Ese hombre de la mirada adusta
que ensaya sin lograr una sonrisa
delante de un espejo.
Ese sujeto torpe que enreda sus pisadas
entre libros y juguetes al descuido
que revuelve las piedras arañando la tierra
y dialoga con árboles y ríos
desandando caminos.
Ese loco que increpa a la montaña,
al cielo, a las estrellas en la noche.
Que llama al sol su amigo.
Ese infeliz que sufre de delirio
puede ¿por qué dudarlo?
tratarse de mí mismo.