A Ivette Marie, que también conoció el desamor.
Cuando las palabras cambian de lugar
y en vez de mío escribes tuyo.
Y te despides con besos en lugar de hasta luego
es que llegó el amor.
Un rejuego de la serotonina en tu cerebro.
Un oscuro, indefinible sentimiento que se arrincona,
en cualquier parte de ti.
Pero, cuidado,
que el desamor,
es un viento que silba entre los árboles
y cuando menos lo esperes
se adueña de tu ser
y te devora.