
3
I
Abandonado el bosque después de la batalla,
II
Ayer fue de carmín. Ha descubierto
III
Tiempo es del caimán.
IV
Ayer fue de carmín, cáliz y lengua,
V
Y si el paso que hace palpitar en el cuerpo
VI
Que del barro a la piedra
VII
Simetría del tiempo, espiral sobre esfera,
VIII
Sólo el helecho resta
carece de importancia la tristeza del sauce
para el ser que comienza su paso por la tierra.
Hijo es del helecho y la retama, mas del barro
ha arrancado sus garras, de la entraña del barro
sus escamas leñosas, del corazón del barro
su caminar de fósil, del aliento del barro.
Y se ha impuesto por límite el horizonte igual,
horizonte cerrado en su frente sin centro.
los dolores del vientre, de la vida.
Se le impone el instinto, lo que resta del árbol,
esas manos
que nadie imaginó como posibles.
Se impone devorar aquello que se ama
y rendir el tributo de la especie.
Es la esencia del bosque en movimiento,
la verdad de lo verde, la temprana
encarnación del álgebra y la suma.
Nadie lo imaginó, por eso existe,
por eso no lo borran las tormentas,
por eso busca el elemento con que inventar el hambre
y el deseo.
Tiempo es del lagarto.
Es su tiempo que se incrusta en el cuerpo,
que le hace crecer y repetirse.
Hijo es de la escama y la madera,
hijo es de los bosques y, a su vez,
bosque es desprovisto de amuletos.
calizo despertar del solitario fósil.
En sí mismo se crea, y se vierte en sí mismo,
ensimismado espejo o muerte compartida.
Desde el ojo hasta el ojo todo sigue su rumbo,
todo iguala los límites del planeta cerrado.
Y así son uno solo los gigantes dispersos,
fragmentada materia de la sangre primera,
diminutas porciones de esperma vegetal,
que han de unirse a la tierra,
que han de unirse en la tierra,
que la tierra ha de unir con el barro profundo.
corazones de escamas se detiene en el margen,
si se ha hecho colmillo lo que fuera raíz,
recuperar las formas es derecho del fango,
del que fuera principio de los verbos dormidos.
tan escasa distancia nos separa,
que cuando el lodo cae
sólo nos resta el hueso y, por tanto,
no es extraño que sea museo de antracitas,
pasado de clavícula y de diente,
donde falla la sangre,
cuando falla la sangre,
como la sangre falla al calor del reptil.
planeta de David es el mundo caliente.
Los insectos transforman al caído gigante
y le roen las ramas los nacientes cachorros.
¿Cómo falla la sangre? Sólo sabe el helecho,
conoce de sus hijos el camino y la meta,
el origen y el fin del instinto tardío.
del tiempo de la escama vegetal y vencida,
narrador imposible de caricias y umbrales,
de umbrías paradojas del corazón umbrío,
del amor que devora sus objetos y frutos.
Y los tiempos se mudan, los hijos de los tiempos
van poblando el desierto con gemidos y estrellas.