Era un día de primavera, tibio y brumoso.
Y. Kawabata
Cuando Mizui Shinichi llamó a Chieko
para invitarla a la muestra de flores de Heian,
ya el mundo se había movido bajo sus pies.
Entendieron que las flores también entristecen,
que a pesar de los “pétalos sucios y aplastados”
son hermosas por ser “flores caídas”,
como los hombres.
En la capilla de Heian
Chieko se inclinó y se quitó el kimono.
Entonces rezó por todas las flores muertas.