En parajes que nadie vio
hay un remanso escondido
para abrevar tu sed,
oh, peregrino.
Túmbate sobre el tapete verde
y déjate arrullar por el canto de la rueca
chirriando desde lejos.
Una ronda de hadas
te velarán el sueño.
Y al reemprender tu viaje
te llevarás contigo
la inmensidad del día.
Apurarás tus pasos con premura
hacia esa luna tibia
donde siempre florecen girasoles.