XX poetas ecuatorianos del siglo XXI • Selección: Fernando Itúrburu
(Quito, 1976)

Comparte este contenido con tus amigos

Ha publicado La ciudad que se devoró a sí misma (CCE, 2001) y C (2006). Consta en la antología de poesía joven ecuatoriana Ciudad en verso (2002). Consta en las memorias del I Festival de Poesía Joven Hugo Mayo (2005).

El belén

En mi pequeño
íntimo altar
he puesto dos velas:

la primera
en recuerdo del cariño que te tuve

y la otra
para acompañar tu cadáver perfumado.

 

Ofelia

En mi ausencia cifro la venganza.

Mientras me abandono a la corriente
se llora en los pasillos y arcadas.

Mi lengua, amordazada en nenúfares
y mi boca, sellada por el lodo,
van dejando un rastro en las orillas.

Soy el cuerpo que ha sido desechado,
la forma amada que se desvanece,
el nombre que no será nombrado.

Es mi llanto el que acrecienta el caudal:
se pierde más en el infortunio que en la muerte.

Decido que he amado

Asumo para mí
la locura del viajero:
conozco el puerto
mas ignoro el itinerario.

La venganza se repliega en la mano.

El caballo bravío
y el liquen espumante.

El gesto excede al limo.
Bajo el pantano, el placer del exceso,
el efluvio delirante de la putrefacción.

Me confundo con los gritos,
borro las huellas que dejé atrás,
me sumerjo en el lodazal.

Cómplice

La mirada se hace necesaria
empapando el vestido.

Estoy aquí porque así lo quise;
mi rostro, mis pechos serán bellos
en tanto las rocas no los golpeen.

Los ojos se deleitan en mi piel moribunda,
cada tarde mutilada,
cada miembro desatado,
piedra a piedra,
olvido y ausencia,
sueño del abandono.

¿Quién abandona al otro?
¿Yo, empapada de venganza,
una con el lecho del río?
¿Tú, cuya prisión es nostalgia
y tu condena, el olvido?

El cauce bebe mi abandono.

Arrastro los secretos de la hiedra,
el susurro del pedernal sonoro,
el agua que conquistará la piedra
y las marcas en el árbol absorto.

Tras de mí, la agonía aumenta,
el solitario se sabe más solo.

La venganza ha sido consumada.

Ha tomado forma
en silencio escindido
y conjetura dolorosa.

Se establece la sospecha:
el sexo se encabrita apasionado.

En los labios, la mentira,
la división y el miedo.
Habito el infierno construido,
anhelado,
el borde del gemido y la piel.

Llevo el cuerpo coronado de espinas:
delirio de acero,
deseo cercado por la indiferencia.
Encierro al dolor,
lo doblego como a ganado nuevo,
permito
            tan sólo
que contemple las orillas

lejanas

inalcanzables.

Bajo la lengua guardo el rescoldo,
aquello que, alguna vez, incendió las palabras.

Cuando sea una con el silencio,
iré de regreso al hogar.

 

El horizonte rojo ceniza de Newark

Terminal 12 y adioses en espera:
el mundo se asoma a mi ventanilla.

***

¿y si el viaje no debiera terminar?
esa luz azulada que se prende y  se apaga
transmite, en un código desconocido,
secretos a mi alma.

***

nadie me espera.

***

¿y si todos los puertos fueran embarcaderos,
en continua despedida?
la vida no se detiene por el pasajero rezagado.

***

Museo del Prado
Velásquez, Goya, Picasso
Las Meninas
Museo del Jamón (un restaurante)
Paella vegetariana
frío
nieve
mañana Toledo
13 horas en el avión
tsunami mata 150.000 personas
te amo

 

Mamacuchara

Desde
el
fondo
de
esta
calle
te
ves
tan
pequeña
que me provoca
aplastarte con la punta
de mi dedo
pulgar

 

El cafecito

G.

¿Ves aquel pajarito
parado en mi árbol de capulí?

...pues está muerto

yo lo maté:

lo dividí en dos partes
le arranqué sus vísceras
y lo rellené de algodón

lo hice
porque siempre quise tener
un pajarito
parado en mi árbol de capulí.