El retrato del número dos • Marisol Correia
Capítulo VI
Arte parte a Marte
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—Número dos —dijo Laura en tono dulzón—. ¿Nunca has pensado en lo interesante que sería que te partieras en dos para posar en un retrato?

—¿Has perdido el juicio? —el dos estaba sorprendido—. Está bien que yo sea un dos, pero partirme en dos no debe ser nada fácil y me temo que debe ser muy doloroso.

—¿Tan doloroso como para dejar de hacerlo por tu mejor y única amiga en todo el mundo, quien nunca te delatará y quien siempre te llevará en su corazón? —la chiquilla se puso un poco nerviosa porque presentía que el dos se daría cuenta de sus intenciones.

—No me digas que ahora tus padres quieren que me escribas partido en dos. Hay que ver que ellos tienen unas exigencias muy raras.

De repente el dos se sobresaltó.

—No, no lo haré. Definitivamente, no lo haré. Todavía me duele mi bello cuerpito por el estirón que tuve que darme hace un rato. No me interesa lo que digas, si sigo adoptando tales poses moriré aunque no tenga cabeza —el dos estaba aterrorizado.

—Pero es que tengo que escribir tu parte de arriba, arriba y tu parte de abajo, abajo —insistió en forma de ruego.

—Entonces, usa tu imaginación —al número dos siempre se le ocurrían buenas ideas.

—OK. Pero no le digas a nadie. Mi mamá odia esa palabra y a mi papá le aterroriza que la use.

—Bueno, no te preocupes. No le diré a nadie y aunque lo hiciera, ellos no me escucharían —aseguró el dos.

No me digas que ahora tus padres quieren que me escribas partido en dos

A Laura le costó mucho dibujar al dos partido en dos y mucho más le costó poner su parte de arriba, arriba y su parte de abajo, abajo. Hasta que al final lo logró.

—¡Caray! ¿Qué es eso? —bromeó el dos—. ¿Arte abstracto?

Laura le siguió el juego al dos aunque no sabía lo que era arte abstracto. No la culpo. Yo tampoco sé qué cosa es esa.

—No —dijo casi sin aguantar la risa—. Yo creo que ni siquiera es arte porque lo que se parte no vale ni la cuarta parte de una piedra en alguna parte de Marte.

El dos nunca había estado en un libro de trabalenguas. Era la primera vez que había escuchado algo tan gracioso. De tanto reírse, el dos casi se parte en dos de verdad.