¡Salud pícara luna!
Llevada y traída por generaciones
de poetas y trovadores.
Amiga y confidente
del guajiro enamorado
que se pierde en el monte.
Los cubanos te vistieron de rumbera
y no faltó quien te colgara un par de aretes,
que perdiste ebria una noche de carnaval.
Un soñador empedernido
los encontró en la playa
y convirtió en canción el mágico incidente.
Rielas mansamente sobre los ríos
y asomas tu sonrisa por los tejados
dominando el paisaje.
¡Oh, luna lunera, cascabelera,
y arrolladoramente
rumbera!