XX poetas ecuatorianos del siglo XXI • Selección: Fernando Itúrburu
(Manta, 1980)

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Licenciado en Ciencias de la Comunicación, periodista cultural y cronista de cine. Editor de la revista rockera Marfuz. Ha publicado los poemarios Desconsuelo (2001), Complot ante el silencio (2003) y Club de los premuertos (2006). Consta en las memorias del I Festival de Poesía Joven Hugo Mayo (2005). En el campo rockero ha publicado el cuadernillo Legión: década pagana (2006). Actualmente se desenvuelve como asistente de edición en la Editorial Mar Abierto de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí.

Podemos mentirle al placer

Sigilosamente
la tarde arrebata desencantos.

Creer en tu sexo,
en su frescura,
sonoridad,
es común y agotador.

Zozobra el artificio,
pero podemos mentirle al placer.

Amor,
tus glúteos encierran otra forma de vitalidad.

 

Club de los premuertos

Frente al club de los premuertos
avanzo,
mi último pasillo,
contemplo las luces
como Al Pacino y Sean Penn.

Me desconecto:
yo no seré tú
y tú no serás yo,
rompo el nexo de la carne.

Pequeña, llorarás.
Todo principio suele ser así,
revivirás las fotografías,
absorberás el escaso aroma de mis camisetas,
releerás las cartas en que mentí para acercarte,
contemplarás hasta agotar
las colillas vetustas bajo la cama,
mis medias y botines jubilados,
los últimos preservativos consumidos,
mis discos gastados de ritmo
y palabras descompuestas en dolor,
el retrete donde paré el tiempo y la mierda
para crear quimeras sin olor ni forma.

Pequeña, llorarás,
sobre la cama en que degustamos nuestros sexos
y degollamos la idea de familia
(sobre todo yo,
responsable no era un complemento que encajara en mí)

Mientras avanzo:
pasillo sin regreso,
pálido tumulto giratorio.

Restaré 21 gramos, quizás más,
para apoyar tu creencia almamito.
Tú y tu dios travestirán mi idea tras la ida.

Pequeña, llorarás,
pero cierra la puerta
no me resfriaré con tus lágrimas.

 

Sobre páginas imaginarias

Te escribo desde el árido rincón de la tarde
sobre páginas imaginarias
frente a una taza de café rodeada por insectos
un track inagotable volviendo en cada clic
una imagen adjunta que no paro de admirar
y la idea común que clama destrucción.

Te escribo y me arrepiento:
tus zapatos enlodados
marcan nuevos signos
la continuación de lo insólito tras de mí.

Suprimo el párrafo
la errada selección inliteraria que asoma sin vergüenza.
Olvida que dije ser poeta
es un título grande aun para mi estatura.
Mientras todo sigue igual:
la tarde árida
insectos flotando en mi café
el track parado en cada nota
y la página imaginaria volviendo a su pureza.

 

Post mortem

Y mi carne
¿por qué no forra
el espectáculo de mis restos?

Mi osamenta,
mi tiza aún compacta,
¿por qué ante manos insaciables?
¿por qué ante rostros eruditos se desgasta?

Rey
durante la estadía en mi oscuro templo.
y ahora bufón,
distracción desnuda,
croquis indefenso.

Y mis súbditos rastreros
¿a dónde han ido?
¿por qué extraños me exhiben
en el circo de la ciencia?

Flaco, ingobernable,
sin luz, era feliz.
Ahora: marioneta, libro releído,
rompecabezas transportable,
alimento intelectual para perros.

Goberné el silencio del concreto
y recibí una fecha:
el comienzo y el final
y de qué me quejo,
si aquí también me han numerado.
Pero soy bufón:
el obsequio ofrecido en la necrópolis.

 

Retrato de un impulcro

Tallo cuatro letras sobre tus pupilas.
¿Adivina cuáles son?

¿Creerás que intento levantar el sol, en madrugadas,
con la punta calva de mi sexo;
decir adiós (a todo y a todos)
mientras cepillo mis caries
y remuevo algo del sarro duradero?

No reprimas mis estomacales movimientos salvajes,
es la lid interna preexpulsión
de reservas incoléricas descuajadas,
es el hedor que chilla y filtra por aberturas
hasta atacar tu olfato perfumado.

Después de mí
estaré nuevamente:
candidato sucio a la poesía.

Porque reboso de vilidad,
porque mi nariz es una mina
de pelitos antiestéticos
explotada
removida
dispersa
entre la pasarela de mi dedos,
y eso —aunque te cueste soportar— es importante.

¡Que alguien me clausure!
parche mis orificios
niegue la comunicación:
                            silbido
                             eructo.

Sólo he tallado cuatro letras sobre tus pupilas
¿sabes cuáles son?