, existe una brecha insondable: lo que antaño eran parajes propios para el paseo hoy son asiento de enormes y contaminantes industrias; las antiguas haciendas de café, caña y cacao se trastocaron primero en urbanizaciones unifamiliares, y progresivamente en espacio apto para la proliferación de esas colmenas humanas que son los enormes rascacielos. Y del casco histórico es preferible ni siquiera hablar, ya que prácticamente ha sido arrasado.

De estas lecturas, mi curiosidad devino en profunda nostalgia por lo que nunca conocí; fruto de dicha nostalgia son estas crónicas, que quieren ser un modesto homenaje a mi maltratada ciudad. Tal vez alguien pueda, o crea, reconocer algunos de los hechos aquí narrados. Debo advertir que, aunque ciertamente algunos de los relatos están basados en asuntos realmente acaecidos, la ficción tiene amplio predominio sobre lo real.

De antemano me excuso por las chapucerías que, como toda ópera prima, pueda contener este libro; el lector gentil sabrá tomar con benevolencia los gazapos de un advenedizo de la escritura.