Donde se cruza el ancho camino de la historia
con el sendero oculto y arduo de la leyenda,
donde el paso triunfante de legión y mesnada
se paró ante la ruta temblorosa del mito;
donde el viajero inane, donde el turista huero
no encuentran en el mapa nombre ni carretera,
ahí es, en el punto en que estrellas y montes,
valles, ríos y lagos enlazan sus perfiles.
Al lado y lejos, más allá y aun antes,
donde los ojos ya no ven y nada
oye el oído. Donde suelo y cielo
se confunden y cierran. En el hondo,
frío seno del lago del olvido,
yace Lucerna, la ciudad del oro.