[...] no sé decir razón sin refrán, ni refrán
que no me parezca razón; pero yo me enmendaré, si pudiere.
Sancho Panza.
Don Quijote de la Mancha. Mucho se ha
hablado de esta novela, sus diferentes críticas y su concepción como la
obra maestra de la literatura castellana desde el siglo XVII. Autores como
José Pérez Valera1 la abordan desde el punto de la locura y su
clasificación en cuanto a su personaje principal, el Quijote; pero hay
otros que observan esta novela desde el idealismo militante como A.
Rodríguez.2 Sin embargo, podemos asegurar, sin estigmatizar, que
la mayoría de las críticas están enfocadas en la figura del hidalgo
manchego Alonso Quijano y su transfiguración en el caballero andante, bajo
influencia de su locura, el cual sigue un proceso de génesis unitario: Un
hidalgo manchego; enloquecido por las lecturas caballerescas, da en creerse
caballero andante y sale tres veces de su aldea en búsqueda de aventuras,
hasta que regresa a su casa, enferma, recupera el juicio y muere.3
Es posible afirmar que para la mayoría de los
lectores del Quijote —queda claro que el caballero andante es
Alonso Quijano, pero no necesariamente— al lado de este personaje siempre
se encuentra la figura de Sancho Panza, un humilde labrador que acepta
fungir como escudero del Quijote bajo la promesa de poseer una ínsula. A lo
largo de la historia, Sancho Panza ocupa artificialmente el segundo término
(subordinado) junto a su amo; sin embargo, es en esta figura donde se
desarrolla la imagen de caballero andante bajo otra perspectiva que coincide
en una evolución, la cual nos es posible mencionar: un caballero escondido
en la imagen de un escudero, como gobernador, encantador y por último
termina con una vida estática al fin de sus aventuras, encontrando el reino
prometido: su casa.
Situándonos dentro de la realidad de la obra,
podemos decir que Sancho Panza, dentro de su concepción, no se da cuenta
del papel de caballero que realiza y se queda en el artificio del papel
designado por su amo: el de escudero. Por ende es posible traer a colación
a Ovidio donde remarca que El hombre vive en la ignorancia de su propia
vida.4 Claro está, que la frase va en relación con la
realidad de Sancho y el rol que desempeña dentro de la obra.
Uniendo en un mismo punto las ideas explicadas,
Sancho Panza es otro tipo de caballero, el cual no se da cuenta de la
condición que desempeña.
Llegó Sancho a su amor marchito y desmayado...
También me vengara yo si pudiera,
fuera o no
fuera armado caballero, pero no pude.5
A diferencia del Quijote, Panza no trata de
revivir la caballería, no evoluciona en cuanto al grado de tratar de
aplicar historias de caballerías a su mundo como el primero. Sancho Panza
cambia dentro de la concepción ubicada en la realidad, sin tratar de darle
un arreglo a un determinado estereotipo.
Sancho: (...) cuanto ganaba un
escudero de un caballero andante en aquellos tiempos, y se concertaban
por meses, o por días... he considerado cuán poco se gana y granjea de
andar buscando estas aventuras que vuestra merced busca por estos
desiertos.6
Con este diálogo de Sancho se sustentan las
ideas antes mencionadas que crean al personaje como un caballero andante
bajo el estilo del Renacimiento, pues él está manejando el interés del
movimiento del dinero; ve en la caballería andante un medio para subsistir;
es decir que Sancho no ve la intención de salvar menesterosos como un bien
humano de fraternidad sino que del beneficio de las aventuras llegará su
ínsula y con ello el sustento seguro. Finalmente, la sencillez de Panza lo
lleva a ser el nuevo tipo de caballero porque no se abstrae de la realidad;
contrastando con su amo que crea su mundo de caballería. La relación
entre don Quijote y sus circunstancias empieza por un acto de
ensimismamiento en que el caballero se abstrae, concentra, medita, lee...7
Siguiendo una misma línea en relación con el personaje, mencionaremos sus
diferentes etapas en: escudero artificial, encantador y gobernador, que
serán los tres puntos base para sostener la idea del caballero andante.
Escudero artificial
Como se había mencionado con anterioridad, Don
Quijote imita la estructura de las aventuras de caballería... es un
falso caballero; por ende, Sancho es un escudero artificial porque es creado
por el Quijote (Alonso Quijano) que le da un oficio ilusorio: de escudero.
Al contrario de las historias de caballería,
donde los escuderos son personajes que casi no hablan y están en presencia
silenciosa en casi toda la obra... Sancho rompe con este elemento,
interviene, opina, se mueve y lanza diálogos con sus afamados refranes. Es
así como la trascendencia de Sancho se puede afirmar en relación con el
personaje que no puede ser mudo; porque él no está tratando de seguir un
canon de escudero, sino de vivir las aventuras pero en su actual entorno.
Pues en la historia, él no intenta imitar a un Esplandián (modelo de
escudero típico de las novelas de caballería). Sancho no busca parecerse a
ningún escudero, más bien ve en las aventuras sus intereses.
La clave para la originalidad de Sancho como
caballero andante será la sencillez de observar las cosas; él no se abruma
con ideas parecidas al de un escudero o a la normatividad que deba seguir
una historia de caballería.
Al personaje de Sancho no le rige un núcleo de
arrogancia que busque las grandes proezas para ser alabado, tratando de
imitar una línea de caballería, pues es en su ignorancia lo que le hace
diferente; no tiene predisposición para imitar un canon determinado, no
intenta adaptarse a una historia ni trata de que la historia se adapte a
él. Sancho se adapta a Sancho.
Encantador
Dentro de su misma sencillez, el escudero
artificial se convierte en la realidad de la historia en el encantador de
Dulcinea del Toboso, pero no de las de caballería. El instrumento que
utiliza Sancho Panza para llevar a cabo el encantamiento es la mentira. Le
plantea a su amo una situación aplicable a su modelo caballeresco. El
fenómeno mágico que nubla los ojos del Quijote es el engaño de Sancho. El
cual, al contrario de otros encantadores de historias de caballería, no
derriba a su amo con algún hechizo mágico y tampoco le roba a su amada; le
inventa a Dulcinea en una labradora, transfigura la belleza y la convierte
en la realidad por medio de la magia mentirosa... entonces la mentira
satisface cuando verdad parece y está escrita con gracia, que al discreto y
simple aplace.8 Se ha mencionado y descrito a Sancho Panza
como encantador, pero falta apuntalar, como elemento, las consecuencias que
ocurren en la historia. Así como Sancho es convertido por él mismo en el
encantador, por medio de la designación de personajes adversos (los
duques), se vuelve desencantador.
De esta situación que se le asigna, seguirá un
rumbo similar que el elegido en la primera parte; donde Sancho se encuentra
pensando en el valor dinero que obtendrá como escudero. Ahora él aprovecha
la situación de las historias de caballería, para asignar precio a su
posición de desencantador.
(...) Para recobrar su estado primo
la sin par Dulcinea del Toboso, es menester que Sancho tu escudero se
dé tres mil azotes y trecientos.9
A partir de este momento, surge el acomodamiento
de Panza a esa situación y la adapta a él. El lineamiento de caballero
andante que rige a don Quijote es utilizado por el “criado” (Sancho).
Él desencanta a Dulcinea a cambio de dinero —que le va a ofrecer su amo,
a cambio de que la imagen de la labradora pobre se transfigure en Dulcinea.
Sancho es un encantador del Renacimiento por
aprovechar las circunstancias a su beneficio, como él mismo lo da a
entender en la obra: (...) y entraré a mi casa rico y contento, azotado;
porque no se toman truchas..., y no digo más.10
La asignación de encantador y desencantador en
la figura de Sancho desemboca correlaciones. Del lineamiento que sigue de
adaptar las circunstancias, finaliza en la mentira que utiliza con el
Quijote. Después de ello, termina con el aprovechamiento monetario de la
designación como desencantador, función que no se hubiera podido lograr si
Sancho no hubiera utilizado el engaño para convertirse en encantador. Una
característica de las historias de caballería es transfigurada como medio
de obtener dinero.
—Prosigue, Sancho amigo, y no
desmayes —le dijo don Quijote—; que yo doblo la parada del precio.
—De ese modo —dijo Sancho— ¡a la mano de Dios, y lluevan azotes!11
Gobernador
Sancho Panza, después de escudero artificial y
encantador, se torna gobernador conforme a la promesa del Quijote.
La ínsula es un regalo deseado por Sancho que
don Quijote le promete como recompensa de los servicios de escudero. En la
segunda parte de la obra, éste obtiene ese regalo, la ínsula Barataria.
Aunque en la historia todo es un artificio creado por los personajes de los
Duques; los cuales utilizan la promesa del Quijote, se la quitan de las
manos y se la adueñan para obsequiársela. Sin embargo es una realidad que
vive Sancho, que no inventa ni la imagina como su amo, sino que la
presencia. Vive los sucesos del artificio de la ínsula en su entorno.
Si bien su gobierno se desarrolla en un invento,
no es problema para que Sancho se lo apropie como realidad. Dentro de los
sucesos creados y planeados por los Duques y la confabulación de la
inventada ínsula Barataria, Sancho rige y resuelve los problemas fingidos y
con ello los hace existentes. Desde que gobierne un artificio, deja de serlo
porque lo vuelve real; sin él como gobernador, los problemas inventados
continuaran siéndolo: Sancho como gobernador trae como consecuencia que un
artificio se convierta en su realidad y a la vez en existente.
Así como la promesa caballeresca de una ínsula
se ve cumplida, ésta se deshace por el que la deseaba.
Como antes se había mencionado la idea de la
adaptación de Sancho en él; esta vez no logrará adaptar la ínsula a
Panza, aunque la haya hecho existencial a través de su realidad. Desecha el
artificio creado por los burladores, al no poder convivir con una existencia
que no se acomodara a él. Es forzoso que Sancho rechace la ínsula porque
como persona adaptada a su propio yo, necesariamente desecha ese artificio.
Es un personaje que no busca otros lineamientos que seguir los suyos; no
adecua su interior al exterior sino que alinea lo exterior a su interior.
Sancho: (...) dejadme volver a mi
antigua libertad: dejadme que me vaya a buscar la vida pasada, para que
me resucite de esta muerte presente.12
Sancho Panza
El curso de la vida de Sancho es ser él. Como
caballero no ilusorio, que no sigue un canon determinado más que su propia
sencillez, le continúa una vida a su verdadero reino: su casa. A diferencia
del amo, para quien la vida era ser caballero andante y este tiempo termina,
retornando a ser el hacendado manchego y por ello su continuidad acaba,
porque ya no habrá cabida a la ilusión. Panza, desde sus diferentes
cambios de escudero artificial, encantador y gobernador, no intentó regirse
por ninguno de esos lineamientos, ni trató de inventarse una realidad en
torno a ello, porque el curso de vida que siguió Sancho a lo largo de la
historia fue ser Sancho. De ahí que tratara de adaptar el oficio de
escudero inventado por el Quijote, que le encontrara la forma de adecuar su
papel de encantador a sus intereses para desembocar como gobernador, donde
no consiguió adaptarse a un artificio.
Es el final de la historia que completa a Sancho
como caballero andante del nuevo estilo, pues al fin de sus aventuras, él
retorna a su reino (su casa) para gobernar en él, a lado de su dama (su
esposa). Él termina estáticamente como todo un caballero andante.
Finalmente, es el único que se desenvolvió en diferentes cambios, de los
cuales los volvió a su realidad y a la vez los hizo existentes: escudero
artificial, encantador, gobernador. Éstos conforman la adaptación que hizo
Panza de las diversas realidades a él, no creando vínculos de ilusión.
Sancho se adapta a Sancho.
(...) no sé decir razón sin
refrán, ni refrán que no parezca razón; pero yo me enmendaré, si
pudiere.13
Bibliografía
Cervantes Saavedra,
Miguel de; Don
Quijote de La Mancha. Ed. Porrúa. México, 2000.
F. Sevilla Arroyo;
Enciclopedia
Universal. Micronte, 1998.
Durán,
Manuel; La ambigüedad
del Quijote. Universidad Veracruzana, Xalapa, México, 1981.
Rodríguez,
A. El Quijote,
mensaje oportuno. México, 1985.
Pérez Valera,
José Eduardo. Una
nueva lectura del Quijote. Universidad Iberoamericana, Departamento de
Ciencias Religiosas; México, D.F., 1994.
Notas
Pérez Valera,
J. E.: Una nueva lectura del Quijote,
1994.
Rodríguez A.: El Quijote, mensaje
oportuno, 1985.
F. Sevilla Arroyo: Enciclopedia
Universal, Micronet, 1998.
Castro, Américo: 24.
Cervantes Saavedra, Miguel de. 2000: I: 125.
Ídem, I: 104: 106.
Durán, Manuel, 1981: 245.
F. Sevilla Arroyo: Enciclopedia
Universal, 1998. Del Viaje al Parnaso, IV.