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Hablemos, de Octavio Santana Surez

Tres poemas

• Viernes 27 de enero de 2017

Dos vidas

A mi padre

Entre cuantos recuerdos se agolpan
en mis sueños día tras día,
ninguno me aflige tanto
como el que dicta este retrato:
un frágil y delgado y pequeño niño,
dueño apenas de su escaso tiempo,
de pie contra las altas rejas blancas
de una casa olvidada para siempre.

Paso mi mano por este retrato
como quien acaricia un niño que duerme,
y con cada caricia me llega de lejos,
de esa remota región de los sueños,
el vago recuerdo de una tarde vaga…

Y mis ojos recorren cada rincón de este retrato,
de este recuerdo de un recuerdo adormecido,
y se detienen de pronto en aquellos
ojos gemelos de los míos,
aquellos ojos inmersos en el destello
que cae sobre ellos como una ola,
sin sospechar siquiera
que yo he de cerrarlos algún día.

Y entretanto me pregunto si aquel niño,
desde el fondo mismo del tiempo,
entrevé acaso en el lente de la cámara
a este hombre que le mira…

 

Lejana

Tu ausencia es…
………………………una quietud constante
que me imponen la memoria y el olvido.

Me faltas, Lejana, en esta mañana
….(¿o tarde o noche o madrugada?).

Bate el tiempo sus alas ingrávidas
y sucumben mis horas ante la caricia
última de sus plumas blancas…

Dormita otra jornada…
………………………..y no vuelves todavía.

De cada orilla del aire brotan
briznas de recuerdos
que calan,
condolidas, devastadas,
en cada piedra de esta muda casa.

Me faltas, Lejana,
me faltas,
me faltas…
me faltas ahora que fundas y habitas
la más pura región de mi nostalgia.

Y te sueño, Lejana, te sueño cada día,
cubierta de fulgores, cubierta de campanas,
……..en algún lugar más allá de esta ventana,
…………….en algún lugar entre la noche y la mañana,
……………………….en algún lugar en el centro de la nada…

 

Despedida con un ramo de agua

Montañas,
blancas y verdes montañas de mi tierra,
entre ustedes y yo se levantan,
pesarosas,
infinitas noches
como infinitos y ciegos girasoles
que lamentan la ausencia del sol.

Es hora, montañas,
es hora de que me vaya…

Caen manojos de seda,
caen hebras de agua,
cae leve sobre mi espalda
su rocío glacial
y de tan puro leve…
me pesa,
me pesa tanto,
me pesa al igual que
una borrasca de recuerdos
que azula esta dulce despedida.

Montañas-montañas-montañas-montañas-montañas…
………¡ah!, se quiebra mi aliento de tanto y tanto contemplarlas.
Se rasgan mis párpados
al filo de esta mañana fría como un cuchillo.

Pero es hora, montañas,
es hora de que me vaya…

En busca voy de otros sueños
aunque el buscar me pierda…
Y mi corazón,
mi corazón que ha sido y será tierra,
huye a otra tierra ciego de nostalgia.

Adiós, montañas,
montañas, adiós.
Sobre sus faldas esparzo
mi infancia
como un ramo de agua;
como líquidas flores azules
que arrojo
una a una
sobre sus faldas,
sus faldas entre las
que hoy amanezco
por última vez…

Y me despido
pidiendo a Las Alturas
que su alta y blanca y verde imagen
sobreviva
alta y blanca y verde en mi memoria,
…………desde esta hasta la alborada última,
………………..desde esta noche hasta la noche honda,
…………………………..y un día más y un día más y un día…

Hugo Armando Arciniegas Díaz

Hugo Armando Arciniegas Díaz

Escritor e investigador literario colombiano (Bucaramanga, Santander, 1994). Licenciado en Español y Literatura de la Universidad Industrial de Santander (UIS). Miembro del Semillero de estudios literarios de la UIS. Integrante del taller de escritura creativa Relata-UIS. Tallerista asociado al programa Literatura al Aula del Ministerio de Cultura de Colombia, el Instituto Municipal de Cultura de Bucaramanga y la Fundación Santandereana para el Desarrollo Regional (Fusader). Poemas y artículos suyos han aparecido en Suma Cultural, La Tercera Orilla y Cátedra Libr, así como en la antología El desamparo y la compañía (Ediciones UIS, 2016).
Hugo Armando Arciniegas Díaz

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