Poeta en la luna de Cuba • René Dayre Abella
Apología de la locura

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Tu Silla, y tus Zapatos, Van Gogh,
me comunican laceria y abandono.

El derroche de amarillo en tus cuadros me seduce,
y me lleva a recorrer contigo las estrechas calles de Arlés.

Cómo deploro ese encuentro tuyo con Gaugin.

Y ese arrebato que te llevó a mutilarte un lóbulo
—que no una oreja— me consterna.

¡Pobre Vincent cubriendo con su soledad
las paredes desnudas de un burdel!

Me aventuro a creer que compartiste con Gauguin
                                             la misma puta.
Aquella tal Rachel, que aceptó horrorizada como
                                             un regalo tu lóbulo,
envuelto en un pañuelo.

Y que pegaste un grito
cuando el amigo desleal se quiso largar a Tahití,
a pintar nativas robustas y tetudas.

¡Así es la vida, amigo! ¡Así es la vida!

Pero, quién te iba a decir entonces,
que poco más de un siglo después,
un grupo de chicos españoles posmodernos
revivieran el mítico incidente
nombrándose a sí mismos para tu gloria:
“La Oreja de Van Gogh”.