Intelectuales peruanas
de la generación de José Carlos Mariátegui • Cecilia Bustamante
VII

¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo

Hay otras mujeres que se hacen presentes con su colaboración en Amauta o participaron en las tertulias intelectuales de la casa de Mariátegui. Entre ellas deben ser recordadas:

Ángela Ramos (1903), que formó parte del más cercano círculo de Mariátegui. Su obra no ha sido debidamente reunida. Es una escritora ingeniosa y una crítica mordaz. Su actividad política también la llevó a la cárcel y ha sufrido discriminación a causa de sus ideas.

María Wiesse de Sabogal (1892-1964) perteneció también al grupo Amauta. En 1919 publicó sus primer libro, tiene alrededor de treinta otros títulos, dirigió revistas y espacios radiales. “Después de conocerla no me extrañó el lugar exaltado que ocupaba en la vida de José Sabogal”, nos dice la puertorriqueña Concha Meléndez. El crítico Alberto Escobar la califica como un “noble ejemplo de fe en los valores literarios y estéticos”.36 Es autora de un libro sobre su esposo, José Sabogal, el artista y el hombrey escribió, asimismo, una de las primeras biografías de José Carlos Mariátegui.37

Catalina Recavarren (1904), publicó poesía y un ensayo titulado Flora Tristán: la mujer mesiánica (1942). De ella dice Luis Alberto Sánchez: “En un país donde el humor es escaso, resulta doblemente exótico que quien lo derroche sea una mujer, cuya existencia ha sufrido los altibajos de un temperamento y una convicción profundos”.38 La Recavarren estuvo también en prisión en 1923.

Rosa Arciniega (1909-1976) tuvo contacto con los socialistas españoles y algunas de sus obras reflejan este encuentro. Dedicó los últimos años de su vida a la investigación histórica, publicando el valioso libro sobre Pedro Sarmiento de Gamboa.

Hay, por cierto otras escritoras de este tiempo, o más recientes, que de una u otra forma participan de esta tradición crítica de la sociedad tradicional. Entre ellas, Carmen Saco, Adela Montesinos, autora de Arcos hondos, obra poética publicada póstumamente en 1973, y Emilia Romero, quien tradujo por primera vez al español a Flora Tristán, a quien rindiera homenaje en su ensayo Brillo y ceniza de Flora Tristán (1965). Publicó en 1936 en tres volúmenes la obra dispersa de José Guillermo Leguía.

Los años 20 fueron, pues, decisivos para la formación de la conciencia moderna del Perú. Tanto por el nacimiento de los primeros partidos políticos organizados, como por el llamado a la recomposición social del país. Un movimiento intelectual y creador se identifica entonces con las realidades del Perú. Y ello sucede en un contexto definido críticamente por las proyecciones de la Revolución Mexicana, la Revolución Rusa, la Primera Guerra Mundial, la depresión económica de 1929. En esta dinámica se da en el Perú el fenómeno Mariátegui con implicaciones que prometían un cambio en la percepción de nuestra realidad contemporánea.39

Algunas mujeres peruanas participaron en esta dinámica, eso es lo valioso y nos hace parte activa de nuestra historia. Su vida y su obra merece más acuciosa investigación que ésta y esperamos que lo que escribo ahora, empujada por el recuerdo y el afecto hacia ellas, nacidos en mis años adolescentes y curiosos que me llevaron a buscar a algunas de ellas, o a mirarlas de lejos; sea continuado. La personalidad de estas mujeres despertó en mí similar pasión por comprender a mi país.

Paradójicamente, comprobamos que existió contemporaneidad en algunas de ellas que conforman nuestro pasado, cierta contemporaneidad que llamaré visión, y que hace resaltar el anacronismo de muchas otras peruanas del presente. Lo que sugiere que la conciencia sobre la participación en la vida nacional peruana, sigue siendo un conflicto arraigado en los valores de esta sociedad ahora en cambio, e internalizados dramáticamente por la mujer en largos años de sistemas autoritarios y de predominancia del machismo latinoamericano que la reducen a una situación de subordinación y dependencia mental que, en el plano objetivo, se manifiesta en una falta de libertad de pensamiento y limitándola consecuentemente para la acción.

Formamos aún parte rezagada del proceso que se inició en el siglo XIX con el descubrimiento de la mujer y su papel en la nueva sociedad industrial —cuando se empezó a enjuiciar los valores y convencionalismos en que ella se definía. La mujer peruana ha ingresado lenta y dramáticamente. Esbozando su fisonomía vemos que sus rasgos forman parte de nuestra historia cultural en la que persigue hasta hoy la máxima realidad de la conciencia y demanda una forma más digna de existir, una vía de acceso a sus derechos humanos, a su realización intelectual, contribución que no se puede seguir escamoteando si se quiere obtener una vida mejor para nuestros pueblos.40

 


  1. Alberto Escobar. La narración en el Perú. Lima, Mejía Baca, 1960, 2ª ed. P. 278.
  2. María Wiesse de Sabogal. José Carlos Mariátegui: etapas de su vida. Lima, Ediciones Hora del Hombre, 1945, 2ª ed. Lima, Biblioteca Amauta, 1959.
  3. Luis Alberto Sánchez. op. cit. p. 1.502.
  4. El historiador peruano Jorge Basadre indica en 1928 que el mensaje de esta generación era la preocupación social, y agrega: “Esa generación iniciará seguramente en el Perú una lucha ideológica mucho mas intensa, constante y trascendente que las luchas entre liberales y conservadores en 1822 y en 1855... Ella no ha inventado la emoción social, pero la ha sentido más profunda. La guerra europea... alza de los productos de exportación, aceleran introducción capitalista en el Perú, aumenta y se enraiza el capital yanqui”. Atribuye el rol de introductores a JCM y Luis E. Valcárcel. Del primero dice: “Trae la versión de la política europea y de una serie de problemas peruanos a través de la emoción social... Valcárcel es la versión serranista... ¿Tocará a esta generación... el rol de precursora, o dará la praxis realista y sagaz?”. En Equivocaciones; Lima, 1928. pp. 55-56.
  5. Este trabajo fue presentado en la Conference of Women Writers in the Twentieth Century, California State University at Dominguez Hills, Los Angeles, California. Marzo 23-25, 1979.