Es una suerte de nihilismo absurdo.
Por entre las calles de esta ciudad
entre los sudores confusos
de quienes intentan sobrevivir
se expande, aún sin percatarse,
como ola de sal
—entre la luz del sol—
la vida desde la vida misma.
Es un cuadro del más íntimo barroco impresionista.
Tomar los cubiertos
y sentarse frente a esa ventana
mientras se cortan lentamente
una a una las ideas
que yacen en el plato
Teclear,
golpetear,
estremecer hondamente
a este artilugio
a través del cual se escribe y se pretende permanecer.
Trascender más allá
de lo que pueda ser imperecedero.
Es una pieza inédita
compuesta desde el realismo fantástico
que brota de tus lecturas.
Comer, digerir apresuradamente
cada uno de los pedazos de ideas
que le has cortado a tu mente...
Tragar, atormentar a la glotis
en su incesante tarea
en su decadente movimiento...
atorarte con el último pedazo
el que dejaste para el final
el trozo mismo de tu verdad: el amor.