A Miguel Barco, in memoria.
El amarillo cadmio se esparce estridente
sobre el lienzo.
Un rostro desdibujado se desparrama
como pisada sobre el vacío
sin dejar huella que lo identifique
o simplemente le recuerde.
La sonrisa retorcida
me asalta desde el cuadro,
manos oscuras se extienden
invitándome al saludo, al diálogo silente.
El Gran Hermano nos vigila Miguel.
Nunca lo olvides.