
         ~~~~~~~~~~~~~~~            Ao XI     Cagua, Venezuela      N 150
           ~~~~~~~~~~~              =======================================
           ~~~~~~~~~~~                     LETRALIA, Tierra de Letras
           ~~~~~~~~~~~                      http://www.letralia.com
           ~~~~~~~~~~~              =======================================
           ~~~~~~~~~~~                        9 de octubre de 2006
           ~~~~~~~~~~~
           ~~~~~~~~~~~                   LETRALIA, Tierra de Letras, es
           ~~~~~~~~~~~                    la revista de los escritores
           ~~~~~~~~~~~                   hispanoamericanos en Internet.
           ~~~~~~~~~~~                     Usted puede enviarnos sus
           ~~~~~~~~~~~                  comentarios, crticas o material
           ~~~~~~~~~~~                   literario a info@letralia.com
           ~~~~~~~~~~~          ~                      *
           ~~~~~~~~~~~        ~~~         JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor
           ~~~~~~~~~~~      ~~~~~         Depsito Legal: pp199602AR26
         ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

=== Sumario ===============================================================
                                                         |
Los mejores libros de la dcada, Jorge Gmez Jimnez.  | Editorial
                                                         |
Un hotel creativo. / Roa Bastos virtual. / Otro taller   | Breves
en 4 Cuentos. / Poesa & Fotografa. / El taller de      |
Joselolo.                                                |
                                                         | Noticias
Falleci la escritora argentina Paola Kaufmann. /        |
Instituto Cervantes de Roma homenajea a Octavio Paz. /   |
La chilena Mal Urriola obtuvo el premio Pablo Neruda de |
poesa. / Novela de Jorge Bucay gana el premio           |
Torrevieja. / Presentan en Venezuela coleccin bilinge  |
de literatura indgena. / Festival de Medelln recibe el |
premio Nobel Alternativo de la Paz. / Publican portal y  |
obras completas de Amado Nervo. / En marzo concluirn el |
Centro Jos Hierro. / Premio Nacional de Poesa de       |
Espaa para Caballero Bonald. / Sergio Pitol dona lote   |
de libros al Museo de Teocelo. / Colombia reconstruir   |
la casa natal de Gabriel Garca Mrquez. / Publican      |
textos del archivo personal de Julio Ramn Ribeyro. /    |
Confieren a Jorge Semprn el Premio de Literatura        |
Europea. / Semana Cervantina realizarn en Alcal de     |
Henares. / Sesionar en Bayamo el XIV Coloquio de        |
Literatura. / Organizan encuentro literario en           |
Cajamarca. / Celebran festival de danza contempornea en |
universidades de Bogot. / Inge Feltrinelli recibir el  |
Reconocimiento al Mrito Editorial.                      |
                                                         |
Buscando las races de Kunta Kinte, Roberto Bennett. / | Artculos y
Las estrellas brillan sobre Toledo. Ciencia y filosofa | reportajes
en al-Andalus, Carlos Montuenga. / Luisa Futoransky:   |
la eterna lucha, Carlos Barbarito.                      |
                                                         |
Teatro del Pueblo: escuela y semilla actoral. Los       | Entrevistas
albores del teatro independiente uruguayo, Aldo Roque   |
Difilippo.                                               |
                                                         |
Visiones decimonnicas de Amrica: Mart y Sarmiento,  | Sala de ensayo
Juan Carlos Hernndez Cuevas. / Manuel Machado y su     |
peregrinaje a Eleusis, Laura Quadrelli. / La           |
construccin de la imagen de la mujer en obras de        |
descendientes de inmigrantes judos en Amrica, Roberto |
ngel G.. / Civilizacin y barbarie, Jorge Majfud.     |
                                                         |
Los pezones de Alicia, Carolina Lozada. / Poemas de    | Letras
Javier Raya. / Domingo de visita, Yamileth Latorre     |
Quintana. / Poemas de Nora Nani. / Relatos de Alberto    |
Hernndez Cobo. / Poemas de Goyette Dos Gallos. /        |
Pasajera, Sergio Borao Llop. / Poemas de Adriana       |
Lamela. / La guerra, Ana Isabel Hibert. / Poemas de    |
Martha Espejo. / Lo que no esperas, Miguel Corrochano. |
/ La muchacha, Moiss Sandoval Caldern. / Poemas de   |
Rubn Eduardo Gmez. / La ltima carta, Severo         |
Insausti. / Poemas de Ernesto Carrin.                   |
                                                         |
Jos Ortega y Gasset.                                    | Post Scriptum
                                                         |
===========================================================================
             Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Ao
                     http://www.geocities.com/SoHo/8753
===========================================================================
   Premio "La Pgina del Mes" de Internet de Mxico el 3 de mayo de 1998
                         http://www.internet.com.mx
===========================================================================
      Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998
                          http://www.megasitio.com
===========================================================================
    Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999
                          http://www.redchilena.cl
===========================================================================
         Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999
                       http://www.fortressdesign.com
===========================================================================
          Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999
                          http://www.exodusltd.com
===========================================================================
    Premio Mejor Pgina de Poesa, de La Blinda Rosada, en julio de 1999
                         http://blindarosada.org.ar
===========================================================================
   Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004
                          http://www.lomejorde.com
===========================================================================
      Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005
                          http://www.lomejorde.com
===========================================================================
    Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia
                      http://www.stockholmchallenge.se
===========================================================================

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=== Los mejores libros de la dcada      Jorge Gmez Jimnez ==============

Hace algunas semanas convocamos desde la Tierra de Letras la consulta Los
mejoes libros de la dcada (http://www.letralia.com/ed_let/decada), que
concluy el pasado 18 de septiembre y cuyos resultados publicamos esta
semana en forma de un trabajo especial en Editorial Letralia. Todo un
esfuerzo mancomunado en el que participaron los lectores de nuestra revista
y los escritores letralianos, para producir un documento que bien puede
servir como una medida jams definitiva de lo que ha sido el devenir
literario en espaol en los ltimos diez aos.

El procedimiento que escogimos para esta consulta garantiz que tanto
lectores como escritores relacionados con la Tierra de Letras expresaran su
criterio sobre los libros en espaol que, habiendo sido publicados a partir
de 1996 el ao de nacimiento de nuestra revista, merecen por su calidad
literaria el adjetivo de imprescindibles.

Quienes participaron en la consulta tuvieron la oportunidad de darnos su
opinin sobre el libro que estaban apoyando. Todo ese material ha sido
reunido en el informe final, que presenta as a una nutrida multitud de
lectores aportando diversas miradas, no slo sobre los diez libros que
ocuparon los primeros lugares, sino adems sobre una constelacin de otros
76 ttulos.

Aunque los detalles se encuentran registrados en ese informe, consideramos
interesante comentar aqu algunos de los resultados. Nuestros lectores ms
curiosos ya sabrn que Roberto Bolao obtuvo los dos primeros lugares, con
Los detectives salvajes y 2666, obras colosales en torno a las cuales no
nos parece exagerado afirmar que tienen asegurado un importante lugar en la
historia de la literatura latinoamericana de entre siglos. Bolao comparte
ese bien ganado derecho de ocupar dos lugares con Mario Vargas Llosa, cuyas
novelas La fiesta del Chivo y Travesuras de la nia mala sta recin
publicada tambin recibieron el favor de nuestros lectores.

Cuatro de los escritores que ocuparon los primeros lugares en los
resultados de nuestra consulta son espaoles: Javier Cercas, Carlos Ruiz
Zafn, Javier Maras y Antonio Muoz Molina. Una sola mujer alcanz uno de
los diez primeros puestos: la colombiana Laura Restrepo, por su novela
Delirio. Y slo un venezolano, y con una obra de ensayo, tambin comparte
esos primeros lugares: Fernando Bez, por su Historia universal de la
destruccin de los libros.

Es obvio que una consulta de esta naturaleza no tiene el propsito de
arrojar resultados definitivos ni restrictivos sobre lo que debe leerse.
Interprtese este trabajo, en el que participaron lectores de todo el
mbito de habla hispana, como un gran juego basado en la actividad que para
muchos de nosotros es el mayor de los sostenes espirituales: la lectura.

                                                Jorge Gmez Jimnez, editor
                                             http://www.letralia.com/jgomez



=== Hablemos..., de Octavio Santana Surez, en Editorial Letralia =========

Una coleccin de dpticos filosficos, redactados en forma de dilogos,
que abarcan temas como la filosofa, el hombre, la libertad, la poltica y
el amor. Con prlogo de Antonio Nez Ordez e ilustraciones de Nicols
Herrera, puedes leer o descargar este libro exclusivamente en Editorial
Letralia, el espacio de libros digitales de la Tierra de Letras.

http://www.letralia.com/ed_let/hablemos



|||||||||||||||||||||||||||||||    BREVES    ||||||||||||||||||||||||||||||

Un hotel creativo. Acaba de inaugurarse en Madrid la Escuela de Escritura
Creativa Hotel Kafka, que ofrece, entre otras posibilidades, un mster en
escritura creativa, con la participacin de grandes escritores
contemporneos, y que anima a sus alumnos a participar con sus propuestas,
sea cual sea su orientacin artstica. Este particular hospedaje creativo
est ubicado en la antigua imprenta y editorial de Prez Galds, en el 104
de la calle Hortaleza de la capital espaola. Entre los autores que estn
dictando los primeros talleres se encuentran Rafael Reig, Eloy Tizn y
Jordi Doce.
http://www.hotelkafka.com

Roa Bastos virtual. El Centro Virtual Cervantes ha publicado un monogrfico
dedicado al escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, ganador del premio
Cervantes en 1989, en el que se describen diferentes aspectos de su vida y
obra: su estancia en Buenos Aires, el exilio y el retorno a sus orgenes.
Adems se ha incluido una antologa de Yo, el Supremo, cada uno de cuyos
pasajes introducido y comentado por el hispanista Blas Matamoro. Esta
recopilacin de fragmentos de la obra cumbre de Roa Bastos ofrece un
complejo retrato del dictador latinoamericano. Por ltimo se presenta una
completa bibliografa, as como diferentes perfiles crticos sobre la obra
de Augusto Roa Bastos.
http://cvc.cervantes.es/actcult/roa

Otro taller en 4 Cuentos. El prximo viernes 6 de octubre el Taller de
Escritura 4 Cuentos retoma su actividad con el taller permanente, la
presentacin del primer libro escrito por sus alumnos y varios talleres
intensivos en los que se podr profundizar en determinados aspectos de la
escritura creativa. La cita es los viernes a las 6 de la tarde en Aula Nosa
(calle Monasterio Caaveiro, 1). 
http://www.4cuentos.com

Poesa & Fotografa. La poeta venezolana Edda Armas dictar, a partir del
16 de octubre, su taller La mirada por la palabra, Poesa & Fotografa,
donde los participantes ampliarn la visin desde la cual se puede
percibir, leer y expresar los sentimientos que el arte despierta, a travs
de la palabra. El taller ofrecer al participante lecturas y ejercicios que
estimulen su capacidad de percepcin sensorial, de significados y
relacionamientos, as como su habilidad para comunicar ideas, argumentos y
sentimientos. La actividad, que tiene un costo de Bs. 80.000, se
desarrollar en seis sesiones de dos horas y media cada una, entre 6 de la
tarde y 8:30 de la noche, cada lunes entre el 16 de octubre y el 27 de
noviembre, en el Centro Cultural Chacao de El Rosal (Caracas).
Telfonos 9533990 y 9516623

El taller de Joselolo. El escritor venezolano ngel Gustavo Infante dictar
a partir del 1 de noviembre un taller de narrativa en los espacios de la
Sala de Arte de la Universidad Catlica Andrs Bello (Ucab), en Caracas.
Infante es autor de obras como Cerrcolas (1987), Joselolo (1987), Yo soy
la rumba (1992) y Una mujer por siempre jams, en prensa. Las sesiones
sern los mircoles de 6 de la tarde a 8 de la noche, hasta junio de 2007.
Escuela de Letras de la Ucab, telfono 0212 4074233

Quiere publicar una nota en este espacio? Envenosla por correo
electrnico a breves@letralia.com.



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Reciba por correo electrnico los anuncios vigentes de concursos literarios
y artsticos en general suscribindose a nuestra lista de distribucin.
Todo lo qu tiene que hacer es enviar un mensaje vaco a
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||||||||||||||||||||||||||||||    NOTICIAS    |||||||||||||||||||||||||||||

*** Falleci la escritora argentina Paola Kaufmann

La biloga y escritora argentina Paola Kaufmann, que en 2005 gan el Premio
Planeta de Novela de Amrica Latina con la obra El lago, muri el sbado 23
de septiembre a los 37 aos en Buenos Aires a causa de una enfermedad
terminal.

La autora haba permanecido ingresada en una clnica de la capital
argentina durante las ltimas semanas. Sus restos fueron trasladados a su
tierra natal, la ciudad surea de General Roca, donde el domingo 24 se
llev a cabo el velatorio y el lunes 25 fue enterrada en presencia de sus
familiares y amigos.

Kaufmann era doctora en neurobiologa en la Universidad de Buenos Aires
(http://www.uba.ar). Desde 1999 hasta 2003 realiz estudios de
post-doctorado en Smith College (Massachusetts, http://www.smith.edu),
donde obtuvo el doctorado en fsica. Y desde entonces se radic en Buenos
Aires, donde trabajaba como investigadora cientfica.

La autora, quien defina su obra como un juego de alegoras, haba
confesado que pens en dedicarse seriamente a la literatura despus de
realizar un taller con el escritor argentino Abelardo Castillo en 1995.

En 1998 recibi una mencin del Premio del Fondo Nacional de las Artes, con
el libro de cuentos La noche descalza. Otro libro, El campo de golf del
diablo que recibi el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes en
2002 incluye cuentos que individualmente fueron premiados en diferentes
concursos internacionales. En 2003 su novela La hermana, sobre la poeta
norteamericana Emily Dickinson, obtuvo el galardn Casa de las Amricas en
Cuba.

Entregu la obra el ltimo da de plazo porque estaba bastante atascada
con el final. Llegu justo, reconoci la escritora al recibir en noviembre
el premio Planeta de Novela de Amrica Latina 2005 por El lago.

Fuentes: EFE  La Voz



*** Instituto Cervantes de Roma homenajea a Octavio Paz

Una muestra dedicada a Octavio Paz, el poeta mexicano ms prestigiado y
controvertido del siglo XX, Premio Nobel de Literatura 1990, fue inaugurada
el pasado 27 de septiembre en la sede del Instituto Cervantes de Roma
(http://roma.cervantes.es).

Titulada Octavio Paz. De la palabra a la mirada, la exhibicin, que
permanecer abierta al pblico hasta el prximo 29 de octubre, recoge ms
de 30 obras, entre ellas cuadros, serigrafas, libros de artista y
ediciones limitadas que el poeta realiz con artistas de talla
internacional, como John Cage, Balthus o Tpies.

Organizada por la Embajada de Mxico en Italia
(http://www.sre.gob.mx/italia) y gracias a la colaboracin de su viuda,
Marie Jos Paz, la muestra surgi de un dilogo que el poeta estableci con
artistas plsticos desde la dcada de los setenta, segn explic el
embajador mexicano en Italia, Rafael Tovar y de Teresa.

Encontramos aqu obras de Tpies, Moderwell, de los principales artistas
mexicanos como Tamayo, Vicente Rojo, Arnaldo Cohen, Pedro Coronel o Gunther
Gerszo, Raymundo Sesma, en la que una obra plstica creada por ellos se
establece un dilogo con alguno de sus textos poticos, aadi. Resalt
asimismo que la muestra incluye ensamblajes de Marie Jos Paz, su esposa,
hechos con distintos materiales y que obedecen al dilogo entre la palabra
y la obra plstica.

Segn el diplomtico, la muestra permitir difundir en la Ciudad Eterna la
palabra y la dimensin pluridisciplinaria de Paz, que siempre tuvo un
contacto con las dems manifestaciones artsticas, en este caso la
pintura. Record que Octavio Paz admita ser el poeta surrealista de la
lengua espaola, porque probablemente los avatares de la historia
impidieron al espaol Garca Lorca seguir su camino.

Por su parte, Fanny Rubio, directora del Cervantes, dijo que la muestra es
un paseo en la memoria y en la obra de uno de los poetas ms importantes
de todos los tiempos, y agreg que Octavio Paz asiste a la poesa
espaola con la misma naturalidad que la poesa espaola del siglo XX deja
su marca en Mxico.

Recordemos que las ondas del mar llevaron al exilio mexicano a Len
Felipe, a Juan Larrea, a Francisco Jimnez de los Ros a Jos Moreno Villa,
a Manuel Altolaguirre, a Luis Cernuda, a Emilio Prados, a Manuel Andujr y
otros muchos, aadi. Octavio Paz, dijo, los recibi y sobre esta
convivencia fueron escritas pginas certeras. Los poetas mexicanos y
espaoles subray colaboraron en revistas como Letras de Mxico, Tierra
Nueva, Romance, Taller, Cuadernos Americanos o El Hijo Prdigo.

Seal que en la obra de paz hay una lenta y parsimoniosa reflexin a
propsito de la teora surrealista del arte y el contraste de sta con el
mundo contemporneo y finalmente un lento hacerse y destejerse de la
palabra creadora.

Nacido en 1914 en la Ciudad de Mxico, donde muri en 1998, el primer
compendio de poemas de Paz, Luna silvestre, fue publicado en 1933. Le
siguieron obras como Races del hombre (1937), Piedra del sol (1957),
Salamandra (1962), Versante Est (1969) o El laberinto de la soledad (1950).

Fuente: Notimex



*** La chilena Mal Urriola obtuvo el premio Pablo Neruda de poesa

En una decisin tomada por unanimidad, la poeta chilena Mal Urriola se
adjudic este 27 de septiembre la versin 2006 del premio de poesa Pablo
Neruda, que anualmente entrega la fundacin del mismo nombre
(http://www.fundacionneruda.org).

Aunque reconoci que otros autores tambin podran recibir la distincin,
el jurado presidido por Jorge del Ro Prez estim que en el caso de
Urriola su proyecto potico es original y creativo.

En el veredicto se agrega que la obra de Urriola revisa con insistencia el
acto de escribir en medio de la descomposicin de un mundo donde la soledad
es materia viva y logra representar esta pregunta hecha carne en una
palabra derramada y contenida al mismo tiempo.

La poeta santiaguina, que el prximo 12 de diciembre recibir el galardn
consistente en un diploma, una medalla y 6.000 dlares, ha publicado las
obras Piedras rodantes (1988), Dame tu sucio amor (1994), Hija de perra
(1998) y Nada (2003).

Urriola tambin ha recibido los premios Mejor Aporte Televisivo (2004) del
Servicio Nacional de la Mujer; Municipal de Poesa y Mejores Obras Editadas
(2004) del Consejo Nacional del Libro por Nada; y la beca creacin
literaria de la Fundacin Andes para escribir el libro Bracea (indito).

El premio, instaurado en 1987, se entrega anualmente a poetas menores de 40
aos. En sus anteriores versiones lo recibieron Gonzalo Milln, Ral
Zurita, Diego Maquieira, Carlos Trujillo, Teresa Caldern, Erick
Pohlhammer, Alicia Salinas, Toms Harris, Jos Mara Memet, Isabel Gmez,
Bernardo Chanda, Rosabetty Muoz, Andrs Morales, Armando Roa, Jaime
Huenn, Vctor Hugo Daz y Germn Carrasco.

Adems de Jorge del Ro Prez, el jurado tambin estuvo integrado por
Rosabetty Muoz (Fundacin Pablo Neruda), Matas Rafide (Academia Chilena
de la Lengua) y Reynaldo Lacmara (Sociedad de Escritores de Chile).

Fuente: El Mostrador



*** Novela de Jorge Bucay gana el premio Torrevieja

El argentino Jorge Bucay obtuvo este 28 de septiembre el V Premio Ciudad de
Torrevieja con su novela El candidato, un thriller poltico ambientado en
un pas latinoamericano imaginario, mientras que Ignacio Garca Valio ha
obtenido el premio finalista, dotados, respectivamente con 360.000 y
125.000 euros y convocados por el ayuntamiento local
(http://ayto.torrevieja.infoville.net) y el sello Plaza y Jans
(http://www.plaza.es).

En su novela, Bucay, que se haba presentado bajo el seudnimo de Julio
Castrillo, describe la historia del general Cuevas, un dictador de Santa
Mora, que por sorpresa decide abandonar el cargo y convocar elecciones
democrticas. La aparente calma de la trama se va complicando conforme van
siendo asesinados uno a uno todos los candidatos, el pas se sumerge en el
caos y todas las sospechas apuntan a un misterioso grupo, La Familia.

En nombre del jurado, el novelista andaluz Jos Calvo Poyato ha destacado
que ese Estado ficticio, con una capital de nombre La Milagros, puede estar
ambientada en cualquier lugar de Sudamrica, algo que el propio autor no ha
desmentido.

El personaje central, recuerda Calvo Poyato, es una periodista, Carolina
Guijarro, que vive una historia de amor entrecruzada con la historia
poltica. Para el jurado, se trata de una novela bien construida que
crece en su intensidad de desarrollo y que en el ltimo momento casi nada
es lo que en una primera impresin pensaba el lector.

Toda la vida me he dedicado a contar cuentos, explic Bucay en la
presentacin posterior al fallo, pero ahora que he escrito mi primera
novela puedo decir que escribir una novela es muy difcil, pero ha sido
emocionante, cautivante y sorprendente, especialmente por el vnculo que
los personajes establecen con el autor que incluso escapa de sus manos.

El escritor ha confesado que su debut en la novela le ha supuesto tres
aos de esfuerzo y que la mayor dificultad fue pensar por qu el dictador
decida convocar las elecciones, para que fuera creble, y espero que los
lectores coincidan en que eso tambin puede suceder en Sudamrica.

El fallo del premio fue anunciado durante una velada literaria a la que
asistieron unos 500 invitados, entre ellos los escritores Ana Mara Matute,
Martn Casariego, Ildefonso Falcones, Luis Miguel Ariza, Xoan Bello, Javier
Sierra y Sebastin dArb.

Fuente: El Pas



*** Presentan en Venezuela coleccin bilinge de literatura indgena

Este 28 de septiembre fue presentada por el sello Monte vila Editores
Latinoamericana (http://www.monteavila.com.ve), en un acto especial en su
sede en Caracas, la coleccin bilinge de literatura indgena Waank:
Nuestra Palabra.

Beatriz Bermdez Rhote, directora de la coleccin, afirm que sta es una
prueba de cmo se afianzan los esfuerzos por difundir la literatura
indgena en el pas, apoyada en el respaldo a la cultura general de las
poblaciones autctonas.

Segn Bermdez, esta coleccin que es parte de un esfuerzo de divulgacin
de obras indgenas traducidas al espaol constituye una expresin de una
novedosa corriente creativa apoyada por el respaldo constitucional dado a
los indgenas.

Sus voces, dijo, ya no slo narran en el tiempo presente su pretrita
historia mtica, ni claman por derechos y reivindicaciones, sino que asoman
nuevas corrientes creativas y expresiones literarias con sitial propio en
el quehacer cultural mundial.

Nniki ka ikai: Lenguaje del sol, antologa potica del venezolano Jos
ngel Fernndez Silva Wuliana, y Ri upalaj ri kaqik: El rostro del
viento, del poeta guatemalteco Humberto Akabal, son los primeros ttulos
de esta coleccin. A ellos se sumarn Poesa indgena de Venezuela, Cantos
shamnicos Kuna y Entre los unos y los otros: Relatos breves.

El ttulo de la coleccin proviene del idioma del pueblo a, perteneciente
a la familia lingstica arawak, que mantiene viva su lengua pese a siglos
de presiones culturales.

En Venezuela viven 28 etnias, cuyos derechos son garantizados por la
Constitucin aprobada en 1999, primer ao del mandato de Hugo Chvez, en
cuya redaccin participaron indgenas por primera vez en la historia.

Fuente: Prensa Latina



*** Festival de Medelln recibe el premio Nobel Alternativo de la Paz

Este 28 de septiembre le fue conferido al Festival Internacional de Poesa
de Medelln (http://www.festivaldepoesiademedellin.org), por sus esfuerzos
en construir la paz, el premio Right Livelihood (Modo Correcto de Vida),
mejor conocido como el Nobel Alternativo, galardn creado en 1980 por el
alemn-sueco Jakob von Uexkll.

El jurado concedi la distincin al evento cultural por ensear cmo la
creatividad, la belleza, la libertad de expresin y el sentimiento de
comunidad pueden florecer e incluso triunfar donde el miedo y la violencia
estn profundamente enraizados.

El Festival Internacional de Poesa de Medelln fue creado por miembros de
la revista literaria colombiana Prometeo en 1991 como una respuesta
cultural y pacfica ante la crisis de violencia que padeci la ciudad en la
dcada de los 80 y 90 a manos de los carteles del narcotrfico.

Desde entonces, a la capital del departamento de Antioquia han asistido ms
de 750 poetas de 131 pases del mundo, quienes han ledo poemas en ms de
60 idiomas en plazas pblicas y escenarios, entre los que se destaca la
asistencia del Nobel de Literatura 1986, el nigeriano Wole Soyinka.

El certamen lrico de la ciudad colombiana comparti el galardn con el
activista estadounidense Daniel Ellsberg y la india Ruth Manorama, segn
anunci la fundacin Right Livelihood Award
(http://www.rightlivelihood.org), que otorga esa distincin a la labor
social.

Los directores del festival recogern el premio el prximo 8 de diciembre
en una ceremonia especial en el Parlamento sueco. El festival estar
representado en Estocolmo por el poeta Gabriel Jaime Franco y la artista
Gloria Chavatal.

El Nobel Alternativo fue otorgado en 1990 a otra entidad colombiana, la
Asociacin de Obreros Agrcolas del Carare, organismo que trabaj por la
paz de esa regin azotada por una oleada de violencia entre 1987 y 1990. El
premio de dos millones de coronas suecas (unos 275 mil dlares) ser
invertido en el festival, segn sus productores.

Fuente: EFE



*** Publican portal y obras completas de Amado Nervo

El Centro de Estudios Literarios de la Universidad Nacional Autnoma de
Mxico (Unam, http://www.unam.mx) present el pasado 29 de septiembre la
edicin de las obras completas del poeta y narrador Amado Nervo, proyecto
que surgi tomado de la mano de la creacin de un completo portal
(http://www.amadonervo.net) sobre su vida y su obra.

La idea se viene desarrollando hace 10 aos y fue impulsada por el
investigador Gustavo Jimnez Aguirre, del mencionado centro, quien dijo que
se trata de poner al t por t al poeta con el narrador, porque hoy en
da tienen ms vigencia sus crnicas, cuentos y novelas cortas que sus
poemas.

El proyecto en general lleva por nombre Amado Nervo, lecturas de una obra
en el tiempo y las dos primeras obras impresas, coeditadas por el
Instituto de Investigaciones Filolgicas de la Unam y el sello Ocano,
corresponden a sus crnicas Lunes de Mazatln (crnicas: 1892-1894), y a
Tres estancias narrativas (1890-1899), a los que le siguen Poesa reunida y
Epistolarios, de un total de 13 volmenes que integran la coleccin.

No slo trabajamos en la edicin de los libros, es un proyecto multimedia,
ya que creamos una pgina en Internet donde los lectores encontrarn una
seleccin de la poesa dispersa de Nervo, que se va enriqueciendo da con
da con los versos que nos vamos encontrando en revistas o peridicos de su
tiempo.

El proyecto de los 13 volmenes, dice Gustavo Jimnez, est enfocado a los
gneros que actualmente tienen mayor inters, como la narrativa, la crnica
y el epistolario, que incluye cartas de sus lectores y correspondencia con
autores como Alfonso Reyes y Antonio Machado.

Tres estancias narrativas, segundo volumen de la serie, recoge los cuentos
del llamado modernista mexicano, escritos entre 1890 y 1899 en las tres
ciudades donde l vivi: Zamora, Mazatln y ciudad de Mxico, hasta antes
de salir a Pars en 1900, donde se hace un narrador ms profesional.

Sobre el lugar que ocupa Nervo entre los autores de su generacin, el
investigador explica que el poeta nayarita no slo fue un autor central en
la literatura de finales del siglo XIX, sino tambin un impulsor del
gobierno revolucionario, aunque su labor en la diplomacia se inici en el
porfiriato.

Gustavo Jimnez explica que Nervo tuvo estancias muy importantes en Espaa
y Argentina, donde hace una labor enorme en favor del reconocimiento del
rgimen poltico revolucionario, en ese momento encabezado por Venustiano
Carranza. De manera que no slo es el poeta mstico, como se le reconoce en
varios mbitos, sino un hombre de su tiempo, muy inmerso en la problemtica
poltica y cultural de su pas.

Fuente: El Universal (Mxico)



*** En marzo concluirn el Centro Jos Hierro

Las obras del Centro de Poesa Jos Hierro, de Getafe (Madrid, Espaa),
finalizarn el prximo mes de marzo de 2007 con una inversin de 1,5
millones de euros, segn anunci el pasado 30 de septiembre el concejal
local de Cultura, Jos Manuel Vzquez.

El edificio est situado en una parcela de 3.000 metros cuadrados en la
senda de Mortadelo y Filemn del barrio del Sector Tres, y reunir un fondo
documental especializado en poesa que abarcar desde la Generacin del 98
en adelante. Este fondo estar integrado, adems de volmenes editados, por
manuscritos, impresos, revistas, material audiovisual y un archivo sonoro.

Las instalaciones tendrn tambin un aula con capacidad para 78 personas y
una biblioteca de 200 metros cuadrados que reunir la donacin efectuada
por la familia de Jos Hierro con volmenes, manuscritos originales y una
obra grfica del autor con un archivo de la palabra de poetas espaoles.
Adems, el centro organizar actividades como talleres de poesa y
narrativa, encuentros literarios, fiestas poticas y clubes de lectura.

El concejal de Cultura seal que el edificio es singular porque cuenta con
una bveda con forma de cono truncado bajo la cual se sita la biblioteca.

El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprob el pasado mes de
mayo el Plan Econmico y Financiero de este centro y encarg las obras a la
empresa pblica Arrendamientos y Promociones de la Comunidad de Madrid
(Arproma).

Fuente: Madrid Press



*** Premio Nacional de Poesa de Espaa para Caballero Bonald

El escritor gaditano Jos Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera,
1928) obtuvo este 3 de octubre el Premio Nacional de Poesa por su libro
Manual de infractores (Seix Barral). El galardn que concede el Ministerio
de Cultura est dotado con 15.000 euros.

El premio se otorga a la mejor obra de poesa publicada en el ao anterior
en cualquiera de las lenguas de Espaa. El jurado que fall el premio
estuvo formado, entre otros, por Ana Mara Bueno, Paula Izquierdo, Javier
Lostal, Miguel Garca Posada y Jos Corredor Matheos, ganador de la
edicin anterior.

Este Manual de infractores devuelve el mejor aliento potico necesario para
estos tiempos y, segn dijo el propio autor el da de la presentacin del
libro, le ha servido para rejuvenecer. Es un ejemplo de poesa recia,
maestra y comprometida, hija de la indignacin inicial que me hace
conducir la pluma sobre el papel, pero tambin de la melancola, la
incertidumbre, la recuperacin de un pasado nebuloso y de rastreos en temas
prohibidos de la experiencia.

El escritor ya gan el ao pasado el Premio Nacional de las Letras, que se
reconoce al conjunto de una obra literaria compuesta en alguna de las
lenguas del Estado espaol.

Caballero Bonald, licenciado en filosofa y letras, y profesor de
literatura en la Universidad Nacional de Colombia durante una dcada, se
estren como escritor con 26 aos con la obra Las adivinaciones. A partir
de ah, se ha labrado una slida carrera como poeta, novelista y ensayista,
encuadrado por la crtica dentro de la conocida como generacin potica del
50. Como poeta ha obtenido varios premios, entre ellos el Boscn, el Reina
Sofa de Poesa Iberoamericana, y el de la Crtica. Su obra potica hasta
1969 est recopilada en un tomo titulado Vivir para contarlo.

Ms tarda pero igual de afortunada fue su incursin en la narrativa. Su
primer trabajo, Dos das de septiembre, obtuvo el premio Biblioteca Breve.
Luego publicara gata ojo de gato (que obtuvo el Premio de la Crtica),
Toda la noche oyeron pasar pjaros, En la casa del padre y Campo de
Agramante.

Fuente: El Pas



*** Sergio Pitol dona lote de libros al Museo de Teocelo

El escritor Sergio Pitol, ganador del premio Cervantes 2006, don este 4 de
octubre un lote de libros de su autora al Museo Comunitario de la Antigua
Estacin Ferroviaria de Teocelo, en el estado mexicano de Veracruz.

La donacin incluy los tres primeros tomos de sus Obras reunidas y la
segunda edicin de su libro de ensayos La casa de la tribu, as como Una
adiccin a la novela inglesa; El relato veneciano de Billie Upward; Todo
est en todas las cosas; De la realidad a la literatura y Soar la
realidad.

Tambin incluy libros de otros autores, como la novela El corazn de las
tinieblas, de Joseph Conrad, traducida por Pitol; la antologa Cuentos
mexicanos, compilada por Sealtiel Alatriste; la antologa de ensayos
cervantinos A propsito de El Quijote, editada por la Universidad Nacional
Autnoma de Mxico (Unam, http://www.unam.mx), y los cinco primeros ttulos
de la Biblioteca del Universitario, una coleccin literaria de la
Universidad Veracruzana (http://www.uv.mx): Visin de Anhuac y otros
textos, de Alfonso Reyes; El extrao caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, de
Robert Louis Stevenson; Pap Goriot, de Balzac; Hamlet y Macbeth, de
Shakespeare, y Cuatro novelas ejemplares, de Miguel de Cervantes Saavedra.

Con esta donacin, el Museo Comunitario dar forma a una biblioteca pblica
especialmente diseada para la atencin a nios y jvenes, aunque ya es
posible acceder a los libros.

Fuente: El Sol de San Luis



*** Colombia reconstruir la casa natal de Gabriel Garca Mrquez

El Gobierno de Colombia reconstruir la casa natal del escritor Gabriel
Garca Mrquez, situada en la poblacin de Aracataca, en el departamento
caribeo del Magdalena, anunci este 5 de octubre el Ministerio de Cultura.

El despacho indic que aportar los casi 85.000 dlares que vale la
reparacin de la casa en la que, en 1928, naci el novelista y premio Nobel
de Literatura de 1982, que est muy deteriorada. Para realizar las obras se
abrir el prximo 17 de octubre un concurso pblico en el que podrn
participar profesionales o empresas de construccin.

Garca Mrquez, quien reside en Mxico hace ms de veinte aos, estuvo en
contacto en los dos ltimos dos aos con lderes de su pueblo natal que
promueven la construccin de obras municipales.

Aunque la familia del Gabo era oriunda de otras regiones del Caribe
colombiano, el escritor naci en Aracataca cuando su padre trabajaba all
como el telegrafista del pueblo. La zona aparece en casi todas sus obras
retratada en el mtico mundo de Macondo.

Tambin en 2005 las autoridades de la poblacin propusieron cambiarle el
nombre por Aracataca-Macondo, pero la iniciativa no fue aprobada en una
votacin efectuada a comienzos de este ao.

Fuente: EFE



*** Publican textos del archivo personal de Julio Ramn Ribeyro

El Fondo Editorial Cultura Peruana y el Instituto Ral Porras Barrenechea
presentarn en Lima, este 6 de octubre, el libro El archivo personal de
Julio Ramn Ribeyro, del investigador Luis Fuentes Rojas.

El volumen consta de 370 pginas, cuya primera parte comprende 26 artculos
del autor de La palabra del mudo jams publicados en libro. La segunda
reproduce las cartulas (a color y en couch) de todas las ediciones de los
libros de Ribeyro y acerca de l. La ltima seccin es una bibliografa
completsima sobre este escritor. Todos los ejemplares de esta edicin se
obsequiarn.

Julio Ramn Ribeyro naci en Lima el 31 de agosto de 1929 y, aunque se le
reconocen principalmente sus relatos, tuvo xito tambin en gneros como la
novela, el ensayo, el teatro y otras formas literarias como el diario y el
aforismo.

El conjunto de sus cuentos se halla reunido en el libro La palabra del
mudo, que fue ampliando a lo largo de su carrera.

Sus obras, aparecidas a partir de la dcada del 50, han sido traducidas a
numerosas lenguas. Con Ribeyro el realismo urbano llega a su desarrollo
pleno en el Per y se abre el camino para obras de autores del boom
latinoamericano como Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique.

Ribeyro muri en Lima el 4 de diciembre de 1994, poco tiempo despus de
obtener el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

La ceremonia de presentacin de la obra se desarrollar a partir de las
6:30 de la tarde en el Instituto Ral Porras Barrenechea, ubicado en la
calle Colina 398, Miraflores (Lima). Participarn en la presentacin Jorge
Coaguila, Carlos Eduardo Zavaleta y Luis Fuentes Rojas.

Fuentes: LAWI Noticias  Wikipedia



*** Confieren a Jorge Semprn el Premio de Literatura Europea

El escritor espaol y ex ministro de Cultura Jorge Semprn recibir el
Premio de Literatura Europea del Estado austraco, segn anunci este
sbado 7 de octubre el secretario de Estado para el Arte de Austria, Franz
Morak, durante la Feria del Libro de Francfort
(http://www.frankfurt-book-fair.com).

Como escritor, intelectual y poltico, Semprn se encuentra entre las
figuras ms destacadas del siglo XX, afirm Morak al dar a conocer al
ganador del premio, que est dotado con 22.000 euros (27.900 dlares).

El jurado consider que los libros de Semprn, nacido en 1923 en Madrid,
son narraciones a muchos niveles sobre los tiempos del exilio, la
resistencia y el campo de concentracin, de la poca del nazismo y el
totalitarismo sovitico. Se encuentran entre las obras maestras de la
narrativa del siglo XX.

El premio lo han recibido hasta el momento personalidades como Claudio
Magris, Julian Barnes, Cees Nooteboom, Christoph Hein y Umberto Eco. El
galardn se entrega anualmente durante los Festivales de Salzburgo
(http://www.salzburgfestival.at).

Fuente: DPA



*** Semana Cervantina realizarn en Alcal de Henares

El alcalde de Alcal de Henares, Bartolom Gonzlez, present la semana
pasada el programa de actividades culturales y tursticas de la Semana
Cervantina, que atraern a la ciudad complutense a cientos de miles de
visitantes entre el 8 y el 15 de octubre.

Como en los ltimos aos, una de las principales propuestas ser el Gran
Mercado de El Quijote, que con ms de 200 puestos se configura como uno de
los ms importantes del sur de Europa. Se instalar entre el 6 y el 9 de
octubre en el rea que conforman la plaza de San Diego, la plaza de
Cervantes, calle Mayor, calle de San Felipe Neri, plaza del Padre Lecanda y
plaza de Palacio.

Durante el periodo de apertura del mercado, el Consistorio har una
promocin turstica especial que consistir en la habilitacin de puntos de
informacin itinerantes y tambin de una carpa a modo de jaima que se
situar en la plaza de Cervantes y ofrecer un servicio de alquiler y venta
de trajes que evocarn la poca en la que vivi Miguel de Cervantes.

Al ya tradicional Tren de Cervantes se sumar una visita teatralizada al
servicio de los visitantes que quieran conocer, de la mano de personajes de
poca, los dos mil aos de historia de la ciudad.

En el apartado cultural, el programa de la Semana Cervantina incluye
tambin la representacin en el Teatro Saln Cervantes de obras como
Sonetos de amor y otros delirios, el estreno de Cmo ser Leonardo y Alonso
Quijano, El bueno, en lo que viene siendo la habitual apuesta de campaa
escolar en una fecha tan sealada como lo es el homenaje a Cervantes.

La literatura tambin tendr un lugar especfico en las actividades. As,
el viernes 6 tendr lugar la inauguracin de la Feria del Libro Antiguo y
de Ocasin, que se prolongar hasta el 22 de octubre. Aparte, habr varias
presentaciones de libros y la Sala de Lectura de la Biblioteca Central
albergar una de las conferencias literarias del momento, Literatura para
canbales, cuyo autor, junto a la ganadora del premio Planeta, Espido
Freire, y al ganador del Nadal, Fernando Maras, hablar sobre el llamado
malditismo en la literatura.

Coincidiendo con la Semana Cervantina se inaugurarn tambin dos
exposiciones: la esperada Civilizacin, que arranca este martes 3 de
octubre en el Antiguo Hospital de San Mara La Rica, con una extraordinaria
revisin de la ciudad romana y de los dos mil aos de historia de Alcal, y
otra en la Casa de la Entrevista con los dibujos de Juan Antonio Aguirre.

El espectculo callejero Dragons, previsto el 12 de octubre a las 7 de la
noche, el VII Encuentro Coral Cervantino y los actos propios del da de
Cervantes, el 9 de octubre, completan el programa festivo, que se refuerza
con la muestra permanente Los universos de Cervantes en la Capilla del
Oidor.

Sobre esta ltima exposicin, el alcalde explic que el nuevo museo ser
un centro de interpretacin cervantino donde se mostrar la pila bautismal
de Cervantes, el facsmil de su partida bautismal y de las de sus hermanos,
una coleccin permanente con unos audiovisuales multimedia sobre la vida de
Cervantes y su relacin con Alcal. Adems se expondrn todas las joyas
bibliogrficas y artsticas que el Ayuntamiento ha ido adquiriendo desde
hace ms de cien aos.

Fuente: Europa Press



*** Sesionar en Bayamo el XIV Coloquio de Literatura

Del 18 al 19 de octubre sesionar en Bayamo (Cuba), el XIV Coloquio de
Literatura, en el marco de la Fiesta de la Cubana, con el tema central
Literatura y civismo en la formacin de la nacionalidad cubana: figuras y
obras representativas.

El evento tendr como sedes la Unin Nacional de Artistas y Escritores de
Cuba (Uneac) y la Biblioteca 1868, en la capital provincial, y aglutinar a
escritores, especialistas y amantes de la lectura en torno a la crtica
literaria y las discusiones acerca del espacio de la literatura en la
cultura cubana.

Al encuentro han confirmado su participacin importantes personalidades de
las letras: los premios nacionales de Literatura Csar Lpez y Reynaldo
Gonzlez, Ambrosio Fornet, Francisco Lpez Sacha, lex Pausides, Eugenio
Marrn y otros.

Las temticas a tratar por los ponentes y conferencistas sern: La
literatura de campaa y su significacin para la cultura cubana; Por los
caminos de la novela histrica y su visin del proceso sociocultural
cubano, Poesa e ideales patrios: los poetas de la guerra; Romanticismo y
visin de la realidad cubana; Vinculacin entre preocupacin cvica y
composicin literaria: nuestros prceres; El exilio cubano en el siglo XIX
y su reflejo en la literatura; La poesa y su papel en la formacin de la
cultura cubana; La oralidad cubana y su visin de las circunstancias
poltico social; y El teatro vernculo y su dilogo con la situacin
poltico social cubana.

El Coloquio es convocado por el Consejo Provincial de Casas de Cultura y la
Biblioteca 1868, con la finalidad de profundizar y valorar el papel de la
literatura en la formacin de la identidad nacional.

Fuente: La Demajagua



*** Organizan encuentro literario en Cajamarca

Entre el 19 y el 20 de octubre se realizar en Cajamarca (Per) el I
Encuentro de Literatura Regional Cajamarca, un evento organizado por los
estudiantes de la especialidad Comunicacin VIII del Instituto Superior
Pedaggico Pblico 13 de Julio de 1882 San Pablo, y que tendr como
escenario el auditorio del mencionado centro de estudios.

Segn sus organizadores, el proyecto nace de la necesidad de vincular la
literatura desde los distintos aspectos culturales y pedaggicos e ir
enlazando acercamientos y conocimientos entre los propios actores de la
literatura de la regin que trabajan la interculturalidad da a da.

El objetivo de la actividad es recoger vivencias en un encuentro literario
entre los diferentes actores educativos, para iniciar un punto de partida
creando un espacio para la literatura donde sea posible presentar el modo
de ver de los habitantes de la zona, y decir a travs de la expresin
literaria.

En el encuentro se reunir a 8 ponentes expertos en la literatura regional
e interregional para que compartan sus experiencias literarias con los
asistentes. Adems se ha organizado una serie de talleres y los
participantes podrn presentar sus ponencias sobre diversos temas.



*** Celebran festival de danza contempornea en universidades de Bogot

Entre el 23 y el 27 de octubre se realizar en Bogot el X Festival
Universitario de Danza Contempornea (http://www.danzaenlau.com), un evento
que en sus diez aos de trabajo ha contribuido a incentivar desde la
academia el crecimiento del gremio de la danza, y que se celebrar en los
espacios y auditorios universitarios de la capital colombiana.

Creado como una vitrina para que los estudiantes universitarios dieran a
conocer sus propuestas en danza contempornea desde el trabajo no formal,
este festival se ha convertido en un gestor cultural y ha incentivado el
reconocimiento del espectador frente a los lmites del movimiento y el
cuerpo.

La reflexin sobre el cuerpo, la sensibilidad del individuo y el colectivo,
la armona y los recursos de improvisacin en espacios no convencionales se
darn cita en la actividad mediante la participacin de agrupaciones
artsticas de diversas universidades de Colombia y de seis universidades
extranjeras.

El festival se desarrollar en los espacios de las universidades Nacional
de Colombia (http://www.unal.edu.co), Javeriana
(http://www.javeriana.edu.co), Libre (http://www.unilibre.edu.co),
Externado (http://www.uexternado.edu.co), de La Salle
(http://www.lasalle.edu.co), Jorge Tadeo Lozano (http://www.utadeo.edu.co),
del Rosario (http://www.urosario.edu.co) y de Los Andes
(http://www.uniandes.edu.co).

Para mayor informacin, comunquese con Sheyla Yurivilca Aguilar por los
telfonos 2250675 y 2427030, ext. 1195, o a travs del correo electrnico
informacin@danzaenlau.com.

Fuente: Organizacin del Festival



*** Inge Feltrinelli recibir el Reconocimiento al Mrito Editorial

Como un homenaje a su incansable labor en el mundo editorial italiano, en
el que ha publicado a los ms relevantes autores extranjeros y ha permitido
que los autores italianos lleguen a un pblico internacional, la editora
Inge Feltrinelli recibir el Reconocimiento al Mrito Editorial en la Feria
Internacional del Libro de Guadalajara (http://www.fil.com.mx), que se
desarrollar en la ciudad mexicana del 25 de noviembre al 3 de diciembre.

Nacida en Alemania, Feltrinelli ejerci como periodista. En ese rol
entrevist a artistas como Hemingway, Picasso y Simone de Beauvoir para
diversos diarios europeos. En los aos sesenta se mud a Miln, en donde se
cas con Giangiacomo Feltrinelli, propietario de Giangiacomo Feltrinelli
Editore, casa fundada en 1955. Ella tom el cargo de presidenta en 1972,
despus de la muerte de Giangiacomo. Desde entonces ha desarrollado un
trabajo de intensa colaboracin con editores internacionales. Entre los
escritores latinoamericanos que se encuentran en el ctalogo de Feltrinelli
se cuentan Isabel Allende, Alfredo Bryce Echenique, Jorge Luis Borges,
Carlos Fuentes, Gabriel Garca Mrquez, ngeles Mastretta, Juan Carlos
Onetti, Laura Restrepo, Augusto Roa Bastos, Ernesto Sbato, Marcela
Serrano, Mario Vargas Llosa, Manuel Vzquez Montalbn y Enrique Vila-Matas.

Parte fundamental de la labor de Inge Feltrinelli fue la apertura de 95
libreras en ciudades italianas. Actualmente es presidenta honoraria de
Librerie Feltrinelli, compaa que se fund despus de la separacin de la
casa editorial y la distribuidora, en 1998. Desde enero de 2005, tras el
establecimiento del grupo financiero EFFE, institucin responsable del
control de las libreras y de la casa editorial, ocupa el cargo de
vicepresidente. Es tambin miembro del consejo de la Fundacin Giangiacomo
Feltrinelli y del comit de la escuela para libreros Umberto e Elisabetta
Mauri.

Su compromiso con la promocin de libros ha sido reconocido en mltiples
ocasiones. En 1986, recibi el Chvaliere de IOrdre des Art et des Lettres
de Francia y el Cavaliere dellOrdine al mrito de Italia. Es doctora
honoris causa por la Universit degli Studi di Ferrara (1991,
http://www.unife.it) y por la Universit degli Studi di Milano (2004,
http://www.unimi.it). Recibi el Bundesverdienstkreuz am Bande des
Verdienstordens der de Alemania (1999) y fue premiada con el ttulo de
Commandeur dans LOrdre des Artes et des Lettres (2002).

El Reconocimiento al Mrito Editorial fue instituido en 1993 por la FIL
Guadalajara, en honor al argentino Arnaldo Orfila Reynal director del
Fondo de Cultura Econmica (http://www.fce.com.mx) y fundador de Siglo XXI
Editores (http://sigloxxieditores.com.mx), en Mxico para destacar la
visin y el oficio de esta figura en el mundo de los libros.

El veredicto lo da un comit internacional integrado por Peter Weidhaas,
director honorario de la Feria del Libro de Frankfurt; as como editores
reconocidos en aos anteriores: Morgan Entrekin (2005), Roberto Calasso
(2004), Francisco Porra (2003), Jorge Herralde (2002); Antoine Gallimard
(1999); Beatriz de Moura (1998); Kuki Miller y Daniel Divinsky (1996) y
Neus Espresate (1994). Otros editores reconocidos con este homenaje han
sido Al Chumacero (2000), Jack McClelland (1996), Jess de Polanco (1997);
Joaqun Diez-Canedo (1994) y el propio Orfila, en 1993.

Fuente: FIL



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=== Buscando las races de Kunta Kinte      Roberto Bennett ===============

Al aterrizar en el aeropuerto internacional de Yundum, uno sabe
inmediatamente que se encuentra en el corazn del frica Ecuatorial. No
slo por la lujuriosa vegetacin y las penetrantes fragancias tropicales
que envuelven al viajero al poner pie en tierra, sino tambin por los
abundantes rboles cubiertos de miles de pajarillos multicolores.

La pequea torre de control carece de radar que funcione las 24 horas. Dos
personas con gesto indiferente y aburrido observan el horizonte con
prismticos, para detectar la llegada de los escasos aviones que se posarn
sobre el suelo de Gambia ese da.

Esta pequea repblica angloparlante de la costa atlntica africana,
fronteriza con Senegal, ubicada entre el Ecuador y el Trpico de Cncer, de
apenas 500.000 habitantes, ex colonia del fenecido Imperio Britnico, es
una angosta nacin de 320 kilmetros de largo por 32 de ancho. Bordea ambos
mrgenes del caudaloso ro Gambia y se encuentra incrustada en medio del
frica francfona. Bella tierra llena de color y gente amable, simptica,
hospitalaria y fsicamente hermosa (tanto las mujeres como los hombres). No
en vano es la cuna de los famosos mandingos, una tribu orgullosa y fuerte,
que lamentablemente fue la preferida por los infames traficantes de
esclavos y los propietarios de plantaciones de la Amrica colonial.

De all quiz le viene a Gambia su fama internacional, triste por cierto
pero curiosamente, uno de sus principales atractivos tursticos en el da
de hoy. Un recorrido por la isla del Fuerte James y su fortaleza
semiderruida (donde casi se pueden or los quejidos fantasmales de miles de
esclavos que aguardaban all, vilmente encadenados, antes de emprender su
penoso transporte a las colonias americanas), es una visita obligada.

El motivo de este, mi primer viaje a Gambia, era para asesorar a su
presidente sobre las posibilidades de explotar su riqueza ecolgica y sus
parques nacionales. Gambia no tiene una fauna salvaje de gran tamao, como
sucede con otros pases vecinos, pero s posee una floresta casi virgen y
gente pacfica que se desvive por atender al visitante. Su economa se basa
principalmente en la agricultura (cacahuetes) y en una abundante pesca
ocenica. Sin embargo, en sus bosques viven ms de 250 especies diferentes
de aves. Y en su reserva natural de Abuke no slo pueden verse cocodrilos,
hipoptamos, monos, hienas, lagartos gigantes, antlopes, leones y algn
gorila, sino que all se instal el primer Centro de Rehabilitacin de
Chimpancs que ha existido en el mundo, fundado por Edward Brewer en 1967.

El trayecto desde el aeropuerto hasta la capital, denominada Banjul, es en
s toda una experiencia, ya que el ingeniero alemn que comenz a construir
la carretera (tambin levant el pequeo aerdromo), tuvo una disputa con
el gobierno gambiano y sali del pas sin ms, dejndola a medio hacer. Por
lo tanto, de una autova correctamente pavimentada se pasa sbitamente a un
camino de tierra colorada, muy malo y bacheado. Algunos miembros del
gobierno nacional me aseguraron que aquel alemn era representante de
Odessa (la temida organizacin de ex nazis) para las Islas Canarias y el
frica Ecuatorial. Aparentemente, su verdadera funcin tena que ver ms
con el contrabando de piedras preciosas y maderas nobles que con las obras
pblicas. Mito o realidad, lo cierto es que la ruta de entrada a Banjul
deja mucho que desear.

Mi primera entrevista con el seor presidente fue en su palacio
presidencial. Una mansin blanca y seorial, con grandes columnas,
construida en el mejor estilo colonial britnico, pero amueblada como si
estuviese ubicada en un fro condado del norte de Inglaterra y no en pleno
trpico. Todos sus pasillos y salones estn lujosamente alfombrados, y las
ventanas cubiertas con pesados cortinajes, lo que produce una terrible
sensacin de agobiante calor. Adems, aquel da el termmetro marcaba 38C
a la sombra, con un 100% de humedad. nicamente el seor presidente tena
aire acondicionado en su despacho. Las dems salas y habitaciones eran un
horno hmedo e insoportable. Repletas de soldados armados hasta los
dientes, que pululaban desconfiando de todo el mundo, protegiendo al
presidente contra posibles golpes de estado palaciegos.

Por orden presidencial, el director general de Turismo fue mi gua y eficaz
acompaante durante los das que visit aquel encantador pas. En un
Mercedes Benz negro (obsequio de la embajada alemana al gobierno de
Gambia), recorrimos prcticamente todos los caminos de la selva y nos
metimos en los peores zanjones y barrizales. Confieso que a menudo daba
pena el estado en que quedaba al final del da aquel otrora lujoso
vehculo, ahora convertido en un vulgar todoterreno.

Pero tal vez la excursin ms interesante (aparte de las visitas a las
reservas de animales) haya sido a bordo de la pequea motonave Paunic,
cuando nos internamos ro arriba por el majestuoso Gambia, rumbo a los
poblados ms lejanos y la mtica aldea de Juffure. Donde naci Kunta Kinte,
iniciador de la saga familiar relatada por el escritor norteamericano Alex
Hailey en su clebre novela y posterior serie televisiva Races. Quiz el
viaje no fuese tan emocionante como algunos paseos que realizamos en
piraguas talladas de los troncos de grandes rboles. Surcando pantanos y
manglares infestados de cocodrilos, pero la extraa sensacin de estar
internndonos 300 aos en la historia y el corazn del continente africano,
result sumamente apasionante.

Desembarcamos en el antiguo puerto de Albreda, muy conocido en los das de
la esclavitud, porque si un esclavo lograba escapar y se sujetaba al mstil
de la bandera que ondeaba en la plaza central, recuperaba su libertad. O al
menos eso dice la leyenda...

Caminando durante un cuarto de hora por un sendero de cabras, entre pastos
altos, bajo un inclemente sol y con escasa sombra, llegamos por fin a
Juffure. Una pequea aldea que hoy recibe con asombro a muchos ruidosos
turistas norteamericanos. stos, con sus altisonantes exclamaciones y
obsesiones fotogrficas, estropean el ambiente somnoliento de ese sencillo
poblado, del cual sali un da el joven Kunta Kinte para no volver jams.
All permanece su choza, an habitada por miembros de su familia, muy cerca
de la humilde mezquita.

En Juffure nos recibi el jefe del poblado y nos present (de lejos, eso
s), a sus numerosas esposas. Todas ataviadas con largos vestidos
estampados de colores brillantes. Unas molan granos, otras acarreaban agua
y alguna cuidaba de los nios, mientras el jefe charlaba con nosotros. Ms
tarde, mi gua explic que el trato haba sido tan amigable porque habamos
llegado sin previo aviso, lo cual exima al jefe de la obligacin de tener
que ofrecernos algo ms que agua, segn marca una ancestral costumbre de su
tribu.

Permanecimos en Juffure todo el da, difrutando de la compaa y
hospitalidad de aquella gente risuea y encantadora. Imaginndonos el
terrible desgarro que debe haber significado para sus ancestros caer en las
infames redes de los despiadados traficantes de esclavos.

Casi al atardecer, cuando nos aprestbamos a partir, luego de efusivos
apretones de mano y repetidas palmadas en la espalda, desde un cielo
encapotado y renegrido se desencaden una fenomenal tormenta tropical. Un
espectculo nico de rayos, truenos y relmpagos. Seguido por lluvia
torrencial que dej todo el entorno con un dulce y agradable olor a hierba
hmeda, a tierra mojada... Sabor a selva vrgen, original, impoluta,
autntica, cautivante, milenaria... Lo que algunos viajeros llaman el
excitante llamado de frica, porque dicen que quienes lo experimentan una
vez, no podrn negarse a su siguiente convocatoria.

A raz de ese, mi primer e impactante encuentro africano, una mitad de mi
corazn qued cautivo entre la selva, su gente y aquel inmenso ro. Y la
otra mitad lucha da a da por un pronto retorno all.

** Roberto Bennett
   rbennettuy@yahoo.es
   Escritor uruguayo (Montevideo, 1948). Estudi comunicacin de masas y
   marketing en la Universidad de California (1970-73). Trabaj en
   peridicos, radio y televisin en EUA. En 1973 gana una beca a un
   seminario de comunicaciones internacionales en Yugoslavia y
   posteriormente se establece en Palma de Mallorca. All publica su libro
   de cuentos Lo que arrastra el ro y otras historias (Soler, 1986). Luego
   publica dos libros sobre mamferos marinos: Delfines y ballenas, los
   reyes del mar (1989), en coautora con el doctor David C. Taylor, y
   Animales marinos (1990), ambos traducidos al ingls y al italiano. Se
   establece en Chicago, participando del 1r. Encuentro de Escritores
   Latinoamericanos celebrado en esa ciudad, publicando cuentos en
   peridicos y revistas en castellano de EUA. En 1994 publica en Uruguay
   su segundo libro de cuentos El ltimo verano (Editorial Graffiti). En
   1996 se establece en Madrid y contina colaborando con peridicos y
   revistas de Espaa y Amrica. A partir del ao 2000, luego de 30 aos de
   viajes por el mundo, vuelve a residir en Montevideo, donde escribe su
   primera novela. En 2003 se incluyen dos cuentos suyos en la antologa
   Mundo potico, tomo I de poesa y narrativa (Editorial Nuevo Ser, Buenos
   Aires).



=== Las estrellas brillan sobre Toledo ====================================
=== Ciencia y filosofa en al-Andalus      Carlos Montuenga ===============

No me canso de contemplar esta ciudad, que se eleva con gallarda sobre
speras peas ceidas por el abrazo del Tajo. Me gusta sentarme entre las
jaras de la orilla, junto al puente de San Martn, sentir el temblor de la
brisa entre las ramas, recorrer con la mirada sus murallas, tras las que se
vislumbran las bellas formas gticas de San Juan de los Reyes, circundadas
por jardines, torres almenadas y campanarios mudjares. Las aguas
impetuosas del Tajo, en su viaje hacia poniente, rodean la ciudad por este
lado formando un profundo foso, que fue decisiva defensa natural para sus
antiguos moradores. Entorno los ojos; el rumor sordo del ro sobre el lecho
rocoso y el sonido lejano de alguna campana, que araa el cristal puro del
aire en esta tarde fra de otoo, se mezclan con el bullicio de los pjaros
en la arboleda de las orillas. Parece como si todos nuestros afanes e
inquietudes quedaran en suspenso, mientras la niebla de la llanura asciende
por las murallas alcanzando las almenas; una atmsfera incierta, en la que
los contornos se diluyen, lo va envolviendo todo.

Hay veces en que, al morir la tarde, los ltimos rayos del sol flamean
sobre las torres ms altas y envuelven en resplandores dorados el casero
terroso de la ciudad, como si, por obra de algn antiguo hechizo, el polvo
de los siglos se transmutara en oro. Entonces, los ojos de la imaginacin
nos pueden mostrar cosas que casi siempre permanecen ocultas: tal vez
palacios resplandecientes de los visigodos elevndose sobre la bruma, o
quiz alczares rabes rodeados por jardines y altos minaretes, como los
que hace siglos se encumbraban sobre estas rocas, cuando Toledo era una de
las perlas ms admiradas de la Espaa musulmana. A medida que nos confiamos
a la fantasa, las barreras del tiempo se van desvaneciendo, al igual que
los arcos del puente de San Martn, apenas visibles ya entre las veladuras
de la niebla. Slo hay que atreverse a dar el primer paso, y tal vez...

He atravesado el puente, y al alcanzar la otra orilla e iniciar la subida
por las cuestas pobladas de maleza que conducen a las murallas, empiezan a
insinuarse las siluetas borrosas de una multitud que se apresura a regresar
a la ciudad al finalizar el da, llevando animales, pequeos carromatos
tirados por asnos y enseres de labor. Distingo a mujeres, nios, hombres de
todas las edades, cubiertos con burdas tnicas de campesino y mostrando la
piel curtida por los rigores del trabajo a la intemperie en los viedos
prximos. Al verme, algunas mujeres se ocultan el rostro tras sus velos y
me observan con curiosidad. Corre el ltimo cuarto del siglo XI; reina en
Toledo al-Mamun, soberano musulmn que ha reunido en su corte un verdadero
ejrcito de hombres de ciencia. Cruzo la muralla y paso bajo un arco con
grandes sillares de piedra oscurecidos por el humo de las hogueras, sobre
el que ondean estandartes de vivos colores. Apenas puedo moverme entre el
gento, los pies se me hunden en el piso embarrado, donde la paja se mezcla
con los excrementos de los animales, y por poco no me doy de bruces con
varios hombres armados que no reparan en m, atentos nada ms que a las
rdenes de un oficial responsable de controlar el acceso a la ciudad; es un
individuo alto, de gesto altivo, cubierto por una cota de cuero reforzada
con pequeos discos metlicos, que porta al cinto una espada curva con
empuadura de marfil.

La calle serpentea entre edificios de ladrillo, torrecillas abovedadas,
paredes blancas con ventanucos cubiertos por celosas, de los que sale olor
a frituras. Ms adelante, desemboca en una plaza con numerosos tenderetes,
algunos cerrados ya a esta hora de la tarde, donde los comerciantes se
afanan en recoger todo tipo de mercancas; se amontonan all cntaros de
vino, tinajas de aceite, carnes en salazn, frascos con hierbas medicinales
al lado de cestos con frutas. Paso junto a talleres de curtidores, sastres,
zapateros y herreros. Contino ascendiendo por un laberinto de callejas en
direccin a la parte ms alta de la ciudad. Al pasar frente a un zagun,
entreveo un pequeo patio cubierto de enredadera, y en su centro, un pozo
de brocal labrado en el que se apoya una muchacha de largusima melena
negra. Un poco ms arriba, varios hombres con turbantes blancos conversan
junto a la puerta de una casa. De un callejn cercano sale corriendo un
grupo de nios con grandes racimos de uvas, perseguidos por una anciana
enfurecida que dobla la esquina amenazndolos con una vara.

Ha anochecido hace rato y no queda ni rastro de la niebla. Reparo con
sorpresa en la tibieza del aire, impregnado con las fragancias de un
jardn, al borde mismo de las murallas, donde se oye el murmullo de un
surtidor sobre el rumor lejano del Tajo en el fondo del barranco. En la
parte ms alta de la ciudad, se recorta contra la negrura de la noche el
alczar del rey al-Mamun iluminado por la luz oscilante de las antorchas, y
prximo a l, la llamada Casa de la Sabidura, un centro que alberga a una
multitud de estudiosos al servicio del monarca. En alguno de los torreones
del palacio est el famoso observatorio, desde el que los astrnomos
escudrian el cielo estrellado en las noches serenas. Tal vez, en este
momento, se encuentre all mismo al-Zarqal, sabio eminente bajo cuya
direccin se completaron hace aos unas tablas en las que se recogen las
posiciones y movimientos de los astros; dicen que su visin del sistema
planetario supera en audacia a todas las que se han concebido hasta ahora,
y ha sido el primer astrnomo de la historia capaz de imaginar el giro de
los planetas menores en torno al sol. Varios siglos atrs, los astrnomos
rabes ya haban iniciado, a partir de los tratados babilnicos, clculos
muy complejos de los movimientos celestes, permitiendo el desarrollo de una
astronoma matemtica que culmin en la primera y ms importante crtica al
sistema geocntrico de Tolomeo. Con el paso del tiempo, esta aportacin de
la ciencia islmica jugar un papel decisivo en la revolucin copernicana.

Pero la corte de al-Mamun no slo debe su fama a los astrnomos; en Toledo
viven tambin otros sabios entregados a estudios de alquimia o a la
preparacin de remedios eficaces para aliviar mltiples dolencias. Tal es
el caso de Ben Uafid, un insigne naturalista que dirigi la plantacin de
un jardn botnico junto al Tajo y ha escrito un tratado sobre plantas y
medicamentos conocido en todo al-Andalus.

Levanto la vista hacia el cielo nocturno, resplandeciente sobre los tejados
de Toledo con el fulgor lejano de las estrellas. Al elevarse sobre el
Palacio Real, el rostro impdico de la luna sumerge calles y plazas en una
luz fra de plata derretida. Me pregunto si bastara con la fuerza de los
sueos para viajar en sus rayos ms all de los confines del firmamento,
rumbo a la inmensidad misteriosa en la que brillan Aldebarn, Rigel,
Alhabor, Alhurab...

Puedo sentir la fascinacin que ejerce la noche sobre los pueblos
originarios del desierto. Los nmadas ven surgir ante s la bveda
estrellada cuando el sol abrasador se oculta cada tarde tras el horizonte,
y en medio del silencio que envuelve las dunas, el espritu se dilata sin
esfuerzo en la contemplacin del infinito.

Los astros no slo se mencionan con frecuencia en el Corn, sino que
permiten a los creyentes orientarse hacia la Meca en sus rezos diarios.
Para la mentalidad del mundo rabe, el objetivo ltimo de la ciencia no
puede ser otro que la salvacin del hombre, la de su alma pero tambin la
de su cuerpo; tal vez por eso, grandes filsofos como el persa Avicena, han
sido profundos conocedores de las cuestiones teolgicas, al tiempo que
excelentes mdicos.

En Toledo, como en otros centros del saber de al-Andalus, ciencia y
filosofa han alcanzado tal pujanza en estos ltimos aos del siglo XI, que
la Espaa musulmana se convierte en un verdadero faro para Occidente. Tras
un largo perodo de postracin intelectual, la Europa cristiana empieza a
recuperar su pulso al entrar en contacto con la realidad cultural y
cientfica del Islam. Los vastos conocimientos en teologa, filosofa,
medicina, astronoma o ingeniera que atesoran los musulmanes andaluses,
se difunden entre los estudiosos latinos, vidos de descubrir nuevos campos
del saber. Los manuscritos de los grandes pensadores clsicos, como
Aristteles y Tolomeo, que los rabes haban traducido del griego e
incorporado a su acervo cultural en pocas pasadas, se vierten ahora del
rabe al latn; se propicia as el redescubrimiento de los autores griegos
en el mundo cristiano, inicindose una recuperacin cultural y cientfica
que culminar en el Renacimiento.

El aire se ha llenado con sones de flautas y lades que, desde algn lugar
cercano, se ondulan con languidez en la quietud de la noche. Camino,
atrado por la msica, hasta llegar a una plaza donde aparece una villa de
aire seorial rodeada por jardines. Tras altas tapias cubiertas por
enredaderas en flor se eleva, entre el perfil oscuro de los cipreses, una
esbelta torre coronada por bovedillas blancas, y al lado hay un portaln
entreabierto a un patio rodeado por columnas en las que arden lmparas con
aceites aromticos. Veo all a numerosos personajes de aspecto ilustre que
pasean entre los surtidores del patio rodeados de macetas con flores,
mientras los msicos arrancan las ms dulces notas a sus instrumentos y los
criados se afanan llevando de un lado a otro grandes bandejas colmadas de
manjares. Es una ms de las frecuentes veladas que animan la vida nocturna
de Toledo con el encuentro de renombrados poetas y filsofos. La ciudad se
recrea en su propio esplendor y tal vez sus moradores hayan llegado a creer
que ninguna amenaza puede poner fin a este perodo venturoso.

Mientras tanto, la situacin poltica que se vive en la pennsula es cada
vez ms favorable a la expansin de los reinos del norte, y en el ao 1085
estas mismas calles se estremecern con la entrada victoriosa de Alfonso
VI. Pero lejos de terminar con la supremaca de la ciudad como promotora
del desarrollo cientfico y filosfico, la llegada del monarca cristiano,
que aspira a convertirse en un protector de las distintas culturas que
conviven en Toledo, va a encumbrarla todava ms. As, durante los dos
siglos siguientes, terminar por convertirse en uno de los centros del
pensamiento ms destacados en el mundo occidental.

Atrados por la Escuela de Traductores, que funda el obispo Raimundo en el
ao 1130, llegarn aqu sabios procedentes de todos los rincones de Europa,
como Gerardo de Cremona, traductor de un nmero ingente de tratados sobre
matemticas, medicina y astronoma, entre los que destaca el Almagesto de
Tolomeo, una obra capital de la astronoma alejandrina codiciada durante
largo tiempo por los eruditos cristianos. Ya en el siglo XIII, los
colaboradores de Alfonso X confeccionarn, a partir de los textos de
al-Zarqal, las Tablas Alfonses, que van a ser las ms utilizadas hasta el
Renacimiento. En ese mismo siglo, las traducciones de las obras de Averroes
realizadas en Toledo, permitirn que el pensamiento del eminente filsofo y
mdico cordobs, quien propone por vez primera la supremaca de la razn
sobre la fe, se difunda por las universidades europeas, coincidiendo con el
despertar de la escolstica.

El canto de un gallo en la lejana saluda las primeras luces del alba.
Pronto va a empezar a clarear sobre la vega del Tajo y la voz poderosa de
los muecines no tardar en dejarse or por todas partes, llamando a la
oracin. La ciudad ir recuperando poco a poco el trajn cotidiano,
mientras los comerciantes se preparan para exponer sus mercancas en los
puestos del zoco. Las calles se van a llenar una vez ms de artesanos,
mujeres con cntaros de agua, menestrales que acuden a desempear sus
funciones, aventureros, sanadores y mendigos. La guardia de la ciudad
volver a hacer subir las pesadas rejas que cierran el paso en las puertas
de las murallas y se iniciar el trasiego de gentes en todas direcciones;
labriegos que acuden a cuidar los campos, patrullas de soldados, viajeros
en ruta hacia tierras lejanas.

Los contornos del puente se insinan de nuevo entre la bruma que asciende
del ro. Es tiempo de volver a cruzarlo...

** Carlos Montuenga
   cmrbarreira@hotmail.com
   Escritor espaol (Madrid, 1947). Doctor en ciencias. Colabora con
   artculos y relatos en publicaciones de comunicacin social, tales como
   ETC Magazine (Buenos Aires) en espacios literarios como Vorem, Margen
   Cero, Ariadna (Asociacin de Revistas Electrnicas de Espaa), Revista
   Amalgama, Revista Voces y en portales de la red dedicados a la difusin
   de la filosofa y el humanismo como La Caverna de Platn y Liceus.



=== Luisa Futoransky: la eterna lucha      Carlos Barbarito ===============

      Luisa Futoransky naci en Buenos Aires en 1939. Entre 1965 y 1968
      estudi poesa anglosajona con Jorge Luis Borges en la Facultad de
      Letras de la Universidad de Buenos Aires, al tiempo que reciba su
      ttulo de abogado de la misma universidad. Aos antes haba realizado
      estudios musicales en el Conservatorio Municipal (Buenos Aires) bajo
      la direccin de Ctulo Castillo (1953-1961). En 1970 comenz su
      travesa por el mundo que la llev becada a la Universidad de Iowa,
      EUA, primero, y a Roma, Italia, despus, donde realiz estudios de
      poesa contempornea en la Universidad de Roma y en la Accademia
      Chighiana-Siena. En 1981 se radic en Francia, en donde desde 1989
      ocupa el cargo de conferenciante en el Centro Pompidou, y desde 1995
      es redactora de la agencia de noticias France Presse. Los trabajos de
      Luisa Futoransky merecieron varios premios y distinciones, entre los
      que se cuentan tres premios de poesa del Fondo Nacional de las
      Artes, Chevalier des Arts et Lettres (Francia, 1990) y diversos
      premios en Espaa, Argentina y Francia. En 1991 recibi la Beca
      Guggenheim (EUA) y en 1993 la del Centre National des Lettres
      (Francia). Ha colaborado recientemente en diversos medios literarios
      y periodsticos (Ars, LAne, Pgina/30, Pgina/12, Clarn, El Correo
      de la Unesco, World Fiction, Hispamrica, Basel Zeitung, entre
      otros), y ha realizado tambin trabajos para Radio France, el
      Ministerio de Cultura Francs y Radio Euzkadi (Espaa), de la cual es
      corresponsal desde 1986. Vive actualmente en Pars, en donde, cuando
      la niebla y el fro lo permiten, va a trabajar en bicicleta.

Retrocedo en el tiempo hasta mi adolescencia. Organizbamos un concierto de
un grupo de rock, en mi ciudad natal, Pergamino. En una revista de prensa
subterrnea, una de las tantas que pululaban por entonces, encontr un
poema de Luisa Futoransky del que apenas recuerdo un verso: ...unos a esta
misa. De inmediato se lo mostr a los integrantes del grupo quienes
decidieron ponerle msica. Fue en el ya desaparecido Cine San Martn,
semanas ms tarde, cuando esa cancin surgida de modo imprevisto tuvo su
estreno y nica interpretacin. Yo no saba entonces quin era Luisa
Futoransky, lo supe bastante despus. De todos modos, desde aquel momento
hasta hoy no dej de leer sus textos y de interesarme por su actividad
tanto potica como periodstica. Luego supe que Luisa vive en Pars desde
1981, al cabo de una dcada de travesas por el mundo que la llevaron a
Iowa y a Roma, que desde 1989 ocupa el cargo de conferenciante en el Centro
Pompidou, que desde 1995 es redactora en la Agencia France Presse. Leo en
una biografa suya: ...cuando la niebla y el fro lo permiten, va a
trabajar en bicicleta. Lo que no imagin es que, dcadas despus de aquel
primer poema encontrado por azar, me encargaran una breve presentacin de
unos textos de Luisa. No pretendo calcular la cantidad de mecanismos que
debieron ponerse en marcha y en contacto para ello, slo quiero celebrar el
hecho.

El pescador sabe devolver al agua / las palabras que no sirven. Aqu, lo
primero que atrae mi atencin. Tal vez porque, desde siempre, el agua
constituye una de mis obsesiones y, tambin, porque la ardua eleccin entre
una palabra y otra es tarea continua de todo poeta y, obviamente, no soy
una excepcin. Claro, no hay palabra que no sirva pero hay palabras que nos
atraen y otras que nos producen rechazo, palabras que nos alegran y otras
que nos entristecen, palabras que nos alimentan y otras que nos hieren. Hay
palabras que desde que tenemos memoria nos alumbran y otras que nos empujan
hacia la sombra. A veces tenemos una explicacin para ello, a veces no.
Pienso en la divisin entre bestias puras e impuras del Antiguo Testamento,
as las palabras: el poeta-pescador eliminando de las hinchadas redes lo
que no lo alegra, alimenta y sostiene. Es mucho ms lo que se devuelve al
mar que lo que se conserva en el bote. Unas pocas palabras-peces quedan
sobre la madera del fondo luego de una prolongada y fatigosa pesca entre
olas inmensas y a menudo con el viento en contra.

No slo pescador el poeta, tambin jardinero. Las plantas como las palabras
crecen de forma inesperada escribe Luisa. La labor es modelarlas conforme
su naturaleza, nos dice, pero sin olvidar el azar. Ciencia y magia, de un
extremo al otro del oscilar del pndulo est comprendido el quehacer del
poeta, del jardinero. Porque si todo estuviese calculado, medido y pesado,
no habra lugar para el asombro. Cuidar, regar, hacer acodos, cortar lo que
est de ms o se sec, s, pero, tambin, dejar que el aire, el roco, la
lluvia, la luz del sol hagan lo suyo. La poesa como bella planta surgida
de la razn y del prodigio, de la vigilia y del sueo, surgida de la tierra
y que crece con paciencia. Si con paciencia crecen calas y malvones,
tambin con paciencia se hacen los poemas, el resto me parece que as
piensa Luisa es vanidad.

Finalmente, como ltima confesin, lo que siente Luisa frente a la eterna
lucha de los poetas. O, mejor, de toda aquella persona que suea. Con una
ristra de ajes en el muro se puede atravesar el invierno. Hacer como que
no existen los estragos del dinero, las arrugas ni la fatiga de vivir.
Pero: Tarde o temprano los ngeles llegarn cargados de advertencias. O
promesas. Con sus cuentas de diezmos a pagar. Es que, tiene razn Luisa,
para una cosa estn los hombres que suean, entre ellos los poetas, y para
otra muy diferente, estn los ngeles. Los ngeles no suean ni escriben
poesa, hacen que rdenes ajenas se cumplan y nada ms. Para ellos la ruta
es siempre la misma, la cumplen sin chistar. Para nosotros, dice Eliot, es
el intento; el siempre cambiante, interminable viaje hacia el mar.

** Carlos Barbarito
   barbarito694@hotmail.com
   Escritor argentino (Pergamino, 1955). Ha publicado diversos libros, como
   Teatro de lirios (1985), Caballos y otros poemas (1990), Bestiario de
   amor (1992), Desnuda materia (1999) y Puntos de fuga (2002), as como
   otros ttulos en ediciones artesanales y en colectivas. En Internet
   textos suyos pueden leerse en su pgina web,
   http://d-sites.net/barbarito, as como en los sitios Brindin.com,
   Etctera (Brasil) y Caminos de Pakistn (Espaa). Ha obtenido, entre
   otros, el Premio Fundacin Alejandro Gonzlez Gattone, el Premio
   Fundacin Argentina para la Poesa, el Premio Ral Gustavo Aguirre de la
   Sociedad Argentina de Escritores y el 3r Premio Enrique Pezzoni del
   Centro de Estudiantes de Filosofa y Letras de la Universidad de Buenos
   Aires. Integra el Consejo Editor de la revista Matrika de San Jos de
   Costa Rica y el staff de Los Noveles.




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=== Teatro del Pueblo: escuela y semilla actoral ==========================
=== Los albores del teatro independiente uruguayo =========================
=== Aldo Roque Difilippo ==================================================

El 2 de septiembre de 1949 se fundaba en Montevideo el Instituto Teatral
El Galpn. El de mayor jerarqua y continuidad en el pas. Su primer
local fue inaugurado el 4 de diciembre de 1951 en la esquina de Mercedes y
Roxlo. Tuvo durante dcadas, apunta el investigador Roger Mirza, la ms
importante escuela de actores junto con la municipal, una escuela de
tteres, un seminario de dramaturgia y un director de la talla de Amrico
Celestino (Atahualpa) del Cioppo, verdadero patriarca del teatro
latinoamericano, cuyo magisterio se extendi a diferentes pases de
Amrica.

En ms de cinco dcadas de vida El Galpn ha atravesado diferentes etapas
de donde surgi toda una escuela de directores y actores como Ugo Ulive,
Blas Braidot, Villanueva Cosse, Ruben Yez, Juver Salcedo, Csar
Campodnico y Jorge Curi, entre otros. Ubicado dentro de los grupos o
compaas independientes, El Galpn ha desarrollado una vastsima obra que
en gran medida han definido toda una generacin de actores, directores,
dramaturgos y tcnicos; labor reconocida tanto dentro como fuera de
fronteras. Pero en sus inicios fue simplemente un modesto galpn de una
empresa de demoliciones que alberg a un grupo de soadores que pretendan
hacer teatro, siguiendo en cierta medida, el camino marcado por el ahora
poco recordado Teatro del Pueblo que desde 1937 vena marcando el camino.



La prehistoria

En lo que podra catalogarse la prehistoria del teatro uruguayo, el Teatro
del Pueblo fue el ms antiguo de los grupos independientes, que cont con
sala propia aunque pequea (para unos setenta espectadores), expresa Roger
Mirza en Historia de la literatura uruguaya contempornea (1997). En su
larga trayectoria fue uno de los grupos que ms contribuy a la
consolidacin del Teatro Independiente y al apoyo del autor nacional
estrenando numerosas obras uruguayas, de Andrs Castillo, Carlos Maggi y
Luis Novas Terra, entre las ms importantes.

Inspirado en la obra de Romain Rolland, Teatro del Pueblo naci en ambas
mrgenes del Ro de la Plata, primero en Montevideo, en 1937, y aos
despus en Buenos Aires conducido por Leonidas Barletta. La iniciativa
montevideana parti de un grupo de intelectuales y jvenes entusiastas
conducidos por Manuel Domnguez Santamara, aunque en principio surge como
pura idea, sin sala, sin peculio, sin actores!, apunta Amrico Mibelli en
el libro Las dependencias del Teatro Independiente (1960), escrito en
coautora con Wilson Armas. Posteriormente, en 1938 se realiza el 2
manifiesto de Teatro del Pueblo, y de all en adelante, las obras comienzan
a representarse en diferentes salas obtenidas a prstamo, o sencillamente
al aire libre. Es interesante destacar, dentro de un contexto histrico
cultural montevideano, que Teatro del Pueblo naci como una necesidad,
expresa Wilson Armas, debido a la chatura de lo que era el teatro como
manifestacin cultural del Uruguay, fundamentalmente compaas argentinas
y espaolas que representaban comedias de muy baja calidad. Eran compaas
eminentemente profesionales de carcter comercial. Radicado actualmente en
Mercedes, Wilson Armas rememor esos aos iniciales definindolos como de
una inquietud de carcter social, esttico y tico, que son los tres
puntales donde se asienta la filosofa del Teatro del Pueblo. Una de las
clusulas fundamentales del programa es cultificar al hombre que va a hacer
teatro, y por medio de su cultificacin trasmita su mensaje al pblico. De
tal manera, que haba un rechazo de plano a todo lo que fuera profesional.
Porque en aquel entonces ser profesional no tena el mismo sentido que
tiene ahora. Significaba tener las primeras figuras, donde se formaba una
especie de compaa que de acuerdo al papel y a la importancia era lo que
ganaban. Algo contrario a lo que al Uruguay le haca falta. Porque no te
olvides agrega Armas, que en Uruguay estbamos dominados por las ideas
fascistas. La guerra espaola estaba en pleno auge. Federico Garca Lorca
fue asesinado en 1936, y Teatro del Pueblo se funda como respuesta
cultural. Inmediatamente toma contacto con Aiape, un gran movimiento
cultural de plstico y escritores que estaba compuesto por Paco Espnola,
Podesta, Montiel Ballesteros, Ortz Saralegui y una cantidad de gente
importante. Esta especie de compaa itinerante recorri los barrios
montevideanos y algunas capitales departamentales, representando obras de
teatro, junto a conferencias donde participaron Serafn J. Garca, Juan
Jos Morosoli, Justino Zabala Muniz (futuro fundador de la Comedia
Nacional), Emir Rodrguez Monegal y Joaqun Torres Garca, entre otros.

Una de las cosas que yo deca cuando escribimos el libro con Mibelli, es
haber hecho del teatro una especie de aula, que a travs de los aos vimos
que fue un gran error. Porque ah ingresaba cualquier tipo de gente, y
entonces se empez a ensear al actor desde el ABC, desde escribir. Se le
enseaba a leer, respiracin, poltica, cultura, a personas que llegaban,
a veces, carentes de toda preparacin previa. Pero este error de
convertir al teatro en una especie de aula sirvi para hacer sus primeros
pasos a individuos que posteriormente han marcado el panorama cultural
uruguayo. A modo de ejemplo, en la primera dcada de Teatro del Pueblo
participaron como alumnos o actores Juan C. Carrasco, Olimpo Salzano,
Roberto Barry, Alfredo Gravina, Rubn Yez, Nelly Goitio, Juan Gentile,
Juan M. Tenutta, Poema y Numen Vilario, entre otros de una extensa lista.

En 1942, en el quinto aniversario de Teatro del Pueblo, la prensa
montevideana daba cuenta de los progresos de este emprendimiento, reseando
lo hecho hasta ese momento catalogndolo como la primera escuela dramtica
del pas, y cuyos mritos se acreditan a travs de largos aos de
fructfera labor. Buscndose, segn el cronista, en una ms honda y
amplia capacidad y perfeccin. (...) Teatro del Pueblo fue una verdadera
escuela pblica. Se dictaron, y se dictan, clases de lenguaje, educacin de
la voz, msica, mmica, caracterizacin, maquillaje. Todo, de acuerdo con
la norma establecida en el mismo Reglamento de las Clases de Teatro del
Pueblo del Uruguay: Por el Alumno, para el alumno, bajo la orientacin del
profesor. Y podemos afirmar, tambin, que cada ensayo es una clase pblica
de teatro. En cada ensayo, y partiendo de la materia viva que es la obra
que se ensaya, el alumno-actor, y quienes los presencian, recogen nuevas y
ricas enseanzas. Se ahonda as, da a da, su capacidad para trasmitir la
emocin vitalizadora del arte.



A lo gitano

Se trat, fundamentalmente, de tocar aquellas obras de carcter social,
pero del repertorio universal, comenta Armas. Primero en el Chofer Club,
despus en el Centro de Proteccin de Choferes, Casa de Galicia, de ah a
donde est el Teatro Circular, donde formamos nuestro propio teatro. Donde
la idea de hacer un teatro comprometido con la sociedad nacional comienza a
tomar consistencia, ya que los actores contaban con 3 aos de experiencia
y se nos empez a mirar con cierto respeto, porque la sociedad
montevideana no estaba acostumbrada a un teatro de esta naturaleza, ajeno
totalmente al sentido del lucro. Haba una concepcin ms bien idealista, y
no pensamos nosotros, en aquel entonces, que el actor tiene necesidades
para formarse, cultivarse. Tiene necesidad de vivir del teatro y para eso
tiene que profesionalizarse. Sucede que a travs del tiempo, la
profesionalizacin se desvirtu y ahora no se hace teatro sino se hace
comercio. Nosotros anduvimos prcticamente mendigando. Al punto que en 1943
el ministro de Cultura Ciro Giambruno nos prometi, por primera vez en la
historia del teatro uruguayo, cierta subvencin del Estado, que nunca
obtuvimos, y al final logramos que irnos de ese local. As que siempre
estuvimos a lo gitano.



El Galpn

A instancias de Flor de Mara Bonino se obtiene un galpn en desuso, donde
por poco tiempo Teatro del Pueblo tuvo su sede fsica y teatro propio.
Flor de Mara Bonino que era sobrina de unos seores de una empresa que se
dedicaba a la demolicin de obras, la empresa Zunino y Bonino, entonces le
solicit un local, y le dieron uno donde guardaban herramientas, en
Mercedes y Carlos Roxlo, y ah fue la fundacin de El Galpn. Pero este
idilio dur poco. Tras algunas disputas internas Teatro del Pueblo queda
nuevamente en la calle, dividindose el elenco. Esta divisin se centr en
una disputa promovida por un grupo, que en su momento fueron catalogados
como elementos trasnochados de ambicin de poder, que vean en la figura
de Domnguez Santamara a un adversario, ms por sus propias limitaciones
intelectuales y afn de protagonismo, que por la mala conduccin o
procedimiento del director. Esta pequea faccin promovi una serie de
asamblea en medio de un clima enrarecido, con el casi nico argumento de
acusar a Domnguez Santamara de utilizar medios de seduccin amorosa
hacia algunas actrices, que por otra parte fueron las ltimas en enterarse
del hecho. Solicitaban la renuncia de Domnguez Santamara por ese presunto
acoso sexual que a estas alturas resulta pueril, y sin dudas falto de
fundamentos, pero que sirvi para enrarecer el ambiente de esas asambleas a
la cual, segn diversos testimonios, algunos de los denunciantes
concurrieron armados de palos y huesos, provocando el desorden. La
situacin se zanj mediante un trmite burocrtico, por el cual Domnguez
Santamara adquiri las llaves del local para poder seguir funcionando
all, pero cuando fueron a hacerse cargo comprobaron que a quienes se la
haban adquirido las haban cambiado, por lo que Teatro del Pueblo no pudo
ingresar, quedando con su gente y su independencia en la calle.

De ah El Galpn sigui con su gente, agrega Wilson Armas, y con
Domnguez Santamara nos hicimos una sala en la calle Yaguarn entre
Soriano y Canelones que fue el primer teatro, nuestro propiamente, y que se
nos quem, por un descuido del pintor Manolo Lima. Resulta que Rubn Yez
que era el escengrafo y electricista, pona de noche unas lmparas de
1.000 wats para cargar bateras, y no se tuvo cuidado. Manolo Lima dorma
ah, abajo del escenario. No se tuvo cuidado, y se prendieron fuego unos
papeles de celofn. A las 9 de la maana hubo una explosin, y en menos de
20 minutos vol la sala y todo. Teatro del Pueblo estaba nuevamente en la
calle, hasta que consigui instalarse en el Teatro Victoria.



El despertar

En 1950 la Intendencia montevideana crea su departamento cultural dirigido
por Alfredo Moreno Benedito. Entonces se nos dio la oportunidad de hacer
teatro en los diferentes barrios de Montevideo, agrega Armas. La
intendencia prestaba la locomocin y nosotros hacamos teatro en forma
gratuita. No se ganaba un peso, y por eso es que siempre tenamos que andar
poniendo plata, esa fue siempre nuestra vida.

Pese a ello Teatro del Pueblo fue un despertar de carcter cultural.
Nosotros hicimos obras de carcter, como El alcalde de Zalamea y Crimen en
la Catedral cuando recin estaba por nacer la Comedia Nacional. Teatro del
Pueblo sembr la semilla, y por algo es que a partir de 1950 crece una
cantidad de teatros que son los verdaderos continuadores de nuestra obra.
Lo que quiero destacar es que son muy pocos los historiadores del Teatro
Independiente uruguayo que toman en serio la formacin del Teatro del
Pueblo. No le dan la importancia que realmente debe drsele, porque fue el
nacimiento de una generacin, y el despertar de un aspecto de la cultura
uruguaya, que se forma, gracias a esta cantidad de gente que colabor en la
formacin de la conciencia del teatro como elemento de la expansin
cultural.

** Aldo Roque Difilippo
   aldodifilippo@adinet.com.uy
   Periodista y escritor uruguayo (Mercedes, 1966). Ha publicado el libro
   de cuentos Verdades a medias (dos tomos, coautor con Wilson Armas) y una
   serie de investigaciones literarias e histricas en el suplemento
   Lecturas de los Domingos del diario La Repblica, y en la revista
   Posdata (Montevideo). Desde 1991 trabaja como corresponsal en Soriano
   para el diario La Repblica de Montevideo.
   


|||||||||||||||||||||||||||    SALA DE ENSAYO    ||||||||||||||||||||||||||

=== Visiones decimonnicas de Amrica: Mart y Sarmiento ==================
=== Juan Carlos Hernndez Cuevas ==========================================

                                            A don Ignacio Soldevila Durante

El escritor cubano Jos Julin Mart Prez (1853-1895) escribi en la
ciudad de Nueva York, entre 1881 y 1895, crnicas que exponen y examinan
los efectos finiseculares de la poltica estatal en contra de las minoras
tnicas en los Estados Unidos de Amrica e Hispanoamrica, particularmente
en Argentina, pas dominado por el capital ingls, y cuya base ideolgica
se encuentra en el proyecto de nacin contenido en Facundo: civilizacin y
barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga (1845), del argentino Domingo
Faustino Sarmiento (1811-1888).

Es nuestro propsito subrayar objetivamente que el ensayo Nuestra Amrica
(1891) y varias crnicas neoyorquinas de Mart, integran un discurso
sociohistrico y poltico que sopesa y contradice la posicin ideolgica de
Facundo: civilizacin y barbarie. Obra que sustenta el proyecto genocida
llevado a cabo en la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX, con el
fin de implantar una civilizacin de ascendencia europea basada en el
modelo capitalista de desarrollo de los Estados Unidos. La visin de Mart
se efecta dentro de un marco conceptual alejado del eurocentrismo
decimonnico para demostrar los estragos y consecuencias del racismo y la
poltica supremacista blanca de los Estados Unidos y Argentina, como un
peligro latente en Hispanoamrica. Por este motivo, consideramos necesario
realizar un estudio revisionista que explique el contexto racista de
Facundo, ya que ste contina siendo minimizado en la mayora de los
crculos acadmicos, enfocados primordialmente en la exgesis del estilo de
la prosa o el contenido histrico del texto.

Jos Emilio Pacheco advierte que Mart no estuvo presente en los hechos,
pero recoga las noticias de los peridicos de la poca para dar a la
crnica un alto contenido intelectual y estilstico. Segn Pacheco, las
crnicas de Nueva York son reportajes que le otorgan a Mart ser el primer
escritor que investiga con el nimo de diseminar ideas y educar al lector
(1). Destacan sus colaboraciones en La Opinin Nacional de Caracas, La
Nacin de Buenos Aires, El Partido Liberal de Mxico y La Amrica de Nueva
York (2).

Con una actitud vehemente, Sarmiento justifica la colonizacin espaola y
la supuesta supremaca racial y cultural de origen europeo en Argentina:

      Haban antes de 1810 en la Repblica Argentina dos sociedades
      distintas, rivales e incompatibles; dos civilizaciones diversas: la
      una espaola, europea, civilizada, y la otra brbara, americana, casi
      indgena; y la revolucin de las ciudades slo iba a servir de causa,
      de mvil para que estas dos maneras distintas de ser de un pueblo se
      pusiesen en presencia una de otra, se acometiesen y despus de largos
      aos de lucha, la una absorbiese a la otra (Facundo, 64).

A guisa de contrapunto, Escenas norteamericanas (1900) presenta imgenes de
una sociedad sujeta a un impetuoso deseo de homogeneizacin econmica,
cultural y racial. Mart escribe para que sus lectores latinoamericanos
visualicen y entiendan, entre otros temas, la problemtica social en los
Estados Unidos: un pas joven y en pleno crecimiento. As, Escenas
norteamericanas describe la realidad cotidiana de un mbito que su autor
conoci a fondo (3), tal y como lo corroboran sus ttulos: El problema
negro (12: 335); Negros y blancos (12: 277); Los indios de
Norteamrica (9: 293); Bosquejo del problema indio; Poltica del
presidente Cleveland con los indios (10: 321); Los indios, los soldados y
los agentes del gobierno en el territorio indio (10: 287); El problema
indio en los Estados Unidos (10: 371); Los ltimos indios (12: 287),
etctera. De este modo, observa Juan Carlos Ghiano, Mart

      busc que los pases de la Amrica espaola conocieran con veracidad
      a los Estados Unidos; de esta manera se evitara la admiracin
      indiscriminada que manifestaron escritores y polticos de la mitad
      del siglo XIX, Sarmiento entre ellos (24).

Mart entendi el impacto general de la poltica demogrfica hacia las
minoras tnicas de Estados Unidos como grave riesgo para el avance de
Latinoamrica. Esta toma gradual de conciencia surgi frente a los
resultados del proyecto de nacin argentino del siglo XIX, donde el indio
haba sido conquistado y excluido, subraya Mart, anonadado bajo la
formidable presin blanca [...] (Nuestra Amrica, 5: 100). En
consecuencia, Nuestra Amrica incluye planteamientos ideolgicos que
contrarrestan la presencia histrica del arquetipo de desarrollo
estadounidense que cautiv a Sarmiento (4), y lo condujo a la eliminacin
personal de indgenas, negros y gauchos. Una realidad que Mart aborda en
las crnicas Mensaje presidencial (1888), Tipos y costumbres
bonaerenses (1889) y La pampa (1890).

Varias pginas de Facundo enfatizan en la superioridad racial y cultural
de los pueblos de procedencia europea (236), y reflejan la obsesin de
Sarmiento por establecer en Argentina una civilizacin libre de los
salvajes (257) de la pampa, cuyo estilo de vida y fuerza poltica
representan un obstculo para el desarrollo idealizado por l. Segn
Leopoldo Lugones: El Facundo constituye todo el programa de Sarmiento. Sus
ideas literarias, su propaganda poltica, sus planes de educador, su
concepto histrico, estn ah (165).

El discurso de las crnicas martianas ofrece una visin madura, libre de
prejuicios raciales; el objetivo del pensador cubano es ofrecer una
solucin a las apremiantes necesidades de los pueblos heterogneos que
habitan desde el ro Bravo a Magallanes (5) (Nuestra, 1: 22), y a la vez
evitar el influjo neocolonialista en Amrica Latina. Leopoldo Zea comenta
que el ideal a alcanzar por los pases del sur, poco despus de su
emancipacin frente a la Colonia, podra quedar expresado en la frase del
argentino Domingo F. Sarmiento: Seamos los Estados Unidos de la Amrica
del Sur (13). No obstante, y antes de concluir el siglo XIX, las ideas de
Mart ofrecan ya una respuesta directa al programa de Sarmiento:

      Los jvenes de Amrica se ponen la camisa al codo, hunden las manos
      en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que
      se imita demasiado, y que la salvacin est en crear. Crear es la
      palabra de pase de esta generacin. El vino, de pltano; y si sale
      agrio, es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un
      pas han de acomodarse a sus elementos naturales [...]. Surgen los
      estadistas naturales del estudio directo de la Naturaleza. Leen para
      aplicar, pero no para copiar. Los economistas estudian la dificultad
      en sus orgenes. Los gobernadores, en las repblicas de indios,
      aprenden indio (Nuestra Amrica, 18-19).

Los efectos genocidas de la dinmica social estadounidense, permitieron a
Mart examinar los yerros histricos del proyecto poltico argentino. En
Nuestra Amrica desenmascara a Sarmiento con la intencin de evitar la
propagacin de una ideologa basada en el odio racial, y por lo tanto
imprctica a la realidad tnica y necesidades de Amrica Latina:

      Ni el libro europeo, ni el libro yankee, daban la clave del enigma
      hispanoamericano. Se prob el odio, y los pases venan cada ao a
      menos [...]. De nuestra Amrica se sabe menos de lo que urge saber,
      aun por aquellos que fungen de opinadores en las cosas pblicas y
      celebran a los Estados Unidos con tanta pasin como la que ponen en
      denigrar a los dems pueblos de Amrica, sin conocer de stos ni
      aqullos ms que la engaosa superficie (Nuestra, 1: 18, 37).

Mart provee opciones que se ajustan a la idiosincrasia americana, e indica
que no hay batalla entre la civilizacin y la barbarie, sino entre la
falsa erudicin y la naturaleza (Nuestra, 1: 11-12). Hans-Otto Dill
asevera que rechaza la falsa erudicin por ser producto de otra sociedad;
lo natural aparece, en Mart como lo positivo; la falsa erudicin, que
sustituye a la civilizacin del pensador argentino, deviene lo negativo
(127). La implcita veracidad de las tesis martianas, rectifican la prdica
sarmientista:

      Los pensadores canijos, los pensadores de lmpara, enhebran y
      recalientan las razas de librera, que el viajero justo y el
      observador cordial buscan en vano en la justicia de la Naturaleza,
      donde resalta, en el amor victorioso y el apetito turbulento, la
      identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los
      cuerpos diversos en forma y en color. Pero contra la Humanidad el que
      fomente y propague la oposicin y el odio de las razas (Nuestra, 1:
      21).

Las ideas planteadas en Nuestra Amrica son una respuesta colectiva y
racional a la diatriba racial del Facundo que, de hecho, propici la
eliminacin de gente considerada inferior en el ideario de nacin:

      Las razas americanas viven en la ociosidad, y se muestran incapaces,
      an por medio de la compulsin, para dedicarse a un trabajo duro y
      seguido. Esto sugiri la idea de introducir negros en Amrica, que
      tan fatales resultados ha producido (Facundo, 34).

En el mismo libro, y en torno a la resistencia social y poltica de la
poblacin negra argentina, aparece esta opinin: Felizmente, las continuas
guerras han exterminado ya la parte masculina de esta poblacin [...]
(232). Otros textos de Sarmiento demuestran un desprecio explcito hacia el
amerindio, asignndole un carcter de inferioridad, y se le cataloga como
un salvaje, brbaro y ladrn (6). Por consiguiente, y conforme a los
resultados del proyecto argentino, esta actitud revirti histrica y
progresivamente en otros habitantes de la pampa que, antes de su
exterminio, haban sido ya excluidos por Sarmiento:

      Los jefes mazorqueros,  gauchos, a los que llaman desheredados, no
      tendrn parte en el gobierno de Buenos Aires, sin una lucha de vida 
      muerte, no con el gobierno actual, sino con una mayora de poblacin
      [...] (Obras de D. F. Sarmiento, XVI: 299-300).

En 1799, el gegrafo alemn Alexander von Humboldt y el naturalista francs
Aim Bonpland realizaron una serie de viajes de exploracin en la Amrica
del Sur. Iniciaron la jornada en el norte de Venezuela, hasta los ros
Orinoco y el Casiquiare. Llegaron hasta el norte de los Andes, y
recorrieron las mesetas andinas, observando cuidadosamente la flora de cada
regin; adems escalaron casi hasta la cima del Chimborazo, que en aquel
entonces se pensaba que era el pico ms alto del mundo (6.272 m). De ah se
encaminaron hacia Per, siguiendo la ruta de los Andes. En el transcurso
del siglo XIX, seguirn su ejemplo varios europeos, entre ellos el ingls
Charles Darwin en 1831 (Caviedes, 12-14) (Trad.) (7).

Humboldt, en sus recorridos por las pampas o llanos, entendi el valor
potencial de los abundantes recursos naturales que aparecan ante sus ojos.
Estas observaciones fueron incluidas en su Personal narrative of travels to
the equinoctial regions of America during the years 1799-1804 (1818). La
misma naturaleza e informacin sobre los suelos frtiles argentinos,
condujo a Sarmiento a elaborar planes futuros demogrficos y de explotacin
agrcola-ganadera:

      el nuevo gobierno establecer grandes asociaciones para introducir
      poblacin y distribuirla a orillas de territorios feraces [...] y
      suceder lo que en Norteamrica [...] que se han levantado como por
      encanto ciudades, provincias y Estados, en los desiertos [...]
      (Facundo, 257).

A diferencia de Sarmiento, Humboldt perciba a la naturaleza como un todo,
y al hombre como parte de ste (Botting, 259) (Trad.). En este medio
ambiente los pobladores de las majestuosas llanuras, acorde a la visin del
sabio alemn, se mimetizan con el paisaje y logran llevar una existencia
opuesta al ideal civilizador decimonnico. Para Sarmiento, como hemos
referido previamente, la ciudad es el centro de la civilizacin argentina,
espaola y europea [...] (Facundo, 35). Un testimonio de aquella poca,
Viajes por la Amrica del Sur: 1847-1848, de Samuel Greene Arnold (1951),
relata tambin la situacin de los indios de la pampa que obstaculizan el
desarrollo de los asentamientos humanos europeos y criollos en la Argentina
(Greene, 181-199). Adems del influjo de Humboldt, Sarmiento desarroll una
concepcin del desierto y sus habitantes, basndose en el Lazarillo de
ciegos: caminantes desde Buenos Aires hasta Lima (1773), de Alonso Carri
de la Vandera alias Concolorcorvo. Sobre los habitantes de la pampa,
opina Carri de la Vandera:

      Son traidores, y aunque diestrsimos  caballo y en el manejo de la
      lanza y bolas, no tienen las correspondientes fuerzas para mantener
      un dilatado combate. Siempre que han vencido a los espaoles,  fu
      por sorpresa  peleando cincuenta contra uno, lo que es muy comn
      entre indios contra espaoles y mestizos (53).

El Lazarillo de ciegos es una obra que manifiesta un marcado desdn hacia
los indios pampas, a quienes considera ladrones (31), brbaros (319),
piojosos (183) y sumamente inclinados al execrable pecado nefando (53).
Describe a los gauchos como seres palurdos, ladrones, holgazanes (33-34),
cantores de coplas horrorosas (172); y a los negros como brbaros y
groseros (325-326).

Desde entonces, Concolorcorvo indicaba la fertilidad y riqueza potencial
del suelo argentino; sugiere que podra ser explotado por la centsima
parte de los pequeos y mseros labradores que hay en Espaa, Portugal y
Francia [...] (177). Concolorcorvo asimismo establece un parmetro
ideolgico que influy a Juan Bautista Alberdi (1810-1884) que, al igual
que sus coetneos, propugnaba la migracin europea para poblar y civilizar
la Argentina (Crow, 596-597). Alberdi expone gran parte de sus ideas en el
libro Bases y puntos de partida para la organizacin poltica de la
Repblica Argentina (1852). La visin de Alberdi compagina con el proyecto
de Sarmiento, ya que, segn Lewis Hanke, Alberdi propone y defiende la
migracin europea, el trabajo duro y la construccin de vas ferroviarias;
plantea la necesidad de atraer la inversin de capital extranjero, la
prosperidad, organizacin, educacin y paz basndose en el modelo
estadounidense de George Washington (75) (Trad.).

Un comentario del Lazarillo de ciegos delinea el contraste entre
civilizacin y barbarie, tema fundamental para Sarmiento:

      Por pueblo brbaro tengo  aquel que no est sujeto a leyes ni 
      magistrados, y que finalmente vive  su arbitrio, siguiendo siempre
      sus pasiones (319).

Con base a este punto de vista, Sarmiento ve al habitante del desierto como
un elemento irredento de la naturaleza, que debe ser conquistado y redimido
por la cultura que emana de Europa.

John A. Crow reitera que Sarmiento, en la bsqueda e implantacin del ideal
civilizador, demuestra un odio exacerbado hacia la inhumanidad de los
gauchos, a quienes desea eliminar para realizar su labor en la ciudad
(578). Un hecho que Eduardo Galeano corrobora al sealar que en 1862,
Sarmiento escribe al entonces presidente de Argentina Bartolom Mitre
(1821-1906): No trate de economizar sangre de gauchos, es lo nico que
tienen de humano. ste es un abono que es preciso hacer til al pas [...]
(Las venas abiertas de Amrica Latina, 289). El mismo ao, Mitre desat
campaas de exterminio de gauchos en las que particip activamente
Sarmiento. En sus Obras completas, Mitre expresa el deseo de extirpar la
barbarie del desierto para derramar las semillas de la civilizacin
(XIII-198).

Ante la obsesin de crear una civilizacin argentina, en 1869, se aprueban
leyes para cercar la pampa con alambre de pas trado por el ingls Richard
Newton. Esta misin signific una lucha histrica a muerte, pues el gaucho
no poda concebir su existencia sin el caballo y la pampa en un mbito
delimitado por el alambre de pas. Irnicamente, en 1879, el general Julio
Argentino Roca gracias al apoyo de un ejrcito de gauchos derrota en
definitiva a los indios pampas del sur de Argentina (Crow, 601, 594, 578)
(Trad.).

Durante la conquista del desierto argentino, subraya Hanke, al gaucho se le
convierte en un insignificante pen de rancho. Los indgenas son eliminados
y desplazados de la pampa para dar paso a una impresionante transformacin
econmica, agrcola y ganadera que satisface el apetito de Europa (8). El
trabajo de millones de inmigrantes europeos cambia el paisaje de la llanura
con cercas de alambre, el frigorfico ingls y el ferrocarril. La
produccin de trigo y otros productos agrcolas imperan sobre el mercado de
la carne (76-81) (Trad.). Hasta aqu, explica Galeano, los planteamientos
econmicos del Facundo son una realidad palpable: No somos ni industriales
ni navegantes afirmaba Sarmiento, y la Europa nos proveer por largos
siglos de sus artefactos en cambio de nuestras materias primas (Las venas,
289). Una crnica de Mart corrobora este hecho:

      La Compaa de carnes frigorizadas de Londres y el Plata est ya
      siendo enorme pulpo comercial, que acapara el trfico de carnes [...]
      de donde ha volado el indio como el avestruz [...] (Nuestra, 5: 219)

A consecuencia de la prosperidad argentina, la reaccin de los patriarcas
norteamericanos no se hace esperar, y en 1888, Mart informa desde Nueva
York: el caballero Edward Hopkins aboga elocuentemente por el
establecimiento de una lnea de vapores correos entre estos estados y la
Argentina (Nuestra, 2: 175). Dos aos despus, se entablan plticas en
Washington para construir el ferrocarril inter-americano: A ser posible,
el ferrocarril debe pasar por las ciudades principales cercanas a la va, o
construir ramales que lleven a ellas (Nuestra, 3: 97).

En los ltimos aos de su existencia, Jos Mart entiende con precisin el
modelo de desarrollo capitalista impuesto en Amrica. Intuye as las
contradicciones del violentsimo etnocidio en Norteamrica y Argentina, y
vislumbra las consecuencias nefastas para los dems pases
latinoamericanos.

A finales del siglo XIX, las experiencias estadounidense y argentina
representan abiertamente un peligro para millones de indgenas, mestizos,
negros y otras gentes que pueblan nuestra Amrica. En este periodo, las
nuevas oligarquas hispanoamericanas buscan consolidar el ideal civilizador
europeo y norteamericano. En la Argentina finisecular triunfa la
civilizacin europeizante sobre la supuesta barbarie americana. La bonanza
econmica proyectada por Sarmiento en el Facundo, es una realidad palpable;
las ubrrimas y domesticadas pampas ofrecen sus frutos al mercado
internacional. Lejos de Nueva York, Jos Mart muere en Cuba, luchando por
alcanzar una entidad continental que pudiera dialogar en un plano
honorable con los Estados Unidos y Europa (Ghiano, 24).



Notas

1. Comentarios acadmicos expresados por J. E. Pacheco en el seminario
   Modernismo de la University of Maryland, Estados Unidos de Amrica.
   Juan Ramn Jimnez Hall, College Park. Abril de 1999.

2. Estas correspondencias fueron recopiladas en el siglo XX, y aparecieron
   publicadas en 1939 con el ensayo Nuestra Amrica (1891), y en Escenas
   norteamericanas (1900). La presente investigacin est fundamentada en
   Nuestra Amrica y las crnicas publicadas con el mismo ttulo (1939).
   Escenas norteamericanas fue incluida con otras correspondencias en
   Escenas norteamericanas y letras, pinturas y artculos varios (1900).

3. Segn Andrs Iduarte: su vida y su obra estn ms cuajados de Estados
   Unidos que la de cualquier otro hispanoamericano. En tanto que, a pesar
   de todos los reproches que Mart les hace, sobre todo en la ltima poca
   de su vida, nadie en Hispanoamrica est tan dentro de ellos [...]
   Maneja todo lo norteamericano, sus bienes y sus males como cosa propia
   (20).

4. Para mayor informacin, vase American Holocaust: Columbus and the
   Conquest of the New World, de David E. Standard. Se reproducen episodios
   y testimonios histricos del genocidio indgena en los Estados Unidos de
   Amrica, los cuales motivaron la conquista de la pampa argentina
   (Stannard 119-121).

5. Alexander von Humboldt apunta: La poblacin mexicana se compone de los
   mismos elementos que las dems colonias espaolas. Hay siete castas: 1,
   los individuos nacidos en Europa, llamados gachupines; 2, los hijos de
   espaoles, nacidos en Amrica, o criollos; 3, los mestizos
   descendientes de blancos y de indios; 4, los mulatos, descendientes de
   blancos y de negros; 5, los zambos, descendientes de negros y de
   indios; 6, los indios, o individuos de la raza indgena; 7, los negros
   africanos. Dejando a un lado las subdivisiones, resultan cuatro castas
   principales [...] (Ensayo poltico sobre el reino de la Nueva Espaa,
   64).

6. Los volmenes XXIV y XXVI de las Obras de D. F. Sarmiento contienen
   varios artculos publicados en el peridico chileno El Nacional.
   Sarmiento analiza los problemas de la frontera argentina entre 1855 y
   1858. Para l, esta regin es un extenso territorio plagado de indios
   salvajes, enemigos de la civilizacin (XXIV: 356-358, XXVI: 285-359).

7. Se incluye la abreviacin (Trad.) para indicar los textos traducidos del
   ingls al espaol por el autor.

8. El programa de Sarmiento es a la vez una extensin de la poltica
   espaola etnocida del siglo XVI. Los testimonios del padre Fray
   Bartolom de Las Casas indican que desde el ao de mil e quinientos y
   veinte y dos o veinte y tres han ido al Ro de la Plata, donde hay
   grandes reinos e provincias, y de gentes muy dispuestas e razonables,
   tres o cuatro veces capitanes. En general sabemos que han hecho muertes
   e daos [...] han destruido y despoblado grandes provincias y reinos de
   aquella tierra, haciendo estraas matanzas y crueldades [...]
   (157-159).



Bibliografa

 - ARNOLD, Samuel Greene. Viajes por la Amrica del Sur: 1847-1848. Buenos
   Aires: Emec, 1951.

 - BOTTING, Douglas. Humboldt and the Cosmos. New York: Harper & Row, 1973.

 - CARRI DE LA VANDERA, Alonso. Concolorcorvo. El lazarillo de ciegos
   caminantes: desde Buenos Aires hasta Lima en 1773. Buenos Aires: Solar,
   1942.

 - CAVIEDES, Csar, and Gregory Knapp. South America. New Jersey: Prentice
   Hall, 1995.

 - CROW, John A. The Epic of Latin America. Berkeley: University of
   California Press, 1992.

 - DILL, Hans-Otto. El ideario literario y esttico de Jos Mart. La
   Habana: Casa de las Amricas, 1981.

 - GALEANO, Eduardo. Las venas abiertas de Amrica Latina. Mxico: Siglo
   veintiuno, 1972.

 - GHIANO, Juan Carlos. Jos Mart. Buenos Aires: Centro Editor de Amrica
   Latina, 1967.

 - HANKE, Lewis. South America. New York: Van Nostrand, 1967.

 - HUMBOLDT, Alexander von. Personal narrative of travels to the
   equinoctial regions of America during the years 1799-1804. London 1818.
   Trans. Thomasina Ross. Vol. 2. London: Harrison and son, 1852.
   . Ensayo poltico sobre el reino de la Nueva Espaa. Ed. Florentino M.
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 - MITRE, Bartolom. Obras completas de Bartolom de Mitre. Vol. XIII.
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 - SARMIENTO, Domingo Faustino. Facundo: civilizacin y barbarie. New York:
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   New World. New York: Oxford, University Press, 1992.

 - ZEA, Leopoldo. Latinoamrica: emancipacin y colonialismo. Caracas:
   Tiempo nuevo, 1971.

** Juan Carlos Hernndez Cuevas
   juancarlos_59@hotmail.com
   Investigador. PhD en estudios hispnicos (literatura latinoamericana)
   por The University of British Columbia (Vancouver, Canad), mster de
   artes por Prtland State University (Portland, Oregon, EUA), licenciado
   en artes y letras (Portland) y minor en estudios africanos (Portland).
   Tiene tambin una diplomatura en educacin primaria por la Escuela
   Nacional de Maestros de Ciudad de Mxico. Ha publicado "Mxico" en Max
   Aub en el laberinto del siglo XX (Ed. Juan Mara Calles; Valencia,
   Espaa, 2003) y "Los cuentos mexicanos de Max Aub" en Actas del Congreso
   Internacional Max Aub: testigo del siglo XX (2003). Becario de la
   Fundacin Max Aub (Segorbe, Valencia, Espaa; 2000-2001), ha trabajado
   como instructor de espaol para Emporia State University (Kansas, EUA,
   2002-2004).



=== Manuel Machado y su peregrinaje a Eleusis      Laura Quadrelli ========

      ...el mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzos (i).

El espritu del hombre moderno, escindido y desgarrado, descubre el poder
de su yo interior, de su propio pensamiento con el que pretende suplantar
la prdida de sus certezas. Muchas son las criaturas atormentadas por una
crisis desalentadora, una crisis de la propia creencia y, naturalmente, de
fe.

Esta crisis profunda, manifestada claramente hacia finales del siglo XIX y
comienzos del XX, desde Nietzsche en adelante, pasando por Weber y Pareto
(ii), expres la prdida de todo valor trascendente que se llev consigo
tambin la validez de la razn. La metafsica occidental entra en crisis,
una crisis de realidad y de racionalidad que enunci su notoria intensidad
en el derrumbe de una estructura sostenida por siglos. La ostensible
irracionalidad del mundo, la falta de certidumbres y las restricciones de
los postulados cientficos se hicieron frecuentes en las argumentaciones de
la poca, pues la misma supremaca del espritu cientfico que la
caracteriza es anuncio de su inmediata decadencia (iii).

Es evidente que esta propuesta de explicar cientficamente los orgenes y
el lugar del hombre en el universo producir un vaco que se ver
traducido, en la obra de muchos poetas, en una solitaria y desesperada
bsqueda hacia el interior del mismo hombre y, en muchos casos, en un
pasado incontaminado que se les presenta como un manantial inagotable de
motivos y creencias donde cultivar el espritu.

Manuel Machado, poeta inmerso en la turbulencia de los cambios
finiseculares, hereda los dogmas paternos de las demostraciones de los
orgenes no divinos del hombre y de sus anlisis antropolgicos del mito y
de la sociedad (iv). Pero semejante instruccin no lo llev a contribuir
aun ms con la explicacin cientfica del hombre, sino a condensar, en sus
primeros trabajos, las consecuencias emocionales de lo ya asimilado (v). En
1902 ve la luz Alma (vi), su primer poemario juvenil, y la segunda seccin
del libro profundamente simbolista y misteriosa se titula Estatuas de
sombra, pero curiosamente, el poema con el que Machado inicia su camino
profundo hacia las veladas e inmviles figuras del pasado es Eleusis,
ttulo en clave que alude, en clara correspondencia con los misterios
iniciticos eleusinos, a sus inaugurales experiencias de poeta. Tanto el
nombre dado al apartado como al poema preliminar, constituyen una especie
de hermetismo aun para el lector actual, evidencindose cmo el poeta,
anlogamente al carcter esotrico original de los ritos antiguos, tambin
obstaculiza toda sugerencia que pueda develar el enigma que habita en el
interior del mismo hombre.

En estado de semitrance, el poeta aspira un retorno al origen (vii) por
los sombros caminos del tiempo. Se escinde y permite que su alma inicie el
simblico peregrinaje sin descanso (viii) hacia las ms primitivas de las
civilizaciones, a la fuente prerracional del hombre y de la cultura a
travs de los negros e indefinidos bosques del sueo:

      Se perdi en las vagas
      selvas de un ensueo,
      y slo de espaldas
      la vi desde lejos...
      Como una caricia
      dorada, el cabello,
      tendido, sus hombros
      cubra. Y al verlo,
      siguiola mi alma
      y fuese muy lejos,
      dejndome solo,
      no s si dormido despierto (ix).

Sugestiva y misteriosa visin hipntica de una figura femenina; tal vez se
trate de Demter en busca de Persfone, el poeta no la describe, slo nos
la sugiere a partir de sus dorados cabellos que cubren parte de su etreo
cuerpo. Esta imagen vivificada cuenta con una larga trayectoria; es smbolo
y fetiche tradicional de la sensualidad femenina en todos los tiempos y
escrituras, ambiguo amuleto que encanta a la vez que se evade:

      Pasamos... Mi alma
      tras ella corriendo,
      dejndome solo,
      no s si dormido o despierto.

La atraccin que ejerce este xtasis mtico es utilizado por Machado como
un smbolo homogneo del artista frente a la inseguridad perturbadora y a
la fugaz disolucin en el vaco que produce el arte moderno, pero supone
tambin el riesgo de un va de perfeccin que conduce hacia el abismo donde
lo divino y lo demonaco, el amor y la muerte, Dionisos y Apolo, la
percepcin y la destruccin del yo, tiene unos dominios y limites comunes
que hay que afrontar como franco portal hacia las emociones de lo
desconocido.

Fascinado an por la fugaz visin de la furtiva diosa (x), su retroceso no
se detiene, contina desandando el tiempo a travs de las verdes llanuras
jnicas:

      Se fue hasta las verdes
      llanuras de Jonia; y el templo
      cruz de Partenes.
      Del mrmol eterno
      dej las regiones...
      Y se fue ms lejos
      con mi alma, dejndome solo,
      no s si dormido o despierto.

En este ensueo retrospectivo el poeta servidor dionisiaco dira
Nietzsche observa cmo su alma es arrastrada en pos de la bella
apariencia que tambin va a contramano del tiempo, desandando edades y
siglos hacindolo transitar, en slo un instante, por la Edad Media, por la
Grecia clsica, por los imperios orientales y los tiempos prehistricos
donde intenta alcanzar lo inalcanzable en su anhelo de fusin con esa
imagen ideal, en una permanente oscilacin entre la angustia y el deseo de
trascenderse:

      Oro y negras piedras,
      y muros inmensos,
      y tumbas enormes
      sepulcro de un pueblo
      que mira hacia Oriente
      con sus ojos muertos.
      Sigui... Y arrastraba
      mi alma ms lejos,
      dejndome solo,
      no s si dormido o despierto.

Y ya en este tramo final de la simblica y fugaz peregrinacin de su alma,
la velada visin del Enigma humano se pierde en el oscuro caos primordial,
origen de las cosas, donde no le es permitido ingresar: Y arrastraba / mi
alma ms lejos, / dejndome solo... Luego, ya de regreso, nos deja las
ltimas imgenes de un ayer experimentado, testigo dormido sobre tumbas
enormes, smbolo de fragmentos y escombros de religiones muertas:

      Sigui; entre menhires
      pasamos, y horrendos
      despojos de fieras...
      Sigui; y a lo lejos
      perdiose en las selvas
      oscuras del sueo,
      dejndome solo,
      no s si dormido o despierto.

A lo largo de todo el poema, se mantiene latente y sin posible resolucin
la ambivalencia en la atraccin que ejerce sobre el sujeto lrico esa
figura sugestiva, cautivadora y potencial transformadora hacia un nuevo
estado. Esta permanente vaguedad, sumada a la falta de un claro desenlace,
produce el efecto de penetrar aun ms en la gran incgnita humana planteada
por el poeta. El ir en pos de una presencia enigmtica, de una imagen ideal
es sed de vida y tambin sed de conocimiento; pero curiosamente, en este
peregrinaje onrico slo se vislumbra una tenue luz en los umbrales de
Thnatos, luego todo vuelve a ser sombra.

Sostiene Mircea Eliade que algunos mitos y los ritos iniciticos del
regresus ad uterum simblicamente representan la preparacin para el
renacer del hombre. Una especie de retorno al gnesis que repite el
acto del nacimiento en el orden espiritual permitindole al iniciado
acceder a una nueva y superior manera de existencia. Esto refleja tal vez
con ms claridad que, como sostiene Eliade, en momentos de crisis total,
cuando el hombre se ha perdido en las sombras de la irreligiosidad, la
nica ilusin que lo sostiene es la esperanza de recomenzar; la
aspiracin de una nueva existencia, regenerada, pletrica y significativa,
pero concretamente, donde la muerte cumple una funcin positiva: la
preparacin de un nuevo nacimiento espiritual (xi).

En Eleusis, Manuel Machado recrea simblicamente la esfera propicia para
un iniciado en los saberes recnditos, msticos y teosficos, tan
calificados en el arte y en las letras finiseculares como conjunto
heterogneo de enseanzas arcanas que constitua ms un sntoma de la
prdida de toda referencia y, consecuentemente, una aspiracin inconcreta
hacia otra realidad, que a una verdadera respuesta a la desorientacin
provocada por la modernidad. Este renovado inters por los misterios
arcanos, como una expresin ms de la atraccin general que el romanticismo
desencaden hacia todo tipo de saberes esotricos y ritos de trascendencia,
paganos o cristianos, haba tenido un largo cultivo durante todo el siglo
XIX, especialmente manifestado en sus ltimas dcadas. Tal vez la mxima
referencia fue la llamada de los misterios eleusinos que Friedrich
Nietzsche haca en un prrafo muy significativo de El nacimiento de la
tragedia de 1872:

      El barro ms noble, el mrmol ms precioso son aqu amasados y
      tallados, el ser humano, y a los golpes de cincel del artista
      dionisiaco de los mundos resuena la llamada de los misterios
      eleusinos: Os postris, millones? Presientes t al creador; oh
      mundo? (xii).

En la eleccin del tema del peregrinaje onrico, el poeta actualiza y
reaviva una larga tradicin romntica de ir en pos de una figura
cautivadora: madre o hija, esposa o hermana, enemiga o benefactora; musa
concebida intuitivamente como una estatua de sombra. Smbolo trascendente
del ideal donde el poeta moderno proyecta su actual desgarro y confusin
espiritual, su ms ntimo anhelo de otredad; develar, a travs de su otro
yo, los grandes enigmas del hombre sin fe en su reino interior.

El poeta se nutre de un pasado mitolgico valindose de la diosa Demter y
del ritual eleusino de iniciacin que, obviamente, no trata de repetir el
modelo de una renovacin csmica, puesto que ya no desempea una funcin
ontolgica, pero s plenamente cargada de significados e eminentemente
simbolista: el mito es la materia con la que se construye el smbolo,
fenmeno frecuente en la poesa de todos los tiempos. Sostiene Eliade que
El mito es una realidad cultural extremadamente compleja, que se puede
abordar e interpretar en perspectivas mltiples y complementarias (...) el
mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido
lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzos (xiii).

La composicin de Manuel Machado traza un peregrinaje simblico emulando el
regreso primordial, un descenso hacia lo ms hondo y secreto de s mismo
que comporta la prdida de la conciencia y de todo condicionamiento o
circunstancia humana histrica, cultural, social o sentimental en un
anulador ensueo, viaje de desposesin que transfigura la propia esencia
del sujeto antes de fundirla con lo Uno absoluto.



Notas

   i. Mircea Eliade (1998), Ensayo de una definicin del mito, en
      Aspectos del mito. Editorial Paids Ibrica, S. A., Buenos Aires, p.
      16.

  ii. Max Weber fue uno de los fundadores de la sociologa moderna; sus
      primeros trabajos estaban relacionados a la sociologa industrial,
      pero son ms conocidos los ltimos trabajos sobre sociologa de la
      religin y sociologa del gobierno. Ver su ensayo La tica
      protestante y el espritu del capitalismo. Traduccin Jos Chvez
      Martnez, 9 edicin, 1991. Premia Editora S. A., Mxico, Vol. I, pp.
      1-206.

 iii. Luis Diez Del Corral (1954), La tragedia griega segn Nietzsche, en
      La funcin del mito clsico en la literatura contempornea. Editorial
      Gredos, S.A., Madrid, 189.

  iv. Ver el trabajo de J. G. Brotherston Manuel Machado y lvarez and
      Positivism, Bulletin of Hispanic Studies (Liverpool), XLI, nm. 4,
      223-229. Antonio Machado y lvarez padre, fue uno de los pocos
      intelectuales del siglo XIX espaol en adherir al desarrollo
      cientfico en el extranjero, y sostuvo su urgente aplicacin en la
      sociedad espaola inclinando su postura hacia un determinismo
      cientfico intransigente.

   v. Eleusis hace referencia a los Misterios Mayores griegos celebrados
      en el santuario de Demter situado en la ciudad homnima, ubicada
      cerca de Atenas. Estos ritos dionisacos eran clebres en la Grecia
      clsica, y de todos los rituales religiosos este era el de ms
      importancia y renombre; as como Delfos era considerado el centro
      poltico y adivinatorio de Grecia, Eleusis era su centro religioso y
      mstico.

  vi. Alma, su primer poemario, durante algn tiempo llev el ttulo
      provisional del apartado: Estatuas de sombra.

 vii. Ver Mircea Eliade, Tcnicas tradicionales del retorno hacia atrs
       Op. Cit., pp. 74-78.

viii. Dentro del catolicismo cultural de Machado, el peregrinaje a
      Eleusis guarda similitud con el expresado por Rubn Daro en
      Divagacin. Ver Poesas completas, Editorial Claridad, Buenos
      Aires, 1987, Vol. II.

  ix. Manuel Machado (2000), Eleusis, en Alma Caprichos El mal poema.
      Editorial Castalia, S. A., Madrid, pp. 137-38.

   x. Demter y Persfone, Ceres y Proserpina para los romanos, son las
      diosas gemelas percibidas como madre e hija, representaban para los
      pueblos de la antigedad los poderes de la naturaleza, su
      transformacin y emergencia cclica. Los Misterios de Eleusis, o
      Misterios Mayores que celebraban estas diosas, eran ritos de pasaje
      destinados a personas adultas que proporcionaron un espacio sagrado
      para vivenciar nuevos estados de conciencia y una percepcin de la
      vida que surge de la muerte.

  xi. Ver Mircea Eliade (1989), Iniciaciones msticas. Editorial Taurus
      S.A., Espaa, p. 37.

 xii. Friedrich Nietzsche (1995), El nacimiento de la tragedia. Alianza
      Editorial, S. A., Buenos Aires, p. 45.

xiii. Mircea Eliade (1998), Ensayo de una definicin del mito, en
      Aspectos del mito. Editorial Paids Ibrica, S.A., Buenos Aires, p.
      16.



Bibliografa

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   poesa de Manuel Machado (Alma y Caprichos). Edicin: Diputacin de
   Sevilla, rea de Cultura y Deportes, Espaa.

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 - NIETZSCHE, Friedrich (1995), El nacimiento de la tragedia. Alianza
   Editorial, S.A., traduccin Andrs Snchez Pascual, Buenos Aires-Madrid.

** Laura Quadrelli
   tatiana4@infovia.com.ar
   Docente, investigadora y escritora argentina (Crdoba, 1950). Es
   Licenciada en Letras y JTP en las ctedras de literatura espaola I y II
   en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, sede Trelew.



=== La construccin de la imagen de la mujer en obras =====================
=== de descendientes de inmigrantes judos en Amrica =====================
=== Roberto ngel G. ======================================================

El presente trabajo tiene por objeto la revisin de la construccin de la
imagen de la mujer en el judasmo en obras de descendientes de inmigrantes
judos en Chile y Mxico. Estos textos corresponden a Sagrada memoria de
Marjorie Agosn, Poste restante de Cynthia Rimsky, Escenario de guerra de
Andrea Jeftanovic, Por el ojo de la cerradura de Jorge Scherman, Donde
mejor canta un pjaro de Alejandro Jodorowsky, estos cinco autores todos
chilenos, y Las genealogas, de Margo Glantz, quien es mexicana.

Plantearemos en el siguiente informe tres entradas con respecto a la mujer
hebrea, que se interrelacionan entre s: a) tradicin y familia en la mujer
juda; b) discriminacin y marginalidad y c) escritura de la mujer (1).



Tradicin y familia en la mujer juda

En el judasmo, la mujer es considerada como raz espiritual de la
educacin. La madre es responsable de que los valores se transmitan de
generacin en generacin. En el libro de Bereshit (2) (2:22) se lee: Y
construy, Dios Todopoderoso, la costilla... en una mujer. En hebreo Y
construy viene de las palabras construccin y entendimiento. Por lo
que la mujer, gracias a este entendimiento, tendra una misin elevada,
que sera la de construir una casa en Israel, una casa donde se viva de
acuerdo a la Tor (3). Por otra parte en la Tor aparece: Mosh ascendi a
Dios y l lo llam desde la montaa diciendo: As dirs a la casa de Iaacov
y relatars a los hijos de Israel (Shemot 19). En la interpretacin
rabnica, la casa de Iaacov se refiere a las mujeres y los hijos de
Israel a los hombres. Al ser mencionadas primero se expresa que deben ser
ellas las que transmitan el mensaje al pueblo judo. Esto es significativo,
ya que si consideramos que, tal como seala Lewin, la identidad juda se
apoya en un mecanismo de preservacin de la memoria, recordando y
rememorando el pasado histrico y que son ellas las que tienen esta tarea,
podramos decir que sin mujer juda no podra existir la tradicin ni por
ende tampoco el pueblo judo (4).

Marjorie Agosn expresa que han sido las mujeres las que han tomado
conciencia de la identidad hispanoamericana-juda o juda-hispanoamericana.
Seala que Ana Mara Shua, escritora judo-argentina, repudia la negacin
para decir no al olvido, y compara el trabajo de las arpilleras con el de
la memoria, que en el proceso de escribir se recupera y teje (Agosn,
Escritura, 98). Para ella existen escritoras que estn rescatando la
memoria de lo sagrado y que incluso estn recuperando los pormenores y
secretos de la comida y mesa juda, para integrarlos a un ritual...
(Agosn, Escritura, 94). De hecho, la misma Shua ya ha publicado un libro
dedicado a recetas y ancdotas de la cocina juda.

Tambin Rodrigo Cnovas seala que las genealogas se sustentan en las
voces femeninas, siendo las hijas quienes reanudan el sagrado vnculo
(Cnovas, Mujeres). Y agrega que la mujer es la portadora de la tradicin,
significando la matriz (Cnovas, rabes), cuyo legado es un rito que
genera un nuevo comienzo generacin tras generacin. Avni, refirindose a
los indios judos de Venta Prieta, tambin escribe que la tradicin oral
es transmitida por las ancianas del grupo (Avni), donde se aprecia que
ste era un rol ms femenino que masculino.

El libro Las genealogas, de Margo Glantz, es un texto que recupera la
historia y costumbres de los padres de la autora, inmigrantes rusos-judos
en Mxico. Por medio de una grabadora, la escritora mexicana va relatando
las ancdotas de sus ascendientes, tanto en la Rusia de las primeras
dcadas del siglo XX, como las ocurridas a su llegada como inmigrantes a
Mxico.

Glantz asume, en un discurso que evoca la cotidianidad, que su viaje ser
ir tras la huella de su padre, que es su referente de la tradicin juda.
Para ella, tal como lo sealara Agosn, ser importante el rol de la cocina
y comida juda (sin cocina no hay pueblo, [Glantz, 139] escribe),
detallando recetas de la comunidad y tambin recalcando que su madre, a la
llegada a Mxico, instal un restaurante de comida tpica hebrea.

La tradicin por medio de la mujer tambin es un tema relevante en Sagrada
memoria, libro que relata las vivencias de una nia juda a su llegada a
Chile desde Europa. Valparaso y sobre todo Osorno, ciudad en la que se
observa una profusa naturaleza, sern los escenarios en los cuales se
escriban las costumbres de una familia juda en Chile.

Arturo Flores rescata que es la madre de Marjorie, Frida, quien le confa
la historia. Mientras que para Glantz el pilar era su padre, Flores seala
que para Agosn sern las abuelas de la familia, que van a aparecer
continuamente en el ambiente que es trado al presente (Flores, 108). En
Sagrada memoria es lo femenino lo encargado de portar la tradicin, en
donde las supersticiones eran los ritos cotidianos de mi abuela Sonia
(Agosn, Sagrada, 24). Agosn mezcla supersticin y tradicin, pero
siempre, o es su madre, o son sus abuelas quienes las transmiten. Tambin
se da tiempo para recrear el arte de la cocina: Cuando era nia, mi madre
me adiestraba en los oficios culinarios (Agosn, Sagrada, 39). Al igual
que para Glantz, la comida no es posible separarla de la tradicin.

En el libro Poste restante, de Cynthia Rimsky, una viajera, que por el azar
del destino encuentra un lbum de fotos que registra su apellido, decide
seguir el rastro de aquellas imgenes, lo cual la lleva a los exticos
parajes del Medio Oriente.

Aqu estamos ante un caso un tanto ms especial. Tanto as que Cnovas
escribe estas palabras para referirse a Poste restante: El origen la
familia, la Tierra Prometida, una herencia identitaria tambin puede ser
concebido como una prdida, algo al cual incluso hay que renunciar o,
mejor, transgredirlo (Cnovas, Mujeres, 219). Al respecto, si bien Rimsky
seala que ir de viaj con la excusa de dilucidar el misterio del lbum de
fotos y que adems puede verse este periplo como un acto de independencia
de la protagonista, tambin es importante notar que para ella es relevante
el ir tras la tradicin. Rimsky seala que quera llegar all y pisar la
tierra, enfrentar la gigantesca huella que a pesar de los aos contina
alcanzndome (Rimsky, Rezagos). Y as como para Glantz era el padre y para
Agosn sus abuelas, para Rimsky ser su abuelo la imagen de la nostalgia de
su tradicin. Mi nico anhelo era caminar por Ulanov y ver con tus ojos lo
que tu padre haba visto con los suyos (Rimsky, Poste, 156), le escribe a
su padre.

Y al igual que Glantz y Agosn, tambin Rimsky permite que en su libro
exista un espacio para la comida. Una receta de Limassol (plato tpico de
Chipre) y sus comentarios a los pepinos, razones suficientes para
convencernos de que tambin existe la importancia de la cocina en su
tradicin.

Escenario de guerra relata la vida de una nia-mujer (Tamara) y la relacin
con su familia de ascendencia juda en Chile. Un padre traumado por la
milicia en Europa, una madre enferma y depresiva, sus dos hermanos y un
amante misterioso y oscuro completan el cuadro de esta novela, en la cual
se expresa todo el dao psicolgico que puede ser producido debido al
flagelo de la guerra y a la triste historia del pueblo hebreo.

El hecho de que en el presente la madre se comporte como una persona
enferma y depresiva, pero que antes haya tenido un rol ms relevante y
adecuado en cuanto a la educacin y cercana con sus hijos, permite
vislumbrar en la novela dos aspectos con respecto a su rol: existiran dos
legados, uno estacionado en el pasado, en el cual la madre s ocupara un
lugar relevante y armnico y otro ubicado en el presente, en donde la
tradicin se fragmentara y casi desaparecera y en el cual la figura que
la encarna sera trasladada desde la madre hacia el padre. El punto de
inflexin de este proceso se producira cuando la madre olvida a su hija,
logrando de esta forma que la tradicin materna desaparezca. Al respecto la
protagonista seala: Tengo dos mams. Una, contiene mi presente otra
forma de pasado y esboza lo que viene. La otra, es slo olvido, un agujero
negro y vaga por rincones ajados (Jeftanovic, 80).

Esta antigua dicha, en la cual la familia permaneca unida y la cocina
tiene aromas ms dulces (Jeftanovic, 31) y el horno siempre est tibio
(Jeftanovic, 31), ir poco a poco resquebrajndose. La madre comenzar a
renegar de la tradicin (...no soporta los sbados [Jeftanovic, 130]),
para luego negar a la protagonista. La mam se entregar al tejido, que
como seala Agosn puede ser comparado con el proceso de recuperacin de la
memoria y el legado de las costumbres, pero el resultado sern prendas
mutiladas, simbolizando el quiebre con el pasado.

Y ya que su madre la ha abandonado, Tamara decide recuperar su historia por
medio de su padre. Pero l tambin aparecer como un ser traumado por la
guerra y la vida, por lo que poco podr encontrar.

Es as como resuelve, una vez muerto su padre, partir en un viaje hacia la
tierra natal de l, que le permita vincular de algn modo su vida con su
pasado, lo cual consigue tan slo a medias (nuevamente), ya que una vez
all el hermano gemelo de su pap le relata que ste haba encontrado,
cuando nio, el cadver de su padre tirado en la calle, generando que la
protagonista vuelva a Chile. Y como en el libro de Rimsky, ahora Tamara, al
no ver cerrado el crculo de su viaje, decide inventarse otro periplo, en
el cual intentar encontrar la figura de un desconocido que se encuentra en
una de las fotografas que tomara en la visita a su to. No lo llevar a
cabo, por lo que su legado no se cerrar, como s ocurriera con la
protagonista de Poste restante.

Por el ojo de la cerradura es un relato acerca de tres mujeres (abuela,
hija y nieta) y su historia desde la llegada a Amrica de Viera, la abuela
inmigrante juda. El relato es presentado como tres historias (la de cada
mujer), que en realidad es una, ya que unidas cronolgicamente el libro se
puede ver como un solo gran relato.

Si bien el autor es varn, las protagonistas no lo son y en la novela,
debido a las desavenencias de Marina (la nieta) con su madre, es la abuela
Viera (y no su abuelo o padre) quien tiene el rol de educarla. Adems son
tanto Viera como su hija (incluso sin haber vivido su vida all) quienes
constantemente evocan (con nostalgia) a la Rusia en donde la comunidad
juda tena una parte de su hogar. Adems es Marina quien seala debo
rehacer la senda, andar de nuevo el camino de las mujeres de mi familia
(Scherman, 29), imponindoselo como una obligacin, al igual que Viera,
para quien su nico anhelo, ms all de la inmortalidad, es que sus
entregas permanezcan en el corazn de su hija y de Marina (Scherman, 255),
para as poder continuar el tejido de la memoria.

La novela de Jodorowsky Donde mejor canta un pjaro es la historia de su
rbol genealgico, pero otorgndole, tal como el propio autor lo seala, un
carcter de leyenda, en la cual las historias de sus ascendientes se
multiplican en un entretenido imaginario.

Tanto en el libro de Scherman como en ste, no es posible apreciar una real
importancia hacia la cocina juda ni hacia su legado, posiblemente a causa
de que los textos comentados anteriormente fueron escritos por mujeres.
Pero lo que s seala Jodorowsky explcitamente es que la mujer es su
patria y su identidad, lo cual es importante en un libro como ste, en el
cual el autor parodia constantemente y lo que por un lado toma por
verdadero, en las siguientes pginas lo podemos ver como falso. Es por esto
que, en el texto, Teresa (abuela paterna de Jodorowsky), inmigrante juda
llegada a Chile, s puede verse como una mujer que rivaliza y va en contra
de la tradicin juda, a tal punto de sealar ante una comisin de rabinos
que odia a Dios y la Tor. Finalmente, su descuido hacia su pueblo le
traer consecuencias y se convertir en prostituta de un detective, tras lo
cual volver arrepentida a su familia.

Pero tambin se puede advertir que es la mujer, en este caso Jashe (abuela
materna), quien se pone como misin crear un hogar y una casa para
Alejandro Prullansky (abuelo materno) y su hija Sara Felicidad (madre de
Jodorowsky) en su vida de pobreza. As comenz su lucha para dominar el
espacio (Jodorowsky, 189), seala Jodorowsky, similar esfuerzo al que
realizara otra mujer, Viera, pero esta vez en la novela de Scherman, quien
se esfuerza por montar su casa junto a su hija en un conventillo, cuando su
esposo Samuel las abandon por otra mujer, rescatando una vez ms el valor
del hogar y la familia para la mujer juda.



Discriminacin y marginalidad

As como en la historia del judasmo es posible apreciar que el rol de la
mujer es importante, ya que es ella quien tiene como primera misin el
cuidado de su familia y hogar y con esto el legado de la tradicin, tambin
es posible ver en estos mandatos una suerte de discriminacin, ya que si
bien su tarea es de primera lnea, asimismo le son cerradas las puertas
para desenvolverse en otros mbitos de su vida.

Para Mara Clara Lucchetti la mujer es considerada desde siempre una
perturbacin, debido a su propia corporeidad. Tambin Gil, Pita e Ini lo
ven de esta manera. Para ellas el legado biolgico de ser mujer lleva la
carga del molde aristotlico, en el cual el varn es la norma. Para
Lucchetti, en el judasmo las mujeres comienzan a ser discriminadas desde
su nacimiento, al no poder ser parte del rito de iniciacin (la
circuncisin), lo cual contina al considerar como impuros sus ciclos
menstruales (en la tradicin hebrea durante este periodo no estn
permitidas las relaciones sexuales), valorando tan solo su capacidad de dar
a luz. Adems agrega que en la Iglesia, pese a ser protagonistas,
constituan un ejrcito invisible y poco reconocido.

Gil, Pita e Ini tambin sealan que la presencia de la mujer en el ambiente
domstico se contrapuso a su ausencia en el pblico, lo que organiza en el
nivel social la diferencia sexual. Las mujeres han padecido el encierro en
el hogar y as se han normado ciertos comportamientos aceptables para
ellas.

En cuanto al judasmo, en los tiempos bblicos la sociedad hebrea era de
corte patriarcal y la mujer no estaba obligada a seguir los preceptos
religiosos como los hombres, y su educacin era similar a la que se
otorgaba a los nios, negndoseles la lectura de la Tor y otros libros
sagrados. Se le daba el carcter de ayuda para el esposo y no para s
misma. La Ley Rabnica era tal, que por ejemplo, la mujer poda ser
declarada en niddah (periodo de la menstruacin) aun cuando su cuerpo no lo
manifestase.

Durante el transcurso de la historia la discriminacin ha ido disminuyendo.
El rabino Hirsh, lder de la ortodoxia en Alemania en el siglo XIX, funda
en este tiempo una escuela para mujeres judas y seala que tambin para
las hijas de Israel no es menor la obligacin de estudiar la Tor. Pese a
esto, es consabido que hoy en da an se mantiene relegada a la mujer en
varios aspectos. En la parte legal, por ejemplo, en Israel, a diferencia de
los hombres, una mujer juda no tiene derecho a divorciarse, tal como lo
estipula la ley rabnica y sanciona la ley estatal.

Para Agosn, el hecho de que la mujer (juda) sea considerado lo otro
permite que sea ella quien rescate desde su situacin a entidades
marginales como los analfabetos, las domsticas y los indgenas. Seala que
judos e indgenas tienen mucho en comn y que han sido constantemente
desdeados desde siempre. Al respecto Avni seala que los indios judos
del sur de Chile incluso se proclamaron sionistas en 1917 (Avni) y que su
afn de recordar con suma pertinacia su tradicin, pese al castigo, los
haca muy similares al pueblo hebreo (5).

En Las genealogas podemos ver algunos rasgos de lo anteriormente expuesto.
En su libro, Glantz seala que las mujeres para baarse tenan la mikveh:
Cuando terminaba su tiempo, iba a la mikveh y quedaba kosher para su
marido (Glantz, 34), es decir, haca esto para su marido, para que l
pudiera establecer relaciones puras con su esposa. Adems explica que quien
cuidaba de los baos no poda ser un hombre judo y que las mujeres deban
ocultar su cabello. Glantz pareciera decir estas cosas ms con un carcter
histrico que hacindose parte de ello, insinuando que quizs el excesivo
libertinaje de las costumbres actuales se deba a que los cabellos se
exhiben al aire y a que los baos pblicos de purificacin han pasado de
moda (Glantz, 36). En tono de reclamo, Glantz adems sostiene que su madre
no consigui trabajo en Mxico ya que a la mujer, entonces, no la tomaban
en cuenta. Al respecto Maiz-Pea sostiene que el proceso de lectura,
interpretacin y registro autobiogrfico de Glantz apunta al deseo de
romper cdigos sociales, culturales y sexuales de su momento (Maiz-Pea).
La protagonista tambin agrega que se ha sentido desde siempre tanto
exiliada como nia expsita, integrndose de esta forma con los marginales.

En Sagrada memoria la protagonista vive la discriminacin de una forma ms
violenta. La nia es apedreada e insultada con calificativos como perra
juda o nia juda de mierda. Tal como seala Cnovas, en el mbito
religioso tampoco recibe la atencin de un dios judo demasiado lejano y
no entiende por qu la virgencita no la ayuda (Cnovas, rabes, 33). Pero
esta nia juda ser amparada por las indiecitas y las sirvientas, quienes
la albergaran como una ms dentro de su marginalidad. La figura de Gabriela
Mistral, persistente luchadora por los derechos de los indios y quien
recibe una flor de manos de la protagonista, revelar que en el texto lo
otro, pese a todo el rechazo y la violencia, siempre estar protegido.

Pese a que la protagonista de Poste restante se ve una mujer moderna e
independiente, tal como seala Cnovas es un sujeto itinerante, que se
articula en una red de puntos que slo sealan su orfandad (Cnovas,
Mujeres, 219). La propia Rimsky dice que lo que fui a buscar en ese viaje
a Ucrania fue esa alteridad. Una vez all me di cuenta que lo otro era yo
(Rimsky, Rezagos). De esta forma, tambin la turista rescatar (y ser
rescatada) a ciertos personajes de su aislado mundo: la rumana de la barra
del bar, quien fue violada por un amigo de su padre en su pasado, abre su
secreto ante la protagonista; la hija de un matrimonio turco le muestra la
intimidad de su cuarto y la turista le regala un aro con forma de pjaro
como recuerdo; el joven P. convivir con ella y le comentar que es virgen.

Por otra parte, el tema del casorio obligado tambin es sealado por la
autora. Ante el deseo de su abuela de que se case con un judo rico, ella
apela al argumento del amor, para luego rememorar historias de mujeres de
la colonia que se haban rebelado a su destino, como agradeciendo que los
tiempos ya son otros y ella est en condiciones de elegir.

En la novela de Scherman la culpa es un tema recurrente. Diego,
pretendiente de Marina (la nieta), le recrimina el por qu de cargar con
tamaa mochila. Ella slo atina a responder: Bienaventurado si no has
tenido que soportar una educacin basada en el sentido de la historia como
obligacin tica (Scherman, 51). De aqu en ms el deber y la culpa se
constituyen en una especie de hilo conductor del libro, como el caso de la
hija de Viera (la abuela), quien no puede estudiar letras y filosofa y
debe atenerse a los deseos del padre, que son que cuide de la casa. A su
vez, ella es negada tanto por los dems personajes (su padre Samuel la
abandona, su esposo la maltrata, su hija Marina no le habla) como por el
autor, por ser la nica que no recibe un nombre por parte de ste en su
obra. Tampoco es sencillo que logre la separacin de su esposo Bernardo,
pese a ser su deseo (reprimido), lo cual finalmente ocurre slo cuando ste
la golpea brutalmente.

A contraposicin de las tres obras anteriores, en sta la historia se
centra exclusivamente en las tres mujeres, por lo que otros ambientes
marginales en la obra, ajenos a ellas, no los he logrado vislumbrar.

En Escenario de guerra es posible notar que el cuerpo de la mujer es el que
recibe la discriminacin e incluso la violencia. La protagonista seala que
su madre sufre en su cuerpo y recalca que las heridas estn dentro de l.

Tambin su padre le dice: no quiero sangre en esta casa. (Jeftanovic,
37), refirindose a su periodo menstrual. Creo que lo hace por dos cosas:
la primera, que se aprecia explcitamente en el libro, es el hecho de que
l est traumado por la guerra, por lo que rehuir todos los sucesos que
involucran sangre, dado la cantidad de muertos a los cuales se expuso. Por
otra parte, tambin es posible observar el concepto de impureza que la
tradicin juda le otorga a los flujos de la mujer, lo cual estara un
tanto velado por el primer aspecto.

Al igual que las protagonistas de la novela de Scherman, Tamara tambin
siente la culpa que hereda de la tradicin de su pueblo judo. Es curioso
que ambos autores utilicen el mismo smbolo del boomerang para referirse a
ella: Scherman escribe: ...he estado ciega y, como un boomerang, la vida
me ensea que en la bsqueda del mal menor yace tambin agazapada la
desgracia (Scherman, 169); Jeftanovic: Secciono el pasado en golpes
secos, que se devuelven como boomerangs a mi presente (Jeftanovic, 73). Al
final de la obra, Tamara sostendr a su padre en sus espaldas, lo cual
refleja su apoyo hacia l y lo que tuvo que vivir en su pasado, pero
tambin la pesada herencia que, como las mochilas de las cuales hablaba
Scherman, se heredan debido a la tradicin.

En cuanto a lo marginal, aparece en la figura del maestro que pinta la
casa de sus padres. Ser su madre quien mantendr una relacin sentimental
con l, ocurriendo con esto la desarticulacin de la familia.

En Donde mejor canta un pjaro, podemos apreciar que el autor intenta
rescatar a la mujer en ciertos momentos de la obra. Es as como menciona
que los flujos menstruales de las mujeres poseen un carcter fecundador,
los cuales ayudan a hacer crecer un buen trigo (Jodorowsky, 65). Tambin
Teresa (abuela paterna del protagonista) se revela de la ley de Dios por
considerarla injusta y ms encima deja a su esposo, increpndole que me
pusiste a tu servicio, as como lo hiciera tu padre con su esposa,
obedeciendo al Gran Canalla (Jodorowsky, 117). Y si ella se siente usada y
menoscabada por su marido, el personaje con el cual se va es el ms
discriminado de todos: un hombre-mono, quien desde pequeo no fue
considerado ms que un animal. Junto a l forjar su nuevo destino,
intentando juntos poner fin al rechazo. Como se mencion antes, Teresa
falla al contradecir esta ley divina (situacin homloga a la de la madre
de Tamara en Escenario de guerra y su relacin con el maestro, ya que
debido a esto, la familia se desploma), poniendo en duda si realmente la
mujer ser capaz de revertir su situacin de marginal.

Tambin la figura del hijo de Teresa y Serafn (el hombre-mono) puede ser
vista como un intento de dar a la mujer el sitio que le corresponde: un ser
andrgino, un nuevo mesas, que no es ni hombre ni mujer, sino los dos,
ambos necesarios para los nuevos tiempos.



Escritura de la mujer

Agosn explica que la escritura de la mujer es una forma de hacer frente a
la violencia endmica que ha existido siempre sobre ellas. El rechazo a
esta violencia se manifiesta a travs de la interioridad del lenguaje
(Agosn, Lenguaje, 125) por medio de textos que estn ligados al silencio,
al cuchicheo y a la invisibilidad. Tambin seala que el acto de escritura
es una manera de expresar la rabia y un deseo de reafirmar su existencia.
Para ella la mujer ha sido siempre la otra y recalca las palabras de
Cixous, quien seala que las mujeres deben escribir su cuerpo y al hacerlo
liberarn su inconsciente que ha sido silenciado hasta ahora (Agosn,
Silencio, 14). Es por esto que Agosn dice que escribir como mujer ser
escaparse del falocentrismo y del discurso masculino dominante.

Tambin es posible ver la escritura femenina como un nuevo soporte. Por
medio de ella, la mujer crea un nuevo mundo el cual desplaza y se impone
ante el mundo real que la discrimina y rechaza. Al respecto Cnovas seala
que si bien existe una serie de textos chilenos donde la mujer aparece como
madre, hurfana y solitaria, tambin es cierto que por medio de los mismos
ellas recomponen la memoria familiar de la estirpe.

En cuanto al gnero autobiogrfico, Arturo Flores seala que la diferencia
entre un relato de este tipo y uno ficticio es que en el primero el autor,
narrador y protagonista tienen una misma identidad que corresponde al yo
sujeto de la enunciacin (Flores, 100). Esto es importante ya que as la
autobiografa es tomada como verdadera por parte del lector. En cuanto a la
autobiografa femenina, Estelle Jelinek seala que la mujer tiene una
manera de escribir diferente a la del hombre, la cual se caracteriza por la
fragmentacin, la falta de progresin y la diversidad y dispersin de
unidades significativas. Esto lo retoma Maiz-Pea agregando que la
escritura masculina es ms cronolgica, lineal, coherente y pblica,
oponindose a la ms personal, ntima, subversiva y comunitaria del sujeto
femenino. Flores tambin seala que pocas veces en los textos
autobiogrficos de mujeres aparecen descritas las condiciones histricas y
sociales establecidas.

En cuanto al anlisis de nuestros textos, Las genealogas es un libro que
se desarrolla en base a ancdotas familiares y en el cual no se aprecian,
tal como vaticinara Flores, grandes captulos o comentarios relativos a
situaciones histricas o sociales. En cambio, segn Maiz-Pea, Margo Glantz
s est obsesionada por una bsqueda original, por un estilo y un espacio
individual (Maiz-Pea), logrando de esta manera reubicarse en el mundo por
medio de su texto. Por otra parte, el carcter comunitario del libro se
aprecia en el hecho de que su historia es creada y compartida por su
familia (sus padres y su hija). Adems el formato de preguntas y
respuestas, el crear y estar dentro de una escena hogarea ntima y el
hecho de que seale que ella transcribe los dilogos, permiten afianzar la
confiabilidad del lector.

En Sagrada memoria, libro marcado por un lenguaje potico particular,
Cnovas seala que escuchamos un coro de voces femeninas (Cnovas,
Mujeres, 218), que corresponden a las de la hija, la madre y las abuelas.
Para l, lo que predomina en el texto es la rabia ante la discriminacin,
lo que es posible observar en las constantes lneas del libro que recuerdan
con dolor y clera escenas del holocausto y tortura nazi en contra de
judos. Cnovas seala que la escritura no est all para lograr una
conciliacin, sino para remendar, dejando la costura a la vista (Cnovas,
rabes, 32), logrando de esta manera la denuncia.

Por otra parte, Flores dice que si bien Agosn rompe el pacto de la
autobiografa (en el cual autor, narrador y protagonista tienen una misma
identidad), ya que la autora no cuenta la historia de ella sino que la de
su madre Frida, tambin seala que luego lo retoma por el hecho de
transformarse en un nia de trece aos, con lo cual regresa la confianza de
parte del lector hacia el relato ntimo.

Otro aspecto que seala Flores es que a pesar de ser una obra al parecer
enmarcada en un acontecimiento como el holocausto, el contexto
histrico-ideolgico est definitivamente relegado a un segundo plano
(Flores, 108-109). Creo disentir en esta observacin. Si bien reconozco que
el episodio histrico del holocausto est reflejado explcitamente en pocas
lneas del texto, creo tambin que la escritura de Agosn en Sagrada
memoria evoca constantemente, gracias a esas escasas menciones llenas de
ira y rabia, una denuncia y una ideologa en la cual se reprocha
constantemente el periodo aludido y que el hecho de su casi invisible
existencia en el libro no se corresponde sino con el tipo de resistencia
femenino, en el cual, como seala Agosn, la mujer siempre ha estado ms
cerca del silencio que de la escritura porque su acceso al habla siempre ha
sido marginal (Agosn, Silencio,15) y tal como lo mencionara antes, la
violencia como negacin, aparece en silencio, como huella de palabras que
son signos de una violencia endmica. (Agosn, Lenguaje, 126).

En cuanto al texto de Rimsky, Rodrigo Cnovas seala que en l existe un
sujeto protagonista en busca de un soporte existencial, que en parte es
remediado por el ejercicio de la escritura del mismo libro (Cnovas,
Mujeres, 226). Al respecto la autora, en Rezagos, cita a Maurice Blanchot:
Quien escribe est en el destierro de la escritura; all est su patria
donde no es profeta (Rimsky, Rezagos). Soporte existencial, que en parte
es remediado, no es profeta en su escritura. Tal vez el carcter
posmoderno que ve Cnovas en la obra tenga que ver con esta incerteza del
libro, el cual es piedra de apoyo para los pies de la autora, pero a su vez
gnesis de incertidumbre.

Continuando con la lnea de Flores, podemos sealar que en el texto no
aparecen sealados en mayor medida sucesos histricos o sociales, y con
respecto a la autenticidad de la autobiografa, creo que algo que genera
confiabilidad en el lector es el hecho de exponer en el libro las
fotografas del lbum, que son la excusa del viaje, as como tambin la
intercalacin de cartas de parientes y amigos que aumentan la veracidad de
ste.

Por ltimo, en Escenario de guerra tampoco podemos ver un marcado enfoque
hacia acontecimientos histricos y sociales, ya que si bien por la
televisin est siempre presente el motivo de la guerra, creo que es la
historia ntima de la familia lo que prevalece en el libro.

El relato, como mencionara antes Maiz-Pea con respecto a la escritura
autobiogrfica de la mujer, se presenta de forma fragmentaria y dispersa.
Por medio de l, la protagonista va rearticulando su propia otra
identidad, ya que como seala Cnovas, la nica salida para esta
abandonada es la construccin de un espacio propio, la escritura, su
cuaderno azul.... (Cnovas, Mujeres, 224). De esta manera, Jeftanovic
lograr intercambiar su marca judaica por una letra identitaria (Cnovas,
Mujeres, 226).



Notas

1. En este captulo se analizarn slo los textos de las autoras mujeres
   antes mencionadas.

2. Libro que corresponde al Gnesis de la Tor.

3. Al respecto Lewin seala que los judos se sienten moralmente obligados
   a mantener o recuperar la casa juda  (Qtd Massmann), rol que por
   historia le corresponde a la mujer hebrea.

4. Es interesante destacar que este ao 2006, en el marco del Da
   Internacional de la Mujer, la Intendencia Regional de Valparaso premi
   como Mujer Destacada a Claudia Kravetz, presidenta de la Juventud
   Juda de Chile, ya que se ha esforzado por mostrar a la sociedad civil,
   la cultura y tradicin de su pueblo.

5. Al respecto quisiera rescatar el testimonio de Juana Paillalef, relativo
   a ser una mujer mapuche. Ella sostiene que el serlo se corresponde con
   una persona que no concuerda con el prototipo esperado en la sociedad,
   enseado en las escuelas de Chile sin ningn tipo de cuestionamiento
   (como ciertas leyes rabnicas) y que durante su vida vivi muchas
   persecuciones y discriminaciones. Pese esto, un buen motivo que ha
   permitido que ella contine siendo lo que es se lo otorga a su familia,
   que por medio de una tradicin oral ha mantenido vivas las races de su
   pueblo. Como se ve, al igual que para el pueblo judo, discriminacin,
   tradicin oral y familia son todos conceptos relevantes en los mapuches.



Bibliografa

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  literatura latinoamericana. Taller de Letras 32 (2003): 125-126.
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  Ediciones S.A., 1999.

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  . Rezagos. Revista Patrimonio Cultural (2001).

 SCHERMAN, Jorge. Por el ojo de la cerradura. Chile: Editorial Cuarto
  Propio, 1999.

** Roberto ngel G.
   rangel@uc.cl
   Crtico literario chileno (1978). Aspirante al grado de magster en
   literatura hispanoamericana en la Pontificia Universidad Catlica de
   Chile (http://www.puc.cl), casa de estudios en la cual tambin realiz
   sus estudios de pregrado.



=== Civilizacin y barbarie      Jorge Majfud =============================

      Incluyen nuestros valores la imposicin de nuestros valores? De cmo
      presentar el horror propio como una novedad ajena.

En un discurso ante el World Affairs Council de Los Angeles, el primer
ministro ingls, Tony Blair, dijo que todas las luchas que libran los
pases libres alrededor del mundo son para defender nuestros valores. No
es solo sobre seguridad, dijo el primer ministro, o sobre tcticas
militares; se trata de mentes y de corazones. Se trata de inspirar a la
gente y persuadirlos sobre la integridad de nuestros valores [...] Se trata
de demostrarles que nuestro sistema de valores es robusto, verdadero y
vencer sobre los suyos (CNN, 1 de agosto de 2006).

Como todo discurso, tambin ste va dirigido a una masa previamente
modelada. Bastara con observar que diferenciar tcticas militares con
mentes y corazones no es ms que un nuevo y falso dilema hecho a la
medida del consumidor. Qu sera de los ejrcitos del mundo ultramoderno
si no contaran con el apoyo cmplice de las mentes y los corazones de los
pueblos? Pero basta con que el ministro trace otra lnea en el suelo para
imponer la nueva dicotoma: no se trata slo de tirar bombas; se trata de
conquistar los corazones. El pblico deber asumir que nuestra conquista de
los corazones se realiza con Amor, mientras la conquista del fanatismo
ajeno se realiza con Odio. Ya en otro ensayo me ocup de este punto, de la
cultura del odio, que es el principal instrumento de dominacin que
comparten hoy en da los supuestos adversarios, las supuestas
civilizaciones en conflicto. Veamos ahora brevemente el problema de
nuestros valores.

Es lgico y natural que todos consideremos nuestros valores como superiores
a los valores ajenos; si no fuera as, adoptaramos otros valores. El
problema surge cuando en nombre de unos valores se materializan realidades
opuestas. Como por ejemplo: en nombre de la tolerancia se suprime al
diferente; en nombre de la compasin se bombardean ciudades; en nombre de
la vida se riega los campos de muerte. En nombre de la defensa de nuestros
valores que incluye la aceptacin del otro se invaden pases lejanos
para imponer nuestros valores.

Creo que la pregunta central aqu sera: Nuestros valores incluyen la
imposicin de nuestros valores? El ministro ha hablado de persuasin
(Its about inspiring people, persuading them). Pero habr que reconocer
que la guerra como forma de persuasin es un sofisma antiguo que slo
sobrevive gracias a la inagotable estupidez humana que se renueva con cada
generacin. No tenemos aqu un dilema que exige el principio de
no-contradiccin?: o se persuade o se impone. La persuasin no es el primer
recurso, sino el amable complemento para quienes sobreviven a la sagrada
imposicin.

Pero he aqu una nueva muestra de lo que he llamado la colonizacin del
lenguaje. Por qu se llam conquista a la usurpacin, robo,
esclavizacin y masacre de pueblos enteros en Amrica? O hay dos formas de
conquistas (una por seduccin; otra por imposicin) y no nos aclararon de
qu acepcin se trataba, o hay una palabra colonizada: si un asitico
conquista, eso es barbarie; si un occidental conquista, eso es seduccin. Y
seguramente lo mismo podemos decir desde la otra perspectiva.

Manuel Gonzlez Prada, en 1908 observaba la costumbre de los tericos
europeos al especular sobre las razas. Muchos deca el intelectual
peruano se refieren a la solidaridad entre los hombres civilizados de la
raza europea frente a la Naturaleza y la barbarie humana. Donde se lee
barbarie humana tradzcase hombre sin pellejo blanco.

No es mi intencin separar de forma absoluta el discurso (la narrativa
ideolgica de la realidad) de los hechos. No obstante, decir y hacer
todava siguen siendo dos cosas diferentes. Veamos, entonces, algunos
hechos histricos.

En la antigedad eran los pueblos brbaros los que solan invadir las
civilizaciones ms avanzadas. No obstante, desde las invasiones musulmanas
a Espaa y las turcas en el este de Europa, el proceso ha sido
abrumadoramente el contrario. Cundo en los ltimos quinientos aos, una
tribu africana, un pueblo sudamericano, un pas asitico ha invadido Europa
o Estados Unidos, es decir, los centros civilizados del mundo? A lo sumo
la invasin ha sido pacfica, en forma de productiva inmigracin, por
necesidad y no por desbordada ambicin. Pero nunca militar; ni siquiera
ideolgica. Las invasiones de defensa han procedido siempre desde el
centro a la periferia, del mundo civilizado hacia los pueblos brbaros.
As han procedido todos los imperios orgullosamente llamados
occidentales: el imperio romano (por no comenzar con Alejandro), el
imperio espaol, la Francia imperialista, el imperio britnico y el imperio
norteamericano. Siempre en nombre de Dios, la Libertad, la Democracia y la
Civilizacin; todo lo cual se resume en una nica bandera: la defensa de
los mejores valores los nuestros.

Lo que significa que esos valores han sido, principalmente, los valores
de la invasin de territorios ajenos por la fuerza de las armas y del
dinero. Por lo tanto, no invadir a un pas ms dbil es entendido como una
forma de traicin a esos valores occidentales tanto como criticarlo.

En nuestro tiempo, el hecho de que exista la doctrina de la singularidad de
Estados Unidos no tiene nada de singular. La (arbitraria) singularidad
justifica la imposicin de los valores propios. Lo mismo han pensado todos
o casi todos los pueblos del mundo primitivo, especialmente aquellos que
por alguna razn material han predominado sobre otros ms dbiles. La
fuerza es el mayor legitimador de la barbarie, porque el xito siempre
procede de dios. La idea de singularidad habilita a soslayar las mismas
leyes que se les imponen a otros. Predomino, luego fui elegido por mi alta
moral. Incluso los pigmeos y no hago alusin al tamao fsico se
consideran los verdaderos hombres. No tiene nada de particular, entonces,
que en Estados Unidos los lderes religiosos consideren que este es el
nuevo pueblo elegido. Si cien pases votan en la ONU por no y uno o dos
votan por s, eso no es entendido como una derrota abrumadora de Uno o Dos.
Por el contrario, es una prueba de que el mundo es malo y aun as es
salvado por Uno o Dos pueblos elegidos por Dios. Porque Dios no puede
beneficiar a todos los pueblos por igual y llamar a todos los pueblos
pueblos elegidos. Esta es la razn lgica de la singularidad. La razn
prctica se demuestra con la superioridad militar de uno o dos sobre cien o
doscientos, lo que hace cualquier votacin una muestra irrefutable de la
impotencia de cien o doscientos contra la voluntad de Dios. Cuando un
pueblo elegido sufre una catstrofe (natural, econmica o militar), es tan
grande su singularidad y su excepcionalidad, que la tragedia nunca es
atribuida a Dios sino a fenmenos naturales o a la maldad humana. Es el
nico momento cuando los fanticos religiosos se acuerdan de la Naturaleza.

Tampoco tiene nada de singular ni de novedoso para la historia el hecho de
que hoy sea Estados Unidos el pas que ms influencia tiene en el mundo
para bien y para mal y al mismo tiempo sus habitantes sean las personas
que ms ignoran lo que pasa ms all de sus fronteras.

Por otra parte, todas estas paradojas toda esta singularidad, no es
propia de una raza o de un pueblo en particular o de una religin: es
propia del vencedor.

ngel Gavinet anotaba, a finales del siglo XIX: Yo quisiera ver ha
escrito Cobden un mapa del mundo segn la proyeccin de Mercator, con
puntos rojos marcados en todos aquellos lugares en que los ingleses han
dado alguna batalla; saltara a la vista que, al contrario de todos los
dems pueblos, el pueblo ingls lucha desde hace siete siglos contra
enemigos extranjeros en todas partes menos en Inglaterra. Ser preciso
decir una palabra ms para demostrar que somos el pueblo ms agresivo del
mundo?. Aos antes, en 1866, el ecuatoriano Juan Montalvo escriba: Los
pueblos ms civilizados, aquellos cuya inteligencia se ha encumbrado hasta
el mismo cielo y cuyas prcticas caminan a un paso con la moral, no
renuncian a la guerra: sus pechos estn ardiendo siempre, su corazn celoso
salta con mpetus de exterminacin. Y ms adelante: La paz de Europa no
es la paz de Jesucristo, no: la paz de Europa es la paz de Francia e
Inglaterra, la desconfianza, el temor recproco, la amenaza; la una tiene
ejrcitos para sojuzgar el mundo, y slo as cree en paz; la otra se dilata
por los mares, se apodera de todos los estrechos, domina las fortalezas ms
importantes de la Tierra, y slo as cree en paz. Los zuavos, los husares,
los cazadores de Vincennes son la paz de Francia; los buques acorazados,
Gibraltar, Malta son la paz de Inglaterra [...]. Rusia ahogando a Polonia,
ahorcndola, azotndola, mandndola a los steeps de Siberia, es la paz de
Europa. La Gran Puerta degollando, desterrando, aniquilando a mansalva a
los montenegrinos, es la paz de Europa. Prusia defendiendo el derecho
divino, oprimiendo a Dinamarca.... En 1942, Alfonso Reyes recordaba al
primer ensayista francs: Es cierto, se deca Montaigne, que aquellos
indgenas [de las Amazonas] son canbales, pero no es peor que comerse a
sus semejantes el esclavizar y consumir, como lo hace el europeo, a las
nueve dcimas partes de la humanidad? Amrica tortura a sus prisioneros de
guerra; pero Europa, piensa Montaigne, se permite mayores torturas en
nombre de la religin y la justicia. El mismo Juan Montalvo haba
observado: El tigre devora al corzo, pero vemos que jams el tigre devora
al tigre, ni el oso al oso, el buitre al buitre? Slo el hombre devora al
hombre y en esto viene a ser peor condicin que la bestia misma.

Ahora, si las diferencias religiosas fueran tan importantes como lo
promueve la ideologa de The Clash of Civilizations, las diferentes
comunidades en un mismo pas viviran en permanente guerra. La razn de los
conflictos mundiales radican en los intereses del poder, y stos generan
las ideologas y los discursos moralizantes que las sostienen.

La cultura del odio es el instrumento democrtico del cual se sirve el
clculo del inters, que es el fin aristocrtico. La lgica nos dice que la
repetida y saturada invocacin a Dios por parte de los fanticos de un
lado, debera hacer reflexionar a los fanticos del otro bando que recurren
a la misma invocacin divina con la misma insistencia. La locura ajena
debera iluminar la locura propia: secuestrar a Dios es una pretensin
arbitraria y criminal. Sin embargo, observamos que el efecto es
estrictamente el contrario: los fanticos de un lado y del otro profundizan
el mismo recurso sin ver la paja en el ojo propio. Lo que bastara para
demostrar que no los gua la razn ni la sensatez, sino el mismo fanatismo.
Pero cmo explicarle esto a un fantico que se cree elegido por Dios?

An mantengo la creencia en el progreso de la historia. Pero cuando miro el
repetido horror del cerebro humano, cometido en nombre de la Verdadera
Religin y de los Mejores Valores, lo nico que le pido a Dios es que
exista.

** Jorge Majfud
   jmajfud@hotmail.com
   Escritor uruguayo (Tacuaremb, 1969). Arquitecto graduado en la
   Universidad de la Repblica del Uruguay (1996). Ha sido profesor en la
   Universidad Hispanoamericana de Costa Rica y en la Escuela Tcnica del
   Uruguay, donde ha enseado artes y matemticas. Ensea literatura
   latinoamericana en la Universidad de Georgia, Estados Unidos. Ha
   publicado las novelas Hacia qu patrias del silencio (memorias de un
   desaparecido) (Graffiti, Montevideo, Uruguay, 1996; Baile del Sol,
   Tenerife, Espaa, 2001) y La reina de Amrica (Baile del Sol, 2001), el
   libro de crnicas 9 viajes (Trilce, Montevideo, 2002) y los libros de
   ensayo Crtica de la pasin pura (Graffiti, 1998; HCR, Virginia, EUA,
   1999; Argenta, Buenos Aires, Argentina, 2000) y El tiempo que me toc
   vivir (2004). Tambin textos suyos aparecen en Entre siglos-Entre
   sculos: autores latinoamericanos a fin de siglo (Pilar Edioes,
   Brasilia, Brasil; Bianchi Editores, Montevideo, 1999). Cuentos y
   artculos suyos han sido publicados en diarios, revistas y selecciones,
   como La Repblica, El Pas, La Vanguardia, Rebelin, Resource Center of
   The Americas, Revista Iberoamericana, Eco Latino, Jornada, Centre des
   Mdias Alternatifs du Qubec y otros. Es miembro del Comit Cientfico
   de la revista Araucaria de Espaa. Ha colaborado en la redaccin de
   Enciclopedia de Pensamiento Alternativo (Buenos Aires). Sus ensayos y
   artculos han sido traducidos al ingls, francs, portugus y alemn. En
   2001 recibi mencin del Premio Casa de las Amricas, Cuba, por La reina
   de Amrica. Obtuvo el Premio Excellence in Research Award in Humanities
   & Letters, UGA (Estados Unidos, 2006).



|||||||||||||||||||||||||||||||    LETRAS    ||||||||||||||||||||||||||||||

   *** Los pezones de Alicia
       Carolina Lozada

   *** Poemas
       Javier Raya

   *** Domingo de visita
       Yamileth Latorre Quintana

   *** Poemas
       Nora Nani

   *** Relatos
       Alberto Hernndez Cobo

   *** Poemas
       Goyette Dos Gallos

   *** Pasajera
       Sergio Borao Llop

   *** Poemas
       Adriana Lamela

   *** La guerra
       Ana Isabel Hibert

   *** Poemas
       Martha Espejo

   *** Lo que no esperas
       Miguel Corrochano

   *** La muchacha
       Moiss Sandoval Caldern

   *** Poemas
       Rubn Eduardo Gmez

   *** La ltima carta
       Severo Insausti

   *** Poemas
       Ernesto Carrin



=== Los pezones de Alicia      Carolina Lozada ============================

                                         Soy el soldado de tu lado malvado.
                                                                  Calamaro.

Los pezones de Alicia son como dos medallones chilenos, grandes y oscuros.
Ella sabe que me matan sus pezones, por eso cuando voy a buscarla, baja
corriendo las escaleras con una diminuta blusa color rosa sin sostenes que
retengan esas delicias del Pacfico. Yo la veo bajar y observo cmo se
mueven sus frutas marinas. La tomo entre mis brazos y trato de aferrarme lo
ms posible a su pecho henchido. Ella lo disfruta al principio, pero luego
me pide que la suelte un poco, que le estoy cortando la respiracin. Si
Alicia supiera que eso es lo que quiero, ahogarle la respiracin con mi
abrazo y mis besos infinitos y mortales.

Salimos, es sbado y esta noche vamos a bailar en la discoteca frente al
mar. Haremos el amor y yo comer sus medallones chilenos. En la discoteca
Alicia baila y su cuerpo se vuelve liviano como la espuma, sus
espeluznantes caderas tropiezan con mi miembro, su respiracin jadeante me
enloquece en medio del baile. Le tomo los senos y se los acaricio
violentamente, hasta que se los lastimo. Ella, molesta, me aparta y sale de
la pista de baile, yo la sigo con desesperacin y le pido disculpas. Con
mimos y palabras bonitas logro calmarla y la convenzo de ir a la orilla de
la playa. Llegados hasta ese lugar, observados por los ojos acuticos, nos
besamos y arrastramos por la arena. Le desnudo los senos y sus pezones
surgen como ojos que me observan desde sus pechos y logran atrapar toda mi
atencin, olvidndome de quitarle su falda y bragas. Sus pezones me atrapan
de tal manera que no me interesa desnudarle su jadeante sexo de vellos
petroleros. Slo me interesa mirar y lamer ese par de medallones que se me
ofrecen como animales mitolgicos y salvajes.

Alicia comienza a incomodarse por mi desatencin hacia su parte de abajo
que implora llorosa por mi lengua y mi falo. Pero tanto Alicia como su
parte de abajo no entienden que soy prisionero de sus pezones, que no soy
ms que un miserable esclavo de ese par de lunas oscuras que como imanes
atraen mi mirada y mis manos. Y lo que en principio fue el placer mrbido
de la mirada por ver ese par de estrellas sonrosadas sobre sus pechos
galopantes, se convirti en una fijacin enfermiza que no me dejaba
disfrutar el resto de su cuerpo, y pronto entend que deba eliminarlos. Y
antes que ellos leyeran mis pensamientos, me di a la tarea de lamerlos y
endulzarlos y al hacerlo senta cmo respiraban gozosos y al mismo tiempo
perciba el calor rabioso de su despechada entrepierna que intentaba morder
mi falo ante mi indiferencia por esa zona de volcanes y maremotos.

Luego de los besos y lametazos, cuando los pezones embrujadores estaban ms
acaramelados, lanc mi primera estocada. Un gran mordisco cuyo dolor hizo
gritar a Alicia, pero como ya todo estaba previsto, le haba tapado la
boca. Luego vino el otro mordisco a ambas puntillas y pronto unas leves
lneas de sangre como sonrisas comenzaron a surgir de sus malignos pezones.
Al ver la sangre supe que tena que acabar rpido el trabajo, as que
comenc a morder atropellada e insistentemente, hasta que las finas lneas
escarlatas se convirtieron en gruesos borbotones de sangre oscurecida,
mientras que las mejillas de Alicia iban perdiendo color y vida y sus
gritos se fueron apagando, a tal punto que al final no eran ms que leves
gemidos de gata moribunda. Los pezones fueron cediendo ante la insistente
mordida y cayeron uno a uno en mis manos que los recogieron y lanzaron al
mar, esperando que algn da llegaran al Pacfico, de donde seguramente,
haban salido.

De repente el cuerpo de Alicia dej de moverse y quejarse y un fro arrop
toda su piel que hasta hace minutos era fuego. Me levant y emprend mi
camino, ya pronto amanecera y no es mi estilo andar por la calle con luz
de da.

** Carolina Lozada
   natalia_linacero@hotmail.com
   Escritora venezolana (Valera, Trujillo, 1974). Licenciada en letras
   mencin lengua y literatura hispanoamericana y venezolana (Universidad
   de Los Andes, ULA, http://www.ula.ve, Mrida). Ganadora del I Certamen
   de Relatos Breves El Pas Literario (Madrid, 2005). Mencin
   publicacin en el I Certamen de Narrativa Salvador Garmendia (Caracas,
   2006). Mencin de honor en el II Concurso de Narrativa Antonio Mrquez
   Salas de la Asociacin de Escritores de Mrida (Mrida, 2005). Ha
   realizado trabajos de investigacin literaria para la ULA. Correctora de
   estilo en diarios regionales. Actualmente forma parte del taller de
   narrativa del Centro de Estudios Latinoamericanos Rmulo Gallegos
   (Celarg, http://www.celarg.org.ve), impartido por el profesor Luis
   Barrera Linares.



=== Poemas      Javier Raya ===============================================

*** Hundimiento del da

Encallado en su inabarcable fuga,
hierve el da tras el horizonte,
desanudando el vendaje sucio
de la herida solar.
En el vuelco de otra ola
convergen los siglos enlutados
al velamen de su marcha.
Chorro de luz crujiendo
la inmolacin del astro,
la memoria irrespirable,
cada gaviota en su asidero.
La potestad humana se hunde a veces
como el da,
con toneles de vino y tesoros
gravitables hacia el fondo.

Todo as est en orden.



*** Arribo

Vine aqu buscando mi sombra.

Ando bajo la lluvia, soy lluvia.
El motivo de la respiracin era mi fardo, mi herrumbre,
pero aqu estoy, soy lluvia, te escucho,
dime lo tuyo en los postigos del sueo,
sobre la lmpara inmoladora de palomillas.
Necesitas silencio, un grito preado
de aire vaco para decirte,
la hoja predispuesta sobre el escritorio
y razonable calma.

El gatillo marca la hora.
Te esperaba y te instalaste.
Yo escribo mientras te esperando,
fuera llueve, nadie sale, no digas puerta,
conjura lo conjurable de esta noche:
dime lo tuyo.

Eclosionas: veo tu rostro a la orilla
del humo, tu paso cimbra los animales de mi sueo.
Te escribo: llegas o estuviste siempre
atada de manos a mis manos, detrs de las cerraduras
que ocultan el polvo, detrs de los objetos,
como humo en la visin, persiguindome.

Vine aqu buscando tu sombra.



*** Irritado de rito...

      a Toms Segovia

Irritado de rito,
hastiado de la vuelta
siempre derretida
hacia el mismo espacio,
con la misma cadencia
de alas que son hojas,
de ros que son polvo
de ramas que son vuelo,
voy sin ti por las mrgenes buscando mis pedazos.

** Javier Raya
   raya.ja@gmail.com
   Poeta mexicano (Mxico, D.F., 1985). Ha hecho estudios de literatura en
   la filial de Quertaro, donde reside, de la Sociedad General de
   Escritores de Mxico (Sogem, http://www.sogem.org.mx), y en el Seminario
   de Creacin Literaria del Centro Estatal de Formacin Artstica y
   Cultural (Cefac). Fue miembro del consejo editorial de la revista
   Crtalo Nueva poca. Mantiene el blog de poesa La casa invisible, en
   http://javierraya.blogspot.com.



=== Domingo de visita      Yamileth Latorre Quintana ======================

Una hernia es una enemiga seria. Convierte mi andar en casi una splica, me
aguijonea para hacerme pedir que por favor la vida no transcurra tan
rpido. Que al menos los altos de los buses sean menos breves y me den
tiempo siquiera de que mi pierna izquierda alcance a la derecha sin
complicaciones, dndole un respiro a mi fatigada dignidad. Quin lo dira?
Los domingos de visita ya no me gustan. Se me antojan cada vez ms
lnguidos, pesados. Estn como ausentes de las risas en coro, de esa
alegra a dos o tres voces. Ya no tienen el aroma de las viandas preparadas
con esmero y anticipacin. Y, sobre todo, carecen de ese alguien poseedor
de la misma sangre, o al menos de las mismas ilusiones, en las venas a
quien visitar.

Igual, hoy hice mi mejor intento para salir del encierro o, mejor dicho,
para sacar a pasear mi encierro. Pens: doa Delmira y el compadre Carlos
se pondrn felices al verme. Claro, un poquito ms la doa, que nunca se
cans de mandarme recados, como lo haca con Carmelita, preguntndome:
Cmo anda la familia, don Pedro?. Que mana la de esta seora.
Preguntarme por la familia, sabiendo bien que cuando los hijos crecen ponen
un pie fuera de casa, consiguen el marido, la mujer. Se largan lo ms lejos
posible a disfrutar su independencia. Y ni ms. Pero para qu hacrselo
recordar, seguro que lo sabe, y bien, pero finge no estar al tanto.

Y cuando hablo de fingir, yo prefiero hablar del disimulo. Que es casi un
arte de restauracin y una filosofa, tambin de restauracin. Es una forma
de devolverle los colores naturales a las cosas, aunque en el fondo sepamos
que han sido trastocadas por inslitos pinceles. Pero hablar del disimulo
con ella sera un problema mayor, qu va a saber de todo eso esta mujer,
que nunca oculta el rubor en sus cachetes mofletudos cuando me ve venir. Y
el compadre Carlos tambin finge no estar al tanto, por eso son tal para
cual. El disimulo lo restaura todo. S, cmo no.

Por eso yo disimulo cada vez que siento manifestarse con ms fuerza este
infame bulto que destruye mis tejidos, pero nunca es suficiente. Me duele
la hernia, s seores. Pero, por qu he de quejarme?, me duelen tantas
cosas: los domingos de visita, los hijos que ni ms, el rumor de las calles
como ausentes de ella, mi voluntad que nunca es suficiente, me duelen
tantas cosas propias y ajenas, me duelen estas reflexiones y este solo
dolor. Y he llegado a pensar que as est bien. Mientras la vida an me
duela, ser seal de que estoy vivo. Cuando ya no haya dolor, habr muerte.
Estoy convencido.

Pero he de aclarar que yo no tengo nada contra el compadre Carlos, mucho
menos contra la comadre Delmira. Es slo que cada vez me gustan menos los
domingos de visita y aun as los siento como un deber, una tradicin
familiar que no voy a ser yo quien la eche a perder, no seores. Pero esta
maana, a pesar de olvidarme que tengo ms de 80 aos, varias veces slo he
llegado hasta el estribo de la 35B antes de darme la vuelta y poner los
pies en la tierra, derrotado. Pronto necesitar que alguien me lleve del
brazo y me ayude a subir todos los caprichosos escalones que se me crucen
en el camino. Ni el disimulo puede contra estos. Algn da que ya lo
siento como si fuera hoy se tiene que perder la independencia ganada, no
hablo slo de aquella obtenida al salir de casa dando un portazo, sino
tambin de esa que merece una efigie por lo arduo de la conquista. Lo
entiendo ahora: hay tantas clases de crceles como las hay de presos.

Y logr subirme a la lnea 35B, acompasando el dolor con la recompensa de
mi propsito cumplido. Yo saba desde que me levant de la cama que no iba
a ser misin sencilla sacar a pasear mi encierro y llevarlo de visita a
casa de don Carlos y doa Delmira. Lo peor fue cuando ya en el bus unos
jovenzuelos se negaron a cederme el asiento reservado (debo reconocer que
tengo algo de culpa en esto: siempre ando aparentando excesiva
suficiencia), pero esta vez me haba cansado de mostrar tanta amabilidad y
complacencia ante tanta indiferencia. Antes de ordenar bien las ideas, mi
hernia se anim a dar un discurso de cmo era la vida antao y ogao en
Lima, les restregu en sus odos capitalinos-mestizos que los efebos
respetaban a los ancianos. Y, como yo soy un hombre de escuela, les dije
que los ancianos son el banco de conocimiento de la humanidad y que haba
que honrar su presente, ms que su pasado.

Cuando el carro dobl por la avenida Manco Cpac, en La Victoria, mi hernia
y yo nos entregamos al reposo, faltaban pocas cuadras para llegar a casa de
doa Delmira. Algunos hasta creyeron que deban pagar mis reprimendas con
centavos. Sonrojado hasta los tobillos me negu a recibirlos (no en vano
haba defendido con tanta vehemencia mi vapuleada dignidad), a pesar de que
me hubieran sido tiles para pagar el pasaje con recargo por feriado.
Cundo entender que a esta edad ya no se est para mirar con desdn unas
cuantas monedas ms en los bolsillos.

Y alguna vez tambin tena que pasarme que los das empezaran a ser
excesivamente largos, con demasiados intervalos en blanco. A pesar de que
doa Delmira no escatimara abrazos de bienvenida y el compadre Carlos
hiciera lo mismo, yo no supe qu hacer para llenar los momentos que
parecan detenerse. Todo bien por la casa. Pausa. Claro que uno extraa a
los hijos y los sigue queriendo como cuando eran pequeitos. Pausa. Desde
cundo planta tulipanes, doa Delmira? Este clima no les sienta tan bien.
Doble pausa. Y usted don Carlos sigue igualito. Pausa. No se preocupen yo
tomo lo que haya en la casa, cualquier cosa, como buen viejo. Doble pausa.
S, claro, sigo con mis lecturas, aunque los ojos ya no me dan para tanto.
Pausa. Slo srvame un poquito, doa Delmi, estoy un poco inapetente, pero
venga todo lo que haya para tomar. Un pisquito estar bien. Salud! Pausa.
Pausa. Pausa. Pausa...

Nunca Carmelita estuvo ms ausente como esta maana, y esa ausencia era ms
bien una presencia fortalecida. Se asom en la merienda servida, en el
silln que me qued ms grande que nunca, en mis momentos de mutismo que
parecan cada vez ms prolongados, en mi incapacidad de amenizar la reunin
como lo haca ella con una simple carcajada o esos gestos comedidos de
poner la mesa, llevar aquello, traer lo otro. Vengo a entenderlo ahora: sin
Carmelita soy doblemente tmido, doblemente triste, doblemente dependiente,
doblemente infeliz, doblemente viejo. Y ya no s si slo he perdido el
apetito o las ganas de rerme en coro. Me aterra el pensar que tambin voy
perdiendo las ganas de luchar contra mi hernia. La vida pasa hoy como si yo
la viera desde la ventana de enfrente, como una pelcula en la que yo no
soy ni por asomo el protagonista.

...Ser mejor que regrese el prximo domingo, doa Delmi. Pausa. Es que mi
hernia no ha dejado de molestarme desde que me despert. Pausa. S, pues,
qu pena que Carmelita ya no est con nosotros. Pausa... Y otra vez el
delirio de enfrentarme a mi hernia, de sortear las calles y atrapar el bus
de regreso a casa. Menos mal que vivo justo a una cuadra del parque El
Porvenir, muy cerca de la avenida Mxico (ah donde muchos tienen la mana
de no salir, como yo). Seor, no se vaya a pasar. Unos cuantos metros
seran como kilmetros para m. Por supuesto que tengo sencillo, pero ya
detngase por favor.

Aqu se est bien. Menos mal que ya termina el domingo de visita. Que ya
termin. Aqu no hay lugar para el disimulo, aqu, junto a la torcida
yerba, es ms fcil comprender que mi historia ya no es la principal. Que
hay otras que recin empiezan, como aquellas colgadas del balcn. Por
ejemplo, s que la casa amarilla (claro que es amarilla, si se la ve bien)
est habitada por una madre soltera o quiz viuda? y dos hijos, una nia
muy chiquita y un nio ya ms grandecito. Que en aquella otra casa celeste
viven dos seoras, me contaron que son hermanas, que renunciaron a ser
monjas, pero convirtieron su hogar en lo ms parecido a un convento de
claustro. S pues, hay tantas clases de crceles como las hay de presos,
creo haberlo dicho ya. Que en esa quinta vive slo un viejo, qu
desperdicio de lugar. Qu cmo lo s? Las ropas tendidas en los balcones
tienen voz, yo slo las escucho con atencin desde esta banqueta, antes de
volver a casa, ya no queda ms por hacer. Slo luchar un poco ms contra mi
hernia y resignarme a perder cada vez un poquito ms mi independencia.

Las tardes se mueren como si volvieran al vientre materno. As se va la
vida de regreso, como recogiendo las lgrimas, como juntando las alegras
desbordadas, los perdones, las promesas y haciendo con ellas un amasijo
comestible. Y yo que estoy inapetente. As se va el domingo, llevndome por
un brazo de regreso, a paso ligero. Jurndome que habr un lunes y otro
domingo y otro lunes. Consolndome cuando yo he gritado que ya no quiero
mis pies sobre el asfalto, que ya me he cansado de correr en crculos
concntricos. Y este regreso ser como tomar la 35B de espaldas, con ms
sigilo y mayor clculo. Sabiendo que partir y al llegar encontrar la
vianda preparada, las risas en coro, la casa estremecida de jbilo, el mes
de diciembre de los aos celebrados con vino y champagne. Este regreso ser
como encender la luz y encontrar la felicidad intacta, con su propio
fulgor. Ya no habr necesidad de escarbar en el disimulo. Estarn
esperndome mis das de padre, de obrero, de hermano, de hijo. Estar mi
esposa, tendiendo nuestras ropas, nuestras historias, no importa si en el
balcn o en el tendal.

Y estar yo, en otro domingo de visita, sabiendo que el dolor se oculta en
alguna parte, con fuerzas an para jugar a las escondidas y correr para no
ser atrapado. Me lo han contando los das que se mueren como si volvieran
al vientre materno y aun as, me sigue doliendo la vida porque s. Me ir a
llorarla a casa en solitud.

** Yamileth Latorre Quintana
   yamileth@ec-red.com
   Escritora peruana (Lima, 1977). Licenciada en ciencias de la
   comunicacin, con especialidad en periodismo escrito, por la Universidad
   de San Martn de Porres (http://www.usmp.edu.pe). Es periodista, docente
   universitaria y colaboradora de la revista Etiqueta Negra
   (http://www.etiquetanegra.com.pe).



=== Poemas      Nora Nani =================================================

*** Cancin para un insomnio

Quiero rimar la noche con el sueo
y digo carbn.
No s. Por decir algo.
Por alzar las tramperas de la sombra
y descubrir su luto estrepitoso
de estrellas,
chispas
de una hoguera esplndida.
Estado de vigilia.
Catatonia de los lmites.
Dibujo ojos
que narr durante el da
en chimeneas prdigas
de prolija obscenidad.
Vuelvo atrs
y recojo en el fuego diurno
algn olvidado designio,
lo repaso con furia o con cario,
inevitablemente
le cambio algunas fichas,
palabras que equivocaron lugar,
personajes que perdieron
su identidad de esquina,
gestos que se desdoblan
en palomas y en gatos,
vuelvo a construir el paisaje,
el retazo de vida que me ronda
y otra vez la luna
en carcajada de luz
me declara inocente.
Quin dijo que los inocentes duermen?
Es un estrpito la caravana
que transcurre mi sangre
y una matemtica feroz
vuelve a pedirme una rima.
Rimemos insomnio y camino.
Ocurre la noche
y repito los sitios que anduve:
ademanes, congojas, risas...
Me sigue doliendo la palabra
como un grano en el silencio.
Las piernas tiemblan
con temblor de caminata
y solo las venas trazan los pasos
que vegeta el cielo
entre movida de ngel
y pen del demonio.
Me alejo. Ir a dormirme?
Este es un paisaje que desconozco.
Pero ya me est trazando un rbol.
Que borre ese rbol!
Que borre la despedida de ese rbol!
Debo detenerme. Algo de familiar
tiene en el pasamanos
de su corazn.
Entonces pensar en alguien,
en alguien que rime con ese rbol,
porque ese rbol vuelve a ser da
detrs de los prpados,
y pude haberme sentado
a su sombra
o celebrado algn rito
que no recuerdo
o un personaje que vive de ardilla
at mi cintura
al humo de los trenes...
Ya estoy viajando
por las vas cercanas del rbol
en un tren que oprime la rutina
y s que ahora no quiero dormirme
porque voy a pasarme,
me pesan los ojos
pero ya llegamos,

rimo sueo con destino
y no s por qu
se me ocurre madrugada.



*** Una chicharra

Me molestaba el ruido.
Pero quizs era el canto:
su grito de amor,
el conjuro desvelado.
Desafinaba de alas o de patas
mi pequea mensajera
del sol,
opaca y chirriante
como una moneda sucia
que el verano desgrana?
Pero quizs era el canto.
Y yo no saba
que se puede aserrar el aire
as
con tanta abundancia
de llaves derramadas,
con tanta lamentacin
en el sonido,
con tanto vidrio atravesado
por ojos insolubles,

oh descarada y terca
juntando en la saliva de los astros
la manera del aullido
y el tono que convoca la asfixia.

Hoy mat una chicharra.
Porfiada de altas monotonas
era un pual en el pecho del aire.
Mat su insecto desbocado,
su insolencia de vida,
su perfil de flecha en mi distancia.
Hoy mat una chicharra.
Un bicho pequeo
con cara de langosta tristona.
Una ternura destemplada
poniendo agujas en mi silencio.

Pero quizs era el canto.



*** Tendida en la hierba

Nunca se pone ms ngel la noche
que cuando la mira
mi corazn
derramado en la hierba.
All va entrando
a un zoolgico de estrellas,
nombra a las bestias en su redil poderoso,
pasa lista a sus vientres de humo
y ya listo el pastoreo de azul y de milagro,
les arropa las aristas
con siluetas de nube
y las entrega al corral del vrtigo
como a una cajita
que madura toda la eternidad
en su sonrisa.
Despus vuelve
mi corazn, digo,
cumplida su tarea de angelicar
la noche
regresa a la cueva de mi pecho
donde
yo lo espero desnuda
con toda la inmensidad
a cuestas.

** Nora Nani
   noranani@hotmail.com
   Poeta argentina (Leones, Crdoba, 1946). Reside en Villa Rumipal, en las
   sierras de Crdoba. Ha publicado Ciruelas, Los funerales de la sangre,
   Dir tu nombre y Maneras del silencio.



=== Relatos      Alberto Hernndez Cobo ===================================

*** Relato 1

Era l, estaba totalmente convencido de que todo lo que respiraba, a su
alrededor, era su propio sudor. Le ola a azufre, importado desde el
mismsimo infierno, pero lo que ms le preocupaba, lo que realmente lo
confunda, era que necesitaba con urgencia seguir sintiendo el aroma
repugnante de su carne.

Se saba infestado de plagas, vrtigos somnolientos y silencios repletos de
instantes viciosos por los temores de la muerte.

Las horas de su existencia estaban rodeadas por seres invisibles,
canbales, sedientos de los ms viles espacios de su sangre. Deseaba
arrancar las sombras de sus sueos, ansiaba derrotar los fantasmas que
habitaban sus ojos, senta la terrible necesidad de saberse solo en el
mundo que haba invadido a travs de las manos de un ciego, pero ni el
vrtigo, ni la ausencia del silencio, le permitan escapar de las palabras
de la noche.

Pensaba, perda su poco tiempo estudiando la forma de terminar los
aburridos sueos del cuerpo que posea, siempre se repeta que no seguira
viviendo de esos sueos, pero siempre regresaba, volva una y otra vez al
mismo hueco, repleto de fragancias dbiles, rabias absurdas, grises
melanclicos y esperas bruscamente speras, todas carcomidas por una
soledad pestilente y atadas al filo de su conciencia de lo no permitido por
su memoria.

Sufra lo indecible, senta miles de ltigos azotando las miserias de su
lengua, siempre trataba de huir del acoso de gritos que rasgaban sus odos.
Recordaba las tempestades que rodeaban su infancia, dolores
indescriptibles, todo heredado por el fro y las angustias de su breve
dormir.

Tena el poder de terminar felizmente su estropeadsima forma de vida, con
solamente morderse un meique, mientras abra un ojo y con un libro de
algn poeta venezolano se acabara todo, pero tena unos problemas mucho
ms grandes, le resultaba muy difcil morderse un dedo porque no tena
dientes, otro de sus inconvenientes era el no poder abrir un ojo porque
ambos eran de vidrio y lo peor de todo era no poder poseer algn libro
porque era un simple y pobre ermitao.

Al fin pudo recobrar una pequea parte de su conciencia, se vio obligado a
hacer un ltimo intento para recordar cmo haba llegado a esa fantasa
inundada de sombras fras. Cuando escuch su ltimo suspiro, se dio cuenta
de que estaba viviendo toda su realidad en otro ser, haba muerto, se haba
despertado en un abismo lleno de sus propios recuerdos, insomnios y deseos
de muerte.



*** Relato 2

La muerte se haba llevado su conciencia. Le dej vivir para que sirviera
de vivo ejemplo ante los seres que lo rodeaban, para que supieran que el
que apuesta contra ella, siempre termina escribiendo sobre la locura que
deja en el lugar de la memoria.

Esperaba un da caluroso para poder enfrentarse una vez con la muerte, para
recuperar su cordura, pero ella saba que l no podra vencerla, l no
tena nada que ofrecer porque lo haba perdido todo, lo nico que le
quedaba era un frasco, su cuerpo, con un poco de aire y ansias de volver a
sentir los sueos.

Volaba entre fras imgenes, sombras infinitamente profundas y el silencio
escalofriante que se esconda en el absurdo arte de sus nostalgias.

Escriba nicamente lo que sus fantasmas le permitan. Sus horas eran
absorbidas por la impaciencia, la ansiada y repetida sed de venganza y los
pocos reflejos de sol.

Haba voces que decan que no hablara, que no retara a la muerte a llevarse
sus ruinas, pero l insista y repeta que le ganara, nadie le crea. Los
seres ms osados no podan creer lo que escuchaban, el solo hecho de llamar
a la muerte les causaba escalofros, les pona los pelos de punta, se
imaginaban que ella escuchara al aventurero y por culpa de ste todos
perderan sus almas, pero fue lo contrario. La muerte al fin decidi
presentarse en el lugar de batalla, todos se escondan y trataban de no
escuchar los lamentos y maldiciones que salan de su bata negra. La muerte
traa un contrato para su retador, algo as como un negocio redondo; ella
le propona al arriesgado aventurero regresarle todo lo que por ley haba
conseguido llevarse, pero a cambio, l tendra que llevarle a ella el alma
de una poeta no mayor de 23 aos, tres cabellos de un escritor de cuentos
que no llegase a los 52 aos y los dedos de la mano izquierda de alguien
que mencionara la palabra extravo en sus emotivos escritos, cosa que era
muy arriesgada porque divulgara el escondite de los nicos seres que
toleraban su locura.



*** Relato 3

Crea que vivira en paz, pens que finalmente las voces que habitaban en
su conciencia se haban extinguido.

Erradamente, senta que una soledad infinita y hueca que invada sus ojos,
sus manos y hasta su boca. Tena la terrible sensacin de que un espacio
inerte se apoderaba velozmente de la poca locura que tena para sobrevivir
en la noche.

Sus quejidos se escuchaban hasta en el mundo de Morfeo, ya estaba a punto
de lanzarse al vaco permanente y oscuro del olvido, pero algo borr su
desespero, una extraa voz le susurr a su desmemoriada memoria que no
poda matar los breves recuerdos que soportaban su humilde respiracin, que
deba esperar el retorno de la luna para curar sus lamentos  y aburridos
vrtigos guardados bajo su carne.

Entonces esper. Esper y esper sin ms. El tiempo le cruzaba por los
ojos; sin ver, sin or, sin andar, esper que la luna asomara entre los
rboles, los samanes desfiguraban el da. Las estrellas fueron apareciendo
lentamente en el horizonte. La luz del sol se encoga y ocultaba detrs de
los montes. l, continuaba esperando. Slo el brillo de la luna poda
devolverle la esencia de su existencia efmera.

Aguard con paciencia, primero; luego con calma, al rato la preocupacin
iba subiendo por su espalda; su respiracin se agitaba, sus labios
temblaban, la paciencia desapareca frente al temor, el miedo y el
desespero se apoderaron de su cuerpo. La luna no saldra esa noche, tampoco
las siguientes. Ella se haba fugado hacia otro espacio del universo.

Entonces, el hombre, ya al borde de la cordura, comprendi que su vida
estaba destinada a no ser. 

Alz las manos sobre su rostro, presion el botn de auto-liquidacin y sin
recibir respuesta, record que haca ya muchos aos su mundo haba
comenzado a ser una copia del caos apocalptico. l, como androide, estaba
destinado a la eternidad.

** Antonio Hernndez Cobo
   alexcobo1@hotmail.com
   Escritor venezolano (Maracay, 1980). Ganador de una mencin especial en
   poesa en el Concurso Literario Interlicesta Sergio Medina (Maracay).
   Ha participado en el I Encuentro de Jvenes Escritores de la Universidad
   de Carabobo (Valencia, Carabobo) y en el I Encuentro de Jvenes
   Escritores 2004 (Santa Ana de Coro, Falcn), entre otras actividades
   literarias. Textos suyos han aparecido en el suplemento cultural
   Contenido del diario El Periodiquito (Maracay,
   http://www.elperiodiquito.com) y en las revistas digitales Panfleto
   Negro (Venezuela, http://www.panfletonegro.com) y Presagios Virtual
   (Cancn, Mxico, http://presagios.mx.tripod.com). Ha publicado el libro
   de cuentos Susurros de octubre (La Liebre Libre Editores, 2006).



=== Poemas      Goyette Dos Gallos ========================================

*** Mi provincia bastarda

Fuerte y acalambrada est mi entrepierna,
el goce de aquella figura buscando la gota salada
te invita a desterrar a tan aejas pinturas,
la noche cae inevitablemente como todo imperio.

Y mientras sentado en aquella banca de cemento,
contemplo la seguridad que es fundada por el miedo,
limpias en la madrugada del vmito de hace unos cuantos minutos,
Soberbias lamentaciones tras la celda de la semana anterior.

Tolerancia para algunos,
brandy para otros,
y un seor tirado en el prado,
oliendo a tabaco y a bebida fermentada.

As es la provincia llena de gestas y traiciones,
una envidia de las muertas,
bien lo sabe Ibargengoitia,
que cada amanecer toca siniestramente a cuvano.

Vienes a tocar el fro de una plaza,
ignota a tu naturaleza pervertida por la costumbre.
muecas de trapo con olor a aguardiente,
Vendindose en los portales de herencia bastarda.

Djame seguir leyendo textos de otros tiempos,
junto a una taza de olor de otras tierras,
ms o menos pervertidas no lo s,
bsame ahora mientras hay calor en m.



*** Libro del cincuenta

Bscame una razn para la existencia de mis labios,
Siento que es inevitable su roce con el asfalto,
Acostumbrados al sabor que da el vinagre,
Hazlo y pronto, porque se tornan morados.

Te espero ya que estoy harto de caminar,
Perturbado por tu mirada no puedo ms que meditar,
Quietud? No la hay, soledad? Tal vez.
Amargura? Seguramente no.

Agazapado tras el brandy incondicional de sus muslos,
Con vuelta a las victorias de antao, memoria perdida,
Destino conocido y tormentoso de aquellas plazuelas inmundas,
Harto de las flores y de su belleza busco quien las supla.

Ratos de espera y desesperacin, subida inclinada de una pasin,
Espinas que entran hondo en su pensamiento y suprimen el amor,
Entrega? Todo y nada, Generacin? La tuya.
Libro del cincuenta olvidado y revendido al peor postor.



*** Caminando

Caminando por aquellas viejas calles de Interlaken
De piedra triste y gris fue que encontr refugio con l,
Turco era el posadero quien me brind aquella cerveza,
Helada y amarga logr levantarme, pagu algunos francos.

Segu andando hasta llegar a la plaza, respir y llor,
De ver tan limpio el cielo, tan fcil el aire y tanto dolor,
Solt la pena dejando caer su pauelo muestra de amor,
Lo dej ah para siempre, herido limpi la lgrima y sangre.

Sentado en el sendero de Ass lo volv a sentir, escrib
Y le di la espalda, lo recorr ahora con ms esfuerzo,
Arriba se alza la razn de estar ah, perdido fuera de m,
Tirado escuch cmo el agua caa tocando un canto glorioso.

** Goyette Dos Gallos
   goyettedosgallos@gmail.com
   Escritor mexicano (Celaya, Guanajuato, 1984). Estudia derecho y es
   activista poltico. Mantiene una bitcora de poesa en
   http://plateaumontroyal.blogspot.com, y una personal en
   http://goyettedosgallos.blogspot.com.



=== Pasajera      Sergio Borao Llop =======================================

No me gustan las despedidas haba dicho mi amigo Luis. Despus me abraz
con impaciente levedad y se alej hacia la calle, sin volver el rostro, sin
mostrar la menor emocin. Dejando atrs los reflejos de los innumerables
cristales, sali de la estacin y se dirigi con prisa hacia el
aparcamiento. Sonre. Le conoca bien. Las separaciones le resultaban tan
dolorosas como a cualquier otro, pero le molestaba emocionarse. Por ese
motivo, siempre que era capaz de prever algn conato de abrazos prolongados
y frases empalagosas, escapaba a la situacin alegando una prisa que no
siempre era fingida. Por otra parte, apenas faltaba un mes para que
comenzase la nueva temporada: la rutina de los entrenamientos, el
descubrimiento de las virtudes y de los defectos en los jugadores nuevos,
la pica de los partidos, los problemas con la directiva... Y ah bamos a
estar un ao ms, codo con codo, lidiando con jugadores, directivos y
rbitros, empendonos en sacar adelante al equipo, sufriendo acaso alguna
decepcin en forma de final perdida, llenndonos de orgullo cada vez que
alguno de nuestros jugadores llegaba a las ligas superiores. De ah, del
esfuerzo comn, provena nuestra amistad. A travs de la enorme cristalera,
vi pasar su auto, lanzado ya hacia la costa.

Consult el reloj. An faltaban quince minutos para la salida del tren que
deba tomar. (Tomar un tren pens lo mismo que quien toma caf o un
aperitivo) Volv a comprobar mi billete; apur el cortado que se enfriaba
sobre la barra de la cafetera; compr algunos diarios; me dej mecer por
una apacible nostalgia.

Haba terminado mi semana. LEstartit quedaba ahora all atrs, arrinconado
en los estantes de la memoria. Quedaban pequeos detalles, instantneas
fugaces que fui atrapando y colocando cuidadosa, ordenadamente, en el
archivador de recuerdos gratos: los paseos en barca, la inefable calma de
las maanas de pesca, los atardeceres frente al mar, en la terraza del club
nutico o al otro lado del puerto, junto a la playa... Ahora todo era una
bonita pelcula en colores cuyas escenas desfilaban a cmara lenta,
fotograma a fotograma, ante mis ojos agradecidos. La arena, el inequvoco
olor del mar, las islas...

Pero en este lado, los minutos pasaban implacables. Aferr la bolsa de
viaje y baj las escaleras, al asalto del tren.

Un andn no difiere en exceso de cualquier otro. Los de esta estacin, sin
embargo, me resultaron particularmente hostiles (porque me alejaban del
mar, de las tranquilas calas, de los inquietantes acantilados, del oleaje y
las Medas. Porque me arrojaban de vuelta a la rutina, al trabajo agotador,
al rostro siempre hurao y desconfiado del patrn, a la inacabable
monotona sonora de la mquina, a la nave oscura, a los hierros y a tantas
cosas que aborrezco y de las que an no he aprendido a prescindir).

Mi tren estaba llegando. Puntual como una calamidad. Silencioso como el
sueo. Lento y poderoso, hizo su entrada en la estacin, se detuvo, escupi
algunos viajeros, permiti el abordaje de otros, cerr impasiblemente sus
puertas y parti con el mismo sigilo con que llegara, igual que si
estuviese huyendo del bullicio de las estaciones, buscando acaso el
anonimato de los rales.

Desde mi asiento pude contemplar cmo la ciudad se iba diluyendo entre
rboles, cmo los edificios se transformaban en bosque y las calles dejaban
paso a los senderos. Esta es, pens, una ciudad de hermosos contrastes.
Hay agua, hay vegetacin, aire. Es cuanto se necesita para vivir. Hay
asfalto, hay civilizacin. Es cuanto se precisa para ser desdichado.

Tratando de huir de la tristeza que imperceptiblemente comenzaba a
embargarme, indagu con disimulo los rostros de mis escasos compaeros de
viaje. Ninguno de ellos consigui llamar mi atencin. Me resign a los
diarios.

Bombardeos en Mostar, corrupcin gubernamental, hambre en alguna parte (o
en muchas partes) de frica y en otros lugares de difcil pronunciacin,
violaciones sistemticas de los derechos humanos, no menos atroces
violaciones de muchachas solitarias en parques nocturnos o garajes o
zaguanes oscuros, nuevos atentados... Compruebo sin entusiasmo la fecha,
sabiendo de antemano que es intil. Que la fecha puede ser la de hoy, pero
el horror no es nuevo, es el mismo que se repite sin descanso, da tras
da, sin que nadie mueva un dedo por cambiar el signo de las cosas, sin que
podamos aferrarnos ni siquiera al mnimo consuelo de una remota esperanza.
Agobiado, guard el diario y busqu una revista de humor, tratando de huir
de la espantosa realidad. Con disgusto, con desaliento, comprob que no
tena ninguna. Se haban quedado atrs, en el hotel o en casa de mis
amigos, encerradas en el tiempo de las vacaciones, ajenas al devenir del
ajetreo, aparentemente inocentes de las malas noticias que me traan de
vuelta a lo cotidiano.

Estbamos llegando a Barcelona. De nuevo los enormes bloques de viviendas
levantndose a izquierda y derecha, como otros tantos nichos alineados
frente al plpito cansado de mis ojos, delatando la presencia de la
concentracin humana, certificando de alguna manera el fin del verano.
Luego, los tneles sumiendo al tren en las entraas de la ciudad, entre
vistosas pintadas distribuidas por los muros. Alegra o decepcin
coloreando los rostros de los viajeros que llegaban al final de su viaje y
se apiaban con sus maletas en los pasillos, prestos al abandono de los
vagones, resignados al inaplazable retorno a la rutina, de algn modo
impacientes por terminar con ese incmodo interludio que separa el verano
del resto de los das.

Lo que sigui fue un barullo de gentes bajando a los andenes, abrazndose,
despidindose, estorbndose, subiendo con prisa, casi con precipitacin, a
los vagones detenidos, buscando acomodo para sus maletas y para s mismos,
todo como una pelcula antigua, de sas en que los personajes se movan a
una velocidad inslita y casi ridcula, pero nada de ello me pareci
gracioso. Por el contrario, las prisas, el cruce de miradas fugaces, la
disimulada lucha por un determinado asiento, los movimientos de cabeza en
busca de una ubicacin idnea, los gritos, las carreras por los pasillos,
no hicieron sino contribuir al desnimo que haba ido asentndose en mi
alma en los ltimos minutos.

Entre el gento, me llamaron la atencin dos mujeres. Ambas viajaban sin
compaa. Una de ellas era rubia, bonita, de ojos inexpresivos. No supe si
lamentar o celebrar que pasase a mi lado sin mirarme. La otra no era
hermosa, pero su larga melena negra, sus formas poderosas y un algo extico
en su rostro, en su atuendo, obligaban a mirarla con detenimiento. En mal
espaol, pregunt si el asiento contiguo al mo estaba libre. Me apresur a
ofrecrselo.

Cuando el tren se puso en movimiento, not con asombro que el bolso de mano
que descansaba en su regazo se mova. Una diminuta cabeza canina asom por
la abertura. Sonre con disimulo ante aquella transgresin de las normas.
En ese momento, entr el revisor en nuestro vagn. Ella me mir con sus
enormes ojos negros. Puso su dedo ndice sobre los labios carnosos,
pidindome silencio, convirtindome en su cmplice, llenndome de una
extraa ternura.

Alentado por ese gesto de confianza, me atrev a contemplarla casi con
descaro. Su pelo basto, muy oscuro, la voluptuosidad de las nalgas, los
labios llenos, gruesos, delataban la raza negra en algn recodo de su rbol
genealgico. Todo lo dems pareca claramente occidental. Cuando por fin el
revisor hubo contrastado los billetes y abandonado el vagn, le ofrec un
cigarrillo, que ella rehus, y charlamos. Por sus palabras, supe que vena
de Lisboa, que su nombre era Andrea, que regresaba, como todos, de unas
cortas vacaciones junto al mar, que siempre viajaba con su perrito y que
viva en una pensin desde que se separ de su novio. Su voz destilaba
bondad. Nada dijo acerca de su profesin. Sospech oscuramente que era
prostituta. Tuve ganas de abrazarla. Yo le cont a grandes rasgos las
trivialidades que se suelen confiar a alguien que acabamos de conocer.
(Pero ya intua que no se trataba de una extraa, que ese gesto suplicante
haba tendido un puente entre nosotros, un puente que nos una y que nos
elevaba sobre el murmullo de las conversaciones a nuestro alrededor,
separndonos de esas otras voces, de esos otros rostros que no formaban
parte de nuestra pequea isla en medio de las vas) Ella me hablaba de su
Lisboa, de su pasado. Despus, la conversacin deriv hacia las tpicas
generalidades. Hubo momentos de clido silencio, de miradas.

El tren se deslizaba veloz sobre los rales acercndonos a la inevitable
separacin. En cada pueblecito atravesado, en cada estacin, yo le contaba
cosas de aquellos lugares, historias que a menudo inventaba para ver el
gesto de maravillada sorpresa en el rostro de mi amiga, todo en pos de unos
minutos ms de conversacin, de escuchar una vez ms aquella voz con acento
portugus que tanto me relajaba, que consegua arrullarme llevndome a esa
dimensin en la que todo es an posible, donde cabe la ilusin de un
maana, de una flor renaciendo entre los escombros. Otras veces fue ella
quien hizo preguntas, tal vez por idnticas razones. En un par de ocasiones
pronunci mi nombre, atndome a su voz, llenndome de felicidad y desazn
porque ya Lrida haba quedado atrs y mi ciudad iba acercndose sin
compasin. Yo deseaba prolongar aquel viaje, permanecer all sentado junto
a Andrea que me miraba lnguidamente y cuyas manos oscuras de largusimas
uas rojas despertaban mis viejos instintos primordiales.

Un silencio de campos vertiginosos corra paralelo allende las ventanillas.
El sol baaba los rastrojos y los montes lejanos, pero en el interior del
vagn no haba ms luz que la que irradiaban los ojos de Andrea, que a
ratos parecan estar buscando algo en el fondo verdoso de los mos. El tren
lanzado era una sdica resta de minutos y yo no encontraba las palabras
precisas. Me iba perdiendo entre explicaciones casi absurdas sobre los
cultivos y el clima, disertaciones inexplicables acerca de la vida en las
aldeas de mi tierra y en sus asfixiantes ciudades y exposiciones sinceras
de las maravillas existentes en los tan amados Pirineos, pero todo ello
como un alejamiento a pesar de los cuerpos tan cerca, de los rostros casi
juntos y las manos rozndose en la divisin de los asientos. Cada estacin
era como una siniestra zarpa cayendo sobre mi rostro y desgarrndome. Uno
tras otro iban pasando los kilmetros, el paisaje se iba transformando, la
angustia creca hasta lmites intolerables. Ya se divisaban, al fondo, los
edificios que marcaban el final de mi viaje, los ptreos sepulcros
verticales que iban a sumirme, de nuevo, en la ms insoportable tristeza.
Pens, dese, estuve a punto de pedirle que se bajase conmigo, que
renunciase a su Lisboa, que se quedase a mi lado en esta ciudad, que
compartiese mi vida.

En cambio, slo atin a decir: Estamos llegando a Zaragoza. En medio de
aquellos edificios altos est mi casa. El tren se hundi en las
profundidades de la tierra, bajo el ajetreo de la ciudad; fue reduciendo la
velocidad, prolongando cruelmente los minutos finales, aquellos en los que
ya nada es posible. Por fin, qued parado entre las luces falsas de la
estacin. Aun fui capaz de una ltima inspiracin: no me apeara, seguira
con ella hasta Madrid, o hasta Lisboa o al fin del mundo. Un beso en la
mejilla me separ de Andrea para siempre. Cuando el tren se puso de nuevo
en movimiento, an pude ver sus ojos clavados en mi rostro, como formulando
una pregunta de imposible respuesta.

Despus, recomenz el decurso de los das de absoluta normalidad. Regres a
mis obligaciones, a la inmovilidad de una vida sedentaria, enmarcada entre
las crudas aristas del trabajo y la soledad.

S que nada es perdurable. Que todo es un tren que viaja incansable entre
las innumerables estaciones, detenindose efmeramente en alguna de ellas,
atravesando otras sin ruido y arrebatando miradas de nostalgia, suspiros.
S que la vida no es sino un compendio de recuerdos, un asombrado catlogo
de estaciones que fuimos dejando atrs. Pero ahora que el tiempo ha pasado,
el recuerdo de aquel viaje, de Andrea, vuelve a m con insistencia, tiendo
de melancola los atardeceres, y llevndome incomprensiblemente a ese banco
del andn, desde el que, cada tarde, contemplo con atencin el trnsito
engaoso de los trenes.

** Sergio Borao Llop
   sbllop@aragonesasi.com
   Encuadernador, periodista y escritor espaol nacido en Malln (Zaragoza,
   1960). Ha publicado cuentos y poemas en diversas publicaciones
   electrnicas. Adems, textos suyos aparecen en las antologas Relatos
   Zaragoza y Poemas Zaragoza (ambas de 1990), en las antologas Callejn
   de palabras y Poemas quietos, del grupo Mizar, y en diversas ediciones
   de la revista Nitecuento. Pueden apreciarse varios de sus trabajos en su
   pgina, http://www.aragonesasi.com/sergio/index.htm.



=== Poemas      Adriana Lamela ============================================

*** Entre el ser y su reflejo: si te distraes, perds...

                                 Los parasos inmviles no pueden prometer
                                        ms que un eterno aburrimiento....
                                                         Simone de Beauvoir

Que hace l ahora que lo sabe;
Acaso no lo sabe / lo sabr?
Ser entre las dormidas avenidas de Occidente;
o entre las sabanas pulidas del Oriente.
Qu diferencia al mono de una rana?
Acaso llegue ella primero / quien re al ultimo,
re siempre mejor. De todos modos;
l buscar entre los juncos de la izquierda
slo porque las grullas se demoran derechas.
Paradojas de la vida cotidiana,
la mirada del otro es la que nunca calla
aunque los ojos de l desgasten las pupilas.
Arrugas en la frente y costras en los codos;
Por qu ser que salta con los brazos en jarra?
En la intil percepcin de los detalles / ceudo
y compadrito se demora puliendo soledades;
un carrusel, un arco iris y una nube de algodn
anunci la gitana / la suerte o su sombra lo aconsejan?
Ya se muere la tarde y el sol se qued sin propinas.
Ahora, si se demora en los huecos de la noche,
quin contar las pecas a la luna?



*** Seico de versos hipotticos

                                     ...As las sensaciones de este mundo;
                                                los cantos subjuntivos....
                                                              Csar Vallejo

I

Tal vez fagocite el espejo la cotidiana sed
de lo prohibido y exploten inusitados
los cristales. Dnde fueres, sin reflejos, sin sombras
pletrico de ausencias / inmune...



II

Es posible que expelan estrellas las entraas
sobre un desierto de alegras sonmbulas;
que un dromedario sediento/ un demiurgo?
rasgue la placenta de los tomos
hasta que se haga la luz de otro principio.



III

Y all donde pernoctaren las nostalgias,
un hueco abierto al alba / pretrita expresin
de razones imperfectas, abisme el llanto de los ciegos.
Y las lombrices quizs repten cristalinas.



IV

Se prohbe en el reino de los cielos
colgarse en las ramas de un paraso/y qu
si Adn y Eva no hubieran comido la manzana?
Un absurdo sofisma como absurdo es el mundo.
Absurdas las preguntas y responderlas absurdo.



V

Entramos y no entramos. Somos pero tampoco;
aguas arriba, vidas abajo / un murmullo impertrrito.
Piedras en la orilla y en el fondo piedras;
sobre la turbulenta calma el tiempo se demora.



VI

Sus dedos escarban la corriente y entretanto,
es probable que las benditas sirenas / all donde estuvieren,
hayan mutado de ngeles cados. Sin arpas; sin apndices.
Slo un concierto de escamas rutilantes.



*** A (omn) modo mo

                      ...Hay horas, horas, horas, en que ests tan ausente
                                                   que todo te lo digo....
                                                             Jaime Sabines.

Ahora no.
Me brota la desidia entre los dedos
la calle cruje
una caverna de murmullos elctricos
mecnicos y cruje
Mis pies se refriegan hambrientos
en esas horas
paridas de pie un otoo
alumbrada con tus ojos
Ahora que no ests.

Esta esquina
con tu sonrisa en la vidriera
hasta maana la dibujo
Subo el cordn de la vereda
con esas manos tuyas
en mis caderas
Sin pudor las presiento
me contengo las imagino palomas
tal vez sea el da toda la noche.

Sin tiempo.
Tu voz es una slaba pendiente
la devanan los husos
cilndricos los sueos
ovillada en tu pelo.
Te a... mojada modelada
mohna la tarde mohosa
mordiendo momentos
Sin tiempo te amo.

Me sent a esperar
sobre la orilla corazn del ro
Demor las palabras cotidianas
Ahora te amo que no ests
vendrs sin tiempo
Recog colores de piedra
cangrejos rengos en los tobillos
Enhebr pececitos
con nudos de mi espalda
algas azules entre las piernas
Me ech a dormir
sobre la orilla piel de tu ausencia

Ahora que
sin tiempo no ests te amo
Te amo ahora
que no ests sin tiempo
sin tu voz, tus manos tus ojos tu sonrisa
en la vidriera
recuerdo tu recuerdo.
Iluminada
de palabras que digo sin tiempo y
se trata slo de decirte
todo ahora que no ests
porque vendrs
te amo

** Adriana Lamela
   lameladriana@gmail.com
   Escritora argentina (Neuqun Capital, 1961). Trabaja como secretaria
   tcnica en una oficina del Estado provincial. Ha participado en el
   taller literario en lnea de Laura Calvo (Bariloche, 1998) y en el
   taller literario presencial de la Direccin de Cultura de Neuqun, a
   cargo de Roberto Giglione (1999-2000). Ha obtenido mencin especial en
   el V Concurso de Poesa y Cuento del Ro de la Plata, en Buenos Aires
   (1998) y varios trabajos suyos han sido premiados en juegos florales
   realizados en la provincia de Neuqun, como el Primer Premio en cuento y
   Primer Premio en Poesa y los Juegos Florales de Verano en la Ciudad de
   Centenario (1999). Un poema suyo fue escogido para la muestra
   internacional de poetas editada en 2005 por Editorial Dunken (Buenos
   Aires).



=== La guerra      Ana Isabel Hibert ======================================

A los 17 aos tom un arma de fuego por primera vez en mi vida y le dispar
a un hombre. No puedo decir que me arrepiento al recordar el odio ardiendo
en sus ojos mientras su machete desgarraba el aire, buscndome. La bala
apenas le hizo un agujero entre sus cejas, pero su crneo explot en mil
pedazos, lanzado hueso, sangre y sesos que se regaron hasta dos metros
detrs de l. En ese momento no sent asco, ni miedo, ni pena; nada.

Me acerqu a su cuerpo y le quit el enorme anillo de oro del dedo; la
nica posesin valiosa que el ahora muerto cargaba sobre su persona. El
anillo cay dentro de mi bolsillo sin ningn miramiento. A lo lejos,
alguien llamaba a la retirada, gritndome y moviendo los brazos de arriba
abajo. Regres a la carpa donde los cobardes lderes antirrevolucionarios
se quedaban a supervisar los ataques.

Cambi el rifle por un billete de cien pesos. No mucho, pero lo necesitaba
con urgencia o mis hermanitas pasaran un da ms sin comer. La guerra no
me dej opcin. Regres a mi casa apretando el billete teido de sangre
entre mis dedos.

Me detuve al pasar frente a la puerta de la vecina. La vea dar vueltas en
la cocina, mientras un beb lloraba en algn lugar de la diminuta casa. Me
acerqu a la puerta pero me falt valor para golpearla. La vecina me
salud, sonrindome desde el otro lado de la ventana. Le devolv el saludo,
pero no la sonrisa.

Me agach y, tras decir una corta oracin, deposit el anillo de oro de su
marido sobre el tapete antes de regresar a mi casa.

** Ana Isabel Hibert
   ahibertjr@gmail.com
   Estudiante mexicana (Mxico, D.F., 1989).



=== Poemas      Martha Espejo =============================================

*** Nuestros rincones interiores

Nuestros rincones interiores
son nuestros pequeos grandes y ausentes muertos,
son la gente que camina annima por una calle tambin annima,
somos nosotros mismos que caminamos por esa calle y nos convertimos en
      [transentes annimos
para esa gente,
      son nuestra casa perdida,
nuestra infancia de jazmines
nuestras pasiones humanas simples o complejas,
      son el lugar donde habitamos y nos habitan da a da
son nuestra propia ausencia
el alejamiento de nosotros mismos,
donde nos guarecemos
donde nos escondemos para llorar los ros helados del alma.

Es el lugar desde donde giramos.



*** Somnolencia

Voy por este camino
amarrada a mis propios sueos
      que sueo en vilo da a da
despierta muy despierta,
pero dormida.



*** Preguntas a la calle

Quin ser esa mujer que acaba de pasar a mi lado?
Qu estar sintiendo
      y pensando?

Y quin ser yo
mientras el seor de la mesa vecina me observa
y piensa
        quin ser esa mujer que escribe
                mientras yo me pregunto qu piensa?



*** Inicio

Volvamos al mundo como si recin hubisemos nacido,
sin memoria ni espritu ni pasado
vrgenes, amante, vrgenes ambos,
sin el fin pegado a los ojos al levantarse
y la duda recostada a la espalda
antes de apagar la luz para dormir.

Mis ojos y espalda piden la nada,
un hombre sin historia, de vida reciente,
tan reciente como de unos segundos,
que nazca
justo al minuto de voltearse
y mirarme.



*** Tangencial

Slo conoces de m
la falsa sonrisa
la pendular alegra
la soledad concurrida
la legitimacin del comportamiento
los escrpulos a los que nos adscribimos
para ser parte de la sociedad,
la plena conciencia.

Por eso,
hace falta una convocatoria a conocer de m
el silencio y la ausencia,
la coleccin de calamidades
la fugacidad de unos ojos y unos labios
la asfixia por el llanto
la muerte en nuestras manos
el seguir en pie por cansancio y no abrir la ventana que nos libera,
las goteras
el nombre que se omite
los fantasmas que se alojan
el despertar en enero
el terrible amanecer de cumpleaos
mi voz ausente cuando prefiera el silencio.



*** Ajena

Me siento como la punta de un lpiz
sin punta
soy barro poblado por las hormigas
moldeado por las manos de un mago
que saca y saca conejos, abejas y mangos
de un zurrn
para alimentar a otros,

me oigo cacofnica
no tengo nombre
de da slo duermo
el sueo de los vagos
soy noctvaga
alma errante que baila
en la luna nueva de la vida
en la que no existo,

estoy,
no estoy,
slo deseo ser

** Martha Espejo
   maespejo@yahoo.com
   Politloga venezolana (Altagracia de Orituco, Gurico, 1971). Reside en
   Bogot (Colombia). Egresada de la Universidad Central de Venezuela
   (1994, http://www.ucv.edu.ve), desde entonces ha trabajado en el diseo
   e implementacin de polticas pblicas, as como al desarrollo de
   proyectos sociales orientados a mejorar las condiciones de vida de las
   personas, desde diversos organismos pblicos en Caracas. Vivi cuatro
   aos en Puerto Ayacucho (Amazonas), donde trabaj con la poblacin
   indgena local y form parte de la Red de Escritores del estado
   Amazonas.



=== Lo que no esperas      Miguel Corrochano ==============================

Captulo 1: I.S.

Yo no esperaba estar muerto. De verdad. Me han puesto una sbana encima
para archivarme en una sala deprimente. Me llamo igo Isastu y soy
consultor de medios en una agencia de publicidad. O lo era.



Me levanto a las seis y comienzo a preparar el trabajo del da, a las siete
despierto a los nios, a las ocho cero cinco salgo con ellos en el coche y
los deposito en el colegio. Rpido voy a la estacin, abandono el coche en
el parking disuasorio, espero el tren de las ocho quince que me dejar en
Chamartin a las ocho cincuenta, voy a la agencia, descargo el porttil
sobre la mesa y paso el trabajo de la noche al fijo. Entonces empieza todo
lo dems.



Odio a los conductores de tren. Cuando estaban en huelga planifiqu la
jornada cogiendo el coche, pero ahora ya no hay huelga. Ahora ellos siguen
cobrando lo mismo pero trabajan mal para presionar a sus jefes: detienen
los trenes, hacen revisiones absurdas y en definitiva llegan cuarenta
minutos tarde a la estacin para llegar noventa y tres minutos tarde a mi
destino, pero no hay huelga.

Les necesito, ese es el problema. Preciso llegar a las nueve a la oficina.
Slo diez minutos despus de Alejandro Montanares, ese chico tan
competitivo, tan racional y productivo, con esas ideas tan geniales.
Formamos un buen equipo: l pronto y yo tarde, l recin duchado y yo
sudando, l sin prisa y yo revisando la agenda. Puedo hacerlo todo, le
dije al director. Todo es organizarse. Pero no, no puedo. Estoy sentado
en un andn perdido en las afueras de Madrid con trescientas personas ms
esperando un tren que no llega. Todo porque un conductor ha decidido que le
tienen que aumentar el sueldo a costa de poner en riesgo el mo. He pagado
mi billete y tengo derecho. Vaya a protestar a casa de su jefe, le dije.
Yo soy quien le pago. Arranque este maldito tren de una vez.



La nica forma de hacer un trabajo es realizarlo lo mejor posible. Yo lo
pienso as, tienes que dar todo, planificar todo y disciplinarte para
cumplirlo. Lo del tren ha sido una estupidez, pero no es fcil convivir con
la autocomplacencia de los dems. Le darn mi despacho a Monatanares?



Captulo 2: M.G.

Yo no esperaba estar acusado de asesinato. Me han encerrado en un calabozo
con una pequea jarra de plstico blanco llena de agua. Me llamo Mariano
Gutirrez, soy conductor de tren y asesino en ratos libres, por lo que
parece, al menos eso piensan ellos. Es todo mentira.

Todos los das me siento a la cabeza de un enrome tren de cercanas para
llevarlo del Escorial a Guadalajara, de Guadalajara al Escorial. Todos los
das lo mismo. Realmente no s si me lleva l o lo llevo yo, importa eso?
Entre un punto y otro de mi recorrido hay ms de veintisis estaciones
hambrientas de pasajeros. Ciudades que necesitan echar gente y recibirla,
as lo veo yo. Me dedico a fecundar ciudades, sistemticamente, con
violencia. Penetro en ellas con ms de cien ruidosos metros de hierro a
sesenta kilmetros por hora, escupo mi carga de pequeos y atareados seres
humanos sobre su estacin y vuelvo a marcharme dejando la ciudad aliviada
hasta dentro de dos horas. No puedo girar a derecha o izquierda, slo puedo
aumentar o disminuir la marcha, frenar o continuar, sentarme o seguir
sentado. Mi jefe dice que algn da los trenes se conducirn solos
(prcticamente ya lo hacen), pero que por ahora no es viable por la gente:
a los viajeros les gusta pensar que alguien conduce el tren. Vaya
estupidez, si supieran cmo les odio. ltimamente odio a todo el mundo, es
algo de lo que me di cuenta cuando conduca autobuses. Yo tena el nmero 2
y un problema de vejiga. El mdico del seguro me dijo que no bebiera tanta
agua pero, coo! me deshidrataba! En la ultima parada me encontraba con
una fila enorme de gente esperando: descargaba pasajeros, cerraba el
autobs y me iba al bar ms cercano a orinar. La gente que esperaba en la
fila me miraba con odio pensando que iba a tomar caf. Qu poda hacer?
Explicar que iba a mear? Los camareros del bar me miraban mal por no
consumir nada, los viajeros por hacerles esperar, los perros me ladran sin
motivo porque soy muy corpulento y abulto el doble que sus dueos. Pues
eso, ah empec a saber por qu odiaba a la gente. Antes les odiaba igual,
pero no saba la razn, el motivo es que son una pea chunga, muy chunga.

Me han detenido varias veces por meterme en los, es cierto, pero no es
culpa ma. El problema es que cuando yo me peleo apenas recibo ningn
golpe. Mucha gente me ha comentado que debera ser boxeador, el
inconveniente es que los boxeadores son de la poca pea que me caen bien.
Si los contrincantes fueran viajeros de autobs peleara gratis con todos
ellos, pero eso no se lo he soltado a la polica. Ellos dicen que tienen
ms de veinte tipos dispuestos a declarar que discut con el muerto, que
los gritos fueron subiendo de tono hasta llegar a proferir amenazas. No s
qu es proferir, pero s, le dije que o sala de mi zona o le daba una
ostia que lo mandaba a Villalba, luego el to sigui y sigui con su traje
oscuro y su burlona corbata de seda bailando bajo sus insultos: brillaba
mucho, tanto como el sudor que me caa por la frente, como sus ojos. Le
avis que se fuera, que le iba a partir la cabeza, qu poda hacer? Luego
se fue y me qued muy jodido por no haberlo hecho. Yo no le segu, joder,
ese juez debera creerme! Si ese juez fuera boxeador me gustara abrirle
la cabeza tambin a l.



Captulo 3: A.L.

Yo no esperaba encontrarle en medio del descampado. Mi padre me ha
advertido miles de veces (de verdad, lo repite dos o tres veces todos los
das), que no lo suelte, que es peligroso, que faltan no s qu papeles. Mi
perro se llama Roko y es un rottweiler negro con manchas. Yo me llamo
Antonio y soy un alumno del colegio San Patricio. He sacado un siete en
matemticas, la primera vez en mi vida que ocurre algo as.



Me haba llamado veinte minutos antes: iba a ir con sus amigas al centro
comercial. Natalia tiene las piernas ms largas de todas las chicas del
cole, o la falda ms corta, o tal vez las dos cosas. Cuando la veo con su
uniforme me entran ganas de estudiar mucho, todo a su lado, cualquier cosa.

Tena que sacar a Roko, pero si me iba hasta el encinar no iba a llegar a
tiempo, por eso me qued cerca de la estacin, por eso le solt, para que
hiciera pis de una vez y poder volver a casa. Entonces Roko se lanz contra
aquel arbusto detrs del cual haba un hombre, uno que corra mucho con un
maletn oscuro, uno que desapareci de mi vista sin decir nada, con un
golpe seco, como de muchos papeles que golpean al caer sobre una mesa.

Encontr a Roko babeando justo en el borde, dos metros por encima del
cuerpo. Se vean piedras muy grandes y blancas marcando la silueta de un
traje oscuro. Haba sangre y Roko miraba satisfecho.



Deba contrselo a mi padre, l sabra qu hacer: matarme? Deba estudiar,
deba obtener notas, deba aprobar el examen de ingls de la academia. No
deba sacar a Roko cerca de la estacin, no deba soltar la correa, no
deba mentir, tampoco contar la verdad; no si inclua haber matado a
alguien. No creo que pueda vivir con esto, mi foto aparecer en los
peridicos. Fue un accidente. Lo juro. Esto es una pesadilla.



Captulo 4: S.L.

Yo no esperaba que se agriase el coac. Se supone que prospera con el
tiempo, que por un precio de cincuenta euros la botella es razonable
esperar cierta calidad. Me llamo Sebastin Linares y soy juez. Me gusta
tomar una copa de coac saboreando el aroma de un buen puro habano al final
del da sentado en el porche. Creo que lo merezco.



Reconozco que me da miedo esa gente, los otros, prcticamente todos los
dems. He visto tantas cosas. S con qu rapidez aparece la sangre en medio
de esta existencia extraa; afortunadamente, mi vida discurre por otros
caminos. Un tipo ha discutido con un conductor de cercanas con motivo de
la huelga de celo, apenas disimulada, que estn llevando a cabo durante
toda la semana los conductores. Por la tarde vuelven a encontrarse y
repiten la discusin al llegar a la estacin de Las Rozas una hora y media
ms tarde de lo habitual. El tipo abandona el tren y se pierde en el
descampado que hay junto a la estacin. El conductor, segn el testimonio
de varios viajeros indignados, abandona su puesto y vuelve a aparecer
varios minutos despus (con la remota excusa de haber ido al bao por un
apuro prosttico). Tres horas ms tarde es encontrado el cadver. El
forense cifra la hora de la muerte nada ms salir del tren. Nadie ha visto
nada en el descampado. La causa del fallecimiento est clara: cada desde
una altura de dos metros y treinta centmetros sobre un cmulo de piedras
desechadas de la ltima obra de la estacin. No hay seales de violencia
ajenas al golpe de la cada.



Debera haber comprado dos botellas. Ahora tendr que conformarme con una
ginebra para acompaar el sabor del puro. A quin le gusta la ginebra? A
m, desde luego, no. Pero una ligera dosis de alcohol me auxilia a la hora
de conciliar el sueo. Llevo una vida muy tranquila, de usa y excelencia,
como dice mi mujer. Tengo mucha suerte y me genera un extrao cosquilleo
reparar en la gente que no la tiene, la cantidad de personas desahuciadas
que no se benefician de lo que algunos privilegiados pensamos que es la
vida. Todos acaban apareciendo ante m tarde o temprano, muertos o
acusados, desahuciados o heridos, agitando los brazos dentro de su propia
desdicha. No dejar que ninguna circunstancia extraa pueda perturbar mi
sentido de la vida. Mi nombre aparece en todas las quinielas como opcin
firme para formar parte del gran tribunal. Excelente. Comprar una caja
entera de botellas de coac para celebrarlo, no de cincuenta euros, de
cien. Tal vez debera adquirir alguna propiedad en la costa. Me gusta mi
vida.



Puede haber bastado un empujn. Por el aspecto del acusado yo dira que no
necesita acercarse a nadie para matarlo. Ciento treinta kilos bien
colocados con la mirada precisa pueden inducir a cualquiera a saltar o
correr. Al menos el puro es excelente: buen tiro, soberbia combustin,
sabor con recuerdos de vainilla y madera. Lstima no disponer de un buen
coac para acompaarlo. En un mundo ms razonable uno podra esperar que la
gente no se matase en las estaciones y el coac de cincuenta euros no se
convirtiese en vinagre. Eso pienso yo.



Cap 5: R.

Yo no esperaba un tipo con bata blanca armado con una inyeccin letal.
Desde antes de nacer mis genes se entrenaron para guardar el territorio:
luchar y vencer sin desfallecer ni dar muestras de dolor: ese soy yo, ese
es Roko.



Llevo un collar con dos pas en la parte interior. Cuando trato de correr
las puntas se clavan en mi cuello desgarrndome la piel, pero no me
intimida, es un regalo de mis amos. El otro es dejarme perseguir algn
conejo cuando paseamos temprano por el encinar.

La gente sale alborotada de la estacin y me miran a travs de la verja
cuando pasan frente a la casa. Son como un ejrcito. Se ren porque estoy
enjaulado ladrando y no puedo llegar hasta ellos. Tienen miedo, por eso
pasan tan rpido, y hacen bien.

Me gusta correr bajo la lluvia y pelearme con otros perros, quines se
creen que son para venir a mi territorio? Siento que me estoy durmiendo,
poco a poco, con un embriagador olor a vainilla y madera en el aire, como
cuando mi amo se sienta en el porche al final del da con una enorme copa y
un puro humeante entre los dedos, mientras yo permanezco firme, orgulloso y
tranquilo, tumbado a sus pies.

** Miguel Corrochano
   miguel@xtrm.es
   Escritor espaol (Madrid, 1966). Licenciado en derecho, trabaja en una
   agencia de publicidad. Ha escrito guiones de televisin y artculos como
   periodista. Escribe su primera novela.



=== La muchacha      Moiss Sandoval Caldern =============================

Esa maana, en la casa grande reinaba el caos.

En su alcoba, el patrn amaneci muerto. El cadver, medio envuelto por las
sbanas y el rostro descubierto, pareca un marchito capullo de muerte.

No incomode a la muchacha. Sbame usted un vaso de agua, y le pone una
ramita de albahaca fue lo ultimo que en la noche anterior le dijo a doa
Carmen, el ama de llaves.

El patrn quera mucho a la muchacha, y le tena muchas consideraciones. A
veces la llamaba hijita.

Pero esa noche iba estremecido por la noticia de la muerte de su compadre.
Su nico deseo era retirarse a su lecho a dormir tranquilo; su nimo, el de
prepararse para la larga velada del da siguiente. Tena que prevenir
cualquier desarreglo. Y es que sacando cuentas, a sus sesenta y pico, de
ese grupo de amigos de su juventud, l era el nico que quedaba en la otra
orilla. Viudo y con cuatro hijos dedicados a dilapidar su fortuna, vea la
vida pasar como sentado en un rincn de osario.

Pero esa noche la muchacha se obstin en cumplir con el encargo. Si siempre
haba sido ella quien atenda al patrn, por qu ahora iba a ser
diferente? Conoca perfectamente su situacin en esa casa y tena que
preservarla.

                                     

Unos hombres bajaron el cuerpo y lo tendieron en el recibidor, en un catre
de campaa. Ah mismo lo velaron.

La muchacha lloraba desconsolada. Y pareca que en cada lgrima verta una
parte de su vida. Impresionaba su pena. Tanto que los vecinos pensaron si
no habra enloquecido.

Una anciana trataba de consolarla:

No hay poder que cure las heridas de la pena, ms que Dios. Bastante
sufriste de nia con la prdida de tus padres, hija ma, te comprendo.
Derrama esas lgrimas por quien te sac de la pobreza, te protegi y vio en
ti a una hija.

Y la pobre muchacha segua llorando a mares.

                                     

La muchacha no era bella, pero tena el aroma perfumado de la pubertad; los
ojos grandes y el talle estrecho.

Esa maana, silbando haba abierto la puerta de la recmara principal. Y no
le extra la quietud y el silencio que reinaban en el interior, pues el
patrn sola madrugar a sus quehaceres. Pero en el umbral hizo una pausa,
se inmoviliz con la mirada levantada; quiz su olfato detect un tufillo
extrao. El aire pareca enrarecido con algo que no alcanzaba a
identificar. Pero estaba desvelada, era mejor no ponerse a cavilar.

Usualmente, ella aprovechaba esa hora de la maana para regresar al lugar
en que haba compartido parte de la noche, con el propsito de remover los
restos de la humedad de su cuerpo; los sudores saturados de su esencia que
impregnaban las sabanas y las almohadas.

Todava desorientada por la semipenumbra, ya se dispona a correr las
cortinas y a abrir las ventanas de par en par con el propsito de iluminar
el cuarto y, de airear los efluvios del sexo nocturno. Pero alcanz a ver
el bulto todava arropado. Entonces, como nia viciosa, con el turbador
encanto de quien recibe los primeros abrazos de los hombres, cerr la
puerta, recorri en la punta de los pies el espacio que la separaba de la
orilla de la cama, y poco a poco jal la sbana tomndola por el borde.

Lo vio echado all, inerte; su rostro era el de un andrajo humano
corrompido por los aos. Y ese ojo entreabierto, esa piel terrosa le indic
que el bulto era una cosa muerta.

De repente, le invadi un miedo cerval. Tuvo conciencia clara del peligro a
que se hallaba expuesta: a tener que volver a la ronda por las calles
cenagosas, a los bailes de arrabal, a los tugurios miserables con sus
pasillos de aserrn hmedo de cerveza derramada de donde la haba rescatado
el dueo de la casa grande.

Son el silbato del tren en la estacin lejana, con su cargamento de putas
rumbo a los caaverales de la cinaga; el silbido le lleg con un tono
melanclico.

Y a la muchacha le dio por llorar.

** Moiss Sandoval Caldern
   sandovalsoto@prodigy.net.mx
   Escritor mexicano (San Ignacio, Sinaloa, 1965). Reside en Culiacn
   (Sinaloa). Es servidor pblico y cursa la carrera de derecho en la
   Universidad Autnoma de Sinaloa (UAS, http://www.uasnet.mx).



=== Poemas      Rubn Eduardo Gmez =======================================

*** (piso al paso)

piso fro que calzan los pies y encierran al paso
de la cama al mundo
la maana es siempre
un invierno personal



*** (lluvia urgente)

una mano en la lluvia fra
el codo el hombro una pequea muerte
aire esquivo no viene a la boca
los ojos ciegos al da
golpean con agua
se busca
que el alma vuelva

urge



*** (la de espinas)

a mano llena
-   de puntas y piedras
se enreda la corona de laureles
la de espinas
la coronilla
sea cual fuere el vencimiento
siempre
falta menos



*** (raya al costado)

hay la raya al margen al costado
es de infancia ese arar con agua
parecer un parecido
una gota corriendo la frente
ojos de ella arriba de la raya
ojos mirando a los de ella
los ceos fruncidos la tarea el margen
esa raya al costado al margen del arado
renglones del instante
previos a la partida



*** (paso palabra olvido)

hay un paso que maldice
levanta el polvo la palabra
cada de un murmullo y olvida
quedarse la memoria
el paso palabra olvido

lo que abandona
se denigra



*** (alma de alambre)

una cuerda de pared a pared la ropa y
el viento y el peso mojado vencen
el dueo del patio supo qu hacer
arte de alambre argentino
no es incomprensible
cuidar su patio y familia
a la vista estn
sus desamparos



*** (sombra habitable viva)

veneno fiel una sombra habitable
viva en los labios quema negra ahora
una letra del aire y mancha el pecho
un tajo de amor
tapa los huecos
lo irreversible de un camino cierto
nunca se sabe adnde lleva
adnde termina

      (del libro indito Lo que son las cosas, 2006).

** Rubn Eduardo Gmez
   ruben_e_gomez@hotmail.com
   Escritor argentino (Comodoro Rivadavia, Chubut, 1965). Es empleado
   administrativo y ha publicado los poemarios El pecado de soar
   (Editorial Filofalsa, Buenos Aires, 1988, en colaboracin con Andrs
   Cursaro), Giser (Filofalsa, 1990), Siega, (Editorial
   Bogavante/Bizarra, Comodoro Rivadavia, 2004) y Libro del ojo (Editorial
   La Luna Que, Buenos Aires, 2004). Mantiene el grupo de noticias Los
   Salieris del Portu (http://groups.msn.com/LosSalierisdelPortu) y el blog
   Sentido Comn (http://www.blogs.ya.com/sentidocomun).



=== La ltima carta      Severo Insausti ==================================

1

All estaba la mujer a la que am durante tantos aos, oa su voz dulce, la
que me cautiv desde el primer da que dijo mi nombre.

Desde el sitio en que me encontraba, tras el cristal, poda adivinar una
gran reunin social, en la que se deba encontrar la mayora de las
personas que conoca, las cuales haban venido a verme a propsito de aquel
acontecimiento.

Se me figuraba estar en un gran teatro, con los ojos de todas las personas
puestos sobre m. Personas con las que comparta a diario, o que tal vez
haba visto ocasionalmente, o personas amigas de las conocidas, u otras tal
vez, a las que jams haba visto en mi vida; todas ellas reunidas all en
ocasin de haberme convertido yo, en alguien que despertaba un inusitado
inters.

Y entre los asistentes se encontrara, por supuesto, Felipe, vestido
impecablemente, como siempre, con aquella compostura y elegancia que nunca
le abandonaban.

Felipe y yo ramos amigos desde los aos de la universidad; era un tipo
inteligente, brillante, lleno de cualidades; siempre el primero en la clase
y en los deportes. Posea un gran espritu de competitividad y, en
cualquier cosa que emprendiera, el corazn se le iba en pos del triunfo.
Con ello supla (eso lo analic ms tarde) sus otras grandes deficiencias
espirituales.

Cuando me cas con Marian, a la que ambos conocimos por esos das y hacia
la que no poda ocultar sus sentimientos, sinti por vez primera, me
imagino, la agriedad y el sinsabor de la derrota, y a pesar de que las
cadenas de nuestra amistad haban sido laboriosamente trabajadas, comenz a
crecer, indetenible, un ocano que iba separando partes de nosotros,
haciendo olvidar lugares que nos fueron comunes y convirtiendo en armas
peligrosas, bombas de tiempo de destruir las vidas, a aquellas confidencias
enterradas tiempo atrs, con el tcito y silencioso acuerdo de jams
rememorarlas.

Pero, unidos los dos en empresas comunes, trabajando en proyectos y planes
siempre soados, nuestra amistad continu, a pesar de ello, sobre ese tapiz
social que todos pisamos obligatoriamente, aunque, en nuestro fuero
interno, muchas veces nos disguste.

Asociarnos en los negocios fue para m un acto de conveniencia y
supervivencia, y para l, una forma de estar cerca de Marian, pues las
personas como Felipe jams dejan de apetecer lo que no pueden alcanzar,
aunque la obsesin de mantener ese deseo les haga perder los caminos hacia
una felicidad distinta, propia y autntica.

Y las personas como yo, lo reconozco ahora, somos pobres candidatos al
xito empresarial sin alguien que, siendo capaz de entretenerse en los
intrincados recovecos del anlisis meticuloso y fro, no vea el lado
romntico de las cosas y el humano de las personas, y nos empuje, con
fuerza y determinacin, hacia la consecucin del descalabro ajeno.

As que, cada cual seguro de lo que posea, nuestra relacin se hizo fuerte
de nuevo, con estos insospechados vnculos de una hipocresa controlada y
necesaria. Los negocios comenzaron a dar sus frutos, yo era feliz con
Marian y l nos miraba y comparta nuestra felicidad.

Su pasin eran los autos y en ello malgastaba su dinero; yo por mi parte,
adquir una casa en la casa cerca de la playa, y all pasbamos juntos casi
todos los fines de semana.

Felipe siempre vena con regalos. Si yo le reprochaba sus excesivos gastos,
l argumentaba que nosotros ramos sus nicos verdaderos amigos.

Por supuesto, yo saba que su intencin era halagar a mi esposa, pero,
cmo podra yo dejar de sonrer y perder aquella interna sensacin de
victoria en lo nico que realmente lo aventajaba?

Por otra parte, nunca guard demasiadas reservas por ello, pues, a pesar de
que l, aun andando con muchas mujeres, convertido irremediablemente en
soltero empedernido, nunca dejaba de posar sus ojos de rapaz sobre la
hermosura de mi Marian, yo confiaba en ella todo lo que puede ser capaz de
confiar un hombre y saba que, aun en las circunstancias ms adversas, aun
si se diese la mejor combinacin de condiciones posibles para hacer
flaquear sus fuerzas y opacar, aunque fuese por un instante, el inmenso
amor que ella me profesaba, siempre guardara un resto de carcter y
determinacin para rechazar cualquier intento de Felipe por acercrsele en
ese plano de deseo que, slo con pensarlo, me resultaba repugnante.

A veces, cuando haca este ejercicio de la meditacin tratando de
imaginarlos juntos, en una especie de estpida flagelacin de m mismo,
terminaba por sacudir mi cabeza, dicindome que aquello sera la anttesis
de lo posible y que no habra forma de que sucediese.

Pero, as como saba que Marian era inamovible en su amor hacia m, saba
tambin que no escapaba a las frivolidades de la vida y a los caprichos de
mostrar y querer mostrarse ante los dems, y sobre todo ante sus amigas,
con orgullo que yo legitimaba, en mi amor hacia ella, los avances, los
progresos alcanzados, la posicin social que ambos habamos ido escalando.

As que, un buen da, a Marian, a mi amada Marian, no le fue suficiente la
casa del litoral y dej de gustarle, tambin, el barrio en que vivamos y,
de la casa que antes vea como el nido de nuestro amor, y que juntos
pintamos, decoramos y acomodamos a nuestra manera, ahora ya no le gustaban
las ventanas, ni la chimenea, ni el obscuro pasillo que conduca a las
habitaciones, y odiaba, sin que yo pudiese saber por qu, a la antigua y
cmoda butaca en donde siempre me sentaba.

Para complacerla, nos mudamos a una casa ms grande en un barrio ms
elegante, y cuando los camiones vinieron a devorarlo todo, mezclando en un
grotesco amasijo las cosas del espritu y las de la carne, aquella
compaera de muchas soledades, con sus cojines y apoyabrazos adaptados ya a
las posturas de mi cuerpo, qued all, desolada, contemplando la desnuda
chimenea, como centinela en un campo abandonado, donde nada hay que guardar
ya, excepto los recuerdos.

En la nueva casa, las blancas paredes de la sala, sin haber sido asaltadas
an por cuadros y adornos que reposaban en el piso, apoyados sobre ellas,
se me figuraban pantallas de cine, listas a recibir las imgenes de una
retoeciente vida, como si un borrador mgico hubiese desintegrado el
pasado y nuestros destinos fuesen a comenzar de nuevo.

Pero no senta temor, porque Marian estara conmigo, tal vez ahora, despus
del tratamiento a que se haba sometido a causa de su esterilidad,
tendramos hijos que viniesen a completar nuestra felicidad.

Recuerdo que durante mucho tiempo tuve que soportar las miradas y los
reproches de su madre, que, siempre lo supe, veladamente me acusaba de ser
el culpable de no haber tenido nietos a pesar de los aos que tenamos de
casados.

Ella habra preferido a Felipe, elegante, prctico y superficial como ella
misma, con el que congeniaba perfectamente y al que encontraba siempre
dispuesto a atenderla en lo que ella requiriese, tanto en la casa, en la
empresa en donde se apareca frecuentemente con la nica finalidad de
mortificarme y hacerse notar o en la casa de la playa.

Y yo saba que estas atenciones estaban dirigidas a agradarle no por ella,
sino por Marian, atenciones que haban surtido efecto con el tiempo, al
punto de haber escuchado yo, por casualidad, una conversacin entre madre e
hija en donde la primera le deca entre otras cosas: Si un da quedas
viuda....

Aunque no la vea, estoy seguro de que mi suegra se encontraba tambin en
la reunin. Andara pavonendose con cara de circunstancia, a diestra y
siniestra con su inmensa nariz que en ms de una ocasin me haba hecho
rer.

Creo que se encontraban all, tambin, varias personas a las que no haba
visto en mucho tiempo. De algunas de ellas casi no me acordaba, otros eran
viejos conocidos, compaeros del club o relacionados de negocios. Podra
haberme sonrojado, nunca tanta gente me haba prestado tantas atenciones.

Ello me incomodaba absolutamente porque, sin jactarme de filsofo o
erudito, he aprendido que los vestidos de la admiracin son cosidos
frecuentemente con los hilos de la envidia. Los pedestales en que los
humanos nos colocamos unos a otros no tienen nombres propios, y al ms
pequeo parpadeo los aduladores derrumban a sus dolos, poniendo ms saa
en el despedazamiento que nfasis haban puesto en la aclamacin.

Pareca ser, entonces, que aquel acontecimiento de suprema importancia para
m, haba sido aprovechado para demostrarme cun estimado era en el crculo
social en que me desenvolva.

Trat de hablarles, pero las palabras no salan de mi boca, quise gritar,
pero no pude, trat de voltear para ver a alguien que se me acercaba y en
ese momento, cerraron la tapa de mi urna y luego, sent que me llevaban.



2

Cuando era nio, en el enorme casern de campo donde vivan mis padres,
jugaba al escondite con mis amigos, y al encontrarme solo en alguna de
aquellas vacas e inmensas habitaciones, me asaltaba un irremediable temor
de quedarme all, encerrado para siempre.

De alguna manera vinieron a mi mente aquellos juegos de la infancia; mas
ahora nadie me buscaba, ni estaba en una de aquellas inmensas y vacas
habitaciones. El miedo era diferente, el encierro tan pequeo y tan
absoluto, que no encontrar palabras para describir lo que senta.
Recuerdos pasados y cercanos comenzaron a filtrarse entre mi desesperacin,
sin orden ni cronologa.

Vinieron a mi mente los aos de la universidad. Record los paseos por el
campo con Marian, cmo retozbamos sobre la hierba, ignorantes de todo,
menos de nosotros mismos.

Por aquellos das, ella comenzaba a llenar mi vida y no poda imaginarme
sin ella, sin verla correr como una mariposa entre los pequeos arbustos,
sin su risa, como una cascada que impregnaba de euforia todas las partes de
mi ser. Despus, los regresos, abrazados, soando con nosotros, y luego,
los encuentros con Felipe, con su mirada inquisidora, sus preguntas, las
indirectas, tratando de disuadirme, lo saba yo, para tener el campo libre.

Pero no sucedi. Yo me cas con Marian y l estuvo all, en nuestra boda,
de padrino por supuesto, rumiando su orgullo herido.

Sent balancearse la caja. Pens que alguien querra echar un ltimo
vistazo, entonces los mirara a los ojos y sabran que estaba vivo.

En ese instante, dara todo lo que tena por ver un rostro de un ser
humano, amigo o enemigo, que viniese a rescatarme de la desesperacin de
estar all, en el umbral de la nada, para siempre. Pero pasaron los minutos
y nadie apareci.

Lo ltimo que recuerdo, antes de despertar en el atad, es el rostro de
Marian.

Esa noche vesta un camisn negro con encajes que dejaba entrever su an
joven y siempre hermoso cuerpo, sus senos, suaves y provocativos,
sobresalan levemente por encima de los bordados.

Hicimos el amor como no lo habamos hecho en mucho tiempo.

Me levant y me di una ducha. Cmo maldije al agua, que borraba de m las
huellas de mi Marian!

Haca fro aquella noche, cuando sal de la ducha, ella dorma
plcidamente; la contempl casi hipnotizado, su rostro se me pareca a una
azucena, entre las mantas de la cama.

Me dirig al bar de la sala y tom la botella de aquel licor que guardaba
para las ocasiones especiales, ese del que solamente yo beba. Me serv una
copa y la apur de un trago, luego me serv otra, coloqu la botella en su
lugar, prend un cigarrillo y regres a donde mi Marian dorma.

Saboreaba mi copa sentado en el borde de la cama, cuando sent aquel fuerte
dolor en el estmago y un gran calor en todo el cuerpo; me recost y pens
en despertarla, pero me arrepent, supuse que sera algo sin importancia.
Entonces, me sobrevino un mareo y un dolor agudo me golpe en el pecho, la
mir y, de pronto, todo se apag.

Dios mo!, me iban a enterrar!, pero yo estoy vivo! me dije. Vivo!
Mov los dedos de los pies, comenzaba a sentir mi cuerpo de nuevo, como
saliendo de un estado de gran pesadez.

Grit.

Nadie me escuch. El grito reson dentro del atad, hacindome conocer el
verdadero sentido de la soledad y del abandono.

En la vida haba tenido muchas y personales soledades, aquellas que arropan
la pequeez del ser humano. Y slo ahora comprenda ignorante de m,
cuando ya no quedaban casillas en que colocar las cruces de la enmienda,
que aquellos vulnerables castillos eran un encierro que me autoprocuraba, y
slo mi exacerbada autoestima, que haca desmerecer ante mis ojos a quien
vala tanto o ms que yo, era la causa de que me sintiese solo, estando
rodeado de tanta vida. Mi alma, empobrecida en lo vulgar y cotidiano, no
vea ms all del ansia ms inmediata e, insatisfecha, alimentaba el dolor
con celo inusitado, hacindose inmensa en la contemplacin de s misma.

Por los ruidos que oa afuera, deduje que iba en el carro fnebre, pues lo
que escuchaba, parecan ser las estridencias del trfico.

Imaginaba a los conductores dentro de sus vehculos, en la forma casi
autmata como se conduce en las autopistas, sobre todo en aquellas
transitadas muchas veces, cuando, al llegar a un determinado lugar,
pensamos que hemos ido casi de memoria, y no tenemos recuerdos de por dnde
hemos pasado o de qu otros autos o cosas hemos visto en el camino.

Me los imaginaba as, con las mentes en sus asuntos y las manos a tiro de
claxon para, mediante este moderno mtodo del insulto, agredir a quien,
aunque fuese por una milsima de segundo, retrasase sus alocadas y
rutinarias carreras.

Me pareca ver sus ojos, fijos en el vehculo delantero, sin mirarlo, slo
palpando la distancia, yendo por inercia, a cualquier parte, como hormigas,
sin jams detenerse, pero vivos, libres, fuera de aquel atad que me
encerraba.

Yo mismo haba transitado ese camino muchas veces, sin percatarme de todo
lo que exista, viva y respiraba a m alrededor, abocado nicamente a mis
propios y miserables anhelos, mirando a los dems como comparsa, sin darme
cuenta de que era un actor de reparto, como otros, en este inmenso teatro
universal.

Pero ahora, qu banales, infructferas e intiles todas las metas de mi
vida, ante la indita contingencia!

Me encontr deseando desesperadamente un segundo final, un instante en que
ya dejase de pensar. Quera creer en la eternidad, en otra vida despus de
esta; era algo en lo que haba meditado ocasionalmente, pero eso estaba tan
lejano que, intil en adentrarme en lo insondable, volva inmediatamente a
la realidad.

Adems, senta una gran fatiga espiritual al tratar de discernir en si en
verdad habra una continuacin del ser. Ora imaginaba espritus sin formas
definidas vagando por todas partes, ora un inmenso jardn con fuentes de
agua que manaba sin ir a tener a parte alguna, en que las almas se
recreaban... Pero, cmo me preguntaba aquellos entes sin rostro, sin
piernas, sin brazos, podran reconocerse unos a otros, y si cada persona
que haba muerto en el mundo desde el principio de la humanidad, posea un
espritu en esta o en alguna otra parte, cmo moverse y convivir entre ese
abarrotamiento de seres? Por otro lado, qu tipo de existencia sera esa
continuidad asexual por aos y aos, sin un punto final en el tiempo, sin
un esperado evento que marcase la vuelta a los placeres conocidos antes de
la muerte?

Ya no tena dominio sobre mis pensamientos. En mi mente bullan demasiadas
cosas, demasiados recuerdos. Y mis proyectos?, y lo que me faltaba por
hacer en la vida?, tantas preguntas que no atinaban a respuesta alguna!

Qu fue lo que me pas?, quin fue el mdico que me declar muerto?,
habra habido alguno?, qu me hizo quedarme en ese estado?

Sudaba. Por momentos senta nuseas y mareos, entonces pensaba que era el
final, pero abra los ojos y me daba cuenta de que an continuaba all.

Si Marian supiese, o aunque sea sospechase por un momento que yo viva,
abrira la caja con sus propias manos, con dientes, con uas,
desesperadamente! Entonces me ayudara a salir, me abrazara, me besara y
me dira Te amo hasta quedarse sin voz.

Pero, cmo iba a sospechar tal cosa, sumida en el infinito dolor que mi
muerte le causara!

Siempre pens que el sufrimiento por la muerte de una persona estaba
ntimamente ligado al egosmo de seguir tenindola, pero que cada ser nace,
vive y muere por s mismo en una augusta y definitiva soledumbre como esta
a la que estaba sometido. Pero eso era antes de conocer el amor de Marian,
el sufrimiento que ella sentira en ese momento no tendra nada que ver con
egosmo alguno, y estaba absolutamente seguro de que ella hubiese preferido
morir conmigo, antes que quedarse sola en un mundo cruel, en el que no
tendra mis ternuras y mis cuidados.

Su amor me confortaba, sus sentimientos hacia m daban sentido a todos los
aos que haba vivido, y, casi tan slo por esos sentimientos, me llenaba
la ansiedad de no morir, porque pens en ese instante, sin el amor de
Marian, mi vida no hubiese sido nada, y desaparecer hubiese sido como matar
un mosquito, pues no cambiara nada en el mundo.

Pero mi muerte cambiara su vida; eso, ms que lo que pudiese suceder con
la fbrica, con mis asociados, mis clientes o con las personas que
trabajaban para m, me hacan sentirme importante.

Y deseaba no morir, casi ms que por el miedo de desaparecer para siempre,
por el infinito dolor que a Marian le causara.

Pensaba tambin que todo haba pasado demasiado rpido. Me pareca que los
aos de la infancia estaban all mismo, a la vuelta del ltimo respiro. El
mundo all afuera, continuaba sin m; tan importante que me crea, tan
indispensable, casi un designado de Dios!, y el mundo continuara sin m!

Ahora, apartado abruptamente, todo me haba sido vedado. Otros ojos veran
lo que yo haba mirado, otras manos tocaran lo que haba sido mo; pero
una cosa en mi desesperacin, me animaba absurdamente: ella jams sera de
otro, ira pasando los das sostenida en mi recuerdo, porque el tiempo no
podra borrar todo el amor que habamos compartido.

Hubiese querido verla aunque fuese una vez ms, amarla aunque fuese una vez
ms, or su risa de nuevo en la campia y acurrucarme en su regazo, sentir
sus manos acariciando mis mejillas y la humedad de sus besos interminables;
pero el pndulo se haba detenido y ahora, slo me esperaba el silencio y
la eternidad.

Haba tenido, en ocasiones, pesadillas horribles, me vea atacado por
fieras, o cayendo de precipicios, o en muchas otras situaciones
desesperadas pero, al despertar, me rea de aquellas angustias en mis
sueos.

Cerr y abr los ojos repetidamente tratando de despertar, mas, cada vez
que los abra, la certeza del atad me devolva a la desesperante vigilia
de mi fin.

Y recordaba ahora, tambin, esos cuentos de los enterrados vivos, de cmo
haban sido encontrados sus esqueletos volteados dentro de las cajas, y la
madera araada con las uas. Por instantes, me pareca ver a los gusanos
devorando mi carne, se me eriz la piel y trat de alejar esos
pensamientos.

Tena que pensar framente, actuar inteligentemente, analizar la situacin
en el poco tiempo que me quedaba; la desesperacin no me conducira a parte
alguna.

Intent moverme dentro de la caja; aunque tena espacio para flexionar un
poco las piernas, el cristal estaba demasiado cerca de mi cara. Lo golpe,
pero no tena ngulo suficiente para hacerlo tan fuertemente que se
rompiera. No poda respirar bien. Morir asfixiado!, pens. Entonces me
qued inmvil, pues pens que, si me agitaba, el oxgeno se acabara ms
rpidamente.

Luego, conceb un plan que no poda fallar: cuando se detuviesen en el
cementerio, golpeara, pateara la caja con todas mis fuerzas y me sacaran
de all.

Y si no me oan?, y si en esos momentos, el ruido de un avin o de un
tractor les impeda escucharme?

Marian!, s!, antes de bajar la urna, mi adorada Marian se inclinara
sobre ella para darme el ltimo adis, ms que inclinarse, la abrazara!,
tratara de pegarse a la caja para irse conmigo!, oh Marian!, me dola
marcharme, por dejarte! Entonces, cuando estuviese sobre la madera, le
gritara: amor, estoy vivo, scame de aqu!

Sera una buena sorpresa para toda aquella gente. Me imaginaba que llegado
ese punto del funeral, la mayora estaran ya fastidiados, pensando en sus
trabajos, en sus mujeres, en quin sabe qu, deseando que me enterrasen de
una vez para terminar de cumplir con el compromiso y marcharse. Me pareca
escucharlos: Se mueren los mejores, o Tanta gente mala y le vino a tocar
a l, o Es una gran prdida para tal o cual, o tal vez Tan joven... y
Tena una salud de hierro..., y aun, Es el destino.

Tambin lo sera para mi suegra, que pensara, en su interior, que jams se
iba a deshacer de m, y aunque estaba seguro de que Felipe se encontrara
profundamente compungido, el suceso alimentara vanamente sus ilusiones de
un futuro con Marian. Tan seguro estaba del amor de ella!

Quera creer firmemente que todo saldra bien, que sorteara aquella
situacin, igual que otras, difciles en mi vida...

Continuaba oyendo ruidos de automviles, entonces sent como que se
detenan, y otra vez el movimiento, pero ya no oa nada afuera del carro
que me llevaba. Estn entrando al cementerio, me dije, debo guardar
fuerzas para golpear la madera, cuando vayan a sacar la urna.

Mi corazn comenz a latir con ms fuerza, respiraba entrecortadamente. Ya
iba a salir!, vera la luz de nuevo!, volvera a la vida!

Se detuvieron. Transcurrieron agnicos minutos en que trat de contener la
respiracin y los pensamientos, como para que nada pudiese interferir en el
momento ms importante, en el acto ms heroico de mi existencia: gritar y
patalear.

O como que abran una puerta, entonces me desmay.



3

Sent un estruendo, como de cristales que se rompan, y luego que hurgaban
en m, como revisndome. Escuch un silbato lejano y voces, luego pasos muy
rpidos, como de alguien que corra, despus solamente o los cantos de los
grillos.

A travs de la tapa abierta vea el cielo estrellado. Respir profundamente
y, como pude, sacudindome los trozos de vidrio que haban cado sobre mi
cara, sal del atad, me sent sobre l y me puse a llorar.

Al escalar la fosa, me encontr con una selva de lpidas frente a m.
Corr, corr tan rpidamente como me fue posible, dejando atrs mi
sepultura, en la nueva vida que los ladrones de tumbas me haban regalado.

Deba ser de madrugada. Me encontr en una calle que ya me resultaba
familiar: era la de mi nueva casa.

Todo lo que vea a m alrededor me pareca nuevo, conocido pero nuevo, y no
sabra cmo explicarlo. No poda creer lo que me haba pasado, pero
encontrarme en la calle a aquella hora me confirmaba que no haba vivido un
mal sueo, sino una terrible realidad.

Las primeras luces del alba se levantaban detrs de la arboleda; jams
haba visto un amanecer tan radiante, todo me pareca maravilloso.

Ahora vivira cada da, cada hora, cada segundo, como si fuese el ltimo de
mi vida; me alejara de los negocios y saboreara todos los pequeos
placeres de la vida, pues no estaba dispuesto a perder esta segunda
oportunidad.

Marian! Todos mis pensamientos comenzaron de nuevo a girar en torno a
ella. Ella fue la razn por la que me mantuve vivo; de no haber sido por
ella, hubiera sucumbido, mi espritu se habra entregado en aquellas horas
aterradoras. Saba que no poda irme con todo aquel amor en mi corazn.
Ahora debera vaciarme sobre ella hasta quedarme seco, besarla hasta que me
doliesen los labios, apretar su cuerpo contra el mo, as me dara cuenta
de que estaba realmente vivo.

Busqu en mis bolsillos, instintivamente, las llaves de la casa. Estaban
vacos; yo me senta como aquel traje con el que me haban embarcado al ms
all; pero ahora llenara mi vida de las cosas realmente importantes.

Marian estara durmiendo; no tocara la puerta, entrara por la ventana,
como cuando ramos novios, en casa de sus padres, y la despertara con mis
besos.

Oh Marian, de nuevo estara contigo!, vera tu cara de felicidad al saber
que no haba muerto!, cuntas caricias te tena reservadas!, otra vez
iramos al campo a acostarnos sobre la hierba, te vera caminar entre las
flores, y tu risa sera como antes!

La ventana de nuestro cuarto estaba cerrada. Di la vuelta a la casa: las
cortinas de la sala se bamboleaban con el viento.

No haban retirado, an, las sillas adustas de la funeraria ni un atril
lleno de tarjetas. Todas las condolencias y toda la hipocresa resumidas
all, en blanco y negro!

Qu sorpresa se llevaran todos!, sobre todo aquellos a quienes mi muerte
les beneficiara; mis asociados, los que me deban sin recibo, los que, de
una u otra forma, echaran mano de mis bienes... Todos menos Felipe, pues a
pesar de nuestras viejas rivalidades, haba entre nosotros un afecto
sincero, controlado pero sincero, una relacin en la que nos conocamos y
nos aceptbamos, pero a los dems, cmo gozara vindoles la cara!

Llegu a la puerta de nuestra habitacin, respir profundamente, ech mano
al pestillo, abr la puerta y prend la luz.

El ruido los despert.

Pude ver el terror en los ojos de Felipe; Marian se aferr a l, apretando
los dientes, gimiendo, como si un mismo diablo se le hubiese aparecido.

Lo que sent era como morir de nuevo. Entonces lo entend todo. Entend el
macabro plan que ambos haban urdido para deshacerse de m. Desde cuando
me engaaba?, desde cundo el socio, el amigo que yo reciba en mi casa,
se rea de m?

Una rabia incontenible se fue apoderando de mi ser en fracciones de
segundo. Todo lo que amaba se haba perdido, todas mis ilusiones se haban
derrumbado y me senta el hombre ms miserable sobre la Tierra.

No pude pronunciar palabra, slo atin a golpear el marco de la puerta con
mis puos, corr a la biblioteca, saqu el revlver que an estaba en mi
escritorio y regres.

Comenzaron a gritar, sin salir todava de su asombro.

Con los ojos llenos de lgrimas dispar una y otra vez. La sangre de ambos
salt sobre las sbanas, sobre el copete de la cama, y llen de manchas la
pared.

Sal de all desesperado, con el revlver aferrado an entre los dedos y me
fui sin rumbo por las calles de la ciudad, que estaba despertando.

Llegu hasta la vieja casa y, en mi querida butaca abandonada, frente a la
chimenea apagada y fra, me sent de nuevo.

Es por eso que me encontrarn aqu. A nadie se culpe de mi muerte.

** Severo Insausti
   severoinsausti@hotmail.com
   Escritor venezolano (Paredes, Orense, Espaa; 1950). Reside en Venezuela
   desde 1961. Ha publicado el poemario El cantar de las tentaciones (2005)
   y tiene inditos varios libros de poesa y prosa.



=== Poemas      Ernesto Carrin ===========================================

*** Zarathustra explica el desvn de las cenizas

qu es este canto saudade, tapizando la niebla en vuelo detenida, cuando
la hiel de los guerreros mece el calor de las cruces trabajadas con
paciencia? Me refiero a un bosque de clavicordios, oscuramente afinados por
el diluvio de las horas, que macula el blanco lazo que arrea las estrellas;
despus de la cellisca.

                                     *

ni la saliva rozando paladares (como un ala que brilla en su ejercicio)
advertir la noche larga en el chillido de las nucas; ni en los umbrales
cremados por la complacencia al pie de la mujer que se desnuda. Afanoso
pasa el polvo, de nuestra greda de bestias, noche y da sin llevar el
clculo de sus ancestros. nicamente el delicioso tramo de los eucaliptos.

                                     *

harapienta, la luz limpia la casa abandonada, la ntegra vajilla, aun la
cinaga abolida por su gloria; y piensa en esos cuerpos que siempre se
extravan vendndose las palmas, en esas culpas (cojeando sin memoria)
donde aprende el escozor que sobrevive. En tantos y tantos cautiverios,
echados a perder con las primeras voces.

                                     *

la paz ms se parece a una muchacha ebria que a los sombreros de mrmol de
las nubes que adquieren movimiento. Ms a la lejana de las luces, que
danzan distradas sobre el cristal cuarteado de los papalotes. La paz
(vendimia de pavesas) no avanza por legiones extranjeras repasando sus
diarios carcomidos. Sino por el rescoldo de las aguas, que encienden la
carcasa del secreto.



*** Desconstruccin de Pessoa

                                     Tras las mscaras mscaras me acechan.
                                                           lvaro de Campos

El comienzo es siempre una simiente que mejora el crimen y el silencio.
O sobre el pecho, esta escalera de mundos que no llegan a ninguna puerta,
a ninguna cerradura. Que demoran mi temor de no morir ajeno,
por no decir que el tiempo me visita.
Vivir consigo mismo es tan difcil,
cuando lo nico cierto es un tambor de pieles que los otros rompen
para levantar sus voces. La majestad del hueso, que asienta su cardumen,
sobre el podrido eje de una tierra fra.
Pero sabr el otro, que enarbola su canto desde las entraas,
que yo tambin existo?               que tambin yo canto?
Aunque la realidad no puede ser el otro,
porque s que tampoco soy yo mismo: un espejo astillado bajo la luz
      [caliente...
Y la poesa, obra pura que derrota mi lugar en este sitio.
HERMOSO MONSTRUO. Reflejo fiel del ser humano que no construye
ni destruye nada. Acaso t, la ms segura de las mscaras que tuve,
la ms desvergonzada; no terminars siendo otra cuando alguien
pase tus pginas sin entenderte.

Cuando alguien piense este canto, para todos.   



*** El mar relee a Safo

Cun claro este animal enorme, que cerca de mis pies se lame el crneo. Y
cun grande y fatigada est su sombra, con tantas franjas suaves
escondidas. Con tantas fiestas y vitrinas copadas por la luna. Ya pronto,
hacia un estanque en silencio, hacia el estrecho de una espuma que aderece,
elevar mi canto. Y dentro, como en un jardn de sueos, numerosas estatuas
brindarn mi polvo. Brindarn por la ceguera de cada edad clavada entre la
sal y el cielo. Y este animal enorme, que hoy cerca de mis pies se lame el
crneo, sin darse cuenta, cabalgar en mis versos.

y cabalgar, aunque no quiera...

                                     *

Y yo la llamo mar,
Porque reposa inquieta como una amante en los remordimientos del sol. En
      [las preguntas de esta carne, que no logr jams guardar secretos.
Y yo la llamo mar,
porque su voz proviene del exilio; y su materia de una noche intacta donde
      [duerme un bho. De una noche profunda, donde dios ampla su red como
      [una trenza espesa de destellos. Y yo le digo ella, porque la pienso
      [ciega, blanca y vanidosa entre nosotras.
Porque yo tambin fui hermosa, cuando ciega.

                                     *

y si mudamos? preguntas
y si mudamos, que nunca nos posea ningn hombre.
(as es como prospera la presencia en la flexin del tiempo)

** Ernesto Carrin
   carrionernesto@hotmail.com
   Escritor ecuatoriano (Santiago de Guayaquil, 1977). Ha colaborado con la
   prensa escrita, realizado trabajos de crtica literaria, ejercido la
   docencia y participado en encuentros literarios fuera y dentro de su
   pas. Public en 2002 El libro de la desobediencia, Editorial La (H)onda
   de David, y gan el Premio Nacional de Literatura Csar Dvila Andrade
   el mismo ao con su segundo libro, Carni vale, publicado posteriormente
   por la Universidad de Cuenca (http://rai.ucuenca.edu.ec). Su tercer
   libro, Labor del extraviado, fue publicado por Editorial Koz, de Quito.
   Textos suyos han aparecido en la revista Solotextos, de la Casa de la
   Cultura Ncleo del Guayas, y por revistas virtuales de Chile y Espaa.



|||||||||||||||||||||||||||    POST SCRIPTUM    |||||||||||||||||||||||||||

Todos los que escribimos nos damos clara cuenta del reducido margen dentro
del cual puede moverse nuestra eleccin en punto al idioma. El habla de
nuestra poca nos impone su estructura general, y las transformaciones que
el ms grande innovador del decir haya realizado son nada si se las compara
con su originalidad en los otros planos de creacin. Las condiciones y
finalidad del idioma hacen de l una cosa en gran parte mostrenca y
comunal.

      Jos Ortega y Gasset, Ideas sobre Po Baroja (sin fecha). En: El
      espectador (1970).



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