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Tres poemas de Nicolás León-María del Valle

miércoles 24 de abril de 2024
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Sin título

Pudo haberle dicho.
En el fondo de una taza,
En el fondo de un rincón,
Mucha gente que camina.
Pudo haberlo matado con sus dinamismos,
Con algo que escondía en la superficie del pecho.
Pudo haberlo matado con su angustia,
De cal, ceniza, monte y hoja seca.
No lo hizo.
Fue como un cerillo a punto de prender el gran cigarro
Del alma, fue como si ya ardiera, intoxicándonos de destilación viva
Transpirando. Oliendo a sudor, a axila.
Fue algo que empujaba las ventanas,
Que raptaba a los imbéciles y sus carcajadas.
Fue algo cómo una sequía, madre
Hermana, prima segunda de una cortina,
Casa vieja, Liberia: sol a punto de 2:45 de la tarde.
Fue su boca mirando-me
Como boca vendada por la duda
De un buenos días o un buenas tardes.
No tenía reloj, y tampoco muebles, estantes, cajuelas —en la superficie
Del pecho—, fue como la cortina de la casa antigua
Oliendo a sudor de cedro.
Fue como la hija de la quebrada
Por la que iba bajando, con algo de prisa, (no digo
Sintiendo) imaginando el cuerpo rodar por los guijarros
Nerviosamente plagados de hojarasca.
Guijarros que fueron rayonados por el Niño,
Amarillos.
Pudo haber prendido fuego a mi cuerpo
Corriendo detenido al viento,
Pintado de hojarasca.
Pudo haberme matado con ojos de hoja
Ceniza,
Cal.
No lo hizo.
Su boca se abrió,
Yo rodé.
Su boca dejó entrever los dientes,
Empezó a arder el cigarrillo de la gran alma
Mía. Intoxicándome, olor a axila.
A sudor.
Mucha gente que camina,
Asustada, el fondo de un rincón,
En el fondo de una taza
Pudo haberme dicho;
Y no lo hizo…

 

“Estamos del lado oscuro de la carretera”

Estamos a contraluz
Donde se ahorcan los ojos
Donde de cuando en cuando pasan carros, camiones y camionetas
Y rostros asustados.
Como cometas.

Estamos a contraluz,
Como un desgraciado al que le han pateado todo el cuerpo,
Le han hundido las entrañas con los bates, con palos de guayabo.
Como un desgraciado apuntalado en medio de una calle a oscuras,
Que sigue retorciéndose y cubriéndose con las manos
Como si siguieran allí los otros
Como si fuera todavía noche.

Estamos del lado oscuro de la carretera caminando
Pero nuestra alma en nuestros ojos
Sigue retorciéndose en el asfalto.
Estamos a contraluz, y los muchachos pasan
Y nos miran asustados.
Seguimos tirados con nuestro polvo,
Los camiones pasándonos por encima.
Estamos del lado oscuro de la carretera.
Inermes.

 

Fe

Hay un alma en los lugares
que se traslapan el uno al otro.
Iglesias donde no hay fe. Robles
donde sólo hay fuego quemando pasto.
Hay un alma en los lugares y los momentos,
como si fuera nuestra alma que se espeja en
el pasado y el futuro y el presente.
El alma es tan sólo una observación;
un gozo imparcial
que surca el tiempo y los espacios.
Trayendo fe donde no hay iglesias.
Quemando iglesias donde el pasto arde, para
enardecer nuestra fe;
poniendo robles en la fe,
o fe en los robles, para
hacerla florecer.

Nicolás León-María del Valle
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