Para Belkis Cuza Malé, siempre poeta.
Asomarse con los ojos tambaleantes
al asombro irrepetible.
Poblar de ángeles los espacios.
Brincar al cielo.
Saltar gozoso sobre un cirro
o unas nubes vaporosas.
Emprender periplos sin destino.
Extraviarse en galácticos confines
sin olvidar los descensos oportunos
para prestar su voz a los que sufren.
Aquellos que se pudren en ergástulas.
Para gritar con gritos apremiantes
que alcancen los oídos de la Bestia,
que les arranca la voz a los poetas
y les fusila las palabras.
Para gritar hasta el cansancio o el desgarro
como el hombre de Munch
que se disuelve en un paisaje desolado
y árido.