A Heberto, en gratitud, por abrirnos los ojos.
¿Quién me empuja a dialogar a solas con mi sombra?
¿A inventar soliloquios en la tarde?
¿A escurrirme por los estrechos vericuetos memoriales
clavándoles un puñal a mis recuerdos?
¿Quién me grita desde el fondo?
Desde las páginas de un viejo libro
Carlos Marx me invita a transformar al mundo.
Voy a seguirle en el intento,
pero me amarran las manos y los dedos.
Me esconden ciertos libros.
Me acuchillan las palabras.
Y dejan que me pierda
en unas largas disquisiciones tortuosas.
Me piden que ejercite mi intelecto
vaciado ya de silogismos y de razonamientos,
donde no siempre cabe la dialéctica.
Luego me invitan sonrientes a engrosar el coro
de autómatas que aplauden entusiastas.
Más tarde me pedirán que me convierta
en una débil vocecita.