A Francisco Mir Mulet, in memoriam.
Te sueño en un oscuro camerino
donde se visten y se desvisten los actores.
Te arropas de azul como los arlequines picassianos
y me ofreces una flor.
Quizá la misma que pusiste en los labios de Dánae.*
Me desnudas con tu mirada aguda.
No hay nada que ocultar.
Te escurres por mis laberintos interiores
perdiéndote en mi yo.
¿Qué tratas de insinuarme desde ese otro lado de la
vida?
Tu flor, Paco,
se clava como un venablo en mi desvelada soledad
y ya no hay modo de arrancármela.
* Dánae dijo: “¡No quiero las flores negras..!”. Fragmento de un poema de Francisco Mir.