Yo tuve una casa y un patio.
Un ocuje, un quebracho y también un limonero.
Yo tuve un hermano pequeño con quien jugar
y unos padres tan viejos que parecían abuelos.
Un día nos arrastraron a vivir a una ciudad.
Nos levantaron y cargaron hasta con el palanganero.
Nos llevaron a vivir a una casita pegada a otra casita y a
otra casita más
sin patio y sin ocujes.
Apenas una mata de higuereta
para jugar bajo su sombra a las canicas.
Creciendo entre libros y papeles
se me ocurrió aprender el arte de las letras.
Que me enseñaran cómo escribir poemas.
Me fui a La Habana a estudiar Licenciatura
y me enviaron al campo a ordeñar vacas
por aquello de estar “parametrado”.
Un día infeliz. Una mañana
me llevaron a un cuartico improvisado
en un “complejo de hormigón”.
Techo y paredes de “hormigón”
y un tipo con alma de “hormigón”.
me espetó justo a la cara:
“no cabes en el país. ¡Vas a largarte!”.
A la distancia de los años me pregunto:
“¿tuvo ese tipo alguna vez una casa y un patio,
un ocuje, un quebracho, un limonero,
un hermano con quien jugar y unos padres tan viejos
que al mirarlos los confundían a veces con abuelos?”.