El poder, triste ropaje de la criatura • Octavio Santana Suárez
XXV
Pedante imprudente
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Pedante imprudente

Deplorable simulacro de majestad, subido a la atalaya de tu insoportable arrogancia gobiernas en una región poblada de iniquidades. Advertir tu presencia no constituye una irreligiosidad, trato de inscribir tu cuna en los espacios celestes, ¿de qué distinto lugar nos viene la naturaleza a cada cual? No existes más que en acto, ni te das, ni te concibes, ni te recobras, juegas con insospechables estrategias el juego de las relaciones desiguales, ¡confiesa, prefieres cortar el nudo gordiano a probar el movimiento andando!

—Marchas a hombros de propósitos nómadas, ¿te imaginas que llegas más allá porque montas a lomos de tu miserable compañía?

—Nunca te diré que apenas escalo el trono más elevado tomo asiento encima del ridículo culo.

—¿Deberíamos mezclarnos con una canalla así?

—Antístenes aconsejó: “Como uno se aproxime al fuego; demasiado lejos tendréis frío, demasiado cerca os quemaréis”.

Despiertas en la gente una repentina infancia pendiente de prédicas, pitonisas compasivas y sacerdotisas voluntarias. Produces antes que reprimir, ¿por desgracia aquellos a quienes estrangulas no acrecientan más y más tu cosecha? —¡jodida mecánica diabólica que engancha en sus engranajes a tirios y troyanos! Tus enormes puños déspotas garantizan felicidad en premio a una flexibilidad, tu turba funcionará a la manera de un organismo, de un sistema solar, de ningún modo a semejanza de una verdadera sociedad.

—Los mezquinos y parásitos ¿dónde demonios escucharon que la absoluta licencia templa a la licencia absoluta?

—No oyen, halagan.

—De la conjetura liberal a una totalitaria: del optimismo en la persona y del pesimismo respecto al poder, hasta el pesimismo en la persona y optimismo cara al poder; depender de un número indefinido de causas significa no depender de nada, ¿no opinas que las múltiples presiones acaban por diluir sus efectos?

—La opresión más vil ocurriría después de que un insensato pusiera los resortes del mando al alcance de la más osada de sus criaturas.

Recoges el fruto mientras escarbas en las ocultas ansias del corazón y toleras los intereses más bastardos, no tiras de la razón para ganar cierto refrendo. ¿No crees más que en la exigencia de que te sigan?, dejas a los demagogos la ambición de engañar a los ingenuos y a los ideólogos la satisfacción de desempeñar un buen papel al costo más bajo posible.

—¿Cuántas veces el método tradicional de referencia a la autoridad frenó el mínimo avance en mayor grado que la menor de tus empresas?

—Practico la brutalidad de Lenin: “No hay que acariciar la cabeza a nadie: podrían morderte la mano. Hay que golpearles la cabeza sin piedad”.

—¿Jamás nacerá una hermandad espontánea de benevolencia?, ¿siempre arrancará de la necesidad o del miedo recíproco?

—Abdicar habla a las claras de una manifestación de fuerza por ceder importantes prerrogativas.

Lamentas la insolencia de los insurrectos: el criado que mal responde a su señor, los hijos a sus padres, el alumno a sus profesores. Ya que los rebeldes no reparan en que las sublevaciones desaguan en peores abusos, ¿no valía más impartir escarmientos a partir del primer día?, ¿qué le falta a tu cesarismo?, ¡vaya con la excesiva ira que provoca este siniestro planeta tan escaso de leyes severas!

—¿Qué te fastidia más?

—Que Cicerón criticara la falsedad que campea en ambientes de charlatanes.

—¿Qué te saca más de quicio?

—Que la consecuencia no intencionada del egoísmo de unos contribuya a la prosperidad de todos.

De los tiempos de Platón con el tirano de Siracusa recordemos: “Yo viví y vivió Dionisio, yo mirando hacia fuera, como un pájaro que desea huir de su jaula, y él maquinando medios con qué aterrarme”, de Aristipo leímos que logró más ventaja... desde luego que determinadas consonantes armonizan mejor con unas vocales que con otras. En un manicomio del tamaño de la Tierra salva su cordura el que neutraliza la fortuna con prudencia, el dócil a las lecciones de la experiencia, el que adapta su proceder a las circunstancias.

—¿Cultivaremos el precepto de Epicuro?

—Sí, pero escondido a escondidas.

—El pequeño grupo de virtuosos ¿justificaría una leve desviación del principio de que sólo la jerarquía consigue instituir el orden?

—Suponen una débil minoría que apostrofa a los explotadores —desprecia sus espantosos suplicios.

El dictador cuenta con los hombres en cuanto está en disposición de manejarlos; en cambio, el científico conoce las cosas en proporción a su capacidad de hacerlas. No, no confundamos a quien reina por inspirar temor con quien implanta adhesión por persuasión. Con la 'clemencia' que recomienda Séneca no pocos superarían muchas tentaciones, incluso reducirían el tono de sus cóleras; no compensa olvidar que en un clima propicio, los ciudadanos gozarían de una sólida concordia —el motor de la paz no prende con intimidación.

—¿Cabe insertar el giro de lo espiritual en la órbita de lo físico?, ¿y el desgarramiento que separa lo contemplativo del trabajo?

—Imitemos al vencedor a pesar de que no aspiremos a la conversión, sanemos lo que rechazamos.

—Compromiso y lucha, estática y dinámica, más que implicar situaciones antitéticas señalan tendencias, ¿y acaso lo contrario no entraña algo de su opuesto?

—Cuando apostamos resueltamente por la autoestima, el decidir rinde la última palabra.

—¿En qué armas insistirían los estoicos?

—Destruirían obediencia con indiferencia; sobrevolarían las servidumbres de amo y esclavo.

—¿Y los escépticos?

—En una autonomía puramente formal que desembocaría en un zanganear pobre y vacío,

—Tras la edad de los apóstoles, la de los mártires, la de los herejes y la de los tibios ¿qué resta?, ¿esperar a la quimera de una quinta edad?

—Volvamos los ojos al mundo, no permitamos que entren las desilusiones psicóticas del romántico ni los entusiasmos renovadores de Los Bandidos de Schiller —¡triste anarquismo humanitario!

—¿Y la muerte?

—A simple vista parece un escándalo comparable al fracaso del justo y al triunfo del perverso.