Para Ángel, mi hermano en el samsara.
Cuando la tarde se rompe entre sollozos
y los recuerdos vuelan como palomas
apareces tú, mi samsárica soledad.
Acompañando cada uno de mis pasos
en cada nueva vuelta de la noria.
En cada ir y venir por este mundo.
Obtuso, torpe, confundido,
apenas distingo lo bueno de lo malo,
y otra vez, tú, cantándome desde dentro:
“¡Qué lento es el camino de los remotos ríos!
¡Cómo pesan estos huesos mientras no llegan
a la perdida frontera de este viaje!”.