A la memoria de Francisco Mir, poeta.
Paco ya tiene su jardín en el país de los nomeolvides.
Su propia fuente.
Un pasto verde
y un campo de girasoles donde se esconde
para escribir poemas.
Paco, al fin, pudo gritarle a la Muerte:
“dime, oh, Muerte, ¿dónde quedó tu victoria?”
Paco, un poeta existencial, alcanzó al cielo
y se puso a jugar con las estrellas.