Para Carmen Karin Aldrey, hermana.
Abandonados en un rincón
mis zapatos me miran fijamente.
Ya son parte de mí.
Complementan mi atuendo miserable
de viajero desterrado.
Mis zapatos se han vuelto un poco cómplices
de este loco fraguache cotidiano.
Se saben de memoria, predispuestos,
mi largo ir y venir por los mercados.
¡Cómo quiero a mis zapatos rotos,
muriéndose a pedazos, desgastados!