Cuerpo mediterráneo • Edith Goel
Hacia el horizonte

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...Yet one thing I do fight for, tooth and nail, all the time.
And that is my bit of inward peace, where I am at one with myself

D. H. Lawrence

Hacia el horizonte

Se han hecho
los silencios

Los envoltorios se diluyen.

El lomo de un tibio jabalí
se ofrece a mi garganta

Una buena noticia
cruza mi boca.

Los colmillos se estrellan
contra la estupidez de las corazas.

Todo no es necesario ya

La lluvia llegó

Desde el interior
veo los campos anegados

Rozo con mi palma rojiza
la fisura de un parque

Una oxidada melodía
zumba en los terrenos.

El timbre
se desliza
lento
por la barranca paquidérmica

Goteo

Pronto será
la hora del silencio.

 


 

Miro de soslayo
a mi costado izquierdo.

Al lado del café conciliador
una carta.

Correo militar.

El nombre de mi hijo convocado.

A mi derecha
una ínfima ventana
para los vapores.

Después
todo bien

Todo desierto.

 


 

Reverbera la voz de un nuevo mundo.

Rezamos
Algo es eterno y se esfuma

La salvación del ocre y del azul
recorre las ventanas.
Un aire portátil nos toca los nudillos
los instrumentos secos
el pan de cada día

Nos oxigena por dos horas
o tres.

¿Y después?

Dos cuerpos de sonrisa contundente y yo
volamos por fin a la inmensidad
de nuestra incógnita.

 


 

Coordenadas

Los dioses se balancean
en la danza pendular.

El estanque
muere entre los ecos.

Veo una mujer
marchando hacia el fuego.

Pero el fuego siempre se acerca a pasos acelerados sin piedad y sin necesidad del grito sin necesidad de la abominable rutina sin embargo la mujer profundiza en la luz de una caverna en los pliegues de las vísceras en las sombras Perséfone la llama ella se abre a los cuatro vientos

Sus amígdalas abiertas
tiñen de un carnoso azul
a este jardín
de pensamientos rotos.

Los templos envuelven
con su rosa ajado
el pudor de la íntima orquesta.

 


 

Estallan los cerrojos
Estallan las cañerías
Las baldosas.

La sangre penetra la tierra
a pasos lentos.
Los residuos de nuestro día
se pegan a los dientes
A la lengua del dolor
La ciudad de las sillas vacías
cancela los eventos

Un esbozo de mar
se apodera de las voces.

La canción agasaja nuestras letras y descifra al aire que interrumpe los borbotones de un agua ínfima medida a cuentagotas en este desierto de miradas la miríada de estrellas lleva fechas y nombres de un panteísmo feliz intocable cercano como el Dios de nuestra cama nuestro plato nuestro anillo ancestral por fin
resbala

 


 

Suspendida
en el fondo de los cielos
la aeronave
milagrosamente
no estalla.

No abordamos las salidas
No saltamos
temerosos y descalzos
a la nada.
Pisando el rumbo de una ciudad ajena
me anudo
el crujiente cordón umbilical.
Cómo borro mi orfandad y vuelvo
al revés de estas rejas.
Cómo recupero
todos mis cuerpos
presentes
sin la misa

 


 

Un bosque secreto
se desliza por mis brazos

Qué difícil es recoger
la musculatura del sustento
los surcos de la ruta

Todo se desvanece
en las auroras

En esta orilla queda muy poco.
Semmai
este útero sereno
que atesoro entre las palmas.

 


 

Esto es una prisión
de muros invisibles
que marca el paso de las horas

Es una marcha
de juventudes tiesas
y de un violeta turbio.

No quiero más anécdotas heroicas

Quiero recuperar
el césped en el césped
la arena en las arenas
la brújula
el éxtasis
el rubí en el fondo de las copas.

 


 

Nomenclaturas

Un aroma serrano
aturde a este desierto virtual
Y escribo
para encontrarme en algún mapa.

Hablo como una rusa
y escucho mi propia carcajada

Hablo como una argentina
y encuentro
un telón hueco.

Hablo en hebreo
y me parezco a una maniobra
Nunca a un corazón.

Hablo en inglés
Y el peso del disfraz
se desliza
sobre el desnudo de mi hombro.

Ensayo este silencio.

Abro mi armario
Imagino las circunstancias.

El volumen de la ropa se carga
de carne veloz
Quizás arrepentida.

Cuál
de todas mis vidas
emprenderá la marcha.

 


 

Quiero pintar con un beso
la hipérbole de todos los frutos.

Tomo la sangre de mis venas
y los malvones se colman de gloria.

Una salvación de viernes a la tarde
resucita mis faunas.

Me desprendo de todo lo visible.

Pero esto no es la libertad
Es sólo la intemperie.

 


 

Zona limítrofe

Será este
mi último trayecto
La última vez que dos piernas veloces
desafíen
a un par de zapatos
enteros y puntuales

La mirada cuenta
una
dos
trescientas ventanas

Toneladas de futuro debris esperan
hasta que el fuego desplace
la piel
la seda
las etiquetas vírgenes

Los territorios del metal cincelan
medallas azarosas.

Un cráneo anónimo
será el tema de algún himno.

En cuanto a mí
un grito feliz abandona
mi isla
mi última vértebra.


 

Ira

Espero el aliento maternal
volcando en mi ombligo
la invisible deuda.

A la vera del camino
un eco de perdón
me alumbra.

Todavía espero la desazón de una promesa un bote salvador la otra orilla algo que me cante noche de paz noche de amor nada calla en mi interior todo arde y repito el villancico tierra santa en mi interior qué hay noches de desamor Gaza Tel Aviv nada calla en derredor

En este verano innecesario
en este campo innecesario
mi lengua se tiende como una red sin barca

Hágase el silencio.