—¡Número dos! —gritó Laura al cuaderno de caligrafía para despertar al dos quien estaba tomando una siesta.
—Dígame, señorita, ¿ya mi retrato está en una galería? —bromeó tiernamente el número dos.
—Pues, no. No creerás que a mis padres no les gustó ni un poquito partido por la mitad.
—La verdad, no me sorprende mucho. ¿Qué saben ellos de arte? —repuso el dos para animarla.
—Creo que muy poco. Ahora pretenden que te dibuje derecho.
—¡Tonterías! No dejo de ser un dos por posar al revés en un retrato —el número dos estaba muy molesto—. ¡Qué quisquillosos son tus padres! Deben ser del signo virgo o escorpio —hay que recordar que el dos estuvo también en libros de astrología.
—¿Qué cosa? —preguntó su amiga con voz desesperada, ya que no lograba entender.
—Nada, hija —el dos recordó que hablaba con una niña pequeña—. Sólo me preguntaba cómo era que querían tu papá y tu mamá que yo posara.
—Te quieren derecho. Es decir, recto —respondió sin titubear.
Al escuchar esto, el dos se estiró lo más que pudo hasta quedar derecho. Lo cual le costó mucho, ya que tenía mucho tiempo sin hacer ejercicios. Primero, tuvo que trotar para calentarse. Luego, le pidió al número uno que lo tomara por un extremo y a Laura por el otro para ayudarlo a estirarse un poco. Esto le hacía muchas cosquillas al principio; pero, finalmente, pudo estirarse completicamente sin ayuda.
—No quiero ser pesada y llisquillosa como mi mami y mi papi. Pero ahora no pareces un dos. Sólo eres un palito con otro palito pegado abajo.
El dos quería corregir el error de Laura al decir llisquillosa en vez de quisquillosa. Sin embargo, pensó que ella ya había tenido suficientes correcciones por ese día.
—Tus padres me quieren derecho. Eso quiere decir recto o sin curvas —el dos no aguantaba estar tan estirado—, y apúrate que no puedo estar así por mucho tiempo.
—Pero es que te pareces a la letra ele —Laura se dio cuenta enseguida de eso.
—¡Un momento! No compares al pétalo con la hoja —el dos ardía de cólera—. ¿No te das cuenta que me ofendes? Si yo tuviera orejas me las lavaría en el río por lo sucias que estuviesen ante tal vilipendio. Además, que quede asentado que esta pose me fue impuesta...
A la chiquilla ya no le sorprendían este tipo de comentarios; pero aún no los comprendía. Así que decidió interrumpirlo antes de que terminara.
—Mil perdones, su majestad —dijo Laura con ironía—. Te dibujaré al derecho, pero presiento que eso no le va a gustar a mis papás.
—¿Por qué? ¿Acaso no fue lo que pidieron? —acotó el dos de manera tajante— ¿Quieren un dos derecho? Pues, les daremos un dos derecho.
El dos se volvió a estirar para posar derecho porque con la discusión había tomado su forma original. Para Laura todo fue mucho más fácil que para el dos. El dos sudaba sin cesar y sentía que, en cualquier momento, se enrollaría como el cabello rizado de la niña.
—¡Quédate quieto! —decía la niña impacientemente—, ya me falta poco.
Una vez terminado el trabajo, el paso siguiente era la aprobación de sus padres. El papá de Laura había salido. Así que sólo pudo enseñarle el dibujo a su mamá.
—¡Mami, aquí está el dos derecho!
—¿Y qué pasó con las curvas? Eso parece una ele —dijo su mamá tratando de contener la decepción al ver el dibujo.
Laura sabía que el retrato no era copia fiel del dos, pero somos testigos de que no era su culpa.
—¿Cómo pretendes que haga un dos derecho con curvas? Las curvas no son derechas, son torcidas —eso era algo que nadie podía negar.
—Cuando te dije al derecho, me refería a... Bueno, a... —la mamá no sabía cómo explicarse—. Me refería a que el dos no estuviese de cabeza. Sí. A eso me refería.
—Ja, ja —Laura dijo en tono burlón—. ¿De dónde sacaste la idea de que el dos tiene cabeza? Que los números piensen no quiere decir que tengan cabeza. Las personas, los animales, sobre todo las vacas, y los alfileres, sí tienen cabeza. Claro que las cabezas de las personas tienen más ideas que las cabezas de los animales y de los alfileres. ¿Acaso tú no sabías eso?
La mamá de Laura se estaba impacientando.
—¡Yo sé que el dos no tiene cabeza! Lo que quise decir fue que escribieras al dos con su parte de arriba, arriba y con su parte de abajo, abajo. ¿Entiendes? —peló los ojos para advertirle que estaba a punto de estallar como una bomba.
—¡Claro que entiendo! ¿Acaso yo soy boba? Yo entiendo todo, siempre y cuando me sepan explicar —a Laura le molestaba que le estuviesen preguntando a cada rato si entendía.
Sin embargo, Laura se fue un poco preocupada. No sabía cómo iba a pedirle al dos que posara de una forma tan incómoda.
—Al dos no le va a gustar esa pose. Me imagino, pobrecito. Pero la única manera de poner su parte de arriba, arriba y su parte de abajo, abajo es picarlo en dos —pensó Laura lastimosamente.
La niña no quería cortar al dos en dos. Pero era lo único que se le ocurría. Si me hubiese preguntado a mí, yo tampoco habría hallado otra solución.