“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Cinco poemas de Zully Silva Velásquez

miércoles 18 de mayo de 2022

Herencia

………….Me rehúso
a morir una vez
a morar postergada
en la frigidez
de las fauces
agusanadas
polvorientas
de las tumbas contritas
en los panteones,
de sentidas flores
rebosantes.

Decido
fallecer a pausas
regalarme a pedazos;
ser en Ellos.
Con la voluntad de Dios
suicidarme a gotas
a migajas
a lágrimas
a poemas
a letras.
Agasajarlos con mi piel
a fin de que disfruten
a Grieg, y sus notas lejanas
sumergirse en sus almas.

….A mi verde corazón
combatiente
y bravío
regalaré.
Dejaré dispuesta
mi basta sangre
para que su ser irradiar
como el invierno resplandece
los espíritus
de las gentes heridas,
y su dolor congelando
anestesiando sus tormentos.

………….Obsequiaré
mi humanidad trascendente
para andar pasos genuinos
o ya transitados
más de una vez.

 

Hierba

Soy la pequeña y rebelde hierba
que hace de la roca agreste
e ignaramente fecunda
su cuna.

Soy la pequeña hierba que
abraza vehementemente las entrañas
férreas, frías y cálidas
de su madre decretadamente hostil.

Soy el novel arbusto
con las raíces mutiladas
por el afán de los hombres
pero con el libre albedrío cimentado a la tierra.

Soy el árbol frutado
que aprendió a morar
a las venas abiertas
del río, lobo bravío.

Soy la hierba
la roca agreste
el novel arbusto
la raíz en la tierra
el río
el lobo bravío.
Soy
la voluntad del ser.

 

Vuelvo a escribir

He vuelto a escribir.
a fundir letras,
palabras
una, otra,
adosadas
como se juntan
las gotas a la ventana,
amalgamándose a los cristales desnudos
cuando el cielo se rompe.

He vuelto a escribir
porque el invierno me invita a sentirme poeta
susurrándome con su lengua helada
que el tiempo es corto
y más de una vez podemos fallecer.

Escribo entonces pusilánime,
con la pueril vehemencia
de adherirme a la resurrección
de una vida ordinaria
en eso,
desciendo rezumante
al círculo ocho del infierno dantesco
y muero,
en batalla contra mí y lo burdo;
encontrándome en el limbo,
luego me observo vibrante
a la vera de Hauser
y el Adagio de Albioni,
a la sombra de chelos,
corroída por pentagramas
y gatos negros,
ajenos a los de Poe
finalmente, luego de mi suicidio
vuelvo a escribir
y vivo hueso a hueso en cada nuevo verso.

 

Domingo

Mi semana tiene seis días
los domingos no los cuento,
prescinde de mi existencia el cosmos
(jornada amodorrante y suicida), domingo…

Es el día en el cual permanezco extinta,
crucificada al espacio contrito de lo inerte,
y el crossing over
se mofa sarcástico de la genética,
y no llego a blástula,
permanezco en el sueño de alguien,
pues precisamente me abstengo de ser.

Los domingos son días paganos 
que se evaporan al paso de las horas
con el ánima de los cafés
en invierno,
son días ideales que mueren
como el constructo
de un carácter de ficción
como una palabra vacua dicha,
que al morir se agota
cual mecanismos de defensa que gasta mi ser
pretendiendo, ingenuo
mantener “la quietud solaz”
de una balsa ante las olas pletóricas
de incertidumbre certera.

Discurre este día
anaeróbico, asfixiante
que me invita a enjugar mi alma 
deshidratando mis carnes
y desollando mis sueños.
en aquel momento,
de la nada
me gesta y me lanza al tiempo
en donde mi existencia
yace en un minúsculo espacio
donde el aire escasea
donde el área comprende
del suelo al techo en elipse
mi vivir dura ese tramo…

Los domingos son cuadros tripófobos
expuestos en el atrio central de mi psique,
un agujero negro en mi frente.

 

Fibromialgia

…………Son dolorosas,
las lágrimas
resignadas
que cansados
vierten mis ojos,
las palabras redundantes
gastadas y no dichas,
dinamita
que explota en mi garganta,
el miedo a perderte,
el amor desgastado,
la soledad en compañía.

…………Duelen,
el cuerpo
agotado de dolor viejo,
las ganas de seguir amándote,
la imagen del futuro
huérfana de ti.

…………Duelen,
el cuello
la espalda
el alma
el respirar.
……Duele
este amor.

Zully Silva Velásquez
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