Poeta en la luna de Cuba • René Dayre Abella
Breve apología de la muerte

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A Federico García Lorca y a Pablo Neruda,
esos dos grandes locos enamorados de la Muerte.

Vestida de mujer.
Exquisitamente perfumada.
La Muerte vino a visitarme.

Calzando altos tacones.
Colgándose al hombro un bolso nuevo de piel.
La Muerte vino a visitarme.

Lento camina la Muerte.
Muy despacio se llega a mi recámara.

Se detiene delante de un espejo.
¿Quiere mirarse el rostro la Muerte?
¿Es que la Muerte acaso tiene rostro?

“La Muerte tiene el rostro verde”. En eso coincidimos,
Pablo, viejo amigo.
Pero ¿qué tan verde es el rostro verde de la Muerte?
¿Es verde aqua, verde jade o simplemente verde?

La Muerte me clava sus ojazos.
Sus dos enormes ojos deslumbrantes.
¿Es un súcubo la Muerte?
¿De veras quiere la Muerte poseerme?

La Muerte me roza y me rechaza.
Veo a la Muerte alejarse de mi casa.

Se va la Muerte a buscar muertos
con su look de femme fatale
irresistible.