En la Biblia el libro de Sirácides ofrece un consejo práctico para el duelo por los difuntos. Dicho libro lo encontramos en el Antiguo Testamento y fue escrito por un hombre de clase acomodada llamado Jesús, hijo de Sirá, dos siglos antes de Cristo. A continuación y a propósito de los ritos funerarios y el duelo de la muerte reproducimos un pasaje de ese libro, especialmente denominado “El duelo por los muertos”:
Hijo mío, derrama lágrimas por un muerto y entona la lamentación que expresará tu dolor. Luego, entierra su cuerpo como se debe, no descuides nada referente a su sepultura. Gime amargamente, golpéate el pecho, haz el velorio como conviene por uno o dos días para marcar la separación, luego consuélate de tu tristeza. Porque la tristeza lleva a la muerte, y la pena interior consume las energías.
Que la tristeza se acabe con los funerales: no puedes vivir siempre afligido (Sir 38, 16-19).
Tales palabras quizá me hubieran bastado para que yo me sintiera más reconfortado si mi papá me las hubiera dicho antes de morir. Pero no fue así. Así quise, pues, comenzar con mi trabajo siempre teniendo presentes a mis padres, uno muerto y mi mamá viva, pensando en que este estudio seguramente nos agradaría mucho a los tres.
Sin embargo, quiero aprovechar de hacerle un especial agradecimiento a mi hermano Stavros, a mi tía Lygia, y un reconocimiento a mis doctoras, psiquiatras y psicólogas, porque con su ayuda la mayor parte de estos ensayos ha sido posible. Mis doctoras son Haydee, Ana, María Daniela, Virmely y Laura. Aprovecho también de decir que me pareció buena idea tomar en préstamo de Erwin Rohde, el nombre de un capítulo que él escribiera, llamado “Culto a los antepasados”, así que el lector podrá recrear las ideas más importantes de este escritor así como leer mi propio análisis de su gran obra: Psique. La idea del alma y la inmortalidad entre los griegos.
Digamos que quise dejar escritas mis ideas más importantes acerca del arte literario griego, de sus dos manifestaciones principales, como lo son la épica y la tragedia, así como de algunos tópicos clásicos o motivos de los griegos antiguos.
Quisiera que estos ensayos sirvieran para acercar al lector a la inmensa riqueza de Grecia, a obras maestras y clásicas como pueden ser Antígona, la Ilíada o las Troyanas, sólo por mencionar tres de todo el inmenso acervo cultural, literario, mitológico, que nos legaron los griegos a toda la humanidad.
El objeto de mi trabajo nunca será abarcar ni mucho menos exponer las virtudes de este gran pueblo del Mediterráneo. Sólo desearía y me contentaría con llevarle al lector una óptica distinta para observar la Literatura Griega antigua, de tal modo de incentivar en Venezuela aún más el interés y nuestra admiración por quienes fueran una de las civilizaciones más relevantes e influyentes de los últimos tres mil años: los griegos.
Como hijo de griego que soy, me siento orgulloso; muy orgulloso y a la vez siento que todos los siglos que Grecia vivió para convertirse en lo que llegó a ser, no fueron en vano. Para mí es un imperativo vital y un deber ineludible lograr que este escrito y este trabajo consiga amplia difusión, sobre todo en los más jóvenes, porque en ellos reside la responsabilidad de seguir vislumbrando, descubriendo y profundizando, el porqué Grecia llegó a fundar un imperio, el porqué la antigua Hélade dejó maravillada a tanta gente con sus proezas artísticas y científicas. Ella nos servirá como un ejemplo de lo que somos capaces los seres humanos de alcanzar, usando nuestra mente de manera constructiva, para nuestro progreso como pueblo, para nuestro bienestar, y para nuestra gloria. Luchemos todos juntos cada día por lograr nuestros más soñados ideales y aprendamos todo lo que podamos en la vida. Tenemos que ser un pueblo que deje una huella imborrable, que persista a través de las pruebas más duras y rigurosas. Nuestro deber es redescubrir la belleza, la razón, el carácter y la sabiduría de los antiguos. Recobrar la serenidad, la verticalidad y la sobriedad. Recobremos todos la virtud, aprendamos de Grecia como aprendemos las historias de nuestros abuelos. Seamos dignos de toda la grandeza posible. Primero, debemos creer que podemos, lo cual ya está sucediendo; lo demás vendrá como añadido.