Alberto Hernández le canta a Japón. Desde una ventana de su tiempo, idioma y época, Alberto transgeneriza la poesía, el océano y los escalofríos. En una selección de poemas que rozan el haikai, la prosa, el microrrelato y regresan al poema, nos regala la visión de las islas japonesas, el shinkansen donde Kafka y Murakami convergen en Tamura, cerezos y mujeres en flor… ¿pero qué busca? El tema de Japón, anegado en sus referencias, me conmueve cuando “el mar sale del mar y entra al mar”, cuando “ya no florezco”, cuando “el mar borra un ideograma sobre la tierra” o cuando duda acerca de “lo que se creía era el océano”. Es decir, Alberto utiliza la cultura japonesa que conocemos en Occidente para regresarnos a lo esencial: al ser humano frente al océano, la vida y la muerte. Nos induce a ver al otro desde la mirada de ese otro. Ver a Japón desde Japón. Y sentirlo propio.
Espero que el lector disfrute y encuentre sus propios pequeños parajes en esta oda a la sensibilidad japonesa, y que se detenga a observar cada uno de los detalles que nos enlazan. Será tentador, también, ir a la búsqueda enciclopédica de referencias no tan comunes, y de esa forma compartir el proceso de un origami de señales que aquí se nos regala. Doblar y doblar —ese lúdico placer—, para alcanzar a ver la grulla entre las nubes que pasan.
Cristina Rascón Castro
Puerto Peñasco, México, 2013.