A Raúl, bailando entre silencios.
Hay palabras que acribillan el aire
y nos caen al fondo como pedradas.
La noticia de tu muerte, por ejemplo,
me dejó sin aliento.
¿Cómo está eso que te fuiste a bailar tu último acto
sin antes avisarnos?
¡Qué delgada es la línea que corta en dos, de cuajo,
los reinos del soy y del ya no soy definitivo!
Todavía te sueño ataviado como Nijinski
haciendo giros en la escena.
Y en uno de esos saltos empinados
te adentraste en ese mundo silencioso
arrastrando torres y canciones.
Tú y tus prisas, Raúl.
¿Acaso se te hizo tan difícil escribir por ejemplo:
“Me voy al Paraíso. Ya regreso”?