~~~~~~~~~~~~~~~ Año XII Cagua, Venezuela Nº 170 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 20 de agosto de 2007 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | “Las islas latinoamericanas”, Jorge Gómez Jiménez. | Editorial | Cumpleaños novelado. / Libros hondureños. / Bolivianos | Breves se reúnen. / F11. | | Sociedad Ecuatoriana de Escritores escogió nueva | Noticias directiva. / Entregan en Guatemala premio B’atz’ de | literatura indígena. / Omar Mesones gana el Premio | Salvador Garmendia. / Casi dos millones de libros | entregarán a escolares de Argentina. / Exhumación de | restos de fusilados con Lorca no irá a tribunales. / | Falleció el poeta chileno José Miguel Vicuña. / | Homenajean en su tierra a Juan Crisóstomo Lafinur. / | Casa refugio para escritores planea Carmen Boullosa en | Nueva York. / Legado de Gabriela Mistral ya está en | manos chilenas. / Proponen jornadas de novela histórica | para Hospital de Órbigo. / Murió el escritor | argentino-mexicano Luis Guillermo Piazza. / Reconstruyen | primera exposición fotográfica de Juan Rulfo. / VII | Festival de Literatura de Berlín se enfocará en | Latinoamérica. / Motos, música y paella se conjugarán en | Xàtiva. / Feria del Libro Unica organiza la Universidad | Católica Cecilio Acosta. / Jalla-E 2007 será en Perú. / | Sociedad de Escritores de Chile convoca encuentro | internacional. / Exposición literaria organizan en | Brasil. | | “Letras heterodoxas. Apuntes sobre Scott Fitzgerald, | Artículos y Miller y Burroughs”, Valmore Muñoz Arteaga. / | reportajes “Centenario de Betti (Elisabet) Alver”, Juan Franco | Crespo. / “Allá, Julio, donde estés”, Idalia Sautto. / | “Ars erótica convertida en canción por Cultura | Profética”, Gloria Dolande. / “Palabra de escritor”, | Ricardo Adrián Steiner. / “Los únicos privilegiados son | los niños”, Fernando Sorrentino. / “La gafedad del Mío | Cid”, Juan Guerrero. | | “Gonzalo Márquez Cristo: ‘La lección del silencio’ ”, | Entrevistas Carlos Olano. / “Entrevista a Alexis Romay: Biopsia al | cadáver de la revolución cubana”, Armando López. / | “Entrevista con la escritora cubana Wendy Guerra, | elegida en el proyecto Bogotá 39: Querido Diario, dime | quién soy”, John Jairo Junieles. / “Mariozzi Carmona, | voz íntima y palabra certera: ‘El sonido y las imágenes | disparan mi inspiración’ ”, Rafael Ortega. | | “Vindicación de la cultura musulmana a partir de la | Sala de ensayo Divina Comedia”, Musa Ammar Majad. / “El Análisis | Crítico del Discurso (ACD): una perspectiva crítica de | lectura en estudiantes universitarios”, Oscar Iván | Londoño Zapata. / “Democracia y globalización”, Carmen | Malarée. | | Poemas de Stephanie Carolina Amaro Vans. / Tres relatos | Letras de María Daniela Aranguren Pérez. / Cuatro textos de | Pepa Ortiz Moreno. / “Virginia Woolf en la habitación”, | Gustavo Tatis Guerra. / Poemas de Alexis Reverón. / | “Cosas bellas perdidas”, Alberto Bellido Esteban. / | Poemas de Alejandro Félix Raimundo. / “Los tres héroes | (Alesha, Dobrynia E Ilyá)”, Ester Rabasco Macías. / Dos | poemas a Caracas de Gloria Cepeda Vargas. / “Vitrum”, | Mario Morenza. / Poemas de Johnny Barbieri. / “El | devenir de la vida”, Ligia Valladares Expósito. / Poemas | de Beatriz Milne Rotundo. / “La barra”, Alejandro José | López Cáceres. / Sonetos de David Hidalgo. / “Regrésame | el colchón viejo”, Yolanda Ramírez Michel. | | “Los haiku del Viejo Libo”, César Bianchi. / “Escena | El regreso primordial y otros poemas”, Chrystian Zegarra Benites. | del caracol | Alberto Fuguet. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||| EDITORIAL ||||||||||||||||||||||||||| === Las islas latinoamericanas Jorge Gómez Jiménez =================== El mercado editorial contemporáneo es un caos. La profusión de editores, títulos, propuestas, que pudiera considerarse a simple vista un síntoma de buena salud, encierra un diagnóstico oscuro que habla de un medio obeso, saturado de esa grasa perjudicial que es la cantidad, y que no sólo dificulta el análisis de conjunto de la literatura contemporánea sino que además invoca, por parte de los sujetos involucrados, prácticas ajenas a la literatura para hacerse de un espacio —aunque tan sólo sea momentáneo— en ésta. Literatura, mercado, globalización y medios son los ingredientes de este asopado de infarto. Se publica más de lo que se lee, prevaleciendo la cantidad sobre la calidad y estimulando artificialmente una presión por la producción en masa. Un fenómeno del que han tenido mucho que ver los medios, de los que desaparece, a velocidad de crucero, la crítica, que es sustituida por la reproducción llana de las siempre complacientes presentaciones de solapa. A principios de este año alertaba sobre estos temas el escritor español Juan Goytisolo: “Los pesos pesados del mundo editorial sólo quieren publicar lo que, acertadamente o no, consideran productos de venta fácil y marginan aquellas novelas que, en razón de su complejidad o por su voluntad innovadora, no responden al conformismo y pereza intelectual de una mayoría anestesiada por la telebasura o las revistas sobre la gente guapa”. Opinamos que al final siempre hay un espacio para la literatura destinada a trascender, pero las presiones del mercado sobre el medio editorial están produciendo manifestaciones a las que hay que prestar atención. La semana pasada, la escritora mexicana Margo Glantz hablaba, por ejemplo, de lo que ella llama la “balcanización” de la literatura latinoamericana: los lectores tienen acceso sólo a obras de autores de sus mismos países, e ignora lo que se produce en el resto del subcontinente. El mexicano no lee al ecuatoriano; el venezolano no lee al boliviano. Las editoriales transnacionales hace tiempo que destacan personal en cada país para producir obras de limitada distribución geográfica. Así, entes de origen transnacional se han convertido, paradójicamente —pues se supone que la motivación de su actitud es promover la literatura de los países en que actúan—, en impulsores de literaturas nacionales, en el peor sentido del término: conjuntos de obras que con dificultad pasarán las fronteras de los países en que fueron escritas. Glantz invoca cierto sentimiento de nostalgia por el boom, cuando en su opinión la literatura latinoamericana estalló a los ojos del mundo como un bloque más o menos uniforme. Una nostalgia que no deja de sentirse cuando se piensa en las razones que impulsaron la organización del evento Bogotá 39 (http://www.bogota39.com), y que son descritas en su misma presentación: “Es hora de que nuestra literatura, disuelta hace décadas en glorias nacionales dispersas, recupere el brillo continental que tuvo en las décadas de 1960 y 1970 y suene con la fuerza de muchos talentos aunados”. De este síndrome ha escapado la literatura que se difunde en Internet, un medio vivo y palpitante que mantiene en contacto a los escritores del continente, y no sólo entre ellos sino, además, con autores de otros idiomas, latitudes y realidades. Una evidencia próxima de ello es el procedimiento mediante el cual fue escogida la plantilla de 39 escritores latinoamericanos que a partir de este jueves se reunirán en la capital de Colombia: la propuesta y votación, por parte de lectores y escritores, a través de un formulario electrónico en la web del evento. Es cierto que la vitalidad de Internet produce de alguna manera un efecto similar: una oferta ciclópea a la que es imposible enfrentarse sin más. Pero, ¿existe la luz? Quizás sí, si pensamos —en forma optimista— que la existencia de nichos de calidad en Internet, definidos por la afluencia misma de lectores críticos, puede terminar convirtiendo al medio en un importante termómetro de la literatura contemporánea. Jorge Gómez Jiménez, editor http://www.letralia.com/jgomez ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| Cumpleaños novelado. El 25 de junio fue presentada la novela Feliz cumpleaños, te quiero, del escritor dominicano Eduardo García. La historia se centra en el personaje de Ricardo, un joven dominicano que el día de su 25º cumpleaños le revela a toda su familia, incluyendo a su novia, que es gay. Esta revelación causa un enorme revuelo y, en medio de extraños y divertidos eventos, su vida cambiará drásticamente al encontrarse con una serie de personajes que harán del día de su cumpleaños algo inolvidable. Interesados en adquirir un ejemplar, cuyo costo es de 6.000 pesos, pueden escribir a diversosasuntos@yahoo.com o llamar al 09 8347319. http://libroseduardogarcia.blogspot.com Libros hondureños. El portal Honduras Educacional, un completo repositorio de información sobre ese país centroamericano, se está esforzando en una labor de promoción de las letras hondureñas en conjunto con la Sociedad Literaria de Honduras. El sitio está ofreciendo libros de autores hondureños a un costo de apenas 5 dólares más gastos de envío, para lo cual están adquiriendo derechos de distribución de algunos títulos como La piedra sonadora, de Samuel Villeda Arita, y Voces del alma, de Hogla Carcache. http://www.honduraseducacional.com/soliho/Libros.htm Foro en Cochabamba. Entre el 29 y el 31 de agosto se realizará en el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño, de Cochabamba (Bolivia) el cuarto Foro de Escritores Bolivianos, uno de los eventos más literarios más importantes del país latinoamericano, y en el que se brinda la oportunidad de acercar al público con literatos y críticos. Participarán del evento escritores de la talla de Eduardo Mitre (poeta), Renato Prada Oropeza (novelista, investigador literario), Gaby Vallejo Canedo (novelista), Marcia Mogro (poeta, crítica literaria), Erika Bruzonik (cuentista), así como representantes de la literatura joven, como Wilmer Urrelo, ganador del Premio Nacional de Novela 2006, y Maximiliano Barrientos, finalista del concurso de cuento Franz Tamayo. Avenida Potosí 1450, Cochabamba, Bolivia. http://www.fundacionpatino.org/cpycsip.htm F11. Del 28 al 30 de septiembre se desarrollará en las instalaciones del Gimnasio Moderno de Bogotá el F11, festival de la revista El Malpensante, que con sus ediciones anuales se caracteriza por su propuesta cultural alrededor de temas de debate y por propiciar un espacio único para la conversación y el intercambio de ideas. Entre los eventos que se realizarán en el marco del festival, habrá 26 conferencias magistrales, entrevistas y mesas redondas, 7 talleres, 3 recitales de poesía, exposiciones de arte y la proyección en estreno de 3 películas incluidas en el ciclo de Cine Malpensante. Habrá más de 40 invitados nacionales e internacionales, entre ellos arquitectos, escritores, pensadores, poetas, fotógrafos, directores de cine, economistas y científicos. http://elmalpensante.com/f11 ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Sociedad Ecuatoriana de Escritores escogió nueva directiva La Sociedad Ecuatoriana de Escritores (Sede, soc_de_escritores@yahoo.com) escogió recientemente su nueva junta directiva, que ha quedado presidida por la escritora Natasha Salguero Bravo (Quito, 1953) y que regirá los destinos de la institución hasta el año 2009. La juramentación de los nuevos directivos tuvo lugar durante un acto cultural celebrado el pasado jueves 2 de agosto en el Centro Cultural Benjamín Carrión (http://www.cce.org.ec). A Salguero Bravo la acompañan Humberto Vinueza (vicepresidente), Iván Oñate, Leonor Bravo, Aleyda Quevedo, Tanya Roura, Elsy Santillán Flor, Sheyla Bravo y Carlos Garzón (vocales); Carmen Inés Perdomo (secretaria) y Carlos Vallejo (tesorero). Además fueron electos para el Tribunal de Arbitraje los escritores Atahualpa Martínez, Raúl Rivadeneira y Raúl Velasco, y fueron designados para el Comité de Honor los escritores Jorge Enrique Adoum, Miguel Donoso Pareja, Efraín Jara Idrovo, Eugenia Viteri y Alicia Yánez. La nueva directiva ha venido trabajando desde su elección en junio pasado, elaborando un plan de actividades y varios proyectos. Entre ellos, se destaca el proyecto La Casa de las Letras, que será el recinto donde se realizarán actividades literarias periódicas, tales como talleres, recitales y presentaciones de libros. Se encuentran en preparación los proyectos de encuentros y festivales, así como el de la Feria del Libro Ecuatoriano. Se han realizado asimismo varias reuniones sobre los derechos de los escritores y se ha iniciado el diálogo con María Isabel Saad Herrería, directora del Sistema Nacional de Bibliotecas (Sinab, http://www.sinab.gov.ec). También se están procurando servicios para los socios y además se ha trabajado en aspectos de propuestas para la Ley del Libro. Escritora, poeta, periodista, y promotora cultural, Salguero Bravo es ganadora del Premio Nacional de Literatura “Aurelio Espinosa Pólit” de 1989 por su novela Azulinaciones. El mismo año obtuvo el segundo Premio Gabriela Mistral de Poesía del Club Femenino de Cultura. Textos suyos han aparecido en diversas antologías, como Ars Erótico, Poesía erótica de mujeres y 14 narradoras ecuatorianas, antología crítica compilada por Adelaida López y Gloria da Cunha-Gabbai y editada por la Universidad de Puerto Rico (UPR, http://ww.upr.edu). Textos y poemas suyos han sido traducidos al inglés, al italiano y al hebreo. Ha publicado también los poemarios Nave Palabra (2000) y No me digas que me amas (2002). Humberto Vinueza es uno de los más destacados poetas ecuatorianos, con amplia y reconocida trayectoria, y ha merecido diversos premios. Iván Oñate ha sido antologado entre los cuentistas más importantes de habla hispana y su poesía ha merecido los elogios de la crítica. Leonor Bravo es una cotizada escritora de cuentos y novelas infantiles, ganadora de varios premios nacionales y presidenta de Girándula. Aleyda Quevedo se ha destacado en el ámbito internacional y nacional por la notable calidad de su poesía, a pesar de sus pocos años. Tanya Roura, además de poeta, escribe novela histórica de éxito y de relevancia. Elsy Santillán Flor, también galardonada narradora, cultiva el cuento y la novela de suspenso y horror. Sheyla Bravo ha publicado poesía y cuento. Carlos Garzón, Carlos Vallejo y Carmen Inés Perdomo son tres poetas jóvenes cuyo talento es reconocido en América Latina. Fuente: Sede *** Entregan en Guatemala premio B’atz’ de literatura indígena El pasado 8 de agosto fueron reconocidos en Ciudad Guatemala los ganadores del Premio de Literatura Indígena B’atz’, siendo galardonados los escritores Leoncio Pablo García Talé, de Totonicapán; y Miguel Ángel Oxlaj Cúmez, de San Juan Comalapa. La editorial guatemalteca F y G Editores (http://www.fygeditores.com) publicará la versión bilingüe de los tres textos ganadores. Por decisión unánime del jurado el premio se dividió para los dos escritores. La primera obra ganadora fue B’ixonik tzij ke uk’ulaj kaminaqib’ (Canto palabra de una pareja de muertos), escrita en k’iche’ por García Talé, que según el escritor mexicano Juan Villoro, miembro del jurado, se define como “un conjunto poético de fuerza extraordinaria, lleno de metáforas insólitas, con una atmósfera logradísima, donde en verdad se siente que la voz del poeta ha sido trabajada por los muertos y viene del otro lado de las cosas”. La otra obra premiada fue Rutaqikil Ri Sarima’ El Sarima’, escrita en kaqchikel por Oxlaj Cúmez, descrita por Rodrigo Rey Rosa, miembro del jurado, como “un cuento que expone con gracia y maestría técnica las variedades locales del miedo colectivo, y resuelve la narración con un final tan verosímil como inesperado”. El segundo lugar fue otorgado por decisión unánime a Manuel Raxulew Ambrosio, por su texto Le Tzalijem (El retorno), que el escritor Dante Liano, integrante del jurado, describe como un texto que “destaca por su composición coral, porque ve el mundo desde una perspectiva comunal”. Asimismo, hay un grupo de escritos finalistas sobresalientes que recibieron mención honorífica y recomendación por parte del jurado para su publicación. Este premio fue establecido por iniciativa del escritor Rodrigo Rey Rosa, quien donó el monto total del Premio Nacional de Literatura (2004) para el establecimiento de la primera edición del Premio de Literatura Indígena B’atz’. Los autores de las dos obras ganadoras compartirán el monto de 10 mil quetzales, y el segundo lugar recibirá la cantidad de 5 mil. Fuente: Prensa Libre *** Omar Mesones gana el Premio Salvador Garmendia El escritor venezolano Omar Mesones fue el ganador, con su libro de cuentos Inventario y otros relatos, de la segunda edición del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia, según informó el pasado 9 de agosto la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, organizadora del certamen. Más de una docena de historias concentradas en lo cotidiano y en lo urbano componen el libro, que Mesones describió como una colección de “cuentos independientes, autónomos, con temáticas bien diferenciadas”, donde “los personajes se parecen a gente que uno conoce, son seres comunes”. El jurado, integrado por Sael Ibáñez, Rafael José Alfonso y Orlando Chirinos, expresó que el texto tiene solvencia en el manejo del lenguaje y una extraordinaria capacidad fabulatoria, sin perder contacto con la realidad. Mesones recibió 10 millones de bolívares y la publicación del libro. Ya antes había recibido el premio de Autores Inéditos del año 2000, de Monte Ávila Editores, por el libro El atador de cabos, y con el premio Literatura Juvenil Salvador Garmendia 2002, por su obra Japi berdei tu yu. El escritor mantiene un blog personal en http://omarmesones.blogspot.com. Inventario y otros relatos es un cuerpo bien ecléctico de cuentos, según el autor, en él se podrá encontrar una historia que se desarrolla en un seminario literario que da un profesor sobre un supuesto escritor venezolano, en el cual, como en todos sus cuentos, está presente la ficción. “Además, hay el cuento de la planificación y ejecución de un asalto a un banco de una pareja de venezolanos, otro que inicia en una fiesta y termina en una orgía, otro que relata la historia de dos señoras que se acercan a un hotel a esperar que uno de los esposos salga con su amante”, ilustró el escritor. Un total de 38 libros de todo el país participó en este concurso en el que también se otorgó mención honorífica a Enrique Albornoz por 7 Principios, 7 Cuentos, un destino, basado en Las leyes del Kybalión, denominados los principios de la verdad combinados con la literatura. También se publicarán Cuento de pareja y otros relatos, de Heberto Gomero; Intemidad felina, de Maribel Silva Rodríguez, y Los cuentos de Natalia, de Carolina Lozada, que a juicio del jurado poseen gran calidad literaria. Por su parte, el presidente de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, Luis Alberto Crespo, manifestó que este premio también busca al escritor que no es conocido para que pueda salir a la luz pública. La primera edición del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia premió la obra Cuando amas debes partir, del periodista y escritor Eloi Yagüe, y desde ya está abierta la convocatoria para la tercera edición que cerrará el plazo en mayo de 2008. Fuente: ABN *** Casi dos millones de libros entregarán a escolares de Argentina El ministro argentino de Educación, Ciencia y Tecnología, Daniel Filmus, acompañado por el presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL, http://www.aal.edu.ar), Luis Pedro Barcia, y autoridades de la Cámara Argentina de Publicaciones (http://www.publicaciones.org.ar) y de la Cámara Argentina del Libro, Editores y Escritores, iniciaron el pasado 10 de agosto la distribución, en las escuelas medias de la nación sureña, de 1.700.000 ejemplares de una colección de cien títulos fundamentales de literatura universal y latinoamericana, así como de autores argentinos clásicos y contemporáneos. Durante la presentación, el titular de la cartera educativa expresó que “hay algunos libros que los chicos no pueden dejar de leer y es obligación del Ministerio de Educación brindárselos. Ahora hace falta la magia del docente y del bibliotecario para colocar en las manos de los alumnos estos libros y lograr que sean parte de la vida cotidiana de la escuela. Si logramos que los chicos sientan el placer de leer, vamos a tener una sociedad más crítica, más libre y justa, una sociedad mejor. La escuela es lugar ideal para recuperar las ganas de leer”. En el acto, estuvieron presentes Elsa Oesterheld —viuda del escritor Héctor Oesterheld—, los actores Juan Leyrado y Patricio Contreras, los autores Angélica Gorodischer, Ana María Shua, Luisa Valenzuela, Silvia Iparraguirre, Francisco Solano López y Joaquín Lavado (Quino), entre otros. La entrega de los libros —que fueron seleccionados en conjunto con la AAL— beneficiará a un millón y medio de alumnos que concurren a las escuelas medias de la nación sureña, con el objetivo de que los jóvenes puedan acceder a los textos fundamentales de la literatura argentina y universal. De alta calidad en sus impresiones, grosor de tapa e interiores, los libros incluyen obras de clásicos como La Divina Comedia y Don Quijote de la Mancha; novelas policiales y de ficción científica; y de autores argentinos clásicos como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo; cuentos de fútbol de Osvaldo Soriano y Roberto Fontanarrosa; y la colección completa de las historietas Mafalda, de Quino, y El Eternauta, de Héctor Oesterheld. Fuente: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de Argentina *** Exhumación de restos de fusilados con Lorca no irá a tribunales La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH, http://www.memoriahistorica.org) ha descartado finalmente acudir a la vía judicial para pedir la exhumación de los restos de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí, fusilados en Granada junto al poeta español Federico García Lorca, para no “entorpecer” la elaboración del mapa de fosas que está realizando la Junta de Andalucía (http://www.juntadeandalucia.es). Así lo explicó este 11 de agosto el presidente de la citada asociación en Granada, Francisco González, que consideró que la elaboración de este mapa “dará paso a programas encaminados para la exhumación” de las víctimas de la Guerra Civil, aparte de que acudir a la vía judicial “gastaría recursos” que podrían destinarse a otros programas. González recordó que “ninguna asociación ni ningún grupo de familiares tiene dinero suficiente para llevar a cabo una exhumación” y se congratuló de que la Junta pueda ser “la encargada” de esta tarea. Manifestó que la Administración Autonómica está llevando a cabo una labor muy “acertada”, en la línea de lo que la ARMH exige, que es, además de “dignificar” a las víctimas, “satisfacer” los deseos de aquellas personas que quieren recuperar los restos de sus familiares desaparecidos. Respecto a la postura de la familia Lorca, que se ha negado en reiteradas ocasiones a la exhumación de los restos de los fusilados junto al poeta, González manifestó que “no tiene poder suficiente” como para “vetar” esta decisión de los parientes de Galindo y Galadí. De llevarse a cabo finalmente la exhumación, González aseguró que un equipo de arqueólogos de la Universidad de Granada (http://www.ugr.es) será el encargado de realizarlo, lo que supone una “garantía total” desde el punto de vista científico, según González, puesto que se haría con “todas las reservas y el respeto que un caso como éste exige”. Junto al poeta Federico García Lorca, el maestro Dióscoro Galindo y el banderillero Francisco Galadí fue fusilado también el banderillero Juan Arcoyas Cabezas, quien no dejó descendencia. Desde su creación en el año 2000, la ARMH ha abierto una veintena de fosas y exhumado en León los restos humanos de cincuenta republicanos abatidos durante la Guerra Civil. En total la organización ha recuperado restos de 980 personas en alrededor de 90 trabajos exhumaciones. Fuentes: ARMH • Europa Press *** Falleció el poeta chileno José Miguel Vicuña El pasado 11 de agosto murió el destacado escritor chileno José Miguel Vicuña Lagarrigue, a los 87 años de edad, a causa de un derrame cerebral. Sus restos, que fueron velados en su residencia en la comuna Las Condes, recibieron un homenaje el lunes 13 en la Casa del Escritor, antes de ser sepultados. La Sociedad de Escritores de Chile, de la que era miembro el poeta nacido en 1920, envió a su familia un mensaje de condolencia en virtud de que “el mundo de las letras ha perdido un hombre que, sin duda, estará siempre en el corazón de todos”, como se expresó en un comunicado. Vicuña era un “personaje particular” y un “gozador de la vida”, según lo describió su hija, Leonora Vicuña. “Creo que pocas veces he conocido a alguien tan tierno y al mismo tiempo tan autónomo y solitario, sencillo y muy auténtico. Me enseñó la alegría, disfrutar cada momento. Él era gozador de la vida, muy intenso, muy apasionado”. “Fue la cabeza de una familia de artistas de mucha categoría, además de haber sido el hijo de un gran escritor del siglo XX chileno, Carlos Vicuña Fuentes”, opinó el Premio Nacional de Literatura Armando Uribe. Fundador del grupo Fuego de Poesía en 1955, el poeta se dedicó a nuclear a los artistas y desarrollar lecturas de poemas, ediciones de libros, exposiciones en galerías e institutos culturales de arte, encuentros y almuerzos. Le acompañaban en tales iniciativas escritores de la talla de Jorge Hubner Bezanilia, Julio Barrenechea, María Silva Ossa, Myla Oyarzún, Juvencio Valle, Hugo Goldsack, Antonio Campaña, Hernán Cañas, Francisca Ossandón, Chela Reyes y Eliana Navarro (1920-2006), con quien se casaría y tendría siete hijos, casi todos dedicados a las artes. Vicuña publicó varios volúmenes de poesía como La edad de bronce (1951) y En los trabajos de la muerte (1955), obras en las que subyace el pensamiento existencialista, que se proyecta en una escritura impregnada de símbolos y donde se descubre una visión metafísica. Más adelante publicó El hombre de Cro-Magnon se despereza (1958), donde se observan referencias a la cultura clásica y a mitos ancestrales; así como Poemas augurales (1965), Cantos (1977) y Alígera Summa (1995). El poeta fue bibliotecario jefe de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile (BCN, http://www.bcn.cl) y cofundador del Teatro Experimental de la Universidad de Chile (http://www.uchile.cl). Además fundó y formó parte del grupo de poetas La Mandrágora. Fuentes: 24 Horas • Astrolabio • El Mercurio • El Mostrador *** Homenajean en su tierra a Juan Crisóstomo Lafinur Los restos del poeta argentino Juan Crisóstomo Lafinur (1797-1824) fueron trasladados hasta el Museo de la Poesía recién inaugurado y que lleva su nombre, en su ciudad natal, San Luis, el pasado 13 de agosto, donde fueron recibidos con un homenaje. El Museo de la Poesía Juan Crisóstomo Lafinur, inaugurado el pasado 8 de agosto, se convierte así en la morada definitiva de su ilustre epónimo, cuyos restos fueron conducidos allí desde la Casa de Gobierno en una ceremonia presidida por el gobernador, Alberto Rodríguez Saá. Unos doscientos gauchos a caballo, pertenecientes a diferentes asociaciones de la provincia, escoltaron el traslado de los restos del poeta, que llegaron hasta el museo en un carruaje gaucho del siglo XIX llevado de tiro por un caballo. En la ceremonia central participó igualmente el Regimiento Nº 1 de Patricios. El 13 de agosto de 1824, el escritor falleció en Chile luego de caer de su caballo. Sus restos permanecieron fuera de su país hasta el 25 de abril de 2007, cuando volvieron a su terruño en una pequeña ánfora, de la mano de una delegación puntana encabezada por el gobernador Rodríguez Saá. Hasta su consignación en el Museo de la Poesía, los restos permanecieron en la Casa de Gobierno. Lafinur nació en el Valle de Carolina el 27 de enero de 1797. Inició sus estudios en Córdoba, en el Colegio Monserrat, donde en tres años alcanzó el título de Maestro en Artes y Filosofía. Sus ideas liberales lo llevaron a que en el año 1814 fuese expulsado de la universidad. Emigró a Tucumán y allí se incorporó al Ejército del Norte al mando del general Belgrano. En 1817, durante el gobierno de Pueyrredón, solicitó la baja del ejército para atender a su hermana viuda y hermanas menores. Radicado en Buenos Aires, Lafinur ganó por concurso, a los 22 años, la cátedra de Filosofía en el Colegio de la Unión del Sur. Empezó a dar clases vistiendo ropa común, con lo que rompía con la tradición que establecía que cualquier cátedra de filosofía debía dictarse con sotana. Además separó la religión de esa materia, lo que le valió fuertes críticas para la época. Desde la cátedra se vio obligado a emigrar a Mendoza, donde esperaba encontrar un ambiente más propicio para sus ideas liberales, en 1821. Sin embargo, un año después, un cambio de gobierno lo obliga a emigrar a Chile. En Santiago de Chile se recibió de abogado en la Universidad de San Felipe y escribió en los principales diarios chilenos: El Mercurio, El Liberal y El Interrogante. Durante su corta vida Lafinur se convirtió en un reconocido filósofo y librepensador, y en defensor de la libertad y la tolerancia. Es uno de los cinco argentinos citados en el prestigioso diccionario de filosofía de Ferrater Mora, junto con José Ingenieros, Alejandro Kor, Risieles Frondizi y Mario Bunge. Fue tío abuelo del escritor argentino Jorge Luis Borges, quien le dedicó su ensayo “Nueva refutación del tiempo” y publicó, en La moneda de hierro (1976), un soneto en su honor. El Museo de la Poesía Juan Crisóstomo Lafinur exhibe 300 poemas del prócer y poeta puntano y de autores de Argentina y otras naciones, que enviaron sus obras a través de la convocatoria que realizó el Estado provincial. El salón está ubicado al lado de la casa de Lafinur e integra la estructura del programa cultural como sucede con el resto de los museos de San Luis. Fuente: El Diario de la República *** Casa refugio para escritores planea Carmen Boullosa en Nueva York La escritora mexicana Carmen Boullosa anunció la semana pasada su intención de abrir una casa refugio para escritores en Nueva York. “Conseguí una casa que me dio la ciudad, pero no los fondos”, explicó la autora, que reside en Estados Unidos desde 2001 y el pasado miércoles 15 presentó en México su obra El Velázquez de París. Comenzar el proyecto requiere de dos millones de dólares, dijo la escritora, quien deberá conseguir ese capital a través de fundaciones e instituciones privadas, ya que la ciudad sólo aporta el inmueble. Boullosa ya impulsó a finales de la década de los 90 una casa refugio en Ciudad de México, apoyada por las autoridades capitalinas, y que en 1999 inauguró el escritor indio Salman Rushdie. La autora de obras como La novela perfecta (2006) y De un salto descabalga la reina (2002), entre otras, prepara también ahora una exposición sobre la relación de Nueva York con la cultura hispánica, desde la fundación de la urbe hasta el día de hoy, con la New York Historical Society (http://www.nyhistory.org). Otro de sus proyectos, que lleva a cabo junto a varios escritores, es la asociación Café Nueva York (http://www.letralia.com/155/1205cafeny.htm), que intenta dar a conocer la literatura de origen hispanoamericano en la ciudad estadounidense, que la novelista define como muy cerrada literariamente en sí misma. “Les interesa la literatura escrita en Nueva York, que hable de Nueva York”, explicó la escritora, quien también lamentó la escasez de traducciones de obras internacionales. Boullosa denunció la “insensibilidad total” hacia los escritores en español, aunque matizó que “hay algunos escritores latinos muy bien considerados, siempre y cuando escriban en inglés”. Agregó que, si bien en México se lee a los españoles, colombianos, ingleses, japoneses o chinos, “no hay esa misma actitud en Nueva York”. Fuente: IBLNews *** Legado de Gabriela Mistral ya está en manos chilenas Tras un largo viaje por carretera desde South Hadley (Massachusetts), las 105 cajas con manuscritos inéditos, correspondencia, libros, fotografías y recuerdos personales de la escritora chilena Gabriela Mistral, llegaron este miércoles 15 de agosto a la Embajada de Chile en Washington, pocos minutos después de las ocho de la noche. El proceso fue dirigido por el embajador Mariano Fernández, quien previamente había viajado en forma especial a South Hadley a firmar los documentos necesarios para oficializar el traspaso y supervisar el embalaje. El legado fue asegurado en un millón y medio de dólares para ser trasladado a Washington, y según lo informado por el investigador Luis Vargas Saavedra en julio pasado (http://www.letralia.com/169/0722mistral.htm), consta de 100 cajas que contienen 860 documentos con alrededor de 100 poemas no publicados, 500 cartas inéditas y cinco álbumes de cuero con fotos de Mistral, su sobrino Yin Yin y su familia. Sin embargo, el embajador Fernández no descarta que una vez que se realice el análisis del material en la embajada se puedan encontrar más cosas. “Estoy extremadamente contento porque el legado ya está en territorio chileno”, declaró el embajador Fernández, que calificó la llegada como “un gran día” para su país y aseguró que este tipo de devoluciones son inusitadas, pues “los países como el nuestro no suelen recuperar sus patrimonios, más bien lo pierden”. El embajador recibió el material a nombre de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile (Dibam, http://www.dibam.cl), la Orden Franciscana en Chile y la Biblioteca Nacional de Chile (http://www.dibam.cl/biblioteca_nacional), instituciones beneficiarias directas del legado de la poeta. Tras la conferencia de prensa, se brindó con vino chileno, celebrando la llegada de la Mistral. “Ya está aquí, ella ya está aquí”, se escuchaba en los pasillos. Las cajas con el “tesoro” de la autora de Sonetos de la muerte han sido almacenados en una sala del tercer piso de la sede diplomática, especialmente habilitada para su adecuada conservación, con una estantería especial, una puerta con clave de ingreso, alarma de humo, extintores y sistemas que mantengan una humedad y temperaturas controladas. Este espacio ya se conoce entre el personal de la embajada como “Sala Gabriela Mistral”. El embajador leyó un comunicado ante la prensa en el que agradeció la colaboración de todas las personas que han hecho posible que “Gabriela vuelva a casa”, especialmente a la albacea del legado, Doris Atkinson, sobrina y heredera de Doris Dana, la que fuera asistente y amiga de Mistral, que se hizo cargo de sus pertenencias tras su muerte en 1957. Atkinson no pudo finalmente viajar con los preciados documentos, como era su deseo, pero planea viajar a Chile cuando el legado haya llegado a su destino. Al ser consultado por los obstáculos experimentados en el traspaso, Fernández recalcó que el trabajo conjunto de representantes diplomáticos como el agregado cultural Cristián Campos, el ministro consejero Isauro Torres y el abogado Charles Bruce, fue fundamental en el proceso: “Me refiero a muchos obstáculos en general, porque no había ninguna claridad de parte de Doris Atkinson, como se podía transferir esto, incluso escuchamos opiniones de personas que decían que esto no debería ir a Chile. Por eso agradecí especialmente la labor del abogado estadounidense Charles Bruce”. Según lo que estipuló el documento de traspaso del legado de Mistral, firmado por Doris Atkinson el 11 de mayo pasado, la Orden Franciscana en Chile recibirá los “copyrigths y royalties”, parte de la memorabilia de la poeta, además de una de las tres biblias de cuero de Mistral, el prendedor que usó en su traje para recibir el Nobel y dos crucifijos que se cree fueron de su propiedad. La Biblioteca Nacional de Chile será beneficiaria de los manuscritos originales y otras pertenencias y la Dibam recibirá parte de la memorabilia y los libros de Mistral. Cristián Campos, agregado cultural de la embajada de Chile, explicó que el acceso al archivo estará estrictamente reducido y que el embajador Fernández ya dio indicaciones para tratar la seguridad del legado con “extremo celo”. Según Campos, existe la idea de organizar algunas actividades en la embajada aprovechando la presencia del material en Washington. El sábado 17 el experto Pedro Pablo Zegers llegó a la capital estadounidense para inventariar y catalogar el legado de Gabriela Mistral. El embajador Fernández agregó que la institución diplomática es sólo una custodia del legado y que corresponderá a los beneficiarios decidir si se realiza alguna actividad en Washington con el material, además del análisis ya previsto. Aunque se estima que el legado sería trasladado a Chile a fines de 2008, la fecha exacta será determinada una vez que Zegers comience su trabajo. Fuentes: ABC • El Mercurio *** Proponen jornadas de novela histórica para Hospital de Órbigo La Dirección General del Libro del Ministerio de Cultura de España anunció la semana pasada un proyecto mediante el cual la villa riberiega de Hospital de Órbigo (León, http://www.hospitaldeorbigo.com) podría acoger, todos los años, unas jornadas de novela histórica, en el marco de las tradicionales Justas Medievales del Passo Honroso de Don Suero de Quiñones (http://www.hospitaldeorbigo.com/justas). Además de un seminario internacional sobre el tema —que en un primer momento podría versar exclusivamente sobre la literatura medieval, pudiendo más adelante ocuparse también de otros contextos históricos—, también se ha planteado la posibilidad de fijar un centro de literatura medieval que, además de organizar el seminario, sirva de archivo y centro de investigación para todo lo relacionado con las letras medievales. El escritor y editor José Antonio Martínez Reñones, responsable de la editorial Lobo Sapiens (http://www.lobosapiens.net), también implicado en el proyecto, comenta que lo ideal sería que estas jornadas no se celebrasen al mismo tiempo que las justas. “Quizá el invierno sea la mejor estación, cuando todos estos pueblos están mucho más parados en el aspecto cultural”, argumentó. Las condiciones que reúne la villa de Hospital, según indica Martínez Reñones, son óptimas para acoger un evento de estas características; entre ellas, el recuerdo de la obra de Pero Rodríguez de Lena, Libro del Passo Honroso, en calidad de libro “anfitrión” de los actos. “Estamos ante las que probablemente son las últimas justas de toda Europa”, precisa Martínez Reñones, “con un personaje, don Suero de Quiñones, que pierde la cabeza por amor, un prototipo de Quijote en el que pudo inspirarse el propio Cervantes, quien por cierto menciona en su obra el Libro del Passo Honroso, para crear el inmortal personaje de Alonso Quijano”. En la aventura, real, de don Suero, éste se configura como el antecesor del Quijote “y doña Leonor de Tovar como Dulcinea”, añade el escritor y editor. Por otro lado, “Hospital de Órbigo es un lugar franco a todas las corrientes históricas”, reflexiona, “toda la historia del Noroeste ha pasado, indefectiblemente, por Hospital. Sobre todo el Camino de Santiago, la Gran Vía de Europa que llamara Carro Celada”. En un futuro, este “Centro Internacional de la Literatura de Caballerías” podría organizar seminarios con académicos, investigadores, comunicadores y escritores de prestigio, pero también habría que dotarle de biblioteca y centro de investigación, y realizaría actividades de divulgación y acopio de textos, libros, documentos y ensayos. También mencionó Martínez Reñones que no deberían coincidir estas jornadas con las que hasta ahora ha venido organizando con gran éxito la historiadora y novelista Margarita Torres en la ciudad de León. Aunque este año éstas no se han realizado, se estudia su consecución para después del verano. Fuente: Diario de León *** Murió el escritor argentino-mexicano Luis Guillermo Piazza El escritor argentino, naturalizado mexicano, Luis Guillermo Piazza, creador del Premio Novela México, y fundador de la Editorial Novaro, una de las primeras del país en publicar historietas, falleció el pasado viernes 17 a los 86 años de edad, en la capital mexicana. Nacido en Córdoba, Argentina, en 1921, Piazza, quien también fue doctor en letras angloamericanas por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC, http://www.unc.edu.ar), fue editor durante aproximadamente 20 años de la Editorial Novaro, una de las primeras en publicar historietas como Tarzán, Superman, Batman y El Capitán Marvel, entre otras. Como miembro de esa casa editorial, una de las más importantes fuentes del cómic traducido en México, creó el Premio Novela México, con el cual se ha reconocido el trabajo de escritores de la talla de Fernando del Paso, mexicano; y Juan Marsé, español, por mencionar algunos. En esa misma editora dirigió las colecciones “Grandes Escritores Latinoamericanos” y “Nuevos Valores Mexicanos”, en las que, en su momento, publicaron sus primeras obras algunos de los ahora más reconocidos escritores mexicanos, como José Agustín. Asimismo fue fundador y secretario general de Acción Cultural del Acuerdo OEA-Unesco-Gobierno de México, asesor de la Presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y Asesor Cultural de Unión Panamericana OEA y Cronista de la Zona Rosa. Piazza, quien desde hace varios años padecía el mal de Parkinson, fue fundador-colaborador del programa de televisión Para Gente Grande, docente en las universidades Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx) e Iberoamericana (UIA, http://www.uia.mx) y de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem, http://www.sogem.org.mx). A nivel internacional fue seleccionado en varias ocasiones por la Universidad de Cambridge (http://www.cam.ac.uk), Inglaterra, para el “Who’s Who” de personalidades mundiales de la cultura y también se desempeñó como investigador asistente en la Universidad de Yale (http://www.yale.edu), Estados Unidos. También participó como columnista, editorialista y cronista en revistas como Snob, Revista Mexicana de Literatura, Vogue, Play Boy, Excélsior y El Financiero. En este último diario publicó hasta el momento de su muerte y dejó varias publicaciones inéditas. Controvertida figura del medio literario mexicano, por su carácter corrosivo e irónico, Piazza mereció no obstante los comentarios benévolos de Alfonso Reyes, Victoria Ocampo, Andrés Henestrosa, Margarita Michelena, Alejandro Rossi, Salvador Elizondo, Susan Sontang y René Avilés Fabila, entre otros. Es autor de libros como El tuerto de oro (Era, 1963), La mafia (Joaquín Mortiz, 1968), El horror inútil (Planeta, 1968), Fábulas (Sur, 1969), Temporada de excusas (Grijalbo, 1982) y Los cómplices (Diana, 1983). Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y dejó varios libros inéditos de crónica y de cuento. Trabajaba en varios proyectos reuniendo sus artículos publicados en las columnas Gente conocida y De fantasmas y desagravios, así como un libro sobre los intelectuales y la violencia. Fuente: Notimex *** Reconstruyen primera exposición fotográfica de Juan Rulfo La memoria del profesor de literatura estadounidense Lon Pearson y el respaldo de la Fundación Juan Rulfo ha permitido reconstruir en México la que se considera la primera exposición fotográfica del escritor mexicano Juan Rulfo (1917-1986) en el Instituto Cultural de su natal Guadalajara, que está abierta al público desde el pasado viernes 17 de agosto y hasta el 28 de septiembre en la Casa Universitaria del Libro (http://www.humanidades.unam.mx/casul) de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx). Pearson dijo que en los años ochenta se dio cuenta de la importancia de una exposición de Rulfo que había visto en 1960 y que cree que prácticamente pasó desapercibida. Las dotes de fotógrafo de Rulfo, el autor de El Llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955), eran entonces casi desconocidas, aunque las cultivó a lo largo de su vida. La historia de esta muestra reconstruida que se montó en tres años comienza en los ochenta, durante una visita a México, cuando Pearson se topó en el Palacio de Bellas Artes capitalino con una muestra general sobre Rulfo que incluía fotografías que de inmediato le sonaron. “Me sentía un poco como en uno de los cuentos de Borges, no sabía si era un sueño o la verdad, pero por suerte hace tres años encontramos las imágenes que se exhibieron en los años sesenta en el Instituto Cultural de Guadalajara”, dijo el estadounidense. Haciendo memoria se dio cuenta de que él mismo había visto una muestra de fotos de Rulfo en Guadalajara, y que le habían impresionado. Aquella primera muestra de fotos, que montó el fotógrafo Víctor Arauz, “era muy pequeña y apenas había un puñado de gente” visitándola, de lo que deduce que no tuvo mucho eco. “No recuerdo si saludé de mano a Rulfo pero ahí estaba, muy atrás. Lo que sí recuerdo claramente es que me tomé tres coca-colas que estaban repartiendo”, agregó Pearson. La muestra contenía imágenes de un fotógrafo que volvía a su tierra y quería mostrar su trabajo, pero Pearson nunca supo que estaba ante la obra fotográfica de un escritor famoso. En la nueva exposición hay veintitrés fotografías facsimilares, cinco originales y una cámara fotográfica con la que el escritor captó algunas de las imágenes mostradas en 1960. Muchas de las imágenes, en formato mediano y blanco y negro, son de paisajes, iglesias y gente del campo, humilde, los verdaderos protagonistas de las historias dramáticas y de enorme hondura del escritor nacido en Jalisco, oeste de México. “Rulfo captó bien el paisaje sin exagerar, no era un paisajista sino que, como en su literatura, mostró a la gente tal y como era”, recordó Pearson. El estadounidense se sigue preguntando hoy por las razones que llevaron a Rulfo a dejar que se conociera muy poco en vida su faceta de fotógrafo, investigada y estudiada más a fondo en los últimos años. “No sé si fue porque no vinieron a verlas en aquella ocasión (1960) o porque no tenía dinero, no lo sé, pero la mayoría de sus fotografías son imágenes de arte”, agregó. Fuente: EFE *** VII Festival de Literatura de Berlín se enfocará en Latinoamérica La literatura latinoamericana contemporánea será el eje del VII Festival Internacional de Literatura de Berlín (http://www.literaturfestival.com), a realizarse entre el 4 y el 16 de septiembre, y que este año contará con la visita de autores como Mario Vargas Llosa e Isabel Allende, entre otros, así como más de 200 actos y eventos que reunirán a amantes de la literatura de todo el mundo. Más de un centenar de autores, entre los cuales habrá escritores de renombre internacional y nuevos talentos emergentes, se reunirán para ofrecer una amplia perspectiva de las nuevas tendencias de la literatura actual, además de servir de foro de encuentro y discusión. Lecturas, coloquios y veladas literarias centrarán la actividad de los más de veinte autores invitados de Latinoamérica. El Festival Internacional de Berlín, con Ulrich Schreiber como director, es un evento organizado por la Fundación Peter Weiss, con el apoyo de la comisión alemana de la Unesco (http://www.unesco.org) y la financiación del fondo cultural de la ciudad de Berlín. El Festival cuenta con varias secciones. Los escritores de “Literaturas del Mundo” y “Caleidoscopio” fueron invitados especialmente por la dirección y el jurado del festival, del que forma parte Mario Vargas Llosa. Otra sección es “Scritture Giovanni”, un proyecto de cooperación entre cuatro festivales de literatura europeos: Festivaletteratura (Italia), el Hay Festival of Literature and Ideas (Gales), el Björnsonfestival de Molde (Noruega) y el Festival de Berlín. Como parte de la sección “Literatura tras las Rejas”, varios autores visitarán diversas cárceles donde leerán sus trabajos y conversarán acerca de literatura con los presos. Entre los literatos latinoamericanos estarán, además de Vargas Llosa y Allende, Guillermo Fadanelli, uno de los más conocidos escritores surgidos del “underground” mexicano. Acudirá también Iván Thays (http://notasmoleskine.blogspot.com), de quien Vargas Llosa ha dicho que es uno de los escritores más interesantes que han aparecido en América Latina en los últimos años. Estarán también presentes José Edmundo Paz Soldán (Bolivia), uno de los máximos representantes de la generación “McOndo”; Guadalupe Nettel, una de las escritoras más jóvenes del panorama literario mexicano, y con una trayectoria imparable desde que publicó su primera novela en 2003; Reginaldo Ferreira da Silva, uno de los autores más respetados en Brasil; Amir Valle, narrador, periodista, crítico literario y ensayista cubano, y Edgardo Cozarinsky, cuya obra transcurre entre Argentina y Francia. Se unen Antonio José Ponte, poeta cubano, ensayista y narrador; Piedad Bonnet, una de las máximas representantes de poesía colombiana contemporánea; la venezolana Laura Antillano; las argentinas Elsa Osorio, elogiada por A veinte años, Luz, y Liliana Bodoc, escritora y poeta de prosa impecable; la uruguaya Claudia Amengual; el colombiano Jorge Franco, y el argentino Martín Kohan. También estarán presentes los mexicanos Ignacio Padilla, Cristina Rivera Garza y Eduardo Antonio Parra, el argentino Eduardo Sguiglia, el colombiano Juan Manuel Roca, el peruano Santiago Roncagliolo y el estadounidense de ascendencia cubana Oscar Hijuelos. Fuente: La Jornada *** Motos, música y paella se conjugarán en Xàtiva El sábado 15 de septiembre se celebrará en el estacionamiento de Apache Disco (http://www.apachedisco.com), en Xàtiva (Valencia, España) el Macrofestival Biker and Rock, un concierto en el que el motociclismo, la música y la gastronomía se unirán bajo el patrocinio de la mencionada casa discográfica, en una jornada que iniciará a las 10 de la mañana y terminará al amanecer del día 16. Juan Carlos Hernández y Javier Aznar, coordinadores del evento, el objetivo del mismo es “ofrecer por primera vez, al público de Xàtiva, un concierto auténtico de rock y blues y el contacto directo con elementos de la actual cultura popular española”, toda vez que el proceso de globalización impone la necesidad de “organizar actividades culturales que ofrezcan, a la gente con ideas propias, un foro y ambiente que les permita convivir armónicamente e intercambiar experiencias de su vida cotidiana”. La paella, el manjar popular más representativo del Levante español, y cuya envergadura histórica fusiona las aportaciones de diversas culturas milenarias, estará presente en el evento a través de la familia Galvis, que elaborará el plato en cantidad suficiente para unas dos mil personas, que lo degustarán con bebidas que se ofrecerán en barras instaladas dentro del área del concierto. El billete de admisión general de veinte euros incluirá una camiseta, una cerveza, un plato de paella, el derecho a acampar en áreas destinadas, y cuatro conciertos ofrecidos por los grupos Vargas Blues Band, The Graham Foster Trío, Red House y Sherpa, todos de estatura internacional. En el Macrofestival se pretende concentrar “el máximo aforo nacional e internacional de bikers (motociclistas), negocios vinculados al mundo del motociclismo, celebridades y amantes del rock y del blues”. La lista de invitados comprende, entre otros, a Harley Davidson Cádiz, Hell Angels, motoclubes, representantes de fábricas y marcas de motocicletas, y medios de comunicación impresos, radiales y televisivos. Durante el transcurso del evento se instalarán tiendas para exhibir modelos de motocicletas y una amplia gama de productos relacionados con el fascinante mundo del motociclismo. Habrá, igualmente, actividades moteras, así como alimentos y bebidas a precios asequibles a cualquier presupuesto. “El auge actual del motociclismo en Valencia y en el resto de España”, explican los organizadores, “se debe a los logros profesionales del campeón mundial e icono valenciano Ricardo Tormo (1952-1998), quien a través de su carrera profesional contribuyó enormemente a la difusión y enraizamiento del motociclismo como elemento de la cultura española contemporánea. En la actualidad y gracias al señor Tormo y otras influencias extranjeras, el mundo motero (biker) español refleja y concentra una pasión colectiva que atrae y unifica a todas las capas que integran la sociedad española”. Fuente: Organización del evento *** Feria del Libro Unica organiza la Universidad Católica Cecilio Acosta Entre el 25 y el 30 de septiembre se realizará en Maracaibo (Zulia) la V Feria del Libro Unica, el encuentro editorial más importante del occidente de Venezuela, que tendrá lugar en las instalaciones del Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (CAMLB, http://www.camlb.com) y de la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica, http://www.unica.edu.ve) y que este año estará dedicada a la mujer escritora. El evento será inaugurado el martes 25 a las 6 de la tarde, en el CAMLB, por el rector de la Unica, Ángel Lombardi. El miércoles 26 a las 10 de la mañana se realizará el foro central en homenaje a la mujer escritora, en la Cátedra Libre Mario Briceño Iragorry de la Unica, con la participación de Marisol Marrero y Vivian Jiménez, del Grupo Planeta, y Lilia Boscán de Lombardi y Valmore Muñoz Arteaga, de la Unica. Diversas conferencias, presentaciones de libros y actividades artísticas llenarán el calendario de la feria, que puede revisarse en el blog de sus organizadores en http://feria-del-libro-unica.blogspot.com. Destacan la presentación de la revista El Librero, editada por Sergio Dahbar, así como de los libros La ciudad y el deseo y Miedo, pudor y deleite, de Federico Vegas; Félix Bigote, de Francisco Javier Pérez; Poemas del cuerpo y otros, de Alejandro Oliveros; País, de Yolanda Pantin; Cuando amas debes partir, de Eloi Yagüe; Pasiones en la niebla, de Marisol Marrero; Todas las ciudades de tu cuerpo, de Vivian Jiménez; Los imposibles II, de Leonardo Padrón; Verbos predadores, de Jacqueline Goldberg; Cantos cardinales, de Hernán Zamora; Guerra a la luz de las velas, del peruano Daniel Alarcón, y Poesía, de Julio Jiménez, entre otros. La Feria del Libro Unica surgió en 2003 por iniciativa del Consejo de la Facultad de Ciencias de la Comunicación Social de la Unica. Su primera edición se realizó en el marco de la celebración del XX aniversario de la universidad; y contó con la participación de expositores provenientes de varias regiones del país. El propósito fundamental del encuentro es de estrechar lazos institucionales y promover la venta y distribución del libro universitario. Según palabras del rector Ángel Lombardi, “el libro es vehículo por excelencia del conocimiento, hoy más que nunca urgido de lectores, puesto que al igual que el idioma, es la verdadera patria del ser humano, ya que allí están sus raíces y su futuro”. Desde su creación, la feria ha sido el principal promotor del desarrollo editorial de la institución, un motor de la lectura, la promoción y comercialización del libro y demás productos culturales. Es considerada como la primera feria a nivel regional y la tercera feria universitaria más importante del país. Fuente: Blog de la Feria *** Jalla-E 2007 será en Perú Entre el 22 y el 27 de octubre se realizarán las IX Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana Estudiantiles Jalla-E 2007, que bajo el lema “Pluralidad cultural y discurso de la otredad en la literatura latinoamericana” tendrán lugar en la sede de La Cantuta, Chosica, de la Universidad Nacional de Educación (UNE, http://www.une.edu.pe), cuyos estudiantes de comunicación se encargarán de la organización y gestión. Organizadas por la Asociación Red de Estudiantes de Lengua y Literatura (Redell-UNE), estas jornadas reúnen a estudiantes universitarios de toda Latinoamérica en torno al interés por el estudio de la literatura del continente y por la creación de vínculos académicos y de amistad, posibilitando el diálogo, el intercambio, el reconocimiento y la comprensión en torno a nuestras identidades, diferencias y afinidades culturales, buscando la integración latinoamericana en torno a proyectos comunes que fortalezcan la construcción de un identidad propio desde el desarrollo intelectual y el estudio de las producciones culturales propias. El evento se realizará en torno a la lectura de ponencias de estudiantes, la realización de talleres con profesores, la presentación de conferencias de escritores e investigadores y la realización de actividades culturales de integración, todo en el marco de un homenaje al crítico peruano Antonio Cornejo Polar, de cuyo fallecimiento se conmemora el décimo aniversario. Los participantes en las jornadas debatirán en torno a un eje temático teórico, otro hermenéutico y un tercero didáctico. El primero abarcará temas como la construcción de una teoría literaria latinoamericana, la visión de las teorías literarias en Latinoamérica desde las universidades norteamericanas y europeas, los discursos de la otredad en los estudios culturales, la institución imaginaria y discursiva del otro en Latinoamérica, la crítica e historiografía literaria en Latinoamérica, etnoliteratura y tradición oral latinoamericana, la fundación ideológica de las literaturas nacionales latinoamericanas y la relación entre las ficciones culturales y las fábulas de identidad en Latinoamérica. El segundo incluye temas como los discursos canónicos latinoamericanos en narrativa, poesía, teatro y ensayo; los no canónicos como los discursos híbridos, la literatura infantil, las literaturas étnicas, la literatura testimonial, los géneros al margen y el periodismo literario; los discursos, la ideología y los conflictos sociales en América Latina; los estudios culturales y la investigación en la literatura latinoamericana, y efemérides diversas como los natalicios de Jorge Isaacs, Rubén Darío, Roberto Payró, José Ingenieros, Joaquín Edwards Bello, Raúl Porras Barrenechea, Augusto Roa Bastos, Violeta Parra, Gonzalo Rojas, Mario Florián, Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh, Washington Delgado, Carlos Germán Belli, José Antonio Bravo, Mempo Giardinelli, Carmen Ollé, Oscar Aramayo y Oscar Colchado, y los aniversarios luctuosos de Leonidas Yerovi, Ricardo Güiraldes, José Enrique Rodó, Horacio Quiroga, Gabriela Mistral, Oliverio Girondo, Ciro Alegría, Alberto Hidalgo, Andrés Caicedo, Carlos Pellicer, Julio Garmendia, Luis Hernández, Oswaldo Soriano y Antonio Cornejo Polar, así como el cincuentenario de la publicación de El pez de oro, de Gamaniel Churata. Finalmente, el eje didáctico abarcará temas como la enseñanza de la literatura latinoamericana y la relación entre ésta y los medios de comunicación, así como con otros discursos expresivos. Habrá también espacios para la creación literaria en los géneros de poesía y relato corto, cuyos participantes podrán presentar hasta tres poemas o dos cuentos, con una breve biobibliografía del autor. Las discusiones se realizarán en seis sesiones, del lunes 22 al sábado 27 de octubre, a doble jornada. Cada jornada, durante las mañanas, corresponderá a un área temática donde se presentarán las ponencias enviadas y serán abiertas por conferencias afines a cargo de profesionales en las cuestiones a tratar. Los trabajos serán leídos en mesas de 3 ponencias cada una, organizadas en torno a afinidades. La moderación estará a cargo de estudiantes de literatura de diferentes universidades peruanas. Habrá cuatro talleres con temas acordes a los ejes expuestos dirigidos por profesores de la UNE que se llevarán a cabo en simultáneo durante dos tardes (ocho horas por taller en total). Las noches se dedicarán a la programación cultural, dentro de la cual se hará el recital para lectura de los trabajos de creación. Finalmente el día sábado será dedicado a la organización de la Asociación Latinoamericana de Estudiantes de Literatura, la postulación de la próxima sede para el evento, la evaluación del mismo y la entrega de certificados y memorias. Los interesados en participar deberán enviar los recaudos antes del 31 de agosto. Podrán participar con ponencias, inéditas o editadas en publicaciones de circulación restringida, todos aquellos estudiantes de pregrado o posgrado en las áreas de literatura, filosofía, comunicación, sociología, lenguas y otras disciplinas afines, matriculados en universidades latinoamericanas. La autoría podrá ser individual o colectiva. Podrán asistir estudiantes en cualquier área del conocimiento interesados en los temas, así como público en general de todo el continente. Cualquier ponencia que aborde temas distintos a los especificados previamente será descalificada. La lectura de cada una de las ponencias tendrá un tiempo máximo de 20 minutos. La extensión de las ponencias deberá ser de entre ocho y diez páginas (excluyendo la bibliografía), en tamaño A-4 y por una sola cara, escritas en formato Word en letra Arial 12 a espacio doble, y deberán incluir en la primera página, únicamente y en este orden, el título de la ponencia, el nombre del autor y el correo electrónico de contacto. Las obras citadas y/o referencias bibliográficas, seguirán las normas estándares. Igualmente, en un archivo de word diferente al de la ponencia deberá enviarse su resumen, sumilla o abstract (máximo 250 palabras), además de los siguientes datos en este orden: nombre completo del autor, título de la ponencia, eje y mesa temática a que aplica, conceptos o palabras claves (mínimo 3), requerimientos técnicos para su exposición (proyectores, equipos de sonido, de video, etc.), universidad, carrera, semestre e información de contacto (teléfono, dirección, ciudad, e-mail) del autor. Los organizadores agradecen evitar las mayúsculas sostenidas, las negrillas, los colores y otros adornos en la tipografía. Al momento de la lectura, cada ponente entregará un disquete con una copia del archivo enviado y otra copia impresa al moderador. Los organizadores se reservan los derechos, por el plazo de un año, para su publicación por cualquier medio de las ponencias aceptadas y presentadas en las Jalla-E Perú 2007. Luego de publicadas, el autor dispondrá de los derechos con el compromiso de citar la edición realizada por Redell-UNE. Los recaudos deberán ser enviados a jallae2007@une.edu.pe con la palabra ponencia o creación según corresponda. La fecha límite para respuesta al envío de ponencia es el 21 de septiembre de 2007. Una vez notificada la aceptación de ponencia o texto de creación, el ponente deberá confirmar su participación antes del 5 de octubre de 2007 para incluirla en el programa. No se leerá ponencias de ausentes. La entrada al evento será libre. Sin embargo, se contemplará un cobro de inscripción que otorgará derecho a participar de todas las actividades académicas, culturales y de integración, y a certificados, carpeta, credencial, papelería, materiales y beneficios que por convenios obtenga la gestión del evento. Los cobros por inscripción varían entre 15 y 100 dólares de acuerdo a la procedencia o nivel profesional del participante. Toda consulta o duda sobre estas pautas se deberán presentar a la Comisión Académica del encuentro (comisionacademica_jallae2007@yahoo.es). Fuente: Rednel Colombia *** Sociedad de Escritores de Chile convoca encuentro internacional La Sociedad de Escritores de Chile (Sech, http://www.sech.cl), en el marco de la conmemoración de sus 75 años, está convocando a los creadores literarios de América Latina a participar en el encuentro internacional “Chile tiene la palabra: Latinoamérica en el corazón”, que se realizará en Santiago de Chile entre el 2 y el 6 de noviembre. La Sech, que organiza el evento con el apoyo del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, considera que no puede estar ajena a asuntos como la cultura y el respeto a la vida, la defensa de la humanidad, el medio ambiente, el patrimonio histórico, la defensa de la identidad y la presencia nutricia de los pueblos originarios en nuestras sociedades, según se indicó en un comunicado. Además, la organización hace un llamado a debatir en temas como la farandulización de aspectos centrales de nuestras vidas, la ciudad fracturada en un país desgarrado y la perversa tendencia a someter a los escritores a las exigencias del mercado censor. En el encuentro habrá una destacada participación de escritores chilenos y extranjeros; y en su desarrollo se prevé una diversidad de actividades abiertas a la comunidad, como recitales, conferencias y debates, en diversos lugares de Santiago, en la Casa del Escritor y espacios públicos. También la convocatoria resalta el derecho al libro y la lectura, sobre todo en los sectores más deprimidos de la población. Fuente: Sech *** Exposición literaria organizan en Brasil Entre el 23 y el 30 de noviembre se celebrará en Diadema (Brasil) la 2ª Muestra Internacional de Literatura, Poesía y Prosa, que bajo el lema “Diadema: territorio libre de la palabra” tendrá como finalidad contribuir a la divulgación de la producción cultural de la ciudad anfitriona y abrir espacios para escritores y poetas de Brasil, así como estimular actividades que incentiven la lectura. En esta muestra se espera que arribe un número significativamente mayor de participantes de diversos países que los que asistieron a la primera muestra en 2006, con la intención de incrementar la creación de canales de intercambios literarios y culturales y continuar con la apertura de diálogo entre los participantes. En la edición del año pasado participaron más de 120 poetas, escritores, académicos, músicos y otros artistas provenientes de Brasil, Chile, Cuba, Portugal y Uruguay, que constituyeron un panel significativo de la literatura latinoamericana contemporánea. La entrada a las actividades es gratuita. El evento es coordinado por el poeta brasileño José Geraldo Neres (http://www.palavreiros.org), asesor de literatura de la Secretaría Municipal de Cultura de Diadema. Artistas y académicos interesados en participar pueden solicitar informes a Neres, a través del correo electrónico jgneres@uol.com.br. Fuente: Palavreiros ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Letras heterodoxas ==================================================== === Apuntes sobre Scott Fitzgerald, Miller y Burroughs ==================== === Valmore Muñoz Arteaga ================================================= Introducción Hemos dicho en otra oportunidad que las bases que definen a la literatura moderna se encuentran focalizadas en la década del 20 del siglo pasado. Una década dentro de la cual los escritores europeos y norteamericanos intentaron con mucho éxito replantearse la fisonomía del hombre bajo la dictadura de unos nuevos conceptos de convivencia y sociabilidad. Conceptos que tendrán cabida en un mundo en el cual el hombre no tendrá el mismo valor de antaño, en el caso de que en ese pasado éste hubiese tenido un valor real. Un mundo (¿feliz?) en el cual todos los dioses están muertos, las guerras combatidas y la fe en el hombre destruida (Scott Fitzgerald). Las nuevas estructuras políticas surgidas al finalizar la Primera Guerra Mundial marcarán el ritmo de los próximos años. Tres grandes imperios han sucumbido y con ellos una visión del hombre y del mundo. Los nacionalismos, los autoritarismos, los totalitarismos desembocarán en una nueva guerra. El surgimiento de nuevas concepciones económicas trastocará el papel que desarrollará el hombre en la vida social. Así mismo, las economías destruidas hacen posible que grandes negocios sean devorados por la quiebra, y con ella la depresión se hace presente en todos los ámbitos de la vida humana. “Irrumpe el vértigo del cine, la radio, el periodismo sensacionalista, el automóvil, los deportes masivos, la música ligera y la gran ciudad, la prisa, el turismo, las revoluciones estéticas” (1). En Norteamérica no será distinto y prueba de ello serán los escritos de tres atormentados, de tres malditos de las letras contemporáneas: Francis Scott Fitzgerald, Henry Miller y William Burroughs. Autores en cuyas obras descansa la tortura de un mundo que parece andar demasiado rápido, tan rápido que no repara en la sistemática pérdida de una sensibilidad quebrada en sus bases por la guerra recientemente culminada, y que terminaría de sucumbir con la alborada de una nueva y más sangrienta con unas repercusiones que aún hoy causan bochorno y vergüenza. Francis Scott Fitzgerald (1896-1941) Uno de los escritores más importantes de la literatura norteamericana y quien mejor encarnó los propósitos de aquella generación pérdida. “Si decimos que una obra fallida es aquella que no responde a las esperanzas que ella misma despierta, de una existencia también podemos decir lo mismo. A la postre, la de Francis Scott Fitzgerald resultó ser una existencia fallida, aunque alumbrará en ella algunas de las obras maestras de la literatura de todos los tiempos” (2). Si bien Scott Fitzgerald no responde como creador a las consideraciones que se ajustan a la esencia de ser un maldito (Poe, Baudelaire, Rimbaud, Jarry), pues su vida sí nos brinda detalles que nos permiten verlo como tal. Los biógrafos más interesados en su vida afirman que el origen de su inseguridad, la que le haría beber y buscar el éxito con el mismo ahínco, se remonta a la infancia del escritor. Aunque no cabe duda de que los datos más interesantes sobre la vida y obra del escritor se concentren en sus experiencias a partir del matrimonio con Zelda Sayre, quien sería la musa para todas las chicas doradas de sus novelas. Desde su primera novela, Al Este del Paraíso, publicada en 1920, el éxito siempre le sonrió, al punto de que Scott Fitzgerald llevó una vida semejante a las de las estrellas más famosas del cine estadounidense. Lo cual le permitió al matrimonio llevar una vida de excesos y desenfrenos descarnados en las más virulentas de sus páginas. Disipaciones que se ensombrecerían terriblemente tan sólo un año después. Tras el nacimiento de su primera hija, Zelda sucumbe a una suerte de locura que arrastraría a Scott Fitzgerald al lado más oscuro de la mente humana. Ella tiene que ser recluida para que la guinda del pastel fuese colocada por el destino. La clínica donde fue confinada fue víctima de un voraz incendio en 1948 y bajo el fatídico cobijo del fuego, Zelda muere calcinada. Scott Fitzgerald cae preso de nuevamente de sus propias inseguridades. Es también entonces cuando el dinero —verdadera obsesión del escritor— comienza a faltar. Una vida al revés, como la de Orson Welles, que comienza con el éxito y a partir de ahí es una constante cuesta abajo en todos los aspectos. Tres de sus posteriores novelas van a revelar, desde el aspecto biográfico, los rasgos malditos de una vida que no llegó a ser más que el oscuro rostro del éxito. Hermosos y malditos (1922), retrato de los felices años veinte, de la llamada edad del jazz. Parte de la historia de una pareja de recién casados, Anthony Patch, de Nueva York, y Gloria Gilbert, de Kansas City, y sirve a Scott Fitzgerald para describir la decadencia de un (su) matrimonio y de una sociedad hedonista donde la belleza y la fortuna son siempre demasiado fugaces. Es una historia de amor arruinada por el narcisismo de los enamorados, una sátira echada a perder por el hecho de que Scott Fitzgerald no logra desvincularse de sus personajes y un estudio del cinismo arruinado por la agudeza. A ésta le siguieron algunas narraciones menores, pero en 1925 aparece El Gran Gatsby, quizás la más famosa de sus obras y no menos amarga. Entre 1922 y 1925, cuando aparece Gatsby, el matrimonio Scott Fitzgerald continúa el derroche, abandonan Long Island para radicarse en París. Zelda sostuvo amoríos con un piloto francés, después de los cuales tuvo un aborto, y aun cuando la vanidad —que no era poca— de Scott Fitzgerald quedó herida, y sus convicciones, de un puritanismo congénito, fueron ultrajadas de modo pavoroso, guardó silencio sobre aquel asunto. Supuso que ese trance le había ayudado a alcanzar la madurez. Tras unos fallidos intentos de hacer vida en Italia, vuelve a Francia en donde sus problemas con la bebida se intensifican. En El Gran Gatsby, al igual que en otras historias de amor marcadas por la tragedia, la enloquecida ilusión, la pasión en los ojos y en el corazón, el sueño de amor eterno, no llevará a sus protagonistas a la deseada felicidad, al imaginado paraíso, sino por el contrario, los azores de la vida los empujarán hacia el fracaso, hacia la soledad y hacia la muerte. Si, como escribió una vez Hemingway: “Cuando dos seres se aman, la cosa no puede tener un final dichoso”, El Gran Gatsby es una amarga y dolorosa comprobación de esa frase (3). En Suave es la noche (1934) vuelve a apuntar a la amargura de una sociedad ya decadente. La áspera realidad que se pinta en las páginas de la novela tiene un enclave con La tierra baldía de Eliot en las pérfidas imágenes que combinan languideces y horrores de un alma atormentada. El fracaso de Scott Fitzgerald esta vez será rotundo. Los lectores, abismados por las penurias de la década del 30, fatigados de tanta decadencia, buscaban refugiarse en novelas utópicas que les brindarán esperanzas con la finalidad de escapar de la dura realidad. La novela es la historia de un psiquiatra y su esposa neurótica, que se destrozan el uno al otro. Detrás de la historia se percibe el viaje de Scott Fitzgerald hacia el abismo, hacia el descenso sin retorno para dejarse consumir por la catástrofe irremediable. Era su bancarrota emocional refrescada por la ingesta de 200 cervezas diarias. Era el final que ni la fantasía y la irrealidad de Hollywood pudieron rescatar. Henry Miller (1891-1980) Henry Miller aparece en el panorama literario como uno de los grandes renovadores de la novela del siglo XX. Escribió y llevó la vida de un maldito al mejor estilo baudeleriano. Un escritor que se abrió a todo tipo de emociones, que rompió radicalmente con el puritanismo de la narrativa anterior e hizo del sexo una forma de liberación redentora. El mundo de Miller es palpitante de poesía. En Primavera negra (1933) nos muestra una jubilosa versión de un hombre que va en dirección de sus defectos, una espiritual circulación hacia la propia indefensión. Miller hace del deseo una fuerza creativa y declara que es un traidor. Tal sentimiento de culpa avanza hacia un romanticismo demoledor, donde se instala la posibilidad de un hombre nuevo (4). Sin embargo, no será esta la obra que lo hará impulsarse hacia la inmortalidad de las letras norteamericanas. Serán un ciclo de novelas que van a compaginar su espíritu revolucionario con un momento fundamental del siglo XX. De 1934 a 1960, Miller publica cinco novelas que guardan en sus acaloradas páginas todo su pensamiento y su concepción del mundo. Las novelas a saber son Trópico de Cáncer (1934), Trópico de Capricornio (1939), Sexus (1949), Nexus (1952) y Plexus (1960), estas tres últimas son conocidas como La Crucifixión Rosada. Libros que le garantizaron un éxito editorial importante. “Todo el mundo compraba sus libros, para leerlos o para condenarlos, pero los grandes personajes políticos y sociales de la nación adquirían Trópico de Cáncer sin internarse en el trópico de Miller, sino por segundas o terceras personas. Cuando a Miller le dieron a firmar muy cautelosamente un ejemplar para el presidente de Estados Unidos, el escritor dijo: “Bueno, supongo que el próximo es para Su Santidad el Papa” (5). El método narrativo de Miller está centrado en el desprecio. En Trópico de Capricornio acopiamos lo ocurrido cinco años antes en Trópico de Cáncer y asistimos a una sutil y fastuosa moralidad que se abre con una advertencia: “Una vez que has entregado el alma, lo demás sigue con absoluta certeza, incluso en pleno caos” (6). Llegando además a opiniones tan atrevidas como: “De vez en cuando un amigo se convertía; era algo que me hacía vomitar. Tenía tan poca necesidad de Dios como Él de mí, y con frecuencia me decía que, si Dios existiera, iría a su encuentro tranquilamente y le escupiría en la cara” (7). Estamos ante un arte descarnado y que surge con ínfulas teológicas “donde no faltan ecos nítidos del Marqués de Sade, pero que deja como sedimento una necesidad de ser libre, una proclama absoluta de vivir sin ninguna traba moral” (8). Pero, ¿no será que Miller intenta establecer otra moral? ¿Una moral que parte decididamente de la amargura, la ironía, una moral de eterno exiliado, un extranjero como el descrito por Camus? Escribe Miller: “No tengo dinero ni recursos ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo” (9). La moral de Miller no es esa estúpida y falaz idea de construir un hombre nuevo. ¿Para qué? ¿Con qué finalidad? Su moral se construye en torno a la tentativa de crear a un hombre muerto, un ser capaz de renacer, que tanga la capacidad regeneradora de pasar de los recuerdos a la experiencia. Las obras de Miller, ausentes de una estructura convencional y el uso de una narración lineal, se vinculan a la exposición introspectiva desde un universo esencialmente masculino, con tendencia a la exposición erótica y el proceder nihilista modelado con un cierto sentido lírico de la prosa, esencia libertaria y vitalista, y plasmación autobiográfica en base al flujo de conciencia. Miller es un poeta brutal, sanguinario; sus páginas, al igual que él, viven en una total contradicción, y busca dentro del bosque espeso de sus experiencias cotidianas unos tipos extraños a través de los cuales pretende salvar su destino. Un poeta cuyo centro vital es el sexo como vía para huir de la soledad y como agente renovador de la existencia. El sexo que será el gran protagonista de su “Crucifixión Rosada”. Ingresar a la sexualidad de Henry Miller es harto complicado, no sólo por tratarse de Miller, sino porque el tema de la sexualidad es complejo en todos los casos sin importar las dimensiones intelectuales del sujeto estudiado. En uno de los mejores estudios realizados a la obra del escritor norteamericano, Genio y lujuria, de Norman Mailer, se afirma que para entender el mundo sexual de Miller hay que conocer su aparato psíquico. “Miller tuvo una madre de quien jamás recibió el menor afecto. Durante su infancia permanece, mientras se encuentra bajo la influencia de sus padres, herméticamente alejado de toda sexualidad. Sea lo que sea el sexo, se halla oculto tras una pared. Su primera y fundamental relación con una mujer es detestarla [...]. Las tres cuartas partes de las mujeres con quienes hace el amor (en sus obras) son trabajadas más de prisa que jodidas. Después de todo Miller proviene de un medio ambiente en el que el sexo, cuando no es sórdido, tiene algo de malo. El último espasmo de contracción de la era victoriana pudo haber sido la asfixia de la sexualidad de los padres de Miller y de los padres de cuantos le rodeaban (como si todos estos tardíos padres victorianos de clase trabajadora o clase media de Brooklyn tuviesen una visión de pesadilla del turbulento caos sexual que se avecinaba), mientras sus hijos eran unos disolutos” (10). Afirma además Mailer que en el Brooklyn de finales de siglo y parte de los próximos 40 años, sexo y porquería eran elementos que formaban parte de una misma ecuación. “El sexo era una flor que le metías en el culo a una muchacha” (11). A través del sexo entonces se botaba toda la basura del alma, se expiaban las culpas, se salvaba el hombre. Pero no sólo era la salvación del alma del hombre, era toda una confrontación contra las sacudidas del mundo en el cual había que vivir. Miller toma al sexo para enfrentarse a la negación de la vida propuesta por un mundo tecnificado. El sexo es ofrecido entonces como la gran cura para un mundo moderno enfermo por haber perdido su total significación. Como un enorme devorador de Nietzsche (12), plantea que todo el sentido del hombre debe buscarse en lo terrenal. Desde esta reflexión emerge la “Crucifixión Rosada”. Iniciada en 1940 y culminada en 1960 con la publicación de Plexus. Muchos encontraron en sus páginas algo que no compaginaba con la genialidad demostrada en los Trópicos. En un artículo publicado por Raúl Henao, que recoge parte de la correspondencia entre Miller y Lawrence Durrell, aparece lo siguiente: “Así, resulta del todo dramático para el lector de la obra de Miller llegar a esas páginas centrales de la Correspondencia privada con el escritor inglés Lawrence Durrell, autor del famoso Cuarteto de Alejandría, y verificar cuántos escrúpulos o inhibiciones frente al tema tratado abrigan aún las mejores mentes contemporáneas. El desafortunado incidente se presenta una vez que Miller envía a Durrell copia del original de Sexus, primer volumen de la ‘Crucifixión Rosada’. De pronto, Durrell pierde el hilo de lo que lee. No alcanza a comprender qué ha pasado con el gran escritor de los Trópicos... No, hasta ese punto no se atreve a seguirlo. No puede soportar esas “simples explosiones de sexualidad”... Ese diluvio de sangre de estercolero “que hace que uno ponga la cara de asco”... Esa obra que parece escrita por una encarnación norteamericana del doctor Jekyll y Hide. En fin, se apresura a telegrafiar a Miller pidiéndole que no destruya su brillante reputación literaria publicando semejante bodrio ininteligible. Ese incidente, que pudo haber causado una ruptura definitiva entre los dos escritores, no trasciende gracias a la magnanimidad, y al buen humor de que hace gala Miller... Éste le recuerda a su amigo que ya anteriormente lo había puesto sobre aviso acerca de la naturaleza inquietante de su última obra: “Tal vez lo que estoy dando a luz es un monstruo”. Después pasa a explicarle por qué no hay motivos para alarmarse: “A veces pienso que tú, Larry, no supiste nunca lo que es vivir en nuestra época moderna de asfalto y productos químicos, crecer en la calle, hablar el lenguaje del voyeur” (13). En Sexus, Miller da rienda suelta a su particular obscenidad. Ella es una alternativa, un camino para que el lector reconozca el maravilloso mundo de la vitalidad que alienta al hombre cada día. Su propósito manifiesto es aporrear, excitar, enclavar una sensación de realidad indescriptible; algo parecido a lo que representa para el cristianismo primitivo el uso del milagro en el camino a su verdad; algo que utiliza el adepto zen cuando no vacila en emplear actos insólitos o sacrílegos para llevar a su seguidor a ese estado de iluminación y éxtasis cotidiano que le permite alcanzar un conocimiento íntimo o vivencia del insondable universo que nos rodea (14). Nuevamente el sexo como salvación, como vía de expiación. He allí la razón del nombre. “El dolor de toda una vida resulta al cabo una broma ligera. Ya no hay lugar para complacerse en el sufrimiento, la nostalgia o la melancolía, cuando se ha logrado acceder a esa ‘realidad’ intoxicada del mundo... El calvario de la vida humana se ha convertido en una regocijante danza al unísono con el cielo estrellado... El tiempo de los asesinos se ha trocado en la eternidad que puede vislumbrarse en una brizna de hierba, en la cabeza de un alfiler o en un cabello partido a la mitad” (15). William S. Burroughs (1914-1997) Una de las figuras más trasgresoras de la literatura moderna es William S. Burroughs. Tratar de clasificar su obra, ajustarla a algún tipo de corriente literaria terminará siendo un imposible. Algunos críticos se niegan a catalogarlo como un narrador en el sentido estricto de la definición. Un escritor y una obra en donde las certezas se difuminan completamente. Su novela fundamental es El almuerzo desnudo (1959). Novela letal y dura en donde la destrucción se asume en un sentido litúrgico. Si en Scott Fitzgerald todo gira en la vacuidad de la era del jazz y en Miller será en torno al sexo, pues en Burroughs el papel protagónico lo asumen las drogas. Las drogas es el centro del laberinto poblado por seres insólitos. Sus libros son máquinas infernales conducidas hacia el abismo por el desgraciado mundo de la drogadicción. Apunta con venenosa rabia contra el American Way of Life imponiendo una serie de normas que se desprenderán de sus lecturas de Trópico de Cáncer. La búsqueda de Burroughs no era otra que la de destruir los más íntimos reductos del alma americana. Y todo esto lo hace desde las técnicas de James Joyce: “Decide replantearse la base misma de la creación literaria, que no es otra que el propio código de comunicación. Es consciente de que un nuevo código transmite siempre nuevas ideas, y lo que es más importante: nuevas sensaciones. Para él, escribir es un acto físico de coordinación motora. Su meta es escribir más rápido de lo que se piensa, tal y como lo pretendieron los surrealistas por medio de la escritura automática. Este fin, aunque imposible, se vuelve deseable y útil como método de creación, o incluso de meditación. De la misma forma que la repetición de los ‘mantras’ en el budismo zen es una forma de desproveer al lenguaje de su significado y limpiar la mente de todo pensamiento, ayudada por el ritmo respiratorio que dichos ‘mantras’ imprimen al cuerpo; la escritura automática es una forma de liberarse de esa corriente de parloteo interno, encerrando los pensamientos en una hoja de papel en blanco y dejándolos fluir sin reflexionar sobre ellos. Es el monólogo interior de John Dos Passos llevado a su última consecuencia” (16). A esta técnica discursiva, Burroughs, la denominó “cortado y plegado”, recurrencia de temas, reiteración del concepto en apariciones fugaces y esporádicas que se entrelazan o desmembran para comunicar un mensaje y desaparecer. En todo caso, su obra, y en especial El almuerzo desnudo (17), fue duramente criticada. Enfrentó, como era de esperarse, diversos procesos legales por obscenidad en Los Angeles y Boston en 1965. La novela socava en un universo onírico, perturbador, donde la alucinación se entremezcla con la realidad. Las calles de Tánger, Chicago o Nueva York se describen con ardor psicoanalítico por medio de categóricas imágenes atroces relacionadas casi siempre a los personajes “freaks” (18) que proliferan por ellas. La lucha entre el poder y los desarraigados se expresa de forma ampulosa por medio de la sensación de constante paranoia que atraviesa la novela desde su contundente comienzo: “Siento que la pasma se me echa encima, los siento tomar sus posiciones ahí afuera, organizar a sus soplones del demonio, canturreando en torno a la cuchara y el cuentagotas que tiré en Washington Square, al saltar el torniquete, un par de tramos escaleras de hierro abajo, cazo un directo ascendente...” (19). Al igual que Scott Fitzgerald y Miller, Burroughs también se exiló de Norteamérica. Va a radicarse en México a mediados de los años 50 con la finalidad de escapar de las persecuciones que sufría en Estados Unidos por su afición a las drogas y por su deseo de ser independiente, de conseguir un pedazo de tierra, cultivarla y vivir lo más cercano a un estado de salvaje felicidad. Llegó acompañado de su esposa Joan y sus dos hijos. Casado para mantener las apariencias y tratar de lograr la herencia de su familia, ya que Burroughs era homosexual. México se volvió de pronto un paraíso en el cual podía encontrar sexo fácil y droga barata. En una carta a un amigo en Estados Unidos, Burroughs le dice “México es genial, puedes conseguir una bebida, comida y una mujer con menos de cinco dólares” (20). Pero México también se vuelve pesadilla. Burroughs y su esposa Joan Vollmer se encuentran en el departamento de unos amigos, a unas calles de su casa, cuando entre copa y copa, Joan o William, no está claro quien, dice: Hagamos el truco. Joan acepta. Se coloca sobre la cabeza uno de los vasos en los que estaban tomando, camina hacia a la pared y dice: “dispara”. Burroughs tiene fama de buen tirador, adora las armas y siempre lleva una pistola, lo que ya le ha ocasionado algunos problemas. William se equilibra, toma la pistola y la apunta al diminuto blanco, aprieta el gatillo y el sonido de la detonación llena el cuarto. Por un momento parece que no pasa nada, de pronto se oye cómo se estrella el vaso y se rompe con el contacto del suelo. Joan cae también. El desorden se apodera de todos y nadie atina a hacer nada hasta que la anfitriona revisa a la mujer: está muerta. El asunto se resolvió a favor de Burroughs gracias a las instancias de un abogado corrupto y corruptor, en todo caso, el hecho marcó su vida para siempre. Según afirma el propio escritor, este hecho, junto a su paseo por las drogas, lo hicieron escritor. Conclusión La novela norteamericana ha brindado una serie de generaciones literarias de un peso fundamental en las letras universales. Desde la Generación Perdida hasta la Generación Beat, la literatura norteamericana se volvió la conciencia de una nación y en algunos casos, su propio infierno, en el cual se desbordaban los demonios de un pueblo que se sostenía sobre las bases de una falsa visión de la vida. Tres de esos escritores se rebelaron a través de sus novelas, intensos infiernos personales, para exorcizar los demonios colectivos. Cada uno desde su infierno que no eran más que la proyección fatídica de otros infiernos. Francis Scott Fitzgerald mostró la fragilidad de un mundo suntuoso, vacío y sin sentido. Un mundo que descansaba sobre la negación del dolor a través de un modo de vida ligero, cuya única consecuencia fue acentuar aun más ese dolor hasta hacerlo insoportable, invisible. Henry Miller fustigó el avance despiadado del tecnicismo sobre la sensibilidad y la vitalidad humana, y mostró al sexo como el gran agente liberador, como el puente que nos comunicaba con un ser primitivo que, en todo caso, era más humano que el hombre moderno y todo su intelectualismo. Burroughs navegó por el mar picado de las drogas revelando la vida del submundo americano, la realidad que se escudaba tras la fachada de American Way of Life. Todos hundían sus plumas en el centro de la llaga y el dolor los marginó, los hizo malditos en una sociedad maldita y fragmentada. Una sociedad que parece reflejarse más en las pesadillas laberínticas de Kafka. Una sociedad que persiste en hincarse ante los restos de dioses muertos y enterrados. Que mutila a sus mejores hijos para alimentar las sombras. Notas 1. Gutiérrez Palacio, Juan (1975): Escritores europeos contemporáneos. Editorial Magisterio Español. Madrid, España. 2. Memba, Javier (2002): Malditos, heterodoxos y alucinados. Diario El Mundo. Domingo, 4 de agosto de 2002. http://www.elmundo.es/elmundolibro/2002/08/04/anticuario/1028049269.html. 3. Piñas E. (1981): Scott Fitzgerald, el último romántico. Introducción a El Gran Gatsby. Círculo de Lectores. Bogotá, Colombia. 4. Pérez Gállego, Cándido (1988): Historia de la literatura norteamericana. Taurus Editores. Madrid, España. 5. Umbral, Francisco (2002): Literatura de los sentidos. Diario El Mundo, martes 3 de diciembre de 2002. http://www.elmundo.es/elmundolibro/2002/12/03/anticuario/1038860405.html. 6. Miller, Henry (1980): Trópico de Capricornio. Editorial Bruguera. Barcelona, España. 7. Idem. 8. Pérez Gállego, Cándido. Ob. cit. 9. http://www.elortiba.org/hmiller.html. 10. Mailer, Norman (1976): Henry Miller. Genio y lujuria. Editorial Grijalbo. Barcelona, España. 11. Ídem. 12. “El ejemplo y el pensamiento de Nietzsche fueron, durante varios años, el único apoyo que tuve contra mi hundimiento físico y moral”. Brassaï (1979): Henry Miller duro, solitario y feliz. Ediciones del Cotal. Barcelona, España. 13. Henao, Raúl: Henry Miller. ¿Muerte al sexo? http://www.aladecuervo.net/logogrifo/0509/sem1/muerte_sexo.htm. 14. La experiencia zen a la que me refiero nada tiene de religiosa (en la acepción occidental de la palabra). Antes que una religión en sentido estricto, el budismo zen sería una sabiduría de la vida cuyos lineamientos últimos son el sinsentido y la risa. Sabemos lo cercano que se hallaba H. Miller de esta manera de ver las cosas. 15. Henao, Raúl. Ob. cit. 16. Cuba, Anxo (2004). El universo extremo y delirante de William Burroughs. http://www.sysvisions.com/feedback-zine/especiales/e_burroughs.html. 17. “El título fue sugerido por Jack Kerouac. Hasta mi reciente recuperación no comprendí lo que significaba exactamente lo que dicen sus palabras: Almuerzo desnudo: un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores”. Burroughs, William (1980). El almuerzo desnudo. Editorial Bruguera. Barcelona, España. 18. Monstruos o fenómenos. 19. Burroughs, William (1980) Ob. Cit. 20. http://tinyurl.com/2gd8a5. ** Valmore Muñoz Arteaga vajomar@cantv.net Docente y escritor venezolano (Maracaibo, 1973). Profesor de literatura en la Universidad Católica Cecilio Acosta y en el Colegio Alemán de Maracaibo. Ha publicado Epistolario: Mario Briceño-Iragorry-Mariano Picón Salas, Mario Briceño-Iragorry desde la vigilia y otros ensayos, Bajo la caligrafía de la noche y La memoria de la noche. === Centenario de Betti (Elisabet) Alver Juan Franco Crespo ========== La gran poetisa estonia (Jogeva, 23 noviembre 1906, Tartu, 1989) acaba de ser honrada por el correo de su país con un precioso sello que conmemora el centenario de una de las autoras contemporáneas de mayor renombre de la literatura en lengua estonia. El sello de doble nominal (4,40 coronas y 0,28€) fue lanzado el 11 de octubre de 2006, diseñado por Vladimir Taiger, se imprimió en hojas de veinte ejemplares y la tirada fue de 350.000 piezas. Tras su graduación en la escuela secundaria de Tartu pasó a realizar estudios en la Facultad de Filosofía de la Universidad de dicha ciudad entre 1924 y 1927. Su primer gran trabajo llegó con la celebrada novela Tuulearmuke (El amante del viento, 1927). Rápidamente se pasó a la poesía lírica y la épica que a comienzos de 1930 acabaría publicando en los diarios literarios, y que encontramos en la célebre colección retrospectiva Tolm ja tuli (Polvo y fuego, 1936). Dos años después se acabó adhiriendo al grupo Arbujad en el que se había integrado una serie de nuevos autores, entre ellos Heiti Talvik —con el que contrajo matrimonio y quien tras la II Guerra Mundial, cuando las repúblicas bálticas caen bajo el imperio soviético, será arrestado; moriría en uno de los célebres campos de concentración en la gran estepa siberiana; este autor sólo publicó dos obras de poesía—, Uku Malsing y Bernard Kangro. El grupo se distinguió por el maximalismo ético y la perfección de las formas. Malsing fue teólogo, durante décadas vivió un exilio interno —de hecho, algo consustancial a las circunstancias de las dictaduras comunistas que aparecieron en el este de Europa tras el período de la guerra fría. Kangro acaba refugiándose en Suecia, en donde tuvo un notable éxito como publicista y autor. Alver fue acusada por los comunistas y sólo en 1966 volvió a publicar. Ella se había decantado por la madurez artística, en 1962 dio a conocer su celebrado poema El espejo roto; su siguiente recopilación llegó poco después, en 1966 aparecía Tähetund (La hora de la estela), Eluhelbed (Fuego de vida, 1971) y Korallid Emajôes (Corales en el Emajögi, 1986). Durante su largo período de silencio trabajó como traductora y algunos de los poemas del bardo ruso Pushkin tienen su más bella versión en estonio gracias a esta gran poeta, desconocida entre el aficionado de habla hispana. Una de las piezas claves en la traducción es la épica Eugenio Oneguin (1964). Fue una poetisa de estilo clásico y soberbia técnica que acabó impulsando la moderna poesía de esta región báltica. Una edición recopilatoria aparecida en 2005 la dio a conocer a nuevos lectores: Koguja: Suur luuleraamat (El coleccionista: Un gran libro de poesía, por Betti Alver; Tartu, Ilmamaa 2005, 599 páginas). Magnífica obra realizada por Ele Süvalep, profesor de literatura estonia de la Universidad de Tartu, considerada la mejor obra recopilatoria sobre Alver. El profesor se valió de las primeras ediciones y es, al mismo tiempo, una recopilación, introducción y libro de texto para los estudiantes de literatura estonia o para los amantes de la poesía en esta lengua de la región báltica. He aquí una de sus más celebradas poesías en una versión/traducción libre: Tres sueños (Triin soomets) Si existo, entonces soy una huella de una pisada en la arena o de un río que nunca alcanza del todo a alcanzar la mar o el ansia de algo que no se encuentra en ninguna parte en realidad soy un camino pero no sé quién me lleva ni dónde me conduce ni tengo necesidad de ello haz de mí un pájaro modélame con tus manos un pico bello y alas sólidas luego, déjame arrancar vuelo para que pueda una vez al menos, por semana, venir a posarme en tu hombro la mirada fatigada ningún camino me conduce sino a ti en otro mundo posible no somos más que una sola frase. ** Juan Franco Crespo lacandon999@yahoo.es Docente e investigador español (Alhama de Granada, 1953). Profesor de primaria, licenciado en geografía y estudios de doctorado en historia de América. Ha colaborado regularmente desde los años 70 con publicaciones especializadas del mundo de las comunicaciones, como WRTH (Dinamarca), DSWC (Dinamarca), Radio Nuevo Mundo (Tokio, Japón), y otras de Argentina, Uruguay, Perú, México, Estados Unidos y España, entre otros países. Durante varios años también colaboró en el mundo de la radio con diferentes emisoras internacionales. Actualmente algunos de sus trabajos son radiados para América Latina a través del espacio Frecuencia RM, en la emisora La Voz de Rusia. Colabora regularmente con Madrid Filatélico, El Eco Filatélico y Crónica Filatélica y mantiene una sección, sobre filatelia alusiva a literatura infantil y juvenil, en la revista Educación y Biblioteca, así como en las publicaciones electrónicas OpusMúsica (http://www.opusmusica.com) y Naturaleza Educativa (http://www.natureduca.com). === Allá, Julio, donde estés Idalia Sautto =========================== In memoriam Julio Cortázar En la esquina de una habitación, en aquel departamento parisino en el que vivió sus últimos años Julio, y también Carol, hallamos a Julio de espaldas a una puerta que está abierta a la blancura. La luz que entra, no sólo por la ventana que le da ángulo al cuerpo de Julio; la pared, la cajonera —sobre la que hay un radio—, y más arriba un cuadro enmarcando el dibujo de un gato a pluma, y claro, el librero que se asoma al encuadre, todo es barnizado por el blanco de la fotografía, tal vez incluso de la realidad. Abajo, junto a Julio, que está sentado en el suelo y se recarga en el pretil de la puerta abierta, y si acaso pudiera estirar más su pie tocaría la mesita. Sobre la que tiene una taza de café en su correspondiente platito, y junto algo que —indudablemente— parece un bote de Nescafé: “Siempre que una persona tiene una lata de Nescafé me doy cuenta de que no está en la última miseria; todavía puede resistir un poco”. Mirarte ahora, esta vieja fotografía que trae tu mirada de gato verde y tú —Julio— eres la única ventana de la esfera que hace de la vida un juego inesperado, siempre bien agradecido y lleno de huellas púrpuras que te esconden por debajo tantas cuartillas con interminables caminatas, un café escondido por un caracol y un pucho que enciende un cigarro, o más bien, un cigarrillo. Una pequeña frase es suficiente para escuchar tu voz e imaginar que andas por ahí mirando siempre por encima del hombro, diciendo vaya a saber qué. Julio está sentado en el suelo, y en una mano sostiene una cámara profesional de fotografía. Tiene sus piernas en ele, como si no hubiera otra forma de acomodar sus dos metros de estatura en aquel rincón. La expresión de Julio es una muy peculiar, no mira a la cámara, más bien es sorprendido desde la ventana que da al balcón, ese balcón que en la parte de la recámara abierta se hace silla, bolsa, acero borroneado por la bruma, y que en el preludio de alcanzar a Julio y a Heidegger se hace casi página en blanco, se hace también mecedora de granadillo y mimbre. Julio precisamente señala con un dedo y con una sonrisa ese ser que se asoma desde el balcón, que coloca su pata en la ventana y lo observa, y se reconocen como dos gatos que son incapaces de presumir la sabiduría que hay más allá de sus miradas. Hay una cita en esta tierra de papel rayado que te encuentra altísimo y sorprendido, con barba o sin barba, con lentes o sin lentes, con la mano recargada en el rostro o sosteniendo la trompeta. Y esa sonrisa de placidez aunque se tengan los zapatos inundados en lluvia, y seas tú el que frota la mente dentro de un caleidoscopio de la escritura, en el reflejo Rembrandt que ilumina toda figura literaria fuera de sus casillas, pululando hacia los lados en lugares siempre insólitos. El gato —Heidegger— es el detonante del instante que hace posible la sonrisa de Julio y el movimiento de su mano hacia arriba, como si el acto siguiente fuera acercar el dedo al vidrio, y entonces recorrer con un dedo la humedad del vidrio sobre la que descansa la bruma y la mirada de Heidegger, un juego de perspectiva para seguir sonriendo, para después abrir la ventana y dejar que entre. Tomar esa taza de café y respirar la mañana, dar de comer al gato como si el tiempo fuera eterno. El impacto sufrido por esta fotografía, el puctum, diría Barthes, fue la taza de café, precisamente esa taza de café tan reconocida por mí, esa taza que descansa sin premura alguna sobre nuestras mesitas, esa taza que por supuesto, y esto lo sabía de sobra Julio, un buen día no está, ese gato que también se va, esa bruma de tarde o mañana que vuelve siempre con otras personas, ese tiempo que el jazz puede eternizar en nuestros radios, esos cuadros que inmovilizan el tiempo, la cajonera de la que hoy puedo sacar unos cigarros y mañana, tal vez no sea yo la que cierre la puerta o vea las nubes desde mi ventana, acaricie a mis gatas, y la vida, la vida me sorprende tanto que ese instante fue, ese instante es en un libro, es en la memoria de nadie, sólo lo que yo pueda imaginar, esa sonrisa que en su momento se apagó y se volvió a encender —yo no sé cuántas veces más— pero un día se apagó del todo, un día ese cuerpo recargado en el pretil de la ventana terminó en el cementerio de Montparnasse, un catorce de febrero para ser románticos, Julio, ¿a quién nos dirigimos cuándo vemos fotografías como ésta? Las ideas —después de sostener tu voz ronca sobre cualquier libro— van subiendo en popote ondulado, sobrepasan todo sueño de atmósfera cronopial, porque derribas el universo deletreado entre realidad y ficción, muerte y vida. No es un querer superfluo, no es la obra de arte que se admira sin entender, no es la magia y las frases comunes de tantas personas que han evocado tu nombre; es lo que encierra toda noción de paradigma contenido en lo que tu dedo muestra, cual pajarito mandón, de lo que es-estar-aquí; respirando, bajo la nube que se parece tanto a fumando un cigarro mientras buscas Comprender; no la escritura, el tiempo recubierto por ese musgo que [es el amor. La comezón de vivir todos y cada día que se suponen en la vida misma. (Parece complicado) Sólo es saber desde allá: en donde te encuentras en este mismo tiempo, vivo y muerto, siendo dentro de la telaraña de rocío, o el pato que nunca mira porque corta el lago y lo hace infinito, nimio. Este es el cielo y la tierra causa de interminable persecución. Después, ya no hay remedio. Se tiene una solución más amable del presente, de la anegada rutina y mañana, ayer —que es lo mismo— no se regresa al mismo sitio, porque cada momento es violentado por una cuchara pequeña, un guiñapo de casualidad, un acuario, un cordón de brownie que ahorca nuestro dedo y es suficiente —Julio, siempre ahí pero dónde, cómo— porque una frase se convierte en el transporte ideal para llegar hacia aquel lado que no imaginas, ni inventas, simplemente solucionas. Y qué alivio para respirar hondo y saberse dentro. ¿Y entonces por qué duele? ¿Cómo soltar la realidad (nuestro fragmento de pieza amaneciendo a destiempo) a situaciones análogas? ¿Cómo entonces..? —Sábelo allí, donde estés— Te veo sentado en la cocina de la abuela, el piso está inundado y te empapa los zapatos. Ves detenidamente el calendario, exhalas humo. Giras la cabeza y me ves. No te sorprendes. Sonríes. Te hago una pregunta. Mi sueño es la pregunta, todo ese tiempo que sólo cabe en mi mente. Aprietas tu dedo contra mi boca, como tantas veces lo he leído, ese gesto que consiste en vaciar verticalmente nuestro encuentro para ponerlo a salvo y aguardar, esperar el remedio que parece salir fuera de control, como si pudieras medir con alfileres una época que no me corresponde, tampoco a ti, y esa tristeza se va flotando como botella al mar para tus ojos, esa manita que se alarga sin poder tocarte. Y duele tanta precipitación a lo fantástico, ese constante arrancar la costra del desahogo y los buenos días acostumbrados casi traumáticos. Huele a lluvia de literatura, a ceniza fresca, a silencio encerrado, y cada vez que miro sigues ahí, con ese mismo guiño, con esa distancia que marca una raya de comienzo y fin. Cuando me doy cuenta del mundo es demasiado tarde, otra vez sentada en la alfombra, y el amor no se aprende de ir a la escuela todos los días, hay otras formas, la sensibilidad se encarna en otro lado que no es la realidad, de tu lado que no conocí y que sólo conozco con la nariz pegada al cristal. Las noches de recargar la espalda y mirar en el humo del cigarro la silueta de los sentimientos, abrir la ventana y ver la ciudad deslavada. Allá enfrente hay una casa en el abandono y le crecen plantas, aquí estás tú en una postal con los hombros cobrizos, pecas, barba, sombrero y pipa. Julio, sólo respondes con el perfil disecado por una Polaroid, con palabras impresas por Sudamericana, con migajas que una va recogiendo poco a poco para quedar atrapada por el mundo-Julio y el mundo que, inevitablemente, ya está construido. Este andar con una solemnidad de atardecer, de brusca efervescencia y desvarío. Llego atrapada por el agua que sale por debajo de la puerta. Entro a la cocina en la que observas un calendario. Y te pregunto. Tú me miras sin sorpresa, como si estuvieras a punto de pedir un café y volver al calendario. Tal ves tú lo sabes, allí, donde estés. Te veo, y es la fotografía la que me sabe a un secreto voluntario en el tiempo, como si lo hubieras dejado de antemano para estupefacción de cada vellito en mis brazos, que quisieran tenerte por un momento, un momento de tantos. A veces es preciso abandonar esta llamada externa al espacio, encontrarte de la manera más sencilla sin mover el paño del cristal, sin vivir antes, sin ser tú más viejo o más alto, tan sólo tirar de las palabras como pétalos a un camino transparente en la memoria, premeditado, ya conocido, arrojar este texto con la voluntad de una valkiria enamorada. Allá, Julio, donde estés. ** Idalia Sautto cortazariana@gmail.com Escritora mexicana (México, D.F., 1984). Estudiante de historia en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx). Egresada de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem, http://www.sogem.org.mx). Un cuento suyo aparece publicado en la antología Paso al frente. Ha participado en talleres literarios coordinados por los poetas Maricruz Patiño y Agustín Jiménez. Actualmente es asistente y ayudante en clase del filósofo Alberto Constante en un seminario sobre Heidegger. === Ars erótica convertida en canción por Cultura Profética =============== === Gloria Dolande ======================================================== Antes que nada, debo advertir al lector que Cultura Profética es un grupo musical nacido en Puerto Rico. Su música es una nutrida conversación que va desde el reggae hasta otros géneros musicales como el bossa nova y el drum and bass, entre otros. Asimismo, pueden escucharse en sus letras reflexiones sobre la historia borinqueña, la lucha social, críticas hacia el gobierno estadounidense, además de exaltación de la naturaleza y su preservación; canciones amorosas y eróticas. De las cuatro producciones que poseen, quizás el más variado en cuanto contenido temático es Diario, disco con trece canciones, y en el cual, por primera vez, aparecen letras del género erótico: “Donde no alcanza mi verso” y “De antes”. En primer lugar hay que tener en cuenta que en ambas canciones amor y erotismo se conjugan, hundiéndose con cargas de sensaciones y sensualidad. El amor, lo ha dicho Guillermo Sucre, es libertad, ambición, pasión y necesidad del otro, ese otro, en este contexto, es la mujer; comenta Octavio Paz: “Es una mujer, la morada terrestre del hombre, la diosa de pechos desnudos que sonríe a la orilla del Mediterráneo, mientras el agua del mar se mezcla al sol; es Xoxhiquetzal, la de la falda de hojas de maíz y fuego, la de la falda de bruma, cuerpo de centella en la tormenta; es Perséfone que asciende al abismo en donde ha cortado el narciso, la flor del deseo”. Poesía, amor y mujer se cruzan, existe ansiedad inspirada por el otro. Dice la canción “Donde no alcanza mi verso”: Quisiera habitar en tus piernas Creciendo como una hiedra en ti O navegar mil leguas quisiera, Fijado en el timón de tus caderas. Caminar la llanura Que allá en tus ojos encuentro. Bañarme de tu cuerpo quisiera, Andar las costas de tu cuerpo entero. Es evidente que el cuerpo de la mujer engendra pasión y deseo, son ambiciones que la voz poética nos canta, es reconocer la existencia del uno en el otro, la unión de dos entes en un recorrido por ese cuerpo. Las imágenes presentes en el texto nos dan la idea de necesidad: “Quisiera habitar en tus piernas / creciendo como una hiedra en ti”. En la canción “De antes”, la mujer se convierte en materia para hacer música, es ella el centro de atracción de la voz cantante, es su inspiración en este caso, leamos: “tus colores pintan mi canción / y mi guitarra se convierte en ti / acaricio tu cabello intentando acordes al azar / y regalas notas tan dulces que me inspiran a cantar”. La música es tan bella como la mujer, podría ser un acercamiento a esta letra, es inspiración como diría Carlos Silva: “Sólo dos temas pueden conducir a la creatividad: Dios y la mujer. La mujer, en suma, es donde el arte brilla por una vez, con luz ajena. El sólo hecho de tomar como tema a una mujer, de inmediato apunta a la mujer y, por tanto, a todo lo que somos”. A todo lo que somos, porque es la mujer quien da luz, da vida al hombre, es ella la divina tentación por la que pecan los hombres. Volviendo a la primera canción, la voz poética continuamente nos canta: “Quisiera llegar a donde no alcanza mi verso”, las palabras no son suficientes para decir lo que siente, quiere realizar ese deseo que le inspira el cuerpo de una mujer, los versos no bastan para imaginar sus más profundos sueños: “Mil canciones de noche engendro, / pero antes que cantarlas quisiera / andar las costas de tu cuerpo entero / llegar donde no alcanza mi verso / tu cuerpo imaginar no es suficiente”. Entonces está claro que los versos no son más que puras palabras, no son hechos, mucho menos documenta la realidad de este contexto, es puro surrealismo: “Mi mente surreal no es suficiente”, dice la canción. Otro aspecto interesante de ambas canciones es que expresan sentimientos y pensamientos, y a esto se reduce al lenguaje, por ende, al habla. Canta la voz poética: “Quisiera practicar el lenguaje / que no se habla ni es silencio. / Hablarte en otro idioma quisiera, / decirte así lo que no puedo en verso”. Un lenguaje no hablado es un lenguaje de tacto, es el sentido animal del hombre, no hay palabras ni silencio, hay percepciones, signos, símbolos, podría ser un lenguaje de unión, es el idioma del amor: miradas, caricias, olores, sudor... el acto erótico y carnal en vivo, es el sentir que la voz poética desea convertir en realidad, que traspase sus versos, las palabras, cualquier otro idioma hablado, cualquier poesía. Es decir, la concreción del deseo íntimo. En fin, en ambas canciones, “Donde no alcanza mi verso” y “De antes”, el ser amado de la voz cantante está más allá de lo que puede llegar a tener éste, o quizás esté cerca de una conquista del otro. Pues, son sueños y deseos que incluyen cierta sensualidad y erotismo. Lo que propone Cultura Profética no es más que enseñarnos que a través de las palabras la exaltación del cuerpo femenino es un vaivén de horizontes que explorar, es arte puro y concreto, que lleva por nombre todas las creaciones divinas y naturales de Dios, es cielo y tierra, viento y marea, vida y muerte... como propone Octavio Paz: “La mujer abre las puertas de la noche y de la verdad”. ** Gloria Dolande gebrock83@hotmail.com Escritora venezolana (Maracay, 1981). Estudiante del último semestre de educación en la especialidad de lengua y literatura. Textos suyos han sido publicados en el diario El Periodiquito. Ha participado en diversos talleres de creación literaria con escritores reconocidos. === Palabra de escritor Ricardo Adrián Steiner ======================= El arte de la conversación Carlos Dámaso Martínez Alción Editora, 2007 ISBN: 987-1359-28-4 El pasado miércoles 1 de agosto se presentó formalmente, en la Biblioteca Nacional de Argentina, el libro El arte de la conversación, de Carlos Dámaso Martínez. Como cada vez que voy a la Biblioteca, al entrar tuve la sensación de meterme en un cuento de Borges. Escaleras que no se sabe si suben o bajan, interminables pasillos, puertas que dan a corredores viceversa, líneas paralelas y perpendiculares que llevaban a lugares imposibles; el enorme edificio, interminable, lleno de cristales que reflejan los mundos en movimiento de la ciudad que lo rodea. La sensación de entrar en un cuento se hizo más fuerte aun, y es que en su libro Dámaso Martínez desdibuja los roles, rompe los límites: los personajes son los escritores. Se trata de entrevistas con autores latinoamericanos realizadas durante los últimos veinte años, y como el propio autor lo señala: los escritores cuando hablan de su oficio lo hacen con la misma pasión que cuando escriben, y es ahí donde el diálogo se transforma en arte. En esta obra, la efímera conversación se lleva al papel para acercarnos y conocer a cada uno de los creadores, dibujando desde la charla su más importante personaje, ellos mismos. Ese acercamiento nos puede invitar a reflexionar, reír o pasar el tiempo; pero nos invita, casi nos empuja, a leer, a meternos de lleno en el mundo de la literatura desde ese punto donde nace la palabra, donde se gana la batalla al blanco papel, ese punto que no es otra cosa que el propio escritor. Y esos puntos de partida son hombres y esos hombres son nombres, y los nombres no son poca cosa, y son Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos, Enrique Molina, Héctor Tizón, Juan Carlos Onetti, Juan José Saer, Ricardo Piglia, Horacio Salas, Armonía Somers, Andrés Rivera, Noé Jitrik, Rosalba Campra, Jean Franco, Jorge Lafforgue, Gonzalo Celorio y David Viñas. Y el autor claro, que construye con cada uno de ellos el arte de la conversación. El laberíntico viaje nos lleva a Madrid, Paris, Jujuy, Buenos Aires, Roma o Nueva York; nos pasea por el mundo de cada personaje real proyectando su ficción, su critica o teoría. Lo cotidiano se hace presente en los asados, el café y los amigos de Saer, en sus gestos el entrevistador reconoce su mundo novelístico. Un hombre que vive al revés en un cuarto de Madrid, entre cigarrillos y whisky, un Onetti que conserva su humor e ironía. La crítica político social de Roa Bastos, que busca el denominador común, el rasgo de la cosmovisión latinoamericana oponiendo mundos literarios. Bioy Casares nos habla, mira de reojo el grabador en su cuarto lleno de libros, ese cuarto que quizá sea el escenario de alguno de sus cuentos. Cuando salí de la Biblioteca la realidad se me vino encima, la ruidosa avenida Las Heras con su indescifrable número de colectivos, llevando y trayendo incontables historias. La avenida transformada en el límite, a veces difuso, el abismo entre la ficción en la Biblioteca y lo real, ahí, en la calle, en la ciudad de imposibles personajes. Ese límite en donde la realidad y la ficción parecen reprocharse, esa línea que Dámaso Martínez desdibujó en su libro invirtiendo roles, borrando límites, creando, construyendo la conversación, venciendo la batalla al blanco papel. En ese lugar tomé el colectivo, con el libro en la mano. Allí salí del cuento, en ese punto donde parecen unirse el amor y el espanto. ** Ricardo Steiner ricardosteiner@gmail.com Docente argentino (Buenos Aires, 1973). Profesor de literatura. Ha publicado el libro de cuentos policiales El manual de Dímir, los libros de cuentos Insomíos y Desde los ojos y la novela Decerba. === Los únicos privilegiados son los niños Fernando Sorrentino ======= Cuando yo era chico, el gobierno argentino de entonces, que presidía Juan Domingo Perón, empleaba cierta cantidad de lemas, dichos, proverbios, apotegmas, axiomas, sentencias, aforismos y/o máximas que se repetían con cierta frecuencia. Una de estas construcciones verbales ortopédicas era: En la nueva Argentina, los únicos privilegiados son los niños. Adagio que, examinado con un mínimo de detenimiento, sería bastante sencillo refutar exitosamente: en aquella época, en las que la siguieron y en esta que estamos viviendo, en la Argentina hay muchos privilegiados que han alcanzado, por crecimiento vegetativo, la edad adulta. Quizá los más privilegiados entre los privilegiados sean los políticos, que —justo es reconocerlo— algunos rasgos comparten con los niños más pequeños: la inconmensurable incultura, el egoísmo feroz, la codicia pueril. La memoria tiene mecanismos extraños. Fue acaso el recuerdo de aquel apotegma peronista el que, a su vez, me hizo evocar dos pasajes literarios que, a pesar de las intenciones diametralmente distintas que animaban a sus autores, algo tienen en común: en ambos textos ocurre que un niño, por el privilegio de su corta edad, tiene acceso a un sitio vedado para los mayores. En el capítulo XV de los Comentarios reales, el Inca Garcilaso de la Vega relata que a su madre residiendo en el Cozco, su patria, venían a visitarla casi cada semana los pocos parientes y parientas que de las crueldades y tiranías de Atahuallpa [...] escaparon [...]. Más adelante agrega que con la memoria del bien perdido, siempre acababan su conversación en lágrimas y llanto, diciendo: “Trocósenos el reinar en vasallaje, etcétera”. En estas pláticas, YO, COMO MUCHACHO, entraba y salía muchas veces donde ellos estaban, y me holgaba de las oír, como huelgan los tales de oír fábulas. Más bien hacia el final del relativamente extenso párrafo que Pablos (Quevedo, Buscón, I) dedica a describir las actividades de bruja de su madre, nos dice: Tenía un aposento, donde sola ella entraba —y alguna vez YO, QUE, COMO ERA CHIQUITO, podía—, todo rodeado de calaveras, que ella decía que eran para memorias de la muerte, o para voluntades de la vida. Éste es el texto de 1603, o sea el que Américo Castro publicó en el volumen 5 de la colección Clásicos Castellanos de Espasa-Calpe. En ese entonces, el precoz Quevedo tendría sólo veintidós o veintitrés años. En la edición —digamos más light— de 1626 no figura esta referencia. Casi coetáneo es el texto del Inca, ya que apareció en 1609, cuando el autor rondaba los sesenta y cinco años. Pero, en ambos casos, y tal como lo imaginó Perón, los únicos privilegiados fueron los niños. ** Fernando Sorrentino fs_literatura@yahoo.com.ar Escritor; profesor en letras (Buenos Aires, 1942). Ha publicado, entre otros, los libros de cuentos Imperios y servidumbres (Seix Barral, 1972; reedición, Torres Agüero Editor, 1992), El mejor de los mundos posibles (Plus Ultra, 1976; 2º Premio Municipal de Literatura) y El rigor de las desdichas (Ediciones del Dock, 1994; 2º Premio Municipal de Literatura); la novela Sanitarios centenarios (Plus Ultra, 1979; reedición, Editorial Sudamericana, 2000); la nouvelle Crónica costumbrista (Pluma Alta, 1992; reeditada como Costumbres de los muertos, Colihue, 1996); los libros de relatos para niños o adolescentes Cuentos del Mentiroso (Plus Ultra, 1978; Faja de Honor de la Sade; reedición, Norma, 2002), Historias de María Sapa y Fortunato (Sudamericana, 1995; Premio Fantasía Infantil 1996; reedición, Santillana, 2001), El que se enoja, pierde (El Ateneo, 1999) y El Viejo que Todo lo Sabe (Santillana, 2001); los libros de entrevistas Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (Casa Pardo, 1974; reediciones, El Ateneo, 1996, 2001) y Siete conversaciones con Adolfo Bioy Casares (Sudamericana, 1992; reedición, El Ateneo, 2001). Libros suyos han sido traducidos al inglés, al portugués, al italiano, al alemán, al polaco, al chino, al vietnamita y al tamil. === La gafedad del Mío Cid Juan Guerrero ============================= Escrito a mediados del 1140 y copiado posteriormente por un tal Per Abad, el año 1207, el Cantar del Mío Cid ha sido el paradigma de la lengua nuestra por excelencia. Dos grandes filólogos, Bello y Menéndez Pidal, coinciden en ello, y le otorgan al poema rasgos de partida de nacimiento para comprender la posterior evolución de nuestra lengua. Estructurado el texto en tres partes: destierro del Campeador por el rey Alfonso VI, tras supuestamente haberse apoderado el héroe de unos bienes mal habidos; captura del sitio de Valencia e inicio de la retirada de los moros, y desposamiento de sus hijas con los infantes de Carrión, el poema supone un propósito superior y éste viene representado por la necesidad del héroe en demostrar valores, como la lealtad, la honradez, la valentía, entre otros, que han sido puestos en tela de juicio por el rey al condenarlo al destierro. Si bien el Campeador acepta inicialmente la pena impuesta, que incluye la pérdida de sus derechos de patria potestad sobre su familia, mujer e hijas, así como la de ser asistido y, peor aun, el que nadie le pueda dirigir la palabra so pena de ser castigado, observamos en este hecho una singular manera de castigo más profundo, que lacera y corroe el alma: la negación de la palabra. No es sino una niña quien, por su ingenuidad, se atreve a hablarle cuando llega a uno de los pocos poblados donde inicialmente puede acercarse. Esta manera de castigo, de negarle la palabra al Otro-diferente viene de muy antiguo. En los pueblos de la antigüedad se usaba castigar con la máxima pena a quien realizaba actos innobles; como ultrajes, asesinato o quien maldecía injustamente. Nadie en el pueblo podía mirarlo ni dirigirle la palabra. Así, el condenado terminaba yéndose del pueblo, o se volvía loco o se suicidaba. Por su parte los romanos y griegos eran un poco más benévolos: a los corruptos les permitían estarse en la polis... sin embargo, cuando se les saludaba, al extenderles la mano se les volteaba la cara en señal de desprecio. Quizá en nuestros días ya no ocurre eso pero en algunos lugares, cuando alguna persona decide no dirigirle más la palabra a otra, aún se escucha la frase: —Fulanito le hizo la cruz a Sutanito. El condenado, en nuestra reflexión Rodrigo Díaz de Vivar, experimenta en carne viva la condena propia de aquellas almas que eran despojadas de todo cuanto les suponía derecho de ciudadanía. Pierde, como ya indicamos, sus derechos de patria potestad sobre su mujer e hijas, pierde su derecho de vivir en su pueblo, pierde el derecho a comunicarse con sus semejantes, pierde sus derechos sociales como un hijodalgo (hidalgo), que si bien es uno de los primeros escalones en la jerarquía monárquica de la época, está en el camino del ascenso social. Es un condenado real. El Cid es un ser menospreciado por la divinidad encarnada en el rey. Pero, ¿qué es aquello que tanto ven en el héroe que repugna y hace que le saquen el cuerpo y le den la espalda? La respuesta a ello no está tanto en la manera externa como se desarrollan los acontecimientos, como en el padecimiento por el que pasó la sociedad de aquellos tiempos. Ese padecimiento al que nos referimos es la llamada gafedad, lepra, enfermedad leonina o elefantiasis. Esto, por las características que reviste en los enfermos: la inclinación del cuerpo que se encorva, junto con la característica que adquieren los miembros superiores, así como la alteración del tejido dérmico. También por estar por mucho tiempo confundida con la sífilis se le emparentó a esa enfermedad, caracterizándose al enfermo como pecador y, por tanto, condenado por Dios a padecer semejante mal. Al leproso o gafo, una vez identificado como tal, se le despojaba de absolutamente todo derecho civil, al punto de ser declarado, en la práctica, un muerto viviente. Nadie se le podía acercar, ni hablar, ni darle posada ni alimentarle. Andaban los leprosos por los bordes de los caminos y lejos de las entradas a los pueblos, mientras sus carnes se caían a pedazos, se iban desintegrando poco a poco. Quedaban en la desnudez como almas que vagaban en la medianoche de esos tiempos. Pero el Campeador no padece de lepra, físicamente hablando. Eso es cierto. Su padecimiento es interno, espiritual, y semeja en todo la desintegración del cuerpo individual, aquello que se experimenta en la vida de una sociedad que por cerca de 800 años permanecía bajo dominio de la cultura islámica. Apenas unos cuantos señoríos, aldeas cristianas dispersas en la zona del cántabro, guardaban los misterios de una cultura heredada de la Hispania romana y de los visigodos. Pedazos de fragmentos de un imperio, como el romano, roto y partido en dos grandes bloques, el de oriente y occidente, que posteriormente fueron a su vez partiéndose en pedazos de espacios donde apenas quedaban vestigios de ese esplendor imperial. Esa es la vida de una sociedad que padeció la enfermedad de la lepra en toda su intensidad. Una fractura física pero básicamente espiritual. Lo vemos en la duda sobre los valores que inicialmente al héroe le reclama el mismísimo representante de la divinidad en la tierra, el rey. Siempre me ha asaltado la duda de esos valores del Campeador que tanto han ensalzado los estudiosos del cantar. Posiblemente asumo la valentía y el sacrificio como actos caballerescos. Pero ciertamente hay un dejo de fetidez, de cosa extraña, por decir lo menos, cuando el Cid ofrece a sus propias hijas a unos mozalbetes por el sólo hecho de su linaje real. ¿Cómo se le podría catalogar a este Rodrigo Díaz de Vivar ahora? ¿Un arribista social? Ciertamente los tiempos son diferentes. Pero no encuentro nada de heroico en este suceso, salvo para lo afirmado anteriormente y también, para acercarse a su bendito rey, para complacerse ante la divinidad. Pareciera, modernamente hablando, un chupamedias cualquiera. No encuentro nada de extraordinario en semejante acto salvo la fetidez de una enfermedad que arrastra en su alma y que es, como bien ya conocemos, un mal por insanía, por suciedad, una infección tal y como siglos después Hansen lo indicó. Esa infección ataca al Cid y está caracterizada también por la tendencia de un hijodalgo a escalar posiciones en la jerarquía monárquica, a como dé lugar, aun teniendo que regalar a sus propias hijas a unos cobardes nobles, como son los Infantes de Carrión. Curiosa enfermedad que diezmó a media Europa, junto con la peste, y que posteriormente fue traída a este lado del mundo precisamente por ladrones, asaltantes, corruptos, ineptos, ex presidiarios y demás truhanes, que formaron los primeros grupos de europeos que vinieron a este continente. Como vemos, cada época parece estar signada por claves discursivas, por palabras mágicas que determinan el comportamiento de una sociedad. Lo vemos en la alta y baja Edad Media, con la lepra o mal divino. También en siglos posteriores, con la tuberculosis. Enfermedad que se acentuó a finales del setecientos y todo el ochocientos. Mal de la melancolía y el padecimiento silencioso. Enfermedad socialmente aceptada por ser un síndrome de tortura enviada por Dios. Los tísicos eran en el ochocientos personas jipatas, amarillentas, extremadamente flacos, de ojos desorbitados, propensos al desvanecimiento y la permanente tos que llegaba a la flema sangrante. Iba muy a la medida de una sociedad mojigata, taciturna y melancólica. Caracterizada por el paso lento y los movimientos de un cuerpo como en cámara lenta. De mirada distraída y llena de ensoñación y adormecimiento. Pero es en el novecientos cuando la humanidad despierta y se lanza al movimiento frenético y la construcción de un mundo a velocidad extrema. Mundo que se piensa constantemente. Se razona, se mentaliza hasta la histeria. Así se aprecia otro mal de siglo. El cáncer va de la mano con este hombre que se consolida como criatura científica y reta a Dios y al Diablo frente a su hazaña más acabada: la tecnología. El cáncer es una enfermedad de la mente, un mal de los tiempos modernos. Caracterizado por el agotamiento espiritual y la soledad del hombre mientras existe en la densidad de millones de personas. Pero si a la lepra, la peste, la tuberculosis y el cáncer le damos importancia como síndromes que marcan espiritualmente una época; creo que la actual, sin duda alguna, está signada por la impronta de lo artificioso en demasía: el sida. Su origen mismo supuso la duda de si era la primera enfermedad creada en un laboratorio. Aún existe tal duda. Enfermedad de la postmodernidad, de eso que está en lo que llamo la Era del Plástico y de la Prótesis. Nace como síndrome propio de eso que agota, de una absoluta soledad que se padece como muerte espiritual. El sidoso, como el leproso, es un ser excluido del entorno social. Inicialmente se le recluyó en espacios separados. La lógica, dentro de la ironía de la vida, nos dice que todos estamos infectados de ella. Somos propagadores de esa enfermedad, aun sin padecerla físicamente. La fragilidad de una sociedad y de un mundo, que transitamos en suelo gelatinoso y de arenas movedizas, nos dice que pronto estaremos cercanos a ella. Esto es cierto. Cada vez conocemos del amigo del amigo que tiene un conocido padeciendo tal mal. Cada día los círculos se angostan. Cada vez son menores los límites que nos separan. Por eso desarrollamos las prótesis. Ese embellecimiento ante la “peste”. Esa degradación progresiva y certera de padecer del síndrome, de esa enfermedad incurable que nos diezma y nos reduce a ser siempre eso que somos: podredumbre humana recubierta de perfumes, silicón, bótex, para impedir, como en el leproso del Campeador, la caída a pedazos del alma. Después de todo algo sí reconozco en el cantar de gesta aludido: la maravillosa muestra de un idioma que nombra su propio padecimiento. ** Juan Guerrero bdclfj@cantv.net Ensayista, poeta y docente venezolano. Es licenciado en letras, magíster scientiarium en educación, mención enseñanza del castellano, y candidato a doctor en filología hispánica por la Universidad de Oviedo (España). Es docente-investigador de la Universidad Nacional Experimental de Guayana. Ha publicado el poemario Elegía a la sombra / Elegia all'ombra (1981) y ha recibido en dos ocasiones mención de honor en el premio José del Valle Laveaux (Ciudad Bolívar, 1989 y 1992). |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Gonzalo Márquez Cristo: “La lección del silencio” ===================== === Carlos Olano ========================================================== Esta entrevista telefónica (México D.F.-Bogotá) con el ganador del Premio Internacional de Ensayo Maurice Blanchot, nos aproxima a un poeta colombiano que ha decidido hacer del pensamiento su morada. —La pregunta del origen es un intenso trabajo sobre la Tragedia. ¿Por qué escribir sobre ella 2.500 años después de Esquilo? —En verdad mi ensayo no trata el tema de la tragedia en su definición nietzscheana sino que asedia el espíritu trágico. Persigue —aunque no en forma exhaustiva— las esporádicas y necesarias apariciones de esta deslumbrante visión en la Tierra. Sospecho que cuando la literatura se aproxima a su sol negro es más esencial porque tiene más elementos para enfrentar a la muerte, y por eso es posible proponer que la llamada tragedia (canción del chivo) iniciada por Patrinas y Quérilo, y desarrollada por Esquilo y Sófocles en su fundamento formal, tenía antecedentes en cuanto a su búsqueda estética-existencial. Pues si Nietzsche habla del “ingenuo” Homero y ancla la tragedia en la modificación de su coro, es procedente añadir que la contienda infructuosa con el destino era anterior y ya estaba cuatro siglos antes en la Ilíada cuando Aquiles —ante la muerte de Patroclo— se da una ducha de ceniza y deja escapar su desgarrador e inolvidable grito que llega a ser oído incluso por su madre Tetis en las profundidades del mar. —En su ensayo galardonado realiza un vuelo por los renacimientos más sublimes del espíritu trágico en la historia. —El maravilloso Prometeo de Esquilo propone una lucha desigual y lo que le ocurre a Antígona, a Electra o a Edipo, es de alguna manera el enfrentamiento a una culpa sin crimen que es necesario expiar aunque irrumpa la muerte. La rebeldía implícita en la tragedia griega se paga siempre con la vida y aunque Prometeo haya sido encadenado por su audacia jamás duda que su conducta fue la adecuada: “Ahora poseen el esplendente fuego los seres de un día”, dice en uno de sus magníficos diálogos. La rebeldía trágica exorciza a la culpa y da un sentido a la existencia. El demon que nos perturba no deja que la vida sea tan simple como lo pensaba Sócrates cuando afirmó que “la maldad es ignorancia”, porque todos estamos expuestos a que en el más inesperado momento afloren nuestros orígenes, las sensaciones, los pensamientos y los preceptos, que reinaban antes, cuando vivíamos el mundo primigenio, inaugural de lo sagrado. Entonces creo que el espíritu trágico —no la Tragedia— se puede rastrear desde la escena mencionada de Aquiles, pasando por la colosal aparición en la tragedia ática en el siglo V a.C., por los grandes dramas de Shakespeare, por el Hiperión de Hölderlin, por el teatro de O’Neill o de Williams, e incluso por la novela como lo patentiza Flaubert o Dostoyevsky, hasta llegar a Kafka y Camus; para no incluir otras artes; porque su mensaje pareciera ser que siempre en el dolor bebe la sabiduría. —Durante las últimas décadas hemos visto que los grandes problemas universales han sido relevados en la literatura por inconvenientes individuales y a veces nimios. ¿Qué piensa de esa mutación? —Así como la tragedia era un asunto que involucraba la condición humana y la presencia inexorable de la muerte, las obras de la contemporaneidad han abandonado ese vértice para trasegar realidades individuales, crímenes particulares, culpas específicas, con las excepciones referidas anteriormente, que ocurren siempre que el espíritu trágico —o mejor, la visión trágica— irradia su poderoso influjo en el mundo. El melodrama ha sucedido a la tragedia y la novela-cronicada o la narrativa-fílmica han remplazado a la novela-escritura, lo cual tendrá implicaciones funestas en la imaginación y la sensibilidad del ser humano. Si una novela es escrita con pretensiones cinematográficas tiene que escindirse necesariamente de su origen transformador del pensamiento, de su vórtice interior que funda el cauce del lenguaje y convertirse casi siempre en algo exterior y efímero como sus acontecimientos. —¿Cree que la literatura puede ayudar a la vida, si su empeño más recurrente se ha ejercido en las zonas de la angustia y la desolación? —La poesía puede ayudar a extender la dignidad, puede impedir la humillación del ser humano mostrándole la incoherencia de la realidad imperante. Vivimos un tiempo lívido: nunca los gobiernos han sido más totalizantes pero tampoco las personas habían sido más individualistas; y la literatura opera inevitablemente como reflejo. Tendremos que volver a inventar el sujeto, necesitamos que ese dictador o espía que ha hecho vastos sus dominios reduzca su campo de acción, e invente un diálogo menos cruento con su antagonista. El hombre ha invadido todo, ha hecho de la destrucción su única estrategia de conocimiento; por eso juzgo que un diálogo más sensible entre el individuo conocedor y el territorio de sus inquisiciones estaría inevitablemente fundando vida. —Su país está sacudido por una guerra que parece no tener final, por otro lado el imperio norteamericano por su avidez económica continúa avasallando pueblos bajo pretextos morales. ¿Por qué el ejercicio de la política es tan nefasto? —Los políticos son los obreros de lo superficial, utilizan su lenguaje vacío (por no decir muerto) para impedir que se haga visible la realidad. Y de esta forma mientras el poeta cree en el valor transformador del lenguaje, los políticos comercian sus palabras fósiles. Sin embargo estoy seguro que tanto saqueo imaginario, algún día terminará por extender su venganza. —Lo sagrado se ha evadido del mundo. ¿La soledad que se avecina será más radical? —Eros, el dios del amor (según Platón), es un demonio (un demon que ocupa un lugar entre los dioses y los hombres), es un intérprete entre los inmortales y los seres de un día —como dice Esquilo—, y es en esa intermitencia que es posible ver lo sagrado. Si perdemos nuestro puente cósmico nos hallaremos frente a una soledad innecesaria, fútil. Pero no debemos temerle a la soledad que está revestida de una capacidad fundacional y que en el amor nos deja vislumbrar por instantes nuestro origen. La soledad es límite, última frontera, tiene un pacto con lo germinal, ¿no es acaso un espejo? —“Traicioné a la esperanza y en nombre del abismo a veces fui feliz”, dice en un poema de su último poemario Oscuro nacimiento. ¿La esperanza es siempre tan sombría? —La esperanza es un engaño que pocas veces ayuda a vivir. En La llegada del vendedor de hielo, de Eugene O’Neill, la ilusión es algo que destruye la vida por no dejarnos vivir el presente. El acto de esperar es tortuoso porque fundamenta una ambición y disminuye nuestro poder de vivir el instante, o ese ahora codiciado por Epicuro. Sin embargo, como me preguntó con unos versos míos, respondo con otros del mismo poema: “Al amanecer aprendí la lección del silencio. Pero todavía espero la única pregunta que hace nacer”. —En su poesía es posible encontrar varias sentencias que podrían ser epitafios. ¿Ha pensado alguna vez en el suyo? —Recientemente, en la pasada Feria del Libro de Bogotá, a alguien se le ocurrió hacer un camino con frases. Allí estaba la mía que decía: “Por el libro supe de la rebelión de los sueños, del deseo a la deriva, del único lugar donde el tiempo es conquistado”; y mientras la gente caminaba sobre las palabras —acto que casi me dolía— recordé que Octavio Paz escribió: “poeta, jardinero de epitafios”. En verdad en mi poesía no es difícil hallar la frase que me solicita, pero para no conjurar a la muerte, me debe perdonar esta variante oblicua: “Encomiendo al poeta la protección del instante”. ** Carlos Olano Ensayista, cuentista y viajero argentino (Buenos Aires, 1974). Reside en México. Obtuvo el título de licenciado en Literatura (1999). Está próximo a publicar su tesis de grado que trata sobre la penetración del surrealismo en la poesía latinoamericana. Es el presidente de la Asociación Pensamiento Libre (http://premiomauriceblanchot.blogspot.com). === Entrevista a Alexis Romay ============================================= === Biopsia al cadáver de la revolución cubana Armando López ========= Alexis Romay (http://www.letralia.com/firmas/romayalexis.htm) presentó recientemente la edición italiana de su novela Salidas de emergencia en la Feria del Libro de Turín, Italia. Esta biopsia al cadáver de la revolución cubana sorprendió a algunos italianos (que aún creen en las bondades de la revolución). De ahí esta entrevista: —¿Por qué el tema de tu novela? —Existe un criterio bastante generalizado sobre cuáles son los logros de la llamada Revolución Cubana. Si haces una encuesta, nueve de diez personas responderán con un lugar común: “la educación y la salud”. Esto es muy impreciso. Los grandes logros de la RC pertenecen al campo de la semántica. He aquí ejemplos de uso cotidiano: el secuestro de la palabra “patria”, la conversión de los desafectos al régimen en entes no humanos —o sea, en gusanos—, o la denominación de “Periodo Especial” a una etapa de profunda penuria... Los otros grandes logros de la Revolú entran en el terreno de las relaciones públicas; es decir: lograr que parte de la opinión pública internacional todavía se refiera al dictador cubano como “presidente”, entre otras lindezas de igual o peor calaña. A finales de los años noventa, fui maestro en una escuela secundaria de La Habana. Durante el tiempo que impartí clases en ese “logro revolucionario”, vi cosas que escapan a la más fértil (y mórbida) imaginación. Dicho sea de paso, en aquel entonces, mi sueldo era 198 pesos al mes. Por esos días, un plátano fruta (alias banana) costaba 1 peso. En otras palabras, mi sueldo mensual era 198 plátanos. Esto alguien tenía que contarlo. Y como dijera Borges: estos sucesos eran “casi no tocado(s) por el verso”. —¿Qué tiempo te llevó escribirla? —Todavía hoy me sorprende el entusiasmo y el impulso con que escribí mis Salidas de emergencia. Terminé el primer borrador del manuscrito, que tecleaba en mi tiempo libre —lo que equivale a cualquier momento desde que salí de Cuba—, en cuestión de un año. Escribir la novela no fue la tarea más ardua. La parte engorrosa fue ponerla a dieta: quitarle el colesterol, las malas grasas, las sales, el exceso de agua y el teque, la muela, el panfleto (esas tres grandes obsesiones cubanas). Entre una cosa y otra, la novela perdió unas 50 páginas. —¿Habías escrito antes, digamos, cuentos? —Mientras viví en La Habana y, sobre todo, a finales de los noventa, yo era una máquina de escribir poesía. O, más específicamente, una máquina de escribir poemas y poemas. (El peoma es un poema tan escandalosamente malo que merece una categoría aparte). Producto de la censura imperante en Cuba, estos poemas y peomas míos de hace una década eran abstractos, simbólicos, de muy difícil lectura. El hermetismo de la voz poética de entonces respondía al hecho de que, en la isla, para decir “el perro tiene hambre”, hay que dar un elegante rodeo y escribir “me gusta mucho tu gato”. Esta peculiaridad hace que La Habana ostente el mayor por ciento de poetas y peotas por centímetro cúbico en el mundo. Hasta el momento de mi llegada a los Estados Unidos, jamás había escrito ficción. Practicar dicho género en Cuba, para mí, era un desperdicio y un despropósito, pues la forma en que quería exponer y comentar la vida en la isla bajo la omnipresente bota del régimen castrista podría haber acarreado problemas que iban desde la inminente pérdida del trabajo (un trabajo miserable, pero trabajo al fin) hasta una posible sentencia por el folclórico delito que allá nombran “diversionismo ideológico”. De tal suerte, opté por escribir los antedichos poemas y peomas. Sin embargo, una vez en Nueva York, ya sin mesas redondas, ni CDR, ni Ley Mordaza, la novela se me reveló como el formato apropiado para lo que quería contar. —¿Cómo definirías tu estilo de narrar? —No quiero caer en arenas movedizas. Esto es territorio de la crítica. En lugar de describir mi estilo de narrar, aquí te dejo la primera oración de mi novela: “La solución perfecta sería entrar al cuarto de su padre, echarle mano a la pistola y volarse la cabeza; aunque así estropearía la tradición de muerte natural en la familia y las alfombras persas que Enrique Martín, alias Pipo, había comprado en España en 1983 y que atesoraban colillas de cigarro, manchas de café, esperma de vela casera, pedazos de uñas mal cortadas y muy pocos recuerdos adolescentes”. —¿Ha influido tu contacto con el inglés en tu forma de escribir en español? —What do you mean? Bromas aparte, pienso que mi forma de pensar está condicionada por el idioma que hablo. Por ejemplo, en inglés mi sentido del humor difiere mucho del famoso choteo cubano. Sin embargo, en Salidas de emergencia, que transcurre en su mayoría en la capital de la isla, los habaneros hablan como habaneros, los españoles hablan como españoles y los policías hablan como policías, o lo que es lo mismo, ladran. —¿Crees que la literatura puede cambiar la vida? —Mira, me gustaría decirte que sí, pero temo pecar de iluso. A estas alturas del partido, me parece que eso no es posible. O sí lo es, pero parcialmente. Es decir, la literatura no pienso que tenga el poder para cambiar una sociedad, pero sí puede modificar ciertas vidas. He aquí un breve compendio de libros que me han cambiado la vida: A Small Place, de Jamaica Kincaid; Koba el Temible, de Martin Amis; Jorge Luis Borges (que no fue un hombre, sino muchos libros); Life of Pi, de Yann Martel; La ignorancia, de Milan Kundera... No menciono (a propósito) autores cubanos. Eso sería como saludar la bandera. —La música en Cuba inunda el paisaje, ¿“se escucha” en Salidas de emergencia? —Hazme el favor de leer mi respuesta al ritmo de “La Guantanamera”. “La música está presente / en mi primera novela. / La rumba se oye y se siente / y la cosa sigue en candela”. —Naciste en la revolución, ¿le debes algo? —Permíteme corregir esta graciosa imprecisión geográfica. Nací en La Habana. Y no me siento en deuda con la Revolución. O igual, sí: le debo estas ganas enormes de no querer volver a mi tierra natal. —¿Por que abandonaste tu país? —En Cuba, más tarde o más temprano, un escritor —de hecho, cualquier persona— tiene cuatro opciones: escribir para la gaveta (el silencio), escribir a favor del régimen (la complicidad), la cárcel o el exilio. Por otra parte, la Revolución ha creado otro deporte nacional: el suicidio. Si lo miras bien, en Cuba un escritor —de hecho, cualquier persona— tiene cinco opciones. Yo tuve suerte. Elegí el exilio. —¿Regresarías a una Cuba libre? —Muerto, ¿quieres misa? —Acabas de presentar la edición italiana de tu novela en la Feria Internacional del Libro de Torino. ¿Cómo fue la acogida? —Tuve dos presentaciones: la primera en Turín y la otra en una feria más pequeña, en Piano di Sorrento. Ambas fueron muy interesantes, de hecho, muy divertidas, y me di gusto ejercitando mi rudimentario italiano en las ocasiones en que no precisé de la ayuda de mi traductora (amiga e intérprete) Francesca Sammartino. La mayoría del público se mostró muy animada, con una curiosidad legítima por la novela y su fuente, esa isla caribeña de tan difícil comprensión para quien no la ha habitado. A lo largo de ambas presentaciones hicieron muy buenas y muy atinadas preguntas, que venían a cuento, y el intercambio fue muy fluido. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue que un par de espectadores intentó poner en duda la veracidad de “mi versión de Cuba”. No creas que hablo de mero escepticismo. Me refiero a propaganda castrista en estado puro. Aunque parezca mentira, en Europa todavía subsiste una imagen bastante edulcorada de la situación en Cuba. Esto se debe a que el régimen vuelca todos sus esfuerzos (y un presupuesto incalculable) para obtener lo que el poeta cubano Raúl Rivero llama “buena prensa”. Cuando le hablas a una audiencia que no es tu público natural —cosa que nos ha sido vedada a los escritores cubanos del exilio—, corres el riesgo de enfrentarte a un cúmulo de desinformación, mezclado con una ignorancia casi enternecedora. Por ejemplo, en el momento cumbre de la tontería, un compañero italiano me espetó que si yo estaba en contra de Castro era porque prefería la Cuba de la década de los cincuenta que, según él (y El Padrino II), era un prostíbulo de Estados Unidos. Le recordé al señor de marras que en la década de los cincuenta las prostitutas no eran graduadas universitarias y que, para mayor pena, Cuba es hoy un prostíbulo, no sólo de Estados Unidos, sino de Italia, España, Canadá, Alemania... entre una larga lista de países cuyos ciudadanos y residentes se apuntan al turismo sexual socialista. Acto seguido, el tipo hizo mutis por el foro. Lo más grato de todo fue que al final de dicho evento hubo aplausos y estrechones de manos en lugar de actos de repudio. ** Armando López armandolopez1@aol.com Escritor, periodista y productor de espectáculos cubano. En sus espectáculos ha experimentado con la fusión de géneros artísticos, mezclando actores, pintores y bailarines con las músicas culta y popular, en los teatros de La Habana: Karl Marx, Mella (http://www.teatromella.cubaescena.cult.cu), Nacional; y en New York: Avery Fisher Hall, del Lincoln Center (http://www.lincolncenter.org), el Town Hall (http://www.the-townhall-nyc.org), el Manhattan Center. Fue fundador de la popular revista Opina, cerrada por el gobierno cubano en 1990, y del “Premio Girasol” a los artistas más populares de Cuba. En la televisión cubana escribió durante varios años el estelar del sábado Juntos a las 9.00, y el noticiero cultural Televista. Sus artículos y crónicas han sido publicados en España, Latinoamérica y Estados Unidos. Ha impartido conferencias sobre música popular cubana en el Instituto Cervantes de Nueva York (http://nuevayork.cervantes.es) y en University of Southern California (USC, http://www.usc.edu). === Entrevista con la escritora cubana Wendy Guerra, ====================== === elegida en el proyecto Bogotá 39 ====================================== === Querido Diario, dime quién soy John Jairo Junieles =============== Para volverse un fantasma no es necesario morir, a veces basta decir adiós y remontar el vuelo en un muelle, o en una terminal de aeropuerto. Entonces la memoria echa sus raíces en alguien que nos recuerda, y allí donde sólo está el umbral de una puerta, la silla vacía de nosotros, alguien inventa nuestro perfil en el aire; en el vacío inagotable que hemos dejado. Los libros que se leen hoy son, cada vez más, producto de laboratorios, de fórmulas, prejuicios, tendencias, de emociones calculadas; dirigidos a lectores a quienes se les restringe el horizonte de la sorpresa y el asombro. Eso no pasa con Todos se van (Ediciones B, Barcelona, 2006), novela de la escritora cubana Wendy Guerra. Esta novela tiene el grado de inocencia, de impureza, necesarias para que las historias se ganen un lugar en la memoria. Con Todos se van, Wendy Guerra obtuvo el Primer Premio de Novela Bruguera. Sobre su obra comenta: “En el libro presento el paisaje humano de un país, un paisaje que no creo que sea local, pues en cualquier lugar del mundo existen mujeres que conocen hombres que entran y salen de sus vidas como visitaciones, y les dejan marcas, heridas, las cuales conforman un mapa personal”. En este libro, el personaje narrador, Nieve Guerra, escribe sobre su infancia y adolescencia en la isla cubana, lo hace en forma de diario personal, un diario que inicia a los ocho años de edad, en 1978: “Nacer en Cuba ha sido mimetizarme en esa ausencia del mundo al que nos sometemos. No he aprendido a usar una tarjeta de crédito, no me contestan los cajeros. Un cambio de avión de país en país puede descontrolarme, dislocarme, dejarme sin aliento. Afuera me siento en peligro, adentro me siento confortablemente presa. No sé en qué momento permití que me quitaran todo y me dejaran sola, desnuda, con el Diario en una mano y un carmín en la otra, tratando de colorearme la boca de un rojo que parece demasiado subido para esta edad indefinida”. En 2004 murió la madre de Wendy Guerra. Fue cuando revisó sus diarios y se topó, afirma, “con una niña muy lúcida, muy adulta, que me asustó mucho; no pensé que podría estar tan marcada por lo que me pasó. Para publicarlo le bajé un poco el fuego a las peripecias, pensé que no eran verosímiles para un lector común, que les sonaría muy melodramático”. Wendy Guerra nace en La Habana, Cuba, en diciembre de 1970. La escritora es conocida en su país por su obra poética, aunque su libro más destacado es Posar desnuda en La Habana (Apócrifo de Anaïs Nin, 1922-1923), inédito, basado en la vida de la escritora Anaïs Nin, y Cabeza rapada (1994, Letras Cubanas). Ha sido antologada en diferentes compilaciones de literatura cubana dentro y fuera de la isla. Publica sus textos en las revistas Encuentro, La Gaceta de Cuba, Nexos, así como ediciones especializadas en artes plásticas. Ha impartido charlas de literatura cubana en universidades e instituciones de Europa y América Latina. Diplomada en 1997 en dirección de cine, radio y televisión por la Facultad de Medios de la Comunicación del Instituto Superior de Arte (ISA). Egresada de varios talleres de especialización en guión de la Escuela de Cine de los Tres Mundos, San Antonio de los Baños, Cuba, incluyendo “Cómo contar un cuento”, con el escritor colombiano Gabriel García Márquez. Actualmente reside en La Habana, Cuba. Este es un diálogo con la escritora cubana, que estará en Bogotá del 23 al 26 de agosto, durante el programa Bogotá 39: Bogotá Capital Mundial del Libro, cuando los 39 escritores más representativos de la literatura latinoamericana se darán cita en la capital colombiana. —Algunos dicen que escribir es desnudarse ante un espejo de palabras; otros dicen, en otro sentido, que escribir es ocultarse. —En mi caso es narrarme, anotarme, emborronar mi cuerpo para que no se me olvide lo que vivo hoy. Aunque muchos no lo reconozcan, imitar es un ejercicio inicial necesario y estimulante en el proceso de adquirir una identidad, un estilo. Mi novela es el Diario inconstante de una niña criada en apartamentos, rodeada de libros adultos, secretos adultos, cosas de tamaño mayor que competían y me ganaban todo el tiempo. “Mortales ingredientes”: fotos, canciones, lo que dejaban los adultos y me encontraba al siguiente día sobre la mesa, en el fondo de los vasos con vino tinto y en las cenizas de lo que dura en escribirse un guión de radio hecho “con la mano izquierda”, lo más rápido que se pueda decir todo, todo lo que luego alguien va escuchando como de casualidad. —¿Qué ejercicios aplicas en tu trabajo que te permiten desarrollar tus proyectos? —Veo mucha pintura. Asisto a intervenciones públicas, performances, exposiciones en museos del sitio que me encuentre. Veo cine y me encanta el video arte. Siento que ése es el ejercicio de imitación al que me someto como avance a mi trabajo personal. —Borges decía que “el arte es la inminencia de una revelación que no se produce”. ¿Qué buscas al escribir?, ¿es un impulso, una acción deliberada..? —El asentamiento de mi estancia por este mundo. Dejarlo anotado y darle una estructura para hacerlo potable a los demás. Los Diarios personales y los Diarios apócrifos que puedan ayudar a develar vidas borradas. Los poemas son bocetos de esos Diarios de vida que voy estructurando con mi propio entrenamiento voluntario. —Debe ser extraño ser escritor en un país como Cuba, donde la música tiene mayor preeminencia, y está integrada a la vida de la gente de una manera más masiva. —La literatura que se escribe en Cuba es bien musical. La música nos contiene culturalmente. —¿Qué significa la palabra revolución para su generación? —Mi generación está muy desencantada, pero es porque somos los hijos de los hijos de la revolución. Los nietos estamos buscando los puntos de contacto y de referencia con nuestros abuelos, pero los miramos desde lejos. Los primeros años de la revolución fueron muy difíciles, aunque poco a poco las cosas se fueron abriendo cada vez más. Antes, si tenías un libro de Cabrera Infante, ibas presa. Ahora no, pero no los conseguís, no los venden. El silencio te paraliza, pero si tú eres muy fuerte, y en eso la revolución nos ha hecho fuertes para resistirlo todo, hasta la revolución misma, consigues romperlo... —¿Qué significó para usted ser elegida para el proyecto Bogotá 39? ¿Cómo vive en su arte esa doble condición de nuestro tiempo, un color local que se vive y se ejerce, y la universalidad de información y conocimiento de nuestro tiempo, gracias a Internet y la televisión? —Vivo en una isla. Bogotá 39 me ha dado la oportunidad de tocar tierra firme con una generación de escritores que jamás hubiese podido leer en su totalidad, ni encontrar de un tirón, ni conocer personalmente desde donde me encuentro. Es una oportunidad única para sentirme parte de un todo, para no quedar aislada. Es un verdadero honor pertenecer a esta legión de escritores y un poco de alimento para la vanidad de cualquiera que ejerza un oficio tan solitario. ¡Ah! y caviar para las páginas de mi Diario. —Hay quienes llaman a esta generación: los nietos de García Márquez y Vargas Llosa. ¿Se siente parte de una tradición? Si es así, ¿en qué medida? —Gabo es alguien muy especial para mí, no creo que pueda ser muy equilibrada en mi respuesta. No lo veo viejo, así que tampoco es mi abuelo. Lo admiro y lo respeto desde hace muchos años. Gabo supo decir en América Latina lo que todos sabían esconder por miedo a reconocerse, a sacar el vaso de agua para los muertos a plena luz. Lo dijo, para colmo, de una manera excepcional. Cuando alguien lo copia, el plagio se escucha por la música que supo patentar como un canon narrativo. Vargas Llosa es uno de los grandes escritores de nuestra lengua. Disfruto mucho cada novela suya. La compro, la leo, la regalo o la presto para que mis contemporáneos en Cuba no dejen de tener esa experiencia de lectura. Si fueran nuestros abuelos... les debemos el arte de escribir perfecto y con el alma; los genes obligan. ** John Jairo Junieles johnjairojunieles@yahoo.com Escritor colombiano (Sincé, Sucre, 1970). Es periodista, guionista e investigador de temas literarios. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Cartagena, y cursos de Periodismo en la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Ha publicado Hombres solos en la fila del cine (novela); El temblor del kamikaze (cuentos), Canciones de un barrio en la frontera (poesía), Temeré por mí al final de estas líneas (prosa poética) y Papeles para iniciar el fuego (poesía). Nominado al Premio Rolex Mentor de Suiza (2003), Premio Nacional de Literatura Ciudad de Bogotá (2002) y ganador de la Beca Nacional de Novela del Ministerio de Cultura (2002). Textos y reflexiones suyos pueden leerse en su weblog (http://johnjairojunieles.blogspot.com) o en su página web (http://espanol.geocities.com/johnjairojunieles/John_Junieles.htm). === Mariozzi Carmona, voz íntima y palabra certera ======================== === “El sonido y las imágenes disparan mi inspiración” ==================== === Rafael Ortega ========================================================= “La presencia de la mujer debe ir en la búsqueda de la igualdad, seguir luchando los espacios que se han ganado; no se trata de menospreciar ni excluir, pero a veces hay que ser un poco radicales: aquí, nosotras”. Conocemos a Mariozzi Carmona (Maracay, 1963) como una trabajadora incansable del mundo de las tablas. Su labor como dramaturga y directora teatral ha sido notoria en nuestra región desde hace varios años. También se ha desempeñado como docente en el área de técnica vocal y ha sido facilitadora en distintos talleres relacionados con cine, dirección, producción teatral y maquillaje artístico. Como reconocimiento a su trabajo literario recibió Mención Especial en el VI Concurso “Orígenes” organizado por el diario El Aragüeño y el premio Ramón Palomares de Poesía en la II Bienal de Escritura del Ateneo de Escuque. —Coméntanos sobre aquellas lecturas iniciales que te atrajeron al mundo de la literatura... —Entré a literatura a través del teatro, cuando tenía como unos diez años, lo primero que vi fue Romeo y Julieta, con la William Shakespeare Company, y me quedé tan impresionada que empecé a tratar de escribir así. Quería imitar a Shakespeare. En una oportunidad vi una obra de Federico García Lorca que me impresionó muchísimo. Y más tarde entré a la poesía por medio de García Lorca también. Mi padre tenía una buena biblioteca, donde había libros de literatura universal, desde Safo hasta poetas más contemporáneos como Paul Eluard. Era una niña medio ácida en mis lecturas. Más tarde, mi tía materna, Virginia, quien era una mujer muy leída, me habló de Memorias de Mamá Blanca, de Teresa de la Parra, y me llamó la atención. Después de haber leído a esta autora comenzó una profunda revisión en mí, empecé a preocuparme más por el lenguaje, por la manera de escribir las palabras, por el tono de conversación... —Participaste en un taller de dramaturgia en el Celarg y de esa experiencia surgió un libro, ¿qué opinas de los talleres literarios? ¿Los consideras fábricas de escritores? —No, absolutamente no. Allí coincido con muchos escritores y escritoras que dicen que es algo que se trae, es un don, por decirlo románticamente; pero los talleres pueden ayudar, ¿en qué sentido? En que te escuchan, tienes la oportunidad de conversar con otras personas, escuchar sus pareceres, oír otras voces, lo que es muy importante para evitar que se termine escribiendo como el facilitador cuando finalice el taller. Creo que sí son útiles los talleres, aunque Shakespeare ni García Lorca nunca hicieron talleres, pero, salvando las distancias, creo que sí ayudan. —También has incursionado en la música y te desempeñas como profesora de canto. Entre la literatura y la música, ¿en cuál área te sientes más a gusto?, ¿o piensas que ambas te complementan? —Me complementan siempre. No creo en las limitaciones, salvo aquellas en que tu integridad humana esté expuesta. Creo que hay que nutrirse de todo. Pasé por la música, por el canto, teoría y solfeo, por las artes plásticas, a través de mis estudios en la Universidad Central de Venezuela; el ballet me fascina, también estudié medicina, me gustan las ciencias, me fascinan, sobre todo por la parte de la psicología, de la investigación de las células. —¿Cómo nacen tus obras? —En el caso de la poesía, el teatro y la narrativa, a veces, mis trabajos parten de un sonido, una imagen, la palabra dicha por alguien, o de repente me viene en abstracto una idea, pero el sonido y las imágenes disparan mi inspiración. —¿Cuál es la función de un escritor? —Yo siento que eso sigue siendo un mote que nos endilgaron, de que los escritores debemos tener una función social. Yo digo que no. Es demasiado que nos recarguen esa piedra angular a nosotros, pues no. También está la comodidad de las demás artes. Tú no le preguntas a un pintor qué aporte social está haciendo. Claro, lo que pasa es que la cultura se vincula con la palabra y por eso nos dan esa carga, que es como un deber. Muchos escritores de la literatura universal que pretendieron transmitir un mensaje a la sociedad, la historia se ha encargado de revelar que en vida fueron otra cosa contraria a lo que ellos dijeron y no hay nada más terrible que eso. Ese contrasentido le pasó a Borges muchas veces y recientemente le sucedió a Günter Grass, con su vínculo con los nazis; al igual que el dramaturgo Heiner Müller, autor de La máquina Hamlet, quien fue delator de los nazis; lo que le pasó con el maccarthismo al cineasta Elia Kazán, y no se les quitan sus méritos como grandes artistas, pero cometieron sus errores; entonces, es mejor no tener una visión política ni social, aunque yo la tengo, con el feminismo particularmente, y tengo mi visión política también, pero debe entenderse como una visión ciudadana, no como que tengo un deber moral que me obliga a cambiar el mundo. —Y entonces, ¿por qué escribes? —Eso sería bueno saberlo, pero también me alegra no saberlo, como dice mi amiga Lali (Armengol) en un texto suyo: “No tengo la seguridad de nada”. A veces pienso que soy pesimista, sobre todo cuando veo que viene muy poca gente al teatro. Eso me hace recordar una frase de José Saramago: “No es que soy pesimista, sino que el mundo es pésimo”, pero hay que seguir quijotescamente en el arte. —¿Cuáles escritores venezolanos son fundamentales? —Siempre mencionamos a Ramos Sucre, pero también quisiera referirme a unas escritoras que han sido nuestras maestras, con una estupenda postura artística y social, por ejemplo, Teresa de la Parra, Ana Enriqueta Terán... la historia universal es de escritores, desde Anacreonte hasta la actualidad han sido hombres las grandes figuras del arte y de la ciencia, por eso mi función es recuperar a esas escritoras y es fundamental nombrarlas. —¿Cómo percibes la presencia de la mujer en la literatura? —Me gustaría decir que es definitiva y total, pero no lo es. Sobre todo si partimos del hecho de que muchas mujeres se consideran a sí mismas poetas, mas no poetisas y como lo que no se nombra no existe, si no te reconoces a ti misma como una mujer que escribe, sino como un hombre que escribe pero eres mujer, entonces tú me dirás, ¿qué travestismo es ese? Como dice Sabrina Hermann: “Yo era un travesti en la escritura” (risas). Por eso es fundamental nombrarse y reconocerse, valorarse, muchas veces somos muy exigentes con nosotras mismas, no nos vemos. La presencia de la mujer debe ir en la búsqueda de la igualdad, seguir luchando los espacios que se han ganado; no se trata de menospreciar ni excluir, pero a veces hay que ser un poco radicales: aquí, nosotras. Cuando Karajan hacía audiciones para ingresar a la Filarmónica de Berlín sólo recibía hombres y nadie decía nada, pero si uno conforma una orquesta de mujeres ya saldrá quien diga: “¿Pero no hay ni un solo hombre?”. —¿A qué atribuyes el hecho de que los escritores venezolanos no sean tan conocidos como los de otros países? —Porque no existe una política de interés por parte del Estado, no solamente regional sino nacional; nunca la ha habido, no sé si ahora esto esté mejorando, ojalá. Hay algunos atisbos de distribuir estas publicaciones cuando las hay, de creer en los escritores y escritoras del país. —¿Cómo ves el panorama literario en la región? —Podemos encontrar buenos escritores como Miriam Kasén, Guillermo Cadrazco, Kristel Guirado e Isabel Rivas, pero no hay quien difunda y preste apoyo a esas maravillosas voces. —¿Los escritores reciben apoyo por parte de las instituciones del Estado? —La literatura y el teatro son los huerfanillos, a pesar de ser tan importantes para el bien humano. ¿Qué queda de la civilización griega? El Partenón, las obras culturales que hicieron. Y entonces, ¿qué vamos a dejar nosotros? ¿El Metro nada más? Si se está hablando de integración y pluralismo, se debe aceptar al escritor y a la escritora sin importar su tendencia política o social. —¿Es difícil ser un escritor en un país de pocos lectores? —Hace años leí un artículo sobre ese tema, que decía que en Venezuela sólo tres mil personas leen, pero eso fue hace unos cuantos años. No quiero ni pensar que eso se mantenga. Espero que eso haya cambiado, ojalá lleguemos a cinco mil (risas). Esto no es muy estimulante para el escritor, quien se pregunta para quién escribo, quién va a leer esto. A veces vamos por la calle y vemos una valla con la fotografía de un deportista o de una reina de belleza con una leyenda que dice: “Orgullo de Aragua”, y nunca vemos la cara de un escritor allí. Entonces, ¿qué cambio de conciencia, qué humanismo vamos a dar si la cultura está en un cero coma cero tres por ciento, cuando es un acuerdo universal que el mínimo sea dos por ciento? Corea tiene el seis por ciento y Japón, el ocho. Estamos menospreciando nuestros valores. —¿De qué manera influenció el boom latinoamericano a nuestros escritores? —Considero que este boom influenció mucho a nuestros escritores José Balza, Victoria Di Stéfano, Alicia Torres, pero me hubiese gustado verlos trascender de ese realismo mágico que no sólo se dio en la narrativa, sino en el teatro también. Por ejemplo, César Rengifo fue un extraordinario exponente de muchas obras que fueron consideradas dentro del realismo mágico y tal vez García Márquez tomó algunos elementos de allí durante su estadía en Venezuela. Pero nuestros escritores siempre han tenido una buena voz, una continua búsqueda, porque nos ha gustado ser extranjerizantes. La élite venezolana siempre ha estado a la vanguardia, muy pendiente de lo que sucede en el mundo, y eso no lo digo yo, lo dice Alba Lía Barrios, una investigadora del teatro venezolano. Siempre el escritor venezolano ha estado muy al día. Pero me gustaría que nos viéramos más nosotros mismos antes de buscar fuera, no importa si repetimos, pues ya todo está dicho. Hace tres mil años, los griegos lo dijeron todo. Tú buscas en el teatro griego y encuentras que todas las pasiones humanas están allí. La función del escritor es contar las historias “de una manera novísima”, como decía Rodolfo Santana. Hay que buscar otras formas de contarlas. —¿Qué opinas de las nuevas tecnologías? —Todo proceso que acerque a la gente es sumamente positivo. Puedes comunicarte vía e-mail con un amigo que está en otro país, pero también es una falsa ilusión, no sé qué tan globalizados estemos nosotros los que integramos el tercer mundo, pues cuando salimos de la comodidad del cyber volvemos a nuestra realidad: huecos en las calles, falta de alumbrado público, delincuencia; en fin, ¿es una globalización para quién? Será para los países que tienen alto target de vida. —¿Cuáles autores de la literatura universal recomendarías? —La primera que hay que leer es a Sor Juana Inés de la Cruz porque hay una ruptura ahí para hombres y mujeres, que es cuando comienzan los ritmos en la poesía, lo que hay que adjudicárselo a ella por su alto sentido científico. Ella era una sabia. Podía estar ante un jurado conformado por cuarenta personas que le preguntaban sobre matemáticas, sobre música o cualquier otro tema y les contestaba a todos. También tuvo influencia política, sacaba gente de la cárcel, tenía un piso para ella sola que ocupaba todo un claustro. Yo he estuve en México en el claustro que ocupaba ella. También es bueno leer todo lo que caiga en nuestras manos. No se trata de leer sólo el Quijote o a Walt Whitman. Una vez nos dijo Isaac Chocrón en una clase: “Si ustedes no han leído Hojas de hierba no han vivido”. Pienso que el hábito de la lectura parte de una necesidad personal. El duro oficio de escribir Sea la pantalla del ordenador o la hoja que tienes al frente, cuando se escribe la primera línea, ésta nos resulta muy ingrata, muy solitaria, pero encantadora y necesaria. El oficio de escribir es duro y único, sea en el teclado del ordenador o con pluma de ganso, pero no creo que esté tan feliz en mi vida como cuando escribo algún texto. ** Rafael Ortega rafaelortega@letralia.zzn.com Escritor venezolano (Maracay, Aragua, 1969). Es técnico superior universitario en publicidad. Ha sido jurado en concursos literarios del estado Aragua. Textos suyos han sido publicados en revistas y periódicos venezolanos, así como en las antologías Narrativa aragüeña en Tierra de Letras (Senderos Literarios, 1997), Narrativa de Aragua (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 1997) y Muestra de minificción aragüeña (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 2001). En 2002 publicó su libro de cuentos La última sutileza del diablo. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === Vindicación de la cultura musulmana a partir de la Divina Comedia ===== === Musa Ammar Majad ====================================================== Después de haber enriquecido su entendimiento con el caudal de la literatura; después de haber penetrado los profundos misterios de la Religión... Sermones, Padre Carlos, Frey de Neuville, predicador de Luis XV, t. VII, 1823. I Era el siglo XIII. La época en que, concretando el impulso inicial de su padre, Alfonso X el Sabio se da a la tarea de reconquistar Cartagena, Cádiz, Sanlúcar, Niebla. Posteriormente, durante los cien años que arrancarían a partir de la segunda mitad del siglo siguiente, el proceso de reconquista española prácticamente se detendría. En 1482, no obstante, los astros dictarían sentencia contra la ciudad de Granada. Diez años más tarde se derrumbaría la resistencia de esta ciudad y, con ella, el último rey moro de España. Pero en el siglo XIII, mientras Alfonso el Sabio iba abatiendo las organizaciones musulmanas, él mismo, mecenas extraordinario, concedía a la cultura árabe una especial atención, fundando estudios de árabe en Murcia y Sevilla, haciendo verter al latín y al castellano innumerables páginas de grafía infiel. No fue este un acto original y dinámico de aquello que se ha catalogado como “concepto cultural alfonsí”, pues ya existían antecedentes. Son de nombrar. Don Raimundo (1126-1152), arzobispo de Toledo, se dio a la tarea de organizar la célebre Escuela de Traductores de Toledo. (Escribo organizar porque, tras su conquista a manos de Alfonso VI, la capital visigoda sucedió a Córdoba como centro cultural de España.) Los libros llegaban constantemente, inclusive de Oriente. Se traducían las traducciones de los árabes: Platón, Aristóteles, Tolomeo, Euclides. Domingo Gundisalvo tradujo a Avicena, las obras que comentaban a Avicena, así como vertió del latín el libro Fons Vitae, escrito cerca de 1050 por uno de los primeros poetas hebreos de la Edad Media: el judío español Ibn Gabirol. Juan de Sevilla, mahorrana (1), contó entre sus trabajos la traslación del Liber Algoarismi, tratado del matemático persa Al-khuwarismi (2), quien divulgó entre los árabes los números y el sistema decimal empleado en la India, basado en el invento del cero. Pedro de Toledo culminó en 1143 la traducción del Al-Quhrán, encargada por su homónimo, El Venerable (3). Con Alfonso X la Escuela de Toledo se desenvuelve en una mayor gloria. No sólo se continuaron las traducciones, sino que comenzaron a redactarse obras originales. Uno de los cinco traductores judíos más asiduos del taller alfonsí fue Abraham Alfaquí. En 1888 Burton fatigó (el verbo es de Borges y es preciso) las calles y mercados de Argel buscando un ejemplar de El jardín perfumado del jeque Nefzaoui; en el siglo XIII Abraham Alfaquí agotó los vastos anaqueles toledanos al buscar los textos que reseñaban la escala de Muhammad. La analogía es válida. Sin embargo, Abraham Alfaquí no sólo compiló las obras. Se dio a la tarea de seleccionar las páginas que traduciría para dar forma a la primera versión, fuera del árabe, del Al-Miraj, La Ascensión, y del Al-Isra, El Viaje Nocturno. Así, entre 1260 y 1264 —año que antecede al del nacimiento de Dante— el célebre traductor ejecutaba una de las obras literarias con más eco en la Europa medieval, colocándola al lado de sus antiguos trabajos, como la versión del no menos conocido Libro de la Acafecha, de Azarquiel, astrónomo mayor de Córdoba. Buenaventura de Siena retradujo la versión castellana de La Escala de Mahoma al latín y, posteriormente, al francés (4). Tal muestra de interés por una obra árabe, de carácter meramente religioso, no militar ni científico, suscitó, a partir del siglo XIX, la interrogante: ¿a qué el conocimiento de una obra religiosa “infiel”? En la misma retraducción del toscano Buenaventura de Siena, Liber Scalae Mahometi, se confiesa que se elaboró la versión “con el fin de dar a conocer la vida y la doctrina de Mahoma”, y se amplía la idea al subrayar la finalidad: “A partir del conocimiento de las tinieblas la luz resulta más grata y la naturaleza de los adversarios más evidente”. Pero, ¿de qué trata el Libro de la Escala? Contiene aquello que los musulmanes cercanos a Muhammad, principalmente Bilal, Abu Bakr e Ibn Abas, escucharon de labios del profeta respecto al viaje nocturno que éste realizó de La Meca a Jerusalén y, luego, a los Cielos e Infiernos, sobre una yegua alada con cabeza de mujer, Al-Burak (“resplandeciente”), llevada de las bridas por el arcángel Gabriel. Contiene cómo Mahoma, al igual que siglos después lo haría Swedenborg en las calles de Londres, conversó con los ángeles y conoció los Secretos de los diversos Paraísos y de los no menos distintos Infiernos. Contiene lo que para muchos lectores no musulmanes constituía su principal interés: las vírgenes que reciben el nombre de Al-huriya. Vírgenes que viven muy bien resguardadas y a las que ningún demonio puede acercarse. Inmortales jóvenes sin mácula que poseen belleza ilimitada y cuyo himen —fruto de placer siempre nuevo— está destinado a hombres con un tránsito terrenal honrado y obediente a Dios. Huríes sempiternas a las que sus maridos siempre han de hallar bellas, amorosas y vírgenes. Con el transcurrir de los siglos, desde el VIII al XIII, los tradicionistas musulmanes, los teólogos, los exegetas, los místicos, los filósofos y los poetas, reforzaron la urdimbre fundamental de esa leyenda con una suerte de literatura escatológica musulmana. Ampliaciones, descripciones, alegorías, personajes, peripecias, vinieron a concretar el relato tal y como lo conocieron Alfonso X el Sabio, Avicena, Averroes, Federico II de Sicilia (5), Miguel Escoto, Buenaventura de Siena y, lo que es más importante, Dante. En 1919 el jesuita e islamólogo español Miguel Asín Palacios publicó los resultados de una tesis que, hasta casi la segunda mitad del siglo XX, resultaba descabellada: tanto el espíritu como la fuente principal que insufló a Dante para la redacción de la Comedia fue de origen musulmán. El trabajo llevaba por título La escatología musulmana en la Divina Comedia. II Dante nació en Florencia, en la segunda quincena del mes de mayo de 1265, en una humilde mansión de la plaza de San Martín Obispo. Pertenecía a una familia de la pequeña nobleza, venida a menos, que pretendía descender de las legiones de César. Su madre murió cuando todavía era un niño, y su padre al cumplir los dieciocho años. El único acontecimiento que se conoce de estos primeros años es el encuentro del pequeño Dante —sabido es que este prenombre es la abreviatura familiar de Durante— con la también pequeña Bice o Beatriz. Eran, por aquel entonces, dos criaturas: él, próximo a los diez; ella, recién cumplidos los nueve. Fue una tarde de primavera, en una fiesta infantil, el primero de mayo de 1264. Beatriz se convirtió en la mujer que Dante amó platónicamente y que exaltó como símbolo supremo de la gracia divina, primero en la Vita Nuova y, después, en la Divina Comedia. Gracias a los datos que aporta Bocaccio en su biografía del poeta, se ha podido identificar a Beatriz con la dama florentina Bice (diminutivo hipocorístico de Beatrice), hija del prominente burgués Folco Portinari, casada con el banquero Simone dei Bardi, muerta el ocho de junio de 1290, con apenas veinticuatro años. Dante sólo la vio en tres ocasiones y nunca cruzó palabra alguna con ella. Sin embargo, tan escasos encuentros resultaron suficientes para que la joven se convirtiera en prácticamente un baluarte. A partir de esa muerte, Dante experimentará una profunda inclinación a la filosofía, que él mismo explica en Il Convivio (II, XII) (6). Se sabe muy poco acerca de la educación de Dante, aunque sus libros reflejan una vasta erudición que comprendía casi todo el conocimiento de su época. En sus comienzos ejercieron una gran influencia sobre él las obras del filósofo y retórico Brunetto Latini, que aparece, por otro lado, como personaje destacado en la Divina Commedia. Hacia 1285, Dante se encontraba en Bolonia, y se supone que estudió en la universidad de esa ciudad. La primera obra literaria de Dante fue la Vita Nuova, escrita muy poco después de la muerte de Beatriz, entre 1292 y 1294. Se compone de poemas en forma de soneto y de canzone, entre los que se intercalan textos en prosa. En ella se narran acontecimientos relacionados con el amor del poeta hacia Beatriz, como el sueño en el que Dante la ve muerta, la muerte real de la joven y la decisión del enamorado que, en su desesperación, decide escribir una obra literaria dedicada a ella, como postrer monumento a su amor. A partir de la Vita Nuova el joven poeta florentino se muestra ya fuertemente impregnado de influencias árabes y orientales. Así, echa mano del calendario árabe y del sirio para establecer que la fecha y la hora de la muerte de su amada Beatriz corresponden al número nueve, que es el de la perfección. Se verificaba por aquel entonces en Italia un notable proceso; era la aurora de un verdadero renacimiento literario, cuyos primeros impulsos fueron dados en Francia y Alemania. Desde hacía dos siglos existía una literatura francesa, hasta podría decirse una doble literatura: la del norte, en lengua de oil, y la del mediodía, en lengua de oc. Esta última era calificada de escuela de los trovadores. Penetrados por influencias islámicas que se remontan al siglo VIII cuando los musulmanes dominaron brevemente en el Languedoc (“la lengua de oc”), el país que sería luego baluarte de los cátaros, y la imitación de los poetas andalusíes que les aportaron formas poéticas nuevas como el zéjel y la moaxaja, relacionados con la música, estos trovadores, como Guillermo IX (1071-1126) y Marcabrun (hacia 1130-1148), que frecuentaban las pequeñas cortes ya harto refinadas de Provenza y Toulouse y los castillos de Aquitania, habían creado un lirismo extremadamente novedoso, las formas de una poesía popular y experta. Fue esta misma poesía provenzal la que pasó primeramente a Sicilia, a la corte de Federico II, y luego a otras pequeñas cortes gibelinas, yendo finalmente a aclimatarse a fines del siglo XIII a algunos centros intelectuales de la Toscana y la Emilia. Dante dice, además, en su escrito De vulgari eloquentia, que todo lo que los italianos produjeron en verso se llamaba siciliano, y Petrarca asegura que la rima había pasado de Sicilia a Italia. En la misma corte de Federico nació la escuela poética siciliana, la primera que usó la lengua vulgar y de la que arranca la tradición de la literatura nacional de Italia. Imitando la moda de las brillantes cortes musulmanas de España, Federico se rodeó de poetas árabes, espléndidamente pagados, que en su propia lengua arábiga cantasen el elogio de las empresas imperiales y deleitasen su espíritu con amorosas rimas. Y es un hecho bien sugestivo para la historia el contagio de ambas literaturas, cristiana e islámica, la convivencia de estos trovadores árabes con otros trovadores cristianos que en la lengua vulgar naciente trataban de emular la habilidad artística de sus colegas infieles. La Vita nuova muestra claramente la influencia de la poesía amorosa trovadoresca de la Provenza francesa, en la que el amor se torna conocimiento filosófico, y supone el punto culminante del dolce stil nuovo, nombre que recibe la poesía escrita en la lengua vernácula en la Florencia de aquellos años. La Vita Nuova consigue superar la tradición provenzal, pues describe los sentimientos amorosos del poeta de una manera sublime e idealista, pero insinúa una elevada espiritualidad muy próxima al misticismo (7). III La Comedia fue redactada entre 1306 y 1320 y consta de catorce mil trescientos treinta y cuatro versos distribuidos en cien cantos. Esos cantos se agrupan en tres partes de treinta y tres cada una, correspondiente a las tres regiones de ultratumba imaginadas por el poeta: Infierno, Purgatorio y Paraíso, y completa el número total otro canto que sirve de introducción, a la vez, al poema y a su primera parte. En cada uno de estos tres mundos Dante se va encontrando con personajes mitológicos, históricos o contemporáneos suyos, que simbolizan cada uno un defecto o virtud, ya sea en el terreno de la política como en el de la religión. Así, los castigos o las recompensas que reciben por sus obras ilustran un esquema universal de valores morales. Durante su periplo a través del Infierno y el Purgatorio, el guía del poeta es Virgilio, alabado por Dante como el representante máximo de la razón (8). Beatriz, a quien Dante consideró siempre tanto la manifestación como el instrumento de la voluntad divina, le guía a través del Paraíso. El motivo de este relevo es obvio: el pagano Virgilio no podía entrar en el Paraíso; en cambio Beatriz es el símbolo de la perfección y la pureza del amor ‘udhrí. La intención de Dante al componer este poema era llegar al mayor número posible de lectores, y por ello lo escribió en italiano, y no en latín. Lo tituló Comedia porque tiene un final feliz, en el Paraíso, al que llega al final de su viaje. El poeta puede por fin contemplar a Dios y siente cómo su propia voluntad se funde con la divina. Este adjetivo, divina, no apareció en el título hasta la edición de 1555, llevada a cabo por Ludovico Dolce (9). A partir de Asín Palacios se numeran con seguridad los parámetros islámicos incidentes en la obra de Dante, en este caso la Comedia. El Viaje Nocturno (Isra’) del Profeta Muhammad y de su Ascensión a los Cielos (Mi’raÿ), tradición mencionada en el Sagrado Corán (Sura 17 Al-Isra’ “El Viaje Nocturno”, Aleya 1) y por diversas narraciones o hadices recopilados por Ahmad Ibn Hanbal (780-855), Abu Abdillah Muhammad Ibn Ismail al-Bujarí (810-870) y Abu al-Husain Muslim Ibn al-Haÿÿaÿ al-Qushairí al-Nishaburí (820-875), entre otros, constituyen la fuente principal (10). Según estas versiones, populares en el Islam desde el siglo IX, enriquecidas y poetizadas por teólogos, místicos y literatos en siglos sucesivos, Muhammad es, como Dante en su poema, el protagonista del viaje, el que cuenta los hechos y describe su escenario. Ambos viajes comienzan en las tinieblas: Muhammad lo inicia en el medio de la noche, Dante en el medio de una selva oscura. Por orden del Cielo, Virgilio se ofrece a Dante como guía; el ángel Gabriel hace idéntico servicio a Muhammad. IV Diversos conceptos escatológicos cristianos tienen por origen las ideas dantescas del mundo de ultratumba. De estos, dos, acaso los más esenciales en el universo cristiano, se abrieron primero paso en los relatos escatológicos musulmanes: el limbo y el purgatorio. ¿Puede creerse que el Limbo, esa antecámara del Infierno, en la que no se sufre ni se conocen penas ni alegrías, es ignorado por la antigua teología cristiana? Es el borde, el orillo, el límite indeciso que circunda la morada de los muertos; los musulmanes le llaman al-A’raf. Precisamente, Dante es el primer escritor cristiano que utiliza la palabra limbo para denominar a semejante lugar (Infierno IV, 43-45). De la misma manera, en los Juicios Finales elucubrados por la escatología cristiana nada hay de puntos intermedios, nada de estado de transición y de espera en los que el alma se purifica. El Alcorán (VII, 44, 46) habla de una mansión o lugar que separa a los bienaventurados de los réprobos. Se denomina esa mansión al-A’raf. La pintura que del limbo musulmán hacen las tradiciones mahometanas es variada y rica en pormenores. Ya se le describe como un ameno valle cruzado por ríos y poblado de árboles frutales, ya como un valle profundo que se extiende tras un elevado monte, ya como una enorme muralla circular almenada, provista de puerta, que se alza, a guisa de límite u obstáculo, entre el cielo y el infierno, ya simplemente como una montaña. Fundiendo en una sola descripción todos estos rasgos diversos, la topografía de al-A’raf se asemeja bastante a la del limbo dantesco, sobre todo si se la completa con la del jardín de Abrahán, que tanto se repite en las varias redacciones del mi’raÿ, y con la arquitectura de la entrada del infierno islámico, que tiene siete puertas (Alcorán, XV, 44), lo mismo que la fortaleza del limbo dantesco, el cual es también el vestíbulo infernal. Se diría, pues, como si el diseño dantesco del limbo hubiese sido trazado con el propósito de fundir en uno solo los diseños islámicos del jardín o paraíso de ultratumba y del infierno, para simbolizar así la naturaleza híbrida que caracteriza a aquel estado neutro de las almas que no merecen premio ni castigo. Porque es de notar, además que ese “castillo siete veces cercado de altos muros, y por cuyas siete puertas” entra Dante en el jardín del limbo, es también una reproducción exacta de la alcazaba o fortaleza del jardín o paraíso celestial islámico (Infierno: IV, 106). Los tradicionistas y exegetas del Alcorán no encontraron medio de aclarar ese texto tomando la palabra puerta en tal sentido, ya que dentro del reducido espacio de una puerta no se concibe que quepan materialmente todos los condenados de cada grupo. Por eso, muy pronto se insinuó una interpretación metafórica en la acepción de escalón o piso y de estrato circular (11), que ya permite concebir la cárcel infernal como una serie de siete calabozos subterráneos destinados a las diferentes categorías de réprobos. En el limbo habitan los niños que murieron inocentes, pero sin fe, por no haber recibido el bautismo, y, además, una muchedumbre de hombres y mujeres, justos, pero infieles, por haber vivido en los siglos del paganismo, antes de Cristo o dentro de la religión mahometana profesada de buena fe; son todos ellos poetas, moralistas, filósofos y héroes, griegos y romanos, como también musulmanes. El suplicio de todos los espíritus que habitan esta mansión es negativo: es un dolor moral, sin sufrimiento sensible, producido por el deseo eternamente insaciable de ver a Dios. Privados del premio del paraíso y exentos del castigo físico del infierno, puede decirse que están suspensos, como colgados o pendientes, entre el cielo y el infierno. Si no supiéramos de la simpatía de Dante hacia los líderes y pensadores del Islam, asombraría, al leer la Divina Comedia, el encontrar en el Limbo, entre el grupo de héroes que el poeta florentino no se ha decidido a condenar, a Saladino, el gran sultán que tantos sinsabores causara a los cristianos y que acabó por echarlos de Jerusalén y Palestina en mil ciento ochenta y siete, unos ciento veinte años antes de que a Dante se le ocurriera hacerle tan significativo homenaje. Saladino junto a Julio César. Más allá, próximos a Hipócrates, Euclides y Ptolomeo, en el grupo de los sabios, Avicena y Averroes, “che’l gran comento feo” (“el que hizo el gran comentario” de las obras de Aristóteles). Estos enemigos acérrimos de los santos doctores de la Iglesia —Alberto Magno y Tomás de Aquino—, marchando codo a codo con los maestros de la Antigüedad, a dos pasos de Aristóteles. De los tomistas y muchos contemporáneos de Dante jamás se hubiese conseguido tanta indulgencia. V El viaje al infierno que Muhammad emprende a continuación se realiza conforme a un itinerario semejante al de Dante, si bien en orden inverso: Dante, en efecto, visita el infierno antes que el paraíso; Muhammad, en cambio, pasa desde el paraíso al infierno. Dante, al emprender su marcha, ve cerrado el camino por tres fieras, una pantera, un león y una loba (Infierno I, 33-49), y, salvados estos peligros, encuentra a Virgilio (Infierno I, 62), el vate de los poetas clásicos, el príncipe de la epopeya, que le conduce, ante todo, al jardín del limbo, en cuyas verdes praderas habitan los genios de la humanidad, es decir, los sabios y héroes griegos, latinos y árabes; después comienza ya la visita del infierno propiamente dicho. Muhammad, antes de tropezar con obstáculo alguno, encuentra a Jayta’ur, el vate de los genios. Y después de este episodio es cuando los obstáculos cierran su paso. Los reiterados esfuerzos de los dantistas para penetrar en el sentido alegórico, así moral como político, que Dante quiso ocultar bajo el velo de las tres fieras simbólicas que le cierran el paso al emprender su viaje hacia el infierno, han dado de sí centenares de páginas, repletas de erudición e ingeniosa fantasía; pero ninguna hipótesis, de las incontables que se han excogitado para explicar ese célebre episodio dantesco, ofrece al lector un precedente tan típico como el que acabamos de analizar en este viaje musulmán; obsérvese, en efecto, que Muhammad, antes de arribar al infierno, ve también cerrado el paso sucesivamente por dos de las tres mismas fieras que asaltan a Dante en su camino hacia el infierno: un lobo y un león. Se Diría, pues, como si el poeta florentino, al aprovechar para el suyo el viaje musulmán, hubiese adaptado este episodio a sus fines alegóricos, añadiendo una pantera al león y al lobo e invirtiendo además el orden en que las fieras se presentan al peregrino. En el Infierno de Dante nos hundimos de grada en grada, girando siempre sobre la izquierda (Infierno XXIX, 53; XXXI, 82). La diestra no existe en el Infierno musulmán. Los diversos especialistas y comentaristas han observado frecuentemente la parquedad de Dante respecto al suplicio de Muhammad y de Alí en el Octavo Círculo. Se aparta de ellos con unas pocas palabras que más son una despedida que algún tipo de condena o rencor (Infierno XXVIII, 31-63). Si todos los datos y pruebas hasta ahora aportados demuestran la simpatía y devoción de Dante hacia el Islam y los musulmanes, eso no implica, sino que excluye, toda sospecha de afición al dogma musulmán: la sinceridad de sus sentimientos religiosos, la profunda convicción de su fe cristiana, queda fuera de litigio. Esta psicología, nada complicada, perfectamente lógica y explicable, se revela en dos pasajes típicos de la Divina Comedia: Dante pone en el limbo a dos sabios musulmanes, Avicena y Averroes, y coloca en el infierno al fundador de la religión que estos dos sabios profesaron, es decir Mahoma. Pero aun a éste, al profeta del Islam, no lo condena como tal, como reo de infidelidad, como fundador de una religión positiva o una herejía nueva, sino simplemente como sembrador de cismas o discordias, al lado de otros fautores de insignificantes escisiones religiosas o civiles. Esta lenidad e indulgencia en el castigo del fundador del islamismo es todo un síntoma revelador de aquella misma simpatía hacia la cultura del pueblo musulmán. Pero hay más: la figura de Alí aparece bosquejada con sobrios y realistas rasgos que no se deben a la inventiva ni al capricho del poeta florentino: “Delante de mí —dice Mahoma a Dante— va Alí llorando, con la cabeza abierta desde el cráneo hasta la barba”. Esta pintura es literalmente histórica: todos los cronistas musulmanes, desde los contemporáneos de Alí en adelante, coinciden en describir la escena del asesinato de este cuarto califa con los mismos rasgos: su asesino, Ibn Mulÿam, lo atacó de improviso cuando salía de su casa para hacer en la mezquita la oración nocturna del viernes, el diecisiete del mes de Ramadán del año 40 de la Hégira, y de un solo golpe le tajó el cráneo con su sable. Resta mencionar la ubicación en el Infierno dantesco de dos grandes amigos de los musulmanes, Federico II de Sicilia y Miguel Escoto. Al emperador germano, tres veces excomulgado, lo coloca en el Sexto Círculo (Infierno X, 119) y al astrólogo escocés en el Octavo. Sin embargo, demuestra una inocultable simpatía por ambos personajes. Del primero Dante siempre habla en sus escritos en términos altamente elogiosos (Infierno XIII, 59-75), y del segundo señala que “no halló en las artes mágicas problema” (Infierno, XX, 117). En la última parte del Purgatorio de Dante se encuentra el paraíso terrestre. Allí, en unas escenas inimaginables en la obra de un pensador europeo, hace una doble ablución purificatoria en los ríos del paraíso terrenal, Leteo (Purgatorio, XXXI, 94-102) y Eunoe (Purgatorio, XXXIII, 133-145), episodio nada cristiano y muy islámico. En el canto primero del Paraíso dantesco encontramos la primera gran analogía de esta nueva y celestial etapa. Es la ascensión de Dante y Beatriz (que ha reemplazado a Virgilio), atravesando la esfera del fuego, del paraíso terrestre a las esferas celestes (Paraíso, I, 37-75). Igual a como Dante lo hace con Beatriz, Abu-l-’Ala al-Ma’arrí (12) asciende al cielo conducido por Fátima, la hija del profeta Muhammad, y esposa de su primo Alí Ibn Abi Talib. En el canto vigésimo sexto Dante se encuentra con Adán y le inquiere acerca del idioma que hablaba en el paraíso terrenal; lo mismo hace Muhammad. Hay otras semejanzas. Por ejemplo, el águila gigantesca de Dante en el cielo de Júpiter, formada de la aglomeración de miríadas de ángeles que sólo tienen alas y rostros, refulgentes de luz, que agita sus alas, mientras entona cantos bíblicos y que luego reposa (Paraíso, XVIII, 106-111; XIX, 1-12; XX, 16-78), es una adaptación resultante de la fusión del gigantesco ángel en forma de gallo, visto por Muhammad, y que mueve sus alas, a la vez que proclama el principio de fe monoteísta La ilaha illallah, “No hay dios sino Dios” (13). Y así como sobre el umbral del Empíreo, San Bernardo reemplaza a Beatriz para conducir al viajero hacia la Luz eterna (Paraíso, XXXI, 10-142; XXXIII, 1-39), así también, en la suprema etapa del cielo musulmán, Gabriel se retira y el Santo Profeta asciende solo hacia la presencia divina sobre una corona luminosa. Lo mismo que Muhammad en el Mi’raÿ, Dante siente que se eleva hacia un continuo crescendo de resplandor y de luz, que muchas veces lo deslumbra y enceguece (Paraíso, V, 94-99; 130-139; VIII, 13-15; X, 37-39; XIV, 79-81, 133; XVIII, 61-63; XX, 7-12; XXIII, 22-24; XXVI, 1-66). El mismo Dante confiesa en su De vulgari eloquentia haber leído libros de cosmografía, y bien sabido es que los arábigos de este tema eran los más entendidos en su siglo. La enorme cantidad de ideas y de imágenes típicamente musulmanas que en la Divina Comedia han descubierto las investigaciones suscitadas por Asín Palacios, basta por sí sola para probar que Dante conocía a fondo el Islam, al menos en lo que atañe a su escatología, y no ignoraba los rasgos esenciales de la vida de su fundador. El silencio de Dante acerca de las fuentes que utiliza es un argumento negativo que no puede destruir el valor positivo de este hecho. Lo único que cabe es formular conjeturas que lo expliquen. No es indispensable para ello gran dosis de ingenio. Dante podía invocar en su descargo razones muy poderosas para tal silencio: se trataba en efecto de modelos musulmanes, que no siendo, por tanto, vulgares entre el gran público de sus lectores italianos (como lo eran los modelos clásicos y cristianos que cita), habrían sido un enigma indescifrable para el público. Su origen musulmán, por otra parte, los habría hecho odiosos a sus lectores, si se hubiera decidido revelarlos. Notas 1. Mahorrana, marrano, se utilizaba en la época para designar tanto a los musulmanes como a los judíos que se habían convertido al cristianismo y que, se sospechaba, mantenían la práctica en secreto de su anterior religión. Mahorrana significa “prohibido”, y en un principio se le aplicaba al puerco, carne vedada a los musulmanes y judíos. Incluso Lutero llamó al papa “marrano, judío converso”. 2. La semejanza no es casual, de él provine la palabra algoritmo. 3. Curiosamente, Pedro el Venerable no ocultó su sorpresa al descubrir en Toledo “pergaminos de trapo”: libros hechos en papel. Para el momento, el papel se desconocía en Europa, excepto en España. Un misal toledano del siglo XI es el libro en papel más antiguo de Occidente. 4. De la versión latina existen dos manuscritos, uno en la Biblioteca Nacional de París y otro en la Biblioteca Vaticana. De la versión francesa se conserva un manuscrito en la Biblioteca Bodleiana de Oxford. La primera versión castellana está perdida. Los manuscritos latinos y franceses fueron editados por E. Cerulli: Il “Libro della Scala” e la questione delle fonti arabo-spagnole della “Divina Commedia”, Ciudad del Vaticano, 1949. 5. El emperador germano Federico II Hohenstaufen (1194-1250), rey de Sicilia y Nápoles, hablaba seis idiomas, entre ellos el árabe, y había estudiado el Corán así como numerosos tratados de sabios musulmanes. Por sus simpatías hacia el Islam fue excomulgado tres veces (1227, 1239 y 1245) por los pontífices Gregorio IX e Inocencio IV bajo los cargos de “islamófilo y arabizante”. En mil doscientos veinticuatro fundó la Universidad de Nápoles. Hizo traducir a Averroes y consultaba a los sabios musulmanes de Oriente y Occidente. Era tan aficionado a las matemáticas que persuadió al sultán de Egipto Malik al-Kamil (m. 1238), sobrino de Saladino, con quien mantuvo una particular amistad a partir de la VI cruzada, a que le enviara al famoso matemático al-Hanifí. 6. Aquí existe un paralelismo, seguro casual, entre Dante y el poeta Ibn Al-Arabi de Murcia, muerto en Damasco cinco décadas antes: el amor espiritual, puro e inocente, llamado en árabe al-hubb al.’udhrí. Al-Arabi, al llegar a La Meca en el quinientos noventa y ocho de la Hégira, quedó prendado de la belleza y sabiduría de una joven persa llamada Nezam, “sabiduría” —podríamos pensar en la Sophía de Novalis—, la hija del Imam Ibn Rostem, que suscitaría en él la escritura del poema místico El intérprete de los deseos ardientes. 7. Vale la pena mencionar que el teólogo hispanomusulmán Ibn Hazm (994-1064) llame a la alegría de la unión amorosa “la vida renovada” (al-haiá al-muyyadada) en su obra principal: El collar de la paloma. No es de extrañar. En sus obras menores en prosa, Dante cita, por ejemplo, los nombres y trabajos de Albumassar, Alferganí, Alpetragio, Alfarabí, Avicena, Algazel y Averroes. 8. Y es que por primera vez, en Occidente, desde que Platón excluyó a los poetas de su República, la palabra toma un papel de guía, que va más allá de la palabra misma. Esto es netamente islámico. En los numerosos trayectos que cubre Muhammad, tiene que pronunciar su nombre para poder continuar. Imposible no recordar la cueva que se llama Sésamo. No son sólo “Words, words, words!”, como pronunciaría Hamlet. 9. Ya en el siglo XV, muchas ciudades italianas habían creado agrupaciones de especialistas dedicadas al estudio de la Divina Commedia. Durante los siglos que siguieron a la invención de la imprenta, aparecieron más de cuatrocientas ediciones distintas sólo en Italia. La epopeya dantesca ha inspirado, además, a numerosos artistas, hasta el punto de que han aparecido ediciones ilustradas por los maestros italianos del renacimiento Sandro Botticelli (1445-1510) y Miguel Angel (1475-1564), por los artistas ingleses John Flaxman (1755-1826) y William Blake (1757-1827), y por el ilustrador francés Gustave Doré (1832-1883). El compositor italiano Gioacchino Antonio Rossini (1792-1868) y el alemán Robert Schumann (1810-1856) pusieron música a algunos fragmentos del poema, y el húngaro Franz Liszt (1811-1886) se inspiró en él para componer una sinfonía. La Divina Commedia ha sido traducida a más de veinticinco idiomas. La primera edición en castellano fue la de Enrique de Villena, a principios del siglo XV, hoy perdida. De mil cuatrocientos veintinueve data una versión catalana, en verso, de Andreu Febrer, y en mil quinientos cincuenta y cinco Pedro Fernández de Villegas tradujo el Infierno. Entre las versiones modernas al castellano destacan la de Cayetano Rosell (1871-1872); en verso, y muy difundida en su época fue la del conde de Cheste (1879) y la del presidente argentino Bartolomé Mitre (1894), también en verso. 10. Un personaje que se descuida por parte de los estudiosos es la figura de Marco Polo. Pensemos en la época coincidente y en Venecia. Venecia. No la de la basílica de San Marcos, la iglesia de Salute, las perfidias de Shyllock, las líneas de Giussepe Colombo: “Sorta in mezo al mare, inalzossi a stato di primo ordini, trafficando coll’Oriente e mantenendo il predominio sui mari” (Evo medio ed evo moderno, 1875), Tiziano y Tintoretto, Giorgione y los Bellini, Byron y los Foscari, las hermosas ediciones de Il Cortegiano, las andanzas de Casanova y el refugio de Petrarca, el suntuoso palazzo y la dorada góndola. Venecia la de arduos cartógrafos entregados a la simbiosis de sueños ajenos y conjeturas propias; la del hombre que, alejado de su terra durante muchos años, sirvió al emperador de los mogoles y conoció el maravilloso Oriente, el que siempre sugieren las puestas de sol, el de la huida y la llegada, el de la magia; la de maese Polo; la del hombre que, a despecho de la carga de zafiros, perlas, rubíes y diamantes, de la belleza de sus historias, de los ojos fatigados, fue conminado en el lecho de muerte a arrepentirse de tantas mentiras. —No he contado ni la mitad de lo que vi —afirmó. Y era cierto. Sin embargo, para designar a un charlatán resultó de uso común entre los que hablaban véneto la expresión “¡Este es un Polo!”. No creían en la existencia de las piedras negras cuya capacidad de combustión era mayor que la de la leña, en las pieles tatuadas, los dientes de oro, las comidas de carnes que se retorcían, zumbaban, croaban y ladraban, en la muralla de Alejandro, en la fuente de aceite negro, en la torre llena de tesoros que alimentó el hambre de un rey hasta matarlo, en los manantiales de agua caliente, en los rostros y las voces del desierto e, incluso, en el paraíso del “Viejo de la Montaña”. Es Marco Polo quien traslada a Occidente la materialidad de un paraíso, en este caso, el que sirve a los miembros de la secta de los Asesinos, creada a fines del siglo XII y fundadora de lo que hoy día conocemos bajo el nombre de terrorismo. El jefe chií Asan Ibn al-Sabbah enviaba a sus devotos a gozar de las delicias de un paraíso artificial, con “huríes”, riquezas, aromas y alimentos, luego les explicaba que la única forma de permanecer allí era acatando sus órdenes. Todos los devotos estaban dispuestos a morir, con tal de regresar al paraíso. 11. La formación de una arquitectura con pisos circulares la encontramos en múltiples obras, anteriores y posteriores a Dante: Opera, de Aristóteles; Almagesto, de Ptolomeo; Sobre las dimensiones y las distancias del sol y la luna, de Aristarco; Libro de Astrología, de Abraham Ben Ezra; Astronomicum caesareum, de Apiano; Sphera Mundi, de Sacrobosco; Tablas alfonsinas, de Alfonso X el Sabio; De triangulis omnimodis, de Regiomontano; De revolutionibus orbium coelestium, de Copérnico; Ophera omnia, de Thyco Brahe, etc. 12. Poeta y prosista del período abasí, nació en el novecientos setenta y tres y murió en el mil cincuenta y siete. Ciego, vegetariano, ecologista, dejó, entre otras, las epístolas del Perdón y de los Genios, ambas puestas por Asín Palacios en conexión con la Commedia. 13. La representación de un elemento formado por la multiplicación de ese mismo elemento era una idea común en la Edad Media. Al círculo formado por numerosos círculos del Calendario de Suabia corresponde el canto XVIII del Paraíso en la Commedia. Para Leibniz (Monadología, 1714) el universo está conformado por pequeños universos. “El remoto rey de los pájaros, el Simurg, deja caer en el centro de China una pluma espléndida, los pájaros resuelven buscarla, hartos de su presente anarquía. Saben que el nombre de su rey quiere decir ‘treinta pájaros’; saben que su alcázar está en el Kaf, la montaña o cordillera circular que rodea la tierra. (...) Acometen al fin la desesperada aventura... Muchos peregrinos desertan; otros mueren en la travesía. Treinta, purificados por sus trabajos, pisan la montaña del Simurg. Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el Simurg, y que el Simurg es cada uno de ellos y todos ellos” (Borges, Obras completas, 1997, t. IV, p. 695). La invención le pertenece a Farid Al-Din Attar, persa sufí que antecedió a Dante un siglo. También en el Libro de la Escala se ve una imagen análoga. En el capítulo LXXIII Muhammad contempla una bestia gigantesca —cercana a nuestro concepto de lo infinito, pero sin serlo—: “La bestia tiene treinta mil bocas, cada boca treinta mil dientes, que están treinta mil veces más afilados que la espada más afilada que pudiera encontrarse en este mundo. En cada uno de sus labios, un anillo grandísimo de hierro con una cadena también muy larga”. Si tratamos de imaginarla, las bocas se hacen una boca, los horrores un horror. Es una imagen a la inversa de las que nos ofrecen Attar y Dante; ello, debido a la infinitud sugerida por los altos números utilizados en la descripción de la bestia y que no compaginan con nuestra materialidad, palpabilidad y finitud. ** Musa Ammar Majad musamajad@hotmail.com Investigador venezolano (Táriba, Táchira; 1977). Licenciado en letras por la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve). Dirige la Coordinación de Eventos Educativos del Museo de Artes Visuales y del Espacio (San Cristóbal, Táchira), donde ha llevado adelante el Centro de Investigaciones Históricas, Artísticas y Culturales y el proyecto de registro y catalogación de la colección permanente, entre otras actividades. En 2004 recibió la orden Luis María Rivas Dávila, de la ULA, por su alto desempeño académico. === El Análisis Crítico del Discurso (ACD): =============================== === una perspectiva crítica de lectura en estudiantes universitarios ====== === Oscar Iván Londoño Zapata ============================================= Esta reflexión surge a partir de varios aspectos: en primera instancia, por la positiva experiencia en la aplicación del ACD como perspectiva lectora y analítica de discursos: pedagógicos, escolares, académicos, literarios, semióticos, entre otros, en ciertos núcleos de la Licenciatura en Lengua Castellana de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad del Tolima, como los de Análisis del Discurso I y II, y de igual manera, por la experiencia en algunos desarrollos de estudios discursivos, como el que acabo de finalizar: “Análisis crítico de los discursos evaluativos de los docentes de lengua castellana de los grados décimo (10º) y once (11º), de algunas instituciones educativas de Ibagué”, investigación orientada hacia la identificación y el análisis de los discursos evaluativos orales y escritos empleados por algunos docentes de lengua castellana de los grados décimo (10º) y once (11º), en determinadas instituciones educativas de Ibagué, para evaluar las actividades académicas escolares, así como sus niveles de confiabilidad evaluativa, y que aunque fue desarrollado en la secundaria ofrece hallazgos susceptibles de ser encontrados y analizados en las comunidades universitarias. De esta manera, concibiendo el discurso como un proceso comunicativo mediador en todas las actividades del ser humano, y de igual forma, la lectura como un proceso crítico develador de significados y sentidos reales en el discurso, puedo plantear la pertinencia del ACD como perspectiva lectora aplicable a los discursos de las ciencias y las disciplinas en las que se forman los hombres y las mujeres: ciencias sociales, pedagogías y didácticas, biología, medicina, derecho, psicología, psiquiatría, ingenierías, entre otras. Lo anterior contribuye a la superación de la concepción de la lectura como mera habilidad decodificadora y afirmadora de significados literales, porque se privilegiaría un proceso lector analítico, crítico e ideológico de discursos, que lleve a los estudiantes a cuestionar los aparentes conocimientos “verdaderos” y estáticos, y sobre todo, a analizar las diferentes formas discursivas que emplean los profesionales de las determinadas carreras para dar a conocer y aplicar sus respectivos saberes, y así poder transformar los discursos impregnados de dominación y abuso de poder, y con ello desarrollar prácticas discursivas más solidarias, justas y consecuentes con los principios y derechos sociales y humanos. ¿Qué docente no podría ejercer abuso de poder a través de su discurso pedagógico, didáctico o evaluativo? ¿Qué médico o psicólogo no podría establecer relaciones discursivas dominantes con sus pacientes, empleando, por ejemplo, la cortesía como modalidad sutil de dominación? ¿Qué abogado no podría abusar de su acceso al discurso público y así dominar y controlar? ¿Qué comunicador social no podría formarse bajo una visión afirmativa y acrítica de los discursos en los mass media?... Ningún ser humano está exento de ejercer relaciones de poder discursivas dominantes, lo que es claro desde las posturas de Michel Foucault (1981, 1984, 1985), y más aun si han adquirido los instrumentos cognitivos, sociales e institucionales de las ciencias y las disciplinas; de igual forma, los estudiantes no están exentos de naturalizar ideologías y visiones de mundo propias de los sistemas de dominación, que encuentran en los textos y los discursos los vehículos idóneos para el trabajo ideológico dominante. Punto de partida: El Análisis Crítico del Discurso (ACD) Una definición clara de discurso es esencial, en primera instancia, para conceptualizar el ACD, y para ello retomo los fundamentos de Teun A. van Dijk (2000), quien lo define como: Un evento comunicativo específico. Ese evento comunicativo es en sí mismo bastante complejo, y al menos involucra a una cantidad de actores sociales, esencialmente en los roles de hablante/escribiente y oyente/lector (pero también en otros roles, como observador o escucha), que intervienen en un acto comunicativo, en una situación específica (tiempo, lugar, circunstancias) y determinado por otras características del contexto. Este acto comunicativo puede ser escrito u oral y usualmente combina, sobre todo en la interacción oral, dimensiones verbales y no verbales (ademanes, expresiones faciales, etc.). Ejemplos típicos son una conversación corriente con amigos durante el almuerzo, un diálogo entre el médico y su paciente o la escritura/lectura de una crónica en el periódico. Desde esta perspectiva, el ACD es definido como el enfoque del Análisis del Discurso (en adelante AD), que analiza, critica y resiste sistemas de dominación y abuso de poder; aunque, para autoras como Luisa Martín Rojo, María Laura Pardo y Rachel Whittaker (1998), el “ACD no puede considerarse como una escuela más o una rama particular del análisis del discurso”, debido a que adoptan las posturas de Van Dijk, así, agregan las autoras “se trata de una ‘perspectiva’ distinta, un ‘modo’ diferente de acercarse a la construcción de la teoría y a su aplicación en el análisis”. Por tanto, es una perspectiva crítica que analiza cómo el discurso se impregna de abuso de poder, dominación y control. La dominación es definida por Van Dijk (1994) como “la relación desigual entre grupos sociales que controlan otros grupos”; por consiguiente, “la dominación tiene que ver con las limitaciones de libertad que se ejercen sobre un grupo. Forma de abuso de poder del grupo dominante”. De igual manera, en concepto de Adriana Bolívar (2004) “la dominación se entiende como abuso de poder que, a su vez, significa uso ilegítimo del poder, que se interpreta como la violación de principios (leyes, normas, reglas, etc.) justos, es decir, consistentes con derechos humanos y sociales”. Por su parte, el abuso de poder también es definido por Van Dijk (1994) como las “varias formas de ejercicio de poder inaceptables e ilegítimas, dadas en interacciones socialmente aceptadas que favorecen específicamente a los grupos con poder”. Por tanto, es el uso ilegítimo del poder que un grupo dominante: docentes, médicos, abogados, periodistas, clérigos, con prácticas discursivas y sociales legitimadas institucionalmente, ejerce sobre un grupo dominado. En este contexto, el ACD es una zona de contacto que articula fundamentos de otras disciplinas para su interpretación discursiva, esta actitud crítica se centra en los problemas sociales y en especial en el papel del discurso en la producción y re-producción del abuso de poder y la dominación. En concepto de Van Dijk (1994) el ACD “permite elucidar las estrategias de uso, de legitimación y de construcción de la dominación enmarcadas en el abuso del poder”. De modo que conceptos como control, desigualdad, superioridad, ideología, autoridad, injusticia, sexismo, racismo, poder, dominación y cambio, son el eje conceptual estructurante de esta perspectiva y actitud crítica de análisis. Al respecto, Norman Fairclough y Ruth Wodak (2000) plantean que “el ACD (Análisis Crítico del Discurso) interpreta el discurso —el uso del lenguaje en el habla y en la escritura— como una forma de ‘práctica social’ ”; de ahí que dicha interpretación sugiera una relación determinante entre el evento comunicativo particular y las situaciones, instituciones y estructuras sociales que lo enmarcan. Por consiguiente, la producción discursiva, objeto de análisis, debe ser explicada, comprendida y analizada desde el contexto en el que se enuncia y desde el estatus y el rol sociocultural, institucional y discursivo del interlocutor; de esta manera, no es posible la producción de un discurso sin contexto así como no es posible su comprensión si no se toma en cuenta el contexto (Duranti y Goodwin, 1992). Por su parte, para Utz Mass (1984), quien se inspira en los fundamentos de Michel Foucault y los combina con una metodología hermenéutica a la que denomina “Lesartenanalyse” (Análisis de la Lectura), el AD, y por ende el ACD, estudia las reglas y estrategias que constituyen un discurso determinado, es decir, aquello que hace que un discurso sea racista, sexista, clasista. Por esta razón, el estudio discursivo se aparta del análisis puramente formal, lo que Van Dijk (2000) ha denominado análisis de los textos, estudio “dedicado en general a las estructuras (abstractas) del discurso como objeto fijo”, y se orienta hacia la articulación estructura-contenido-contexto: texto en contexto. Teniendo en cuenta lo anterior, el concepto de crítica resulta determinante en el ejercicio del ACD. Para Ruth Wodak y Michael Meyer (2003) “Fundamentalmente, la noción de ‘crítica’ ha de entenderse como el resultado de tomar cierta distancia respecto de los datos, enmarcar éstos en lo social, adoptar explícitamente una postura política y centrarse en la autocrítica, como corresponde a un estudioso que investiga”. De igual manera, para Van Dijk la crítica puede abordarse desde cuatro visiones: Como la aplicación de una ética (que siempre puede cambiar, y cambia con nuestras ideas sobre lo que son los derechos humanos en cada época) en nuestros actos discursivos: científicos, pero también otros discursos públicos (clases, opinión en el periódico, etc.). Como una forma de resistencia-solidaria con los demás que se resisten contra sistemas de dominación. Para los académicos y analistas críticos del discurso, la crítica presupone análisis de los sistemas de dominación y sus procesos de dominación discursiva. Esto quiere decir que, para poder criticarlos, hay que entenderlos. Como crítica positiva. Los analistas deben formular alternativas posibles, sostenibles, prácticas (Bolívar, 2004). A partir de estas perspectivas, todo estudio discursivo realizado mediante el ACD supera cualquier reduccionismo subjetivo, lo que significa que, aun siendo desarrollado por una intersubjetividad particular provista de una visión de mundo y un sistema ideológico definido, el estudio alcanza niveles de objetividad confiables. Para llevar a cabo dichos propósitos, el ACD determina una serie de enfoques teóricos orientados a interpretar la mediación entre el discurso y lo social, entre ellos se encuentran los referenciados por Norman Fairclough y Ruth Wodak (2000): La escuela francesa de análisis del discurso, que toma como principales puntos de referencia la teoría ideológica de Louis Althusser y la teoría del discurso de Michel Foucault, sus principales representantes son Michel Pecheux y su colaborador Dominique Maingueneau; La lingüística crítica, que se desarrolló en Gran Bretaña en la década de 1970 y está muy ligada a la teoría lingüística sistémica de M. A. K. Halliday, sus principales representantes son Roger Fowler y Kress y Hodge; La semiótica social, que se ocupa del carácter multisemiótico de la mayor parte de los textos de la sociedad contemporánea, sus representantes son Hodge y Kress, Theo van Leeuwen. De la misma manera, cito Los estudios sociocognitivos, desarrollo de las concepciones discursivas e ideológicas de Teun A. van Dijk; El método histórico discursivo, del grupo encabezado por Ruth Wodak en Viena; El análisis de la lectura (Lesartenanalyse) dirigido por Utz Mass; El cambio sociocultural y el cambio en el discurso, liderado por Norman Fairclough; La escuela de Duisburg, cuyo representante más importante es Siegfried Jäger. De esta manera, cada perspectiva crítica propone variados presupuestos epistemológicos y metodológicos para analizar las lógicas discursivas verbales y no verbales en interacción social. Por tanto, si los estudiantes universitarios emplean el ACD, y sus enfoques, como perspectivas críticas de lectura de los discursos académicos de sus ciencias y disciplinas, pueden generar procesos de comprensión, interpretación, análisis y crítica orientados hacia la develación de los contenidos reales de los discursos, es decir, pueden elucidar los mensajes, imaginarios e ideologías implícitas en los textos que leen y los cuales son la base cognitiva del aprendizaje, ideologías que a menudo son naturalizadas en forma acrítica por los escolares. ¿Bajo qué concepciones e ideologías se están formando los profesionales? ¿Para ser verdaderos agentes sociales comprometidos con la transformación de la realidad social y cooperadores activos en el establecimiento y cumplimiento de principios sociales justos y equitativos? ¿O para ser productores y re-productores de las ideologías dominantes que cada vez más polarizan los individuos, y centralizan el poder? Punto de llegada: El ACD y la transformación de las prácticas discursivas dominantes Teniendo en cuenta que el objetivo principal del ACD es poner de manifiesto la transparencia y opacidad de las relaciones de poder y la dominación que se ejercen a través del discurso, resulta ser una perspectiva crítica de análisis idónea, bien para ser abordada en diferentes asignaturas de los programas universitarios o ser una asignatura más en los planes de estudio, y con ello generar procesos de transformación de las prácticas discursivas dominantes; de esta manera, en la medida en que los sujetos educativos: docentes y estudiantes universitarios, se apropien conceptual y metodológicamente del AD y el ACD, es posible desarrollar cambios significativos en el discurso, y por ende, en las prácticas sociales e institucionales. Estos cambios han sido posibles en distintos campos; al respecto, Norman Fairclough y Ruth Wodak (2000) plantean que: En distintos ámbitos se combate el uso discriminatorio del lenguaje, uno de cuyos ejemplos es el lenguaje sexista. Así, en muchos países se han establecido pautas para la utilización de un lenguaje no sexista (Wodak et al., 1987). Estas pautas tornan visibles a las mujeres en el lenguaje y, por ende, en la sociedad y en las instituciones. Un discurso diferente hacia las mujeres y acerca de ellas puede modificar lentamente la conciencia. En esta medida, a partir de las investigaciones realizadas con el ACD se lograron cambios notables en el discurso y las relaciones de poder dentro de las instituciones. Un ejemplo relevante, citado por Fairclough y Wodak (2000), es el estudio de la comunicación médico-paciente (Lalouschek, 1990; Mishler, 1977; West, 1990), cuyos hallazgos demuestran que los médicos emplean variadas estrategias para dominar a sus pacientes. El análisis de estas formas de comunicación tuvo como consecuencia el establecimiento de normas que hoy se aprenden en diferentes eventos destinados a los médicos. Por su parte, este mismo criterio se aplica a la burocracia, las instituciones y las escuelas (Gunnarsson, 1989; Danet, 1984; Pfeiffer, 1987). Por tanto, aunque el discurso sea vehículo de abuso de poder y dominación, puede a su vez generar transformaciones importantes en las formas de conciencia y en las representaciones y prácticas sociales y discursivas si es analizado y subvertido, es decir, que en lugar de generar opresión y dominación, denote y connote libertad, justicia e igualdad, de ahí que Ruth Wodak (2003) proponga que “el lenguaje puede utilizarse para plantear desafíos al poder, para subvertirlo, para alterar las distribuciones de poder a corto y a largo plazo”. De igual manera, para Michel Foucault (1978) “el discurso transporta y produce poder, lo refuerza pero también lo mina, lo expone, lo torna frágil y permite detenerlo”. Concepciones importantes para las acciones de transformación discursiva. Desde esta perspectiva, las instituciones educativas: escuelas, secundarias, universidades, aun siendo contextos productores y re-productores de la ideología dominante (Althusser, 1974), pueden ser locus transformativos de las relaciones discursivas verticales, y es en esta acción en donde la investigación crítica, fundamentada en la lectura crítica, aporta elementos relevantes porque permite el desarrollo del pensamiento crítico, un ejercicio cognitivo construido a partir de procesos dialógicos que interroga, argumenta y contra-argumenta los discursos y las prácticas sociales e institucionales, desde planteamientos teóricos y argumentativos, así como desde la ética del conocimiento; de tal forma, siguiendo los planteamientos de Luís Alfonso Ramírez Peña (2006), “la dimensión crítica es la función que cumple la teorización para entender los procesos y convertirlos en planteamientos de reorientación de las acciones sociales”. Por ende, con el desarrollo de dicho pensamiento, tanto en estudiantes como en docentes, se generan procesos que facilitan la evaluación crítica y autónoma de todos los saberes y fenómenos de la realidad. Al respecto, Ramírez (2006) plantea que: este proceso dialógico implica educar para que maestros y estudiantes establezcan sus propios planteamientos, que asuman responsabilidades, que logren críticas pero sustentadas, que duden del conocimiento afirmativo. Igualmente, que respeten la condición de los demás, y que sean solidarios, que se interesen por su responsabilidad social en cuanto a la convivencia. Para llevar a cabo lo anterior en la escena universitaria, desde la concepción del ACD como perspectiva crítica de lectura, es necesario desarrollar tres acciones estratégicas: la descentralización del AD y el ACD de los programas de lenguaje, la inclusión del AD y el ACD como asignaturas en los planes de estudio de los diferentes programas universitarios y el desarrollo de procesos investigativos multidisciplinarios orientados al análisis crítico de los discursos. En primera instancia, ¿por qué descentrar del AD y el ACD de los programas de lenguaje? Algunas concepciones e imaginarios académicos consideran que sólo a los programas universitarios referidos al lenguaje les compete desarrollar procesos de comprensión, interpretación, análisis y crítica de los fenómenos discursivos, y con este enunciado englobo todas las manifestaciones del lenguaje; es por tal motivo que algunas de las demás carreras determinan que en lo concerniente al aprendizaje de la lengua “lo básico” es enseñarles a hablar, a leer y a escribir bien, pues en sus planes de estudio privilegian, obviamente, las asignaturas de los saberes específicos; sin embargo, estas definiciones resultan problemáticas debido a que entran en juego imaginarios y concepciones sobre lectura, análisis, escritura, discurso. ¿Cómo se entiende y conceptualiza la lectura? ¿Cómo se entiende y conceptualiza la escritura? ¿A qué etapa lectora llegan los estudiantes: literal, inferencial, crítica? ¿Qué se entiende por discurso, tiene relación con las demás ciencias y disciplinas? ¿Qué dicen los discursos institucionales y oficiales sobre la lectura? ¿Cuál es la posición de las políticas institucionales?; concepciones que oscilan entre una visión afirmadora de significados y una visión analítica, crítica e ideológica. Por tanto, si se descentra el AD y el ACD de los programas de lenguaje y se estructuran y recontextualizan en los demás programas universitarios, es decir, si se incluyen como asignaturas en los planes de estudio de las diferentes carreras universitarias, teniendo como base la naturaleza y producción académica de cada saber, se pueden lograr efectos determinantes en el desarrollo y la consolidación de una competencia lectora crítica debido a que, de partida, se tendría en claro cuál es el propósito del ACD, y lo que harían los estudiantes con los discursos que leerían y analizarían. De esta forma, la visión central de este proceso lector y analítico evitaría cualquier reduccionismo literal en los procesos de lectura. Ahora bien, los estudiantes universitarios no sólo tendrían la posibilidad de analizar los contenidos reales de los textos que leen sobre sus ciencias y disciplinas, desde procesos argumentativos y teóricos sólidos, sino que analizarían los discursos que emplean los profesionales de las determinadas carreras para dar a conocer y aplicar sus respectivos saberes; de esta forma, se desarrollarían procesos investigativos multidisciplinarios orientados al análisis de los discursos; con ello, si un estudiante se forma en medicina, por ejemplo, podría desarrollar un estudio discursivo orientado hacia el análisis del diálogo institucional médico-paciente, y así determinar su naturaleza discursiva y modal, las relaciones de fuerza en el discurso, la selección léxica y la toma de turnos, entre otros aspectos. De igual manera, si un estudiante se forma en derecho, por ejemplo, podría llevar a cabo estudios discursivos que analicen las estrategias y las lógicas discursivas en los tribunales: la asignación de los turnos: quién asigna la palabra, a quién la asigna, de qué manera la asigna, a quién no la asigna, por qué no la asigna, así como los tópicos, las formas gramaticales, el control del contexto, etc. De manera similar, si un estudiante se forma en una licenciatura, por ejemplo, podría analizar los discursos de los docentes, que impregnados de abuso de poder y dominación, ironizan, ridiculizan, intimidan, controlan y segregan a los estudiantes (Londoño, 2007). Para finalizar, puedo plantear que el ACD como perspectiva crítica de lectura, desarrollada en los estudiantes universitarios de los diversos programas, permite la consolidación de una competencia lectora crítica e ideológica que supera los reduccionismos literales y orienta a los escolares al desarrollo de análisis y aplicaciones discursivas que permiten elucidar las variadas formas lingüísticas de abuso de poder y dominación. Problemáticas sustanciales que atraviesan todos los saberes científicos y disciplinares porque sin duda alguna es el discurso el medio o el vehículo de trabajo ideológico más eficaz en todas las esferas de la sociedad. Por tal motivo, se hace necesario que en las políticas institucionales universitarias referidas a la lectura se reflexione sobre la pertinencia de esta perspectiva crítica, porque como afirma María Cristina Martínez (2001): Aun en la “era del conocimiento y la tecnología”, la educación sigue estando atravesada por discursos. Un trabajo del lenguaje desde el discurso da la posibilidad de educar sujetos discursivos intencionales y autónomos con poder de interlocución, que tengan acceso a la experiencia del discurso argumentado, a la posibilidad de análisis para realmente poder incidir en una toma de decisiones. Permite además la posibilidad de educar estudiantes que tengan la capacidad de visualizar cuáles son los códigos que utilizan y las lógicas que generan los diversos discursos y en especial los discursos de transmisión de ideologías y saberes. De ahí la pertinencia de una formación universitaria desde el discurso y la lectura crítica, perspectivas que contribuyen con el mejoramiento de la calidad de la educación superior. Las preguntas quedan abiertas. Bibliografía • BOLÍVAR, Adriana (2004). El análisis crítico del discurso en el ámbito político y académico. Conferencia Central: Tercer Coloquio Nacional de Estudios del Discurso: Tendencias y perspectivas del análisis del discurso en Colombia. Medellín. • DURANTI, A. y GOODWIN, C. (1992). Rethinking context: language as interactive phenomenon. Cambridge: Cambridge University Press. • FAIRCLOUGH, Norman y WODAK, Ruth (2000). Análisis crítico del discurso. En: VAN DIJK, Teun A. El discurso como interacción social. Estudios sobre el discurso II. Una introducción multidisciplinaria. Barcelona: Gedisa. • FOUCAULT, Michel (1981). Historia de la sexualidad. La voluntad del saber. Vol. 1. México: Siglo XXI Editores. 7ª Edición. — (1984). Diálogo sobre el poder. Madrid, Alianza Editorial, 1984. — (1985). El sujeto y el poder. En: revista Otras Quijotadas. Medellín. Nº 2. • LONDOÑO ZAPATA, Oscar Iván. Análisis crítico de los discursos evaluativos. En: Avivavoz. Periódico de Actualidad Universitaria. Noviembre de 2006. —. Discurso evaluativo y poder. Análisis crítico de los discursos evaluativos. 2007. • MARTÍN ROJO, Luisa y otras (1998). El análisis crítico del discurso: una mirada indisciplinada. En: MARTÍN ROJO, Luisa y WHITTAKER, Rachel. Poder - Decir o El poder de los discursos. Madrid: Arrecife. • MARTÍNEZ SOLÍS, María Cristina (2001). Análisis del Discurso y práctica pedagógica. Universidad del Valle. • MAAS, Utz (1984). Als der Geist der Gemeinschaft Seine Sprache Fand. Opladen: Westdeutscher. Verlag. • RAMÍREZ PEÑA, Luis Alfonso (2006). La enseñanza del lenguaje en una cultura de lo mismo. • VAN DIJK, Teun A. (2000). Ideología. Una aproximación multidisciplinaria. Barcelona: Gedisa. — (1994). Conferencias. En: Cuadernos Maestría en Lingüística. Escuela de Ciencias del Lenguaje y Literatura. Universidad del Valle. Cali. • WODAK, Ruth (2003). De qué trata el análisis crítico del discurso (ACD). Resumen de su historia, sus conceptos fundamentales y sus desarrollos. En: WODAK, Ruth, y MEYER, Michael (Comps.) (2003). Métodos de análisis crítico del discurso. Barcelona: Gedisa. — y MEYER, Michael (Comps.) (2003). Métodos de análisis crítico del discurso. Barcelona: Gedisa. ** Oscar Iván Londoño Zapata oscarivan84@yahoo.es Estudiante de último semestre de Licenciatura en Lengua Castellana de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad del Tolima (http://www.ut.edu.co). Integrante del Grupo de Investigación en Competencias Comunicativas de la Facultad de Ciencias de la Educación. Coinvestigador del proyecto “Caracterización y evaluación del desarrollo de competencias en la comprensión y producción textual de los estudiantes de pregrado de la Universidad del Tolima”. Autor del estudio discursivo “Análisis crítico de los discursos evaluativos de los docentes de lengua castellana de los grados décimo (10º) y once (11º) de algunas instituciones educativas de Ibagué”. Colaborador en la sección “Facetas” del periódico El Nuevo Día (http://www.elnuevodia.com.co), de Ibagué. Miembro de la Asociación Latinoamericana de Estudios del Discurso (Aled). === Democracia y globalización Carmen Malarée ======================== A medida que el mundo se hace más pequeño, por las fuerzas económicas que generan el proceso de globalización, las estructuras políticas tienden a universalizarse y la palabra democracia se impone en el mundo como el régimen más justo e igualitario para el desarrollo de la sociedad y de los individuos. El modelo político de occidente trata de implantarse en países cuyas estructuras políticas son arcaicas o dictatoriales. Se enarbolan principios democráticos para el mejor funcionamiento en un mundo en que se intensifican y ramifican las relaciones productivas y comerciales en lo que definimos como globalización. Globalización es un término que desde hace unos diez años se utiliza frecuentemente en el vocabulario cotidiano, pero éste no es un fenómeno nuevo, sino que ha sido un proceso gradual que se remonta a los orígenes del comercio (cuya primera expresión fue el trueque), a la necesidad de búsqueda de nuevos mercados para el intercambio de bienes, ya sea de consumo o de materias primas. En la actualidad estamos siendo testigos de un desarrollo mucho más dinámico de este proceso, debido al rápido avance tecnológico de los medios de comunicación y de transporte. La expansión de las actividades comerciales y financieras han facilitado el desplazamiento de los individuos a lo largo y ancho del globo terráqueo con un repunte significativo luego de la caída de la Cortina de Hierro, cuando se liberaron barreras políticas antes insalvables por la división del planeta en dos bandos: el prosoviético y el proestadounidense. El capital comenzó a movilizarse libremente y despertó las ansias de inversión en áreas que antes le estaban vedadas. El planeta, hasta la China “revolucionaria”, se ha impregnado del sello económico más distintivo del sistema: la acumulación del capital. Podríamos decir que el mundo se está aproximando a esa realidad que Marx planteó en su obra El Capital: un capitalismo cerrado, un sistema concebido de una manera puramente teórica para facilitar el análisis de las leyes de funcionamiento de la estructura económica capitalista está siendo ahora una realidad. La necesidad de expansión del capital ya no tiene barreras nacionales. Los países de economías más frágiles aceptan las condiciones de las grandes transnacionales pues no pueden quedarse atrás en esta carrera impuesta por el desarrollo. Y quienes configuran y determinan las reglas del juego son los países con economías más avanzadas. No en vano se logran acuerdos a nivel de los del G8, y en organizaciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio que están dirigidos por intereses capitalistas. Los países de desarrollo capitalista más avanzado se benefician de la dinámica capitalista imperante en el mercado mundial. Por una parte, el desarrollo atrae mano de obra barata de países con menos desarrollo tecnológico. Son trabajadores que buscan una remuneración más alta (en relación a los salarios de sus países de origen) y ofrecen su fuerza de trabajo en ocupaciones en que los ciudadanos de los países anfitriones no se interesan (el beneficio social al alcance de los ciudadanos en economías desarrolladas es a veces mayor que la remuneración de empleo). El capital busca expandirse también traspasando fronteras nacionales: en África, supermercados europeos cultivan, cosechan, empaquetan y exportan productos agrícolas a un costo bajísimo en comparación al costo dentro de sus países. Lo mismo ocurre en países latinoamericanos con la producción de plátanos y de café. El capital se expande también en el terreno de los servicios y firmas financieras instalan los llamados “call centres” en India, donde la lengua franca es el inglés, empleando recursos humanos a un costo bajísimo para prestar sus servicios telefónicos a clientes de todo el globo. Los países de mayor desarrollo ejercen también fuertes restricciones arancelarias de importación: Estados Unidos protege sus fronteras de la importación de acero desde Europa del Este mientras que Francia requisa la importación de prendas de vestir que vienen de la China, practicando a los ojos del mundo una desvergonzada paradoja pues son ellos los que alientan el libre mercado. Si tomamos en cuenta que lo que crea “valor”, entendido en el concepto marxista del capital, es una proporción de trabajo humano no remunerado cuya plusvalía se realiza en la comercialización de los productos, la globalización lo que ha hecho ha sido ampliar los horizontes geográficos de este proceso, desplazándose y penetrando al interior de países que ofrecen mano de obra barata. Las transnacionales han pasado a controlar el mercado global. Al respecto, no se puede dejar de admirar la labor que “Fair Trade” lleva a cabo en el mercado internacional, despertando la conciencia de consumidores en los países capitalistas para que compren los productos que esta organización promociona, ayudando directamente a los productores de países más pobres a comercializar sus productos en forma ventajosa. Esto deja en claro que en el proceso global de acumulación del capital se requiere una fuerte dosis de know-how, de saber emplear los canales de producción y comercialización mundial, para apoderarse de la ganancia que genera la estructura capitalista mundial. La globalización trae consigo una estandarización de los valores y de la cultura. Se habla del consumismo como motor de las aspiraciones de la sociedad moderna, que desplaza los valores tradicionales de los individuos en pro de obtener una marca de jean y de zapatillas que dan al que las porta su nota de “distinción”. Esta influencia es muy fuerte, sobre todo en la juventud, lista a adoptar lo que se ha metido a través de imágenes televisivas en la mente de la población a nivel global. La necesidad de comerciar productos impulsa a los individuos a comunicarse. Así es como la lengua del país que domina la economía mundial, el inglés, pasa a ser la lengua franca del globo terráqueo. Este dominio ideológico y cultural se ha manifestado en forma muy fuerte en países que por décadas estuvieron sometidos al modelo soviético de producción al otro lado de la Cortina de Hierro. Mucho se habla de cuando ésta cayó, pero poco se dice de las oportunidades que se abrieron a la inversión capitalista en el área. Esto despertó nuevas expectativas económicas que rápidamente se vieron realizadas con el florecimiento de los McDonald’s, el surgimiento de grupos de música pop, el turismo acrecentado debido a la inversión extranjera capitalista en hoteles, restaurantes, cines, supermercados y centros comerciales en los que se realza la presencia de tiendas multinacionales. Este nuevo panorama económico global emerge dentro de un modelo político liberal. Las estructuras políticas de cada país capitalista protegen la seguridad del desarrollo dentro de sus fronteras y los representantes políticos saben que la estabilidad económica y el bien material que se brinda a sus conciudadanos es garantía de estabilidad política y reelección. Recientemente, durante una jornada del ciclo de “Lecciones y maestros”, en Santillana del Mar, España, donde se reunieron escritores, críticos literarios y profesores, José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998, acusó a los gobiernos de ser “los comisarios políticos del poder económico”. El escándalo que circula actualmente en la prensa británica por el dinero recibido por uno de los príncipes en Arabia Saudita como soborno para los contratos con British Aerospace, contrato que se llevó a efecto durante el gobierno de la Dama de Hierro, ofrece un ejemplo de esta complicidad entre el poder político y el económico. El escándalo, sin embargo, no acaba allí. El cambio de mando del conservantismo al laborismo no hizo mayor diferencia ya que cuando la situación se quiso investigar, el gobierno de Mister Blair paró la investigación aludiendo a razones de seguridad nacional. La seguridad y la estabilidad nacional y mundial son argumentos que se enarbolan también para invadir otros países cuando la verdadera razón es económica: el abastecimiento de petróleo. La excusa de invadir países para cambiar regímenes no hace sino aumentar el conflicto entre el mundo islámico y el cristiano. Este es un peligro para la humanidad y un retroceso histórico considerable, comparable al período de las Cruzadas. Los resultados de esta política de agresión han sido desastrosos para el occidente, haciendo a los países agresores aun más vulnerables al ataque terrorista islámico. Sin pruebas suficientes que corroboren la amenaza de Iraq hacia occidente e ignorando la comisión internacional de investigación de armas de destrucción masiva, atacan Iraq convirtiéndolo en un cuerpo que se desangra. Luego los comisarios políticos de occidente lo culpan de su propia autodestrucción, cuando fueron ellos los que crearon las condiciones de la lucha fratricida dentro del país. La alianza de Blair, primer ministro laborista, con Bush, sirve para ilustrar lo que Saramago afirma cuando dice que los partidos de izquierda ya no se acercan al centro, en realidad, “lo que hacen es acercarse a la derecha”, agregando que en nuestro tiempo la democracia es una paradoja porque bajo ella “todo se puede rebatir” y sin embargo todos aceptamos lo que se dicta desde arriba, porque el problema de fondo es que “todos sabemos que vivimos bajo una plutocracia: son los ricos los que gobiernan”. Se detecta desilusión y apatía en el electorado a nivel mundial. Desilusión, porque la política ha pasado a ser un medio para llegar al poder y una vez que se alcanza, se dejan de lado programas y promesas. Apatía, porque el sistema democrático no funciona: las estructuras para expresar y canalizar disentimiento en el ciudadano común no existen o son tan engorrosas que sólo resultan en frustración. Saramago hace un llamado a aullar para recuperar nuestros derechos ciudadanos e instaurar un verdadero sistema democrático. Los aullidos vienen de concertadas protestas populares, organizadas a nivel global, lo que paradojalmente se logra gracias a la avanzada tecnología que nos proporciona el capital o cuando un valiente escritor que ha alcanzado reconocimiento mundial, como es el caso de Saramago que citamos aquí y de Harold Pinter (en su discurso de la ceremonia de entrega al Nobel) hacen explícitas sus ideas para que lleguen a oídos de un continente o del mundo entero. Cuando los que gobiernan son un partido o una coalición de izquierda el aullido no se manifiesta por la constante amenaza a perder los puestos de trabajo que los individuos logran dentro del sistema. Para vivir tranquilo hay que dar el amén a todo lo que se dicta desde arriba, si no queremos poner en peligro nuestra seguridad económica y nuestro estatus social, por eso es que nadie aúlla: es el silencio de la complicidad. Aquellos que protestan es la izquierda que está fuera del sistema pues la exclusión política se practica exitosamente a través del sistema electoral. Es lo que ocurre en el caso de la democracia en Chile con el sistema electoral binominal. Democracia y globalización están irremediablemente coludidas y obedecen a las fuerzas de acumulación del capital. Si hay que ponerle un nombre a este nuevo fenómeno que sacude al mundo, no basta con llamarle globalización, éste en sí es un término híbrido que sólo define el fenómeno en su aspecto geográfico. Habría que agregarle un calificativo y sólo cabe calificarlo como capitalista. Las fuerzas que el capitalismo global ha desarrollado parecen estar más allá del control de individuos o instituciones, se han hecho tan poderosas que contrarrestarlas es tarea de titanes. “Perder la paciencia”, “es hora de aullar”, “hacer algo”, propicia Saramago, criticando a los partidos de izquierda, recordando que “antes, gustaba mucho decir que la derecha era estúpida (pero) yo tengo que decir que hoy no conozco nada más estúpido que la izquierda”. Tal vez el grito es un buen comienzo, pero así como el capitalismo ha sido capaz de transfigurarse, así también para combatirlo deberíamos plantearnos nuevas estrategias y estructuras políticas que aglutinen fuerzas de apoyo capaces de trascender modelos políticos tradicionales. Viene a la memoria uno de los slogans que los estudiantes y obreros del movimiento de mayo de 1968 en Francia en ese entonces propiciaban: “¡La imaginación al poder!”. ** Carmen Malarée cgmalaree@btinternet.com Docente chilena (Longavi, 1950). Profesora de francés y español en el Reino Unido. Ha publicado la novela La voz del silencio (Editorial Maranatha; Talca, Chile) y el estudio “Development Education in the Spanish Classroom”, en la revista Vida Hispánica Nº 30 (otoño de 2004), de la Association for Language Learning del Reino Unido. ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Poemas Stephanie Carolina Amaro Vans *** Tres relatos María Daniela Aranguren Pérez *** Cuatro textos Pepa Ortiz Moreno *** Virginia Woolf en la habitación Gustavo Tatis Guerra *** Poemas Alexis Reverón *** Cosas bellas perdidas Alberto Bellido Esteban *** Poemas Alejandro Félix Raimundo *** Los tres héroes (Alesha, Dobrynia E Ilyá) Ester Rabasco Macías *** Dos poemas a Caracas Gloria Cepeda Vargas *** Vitrum Mario Morenza *** Poemas Johnny Barbieri *** El devenir de la vida Ligia Valladares Expósito *** Poemas Beatriz Milne Rotundo *** La barra Alejandro José López Cáceres *** Sonetos David Hidalgo *** Regrésame el colchón viejo Yolanda Ramírez Michel === Poemas Stephanie Carolina Amaro Vans ============================= *** Incertidumbre Hay, entre todas las cosas que no hay en mi inventario, una cosa que no peca de cobarde. Hay el alma abierta del destierro, hay la lluvia roja, hay la otra muerte. Toco el azul, el rumor de la guitarra y las páginas lluviosas de tu frente. Toco la oscuridad con que amaneces y el espejo ciego; toco la vergüenza con manos temblorosas. Hay, entre las cosas que no hay en mi universo, las letras escritas en rojo, una certeza. *** Regreso al Norte El sur respeta mi silencio mientras le doy la espalda para volver a casa. Los techos me hacen reverencia a medida que avanzo a mi morada de hierro. El sol entristece en su colchón de edificios y acaso se muere alguien en un barrio cualquiera, ajeno a mis oídos. La tarde se eleva, desesperada y hermosa, callo y mis sienes saludan lo poco que queda de día. Marcho de lado hacia alguna parte conocida, donde me espera la soledad de un patio enorme, la compañía del viento. *** Montevideo Montevideo es mi patio y el naranjo, una fuente sin agua. Es la primavera rondando sus calles estrechas. Montevideo es la plaza de los Bomberos en noviembre y la del Entrevero en agosto, es el célebre obelisco y la cruz y el escozor del invierno en el túnel. Montevideo es el gris de dieciocho y sus colores impuestos; es el verde del que se jacta y que asesina en julio. Montevideo es mi espera, mis pasos taciturnos, mi ceguera. Es mi insomnio y mi sueño y mi odio y mi culpa y mis dudas. Montevideo me es ajena y propia, es una referencia en un libro, el recuerdo de mis mayores y el ulterior espanto de mi sangre; es el caso perdido de las armas y el grito de sus teatros; es el cine aniquilado, los rinconcitos coloridos de artesanos. Montevideo es dolor y frío y manos en los contenedores, es el olor a sal en el sur, es perderme en sus puertos sin haber zarpado. *** Mapa de ausencia Desde mi nariz a mis rodillas solo me recorre el agua. Por mi nariz resbalan unas pecas ambarinas. Mis rodillas, sin embargo, malgastan otras costumbres. Pero el blanco que las une, sólo lo llena la ausencia y esa canción que alguna vez oí bajo la lluvia. *** Inasible Te decido. Bordo nombres que cuelgan de tus alas. Cuando caemos robo tus silencios, es como si, inútiles mis dedos, ya no untaran el aire con poesía. Y me dolió el vaivén de los rincones, la soledad del húmero infinito, la irresoluble página sin letras y en un instante, nada me rodea. Los labios secos roen las ciudades, las amalgamas son perfiles vanos de esta sonora voz que me alimenta. Son las caricias humo, abatidos rencores que me observan desde afuera. *** Fotografía improvisada Me reflejo con mayúsculas y en ciertos hábitos dispares. Me reflejo con hermanas y sombras, con uñas, con calor, con sueño. Camino desnuda, asalto hemisferios y cortinas, sobrevivo. Me reflejo en las patas de una mesa cuadrada y silenciosa, en el vicio de los otros y en los versos repetidos. En la lluvia que me disuelve y respira el frío. *** A oscuras Cuando acaba el día se descuelgan los hilos de tus dientes, la niebla redondea un banco y los alquileres atraviesan mis orejas como pendientes. Cuando acaba el día predico sumas que saldan la culpa de mis vicios y el café me augura un triste mar de insomnio. Pero te beso en la fotografía sin marco, en el viento de las cortinas, en el silencio. Cuando acaba mi día me desnudo analfabeta y sin comas. La luna me salva el miedo y las costillas. ** Stephanie Carolina Amaro Vans streclipse@gmail.com Escritora uruguaya (Montevideo, 1988). En 1999 gana, con el cuento “La luna de los ratones”, un concurso organizado por el grupo “Fábulas”. También gana en noviembre de 2006 el segundo premio de poesía Rubén Lena, organizado por una ONG uruguaya. Actualmente cursa la Licenciatura en Diseño Gráfico y paralelamente su segundo año en la Escuela Nacional de Bellas Artes (http://www.enba.edu.uy). Mantiene el blog personal Connotaciones, en http://connoteclipse.blogspot.com. === Tres relatos María Daniela Aranguren Pérez ======================= *** Niña Alba, pequeña Amelia Ella no es como todas, es diferente. Hoy contaré la historia de mi querida niña Alba. Ocurrió hace dos meses, en la exposición del libro. Quién se imaginaría que ahora estuviera pasando por esto... Mi niña Alba abrió las puertas de mi alma. No descansó hasta habitar en ella, con sonrisa de perlas constantemente dibujadas en su rostro. Fue llenándome de amor y dicha tenerla. Jugaba en la pradera con Amelia. Ambas, mi vida. Sus ojos brillaban y hacían florecer a las flores marchitas. Realmente se querían. “Si un día te llegara a faltar, porque mi terrible enfermedad acabó de consumirme, seré tu ángel del cielo, cuidaré de ti y nunca te dejaré sola”, le escuché decir un día a mi niña Alba mientras sostenía una plática con la pequeña Amelia. En este preciso momento, mientras mi pluma rasga el papel me encuentro en el Hospital Central, frente a mi pequeña Amelia; mi mundo, en pedazos, gira en torno a ella, a su salvación. La pobre no resiste el dolor porque mi niña Alba murió. Llevo mes y medio aquí y siento que hoy será el último día. Me sacan de la habitación, un siglo en la sala de espera, se acerca el doctor: —Lamentablemente Amelia murió. Quizá muchos no entiendan el significado el verdadero significado de mis palabras, son puro sentimiento. Amelia murió por amor, ahora dos ángeles me cuidan desde arriba, tal vez no me sienta tan solo. *** Hermosa Martha Se recostó en su cama de clavos y almohadas de espinas, sintiendo menos el dolor. Caminó sobre vidrios rotos que penetraban en su piel haciéndole perder hasta la última gota de sangre. Ahora es otra. Ahora está muerta, nunca más verás a través de sus ventanas a la hermosa Martha. Nunca más. Ojos fríos, témpano punzante acabaron consigo, mataste hasta las ganas de vivir de la hermosa Martha, buena Martha. Nunca más. Con el dolor en el pecho, tanto dolor que ya no lo siente, mataste a la hermosa Martha. Nunca más. No, dice el intruso. No estará muerta hasta que un día desvanezca lo que siento por ella, mi aún hermosa Martha. Solo yace dormida en su bella pero dolorosa cama. Muerta en vida. *** Enemigo en casa Desperté alterado, con un gran nudo en la garganta; Margarita yacía dormida en su cama de rosas y claveles, sumergida en lo que parecía un profundo sueño. Me dispuse ir al bar para pasar el mal rato con mi fiel amigo: el tinto. Al volver a la habitación lo que fue una cama de rosas y claveles ahora era el jardín de la muerte. Solo. El cuarto de don Jacinto y doña Carmela, más oscuro que nunca, despedía un olor a fresca sangre, los dos estarían en lo que muchos llaman cielo, yo, simplemente muerte. Como sonámbulo di unos cuantos pasos atrás (sin dejar de ver perplejo los cuerpos sin vida de quienes un día lo fueron todo); en el pasillo se hallaba la flor más bella de aquel jardín, marchita, ¡pobre Margarita! Y dijo la voz asesina: venga, vida después de la vida, sube a la muerte. ** María Daniela Aranguren Pérez daniela2910@hotmail.com Escritora venezolana (Barquisimeto, 1990). Es estudiante. === Cuatro textos Pepa Ortiz Moreno ================================== *** Equilibrismo Fumigué el asedio de ritos y circuncisiones familiares Y rompí el silencio de cristales mudos y sentimientos blindados Un ramillete arrancado de hechos a manos de mi metamorfosis hizo anidar un rasguño en mi voz que se armó de gritos liberados Fumigué el asedio de espejos paternales y a dentelladas me arranqué la atadura umbilical trituré la devoción de adicciones a cristo crucificado enterré mis juguetes en el jardín y los vestidos de comunión de sonrisa rendida Ya nunca más vinieron los pecados en tropel a mi puerta Como excusas ciegas en mitad de la noche Sangré la solitud de los días y duelo de vidas anteriores Me convertí en una trapecista Pie sobre pie de una cuerda Suspendida en el aire de vez en cuando saltaba noticias sobre el escarbar confuso de las hormigas *** De Pateras a las puertas de Palacio Oleaje de pateras a la orilla de las ciudades rascacielos Televisores que venden oasis de cartón piedra Pies descalzos sin papeles en manos de tiranos Que infantilizan desde sus palacios de bolsillos llenos Oleaje de pateras que amarran sus sueños a la orilla de la playa Lágrimas negras por compañeros a los que mordió la ola Puños ensangrentados a las puertas de la Oficina de Trabajo, puesta de sol [que no les pertenece. Oleaje de pateras Moscas mendigando bocas saladas Una manta que arrope la decepción Televisores apedreados de hambre Centros de Acogida de puertas giratorias Sueños rotos de cama caliente La verdad está en los campos y no en las oficinas Ciudad de Rascacielos Uñas rotas de trepar faroles Que desembocan en callejuelas de droga y sexo Oleaje de pateras Metros urbanos abarrotados de personas sin billete Oficinistas que apuñalan por la espalda a campesinos Oleaje de pateras Bombardeo en los televisores Apatía enraizada en los sofás Viaje de retorno surcando mares con olas que muerden Duelo de puertas giratorias del superviviente Puesta de Sol que no les pertenece y vieron brillar en los palacios. *** La sangre del hombre Amo A quien siembra semillas Pese a la soga El tiro en la nuca En un salto al vacío Planeador nato que bate sus alas Invencible Amo y las dudas me muerden frente Al señor de divinas mañas Pese a la mordaza A la rapidez con la que cercan al muerto A la nada Amo Libero mis cadenas Y salto *** Sobras en una servilleta Mirar a través del rabillo del ojo tiene como resultado diseccionar las grandes verdades que acontecen todos los días, y que una, atada con un grillete a su escritorio, necesita contar para que alguien se reconozca y se sienta también atado. Fotografías que mi ojo captura y mi alter ego la Bestia desatada escribe sobre el papel. El alumbramiento de palabras es el resultado de alguien que no acepta las cosas como dadas. Los desperdicios o sobras tendrán una fotografía en esta sección. ¡Y tantas cosas empiezan como un juego! y vuelo... ¡vuelo y el resultado se hará visible en esta servilleta literaria! ** Pepa Ortiz Moreno pepa0r@hotmail.com Escritora española (Barcelona, 1972). Licenciada en pedagogía. Máster en escritura narrativa por la Universidad de Barcelona (http://www.ub.es). Actualmente trabaja como profesora de secundaria. Poeta y escritora. Colaboradora del magazine Siglo XXI Diario Digital (http://www.diariosigloxxi.com). === Virginia Woolf en la habitación Gustavo Tatis Guerra ============= Virginia se ha sentado frente al río Ouse. Es octubre y arden los arbustos dorados y carmesíes que están a su lado. En la otra orilla mira los sauces llorones que parecen lamentarse en su soledad. Mira el bote y el reflejo del muchacho que rema. Su pensamiento se sumerge en la caña en el río. Asciende y desciende en las aguas, se detiene en la punta de la caña y siente el pequeño tirón, y la aglomeración de pensamientos en el cordel. Se dice: “Estoy pensando, pero tendida en la hierba, qué pequeño, qué insignificante parecía este pensamiento mío; la clase de pez que un buen pescador vuelve a meter en el agua para que engorde y algún día valga la pena cocinarlo y comerlo. No os molestaré ahora con este pensamiento, aunque, si observáis con cuidado, quizá lo descubráis vosotras mismas entre todo lo que voy a decir. Pero por pequeño que fuera, no dejaba de tener la misteriosa propiedad característica de su especie: devuelto a la mente, enseguida se volvió muy emocionante e importante; y al brincar y caer, y chispear de un lado a otro, levantaba tales remolinos y tal tumulto de ideas que era imposible permanecer sentado”. Entonces recuerda unos versos del poeta Tennyson viendo caer las hojas sobre la avenida, y se pregunta si no eran esos versos los que hombres y mujeres canturreaban en los almuerzos antes de la guerra: “Ha caído una espléndida lágrima de la pasionaria que crece junto a la verja. Está en camino, mi paloma, mi amor; está en camino, mi vida, mi destino. La rosa roja llora: “Cerca está, cerca está”, y la rosa blanca solloza: “Llega tarde”; la espuela de caballero escucha: “Oigo, oigo”; y la azucena murmura: “Espero”. Virginia siente entonces que un fragmento de ese poema no sólo agita su mente sino que pone a mover con mejor ritmo sus piernas en la calle hacia Headingley. Cambia de compás y canta unos versos de Cristina Rosetti: “Mi corazón es como un pájaro que canta, cuyo nido se halla sobre un brote rociado; mi corazón es como un manzano cuyos brazos están cargados de frutos apiñados; mi corazón es como una cáscara de arco iris que chapotea en una mar serena; mi corazón es más feliz que todos ellos porque mi amor ha venido a mí”. Virginia se dice cómo es posible que pueda recordar y canturrear los versos de Tennyson y le cueste tanto trabajo recordar siquiera dos versos de los poetas contemporáneos. Es una verdadera lástima que la poesía moderna no estremezca ni ponga a canturrear a la gente. “Si esta poesía incita a tal abandono, provoca en uno tal transporte, es sólo porque celebra un sentimiento que uno solía experimentar en los almuerzos de antes de la guerra quizá”. ¿Pero por qué, se pregunta Virginia, hemos dejado de canturrear por lo bajo en los almuerzos? ¿A quién hay que culpar? ¿A la guerra? ¿A las armas que se dispararon en agosto de 1914? ¿Por qué los hombres y las mujeres se encontraron de repente tan feos los unos a los otros que murió la fantasía? Virginia piensa en las mujeres y reconoce que ha sido un golpe muy duro el que las mujeres se hayan sentido tan feas viendo el rostro de los gobernantes y el resplandor de los bombardeos. Pero la ilusión que hizo escribir con pasión a Tennyson y Cristina Rossetti aquellos poemas está haciendo falta y es cada vez menos frecuente. ¿Cuál era la verdad y la ilusión? ¿Cuál era la verdad de las casas oscuras y festivas con sus ventanas rojas al atardecer que Virginia estaba contemplando? ¿Cuál era la verdad de los sauces del río y los jardines que bajaban en pendiente hasta el río borrados por la neblina, y se volvían dorados y rojos a la luz del sol? Quizá el corazón que puso a latir Christina Rossetti en su poema hacía que las luces del atardecer se volvieran más nítidas y profundas. Y se intensificaran los púrpuras y ponía a arder los dorados en los cristales. Pero si no ardían los dorados no debía aparecer en el poema. Virginia se confesó: “La obra de imaginación debe atenerse a los hechos y cuanto más ciertos los hechos, mejor la obra de imaginación”. Pensó en los libros escritos bajo la luz roja de la emoción y la luz blanca de la verdad. Pensó que la vida tanto para el hombre como para la mujer es una batalla perpetua. Hay que tener coraje para vivir. “Más que nada, viviendo como vivimos de la ilusión, quizá lo más importante para nosotros sea la confianza en nosotros mismos. Sin esta confianza somos como bebés en la cuna”. Se ha puesto a pensar Virginia que, a través del tiempo, las mujeres han sido el espejo del hombre. Es un poder y una magia que ha permitido que el hombre no se vea real en ese reflejo sino del doble de lo que verdaderamente es. Sin ese don la tierra seguiría siendo un pantano, y la mano del hombre estaría aún grabando la silueta del ciervo en los restos de huesos de corderos. Y Napoleón y Mussolini que siempre creyeron en la inferioridad de las mujeres, dejarían de agrandarse si no tuvieran a una mujer detrás de ellos. Sin ellas el espejo encoge la imagen y el destino del hombre se disminuye. Recuerda ahora Virginia a Mary Beton, su tía, que murió de una caída de caballo en Bombay, y sorpresivamente le llegó a ella una carta de un notario donde se le comunicaba que la tía le había dejado como herencia quinientas libras al año hasta el resto de sus días. Ocurrió en los días en que se le concedía el voto a las mujeres. El dinero no esperado fue providencial para ella. “Hasta entonces me había ganado la vida mendigando trabajillos en los periódicos, informando sobre una exposición de asnos o una boda; había ganado algunas libras escribiendo sobres, leyendo a ratos para viejas señoras, haciendo flores artificiales, enseñando el alfabeto a niños pequeños en un kindergarten. Estas eran las principales ocupaciones permitidas a las mujeres antes de 1918”. Al margen de la dureza y la limitación de los oficios, Virginia recuerda como verdaderos yugos, el veneno del miedo y la amargura. Hacer un trabajo que no se desea, halagar y adular, eran un riesgo demasiado grandes que a la postre terminaban marchitando el pensamiento y el alma de las mujeres. “Es notable el cambio de humor que unos ingresos fijos traen consigo. Ninguna fuerza en el mundo puede quitarme mis quinientas libras. Tengo asegurados para siempre la comida, el cobijo y el vestir. Por tanto, no sólo cesan el esforzarse y el luchar, sino también el odio y la amargura. No necesito odiar a ningún hombre: no tiene nada que darme. De modo que, imperceptiblemente, fui adoptando una nueva actitud hacia la mitad de la especie humana. Era absurdo culpar a ninguna clase o sexo en conjunto”. También el poder había engendrado en ellos, un instinto demencial por la adquisición y la posesión. Esos instintos desagradables surgen de la carencia de civilización, se dijo Virginia viendo la estatua del duque de Cambridge y su sombrero de tres picos. ¿Acaso la herencia de la tía le hizo ver a Virginia el cielo al descubierto? En eso pensaba cuando decidió ir de regreso a casa. Se estaban encendiendo las lámparas y Londres parecía haber empezado a cambiar. En la calle de Virginia la vida seguía su curso cotidiano. El pintor de paredes bajaba de su escalera, la niñera empujaba un cochecito, el repartidor de carbón doblaba sus sacos vacíos, la ama de casa preparaba la cena a los niños. Pensaba que dentro de cien años, las mujeres dejarían de ser el sexo protegido y se integrarían a todas las actividades y esfuerzos que antes les eran prohibidos. No se sabe qué será del ser mujer cuando no sean protegidas. En eso pensaba cuando abrió la puerta de su casa. Ahora, bajo la luz de su lámpara, Virginia se ha puesto a meditar en qué condiciones vivían las mujeres en el tiempo de Isabel I y por qué ninguna mujer escribió una sola palabra mientras un hombre de cada dos tenía la disposición de escribir un soneto o una canción. Entonces imaginó la obra literaria como una tela de araña, como algo que no se improvisa sino que se construye desde adentro. “La novela, es decir, la obra de imaginación, no cae al suelo como un guijarro, como quizás ocurra con la ciencia. La obra de imaginación es como una tela de araña: está atada a la realidad, leve, muy levemente quizá, pero está atada a ella por las cuatro puntas. A veces la atadura es apenas perceptible; las obras de Shakespeare por ejemplo, parecen colgar, completas, por sí solas. Pero al estirar la tela por un lado, engancharla por una punta, rasgarla por en medio, uno se acuerda de que estas telas de araña no las hilan en el aire criaturas incorpóreas, sino que son obra de seres humanos que sufren y están ligados a cosas groseramente materiales, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos”. Medita sobre las mujeres en la obra de Shakespeare y llega a la conclusión que “no parecen carecer de personalidad”. Cleopatra sabía andar sola. Lady Macbeth poseía una voluntad propia. Rosalinda debía ser una muchacha atractiva. En esencia, “las mujeres han ardido como faros en las obras de todos los poetas desde el principio de los tiempos: Clitemnestra, Antígona, Cleopatra, Lady Macbeth, Fedra, Gessida, Rosalinda, Desdémona, la duquesa de Malfi entre los dramaturgos; luego, en los prosistas, Millamant, Clarisa, Becky Sharp, Ana Karenina, Emma Bovary, Madame de Guermantes”. Pero eso en la literatura. ¿Y en la vida? ¿Cómo se puede concebir que la mujer sea una criatura significativa en el ámbito de la imaginación e insignificante en la práctica? Es la reina en la poesía, la inspiradora de grandes pensamientos, y sin embargo, es la ignorada en la historia, el recipiente donde fluyen los espíritus. “Las mujeres no pueden escribir las obras de Shakespeare. ¿Qué hubiera ocurrido si Shakespeare hubiera tenido una hermana dotada maravillosamente como él? Virginia ha imaginado a esa hermana y la ha nombrado Judith. Contempla a Shakespeare de niño, travieso e indómito cazando conejos. Lo ve enamorando a una vecina que le da un hijo antes de lo debido, lo ve marcharse a Londres buscando fortuna, se inclina por el teatro, empieza cuidando caballos a la entrada de los artistas, se convierte en un actor triunfal y accede al palacio de la reina. Mientras tanto, su hermana Judith se ha quedado en casa, con la misma imaginación y el mismo espíritu de aventura de su hermano. Pero sus padres no la enviaron a la escuela, no tuvo oportunidad de aprender gramática ni lógica, ni leer a Horacio y Virgilio. Cuando intentaba hojear un libro, sus padres le pedían que les zurciera las medias o vigilara el guisado. Tal vez, Judith era la niña de los ojos de su padre. Tal vez garabateara algunas páginas a escondidas en un altillo lleno de manzanas. Pero antes de que cumpliera veinte años, ya planeaban casarla con el hijo del comerciante en lanas del vecindario. Se enfrentó al padre y éste le pegó con severidad. Le pidió que no opusiera resistencia a la boda. Le prometió regalarle un collar o unas bonitas enaguas. Había lágrimas en sus ojos. ¿Cómo obedecerle?, se preguntaba Judith. Una noche de verano se descolgó con una cuerda por la ventana y siguió el rumbo de Londres. “Los pájaros que cantaban en los setos no sentían la música más que ella”. Tenía el mismo talento del hermano para captar la musicalidad de las palabras. También ella como Shakespeare tenía los ojos grises y las cejas arqueadas, y había ido a buscar a los artistas. Los hombres se rieron al verla. Un hombre gordo hizo una ironía sobre los perros que bailaban y las mujeres que actuaban. Lo que ardía dentro de ella era la aventura del teatro. El actor-director, Nick Greene, sintió piedad por la joven. Virginia se pregunta: “¿Quién puede medir el calor y la violencia de un corazón de poeta apresado y embrollado en un cuerpo de mujer?”. La muchacha quedó encinta por obra del director teatral. Una noche de invierno Judith decidió ponerle fin a su vida. Yace enterrada en una estación de buses, cerca de la taberna del “Elephant and Castle”. Ésta es, según Virginia, la historia de una mujer que en los tiempos de Shakespeare hubiera tenido el genio de Shakespeare. Espíritus como el de Shakespeare no florecieron en Inglaterra ni entre los sajones ni los británicos. ¿Cómo podía florecer un genio como el de Shakespeare entre las mujeres cuando ellas estaban al cuidado de sus niñeras, estaban limitadas por la ley, las costumbres y el poder del padre? Pero advierte Virginia que, en medio de esa precariedad, debió haber existido un genio de alguna clase entre las mujeres que dejara alguna huella en un papel, como cuando apareció Emily Brontë o Robert Burns. Es probable que dentro de las noticias de mujeres poseídas por el demonio, por brujas zambullidas en el agua, se tuviera la pista de alguna novelista malograda. “Alguna poetisa reprimida, alguna Jane Austen muda y desconocida, alguna Emily Brontë que se machacó los sesos en los páramos o anduvo haciendo muecas por las carreteras, enloquecidas por la tortura en que su don la hacía vivir. Me aventuraría a decir que Anon, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer. Según sugiere, creo, Edward Fitzgerald, fue una mujer quien compuso las baladas y las canciones folklóricas, canturreándolas a sus niños, entreteniéndose mientras hilaba o durante las largas noches de invierno”. La conclusión de Virginia es que cualquier mujer con talento, nacida en el siglo dieciséis, se hubiera vuelto loca, se hubiera suicidado o se hubiera ido a vivir a las afueras del pueblo señalada de bruja. “Vivir una vida libre en Londres en el siglo dieciséis hubiera representado para una mujer que hubiese escrito poesía y teatro una tensión nerviosa y un dilema tales que posiblemente la hubiesen matado”. Ahora está frente al espejo. Se ha recogido el cabello y ha pensado en ciertas mujeres que tuvieron que encubrirse con nombres masculinos para escribir. Piensa en Currer Bell, George Eliot, George Sand, que velaron sin éxito sus identidades. Y recuerda la sentencia perversa de Pericles, de que la mayor gloria de una mujer es que no hablen de ella. Las circunstancias adversas que han tenido que vivir ciertos escritores es ignorada y muchas veces desconocida. Aunque no se sepa qué circunstancias vivió Shakespeare cuando escribió El Rey Lear, sí es conocido el tormento que sufrió Keats al escribir poesía sintiendo la muerte tan cerca. Pero qué le importa al mundo si el señor Flaubert encontró por fin la palabra exacta para uno de sus escritos. Mientras Virginia se sienta a escribir hay muchas interrupciones y tormentos. Los perros ladran. Alguien llega sin avisar. La salud falla. Hay perturbaciones y, si algo sale a la luz, ese es un milagro. No es suficiente la imaginación. Debe tener un corazón y una mente incandescentes como Shakespeare. Virginia piensa en la habitación propia a prueba de sonido. Tener una habitación propia era algo verdaderamente impensable a principios del siglo diecinueve, a menos que sus padres fueran excepcionalmente ricos. Para que un poeta emprendiera un viaje, se alojara en un hotel, iniciara una gira a pie, en las circunstancias limitadas de pobreza como la de Keats, Tennyson o Carlyle, debía haber encarado y resuelto la tiranía exigencias de su familia. Si lo material era difícil, más complicado era lo inmaterial: el desprecio e indiferencia del mundo. A ninguna mujer del siglo diecinueve se le alentaba a que fuera escritora o artista. Por el contrario, se le desairaba e insultaba. Se pregunta: ¿qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas? “Ante todo, independencia económica y personal”. En el único ser en que piensa Virginia, capaz de sortear todas las dificultades, sin que el ardor de su mente se apagara a pesar de cualquier contrariedad, es en Shakespeare. Cierra la puerta. ** Gustavo Tatis Guerra gtatis@eluniversal.com.co Escritor y periodista colombiano (Sahagún, Córdoba, 1961). Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, 1992. Nominado en tres oportunidades a ese mismo premio en 1993, 1995, 1997. Ganó en 2003 el Premio de Periodismo “Álvaro Cepeda Samudio”. Autor de los poemarios Conjuros del navegante (1988), El edén encendido (1994), Con el perdón de los pájaros (1996), La ciudad amurallada (Crónicas de Cartagena de Indias) (2002), Un secreto prodigioso (Crónicas y reportajes a nueve grandes creadores), en coautoría con Juan Grisolle (2003) y Alejandro vino a salvar los peces, Premio Nacional de Cuento Infantil Comfamiliar del Atlántico (2002; publicado por Panamericana, 2003). === Poemas Alexis Reverón ============================================ El giro de la noria le devolvió la tristeza perdida vil hazaña de la rueca === Difícil esperar la muerte entre plañideras ninfas que velan la llegada entre horas que se alargan por los pasillos del día de la otra noche de la semana para llegar a la eternidad por fin === En el principio el verbo se hizo carne y la carne se convirtió en sufrimiento y crucificaron al enano que sabía intimidades de su mecenas y fusilaron al malabarista que divertía multitudes y torturaron la belleza fulminaron campos de flores azules castigaron al filosofo soñador vilipendiaron las buenas y malas palabras y al final de la batalla el lobo venció al lobo === A Rafael Caraballo (poeta de Río Caribe) Te llevaste tu silencio encerrado en la caja que nunca quisiste elegir también el recuerdo de San Petersburgo valija para un pasajero afuera el zumbido de un insecto flores que al atardecer se marchitan en tu homenaje te fuiste sin gorro frigio ni gorra de poeta dejaste las palabras colgadas en tu armario envejecido y en el salón vacóo solo por una caricatura te recordarán poeta sin parnaso sin capa sin antología sin bastón ¿Verdad, Aura? ** Alexis Reverón areve59@hotmail.com Escritor venezolano (Carúpano, 1959). Trabajador cultural, dependiente del gobierno del estado Sucre, en el campo del teatro y las artes plásticas. Es director de teatro y actualmente dirige la Escuela de Artes Visuales Tito Salas de Carúpano. Ha participado en exposiciones colectivas e individuales desde principios de los 90. Guionista y adaptador para textos teatrales, tiene inéditos varios cuentos y poemas. === Cosas bellas perdidas Alberto Bellido Esteban ==================== Si hay algo peor que llegar tarde a tu propia boda es llegar tarde a la boda de la chica que debía ser tu esposa. Todo está iluminado. Jonathan Safran Foer. Me desperté cerca del mediodía y descubrí, sin sorprenderme, que la chica con la que había pasado la noche ya no estaba conmigo. No había dejado ninguna nota de despedida, ningún mensaje de reproche o agradecimiento, ni la forma de poder contactar con ella en una próxima ocasión. Era un milagro que me acordara de su nombre, Carla, aunque su rostro ya había empezado a desdibujarse en mi memoria. No era ninguna desgracia saber que no la volvería a ver. Me estiré entre las sábanas con indolente satisfacción, y mientras invocaba las fuerzas necesarias para dar el salto y comenzar un nuevo día, intentaba recordar los acontecimientos de la noche anterior. Los gestos, palabras y situaciones que conseguía recordar me parecieron irreales, como si pertenecieran a la vida de otra persona y yo los hubiese contemplado, sin demasiado interés, proyectados sobre el espacio blanco del techo de mi habitación. Notaba la cabeza pesada por el alcohol que había ingerido y nada más levantarme me metí en la ducha para despejarme. Al salir, me puse una toalla alrededor de la cintura y, así como estaba, fui a la cocina y saqué el cartón de leche de la nevera y bebí directamente de él. Ese fue todo mi desayuno. En el fregadero aún estaban las copas con las que habíamos brindado antes de ir a la cama, y sobre la mesa en la que suelo comer había una botella de champán medio vacía (o medio llena). Vaya desperdicio, me dije. Cogí la botella y derramé el burbujeante líquido amarillo por el desagüe de la pila de fregar. Después de vestirme salí a la calle y empecé a caminar sin rumbo. Era sábado y no tenía ningún sitio adónde ir ni nada especial que hacer. Se me ocurrió que tal vez podría llamar a algún amigo y dejar que fuera él quien decidiera lo que podíamos hacer. Entré en una cabina y marqué el número de Toño, pensando que seguro que a él le gustaría conocer los detalles de la noche con Carla, pero aunque dejé que el timbre sonara varias veces, nadie descolgó. No insistí. Imaginé que seguramente aún estaba durmiendo y no se levantaría hasta la hora de comer. Regresé a casa. Mi intento de dar un agradable paseo matinal había sido un fracaso. Antes de encerrarme de nuevo en mi habitación para volver a leer los comics que siempre leía, miré por casualidad en el buzón de la entrada. Nunca lo hacía porque nunca había nada, todo lo más algún anuncio publicitario o alguna factura. Me sorprendió ver un sobre en su interior. Abrí con la llave el buzón y comprobé que se trataba de una carta de Elena. En cuanto leí su nombre escrito con bolígrafo azul en el remite me eché a temblar. Supe que sólo podían ser malas noticias. “Perdona por no haberte escrito hasta ahora”, escribía Elena, “pero pensé que sería mejor para ti que no lo hiciera durante un tiempo, y al final, sin darme cuenta, ha pasado casi un año”. Después de leer este encabezamiento de pie en el recibidor (había roto el sobre nada más entrar en casa, sin quitarme la chaqueta ni descalzarme como siempre hacía para ponerme cómodo) fui a la habitación y me senté sobre las sábanas de la cama sin hacer. La ventana estaba abierta y el viento hacía ondear las cortinas, y por ella entraba a ráfagas el aire perfumado de la mañana de mayo. Tenía en las manos las dos hojas de la carta de Elena y el pulso me temblaba al sujetarlas. Reconocí su caligrafía femenina, con el punto de la i que era un círculo sin cerrar y las líneas de las consonantes que subían y bajaban como notas en una partitura. Cerré los ojos y respiré profundamente para coger fuerzas antes de continuar con la lectura: “Espero que después de todo este tiempo que ha pasado no sigas guardándome rencor. Aunque no sea ese el motivo de esta carta, me gustaría volver a decirte que nunca pretendí hacerte daño, sólo que las cosas no siempre son como uno desea y a mí me resultó imposible no hacértelo. Me hubiera gustado evitarlo, hacer que las cosas fueran más sencillas, pero no pude. Aunque no lo creas, tú mismo y cualquier otra persona hubiera hecho lo mismo. Hay cosas a las que, sencillamente, no puedes resistirte. Es duro, pero es la verdad. Lo queramos o no, en eso consiste la vida: unas veces nos hacen daño, otras, somos nosotros los culpables. ”Me gustaría que estos meses que han pasado hayan servido para cerrar esa herida. Puede que incluso hayas rehecho tu vida y que estés con alguien. Ojalá sea así. Nada me gustaría más que saber que eres feliz junto a una persona a la que quieres y que te corresponde. Sinceramente, creo que te lo mereces más que ninguna otra persona en el mundo. ”Pero si te escribo esta carta no es sólo para desearte lo mejor. Hay algo que creo que debes saber, y te lo tengo que decir yo. No me gustaría que lo supieras antes por boca de otra persona, ya que más tarde o más temprano te enterarías y tendrías un nuevo motivo de reproche que hacerme. Creo que con uno ya es más que suficiente. ”La noticia que te tengo de dar es una de esas noticias que no se pueden ocultar demasiado tiempo. Y es una buena noticia: me caso. Todavía me cuesta decirlo, y al verlo ahora escrito en el papel me sigue resultando extraño. Sé qué parece increíble —al principio ni yo misma me creía lo que iba a hacer— pero ya está todo decidido y a finales de este mes será la boda, una ceremonia sencilla en el ayuntamiento y después una comida con la familia más cercana y los amigos. Me gustaría pensar que en estos momentos, mientras lees estas líneas, te estás alegrando por mí. Eso querría decir que has pasado página. Pero si no es así, lo comprendería. Estás en tu derecho de no sentir alegría. ”Por último, sólo quiero decirte una cosa más. Sabes que has sido una persona muy especial en mi vida y que nunca te olvidaré (lo creas o no, es cierto). Pero también comprenderás que no sepa qué hacer con respecto a si resultará adecuado invitarte o no a la boda. Voy a mandar la invitación a Luis, a Roberto, a Pedro y a los demás de la universidad. Me resultaría extraño que no estuvieras tú con ellos, al fin y al cabo en mi memoria sois todos inseparables y me recordáis una época inolvidable —y muy feliz— de mi vida, la época en la que tú y yo salíamos y en la que siempre estábamos con ellos. ¿Recuerdas el verano en el que nos fuimos todos juntos de camping? Yo no lo he olvidado ni creo que lo olvide jamás. ”Pero también comprendería que no quisieras venir. Puede que sea lo mejor para ti y quizá también para mí. No lo sé. Estoy demasiado confundida y creo que al final lo único que puede ayudarme es saber lo que piensas. Siempre respetaré tu decisión. Es lo mínimo que podría hacer por ti. ”Espero tener pronto noticias tuyas. Hasta entonces, ”Un beso. Elena”. Leí la carta desde la primera a la última línea una segunda vez, intentando comprender. Al finalizar la segunda lectura sentí que los ojos me escocían como si me hubiesen arrojado arena en ellos, pero no lloré. Me costó contenerme, pero lo conseguí. Después volví a meter las hojas dentro del sobre y guardé la carta dentro de uno de los cajones de mi escritorio, mezclándola a propósito con mis papeles desordenados, con las fotografías que conservo de mis amigos —en muchas también aparece Elena—, con las letras de las canciones que he compuesto con mi guitarra para ella, siempre para ella. Tenía la sensación de que si no la apartaba de mi vista volvería a leerla una y otra vez hasta volverme loco. Sentía que algo sumamente frágil se había quebrado en mi interior y que, sin nada sólido a lo que poder aferrarme, volvía a deslizarme en el profundo y oscuro pozo del que creía haber empezado a salir. Por lo visto, estaba equivocado. Desde el instante en el que leí su nombre en el dorso del sobre y el corazón me dio un vuelco, supe que no era cierto que la hubiese olvidado. Comprendí que era normal que no sintiera nada especial cuando estaba con otras chicas: podía acostarme con todas las que quisiera, chicas como Carla de una sola noche con las que calmar mi urgencia sexual, pero eso no significaría nada y nada tendría que ver con el amor puro y simple que sentía por Elena y el desgarro que me produjo su abandono. Golpeé con rabia el aire al recordarlo y después me dejé caer pesadamente sobre la cama. Me sentía fatigado y desesperado, como si acabara de descubrir que después de una larga y penosa travesía de más de un año por el desierto estuviera de nuevo en el punto inicial, con todo el desierto por delante de nuevo y después de haber vaciado la cantimplora en el anterior viaje. Decidí que debía responderle en caliente, no esperar a que mi yo más razonable ocupara el lugar del despechado amante que bombeaba con furia dentro de mi pecho. Debía aprovechar ese instante para responder que nunca iría a esa ceremonia. “La ceremonia”... se me revolvieron las tripas sólo de pensar en Elena vestida de blanco diciéndole “sí quiero” a otro hombre. Aunque no le conocía, en ese momento me sentía completamente capaz de matarlo a sangre fría, sin pensarlo, si lo tuviera delante. A falta de pistola y de víctima, saqué una hoja en blanco y, sentándome delante en el escritorio, empecé a escribir. Este fue el resultado: “Querida Elena (espero que tu futuro esposo no se ofenda por lo de ‘querida’). Siempre pensé que tu desarrollada inteligencia te evitaría cometer errores tales como cruzar sin mirar la calle con el semáforo en verde, calentar un recipiente de aluminio en un microondas o casarte. Compruebo con decepción que me equivocaba. Seguramente calibré mal tu inteligencia por una cuestión de orgullo. Me gusta pensar que las mujeres de las que me enamoro tienen algo más que serrín dentro de la cabeza, pero por lo visto no sois muy distintas a esas putitas de minifalda que mascan chicle y preguntan ‘¿me queda bien el pelo así?’ antes de que se las tire cualquier borracho un sábado por la noche. En fin, supongo que lo único que pretendías con tu carta es que yo te felicitase para así calmar tu mala conciencia. No lo haré, ni ahora ni nunca. Y, por supuesto, no iré a la boda. ”Espero que te arrepientas eternamente de lo que estás a punto de hacer. ”Una cosa más, a modo de posdata: confío en que cuando te canses de tu futuro marido y vayas detrás del primer adinerado ingeniero que se cruce en tu camino (ambos sabemos que no sería la primera vez) me escribas también para contármelo. Nada me hará más feliz que saberlo. En fin, los cornudos somos así. Somos más felices si sabemos que no somos los únicos”. Naturalmente, no tardé demasiado en romper escrupulosamente en varios pedacitos lo que había escrito. No es que se hubiera calmado mi furia o que me arrepintiera de lo que decía en ella: básicamente, reflejaba con bastante exactitud lo que le diría si la tuviera delante. Pero comprendí que tal vez era eso lo que ella buscaba. Si yo reaccionaba de la forma en la que me pedía el corazón, justificaría que me apartara para siempre de su vida. Para ella sería todo mucho más fácil. Así pues, aunque eso supusiera tragarme un pedazo de mi orgullo, debía planear algo más sutil, una respuesta moderada que a la larga resultase mucho más efectiva. Pero no se me ocurría cuál podría ser esa reacción. Es complicado pensar cuando tienes ganas de llorar y el corazón roto. Lo único que se me ocurrió fue recurrir a la ayuda de un buen amigo. Ellos siempre están ahí cuando los necesitas. Llamé de nuevo a Toño, esta vez desde mi casa. Y esta vez sí descolgó el teléfono. Esa tarde de sábado Toño vino a mi casa y trajo una botella de ron y una bolsa con hielos. Yo tenía refrescos y cervezas en la nevera. Me había propuesto que tomáramos algo en casa para empezar, así podría ponerle yo al corriente de lo que había pasado, y que después saliéramos por ahí a ver lo que podíamos hacer. A mí me pareció una excelente idea. Todavía me duraba el aturdimiento por la noticia que había recibido de Elena y, aunque sabía que no serviría de nada, que sólo era una ridícula expresión de mi furia, me apetecía acostarme con una chica, fuera quien fuese ésta. Aunque sabía que no resultaba demasiado lógico, esto era lo único que se me ocurría para aparcar momentáneamente mi tristeza. —No tienes por qué darle tantas vueltas —me aconsejó Toño. Había escuchado toda mi historia pacientemente, sin decir nada, asintiendo con la cabeza, y cuando al final dejé de hablar, agotado después de más de media hora de monólogo, él se pasó la mano por el pelo y resopló antes de hablar—. Nada cambia porque ella se case. Peor para ella, en todo caso. En cuanto a ti, sigues igual que ayer. Ella no está contigo y no va a volver. Lo bueno es que sigues siendo libre para hacer lo que te apetezca. Aunque Toño me había escuchado con atención y yo agradecía sinceramente el esfuerzo que hacía para comprenderme, no podía hacerse a la idea de que yo no quería ser libre en esos momentos. Es más, juraría que no volvería a fijarme en ninguna otra chica en lo que me restaba de vida si eso suponía que volvía a estar con Elena. —Esta noche saldremos por ahí y conocerás a la chica de tu vida —hizo una pausa para llevarse la copa a los labios y continuó—. Y mañana te olvidarás de ella, como hiciste con la chica de anoche. Es fácil vivir cuando cada noche es la más importante y no te preocupa el mañana. Es lo que yo intento hacer y, sinceramente, no me va nada mal. No le dije lo que pensaba: que a él le resultaba fácil porque nunca había estado enamorado de alguien como lo estaba yo de Elena. Así, actuando como hacía él, sin dejar que los besos que recibía traspasasen su piel, resulta sencillo olvidar. Pero ese no era mi caso. Comimos algo antes de salir y después cogimos el autobús en dirección al centro. Nos bajamos en una parada cerca de la Plaza Mayor y, tras andar un rato por ahí, fijándonos en los grupos de chicas con los que nos cruzábamos, entramos en el bar de siempre de la calle Huertas. Allí empezaban siempre nuestras noches. Dependiendo de cómo se presentara la noche, más tarde nos reuníamos en un bar cercano con el resto del grupo. Pero si antes conocíamos a alguna chica, nos las llevábamos al reservado de un pub cercano en el que siempre ponen música muy lenta y está suficientemente oscuro. Estuvimos dos horas bebiendo martinis con limón para no emborracharnos demasiado. Yo estaba aún triste y miraba a mi alrededor con desinterés. Dos chicas rubias con aspecto de ser turistas norteamericanas se sentaron cerca de nosotros y Toño empezó a mirarlas con descaro. Era el primer paso de su estrategia. Pero ellas ya habían quedado con otros tipos, y al aparecer éstos dejó de interesarse. Cerca de la medianoche el bar, que estaba casi vacío cuando entramos, se empezó a llenar y la mayoría de los que allí se reunieron ya estaban borrachos. El volumen de la música estaba muy alto y me costaba entender lo que me decía Toño cuando hablaba. Todo el mundo a mi alrededor, excepto yo, parecía estar de muy buen humor. Sin embargo, yo no conseguía quitarme de la cabeza a Elena. A las doce y media Toño reconoció que allí no teníamos nada que hacer y me pidió que fuéramos a otro sitio a probar suerte. —Siento haberte traído a este sitio —dijo. —No importa. A veces hay noches malas como ésta. —Una al año, espero —bromeó Toño. A esas alturas, a mí me daba igual el sexo. Después del rato que habíamos estado en el bar, rodeados sin ser tocados por la energía que emanaba del deseo sexual y del alcohol, sólo había conseguido que mi dolor se hiciera más punzante. En ese momento sólo deseaba regresar a casa y así se lo hice saber a mi amigo: —¿A casa? —me preguntó estupefacto—. ¡De ningún modo! No dejaré que vayas a hundirte en la miseria. Vayamos a dónde están estos, seguro que con ellos nos reímos un rato. —No me apetece —dije con decisión. Estaba decidido a no dejarme convencer—. Escucha, tío. Te agradezco muchísimo todo lo que has hecho por mí esta tarde. Lo creas o no, me has ayudado mucho. Pero ahora quiero estar solo. Me miró muy serio, con las cejas levantadas y un aire ligeramente inquisitorial. —¿Seguro que estás bien? —preguntó—. ¿No irás a hacer ninguna tontería? Me reí y él aflojó la expresión seria de su rostro. Nos abrazamos antes de despedirnos. —Está bien —dijo; sonó como un padre que finalmente acepta que su hijo llegue a casa después de medianoche—. Márchate a casa. Mañana te llamo para ver qué tal estás. Podríamos ir al cine por la tarde. ¿De acuerdo? —De acuerdo —acepté—. Iremos a la filmoteca a ver una de esas larguísimas películas chinas que tanto te gustan. Vi a Toño perderse entre la multitud. Yo fui a una hamburguesería cercana, comí una hamburguesa doble, bebí Coca-Cola y, en cuanto se me despejó algo la cabeza, salí a la calle y empecé a caminar de vuelta a casa. Me apetecía dar un largo paseo en la noche y aclarar algo mis ideas. Andar me vino bien. Empezaba a tranquilizarme y sentirme algo mejor, hasta el punto de que llegué a plantearme si no habría llegado el momento de tomar la decisión que había aplazado por la mañana. ¿Qué podía hacer? Esa era la pregunta que me hacía una y otra vez. Sentía que debía hacer algo para arrojar fuera de mí la áspera sensación de tristeza que había dejado en mí la carta. Sí, pero ¿qué podía hacer? Dirigí mis pasos hacia las estrechas callejuelas de la parte más antigua de la ciudad, aunque eso supusiera apartarme algo de mi camino. Al pasar al lado de los bares me llegaba el murmullo animado de la multitud que reía, bebía y se lo pasaba bien en sus interiores abarrotados. ¿Qué podía hacer? Me volvía a preguntar. En mi paseo me crucé con algunos grupos de adolescentes visiblemente ebrios que pasaban a mi lado sin mirarme, como si yo, una figura solitaria que camina en la noche con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones, no existiera para ellos. También me crucé con varias parejas que caminaban abrazadas, deteniéndose para besarse bajo la luz amarilla que descendía de las farolas, dejándose acariciar por la suave brisa nocturna de mayo. Eso me hizo sentir aun más triste porque estábamos en mayo, el mes de la primavera, las flores y el amor, y yo estaba solo y mi chica se iba a casar con otro. ¿Qué podía hacer? Lo único que se me ocurrió fue algo tan absurdo que me hizo sonreír. Palpé con la mano varias monedas que había en el fondo de uno de mis bolsillos. Había llegado a una pequeña plaza mal iluminada. Alguien se había dedicado a romper los globos luminosos de las farolas y sólo había respetado, quién sabe por qué, la que había justo en el centro de la plaza. En un rincón varios jóvenes formaban un círculo alrededor de un banco en el que habían colocado una hilera de botellas y vasos de plástico. Era un grupo de quinceañeros y al verlos pensé en mis amigos, en Roberto, en Iván, en Pedro y en Luis, también en todos los demás, cuando teníamos su misma edad y todo sucedía por primera vez y pensábamos inocentemente que nada podría hacernos daño: el sabor de la primera cerveza, del primer beso, de la primera decepción en el amor... Las voces de los chicos resonaban extrañas en la noche, amplificadas al rebotar en las paredes de las casas. En un rincón de la plaza había una cabina. Dirigí mis pasos hacia ella, lamentando no estar más borracho para hacer lo que iba a hacer. Todavía me acordaba de su teléfono, aunque hacía mucho tiempo desde que lo marcara por última vez. Me coloqué el auricular en la oreja y dejé que el ruido de fondo de la línea telefónica me ayudara a tranquilizarme. Después de uno o dos minutos, marqué. El timbre sonó cinco veces antes de que saltara el contestador automático. Me hubiera gustado escuchar de nuevo la voz de Elena, pero tuve que conformarme con la voz grabada de mujer que nos informa con monotonía de que no hay nadie o no cogen el teléfono. Después dejé que sonara la señal que nos avisa para que dejemos un mensaje y empecé a hablar sin pensar en lo que estaba haciendo. Sentí que mi voz era más sólida y real que cualquier otro sonido de la noche. Cerré los ojos e imaginé que estaba solo en aquella plaza y que bastaría con susurrar para que mis palabras llegaran con nitidez a los oídos de Elena, estuviera donde estuviese en esos momentos. Bastaba con desearlo con la fuerza suficiente y se haría realidad: —Buenas noches, Elena... —dije tragando saliva antes de continuar—. He recibido tu carta hoy... Como dices, ojalá pudiera alegrarme, ojalá pudiera desearos que seáis felices tú y él... pero la verdad es que no puedo. Todavía no. Tampoco creo que necesitéis que yo os lo desee: sé que seréis felices. Pero esto no tiene ningún mérito porque no es nada difícil serlo cuanto tú estas cerca... La voz se me quebró un segundo. Después continué hasta terminar: —Puedes estar tranquila, no voy a hacer nada que pueda comprometerte. Por eso no iré a la boda. Creo que es lo más adecuado y, como decías en la carta, lo mejor para los dos. La verdad es que no consigo guardarte rencor aunque lo desee. No me preguntes por qué. Hoy has hecho que me acuerde de aquella vez que estuvimos de camping. ¿Te acuerdas de aquella noche junto al río? Nos habíamos reunido todos en aquel lugar para mirar las estrellas. Entonces tú te acercaste a mí y me cogiste del brazo —en mi imaginación veía la escena con una nitidez absoluta, como si acabara de suceder: podía sentir el rumor del riachuelo que descendía saltando entre las rocas a escasos metros de donde nos encontrábamos, y el calor de su cuerpo sobre el mío al arrimarse; rastreé en mi memoria la belleza de su perfecto cuerpo juvenil, de la blancura y el roce de su piel desnuda, y de tantas otras cosas bellas perdidas—. Fue la primera vez que lo hacías y yo me quedé de piedra... ¿Entiendes ahora por qué no puedo odiarte? Sólo quería que lo supieras. Espero que eso te haga sentir mejor... Colgué porque no quería que me escuchara llorar. Me quedé mirando la luz que había encendida en la ventana del segundo piso del edificio que había enfrente de mí. Deseé estar allí dentro con una mujer buena y hermosa que se ocupara de mí y que me preparara sopa y tortilla todas las noches, que al acostarnos pasara su pierna por encima de la mía y me dijera “te quiero” antes de dormirme. Esa mujer tenía el rostro y el cuerpo de Elena. Era como si pensara en cómo habrían sido las cosas si ella nunca hubiera dejado de quererme y siguiéramos juntos, felizmente juntos. Me enfadé conmigo mismo porque tener esos pensamientos no me ayudaba nada. No podía vivir eternamente aferrándome a deseos imposibles. Esa noche tuve un sueño extraño: en él yo aparecía vestido de novio, con chaqué azul oscuro y una flor blanca en el ojal, zapatos relucientes y gemelos dorados en los puños de la camisa. Pero no era un sueño tranquilo ya que yo estaba corriendo y consultaba el reloj a cada poco tiempo: llegaba tarde. Después de un largo rato corriendo por calles que vagamente recordaba —aunque no sabía de qué ciudad se trataba— llegué a la iglesia dónde intuí que debía casarme. Hice un último esfuerzo. En la plazoleta vacía un grupo de palomas levantó el vuelo al pasar corriendo a su lado. Sonaban las campanas tocando a boda, a mi propia boda, aunque yo no sentía ninguna emoción especial. Entré en la iglesia y comprendí por qué no estaba emocionado: en el altar estaba Elena, pero había alguien a su lado que vestía un traje idéntico al mío, o tal vez era el mío, porque al volver a mirarme llevaba pantalones vaqueros y una camisa azul de algodón. Me quedé de pie, paralizado en la puerta y sin atreverme a entrar, y alguien gritó a mi lado: ¡Vivan los novios! Y fue en ese momento cuando desperté y no pude pensar para consolarme que todo había sido un sueño. Era, sencillamente, la verdad. ** Alberto Bellido Esteban alberbelli@latinmail.com Escritor español (Madrid, 1976). Trabaja en el área administrativa. Textos suyos han aparecido en las revistas Macondo (Aranjuez, España) y Metamorfosis (de la escuela de escritores Hotel Kafka, http://www.hotelkafka.com; Madrid, España). === Poemas Alejandro Félix Raimundo ================================== *** La comarca infinita No hay realidad más grande que la vida su infinita extensión todo lo abarca incluso el amplio reino de la parca al cual el hombre va tras su partida Y no hay ninguna puerta de salida que permita escapar de su comarca su límite final jamás se marca y nadie tiene de ella la medida Estamos en su espacio prisioneros pero es tan grande el ámbito que ofrece que libres dentro de ella nos creemos Así, con entusiasmo nos movemos y grata la tarea nos parece de vivir nuestros sueños pasajeros. *** Las ruinas interiores Hoy he visto mis ruinas interiores y he visto mis penúltimos secretos vi abortos de magníficos sonetos y momias de magníficos amores Vi viejas alegrías y dolores proyectos que quedaron incompletos y miedos misteriosos y secretos que merodeaban sus alrededores Pero no he visto al duende misterioso que ha reducido todas esas cosas a un espacio severo y silencioso Ni vi a la fuerza oscura e insidiosa que impide que ellas queden en reposo y en las horas de sueño aún me acosa. *** De los hombres con alma A los que nos dedican grandes obras que aumentan el espacio de la vida a menudo la suerte los convida en sus falsos festines con las sobras Pero ellos continúan sin zozobras porque saben que el alma no se oxida y que al final la suerte seducida ha de ser por sus mágicas maniobras. Ellos saben que el alma es una ola que por su propia fuerza se levanta un fuego en el que el hombre no se inmola y que el alma no es libre si no canta aunque deba menudo cantar sola ...o teniendo un puñal en la garganta *** La existencia al desnudo Aunque los hombres quieran adornarla la existencia carece de atributos ofrece el mismo aspecto de un árbol al desnudo por eso nunca hallamos su sentido sino una larga serie de hechos brutos. la vida es como el agua no tiene gusto a nada excepto para quienes tienen sed. *** De silencios y de voces Harto tal vez de oír sus necedades Beethoven entendió que había llegado el momento de aislarse de los hombres. Cerró entonces para ellos sus oídos que enfermaron a fuerza de escucharlos y busco en el silencio nuevas voces. Quién sabe si en el áspero aislamiento donde se hace más hondo el aislamiento no hablaba este coloso con los dioses. Quién sabe si el silencio más profundo no es en verdad un diálogo fecundo que nos inspira nuestras creaciones. *** El cansancio del ser Perdidos los motivos que ayer sus movimientos impulsaran la vida continúa por inercia como si sólo fuera una costumbre a la que el ser ligado permanece cuando ha perdido ya sus grandes fuerzas porque la vida es terca y continúa a pesar del cansancio y la tristeza. Este hombre que hoy está casi inactivo desesperadamente aún espera, una nueva razón un nuevo impulso una entusiasta empresa y al escuchar las voces que lo llaman escuchará el mensaje de la tierra y habrá de renovarse como un árbol al transcurrir por él la sabia nueva. *** El amor en la sombra Desafiando al presente amargo y duro que al hombre noble acecha amenazante y al incierto futuro fascinante tu cuerpo con mis brazos inauguro Mi espíritu angustiado e inseguro se rinde ante el encanto de un instante que lo impulsa a seguir hacia adelante desafiando al destino más oscuro. Al unir nuestros cuerpos en la sombra sin buscarlo encontramos un remedio para la enfermedad que sufre el mundo Disminuye el dolor, se acaba el tedio todo se torna mágico y profundo y el hecho de estar vivos nos asombra. *** Variaciones sobre un tema oculto Tan fuerte es el deseo de las almas que ningún pensamiento les conforma que ningún cuerpo logra contenerles. Como regresa el mar hacia la arena la enfermiza inquietud al hombre vuelve sin conocer la calma ni el cansancio. Circular como el paso de las horas resulta nuestro esfuerzo indomeñado que gira en torno a un centro misterioso al cual llegar en vano ambicionamos. Y sin embargo el tiempo en su transcurso parece a cada instante agregar algo: una forma más bella una manera mejor de realizar los mismos actos. ese es quizás el único sentido que tiene este monótono fracaso, tratar con el transcurso de los siglos, de realizar lo mismo y mejorarlo, soportar la embestida del destino que ataca como un toro enfurecido sin perder el valor al enfrentarlo... y si uno de esos golpes nos derriba, allí donde terminen nuestros pasos, en el límite mismo de la vida, mirar al horizonte y abrazarlo. *** Místico Número 1 Al cabo de un incierto itinerario Que realizar de nuevo no podría Persiguiendo una inquieta fantasía Llegó hasta un sitio extraño y solitario En ese sitio —acaso imaginario— Que al hombre familiar le parecía Anduvo sin ninguna compañía Sin dirección, sin rumbo y sin horario. Al encontrarse ante las altas puertas Que encierran los misterios insondables Notó que éstas se hallaban entreabiertas. Entre destellos casi insoportables Pudo entrever, por fin, las cosas ciertas Que son para nosotros inefables. *** El hilo de Ariadna Seguía inútilmente dando vueltas En torno a situaciones no resueltas Girando siempre en torno al mismo espacio Distante del paisaje y del palacio Y era el onanismo de una magia Que al mundo no cautiva ni contagia E inesperadamente apareciste Y hacia la nueva luz me condujiste No sé si eres la entrada o la salida Del largo laberinto de la vida Pero espero que seas el remedio Que salva del dolor como del tedio. ** Alejandro Félix Raimundo gescar@bbt11.com.ar Escritor argentino (Pergamino, 1967). Licenciado en filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA, http://www.uba.ar). Ha publicado tres libros de poemas. Textos suyos han sido publicados en la revista Cuadernos de Ética, de la Asociación Argentina de Investigaciones Éticas (http://www.etica.org.ar), y en Perspectivas Nietzscheanas, así como en varias revistas de su ciudad natal. === Los tres héroes (Alesha, Dobrynia E Ilyá) Ester Rabasco Macías === —Empuja con más fuerza —gruñó Alesha— o no conseguiremos sacarlo de aquí ni mañana —añadió alzando la voz y manoseándose la barba. En sus instantes de silencio, colocaba los brazos en jarra y dejaba que la nieve le siguiera engullendo las piernas... Dirigía aquellas maniobras con una arrogancia casi cómica, pues su rostro enrojecido revelaba que ya llevaba embuchados varios vasos de vodka—. ¡Más energía, hombres! —insistía inflando su barrigón de falsa impaciencia. —Aleeeeeeshaaaa —empezó a suplicar Dobrynia alargando las sílabas—, déjate de instrucciones y ven a cavar. Tendríamos que desenterrar más las ruedas porque tan sólo empujando va a ser imposible... —y se pasó el brazo por la frente para llevarse de un tajo el sudor acumulado. —Está claro que si no me pongo yo, aquí no hay nada que hacer —condescendió Alesha e Ilyá lo miró de reojo para acabar estallando en una carcajada que expuso su escasa dentadura. A aquellas alturas de la mañana, los neumáticos de nuestro coche habían desaparecido por completo, e Iván, encajado en el asiento del coche, se preguntaba en voz alta si aquel olor a chamuscado provenía de los discos del freno o de su desesperación. Yo, por mi parte, observaba boquiabierta aquella nueva reproducción de los tres héroes medievales rusos aún carentes de caballo, pues el fin de semana no era precisamente lo que habíamos planeado con aquel viejo 4 x 4. Habíamos salido de Moscú el viernes por la tarde y habíamos decidido pasar la noche en la ciudad de Riazán. El sábado por la mañana nos disponíamos a atravesar aquellas tierras que habrían pertenecido, de haber existido, al joven príncipe Andrei de Guerra y paz y que los padres de Iván, en su difícil existencia, abandonaron en su juventud para irse al extranjero. En pleno camino, absolutamente rodeados de nieve, mi marido, de improviso, me había sorprendido con un brusco giro de volante: por allí tenía que estar el pueblo de sus abuelos y un todo terreno nunca podía fallar... Así que nos habíamos salido de la carretera al ver aquella semienterrada hilera de izbás de madera en la lejanía... Ahora, mientras observaba a aquellos hombres semisalvajes, intentaba reconstruir el día, tal vez para convencerme de que todo seguía una línea lógica y para asegurarme de que la providencia no nos iba a jugar una mala pasada en pleno mes de febrero ruso. —Aummmm, ajjjjjjjjj, grrrrrrrrrrrr... —Alesha gruñía como un auténtico oso recién despertado en mitad de su sueño invernal, sobre todo ahora que se veía obligado a demostrar su fuerza—. Ahhhhhjjjjjjj —y entonces el gorro dejó a la vista su amplia frente atravesada por una cicatriz ya curtida. —Lo mejor será que intentemos hacer una palanca con un par de listones de madera para que el coche tenga por dónde avanzar... —apuntó Dobrynia—. Vamos a tu casa, Ilyá... Algo encontraremos... Y de paso nos traemos tu pala... Sin pensármelo dos veces, al escuchar la decisión de los protagonistas, acorté distancia a duras penas hasta colocarme detrás de ellos, a menos de un metro. Les seguí totalmente sudorosa por el esfuerzo. El pueblo todavía se divisaba hundido en el horizonte, impregnado de un sueño eterno, a pesar de la luz. La izbá de Ilyá se hallaba en la calle principal, donde resistían no más de un par de viviendas más. El resto agonizaba entre sus propias ruinas. Y, a pesar de ello, la vida allí perduraba sumergida, si no... ¿de dónde podrían haber salido aquellos tres hombres justo cuando el coche se nos quedó clavado en el camino? —¿Quéeeee? —asomó Iván la cabeza por la ventanilla del coche—, ¿me vas a dejar aquíiii? —me gritó ya desde la lejanía. Yo no me molesté en contestarle, pero sí le disparé una carcajada. Era difícil desenterrar las piernas a la misma velocidad que Alesha, Dobrynia e Ilyá. Y no quería perderme detalle. Además, quería recordarles algo fundamental, algo que nadie parecía haber pensado antes: —Oigan.... —e inflé el pecho para soltar de golpe la ráfaga de palabras—. ¿Qué haremos con el coche cuando logren traerlo hasta esta planicie? No hay salida posible, no habrá otra solución que darle la vuelta y volver a empujarlo por el mismo camino —y casi cacareé— hasta llegar de nuevo a la carretera. —No te preocupes, mujer, nosotros somos millonarios en tiempo —me consoló Dobrynia. —Sí, además seguro que después nos conseguís una botella para celebrarlo... —me guiñó el ojo derecho Alesha—. Mi mujer ha preparado una buena olla de patatas hervidas y no iría mal sumarles unas salchichas... Oye, con ese acento tuyo... ¿tú no serás finlandesa? —con lo que comprobé que las razas para él eran un misterio más de la naturaleza. —Ya tengo las maderas... —asomó triunfante Ilyá—. Venga, manos a la obra... Los tres héroes atravesaban de nuevo la acuarela armados de palas y listones, dispuestos a salir victoriosos de aquella afrenta con que el destino había interrumpido su inalterable monotonía. (Este relato est  inspirado en el cuadro Tri bogatyri  -Los tres h‚roes- [1898], de V. M. Vasnecov). ** Ester Rabasco Macías esterrab@yahoo.es Filóloga hispánica nacida en Lleida, Lérida (España) en 1967. Es profesora en el Instituto Cervantes de Moscú (Rusia). Ha publicado diversas traducciones en colaboración con otros colegas, entre ellas el cuento Bestial entre las flores y fragmentos de la novela Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, y la novela Un lugar llamado Antaño, de Olga Tokarczuk. Ha sido colaboradora del suplemento literario semanal del Diari de Lleida (1991-92) y de la revista Jazzology (1996-97), de Lleida. Un trabajo suyo acerca de La sombra de Benito Pérez Galdós fue incluido en Narrativa fantástica en el siglo XIX (España e Hispanoamérica), de las editoriales Dejaume Pont y Milenio, de Lleida (1997). === Dos poemas a Caracas Gloria Cepeda Vargas ======================== *** Caracas a las cinco de la tarde “Adiós locura de mis treinta años...” Carilda Oliver Labra Cinco en punto. La tarde se sienta en las esquinas. Hora de las mujeres que empezaba a desvestir el viento. Hora llena de ojos de no querer y sí querer. De pájaros oscuros como el vino. Como un tambor el dulce ardor resuena y envenena la estruendosa marea del amor porque el momento no es para uno o para tres el aire es solamente para dos. Y la verdad de la ciudad se echa a correr sin antifaz y el corazón se embarca en el revuelo de un acordeón que acaba de atracar. El alcatraz vigila gatos y calamares liban en tu alelí los faroles se acuestan de cabeza nada es igual aquí. La Caracas ceñuda se acaba de marchar es la hora propicia para morir sin naufragar. *** Ayer ¿Qué se hicieron los grillos que bajaban con la niebla del Ávila? La noche tiene los pies mojados de tanto recorrer a la intemperie los cielos ateridos. Dime amarilla flor de araguaney primavera quemada en la garganta del cristofué ¿dónde voló la luna a media sal que rizaba la ola fugaz? ¿qué se hizo? Navego hacia atrás Caracas se ha dormido lejos del mar. ** Gloria Cepeda Vargas gloriacepe@hotmail.com Escritora y periodista colombiana (Cali). Residió en Caracas (Venezuela) durante muchos años. Ha publicado los poemarios Bajo la estrella (1954), Poemas de los hijos (1960), Cantos de agua y viento (1996, ganador del Premio de Poesía Jorge Isaacs 1995, otorgado por la Gobernación del Valle del Cauca), Carta a Manuel (1996), Poemas del exilio (1999) y En Colombia y ahora (2003). Pertenece al Círculo de Escritores de Venezuela. La Cámara de Comercio de Popayán le concedió en 2006 el título de Personaje Cultural del Año. === Vitrum Mario Morenza ============================================= “Lo que te gusta te da nervios”. Juan Villoro, Materia dispuesta. “Uno siempre se ve invisible en el recuerdo”. Ricardo Piglia, Prisión perpetua. A Adela el primer hueso se le quebró a los siete años cuando corría al colegio para no llegar tarde. El yeso le momificó por dos meses el brazo derecho y se lo firmaron tantas veces que su indescubierta alergia a la tinta le produjo una gripe de cama. Aprovechó el reposo para leerse Las aventuras de Tom Sawyer y aprender a ser zurda. Su tendencia a caerse desde niña se notaba más ya que una caída equivalía a semanas de carreras a hospitales a hospitales a hospitales y farmacias tan surtidas como los colores de su uniforme de primaria: blusa marrón y falda gris. Sus papás, Guillermo y Ximena, optaron por protegerla con rodilleras y casco de skaters. La primera vez que los usó llegó con retraso y al entrar al salón, sus compañeritos pensaron que se había adelantado el carnaval. Guillermo, al verla llegar a casa, dar un portazo, tomarse un vaso de jugo y reventarlo contra el piso con la cara descompuesta por el llanto, entendió que seguir vistiéndola así le acarrearía trastornos psicológicos. Cuando Adela cumplió doce años una tía tuvo el desacierto de regalarle una Barbie enfermera. De la muñeca sólo quedó el cabello, parecía una Barbie post-ataque-de-violación, con toda la ropa deshilachada. No es un misterio que el diminuto uniforme, impecablemente blanco junto a esa maletita en cuyo centro resaltaba la emblemática cruz roja, le rememoró los traumáticos días de terapia. A los trece Adela ya usaba lentes que competían en grosor con las lupas. “Unas muletas para los ojos”, razonó al quinto mes de esa edad con la lucidez de un párroco o el desvarío de un enfermo atosigado de morfina. En fin, razonó, si se puede llegar a razonar a 40 grados de fiebre. Resumiendo, Adela quería sus lentes para releer Tom Sawyer. Adela tenía dos hermanas, o las dos hermanas, Aleida y Aída, la tenían a ella. Aleida, la del medio, exhibía una personalidad que era el opuesto absoluto de Adela. La más pequeña era Aída, cuatro años menor que Aleida y ocho menos que Adela. Los embarazos de Ximena se disponían en perfecta progresión aritmética. Aída no tenía personalidad, o al menos no se podía hablar de personalidad a esas alturas de la vida, era un naufragar de comportamientos entre sus dos hermanas, un naufragar que estaba buscando un puerto donde encallar o estrellarse como los vasos de jugo y brebajes que de tarde en tarde lanzaba Adela contra piso o paredes. En la pubertad, Adela asumió prudencias rigurosas. Caminar por una acera o por una cuerda floja era básicamente lo mismo. Una acróbata tenía tantas precauciones en el trapecio como Adela al subir o bajar escaleras. Ir al baño lo consideraba un deporte extremo. También su vida anduvo por una cuerda floja: de los siete a los quince tuvo veintinueve fracturas, destacan doce en la pierna izquierda y una craneal que por centímetros la deja en coma (aunque a decir verdad, fue otro punto y seguido para su estadística de lo acontecido). A los dieciséis su cuerpo en gran parte estaba rayado por cicatrices quirúrgicas. La playa era un territorio que nunca visitaría, al menos no en traje de baño. Playa era una palabra impronunciable ante ella. Claro, se podía editar un diccionario de palabras-impronunciables-ante-Adela y uno tenía que concentrarse en lo que hablaba para no herirla. Un adverbio de tiempo podía ser devastador. Cuando una amiga mía de cuarto año la invitó a pasar unos días en Cima Mar, me provocó azuzarla ahí mismito, delante de Adela. Pero la cordialidad —o la insidia— de Julia, así se llamaba o le llaman a nuestra condiscípula, redujo la frecuencia de sus fracturas: en cinco meses Adela no supo de yesos ni de clavos y no porque su estructura ósea se fortaleciera. En esos cinco meses Adela se clavó a la cama toda lágrimas y ahhhhh. A partir del segundo mes comenzó a leer y promedió cuatro libros por semana que yo mismo le sacaba de la biblioteca de Centro Cultura. Tres psicólogos desfilaron durante ese tiempo por la habitación de mi amiga. El de más éxito logró recibir una frágil bofetada. Hubo un cuarto que probó con la hipnosis, pero, en la fase media, Guillermo ordenó que parasen vaya a saber por qué. Yo creo saber por qué. Pero también creo que no es importante. O sí, pero ya no ahora, cuando no vale la pena hablar de lo que parecía insignificante e imposible, o de los muchos posibles que creía importantes. A los días de regresar con Julia de Cima Mar, volví a reanudar mis visitas a Adela —o a las hermanas triple A, como les llamó Julia. También reanudé mis clases de guitarra. El mar estuvo verde por allá. Uno nadaba y cuando abría los párpados no podía verse nada. A la noche me ardían los ojos y sentí que unos bichitos me caminaban por dentro de ellos, unos bichitos con patas y manos arponeadas para abrirse paso. Apenas pude abrirlos para ver la nuca y el revoltijo de cabellos del cuerpo que apretaba, la espalda de Julia. “De yo abrazar a Adela cuántos huesos le partiría”, pensé eso y me odié por pensarlo. Los ojos rojos por una semana, por el odio a sí mismos y, claro, el salitre. Gasté tres potes de colirios. Un día la Policosta me detuvo caminando por el malecón para hacerme preguntas necias sobre vicios. Le respondí que qué vicios puede tener Samuel. Al rato me soltaron con una bolsita de manzanilla y otra de hielo. Adela no soportaba la música alta que ponía Aleida. Le atormentaba y empezaba a gemir, como temiendo a que se le rajasen los tímpanos. Un año después del desfile de psicólogos, el 17 de junio, ahora lo recuerdo bien, fue a verme tocar. Yo tocaba guitarra con el grupo del Liceo. Yo, Samuel, aunque ayer no era ni soy el yo de hoy, que recuerda un ayer latente, no sabe cómo desclavarse los recuerdos. Me llaman Samuel y a veces me llamo a mí mismo Samuel, romanos y su aire de simpleza cuadriculada. Adela siempre me hizo poner el demo en el CD player antes de irme. A veces cenaba con ella y Aleida, pero los días que no tenía clases en Centro Cultura. Para ir a clases tenía que agarrar como tres autobuses. Quedaba al otro lado de Intraciudad. De regreso cogía un taxi, si no llegaba a media noche, sobre todo en aquella época de lluvias impredecibles, de atascamientos viales impredecibles, en fin, de impredecibles. La última vez que vi a Aleida no me despedí y, si lo hice, ese gesto estuvo más cercano a vedar un chao o un hasta mañana, me saludas a tu mamá. Después de la Pro que organizamos en su casa las cosas cambiaron. (Los recuerdos me llegan distorsionados y tengo que afinarlos, pensar con los oídos.) Mejor que ni le hable. Si por casualidad abre la puerta, cuando un futuro Samuel recuerde lo que recuerda y piensa ahora, y a la vez que prefiguro a un Samuel inminente, revivo a otro que camina por la vereda y que solía estirar sus pensamientos y adoptar poses poéticas leyendo a Huidobro para robarse las letras y las miradas de sus amigas en el Liceo, y qué pantallero era con la silueta de la guitarra colgándole del hombro. Y si por casualidad me atiende ella, no caer en su poco desarrollado juego de ironías. Le faltan cinco neuronas para ser sarcástica. Es insoportable. (El techo de mi habitación se hace más pequeño, como una pantalla vacía, una foto velada.) El timbre hace creer en la temporada de chicharras. Ah, eres tú, dijo, y el portazo casi me despeina. Noté que tenía el pelo amarrado con una cola. Creo que la envolvía una toalla. Traté de mirar por la ventana pero el reflejo de un sol duplicado me hirió la vista. Me senté en los peldaños previos a la puerta. Al rato sentí la cerradura agitarse. Me aporreó la puerta con saña. Samuel, disculpa, ya puedes subir a ver a mi hermana, ya me estaba preguntando si no venías, dijo, y en eso apareció un tipo como de metro noventa que la agarró por la cintura y empezó a morderle el cuello como a un gatito. Casi tuve que pedirle permiso al monstruo de amapuches felinos para entrar. Éste tenía el pelo mojado. Samuel ya llegó, le dije a Adela, y si estaba dormida o si sólo simulaba estarlo, abrió los ojos lo necesariamente rápido como para que no dudara que había tomado sus pastillas energizantes. Su piel vidriosa —la de sus manos y rostro eran las únicas que no estaban enyesadas— delataba, al menos, la presencia de venas, “parecían culebrillas azules, culebrillas azules y rosadas”. Y una vez se lo dije con toda la ternura de la que me sentí capaz. Si quería piropearle, tenía que triplicar mi prudencia. El comentario la hizo enmudecer. Y las ganas anacrónicas de abofetear a ese Samuel regresan con tal sinceridad que siento mi hígado retorcerse. Ese Samuel, estoy seguro, sinceramente seguro, sintió cómo esa idea se le fracturaba y lo rasgaba con filosas astillas en algún lugar dentro de él. Esos mismos trozos desperdigados de memorias, de pequeñas ideas, me llevan o me arrastran o me empujan hasta ese 17 de junio en que mandé a quitar las sillas para que la gente brincase como loca cuando el concierto entró en calor. Mi decisión ignoró las consecuencias y qué consecuencias si ni sabía que Adela estaba allí entre la bruma de brazos y cuerpos espasmódicos que se flagelaban con su música. Y qué consecuencias si a última hora Guillermo, condescendiente, la había dejado ir, total, tenía como ocho meses que ni un rasguño y el concierto iba a ser en sillas de fiesta: algo inconcebible a fin de clases. En otra rumba que instaló Aleida como delegada de curso, la Pro, Adela sufrió un quiebre psicológico. Sus padres se habían ido de vacaciones aprovechando un puente. Como a las dos de la mañana, Adela se levantó a no sé qué y me vio estrujándole los labios a Aleida —por supuesto que con los míos. Casi todos pusieron cara de pupilas dilatadas cuando apareció en camisón de dormir, al menos los que únicamente habían oído hablar de cuando no me consigo y más que llamarme grito mi nombre, por otro, un nombre secreto que sólo Adela conocía. Aunque no sé si a su hermana, o a sus hermanas, con el tiempo, con los imprevistos, las habrá puesto al tanto de mi nombre (falso). Me sentí un poco culpable por lo ocurrido, no en la Pro, sino en el concierto. Llega el momento de que yo sea él, porque yo no soy el mismo de hace diez años ni 17 de junio y más cabello. No es fácil. No es fácil. Uno se ve invisible en los recuerdos. El Samuel inmaduro, con ganas de triunfar de aquellos años, convenció a los padres de Adela para que ella fuera a verme. Siempre le había contado lo de los ensayos y que iba todo en marcha. Sacamos como diez demos para repartirlos a las disqueras, pero no tuvimos suerte. Y si no hubiera sido por el toque del viernes pasado, no recordaría tantas cosas que creía olvidadas. Cada uno de nosotros —somos dos y fuimos cinco: teclado, voz, bajo, batería y guitarra— se quedó con un demo. Yo el mío se lo presté a Adela, ya por el tiempo podía considerarlo un obsequio. Y hablo de y recuerdo el ’99, tan lleno de todo, tan última cifra, graduación. Recuerdo las veredas con sus números Adela. Lo que hizo fue gritar que ella me llamaba por mi nombre secreto y que nadie más que ella lo sabía. Comprobé el alto grado de insensibilidad de Aleida pero igual seguí estrujándole los labios. Le serví otra bebida o creo que le di un poco o un mucho de la mía. Descubrí que su sensibilidad la tenía en la nuca. ¿Te estabas haciendo la dormida, Adela?, le pregunté. Hoy hablé con Julián y está desesperado —dijo. Sabes cómo es él. Nunca está de acuerdo y espera a que yo diga algo para irse por lo contrario. Y le digo que no le conviene. ¿Tú crees que se divorcie?, preguntó y yo le pregunté que cuál canción quería que le tocase Samuel. —Menos yo... En el coro se me reventó una cuerda. Adela empezó a gemir como si a ella se le hubiera reventado un cartílago. Se debió escuchar en toda la casa. Aída surgió de debajo de la cama y se quedó en el umbral. Tendría como ocho años. Asustada. No intentó entrar después. Suplí la cuerda y Adela, en un arranque de vanidad, dijo que ya había suficiente música por hoy y que mejor leyera un cuento de Felisberto Hernández que me atrapó. El libro me lo llevaría ese día para que no le cobraran mora. El cuento trataba de unas muñecas que aparecían o desaparecían. Leí concentrándome para pronunciar bien cada palabra. Sólo quebré la voz cuando sentí la puerta de la calle abrirse y cerrarse y la del cuarto abrirse y la señora Ximena que pareció atrapada por el cuento también. Eran como cuarenta páginas y a razón de dos minutos por página, en menos de hora y media terminaría. Samuel tiene sed, me acuerdo que dije para ahuyentar el pudor y las fluctuaciones por dos hojas. Ximena trajo limonada y le dije que era alérgico a los cítricos. ¿Y eso?, preguntó y le contesté que mi garganta se irritaba con tan sólo unas gotas de naranja. Fue por agua y allí seguí leyendo. Antes de irme hablé con Ximena. Hablé mucho rato. Hubo un momento en que la conversación se volvió inaguantable (para mí y posiblemente para ella). Un diálogo construido con puras palabras protocolares. Siempre apliqué con los papás de ellas ese código oral, el diplomático, el que acostumbran en las embajadas o en los actos políticos, en fin, el protocolar. Entre tantas hijas hembras quizá ya habría perdido, aparte de la posibilidad de un hijo varón, el roce con uno. Tal vez me veía como a un hijo o me trataba como ella quizá hubiera tratado a un hijo. Yo miraba intermitentemente hacia la puerta, a ver si llegaba Aleida mientras conversaba, o creo que me limitaba a escucharla y agregar, también, intermitentemente, algunos ajá. Pero esa puerta carecía de propiedades adivinatorias. Ximena pareció advertir que la escuchaba desde una nube y se despidió de mí con un beso maternal, un beso en la frente, para afianzar sus sentimientos filiales y dijo que aprovechara las clases, que no todo el mundo podía tomar clases de guitarra, o no todos los que consideraban a la guitarra el mundo. Le sonó a haikú lo que le dije. No te olvides de tu sobre, Samuel. Nos vemos el jueves y apúrate, papá, que llegarás tarde. Y más extraño le sonó ese papá, invirtió el escalafón filo-artificial que yo infería, colocándome en un peldaño superior al de ella. Después se puso a llamar a Aída a quien no encontraba. Recogí mi sobre que estaba visible en la mesa. Recuerdo que lo abrí antes de llegar a la parada de autobuses para completar el pasaje. Al irme, o no sé si fue el lunes o ese mismo día, corrí al baño y vi, mientras orinaba, unas pantaletas de Aleida, diminutas y húmedas de sudor o de agua de ducha. Tenía el pelo amarrado con una cola. Y creo que la envolvía una toalla. Aún las conservo. Quizás las mismas que alguna vez le arranqué en ese mismo baño al que me arrastró o me empujó un fin de fin de semana, como si fuera una cápsula desconectada de toda la casa, donde nadie podía acceder ni sospechar. Ella hacía ejercicio y creo que esperaba a que alguno de los psicólogos terminase su sesión en la para ese entonces concurrida alcoba de Adela. Aleida se colocó frente a mí, en la sala. A mitad de una serie de abdominales me pidió ayuda: Apóyate sobre mis pies, Samuelito, para que me hagas peso. Arriba y abajo, arriba y abajo. No pasaron muchos minutos cuando ya paraba y estoy muy mamada, me duele la ingle y tengo un morado que ni sé cómo. Se subió el body para que advirtiera un hematoma. A esa acumulación de sangre extravasada le sospeché su origen en un pellizco de su amante de turno. Estaba sudadita, en la alfombra. Mansa y que aquí no, que en el baño. (El baño donde bajé la palanca del inodoro). Le ofrecí la toalla para secarle el sudor. La rechazó. (Abrí el grifo. Me lavé las manos) Terminé agarrando las pantaletas. (La toalla para secarme las manos y los gritos de Ximena llamando a Aída, tocando la puerta. No, no, señora, es Samuel, señora Ximena). Y tuve que salir al rato y ella se quedó. Todo tuvo el espasmo de lo que está a punto de no ocurrir. Pasó mes y medio después del 17 de junio y los papás de Adela se fueron de viaje para Houston, con las muchachas. Y lo que son las cosas. A la semana la Intraciudad estaba bañada en sangre, como si la hubieran pasado por un spremipomodoro. Vidrios quebrados por todos lados. Se respiraba. No se respiraba. Se respiraba. La gente evitaba respirar, como si entre la incertidumbre y el aire hubiera un muro que las hacían dos actividades disociadas. Mi familia y yo tuvimos que partir a casa de mis abuelos, una casa grande y hermosa, llena de terrenos para el cultivo, y, sobre todo, llena de hipotecas. La pantaleta de Aleida me trajo problemas con mi madre cuando desempacamos. No volví a ver a ninguna de las hermanas triple A hasta el mismo tiempo que llevo recordando lo que pensaba olvidado. No supe nada de más nadie. Recuerdo que traté de llamar a algunos compañeros de Liceo y del grupo. Nunca las líneas agarraban, o sonaban cinco, seis, diez veces y caían. Luego me enteré de que fueron cambiados todos los números de Intraciudad. Pero ya hemos vuelto. Tenemos dos meses aquí. Nos vinimos con los abuelos: la deserción territorial se revertía. La casa en Intraciudad estaba intacta, algo inusitado y aterrador, como si el tiempo no hubiese pasado. Fuera concluí mis estudios de guitarra. Al llegar aquí no me costó encontrar al bajista, vivía a pocas cuadras de casa. Era al único, de hecho, a quien podía encontrar. Los demás estaban muertos o desaparecidos. Desaparecidos: un eufemismo que en vez de aplacar a Samuel lo que hizo fue revolverle el estómago y por la mente sintió una sacudida de recuerdos, ser un desaparecido es estar doblemente muerto. Samuel dijo que qué mierda y se sintió un poco culpable. El bajista no le reprochó nada, que él también se había ido. Tarde, pero que había podido irse, que regresó hace tres, cuando la situación mejoró y tenía un grupo y necesitaban un guitarrista, que quería verme tocar, que cómo estaba, que sentía lo que había pasado, que en dos semanas podían tocar, que las cosas le iban de mal en peor y necesitaba dinero para pagarle la escuela a un hijo que tuvo con una compañera de Liceo de la que yo nunca me acordé. A una semana del concierto, teníamos cartelones pegados por toda Intraciudad y anuncios en la prensa. A Samuel se le reventó la cuerda La, y las dos últimas canciones las tocó con la escala musical mutilada. El público estaba tan embriagado que no se percató siquiera de la trifulca a la orilla de la barra. Desmontaron los instrumentos. Metí la guitarra en la camioneta del bajista y regresé al local. En la barra pedí una cerveza. Una chica se me acercó tanto que, presumí, anhelaba tejerse a mi chaqueta. La sostuve y sorteé sus pasos entre la alfombra decorada con esquirlas de botella y un manchón rojo, casi simétrico, que imitaba al test de Rorschach. Ella allí siguió rozándome, como queriendo esbozar una nueva coreografía. Su maquillaje y demás emperifollamientos hacían pensar que había asaltado los vestuarios de un circo dark punk. Por las prendas y accesorios no era difícil pronosticarle una tortícolis. Debería preguntarme cómo te llaman, dije y ella contestó que me conocía, que sabía quién yo era pero que quizá no me acordase. Los ojos de la muchacha más que hablar, parecían gritarme, como si en lugar de retinas hubiera cuerdas vocales detrás de ellos. La mirada le confirió un aire de desamparo que me sedujo. Ya en la camioneta le pregunté que cuál era el enigma. Una respuesta fue sustituida por un gesto que parodiaba a una mujer fatal de un filme de mafiosos: el mecanizado encendido del cigarrillo. ¿Qué edad tienes?, le pregunté. Como 19, contestó. El inquietante “de verdad no sabes quién soy” que siguió le sumó diez años. Y yo como 37, le mentía, le mentí irónicamente. Interesado en el cómputo de su edad ahora me interesaba en deslizarme al fondo del enigma. En los minutos que tardé en llegar a una posada sólo me deslicé por calles. No supe qué decir. Le sugerí que jugáramos a adivinar y ella me advirtió que se caería de espaldas si acertaba, o si ella misma me revelaba el enigma. “Igual, el resultado va a ser el mismo”, dijo, repitió, como tres veces. Luego atacó con una frase prefabricada: La cama amortiguará la caída. Su propuesta estuvo acompañada por un carrusel de volutas de humo y por mi breve descontrol del volante. Ella rió con un desparpajo que irrespetaba decibeles. En efecto, el vaticinio newtoniano se cumplió. Caí. Cayeron mis recuerdos uno a uno hasta hoy que me estoy contando todo esto tirado en mi cama. Y hoy, este Samuel, desplomado, mirando al techo, desclava de su mente algún otro indicio de aquellos años. Y sólo se topa con una superficie blanca y plana, sin líneas que delimiten un norte o sur, sin señales que indiquen los pasillos de esta memoria mía y tan ajena. Ibas a mi casa —dijo— dos o tres veces por semana a visitar a Adela. Te sentí una vez entrar al cuarto de baño con Aleida. Yo solía jugar al escondite conmigo misma y así pasaba horas, hasta que se daban cuenta de mi ausencia y vueltas por aquí y por allá y al fin me encontraban. Yo estaba en la bañera una vez que entraste con mi hermana. Las puertas corredizas me ocultaban. Ya había visto a Aleida que entraba al baño con otros muchachos, pero nunca desde dentro. A ella le faltan dos semestres en arquitectura y quedó seleccionada para el proyecto de la reconstrucción de Intraciudad. Le van a pagar bien, dijo. ¿Y Adela?, pregunté. Ella se fue hace dos años, unas semanas antes de la desocupación de Intraciudad. El ochenta por ciento de su cuerpo era de prótesis. Estaba convertida en un monstruo, candidata segura para una posible nueva versión de Freaks. Le habían quitado los brazos. Yo no sé cómo mi papá la dejó sufrir tanto. Cuando nos fuimos a Houston, a ver si podíamos operarla, yo estaba muy chiquita y esto lo supe por mi hermana. Quedamos mal económicamente. Los médicos dijeron que sí, que todo saldría bien. Todo indicaba que valía la pena. Lo único que hicieron los hijoeputas fue facturar y fracturarla. De la operación Adela salió en coma. Ella, días antes de la Vitrum, la segunda operación, tenía cámaras por dentro que monitoreaban cómo se le movía todo, lo que faltaba era que proyectasen lo que ella pensaba. La agarraron de conejito de indias. Cuando salió del coma, lo primero que hizo o lo único que hacía era repetir el nombre de un chamo. Mario, Mario, Mario, el nombre. No sé si sería de las historias que se contaba y nos contaba a todos. Los medicamentos eran fuertes. A veces decía el tuyo, Samuel, Samuel, Samuel, que pusieran el demo, que la fueras a ver, decía, gritaba. Aída se echó a un lado y adoptó una figura fetal, se quedó inmóvil y callada, como si sus pensamientos estuvieran jugando al escondite. Luego agregó: Hazme lo que le hacías a mi hermana. Tengo la guitarra en el carro, le dije. Y ella dijo: No, tontito. A Aleida. Gustabas a mis hermanas. No paraban de hablar de ti. Aleida no fue al concierto, porque no estaba segura de que eras tú y pensaba que eras “desaparecido”. Cuando le pregunté si estaba bajo el efecto de algo, optó por quedarse callada. Cuando me preguntó boca abajo, con la voz desentonada y soportando mi peso, si me acordaba de ella, redoblé mis embistes. En la mañana la acompañé hasta una estación de autobuses. Me dio su dirección. Su nueva dirección. Hoy, en la tarde, fui a su nueva casa. Me atendió una mucama. Me hizo pasar y que por favor tomara asiento y esperase a que Aída se arreglara para recibirme. La mucama me ofreció jugo de naranja o parchita, que cuál gustaba. Le dije que nada más tomaba agua, gracias. Al rato llegó Aída. Hablamos. Me siguió contando todo. Me dijo que sus papás estaban de viaje y que en Houston estuvieron a punto de separarse. Me dijo que quería estudiar diseño y montar una compañía con su hermana. Me dijo que era una mierda, no Aleida, sino ella. Me dijo que necesitaba ayuda y que si yo la podía ayudar. Me dijo que estaba sola. Me dijo que el mundo estaba dentro de ella, que le dolía como debe doler un tumor. Me dijo que no me fuera a las seis sino a las siete, que le hiciera compañía. Nos pusimos a escuchar música. Entre los discos encontramos el demo que le presté a Adela diez años atrás y daba por regalado. Me lo devolvió. Acabo de terminar de escuchar el demo. La guitarra estaba algo desafinada. ** Mario Morenza jedyknight70@hotmail.com Narrador y cronista venezolano (Caracas, 1982). Actualmente está por presentar tesis en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve). Ha participado en los talleres literarios de Luis Felipe Castillo, de crónicas de Alberto Barrera Tyszka y Escribas de narrativa, bajo las riendas de Oscar Marcano. Es creador, coorganizador, guionista y animador de los Fotorecitales en la UCV. Ha obtenido el Primer Lugar CVA 60 años (2001); 2º lugar en el Festival Literario UCV (2002), por Crímenes más sazonados; 2º lugar en la Bienal de Cuentos de la UCV (2004), por su libro Extrañas siluetas; mención de honor en el Primer Premio Nacional Universitario de Literatura (2004), por su libro de cuentos MM; ganador del Concurso de Crónicas de la UCV (2005); finalista del concurso Sacven 2005 por su relato “Vitrum”, y el Premio Artístico Cultural UCV (2006). Mantiene los blogs El Blogque 4 (http://elblogque.blogspot.com) y Las Frases de la Semana (http://lasfrasesdelasemana.blogspot.com). === Poemas Johnny Barbieri =========================================== *** Diez Cuatro espaldas decrépitas componen las paredes de mi casa los ojos miopes son las ventanas por donde entra el verano con sus viejas trivialidades ya olvidadas la puerta es una enorme boca con incisivos amarillos hay una oreja roja diseccionada una luz tenue dispersa y un surco de centellas abriéndose paso por donde crece la hierba En una de las espaldas he pintado el mar y sobre ella un navío en llamas y sobre el navío un caballo de obsidiana huyendo despavorido por el campo En mi sala hay muebles de cristal una mesilla de mimbre dos candelabros y una utopía despedazada tirada por el suelo En la ventana tengo una estatua de sal de Dios en el horizonte creando el mundo allí está la griega mirándonos a través del vidrio allí están sus grandes ojos buscándonos de lado a lado por toda una vida Tengo un perro con espuelas y con la noche rabiosa es negro y tiene hormigas en la espalda En mi habitación hay veintitrés flores petrificadas un rayo clavado en el suelo algunas calles desconocidas por donde voy huyendo de la noche Tengo por espejo un lago una hielera de días de invierno cuatro ranas muertas colgando de la vieja vitrina Hay un desierto al este por donde sale el sol por ratos camino a solas recordando cosas y cosas hasta que llega la hora de volver y estoy solo solo otra vez con un atado de nervios y un silencio sepulcral quizás hubiese preferido abandonarlo todo ir a París puntual a los diecisiete años casarme con la griega en Santander dosificar mejor estos martes interminables Pound estaría mejor acomodado en mi cajón y yo ya no estaría buscando a nadie por estas cuatro paredes del cuarto donde me desangro hasta morir. *** Diecisiete Un ataúd para Rosa Vrúbel busco un ataúd rojo para sus escupitajos una hora del día para construirle el camino por donde irá exhumando muertes Rosa náutica Rosa ascética Rosa agnóstica toda rosa reluciente María Rosa Vrúbel tuvo para sí los fantasmas que llegaban por las tardes y se tragaban la luz de sus ojos Cogí una rosa del jardín y la rosa me clavó sus espinas y me cortó las venas habitó mi alcoba mezcló su sangre con la mía se amarró a mi cuerpo por siglos La rosa se hizo un puñado de lumbre e iluminó la vida mi vida esta vida que escogí para vivirla tirada hacia las cosas que más amo hacia la real irrealidad de siempre allí donde estoy atado a tu piel a tus entrañas a tu Cracovia natal Rosa Vrúbel tiene la edad de la media luna el cuerpo de los quejidos que nadie soporta tiene por sueño la podredumbre de los pasos que se van para no volver de las mariposas que vuelan y se parten en dos en DOS largos gritos Es dos de octubre y los árboles se parten en dos dos veces en dos las rosas en dos los caminos por donde regreso a casa Rosa es la noche dos veces Rosa las constelaciones dos veces El recuerdo de Rosa crece en este rincón donde está pintada con sus senos pequeños sus violines sus murciélagos su migraña su cárcel sus balas sus tatuajes sus traumas y etc etc etc. *** XXXVII Un candelabro alumbra Europa desde aquí lo veo desde esta terraza anacrónica donde el horizonte nos muestra Lima bajo un invierno gris allí creció tus sueños de recorrer el mundo pero aún estás aquí entre nosotros comprando los colores más intensos para pintar Europa con sus ciudades y sus mares y pintarle nuevos ríos y nuevas llanuras barcazas de hojalata para echarlas a andar por el mediterráneo de papel serán los murciélagos las islas serán violetas con cadáveres de pájaros del subterráneo harás crecer alambreras con buitres colgados y crearás rascacielos pondrás alas a los lagos de negro pintarás las lamentaciones las tinieblas lo harás verde safari la espina dorsal del continente sangrará sangre azul los frutos crecerán por el septentrión el Sena se levantará y huirá por los Pirineos Europa será un horror un horror que tú quisiste crear un bello horror que se fue contigo. *** Indrani en tus ojos Un hoyo al sur intangible que fue abriéndose para mirar el mundo, las variaciones ascendentes de una naturaleza presente en tus ojos. Una voz de mujer anunció el inicio de la transformación, ahora está allí [dibujando el cielo sobre el tapiz de las paredes, clavando aquellos [cuchillos sobre su pecho en un ritual de iniciación. Indrani está en la hierba edificando una casa bajo un piano, llamando a [Galba que se oculta en esa choza polvorienta de esteras rotas donde [ayer colgaba las cicatrices de su cabeza, estaba desnuda multiplicándose, delineando sus formas con los cosméticos viejos y las [cenizas de aquella tarde muerta en sus manos. Un hoyo al sur sobre la polvareda la recuerda, una belleza eterna tirada [hacia atrás por el viento que levantaba sus cabellos, los muérdagos [bajo los pies, la rafia celeste que hacía el cielo, la línea bifurcada hacia los extremos de su ser y la nada, la recuerda esta cuesta arriba hacia el infinito que no termina. La luz de la vida no estaba en sus ojos, estaba en el bus yendo al Nirvana. *** Un cisne sobre un lago púrpura Un cisne que cuelga del lago trasluce la magnitud del día y la noche, el otoño de los años enumerados que es la suma de este horror que todo lo contiene. Un bosque de albas emerge de lo oscuro donde tus miedos están acumulados en [un rincón. El lago hecho de pedazos de periódicos envuelve tu desnudez. Tu cabeza [púrpura se yergue ante mis ojos, tu cuerpo flota en medio de la [noche mientras doce cisnes te rodean en una danza infinita. Una ventana se abre en el aire para que el mundo te vea, hay muertos [flotando en el lago boca arriba con los brazos extendidos. Nadie los [ve. Un poco de luz se derrama a lo largo del día mientras danzas una música [hindú que lo alcanza todo. Hay arrugas en tu piel, dos puntazos de lanza en tu cráneo, cicatrices de [partos y sólo a ti te preocupa la menopausia que no te deja bailar [como antes, pero estás vieja y eso todos lo saben. Mañana será domingo y estarás mejor, recordarás aquella estación de los [iniciados que simbolizaban utopías hechas a mano. El espíritu liberado que ahora teje recuerdos al borde de un lago púrpura que se nos va por entre los dedos. *** XXXV Virgen de basalto en este día cargado de muerte te pido que guíes los pasos de Eleanor te pido que le bajes los frutos porque ella es pequeña desquiciada no tiene ojos está decrépita y se desangra. ** Johnny Barbieri johnnybarbieri@gmail.com Poeta y editor peruano (Lima, 1966). Estudió lengua y literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV, http://www.unfv.edu.pe) y sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM, http://www.unmsm.edu.pe). En 1990 con un grupo de amigos activó la agrupación poética Noble Caterva (http://noblekaterba.blogspot.com). Además integró en 1995 La Mano Anarka, un grupo de resistencia contra la dictadura y la intervención universitaria. Ha participado en múltiples recitales y ha publicado en diversas revistas y diarios del medio. Ganador del premio Horacio con la obra Viajando a Nairobi (2003). Es autor de los poemarios Branda y la Mesón de los Pandos (1993), El libro azul (1996), Maka (1999), Jugando a ser Dios (2000), Carne de mi carne (2002), La Virgen Negra (2003) y Libro hindú (2005). Estudió la maestría en literatura peruana y latinoamericana en la UNMSM. Preside el proyecto editorial Casa Barbieri Editores. === El devenir de la vida Ligia Valladares Expósito ================== Siempre supo que se casaría con un abogado. No sé por qué, pero hay gente así. Desde que son jóvenes, saben encauzar sus vidas. Lo que no sabemos es si el cauce es bueno o malo, porque el camino es largo y puede haber muchas sorpresas. Pero ella lo tenía muy claro. Luego resultó que el marido se fue con otra. Pero bueno. Lo que dijo se cumplió. Se casó con un abogado. Durante varios años fueron felices o por lo menos eso parecía. Era de buena familia. Me refiero económicamente, porque de lo demás, lo desconozco. Se dice de familia “acomodada”. Y en esos círculos, es probable que lo conociera. Y como ella era bastante agraciada y con mucho desparpajo en el hablar, pues me imagino que no sería muy difícil llevar a cabo su conquista. La verdad es que con veinte años y con esas características, hubiera caído en sus redes cualquier hombre. Y hasta cualquier mujer, si hubiera sido en esta época. De todas formas, como ella decía: “Yo suelo tener dos velitas encendidas, por si se me apaga una”. Al principio no la entendí. Luego ya me lo explicó. Tenía dos hombres rendidos a sus pies, por si uno le fallaba. Los dos abogados, por supuesto. Y yo, ni una pobre cerilla que me alumbrara, aunque fuera un ratito. Hay que ver, este mundo no cambia. Siempre diferencias. Diferencias abismales y diferencias sutiles. Pero siempre diferencias. Se casó con el abogado más guapo y más rico. Tuvieron dos hijos, abogados los dos. Pero el tiempo y la vida no pasaron igual para ella y para él. Por ella y por él. Ella, cada vez más gorda, estancada en su puesto de trabajo, cada día más acomplejada y menos interesante a la vista de los demás. Él, cada vez más consolidado en su puesto, más elegante, más canoso, es verdad, más viejo pero más sabio, más interesante a la vista de los demás. Sobre todo de su secretaria, una chiquita de veintitantos que estaba coladita por él, y en cuyas redes cayó sin pensárselo mucho. Y sin pensar en las consecuencias que llevaría a su familia cuando los abandonó. Fatales consecuencias sobre todo para ella, porque sus hijos supieron reponerse pronto de ese golpe tan brutal. Después de todo, ahora pienso que ella escogió el cauce equivocado. Quiero decir el hombre equivocado. Y yo tengo que estarle agradecida. ¿Por qué? Ya se lo habrán imaginado. Al final, y antes de que apagara la segunda velita, la cogí yo. Como lo oyen. Yo, que no tenía quien me alumbrara al principio, con el tiempo tengo hasta luz eléctrica, aire acondicionado y todo lo que conlleva una vida “acomodada”, con la diferencia, además, de que el abogado pobre y feo que ella despreció, se ha convertido en un cisne blanco, o en un mirlo blanco, como prefieran, que vale un Potosí, y que me tiene “como oro en paño”. A ver cuánto me dura. ** Ligia Valladares Expósito livaex@yahoo.es Escritora española (La Laguna, Tenerife, 1952). Es funcionaria y su obra permanece inédita. Mantiene el blog Despertares (http://livaex.blogspot.com). === Poemas Beatriz Milne Rotundo ===================================== *** Romance a tus ojos Tus ojos, siempre tus ojos escrutando mi mirada, brillando, siempre brillando de tarde, noche y mañana. Tus ojos, siempre tus ojos clavados aquí, en mi alma, ardiéndome con su fuego prometiendo a mi esperanza. Amados ojos amados, de la silente llamada, de la constancia perenne, confirmación sin palabras. Mirada firme y oscura de la pasión incendiada, del amor por sobre todo; sólo el amor y más nada. Oscuridad en tus ojos que se aclaran con el alba, luego de amar, transparentes, sus viejas ansias descansan... Ojos que saben guiarme en este amor, enredada, como eterna cruz del sur a toda nave lejana. Mirada viril y noble que custodia mis andanzas, que siempre está y me permite pasear la senda confiada. Mirada honda y paciente de tu corazón fontana, sin malicia ni veneno, de mi sendero atalaya. ¡Tus ojos, siempre tus ojos de ardiente y votiva llama! Cuando voy cruzando el mundo me miran pupilas claras, sin embargo yo me quemo en el calor de tus brasas, y encuentro en ti, ojos negros, mi aspiración realizada. *** Tiempo perdido Me dicen que estas horas son perdidas, porque es perdido el tiempo de escribir. Que la vida apurada ya en partir no se distrae en idas y venidas. Que las horas gozosas o sufridas ya se despeñan, ya van a morir; que tan sólo hoy existo. Transcribir esperanzas, deseos, otras vidas, otros amores, otras dimensiones —que van del misticismo a las pasiones— es de todo mi afán la dulce meta. No importa lo que el tiempo haga conmigo seré siempre feliz, si yo consigo que en mi lápida pongan: fue poeta. *** Portón del Regimiento 7 de Infantería A mi hijo Sergio Omar Rotundo, ex combatiente de Malvinas. ¡Allí está el Portón! Por él salieron, en fatídico atardecer los camiones repletos de niños asombrados que llevaban a la guerra. En sus ojos el asombro de no saber por qué, de no entender qué estaba pasando. De él partieron hacia muy lejos, hacia el Sur, hacia las Islas. Con él quedaba aquí, la familia, los amigos, la facultad, alguna noviecita... En él pensaban como en la puerta del dorado paraíso, cuando dormían en el pozo, entre el barro bajo el constante bombardeo con hambre, con frío, con desidia. Él aparecía como la brillante estrella de Belén que los guiaba de regreso a casa mientras cruzaban el mar prisioneros en un barco inglés. Y algunos... a él volvieron; en otro atardecer de risas y llantos entremezclados. De abrazos y besos. De un repetido hasta el cansancio: “Gracias a Dios”. Viejo y glorioso portón; mientras todo tu entorno cayó tú sigues de pie. A ti llegamos cada 2 de abril con una flor en la mano. Flor de dar y pedir. De dar gracias por el hijo nuestro que regresó. De pedir la paz para los hijos de otras madres que no volvieron. Paz para esos pimpollos de dieciocho años que no alcanzaron a abrir sus corolas multicolores. Y allá quedaron, durmiendo bajo el arrullo del viento helado. Soñando y soñando por toda la eternidad con volver a ti viejo portón. *** El ángel azul Si algún ángel azul hoy te visita y te sopla al oído una esperanza, embárcate confiado en esa andanza y camina el camino al que te invita. Si ese ángel azul es quien te grita: ¡Aférrate con fuerza a mi confianza! no lo dudes mi amor y sin tardanza acompáñalo ya. Con él transita —olvidando el engaño agazapado en oscuro sendero del pasado— un nuevo amor, cual ruta iluminada. Soy la mujer oculta tras tu sombra. Soy esa voz que pertinaz te nombra. Seré el ángel azul... si soy tu amada. *** Desdén Si mi sangre te llama en su delirio si mis ojos se ciegan por mirarte si toda yo soy una sed de amarte; no puedes condenarme a este martirio. Tú, lejano y soberbio cual un lirio vas ignorando amores, sin fijarte cómo muero por ti. Enamorarte fue el supremo deseo y como un cirio se consumió mi vida en el intento. Nadie torció el designio de quererte ni pudo sofrenar mi sentimiento. Tú no vienes y el cielo ya no es cielo; se oculta el sol cubierto por el velo de tu desdén, que me condena a muerte. ** Beatriz Milne Rotundo frotundo@credil.com Escritora argentina (Saladillo, Buenos Aires, 1937). Radicada desde su niñez en La Plata. Maestra normal nacional y catequista. Pertenece a varios ateneos literarios de la ciudad. Publicó su poemario Tiempo perdido, que mereciera la Faja de Honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia (SEP) en 1994-95. Textos suyos aparecen en las antologías Doce monedas de plata (1991), Campanarios de vientos y palomas (1993), Cuentos entre tilos y diagonales (1994), Tiempo de vendimia (1995), Casa abierta de City Bell (1994), Primera antología poética hacia el Mercosur (1996), Diagonales, tilos y ...poetas (1995; editada por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de La Plata) y en la antología internacional Gente de paz (2001). Ha recibido más de 30 premios y menciones en certámenes locales, regionales, nacionales e internacionales en los géneros de cuento y poesía. Ha participado en paneles poéticos, mesas redondas, exposiciones de poemas ilustrados, audiciones radiales y televisivas y en diarios y revistas. Algunos de sus temas han sido musicalizados. === La barra Alejandro José López Cáceres ============================ La que me hizo el gordo Reinaldo nunca la voy a olvidar. Todos los viernes nos encontrábamos en la salsoteca Zippo’s Passion y nos instalábamos en la misma esquina de la barra, atentos, simpáticos, resueltos incluso con cuanta hembra se apareciera sola; y como corrían tiempos de liberación, llegaban bastantes. Algunos decían que el sitio no era gran cosa; pero la música, hermano, eso sí era melodía. Ahí no estaba permitida la melosería romanticona que ponen ahora en la radio: nada de merengues ni vallenatos; el reguetón y el hip-hop, a kilómetros. Eso era un santuario. De Richie & Bobby lo que quisieras, lo mismo que de la Fania, Lebrón Brothers, los finaditos Héctor y Celia; en fin, vos sabés. O sea que de lo último que sonaba, muy poco. Excepto Los Van Van y eso no hay que explicarlo: el mérito habla solo. ¿Y quién fue llegando? Un terremoto de mamacita. ¿Y dónde se parqueó? Aquicito no más, en la mitad de la barra. La chequeé ahí mismo: jeans negros, blusa roja bordada en rojo, de flores, manga larga y cuello alto. Los collares iban por fuera y vos le pillabas la clase de una. Le miré los pies y claro, tacones negros, altos, destapados. ¿Las uñas? Pedicura escarlata con grabados brillantes. A lo que pude despabilar, me volteé hacia el gordo Reinaldo y estaba en las mismas. —Cerrá la boca, que se mira es con los ojos —le dije. —No, pues, menos mal que vos la tenías muy cerrada, ¿sí o qué? —Tocó brindar —propuse exaltado, levantando una copa de ron y pasándole otra a Reinaldo—; a ver si el niño Dios me trae una de esas. —Yo conozco esa hembra. Eso era lo que me enverracaba del gordo: lo bocón. Nunca lo había visto engancharse a ninguna; pero, según él, mujer que no tumbaba la dejaba al menos chapaleando. —Ya vas a dañarle la reputación a la pelada —me le planté—; mínimo me salís con que te la vacilaste. O que es fufurufa... —En serio, Kike, la historia de esa hembra debe de ser tesa. —Cómo así que “debe de ser”. ¿Viste? Vos sos un inventón. Me dio piedra con Reinaldo. Si iba a echar cuentos, pues que los armara bien; pero que no me creyera pendejo. Tomé entonces la decisión: le caería a la mamacita de una, sin preámbulos. —¿Bailamos? —Bueno. Sentí que la suerte estaba de mi lado cuando oí la descarga de percusión y trompetas con que arrancó el disco. Mucho tema. De todos modos, empecé a bailar suave, cadencioso. A las hembritas elegantes nunca les han gustado los manes arrebatados. Me dediqué fue a admirarla, con disimulo: tenía el cabello negro, largo, ensortijado. ¿Los ojos? color miel. La boca sí tuvo que haber sido que mi Dios se dedicó a perfeccionársela porque era un milagrito colorado. La temperatura sube, sube... Sube la temperatura. —¿Y vos cómo te llamás? —Samia. —Mucho gusto, yo soy Enrique —le sonreí—; pero mis amigos me dicen Kike. La danza estaba bacanísima. Que-sube-la-tempera-que-sube, sube, sube-la-tempera-que-sube, sube, sube... Sube la temperatura. Ahí fue que traté, entre un paso y otro, como sin más, preciso antes de empezar a hacer las vueltas, de deslizarle casualmente mi mano por la espalda; pero Samia se pegó una timbrarada tenaz, se quedó parada en la mitad de la pista y me miró ofendidísima. Yo me alcancé a asustar: —¡Qué te pasó! —Si no querés que te deje bailando solo —refunfuñó—, no me volvás a tocar así. Quedé tan achantado que el resto del disco lo terminé fue de puro caballero. Después me fui a mi sitio, callado. Reinaldo me recibió con un trago. Me di cuenta de que se la había pescado toda apenas me soltó la pregunta a quemarropa: —¿Qué te dijo? —No, nada, que estaba como indispuesta... —Huy, sí, y yo soy Brad Pitt... —Dejá de ser insidioso, gordo —lo frenteé duro—; parecés una vieja arrabalera. Preferí cambiar de tema; de cualquier manera, Reinaldo era amigo y no valía la pena amargarnos el rato. Pero la noche como que estaba para chascos porque un estruendo ni el verraco tachó de repente la melodía, me espantó el zumbido del enojo y puso a todo mundo pilas para la huida. Claro que la calma regresó de una. Simplemente, un mancito que se había emborrachado en la otra punta de la barra se quedó dormido con los brazos y la cabeza sobre el mostrador. ¿Y entonces? Pues que esa mierda se le desfondó. A cual más se tenía la barriga de la risa. Los de seguridad corrieron a alzarlo, bajaron las escaleras con él en guando y lo sacaron a la calle. La pelea y el bochinche... No me hacen falta, no me hacen falta. Lo encaramaron ahí mismito en un taxi. Mientras tanto, una montonera de gente nos apretujamos en las ventanas para curiosear al pobre imbécil. Tirijea para allá, que tirijea para acá, ay, no, no... No me hacen falta. A lo que quisimos retomar la rumba, pillamos a los del personal de Zippo’s Passion recogiendo la escombrera, apurados. Yo no había caído en la cuenta antes de que el local fuera una antigua bodega. La acondicionaron pintando los muros de azul encendido y rellenándolos con afiches de orquestas y cantantes. La cosa era que el pedazo de barra que se había desbaratado dejaba al descubierto el interior del bar: zócalos descascarados, envases desocupados, baldosas cuarteadas, refrigeradores remendados, cables enmarañados. Me dieron ganas de mirar para otro lado, pero descubrí que las mesas también tenían su historia: la superficie y la base eran de madera, redondas, simétricas; estaban unidas entre sí por un cabo muy grueso en posición vertical; y las habían rodeado de butacas sin espaldar. Mejor dicho, antes que mesas habían sido tubinos industriales para enrollar alambre. —Mucho güevón —oí que dijo Reinaldo. —Más lo serás vos... —Calmate, hombre —me interrumpió—, que estoy hablando es de ese pinta que se emborrachó. —Ah, eso sí. —Esa es la vida, viejo Kike —siguió con su comentario—; el que se duerme, pierde. Francamente, me dio pena con el gordo porque ahí se me había echado de ver lo prevenido, y pues tampoco daba para tanto. Queriendo tranquilizarme, busqué el centro de la barra. Allá seguía Samia, mamita rica, sentada, moviendo los hombros, dulzurita malgeniada llevando el ritmo, ¿quién se atreve? Este pecho: —¿Bailarías? —Ajá —me contestó con esa boquita colorada. Concentración: tenía que ponerme en la jugada para no dar pasos en falso. Nada de movimientos indiscretos, cero comentarios. Azuquita en tu cintura, tú tienes mami al andar... Que me causa sabrosura, y me suele trastornar... Se movía como si el fin del mundo fuera a ser mañana, como si se hubiera convertido en el último bomboncito de lujuria que nos dejarían ver a los viciosos de esta tierra. Azuquita, mami, azuquita pa’ mí... Pero dame un poquitico, no me hagas sufrir. ¿Y yo? Tremendo caballero, mirando de reojo, callado, antojándome de ricura; pero serio, llavería, hasta que ella misma se decidió a hablar: —¿Y vos a qué te dedicás? —¿Yo? Estudio —dije sin pensarlo. Me quedé atento por si mostraba alguna curiosidad, dispuesto a complementarle el dato. Silencio: continuó bailando así, delicioso, como ella sabía, como si nada; en fin, entendí que no tenía interés en seguir la conversación. Apenas se acabó el disco, volví a la barra. —Eso sí es lo que se llama elegancia —anotó Reinaldo ofreciéndome otro ron—; tiene porte de princesa, ¿sí o qué? Me pareció justo bajar la guardia, cogerla suave con el gordo, llevarlo bien. Le busqué tema: —Vos por qué decís que la historia de ella debe de ser tesa. Ahí fue que me soltó la película: —Yo la conocí una noche que estábamos rumbeando; eso fue en uno de los bailaderos que quedan en la avenida sexta. ”La hembrita llegó como siempre, con su estampa, y claro, más de uno le echó el ojo. A mí me habían invitado unos compañeros de trabajo que eran novios y yo les dije bueno, pero eso sí de cartera yo no voy, les toca conseguirme pareja. ¿Vos le ves problema a eso? Pues sí porque ustedes en lo suyo y yo colgando jeta, qué pereza. Nada de nervios, Reinaldo, nosotros lo resolvemos. Dicho y hecho, por la noche me les parqueé en la mesa, a esperar porque no aparecía la otra pelada. No te preocupés, que mi amiga no demora. Y el mancito: seguro, mi socio, además, sin demeritar lo presente, esa muchacha está como quiere. A la novia como que no le gustó el comentario, digo, porque puso cara de escopeta. Yo me quedé callado, quién se iba a andar metiendo, ¿sí o qué? Bueno, etcétera, el punto es que la hembrita llegó”. ¿Qué podía seguir? La fantochería del gordo, obvio; pero conmigo, a kilómetros. Lo corté ahí mismito y se la monté feo: —Dejame adivinar el resto. Apuesto a que te la bailaste todo el rato, luego te la llevaste a recorrer la ciudad y a la final resultó que era ninfómana. —Ni más que fuera, viejo Kike, se te agradecen los buenos deseos, porque esa es la suerte que yo me merezco. Desafortunadamente, las cosas no fueron así. ”Después de la presentación, del qué pena con ustedes, casi que no vengo porque me tocó resolver un problemita, y del tranquila, nosotros no hace mucho que llegamos, pedimos una botella de aguardiente Blanco. Nos clavamos el primer trago y yo pensé listo, a bailar se dijo. Me fui parando, cuando ¿cómo? Se asoma un pinta a la mesa, dizque convidándola, y Samia que bueno, a la pista de una, con sonrisita y todo. La tirria mía no era poquita, pero qué más podía hacer sino contemplarla, risueña, con sus collares, su blusa negra de cuello alto, manga larga, princesa lejana, rumbeando con otro, ¡qué piedra!”. No recordaba haberlo pronunciado. Le eché cabeza y no, no le había dicho. O sea que si el gordo se sabía el nombre, era porque la conocía de antes. El rey de las fechorías, ayer me dijo Facundo... Todo el mundo lo conoce, óyeme en el bajo mundo. Claro que había algo más convincente todavía: conociéndome a Reinaldo, oírlo contar esa historia en la que él mismo perdía, se me hacía raro; no demoraba, eso sí seguro, en meter la parte donde se volvía héroe, donde agarraba a trompadas al intruso y rescataba la princesa. En su mundo, mujeres, fumada y caña... Atracando vive Juanito Alimaña. A estas alturas del partido, preferí tomarme las cosas con calma; menos mal que no fue sino echarle un ojito a Samia y ya: serenidad, ricura, buena onda. —¿Y entonces? —Pues no me vas a creer —dijo el gordo—, que se acabó el disco y los dos se vinieron para la mesa. ”Yo me timbré, cómo así, ni por el verraco, a quién le va a gustar que lo cojan de marrano; mejor dicho, si tocaba voltear con el pinta ese, qué se le iba a hacer. Pero el amigo mío estaba en la jugada y se me arrimó al oído. No te vas a acelerar, Reinaldo, que a la final vos ni conocés esta hembra, y si salió faltona eso es problema de ella. Listo, te lo acepto con una sola condición: este mancito no se me toma ni un trago de la botella. Estoy de acuerdo, me parece justo. Y entonces fue que el otro nos dejó fríos, porque saludó muy amable, pidió permiso para sentarse y mandó a traer güisky para todo mundo. Como le pillaron el acento extranjero, las peladas le preguntaron que de dónde era: de Siena, una ciudad italiana; que hace cuánto había llegado: cuatro meses, más o menos; que cómo se llamaba: Luchino, mucho gusto. De ahí para allá, nada que hacer, digo, porque él se portó a lo correcto. Samia se la pasó feliz, bailando, coqueteándole todo lo que pudo, y yo, a la hora de la verdad, terminé agradeciendo su presencia. Mirá: si el italiano no aparece, lo que le pasó después me hubiera tocado a mí, o sea que estuve fue de buenas, ¿sí o qué?”. Reinaldo logró intrigarme con su película, tanto que llevaba yo un buen rato sin bailar y ni me había dado cuenta. Sentí ganas de ir al baño: —Ya vuelvo —le dije. —Todo bien. Cuando venía de regreso, pesqué una jugada extraña: en la mitad de la barra, el gordo estaba charlando con Samia. Me puse pilas y disminuí el paso, tratando de averiguar cuál era la marrulla. Lo malo fue que Reinaldo me alcanzó a ver y se devolvió de una para la esquina con su carita de cretino. —Cómo es la cosa con la hembrita. —Nada de nervios —me aseguró mientras servía las dos copas de ron—; sencillamente, ella miró para acá y me reconoció. O sea que me tocó ir a saludarla. Preferí dejar el tema así para no cortar lo otro: —Bueno, y en qué paró la cuestión con el italiano. —Pues qué te digo —continuó con ese tonito fastidioso, mitad soberbia y mitad malicia—, prácticamente en un fiasco. ”Igual que en los demás bailaderos de esta ciudad, a las tres de la mañana prendieron las luces y nos trajeron la factura. Como el tal Luchino andaba tan entusiasmado con Samia, nos dijo tranquilos, yo los invito. Y mi amigo: no te preocupés, que nosotros pagamos la botella de aguardiente. Que cómo se nos ocurría, que nos dejáramos atender, que le permitiéramos ese gusto. Nadie insistió más porque nos dimos cuenta de que ese pinta iba era con todo por la hembrita. Ahí fue que volteé a mirarla y me llevé una impresión brusca: aunque seguía igual de linda, tanta iluminación le había desbaratado el encanto de su arrogancia, y te lo juro por mi Dios bendito que hasta la pillé temblorosa. Después, tan pronto como el italiano se ausentó para cancelar lo que habíamos consumido, vimos que Samia salió huyendo despavorida. Tratamos de atajarla, de pedirle que se despidiera al menos, ¿sí o qué? Pero nada, mi socio, nos tocó resignarnos a contemplarla corriendo calle abajo, horrorizada, como alma que lleva el diablo”. Me quedé extrañado con la historia; y por más que traté de recuperar el entusiasmo, una especie de amargura me carraspeaba por dentro y se me tiraba el ánimo. Sinceramente, la imagen de Samia escapándose amedrentada era demasiado chocante. Yo me descompuse de una manera tenaz; tanto que ni siquiera la buena melodía lograba recuperarme. Usted abusó, de mi cariño usted abusó... Sentí que debía botarle corriente a las cosas, que necesitaba entenderlas para sacarme de encima la mala onda; o sea que durante un rato largo estuve tratando de atar cabos. Sacó provecho de mí, abusó. Hasta que se me ocurrió volverme hacia la mitad de la barra, y fijate lo que es la vida, llavería, no fue sino concentrarme en Samia y todo se me iluminó. Claro, cómo no se me había ocurrido antes, la hembrita tenía su problema, por eso andaba siempre con blusas de manga larga y de cuello alto, por eso mismo se timbró tan feo cuando le pasé mi mano por la espalda, vos sabés, debía de tener una cicatriz aterradora, o algo por el estilo; pobre italiano, estaba era perdiendo su tiempo porque no iba a conseguir nunca lo que buscaba. Luego de echar cabeza, me sentí mucho más tranquilo; mejor dicho, le había pescado el sentido a esta cuestión. Lo malo fue que bien rápido se me apareció otro dilema. ¿Le compartía el dato a Reinaldo? Antes de que se me alargara la duda, preferí contarle mi descubrimiento: —Yo sé qué es lo que le pasa a esta pelada. Para mi sorpresa, el gordo ni se interesó; simplemente, se limitó a mirar su reloj y ahí mismito le entró el afán: —Pero me lo explicás en otra ocasión, viejo Kike, porque ya me tengo que ir. Nos tomamos un ron de despedida, apurados, y él se fue. Pensé que lo mejor sería relajarme para disfrutar el último pedacito de noche que me quedaba en Zippo’s Passion. Siento una voz que me dice: agáchate que te están tirando. No habían pasado ni tres minutos desde la salida de Reinaldo, cuando Samia que se va yendo también. Esta vez, viéndola caminar hacia las gradas, ya no me pareció tan elegante. Algo en sus movimientos se me hizo demasiado evidente, incluso un poco vulgar; de todos modos, no quise dejarme llevar por esa impresión porque a lo mejor estaba ya prevenido con tanta cosa: que si el italiano, que si la cicatriz, que si los misterios del gordo. Siento una voz que me dice: agúzate que te están velando. Me asomé a la ventana con intención de divisar a Samia mientras se iba, sin saber que la jornada me tenía reservado algo más; porque no fue sino que ella saliera a la calle para que un pinta la abordara cariñoso, atento, resuelto. ¿Quién podía ser? Lo reconocí inmediatamente, condenado gordo del infierno, dizque todo simpático, tratando de pasarle el brazo sobre los hombros; pero nada, llavería, la hembra se le zafó rapidito. Después noté que charlaban de modo amigable, discreto; parecían estarse poniendo de acuerdo porque él insistía y ella se negaba sin mucho convencimiento. Traté de concentrarme a ver si lograba distinguir el tema de la conversación. Observé que Reinaldo consultó su billetera, asintió con la cabeza y sonrió; ahí fue que ella se dejó agarrar la mano y el maldito gordo la besó. Luego, pues qué te digo, lo que era de esperarse, abordaron juntos el mismo taxi, vos sabés. A lo que regresé a la barra, los de la salsoteca prendieron la luz y me pasaron la cuenta. Miré por última vez hacia las mesas. Me parecieron horribles porque se les pillaba de una que eran tubinos industriales para enrollar alambre. —A Umberto Valverde— ** Alejandro José López Cáceres alejolopz@hotmail.com Escritor y realizador audiovisual colombiano (Tuluá, 1969). Ha publicado los libros Tierra posible (crónicas, 1999), Entre la pluma y la pantalla: reflexiones sobre literatura, cine y periodismo (ensayos, 2003), y Dalí violeta (cuentos, 2005). Reside en Cali, donde dirige la Escuela de Estudios Literarios (http://estudiosliterarios.univalle.edu.co) de la Universidad del Valle (http://www.univalle.edu.co). === Sonetos David Hidalgo ============================================ *** Varios (d)efectos al amor El amor es usar desodorante, peinarte bien, plancharte la camisa, dar al espejo tu mejor sonrisa, bajar las escaleras galopante; con bombones o flores por delante parecer puntual, llegar con prisa, esperarla, salir, tirar de visa en el cine, en el pub y el restaurante; recibir por la noche tu castigo: un beso en la mejilla: eres su amigo, desear que un cuchillo se te clave, maldecir amistades tan fraternas y volver con el rabo entre las piernas. Esto es Amor; quien lo probó, lo sabe. *** Castillo de naipes Te empeñas en vagar tras tus almenas reservando tus cartas para luego. Te escapas de poner la vida en juego llenando tus adarves de cadenas. Apuestas con garbanzos, te condenas A estrangular tu voz, fingir sosiego. Es tu estrategia resistir el fuego; tu táctica, esperar a las ajenas. Cuando venga peligro, leva el puente. No te manches de vida, niega el gozo. Lo blanco de tu armiño no se enfanga. Conserva lo que tienes prontamente: la torre convertida en calabozo, los ases que se pudren en la manga. *** Etología de los organismos autófagos Redondo como un cráneo que rodara con un gesto voraz por la pendiente, gritando con mandíbula batiente del ansia de morder su propia cara; absurdo como un perro que se para para buscar su rabo, hincando el diente tan fuerte entre su carne, que no siente fluir sobre la piel su sangre clara; el mundo va mordiendo su costado dañando la mitad de su organismo, ganándose la muerte de un bocado. Cayendo malherido hacia el abismo, el mundo va girando avergonzado, tratando de esconderse de sí mismo. ** David Hidalgo dahiver@hotmail.com Escritor y docente español (Albuñán, Granada, 1977). Licenciado en filología hispánica por la Universidad de Granada (UGR, http://www.ugr.es), en la actualidad es profesor de lengua y literatura españolas en enseñanza secundaria. Obtuvo el IX Certamen Literario de Benagalbón, otorgado en colaboración con la Fundación Cultural Generación del 27 de Málaga. Además ha recibido varias menciones de honor en Argentina y Cuba, entre las que destaca la del Premio Internacional de Poesía “Videncia” 2003. Ha participado además en la antología Cuéntame (Publicaciones Acumán, 2003). Mantiene una bitácora personal en http://drinkinggaseosa.blogspot.com. === Regrésame el colchón viejo Yolanda Ramírez Michel ================ El colchón es nuevo, acabas de comprarlo, hace tiempo que te viene molestando la espalda y el cuello; pensamos que es culpa —tal vez— del colchón viejo. Ya se te olvidó que yo solía darte masajes, así se iban las tensiones que tenías por el trabajo. Ya se te olvidó que la vieja cama nos recibió desnudos y nuevos hace mucho; tal vez por eso decidiste comprar un colchón nuevo. Por la mañana, voy a sacar el colchón a la calle para que se lo lleve el camión de la basura. No tengo nostalgia por sus resortes gastados, sino por nuestros cuerpos que se agotaron... Si se lo llevan ¿será posible —me pregunto— que carguen también con las quejas y recriminaciones; esas que cayeron inconclusas en las sábanas y sepultaron nuestro nocturno arrebato? Miro tu espalda, duermes casi al borde de la cama, como huyendo, ¿crees que se puede huir dentro de las cuatro paredes de nuestro cuarto..? Se puede escapar hasta en la misma cama, como lo hemos hecho, sin prever que no había regreso. No usas pijama desde que nos casamos; será porque nos acostumbramos a dormir después del sexo, y era tarde para vestirnos, y estábamos cansados. Me han gustado tus hombros siempre. Ni el paso del tiempo logra quebrantar su encanto; sobre todo, porque en la noche cuando volteo, es lo único que veo, y al verlos, recuerdo lo que se sentía acariciarlos... Los toco, volteas. La luna me presta unos rayos para darme cuenta de que me estás mirando. ¿ Te duele el cuello, cariño? ...no te duele nada en ese momento... Sí, tus hombros están ahí, solos, como tú y como yo: solos. El espacio que me separa de ellos es tan grande; no puedo tocarlos porque una mano está debajo de la almohada, y la otra está cansada. Hace calor, pero te cubres hasta la cintura. No me dejas contemplarte entero. ¿Dormirás, o seguirás pensando en el problema con las niñas? Pero no fue nada, cosas de chiquillas. Ya sé que no debí opinar, no es para tanto. Si te hablara quedito, en un susurro, ¿te volverías hacia mí? Me arriesgo y te digo: Amor, ¿estás durmiendo? Respondes que no. Pero estás furioso y no vas a hablarme en un buen rato. Yo te jalo para que me lo digas de frente, y quedamos con la respiración tocándonos; silbando un encuentro... Temo hablarte y no lo haré. Si estás molesto sigue así... Años a tu lado y molestarte por pequeñeces. Yo también te doy la espalda. El olor a nuevo del colchón me asalta porque el otro guardaba nuestros secretos, y éste... no guardará ya nada. Me di la vuelta demasiado brusca y te quité la sábana cubriéndome hasta el cuello. No me importó que tú quedaras descubierto, siempre insistí en comprar sábanas más grandes, pero tu manía de ahorrar en todo nos llevaba a muchos pleitos. Y era mejor así, porque peleábamos traviesos hasta quedar los dos en medio de la cama, abrazados, sin importar que la sábana se hubiera resbalado al suelo. Te escuché gruñir, pero no me buscaste para cobijarte. La cama crujió cuando tu cuerpo pesado por los años la dejó un momento; una sombra en la pared me avisó que te vestías... Entonces te llamé, tú te acercaste. Abrí la bata que cubría tu cuerpo mío, y te jalé a la cama nuevamente. Gruñiste, refunfuñaste; pero yo seguía inmóvil con mi sábana atrapando los tun tun del corazón que te deseaba. Adiviné tus movimientos, te escuché ir al baño, abriste el botiquín. Si me levanto ahora y te pido perdón, y te ruego que se borre la distancia, la rutina que los años y el cansancio nos dejó en la cama ¿qué dirás?, ¿qué harás?, ¿me arriesgo? Al fin me levanto y camino rumbo al baño Yo también duermo con nada desde entonces, desde que compartimos esta cama... no, ésa que compartimos está en el patio, mañana se la llevan; ésta que ahora nos recibe con silencios es una cama nueva. La luz del baño sigue encendida. Hago un poco de ruido para que sepas que estoy cerca. Tú te pones en el cuello una pomada. Hoy compraste un colchón nuevo. No sirvió de nada, aún te duele el cuello y la espalda... ** Yolanda Ramírez Michel yola_ramirezmichel@hotmail.com Bibliotecaria mexicana. Trabaja en el Colegio Inglés Hidalgo (http://www.cih.edu.mx), en el área de animación a la lectura, impartiendo clases de biblioteca y colaborando con la publicación de una revista bimestral de literatura. Es miembro del taller literario de Raúl Bañuelos y de la Casa de Poesía Juan Bañuelos. ||||||||||||||||||||||| EL REGRESO DEL CARACOL |||||||||||||||||||||| === Los haiku del Viejo Libo César Bianchi =========================== Poesía El Aleph (http://www.elaleph.com) Buenos Aires (Argentina), 2006 ISBN-10: 987-1070-38-1 ISBN-13: 978-987-1070-38-1 106 páginas Diecisiete sílabas repartidas en tres versos son el estatuto formal del haiku, estilo poético japonés que ha calado profundamente entre muchos autores de habla hispana. Uno de estos autores es precisamente el argentino César Bianchi (Buenos Aires, 1937), quien con Los haiku del Viejo Libo da cuenta de su afición por esta forma minimalista de hacer poesía. La delicadeza de la imagen, el componente que excede la breve explicación formal del género, aparece constantemente en este libro, algunos de cuyos textos ya fueron publicados en Letralia 115 (http://www.letralia.com/115/letras08.htm): “La rosa china / inmoviliza el aire / del picaflor”; “El sauce mira / nadar la golondrina / dentro del río”; “Cemento gris / en la esquina un cartel / esconde estrellas”. Tras explicar, en la introducción, cómo fue su encuentro con el género, Bianchi agrega: “Al encontrarlo, como un detalle iluminador del mundo, en ese espacio que existe entre el misterio de la vida y ese otro misterio del lenguaje, y compartirlo, el haiku crece, se multiplica; alguien le descubre nuevos reflejos, otras alusiones”. El libro contiene cinco grupos de poemas cuyos títulos se explican a sí mismos: “Kigo, las estaciones”, “De mar”, “Urbanos”, “12 haiku mineros” y “Metahaiku”, éste último con haiku construidos sobre la base de otros de Ramón Gómez de la Serna, Ezequiel Martínez Estrada y Enrique González Tuñón, autores admirados por Bianchi. Se incluye igualmente una selección de opiniones de especialistas sobre el trabajo de Bianchi en este género. Dramaturgo, poeta y narrador, Bianchi ha publicado además las obras de teatro Discépolo y nosotros y Suburbial (representadas en Buenos Aires, 1996), el poemario Escenas de barrio (Ed. Sagitario, Buenos Aires, 2003) y la novela Derecho izquierdo (Corregidor, 2004). Cuentos suyos han sido finalistas en concursos argentinos y españoles. Obtuvo un accésit en los Premios del Tren 2003 “Camilo José Cela” de Cuentos, organizados por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. Haikús suyos fueron premiados y publicados en concursos de La Vanguardia y de la página especializada El Rincón del Haiku. === Escena primordial y otros poemas Chrystian Zegarra Benites ======= Poesía Petroperú (http://www.petroperu.com.pe) Lima, 2007 ISBN: 978-9972-606-55-7 52 páginas En el año 2005, el escritor e investigador peruano Chrystian Zegarra Benites (Trujillo, 1971) se alzó por unanimidad con el prestigioso Premio Copé de Oro, que entrega anualmente la compañía petrolera de su país, Petroperú, con este poemario que recién a principios de este año salió de la imprenta. La primera parte del libro es ocupada íntegramente por el dilatado poema Escena primordial, que dividido en ocho secciones es un examen descarnado del autor a los treintitrés años de vida que contaba al momento de escribirlo, trigésimo tercer cumpleaños que de entrada califica como “nada extraordinario” y del que hablará siempre en tono pesimista: “Abolir esta catarata de ídolos, / esta rabia de tener 33 años y ser nadie, / este imbécil que te invoca en unas páginas que no son rito de pasaje, porque tu presencia no existe, porque tú no existes”. El poeta adosa a esa rabia diversas imágenes: así habla de 33 totems, 33 orificios, 33 nichos; “estos 33 nombres que cuelgan de las astas de una nave ultramarina”. Acaso la poesía redima al poeta de su pesimismo primordial: “Un poema es un campo de batalla. Escribo con un fusil en la mano y la mente / anclada en la trinchera de mi época. Mi brazo es un molino reciclando el huracán / del tiempo”. En la segunda parte, Otros poemas, se incluyen nueve textos que mantienen un tono similar, aunque cada uno da cuenta de un tema particular. La poesía como expresión de libertad (“Mi lengua no conoce de acrobacias; / una navaja se apresta en este instante a silenciarla”), la violencia (“Apago cigarrillos en los ojos de los buitres / que merodean la carne acribillada”) y el escatológico desaliento de la cotidianidad (“La ciudad es engullida / por la boca del chancho que se revuelca entre melaza”) son algunos de los parajes hacia los cuales derivará la afilada poesía de Zegarra Benites. Egresado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde estudió literatura hispanoamericana, Zegarra Benites fue miembro del grupo poético limeño “Inmanencia”, en cuyos libros colectivos Inmanencia (1998) y Regreso a Ourobórea (1999) pueden leerse textos suyos. En 2004 publicó El otro desierto y actualmente realiza un doctorado en literaturas hispánicas en la Universidad de Californa (Los Angeles, EUA). ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “Ahora que todos cranean campañas de fomento de la lectura, quizás lo más importante es, primero, separar la paja del trigo: el que no quiere leer, que no lea. Tratemos de salvar a los inocentes y que se hundan los que no quieren. ¿Son tarados? No. Incultos, tampoco. Simplemente se están perdiendo algo y, lo que es un poco triste, la vida se les acorta. Personalmente, prefiero que no me lean a que me lean a la fuerza, mal o que lleguen a la conclusión de que, como un autor de un par de libros, soy denso, latero o, esa palabra tan usada por los chilenos, enredado”. Alberto Fuguet, “Leer en tiempo real”. En Alberto Fuguet: Escritor/Lector (http://albertofuguet.blogspot.com, 5 de agosto de 2007). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. 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