Breve historia de las representaciones trifaciales y tricéfalas en Occidente • Musa Ammar Majad
3. Hécate

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Al igual que Cerbero, Hécate pertenecía al Inframundo. Se le podía representar con tres cabezas y un cuerpo o tres cabezas y tres cuerpos. Se le concebía como soberana de los tres mundos (tierra, cielo y mar), lo que contribuía a su trimorfismo. Ya Hesíodo escribió:

Y ésta [Asteria], encinta, parió a Hécate a quien sobre todos honró Zeus Cronida, y le fue concediendo espléndidos dones: tener parte de la tierra y de la mar infecunda; mas ella tuvo también el honor del cielo estrellado y por los inmortales dioses sumamente es honrada.1

Por ello Hécate, en principio, proporcionaba beneficios en distintos campos, como por ejemplo la facilidad de palabra en juicios y asambleas, la victoria en pruebas deportivas y en batallas, la protección a los niños. No obstante terminó siendo conocida como diosa de la magia, la adivinación y las evocaciones infernales, interesada por las almas de los muertos, invocada como ayuda contra la locura, siempre presente en los nacimientos y en las muertes.

Del escultor Menestrato, Plinio recuerda la Hécate de Efeso en el templo de Diana. “A los que van a contemplar esta estatua los vigilantes les advierten que aparten sus ojos: tan grande es el resplandor del mármol”.2 Mármol como el de la Hécate de Paros, siglos II y III (figura 6), donde la diosa aparece en su imagen más tradicional, con tres cabezas semejantes sobre tres cuerpos unidos, haciendo muestra de atributos determinados: la figura de la derecha sostiene un clavo y un martillo; la de la izquierda, una daga y una serpiente; la del centro, y al igual que la diosa lunar Selene, dos antorchas con las que mantiene encendidos sendos altares.

La triplicidad de Hécate ha llevado a pensar que fue utilizada como modelo para las representaciones medievales de la Prudencia, aunque, afirma Lippincott, no existe ningún indicio para sustentar este hecho.3 Por ello la confusión con una escultura en bronce atribuida a Bartolomeo Bellano, ubicada hacia 1480, que bien pudiera aludir a Hécate o a la Prudencia o, inclusive, a ambas. Se trata de una mujer trifacial que camina y lleva en su mano izquierda un corazón y en la derecha una antorcha. Los rostros aluden a distintas edades, siendo el de la derecha el de una anciana, el de la izquierda el de una joven, el de la parte posterior el de una niña. Si bien encarna una versión de la Alegoría de la Prudencia en función de las edades de la mujer, también es cierto que, como no se conocen otras representaciones de la Prudencia que porten la antorcha encendida, atributo de Hécate, existe inclinación por identificar a la estatuilla con ésta última.

Ciertamente, y subrayando la diferencia respecto a otras representaciones trifaciales y tricéfalas de la historia de Occidente, las representaciones de Hécate hacen uso de la triplicidad no por manifestar una lógica de sentido, como con las imágenes que aluden al tiempo, sino por presentarla como lo que es, la triple diosa, la diosa de la tierra, de la luna y el inframundo. Aquí la triplicidad acentúa un carácter.

 

Notas

  1. Op. cit., 408-415.
  2. Plinio, Textos de Historia del arte, edición de Esperanza Torrego, Madrid, Visor, 1987, p. 139.
  3. Op. cit., p. 184.