El Hokyo Zan Mai del maestro Tozan
recorre limpiamente la boca del discípulo.
Las palabras aún suenan
en las frutas maduras que trajeron de China
los maestros Eisai y Dogen.
En alguna parte el silencio anuncia la unidad.
O la vuelta al silencio:
“La medianoche
es la verdadera luz,
el alba
no es suficientemente clara”.
Maestro y alumno se encuentran.
Opuestos en medio de un koan,
inventan el camino.