A Luis Sarmientos, su poema.
Surcan el cielo pavoneándose
con infinita lentitud.
Dibujan rostros y paisajes
de una geografía inexistente.
Por allá van las nubes.
Siempre altas. Siempre inaccesibles.
Siembran en el alma algunas veces
una hiriente desolación.
Por allá van las nubes,
huyendo siempre perseguidas a esconderse.
Por allá van
dejando a su paso un cielo limpio
listo para desposarse con la noche.