A veces nos pienso como dos margaritas
estáticas
sumisas al vaivén que nos impone el viento
en otros espacios nos sueno como dos vietnamitas
o como niños de pradera
corriendo tras dos mariposas
que llevan en sus alas nuestros girasoles
algunas noches
nos envuelve la magia de la reencarnación
la ternura del candil de tu puerta
la sciolteza de la revolución
durante otros tránsitos
somos para mí
dos temblorosos gusanillos de seda
que entretejen y destejen
alternativamente sus vidas
sombríamente sus sueños.