~~~~~~~~~~~~~~~ Año XII Cagua, Venezuela Nº 181 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 18 de febrero de 2008 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | “El lanzallamas de Robbe-Grillet”, Jorge Gómez Jiménez. | Editorial | Cuántos cuánticos. / Cañasanta anglo. / Carabobo lee. / | Breves Charlan en papel. / Escritores andaluces en comicios. / | Asesinos en serio. / Peces al agua. / Cronistas en la | mesa. / Fabricantes cerrando. / Santos talleres. / | Danzando en Maturín. / Edda y el Rey. | | Gioconda Belli gana el premio Biblioteca Breve. / Oviedo | Noticias bautizará una calle con el nombre de Rubén Darío. / | Federico Fernández Giordano gana el Premio Minotauro. / | Desaparece en incendio el teatro Yanuba, en Armenia. / | Universidad de Puebla lanza doctorado en literatura | hispanoamericana. / Fallece el dramaturgo mexicano | Emilio Carballido. / El Instituto Cervantes estrena | canal de televisión por Internet. / Poetas piden a | Unesco declarar patrimonio de la humanidad a Granada. / | Reeditan antología de poesía cubana compilada por Juan | Ramón Jiménez. / Mario Cuenca gana el Concurso Literario | Píndaro, de Venezuela. / Japón oficializó donación para | la Biblioteca Nacional del Perú. / Premio Alfonso X de | Novela Histórica para el español Julio Murillo. / | Fallece el escritor Alain Robbe-Grillet, padre del | “Nouveau Roman”. / Sevilla será sede de un festival de | poesía escénica. / Silvio Rodríguez realizará por | primera vez concierto en El Salvador. / Una exposición | reunirá lo mejor del arte español contemporáneo. / | Convocan en Perú el I Coloquio Internacional de | Narrativa Fantástica. | | CervantesTV.es. / elojocritico.net. / | Literatura Siguelahistoria.com. / Imagen digital. / José Manuel | en Internet Briceño Guerrero. | | “Otro Bolívar para la nueva república”, Harold Alvarado | Artículos y Tenorio. / “¿Reseñas biográficas o advertencias morales? | reportajes Estrategias moralizantes de una editorial católica | argentina en la década de 1960”, Augusto Gayubas. / Dos | notas de Loreto Sepúlveda B. / “Los personajes suturados | de Oscar Marcano”, Fedosy Santaella Kruk. / “Literatura | de la memoria. A veinte años del fallecimiento de | Marguerite Yourcenar”, Ricardo Adrián Steiner. / “Ríete, | animal”, Miguel Antonio Chávez. / “Elegancia, libro y | dama”, Alejandro José López Cáceres. / “Tarapoto: fuerza | de mujer”, Lucas Jiménez. / “Efraín Barquero. La piedra | del pueblo para el Premio Nacional de Literatura”, | Sebastián Jesús Villalobos. / “Victoria en España: el | doloroso encanto de la soledad”, Jesús Alberto Sepúlveda | Grimaldo. | | Lucía Salerno: “La soledad y la impresión arropan mi | Entrevistas existencia”, entrevista por Alberto José Pérez. / | Octavio Escobar Giraldo: “A las historias hay que | buscarles el tratamiento que mejor se les acomode”, | entrevista por Jaime Echeverri. / Juan Martins, un poeta | prestado a la dramaturgia: “Lectores hacen tanta falta | como escritores”, entrevista por Rafael Ortega. | | “Ideas sobre la ideología”, Pablo J. Fierro C. / “Del | Sala de ensayo Romancero viejo al moderno: “El infante Arnaldos” y “El | prisionero”; “La loba parda” y “Los mozos de Monleón””, | Miguel Díez R. / “La misoginia del amor cortés en Cárcel | de amor”, Rubén Sánchez Féliz. | | Tres relatos de Jorge Etcheverry. / Ocho poemas de Emma | Letras Fernández López. / “El Bar Roco”, Carlos Rubio Albet. / | Tres poemas de Lucía Salerno. / “En busca de Jaime | Chong”, Ana María Manceda. / Poemas de Roberto José | Adames. / “El carguito”, Javier Sánchez Gutiérrez. / | Poemas de Walter Encinas-Peñaranda. / “Llanera con | poeta. Breve contrapunto”, María Elvira González. / | “Voces de mujer”, Jorge Dávila Vázquez. / Cuentos de | Romina Cazón. / “Parpadeos del incendio”, Gladys Mendía. | / “Diario de lector. ¿Y si no fue Echeverría?”, Gabriela | Urrutibehety. / “Ella”, Gabriel Mantilla Chaparro. / | “Crónica”, Juan Carlos Hernández Cuevas. / “Adviene”, | María Rosa Perea. | | “Poesía Galicia”, revista de la Sociedad Artística | El regreso Ferrolana. | del caracol | Juan Terranova. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||| EDITORIAL ||||||||||||||||||||||||||| === El lanzallamas de Robbe-Grillet Jorge Gómez Jiménez ============== Al cierre de esta edición nos ha llegado la noticia de la muerte de Alain Robbe-Grillet, a los 85 años, como consecuencia de un infarto; se cierra así la vida de un ejemplar mitológico que representaba con extremo vigor el afán renovador del siglo XX, y que no dudaba en jactarse de haber sobrevivido varios años a sus partners de época: Marguerite Duras, Claude Ollier, Robert Pinget, Nathalie Sarraute, Claude Simon. “Soy un dinosaurio, pero todavía estoy bastante bien”, celebraba. Robbe-Grillet fue, en los años 50 del siglo pasado, el teórico de la nouveau roman, o “nueva novela”, una perspectiva del género según la cual la obra debía prescindir de lo que hasta entonces se tenía por sus elementos definitorios: la anécdota y la psicología de los personajes. Las ideas de Robbe-Grillet, que por supuesto puso en práctica en varias de sus obras, prescribían la ausencia de toda historia como armazón de la novela. “Como consecuencia”, explica Jean Bloch-Michel en La “nueva novela” (Guadarrama, 1967), “esta novela no debe contener ningún ‘personaje’, lo que significa que los seres humanos que en ella figuran no deben ser tratados como sujetos o protagonistas. Para alcanzar esta objetivación del ser humano en la novela, ésta debe rechazar igualmente la psicología”. La aplicación de esta extraña fórmula sería la marca, por ejemplo, de Nathalie Sarraute, en cuyas novelas, y siempre según Bloch-Michel, “el diálogo se reduce a un diluvio de lugares comunes, de frases hechas, de locaciones familiares o presuntuosas, pero tan frecuentemente empleadas que han perdido ya toda significación”. Jean-Paul Sartre incide también en este tema cuando prologa la novela Retrato de un desconocido, de Sarraute, destacando el rechazo de la autora hacia lo que él ha identificado como “la mala fe del novelista”, la costumbre de plasmar en la obra no sólo la conducta, sino además los pensamientos, dudas y otras aristas de la razón implícitas de la psique de los personajes: la “nueva novela” sería, de esta manera, la sentencia de muerte del narrador omnisciente, ubicuo y todopoderoso. Una conveniente ilustración del concepto puede hallarse en El año pasado en Marienbad, el filme de Alain Resnais a la cual precisamente escribió el guión Robbe-Grillet. Un hombre y una mujer se encuentran en una lujosa casa de campo y de su conversación trasciende que un año atrás pudieron o no haber tenido un romance, y que el mismo pudo tener a la población checa de Marienbad como escenario. Todo es impreciso y los personajes, como en las indicaciones de Robbe-Grillet para la novela, carecen de psicología apreciable. Para los curiosos, está disponible una escena en YouTube (http://es.youtube.com/watch?v=YtR1LnTz5Bo). No en otro tiempo que en el siglo XX era posible imaginar una literatura que rompiera de tal forma con toda la lógica que, hasta entonces, se entendía como implícita en la novela. El siglo de la revolución informativa —en la que se inscribe, de manera particular, el cine— trajo consigo el descubrimiento de horizontes literarios que exigían ir más allá de la simple descripción lineal de una secuencia de hechos. Robbe-Grillet no cambió —quizás ni siquiera esperaba lograrlo— la forma como escribimos novelas. El género no viró indefectiblemente hacia la derogación de la historia ni de la psicología de los personajes. Pero sus ideas, la mayoría de las cuales enmarcadas en una respuesta a la literatura realista, trascendieron como el lanzallamas que incendiaría de experimentación formal la novela contemporánea, contaminando a multitudes de escritores que, en aras de la innovación, producirían ilegibles adefesios escurridizos a la memoria, pero generando asimismo el impulso necesario para el renacimiento del género en la forma de obras que son verdaderos desafíos al lector, desde la primaria Rayuela hasta la bulliciosa y postmoderna Los detectives salvajes. Jorge Gómez Jiménez, editor http://www.letralia.com/jgomez ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| Cuántos cuánticos. Acaba de salir a la luz un nuevo número de la revista digital norteamericana de poesía Decir del Agua, con una muestra de poesía y arte cuánticos, producto del Grupo de Estética Cuántica creado en Granada (España) a finales de los años 90. La selección ha estado a cargo de Javier García Hernández y Miguel Ángel Contreras, e incluye textos de Rafael Guillén, Gregorio Morales, Fernando de Villena, Pedro José Vizoso, Rosario de Gorostegui, Belén Juárez, Francisco Plata y el mismo Contreras. La muestra ofrece un diálogo perfecto entre poesía y pintura, pues los artistas que con sus obras ilustran los poemas (Xaverio, Linda Lowe, Antonio Arellanes, Mirta Cidra, Ivonne Sánchez Barea y Andrés Monteagudo) también son cuánticos. García Hernández define la estética cuántica en la introducción: “Una poesía y un arte con una nueva vitalidad y unos presupuestos estéticos que reconocen al ser humano como creador de su universo; la integración de los opuestos; la materia y la conciencia como dos caras de una misma moneda; o la necesidad de la individuación de cada persona en pro del bien común, huyendo de totalitarismos y homogeneidades que hacen de la humanidad un ente gregario. La nueva propuesta estética interdisciplinaria, sin conocer una edad o un espacio únicos, se hace necesaria y a la vez posible, dentro del mundo globalizado en el que vivimos, en el que la intercomunicación entre artistas y artes es un hecho”. http://www.decirdelagua.com Cañasanta anglo. La revista Cañasanta (http://www.canasanta.com) está invitando a todos los escritores hispanoamericanos que tengan sus obras traducidas al idioma inglés y que deseen publicarlas en la nueva versión de la revista (http://www.canasanta.ca), sólo en idioma inglés y dirigida al mundo angloparlante, con el objetivo de expandir y promocionar el arte hispanoamericano en esos ámbitos, especialmente en Canadá y Estados Unidos. Esta versión en inglés saldrá publicada por vez primera a finales de febrero. Los interesados deberán enviar sus obras (en inglés) a info@canasanta.ca, además de una breve ficha biográfica y foto (opcional) que se publicaría al final del mismo escrito. Se puede enviar textos de literatura en general: narrativa, relatos, novelas, poesía, opinión, ensayos. Todos con carácter cultural y educacional. En caso de ensayo y opinión, Cañasanta no admite temas políticos. Los escritos deben ser enviados preferiblemente en formato Word con un solo tipo de letra. Si el autor necesita incluir fotos o imágenes, éstas deben enviarse adjuntas al correo y no como parte del archivo de Word. La invitación también está abierta para quienes deseen publicar en la versión en español de Cañasanta, para lo cual deberán enviar su material a colabore@canasanta.com. info@canasanta.ca Carabobo lee. La Secretaría de Educación y Deportes del Estado Carabobo (Venezuela) ha organizado un intenso calendario de actividades para los meses de febrero y marzo, en el marco del Programa de Lectura y Escritura que esa entidad lleva adelante. Talleres de poesía, de lectura y de escritura, conversatorios sobre literatura, seminarios de cuento y otras actividades conforman el calendario. Pueden participar gratuitamente niños, jóvenes y adultos de las diversas comunidades. Destacan la celebración del Día de la Poesía, el próximo 11 de marzo, que se desarrollará en la Escuela Básica José Regino Peña, de la parroquia Miguel Peña, la “toma verbal” de la Plaza Las Mercedes, en Montalbán, del 24 al 28 de marzo, y la celebración del Día Internacional de la Poesía el 26 de marzo en diversas comunidades del estado. Además, los coordinadores en los municipios del estado están ofreciendo talleres de promoción de lectura para padres y de estrategias de lectura a los docentes y a la comunidad en general. La participación es gratuita. niddytcp@hotmail.com Charlan en papel. Este 4 de febrero hizo su aparición en Canadá y Oxford el poemario Sueños de Alejandría, del escritor español Arthur Charlan (seudónimo de Manuel Martín Aguado), que bajo el sello Trafford puede ser adquirido en la Web a través de diversas librerías. “Lo que sea que hace que el escritor derrame sus versos por doquier”, reza el prólogo del libro, “no debemos olvidar que en parte se debe a los parajes por donde atraviesa, rebosantes de vitalidad. Acercándose con curiosidad y entusiasmo a la diversión de los pubs, la música, las gentes, la más pura teatralidad de los lugares por donde pasa dejan en él su impronta”. Adicionalmente al libro, se puede ordenar por correo electrónico (arthurslcharlan@hotmail.com) un disco compacto con los poemas recitados por el autor y con acompañamiento musical. En España se realizará la presentación del libro en varias ciudades españolas a partir del mes de marzo. http://www.arthurcharlan.es/7.html Escritores andaluces en comicios. El escritor y crítico literario malagueño José García Pérez fue electo presidente de la Asociación Colegial de Escritores de España (Sección Autónoma de Andalucía) en la Asamblea General celebrada en Antequera el pasado sábado 16 de febrero. García Pérez es también el vicepresidente nacional de la ACE. También se han renovado todos los cargos de la junta directiva, habiendo sido elegidos los escritores José Sarria Cuevas, secretario, y como tesorero José Antonio Santano y los siguientes delegados provinciales: Pura López Cortés por Almería, Paloma Fernández Gomá por Cádiz, Manuel Gahete por Córdoba, Remedios Sánchez por Granada, Manuel Moya por Huelva, Manuel Urbano por Jaén, Carlos Benítez Villodres por Málaga, Francisco Vélez Nieto por Sevilla. Las secciones autónomas, caso de la andaluza, se constituyen cuando el número de asociados sea superior a 25 miembros. En el caso andaluz, el número de asociados supera los 300 miembros. Estatutariamente, además de velar por los derechos y deberes profesionales de los escritores, los fines principales de la ACE son fomentar la vida intelectual y la acción de extensión de las culturas españolas, y defender la libertad de expresión, así como organizar actividades de carácter cultural en su ámbito geográfico. http://www.acescritores.com Asesinos en serio. La Universidad del Claustro de Sor Juana, en Ciudad de México, está invitando al curso “El asesino serial en la literatura y el cine”, que se desarrollará desde mañana martes 19 a través de 12 sesiones, todos los martes de 5 de la tarde a 8 de la noche. A cargo de Doris Camarena y Ricardo Bernal, el curso tiene el objetivo de analizar la figura del asesino serial y su repercusión en la cultura contemporánea. Está dirigido a público de amplio criterio interesado en el tema y tiene un costo de 2.900 pesos por participante. Se abordarán aspectos tales como el perfil psicopatológico y criminológico del asesino serial; la mitología que rodea a estos criminales; precursores del género como el Marqués de Sade, Thomas de Quince y Edgar Allan Poe; casos legendarios como Vlad el empalador, Giles de Rais, Erzébet Bathory y Jack el Destripador; asesinos de culto y, por supuesto, la incursión de estos malhechores en la literatura y el cine. http://www.ucsj.edu.mx/cursos/asesino.html Peces al agua. La editorial Slovento ha organizado para este viernes 22 de febrero la presentación del poemario Mis peces vivos, de Iván Carabaño (Madrid, 1975), cuya publicación anunciáramos en Letralia 173 (http://www.letralia.com/173/breves.htm). La actividad se realizará a partir de las 7:30 de la noche en la planta 6ª de El Corte Inglés del Portal de l’Angel, Nº 19, en Barcelona (España). Intervendrán el poeta Agustín Calvo Galán, los presentadores del programa radiofónico Sopa de poetes (Mariano Martínez, Oscar Solsona y Pep Martell) y el propio autor. Pediatra y docente, Carabaño ha publicado los ensayos Nanas ortodoxas, nanas peculiares y La muerte de Charlot. Su trayectoria poética ha sido recogida en diversas revistas, así como en volúmenes recopilatorios, incluyendo otro del sello Slovento, 5+10, en el que aparece como uno de los ganadores del I Premio de Relato Corto y Poesía. http://www.slovento.com/largeversion/max_titulos_poesia.html Cronistas en la mesa. Los cronistas de Indias son los fundadores de la literatura hispanoamericana porque son al mismo tiempo historiadores y narradores. Por tanto su obra, que es de una gran diversidad y riqueza, no sólo da testimonio de la realidad del Nuevo Mundo sino que establece las bases de la prosa tanto analítica como narrativa en lengua española. Para rendirles homenaje, la Casa de América ha organizado el ciclo “Los cronistas de Indias y la fundación de la literatura hispanoamericana”, que se iniciará este martes 26 a las 7:30 de la noche con la mesa redonda “Ante lo inesperado y lo imprevisto: la crónica”. En el mismo participarán Carmen Boullosa y Teodosio Fernández, con la moderación de Esperanza López Parada. La entrada es libre. http://www.casamerica.es Fabricantes cerrando. Este 29 de febrero cierra el plazo de recepción de obras aspirantes a ser incluidas en la antología Fabricantes de Sueños, que, como cada año desde 1999, organiza la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, y en la que se incluirá relatos aparecidos en 2007 en revistas y fanzines de habla hispana. Los materiales deben ser postulados por correo electrónico o postal por sus autores, o bien por los editores o directores de las publicaciones en que aparecieron, y pueden ser relatos o poemas. Cada editor podrá postular un máximo de cinco textos por cada uno de sus medios, y cada texto —que debe circunscribirse a los géneros o subgéneros de la fantasía, el terror o la ciencia ficción— podrá ser de hasta 17.500 palabras de extensión. Los trabajos aparecidos en bitácoras no serán tenidos en cuenta si no han aparecido editados en una publicación profesional o semiprofesional. Como contrapartida a la publicación de uno de sus trabajos, cada autor recibirá un volumen de la antología. http://www.aefcft.com http://www.letralia.com/concursos/0802297.htm Santos talleres. El centro de actividades literarias Santa Palabra ofrece para el próximo mes de marzo tres talleres para todos los interesados en la literatura y sus géneros, que se suman al taller de novela que empezó a dictar el escritor Fedosy Santaella Kruk (http://www.letralia.com/firmas/santaellakrukfedosy.htm) este viernes 15. El de marzo, el arquitecto y narrador Ricardo Waale dictará el Taller de Creación Literaria Sabatino, que se desarrollará durante seis semanas de 3:30 a 6:30 de la tarde bajo el formato de tertulia. El 4 de marzo, María Celina Núñez comenzará su Taller de Cuento, que busca develar las diversas técnicas de escritura, tocando temas como la estructura, narrador, argumento y personajes, y que se dictará en 12 sesiones, los lunes de 6:30 de la tarde a 8:30 de la noche. Finalmente, el 5 de marzo se iniciará el taller de poesía a cargo de Armando Rojas Guardia, y que tendrá una orientación eminentemente práctica haciendo énfasis en lo artesanal. Este taller se desarrollará en 16 sesiones los miércoles de 6:30 de la tarde a 8:30 de la noche. Todos estos talleres serán impartidos en la sede de Santa Palabra, ubicada en La California Sur, avenida Trieste con avenida Madrid, dentro de los espacios de Roberto Mata Taller de Fotografía, en Caracas. santapalabra@gmail.com Danzando en Maturín. El viernes 28 de marzo se celebrará el I Festival Magisterial de Danza, Bailes y Diversiones Tradicionales, evento organizado por el Instituto de Cultura del estado Monagas (Venezuela), a cuya sede en Maturín, capital de la entidad, deben acudir los representantes de los planteles de educación básica y media, en horario de oficina y antes del 29 de febrero, para formalizar su inscripción. Las instituciones interesadas deberán presentar piezas propias de sus localidades o de las comunidades más cercanas, pues el evento se circunscribirá a las expresiones tradicionales monaguenses. Los grupos no deberán exceder los treinta integrantes, y la muestra no deberá superar los diez minutos. Los planteles participantes optarán por premios que oscilarán entre los 1.000 y los 3.000 bolívares fuertes. Telf.: (0414) 1915234 Edda y el Rey. El próximo 11 de abril la escritora venezolana Edda Armas (Caracas, 1955) pronunciará un recital de poesía en el Centro Rey Juan Carlos I de España, de Nueva York, junto con la escritora peruana Carmen Ollé. Ambas serán presentadas por Alejandro Varderi y Mariela Dreyfus. La actividad forma parte del ciclo KJCC Poetry Series, que bajo la curaduría de Lila Zemborain está compuesto por varias actividades que se inician este mes de febrero y se extienden por varios meses. Armas es psicóloga social y ejerce la presidencia del Pen Club de Venezuela. Ha publicado los poemarios Roto todo silencio (1975), Rojo circular (1992), Armadura de piedra (2005) y otros, y ha recibido el Premio Municipal de Poesía de la Alcaldía de Caracas por Sable (1994) y el Premio de Poesía de la XIV Bienal J. A. Ramos Sucre por En bicicleta (2002). http://www.nyu.edu/kjc/main_spa.php?dnr= ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Gioconda Belli gana el premio Biblioteca Breve La escritora nicaragüense Gioconda Belli fue distinguida este 5 de febrero con el Premio Biblioteca Breve, por El infinito en la palma de la mano, una obra en la que se mezcla poesía y misterio para fabular sobre los orígenes de Adán y Eva. El jurado del premio, convocado por la española Editorial Seix-Barral (http://www.seix-barral.es), acordó por unanimidad premiar un texto en el que resaltan su “singular enfoque, su capacidad evocadora y su recreación antropológica del mito de los orígenes”. El jurado de esta L edición estuvo integrado por los escritores por José Manuel Caballero Bonald, Luis Mateo Díez, Pere Gimferrer, Rosa Montero y Elena Ramírez. Dotado con 44 mil 450 dólares, el premio Biblioteca Breve ha sido otorgado en anteriores ediciones a escritores como Mario Vargas Llosa, Luis Goytisolo y Juan Benet. En 1968 fue ganado por el venezolano Adriano González León. Como muchos intelectuales de su generación, Belli se integró a las filas del FSLN y militó en esa organización desde 1970 hasta 1994, convirtiéndose en una de las voces femeninas de la literatura nicaragüense pioneras de la poesía revolucionaria. Nacida en Managua en 1948, siguió a Ernesto Cardenal y a Claribel Alegría, quienes habían inaugurado una nueva visión de sentir la poesía y de renovar la letras de su país. En su primer libro, titulado Sobre la grama (1974), Belli sorprendió con sus poemas eróticos, una línea que no abandonó pero sus obras siguientes están teñidas por preocupaciones políticas y sociales, como Línea de fuego (1978) o Truenos y arco iris (1982), o en sus novelas Amor insurrecto (1987), La mujer habitada (1988) y Sofía de los presagios (1991). Perseguida por la dictadura somocista, vivió en el exilio en México y Costa Rica. Fue miembro de la Comisión Político-Diplomática del FSLN. En 1978 obtuvo el prestigioso Premio Casa de las Américas (Cuba) en el género poesía por Línea de fuego. Después del triunfo sandinista y hasta 1986, ocupó varios cargos dentro del gobierno revolucionario hasta que decidió dedicarse a tiempo completo a la literatura. Fungió como directiva de la Unión de Escritores y fue una de las fundadoras del suplemento literario Ventana. Desde 1990 alterna su tiempo entre los Estados Unidos y Nicaragua. En enero de 2001 apareció en Plaza Janés, su libro El país bajo mi piel, un testimonio-memoria de sus años en el sandinismo. Fuentes: EFE • Wikipedia *** Oviedo bautizará una calle con el nombre de Rubén Darío El pasado miércoles 6 de febrero se cumplieron 92 años de la muerte del poeta nicaragüense Rubén Darío, máximo representante del Modernismo literario en lengua española. Con motivo de este aniversario, el alcalde, Gabino de Lorenzo, entregó una placa conmemorativa con el nombre del escritor a uno de los impulsores de la iniciativa, el abogado y escritor nicaragüense Heradio González Cano. La placa se ubicará en una vía en la parte norte del parque del Oeste de la ciudad asturiana, según informó posteriormente el concejal de Relaciones Institucionales, Iván de Santiago. Tras la entrega, la plaza de Trascorrales acogió un acto público donde tanto González Cano como De Santiago se refirieron a la figura del poeta y su vinculación con Asturias. Como recordó González Cano, su iniciativa de incorporar el nombre de su compatriota al callejero se remonta a hace 42 años, cuando ingresó a la Universidad de Oviedo (http://www.uniovi.es) como estudiante. Entonces se enteró de que a unos kilómetros, en San Juan de la Arena, había una casa, ya derribada, donde el afamado poeta había pasado unos días de vacaciones. González Cano también recordó que el autor de Azul y Cantos de vida y esperanza conoció la comunidad autónoma a través de los escritores Palacio Valdés y de Leopoldo Alas “Clarín”. Su deseo de viajar a Asturias surgió tras compartir una estancia en Cuba con un emigrante asturiano. “Vino para satisfacer el envite de un indiano”, dijo. Por su parte, De Santiago destacó que Rubén Darío “pasó por nuestra ciudad y dejó huella en sus páginas”, haciendo referencia, entre otras cosas, a la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador. Tras glosar su figura, los asistentes disfrutaron de un vino español. “Como a él le gustaba echarse unos vinitos, la mayor ofrenda será tomarnos unos”, bromeó para finalizar el acto el abogado y escritor, que reprochó la ausencia del embajador de Nicaragua en España. Durante el homenaje al artista se hicieron también continuas referencias al recientemente fallecido Ángel González, a quien los asistentes dedicaron un aplauso. A la celebración acudieron numerosas caras conocidas como el presidente de la Sociedad Filarmónica, Jaime Álvarez-Buylla; el ex alcalde Antonio Masip; el presidente del Centro Asturiano, Alfredo Cantel; el canónigo de la Catedral José Franco Baizán; el presidente de Caja Rural, Ramón Suárez Blanco; y los ediles municipales José Suárez Arias-Felechosa y Roberto Sánchez Ramos. Fuente: El Comercio Digital *** Federico Fernández Giordano gana el Premio Minotauro El escritor uruguayo Federico Fernández Giordano (1977) se alzó este jueves 7 de febrero con el Premio Internacional de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción, convocado por Ediciones Minotauro (http://www.edicionesminotauro.com). La obra ganadora en esta quinta edición del galardón lleva por título El libro de Nobac. El jurado estuvo formado por Fernando Delgado, Ángela Vallvey, Pere Matesanz, Olga Rubio, Juan Eslava Galán, Laura Falcó, Clara Tahoces (ganadora de la cuarta edición) y José López Jara, que ejerció de secretario. Para Fernández Giordano, que ha tardado siete años en terminar su novela, ésta es un homenaje literario a Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Edgar Allan Poe, con el que trata de “diseccionar la fantasía de lo cotidiano”. El jurado destacó “las referencias a Jorge Luis Borges y Edgar Allan Poe”, así como “la frescura y originalidad con la que el autor rinde tributo a sus maestros”. En El libro de Nobac, un misterioso anciano contrata los servicios del escritor de encargo Edgar Pym y de la periodista Lisa Lynch para que investiguen un libro, en el que se va narrando su propia vida, día tras día, sin que pueda darle explicación racional alguna. Desentrañar las claves de ese libro implicará también seguir la pista del profesor Nobac, un excéntrico científico desaparecido años atrás. Así los protagonistas se enredarán en una siniestra trama urdida en torno a ellos y en la que nada es lo que parece ser. Fernández Giordano, nacido en Uruguay, reside en Barcelona desde 1980, se dedica a la música y a la escritura, y ha cultivado casi todos los géneros literarios. En 2007 publicó Los justos, que fue galardonada con el I Premio de Novela El Andén Express. El Premio Minotauro nace en 2004 y tiene la vocación, según sus organizadores, de “convertirse en el certamen de referencia para la ciencia ficción, el terror y la literatura fantástica en lengua castellana”, así como de “servir de plataforma de proyección para los autores españoles e hispanoamericanos”. El ganador se lleva, además de la publicación de su novela, 18.000 euros en metálico, lo que lo convierte en el galardón mejor dotado a nivel mundial dentro del género. Ha sido obtenido por Clara Tahoces con Gótica (2007), Javier Negrete con Señores del Olimpo (2006), Rodolfo Martínez con Los sicarios del cielo (2005) y León Arsenal con Máscaras de matar (2004). Fuentes: 20minutos.es • ADN *** Desaparece en incendio el teatro Yanuba, en Armenia El espacio cultural más importante de la ciudad de Armenia, en el departamento del Quindío (Colombia), quedó completamente destruido el pasado viernes 8 por un incendio, que inició con un corto circuito. La emergencia comenzó hacia la 1:20 de la tarde, pero las llamas sólo fueron controladas dos horas después. Cerca de cincuenta hombres del Cuerpo Oficial de Bomberos y otros organismos de socorro combatieron el incendio. En el reporte de las autoridades no hubo personas lesionadas, pero algunos edificios aledaños sí resultaron afectados. Inaugurado en 1940, el teatro fue escenario para los principales espectáculos presentados en la ciudad. En octubre de 2007 fue la sede principal del I Festival de la Palabra (http://www.letralia.com/174/1012armenia.htm), organizado por un equipo encabezado por la escritora Samaria Márquez Jaramillo. El tradicional Yanuba, con capacidad para cerca de 900 personas, había dejado de proyectar películas desde el primero de enero de este año. Según explicó el propietario, Jair Gutiérrez Vierira, la razón fue la poca asistencia del público. De igual forma seguía funcionando como teatro. Para el viernes en que ocurrió la tragedia estaba prevista la presentación del comediante Andrés López. Debido al estado en que quedó el edificio, las autoridades decidieron demolerlo, lo que se realizaría a partir de la semana pasada en un proceso que tardaría cinco días. La operación comenzaría con el derrumbe de la fachada, de unos 10 metros de altura, y posteriormente con las paredes que quedaron en pie. La recolección de escombros podría extenderse hasta finales de este mes. Fuente: El Tiempo *** Universidad de Puebla lanza doctorado en literatura hispanoamericana La Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (http://www.buap.mx) ofrecerá en breve el doctorado en literatura hispanoamericana, convirtiéndose en la primera institución de educación superior de México en plantear este programa, que se espera tenga impacto a nivel nacional porque descentralizará el estudio de la literatura a nivel de doctorado. Alejandro Palma Castro, coordinador de la Maestría en Literatura Mexicana de esta unidad académica, destacó el pasado 10 de febrero que, a raíz de la consolidación de este posgrado, a partir de 2005, ha detectado la necesidad de presentar alternativas académicas que cubran la demanda del mercado profesional. Explicó que, desde hace varios años, el cuerpo de académicos de la Facultad de Filosofía y Letras ha estado trabajando intensamente en la elaboración de este doctorado. “En estos últimos años hemos estado construyendo un buen programa, que responda a las necesidades de los estudiosos en esta disciplina”, comentó. Palma Castro puntualizó que en Ciudad de México sólo se han ofrecido doctorados específicamente en el área de literatura, en tanto que en otras universidades mexicanas existen extensiones en el campo de las humanidades. “Hasta ahora no hay un doctorado en literatura fuera de Ciudad de México, y seremos la primera facultad y universidad que estaría ofreciendo un plan de estudios de esta naturaleza, del que estamos seguros tendrá buena respuesta y aceptación”, expresó. Señaló que será en este 2008 cuando la Facultad de Filosofía y Letras comience a realizar todos los trámites pertinentes para su creación, proyecto que deberá ser presentado ante el Consejo Universitario para su revisión, evaluación y aprobación. “Prácticamente ya está terminado el proyecto de la propuesta para la creación de este doctorado, sólo estaremos en espera de los tiempos para realizar los trámites que se requieren, que de cumplirse en este mismo año, podría ser ofrecido para 2009”, concluyó. Fuente: Poblanerías *** Fallece el dramaturgo mexicano Emilio Carballido El dramaturgo mexicano Emilio Carballido falleció la noche del pasado 11 de febrero a los 83 años de edad, en Xalapa (Veracruz), su ciudad natal. El autor de novelas como Las visitaciones del diablo (1965) falleció de un “paro respiratorio”, declaró Adán Ramírez Ferret, colaborador suyo. Carballido nació en Córdoba, en el estado oriental de Veracruz, el 22 de mayo de 1925, y estudió en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx), en la capital mexicana. Autor de una amplia obra literaria que incluía dos tomos de cuentos, nueve novelas, más de cien obras de teatro y cincuenta guiones para cine, Carballido fue además fundador y director de la revista Tramoya, editada por la Universidad Veracruzana (UV, http://www.uv.mx), y director de la Escuela de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes (Inba, http://www.bellasartes.gob.mx). Entre sus obras, que se representaron en más de quince países, destacan El águila descalza y Macario, Felicidad y Días de otoño. Carballido recibió el Premio Nacional de Lingüística y Literatura y fue Artista Emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fondo de Cultura y Artes (Fonca) de México. Fue académico de la lengua de México desde 1976. Críticos mexicanos como Christopher Domínguez le consideraban parte de una estirpe veracruzana muy importante a la que también pertenecen Sergio Pitol, Jorge López Páez, Sergio Galindo y Juan Vicente Melo. En marzo del año pasado, Carballido y su compañero sentimental, Héctor Herrera, se convirtieron en una de las primeras parejas de la capital mexicana en registrar oficialmente su unión aprovechando la promulgación de la denominada Ley de Sociedades de Convivencia. La normativa no es equiparable a un matrimonio, ni cambia el estatus civil del contrayente, pero sirvió para formalizar la relación entre Carballido y Herrera, 44 años menor. El pasado 12 de febrero, el Teatro del Estado, en la capital veracruzana, fue bautizado a instancias de las autoridades locales con el nombre del dramaturgo, cuyos restos mortales reposaron en el escenario durante un homenaje en el que participaron amigos y familiares, y en el que se apreció la actuación de los coros de la UV y alumnos de la Facultad de Teatro, quienes depositaron cientos de rosas rojas a un lado del féretro. “Emilio ya está escribiendo allá arriba, delante de Dios, tal vez una obra que se llamará La Magdalena”, dijo el también escritor Sergio Pitol, quien participó en la primera guardia de honor. Las siguientes guardias fueron realizadas por el coordinador de Teatro del Inba, Ignacio Escárcega; el rector de la UV, Raúl Arias Lovillo, y el gobernador Fidel Herrera. Fuentes: EFE • La Jornada *** El Instituto Cervantes estrena canal de televisión por Internet El Instituto Cervantes (http://www.cervantes.es) inauguró el pasado 12 de febrero un nuevo medio para la enseñanza del español: CervantesTV.es (http://www.cervantestv.es), un canal de televisión que posibilita el aprendizaje del español desde cualquier punto del planeta, así como conocer la actualidad de España y de Hispanoamérica, lo que supone un gran paso en la apuesta de la institución por las nuevas tecnologías. Este canal ofrece cada día boletines culturales, entrevistas, reportajes, tertulias, música y documentales sobre la cultura en lengua española y los más de cinco mil actos que se celebran anualmente en los casi 70 centros que tiene el Cervantes repartidos por el mundo. Las emisiones de Cervantes TV, el primer canal cultural de televisión en español con cobertura mundial, comenzaron, en directo, en un acto festivo que contó con la participación de los ministros españoles de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y Educación, Mercedes Cabrera. El titular de Cultura, César Antonio Molina, intervino por videoconferencia desde Berlín. A partir del próximo mes de septiembre Cervantes TV emitirá el curso de español que el Cervantes prepara en colaboración con Radiotelevisión Española (RTVE, http://www.rtve.es), y se calcula que alcanzará los dos millones de alumnos en el plazo de cinco años. El nuevo canal arranca con cuatro horas de producción propia, que se irán incrementando con el tiempo con programas como los dedicados a la enseñanza del gallego, euskera y catalán y a la difusión de las culturas en estas lenguas. Fuente: Instituto Cervantes *** Poetas piden a Unesco declarar patrimonio de la humanidad a Granada Entre el 12 y el 16 de febrero se realizó en Granada, Nicaragua, el IV Festival Internacional de Poesía, en cuyo marco los más de cien poetas participantes, provenientes de cincuenta países, pidieron a la Unesco que declare Patrimonio de la Humanidad a esa ciudad colonial, según informó el poeta nicaragüense Francisco de Asís Fernández, presidente del evento. Los escritores, en la proclama leída por De Asís Fernández, “solicitan respetuosamente (a la Unesco) designar a la ciudad de Granada y a su Gran Lago Cocibolca, como sitio mixto del Patrimonio Mundial de la Humanidad”, por considerar que la ciudad tiene un gran valor histórico y arquitectónico. El poeta recordó que una petición similar se hizo a la Unesco en las ediciones anteriores del festival, en 2006 y en 2007, sin respuesta aún. Entre los poetas que suscribieron la petición están Ledo Ivo (Brasil), Quincey Troupe (Estados Unidos), Manuel Silva (Chile), Carlos Bordini (Italia), José Luis Reina Palazón (España), Ernest Pépin (Francia-Guadalupe), Milan Richter (Eslovaquia), Yolanda Pantin (Venezuela), Alex Fleites (Cuba), Eduardo Mitre (Bolivia), Alexis Gómez Rosa (República Dominicana), Jordi Virallonga (España), Elva Macías (México), David Rondoni (Italia), Juliate Dobles (Costa Rica) y Luis García Montero (España). También fue suscrita por la poeta nicaragüense Gioconda Belli, ganadora del premio Biblioteca Breve de Novela 2008, quien inauguró el festival el martes 12. En su breve discurso de bienvenida la escritora habló de cómo la poesía contribuye a la esperanza de los pueblos, frente a las adversidades y el dolor, y cómo ésta es fuente inagotable de creatividad y entusiasmo. Después de la bienvenida, los poetas iniciaron los recitales en los que destacaron autores de Noruega, España, Dinamarca, Costa Rica e Italia. Iluminó el escenario la legendaria poeta Claribel Alegría, a quien el público aplaudió con deleite. La apertura del festival de poesía inició con la Feria del Libro y Feria de Artesanía, al ritmo de los chicheros, marimba y quema de pólvora, en la Plaza de Los Leones. Participaron más de treinta editoriales, entre las que destacaron el Fondo de Cultura Económica, Hispamer, el Centro Nicaragüense de Escritores, Distribuidora Cultural, Asociación Nicaragüense de Escritoras, y artesanos provenientes de todo el país. Parte de los inicios de esta celebración fue la presentación de la Antología de poesía centroamericana, que incluye una muestra poética de 54 autores de los cinco países que integran el área publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx). Belli presentó igualmente Orquídeas salvajes, libro de Francisco de Asís Fernández, y editado por la prestigiosa editorial española Visor. En la noche, al finalizar el recital de 40 poetas, el grupo de Danza Tepenáhuatl, de Blanca Guardado, hizo su aparición, con la majestuosa presentación de bailes tradiciones del país y con la explosión en el cielo de coloridos cohetes que iluminaron la noche dedicada a la poesía. Previo a la clausura del festival, cuyo lema fue “La poesía es la esperanza” y dedicado al poeta nicaragüense Salomón de la Selva (1893-1959), los bardos participaron en un recorrido, en lanchas de motor, por las isletas de Granada. Fuentes: Ansa • BBC • EFE *** Reeditan antología de poesía cubana compilada por Juan Ramón Jiménez La antología de la poesía cubana que Juan Ramón Jiménez hiciera en 1937 y que fuera publicada en la isla, ha sido ahora reeditada por la Diputación de Córdoba (http://www.dipucordoba.es) y algunos de estos ejemplares se pusieron a la venta en la Feria del Libro de la Habana, que se inauguró el pasado miércoles 13 de febrero. La antología, titulada La poesía cubana en 1936, reúne casi trescientos poemas de 63 poetas nacidos a finales del XIX y a comienzos del XX, entre ellos José Lezama Lima, autor de Paradiso y considerado un clásico de la literatura universal, o Dulce María Loynaz, reconocida con el Premio Cervantes meses antes de cumplir los noventa años, en 1993. La selección efectuada en 1937 por el Premio Nobel onubense supuso la consagración de una generación de escritores que resultaría decisiva para las letras cubanas y para la literatura contemporánea en español, según los responsables de esta nueva edición, ya que el libro incluye también poemas de Nicolás Guillén, Virgilio Piñera, Mirta Aguirre, Eugenio Florit y Angel Gaztelu, entre otros muchos. Llama la atención el elevado número de mujeres representadas en esta antología, un total de 23 sobre el total de 63 antologados, una proporción que en esa época sería difícil de encontrar en cualquier otro país hispánico. De la capacidad crítica de Juan Ramón Jiménez y de su interés por la obra de los poetas de su tiempo da muestra que este libro fuese concebido por el poeta onubense cuando sólo llevaba un mes en la isla. Entre los criterios para efectuar esta antología estuvo una de las normas inquebrantables del poeta, la de dar amparo a los más jóvenes, exigir a los maduros y tolerar a los viejos, como recuerda en el prólogo a esta edición el profesor de literatura Javier Fornieles, quien también destaca que ni en los peores tiempos del exilio descuidó Juan Ramón Jiménez ni su obra ni el interés por lo que hacían los poetas más jóvenes. La edición original de esta antología se publicó en agosto de 1937 por la Institución Hispanocubana de Cultura de La Habana, dirigida por el antropólogo Fernando Ortiz y que, por iniciativa de Juan Ramón Jiménez, convocó en febrero de ese mismo año una lectura pública de poemas en la que podrían participar poetas mayores y jóvenes que nunca hubieran publicado un poema. La lectura pública, conocida como “Festival de la Poesía Cubana”, se celebró en La Habana en febrero de ese mismo año de 1937 y, en el mismo acto, Juan Ramón Jiménez mostró su satisfacción por la variedad de estilos y corrientes poéticas allí reveladas. El Premio Nobel onubense, en el mismo acto, se pronunció sobre la conveniencia de la oralidad lírica, de escuchar a los poetas recitando sus propias composiciones y de hacer pública la voz de muchos poetas jóvenes que habían carecido de oportunidad para mostrar sus obras. Con motivo de la publicación de esta antología en 1937, Juan Ramón Jiménez, para poner de relevancia la calidad de los poetas seleccionados, escribió que “Cuba es ahora Cuba” y que la poesía de la nación caribeña “tiene ya plenitud, debe seguir teniendo acento propio, no debe sonar otra vez a España especialmente ni a ningún otro país de Hispanoamérica, aunque se escriba en español”. Fuente: EFE *** Mario Cuenca gana el Concurso Literario Píndaro, de Venezuela La narración titulada “Los mártires del balompié”, del escritor catalán Mario Cuenca, fue la ganadora de la primera edición del Premio Internacional de Creación Literaria sobre el Fútbol Píndaro, que nació con la Copa América celebrada en Venezuela el año pasado. En la lectura del veredicto, realizada este miércoles 13 de febrero, el presidente de la Casa de las Letras Andrés Bello, y jurado, Luis Alberto Crespo, dio a conocer que la selección de este escritor, residenciado en España, fue de manera unánime. Entre los 93 participantes que concursaron con trabajos de poesía y de narrativa, Cuenca destacó por plasmar en su texto sus extensos conocimientos en materia futbolística, además de elementos de su narración: “Es un profesional, un erudito en el tema y es un excelente cuento”, expresó Crespo. Asimismo, destacó la posibilidad de la publicación del cuento del escritor catalán sea en la Revista Nacional de Cultura, o como un título del sello El Perro y la Rana. El concurso promovido por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura (http://www.ministeriodelacultura.gob.ve) otorga cinco mil dólares al ganador o su equivalente en moneda nacional, y un diploma, que se entregarán, en este caso, a través de la Embajada de Venezuela en Madrid, explicó el vocero del jurado. Crespo manifestó que hubo mucha participación de escritores de Suramérica, y que predominó la prosa narrativa en los trabajos enviados. “La poesía no llegó a ocupar un lugar de preponderancia en la decisión final, no figuró mucho, no estuvo a la altura de lo que exigíamos”. Por el contrario, destacó que la narrativa tuvo una presencia de gran calidad. En general, el jurado destacó que en los textos se resalta la variedad temática, la imaginación y se incorpora el tema deportivo en la ficción con muchísima dignidad, “textos memorables, el fútbol es un terreno muy fértil para la creación literaria”. Igualmente, se abrió la convocatoria para la próxima edición del premio, que vence el plazo de admisión el 31 de octubre de 2008, y estará dedicado a todas las disciplinas deportivas en auspicio a las venideras Olimpíadas de Beijing, China. Fuente: ABN *** Japón oficializó donación para la Biblioteca Nacional del Perú El gobierno del Japón oficializó este 15 de febrero una donación para el mejoramiento de equipos audiovisuales de la Biblioteca Nacional del Perú (http://www.bnp.gob.pe) por un monto de 36 millones 500 mil yenes (US$ 338,000.00). La donación quedó oficializada en la ceremonia en la que el embajador de la nación oriental, Hitohiro Ishida, y el canciller José Antonio García Belaunde, suscribieron y canjearon las respectivas notas. El embajador Ishida dijo en la ceremonia que esta donación es la segunda asistencia cultural que se otorga al Perú durante el gobierno del presidente Alan García, en el que se viene restableciendo y fortaleciendo aun más las tradicionales relaciones con el Perú. Asimismo, el diplomático destacó que la donación cultural de su país al Perú empezó en 1979 con la finalidad de contribuir con los esfuerzos por promover el desarrollo cultural, académico y educativo. Esa colaboración, añadió, alcanza actualmente el monto aproximado de 10 millones de dólares en equipos y materiales especializados. “Tengo entendido que la prestigiosa Biblioteca Nacional del Perú cuenta con una historia de casi dos siglos, y a pesar de las adversidades que ha tenido que enfrentar, no ha dejado de ser una fuente de conocimientos para la población peruana”, manifestó el embajador. Fuente: Andina *** Premio Alfonso X de Novela Histórica para el español Julio Murillo “Un thriller histórico basado en el misterio, la intriga y en hechos no esclarecidos en su día”. Así define Julio Murillo (Sao Paulo, 1957) el contenido de su última novela, Shangri-La. La cruz bajo la Antártida, que en la madrugada del sábado 16 de febrero obtuvo en Toledo el Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio en su octava edición, embolsándose con ello 50.000 euros. El jurado de este galardón —el más importante de España en el género literario de la novela histórica—, integrado por los escritores Jesús Sánchez Adalid, Almudena de Arteaga y Soledad Puértolas, valoró la construcción de su estructura “como un reloj suizo”, según Carmen Fernández de Blas, de MR Ediciones (http://www.mrediciones.com), editorial que concede este premio junto a Caja Castilla-La Mancha (http://www.ccm.es). Shangri-La. La cruz bajo la Antártida es la cuarta novela de Julio Murillo, nacido “por accidente” en Brasil, según reconoce este escritor de orígenes familiares aragoneses aunque barcelonés de adopción. La intriga aparece en su primera página: un periodista de The Guardian recibe una fotografía en blanco y negro en la que puede observarse una imagen “perturbadora e imposible que le lleva a entender que toda la historia de la segunda mitad del siglo XX se ha construido sobre una enorme mentira”, apunta su autor. La novela, según su autor, es “vertiginosa desde las primeras páginas”. Fuente: La Rioja *** Fallece el escritor Alain Robbe-Grillet, padre del “Nouveau Roman” Alain Robbe-Grillet, el escritor y cineasta francés considerado el padre del movimiento literario “Nouveau Roman”, murió hoy lunes 18 de febrero a los 85 años de edad en el Centro Hospitalario Universitario de Caen, en el norte de Francia, según declaró una portavoz de la editorial Fayard (http://www.editions-fayard.fr), sin precisar la causa de su muerte. Robbe-Grillet había sido ingresado en el centro asistencial durante el fin de semana, a causa de una dolencia cardíaca, informó el Instituto para la Memoria de la Edición Contemporánea (Imec). El escritor y cineasta, quien además era ingeniero agrónomo, se impuso en los años 50 como uno de los teóricos del “Nouveau Roman” (Nueva Novela) tras publicar sus primeras obras, Les Gommes (1953) y Le Voyeur (1955), que rompieron con los cánones literarios de la época. Su corriente literaria reúne a autores como Michel Butor, Claude Simon o Nathalie Sarraute, quienes rechazaban la forma de la novela tradicional, la linealidad en el discurso o el respeto al orden cronológico. Su participación en el cine incluye obras como l’Année dernière à Marienbad (1961) de Alain Resnais, donde escribió el guión en colaboración; l’Homme qui ment (1968); o Glissements progressifs du plaisir (1974). Nacido el 18 de agosto de 1922 en Brest (noroeste), fue encargado de misión en el Instituto Nacional de Estadística de París entre 1945 y 1948, antes de ocupar un cargo de ingeniero en el Instituto de Frutas y Cítricos Coloniales entre 1949 y 1951. Pero en los años 50 se consagró a la investigación innovadora sobre la escritura y se convirtió en uno de los principales defensores teóricos de la “Nueva Novela”. Al tiempo que escribía, fue consejero literario de la editorial Minuit (1955-1985) y miembro del Alto Comité para la Defensa y la Expansión de la Lengua Francesa (1966-1968). También tuvo tiempo de ejercer la docencia en las universidades de Nueva York (NYU, http://www.nyu.edu) y Washington (http://www.washington.edu) y dirigió el Centro de Sociología de Literatura de la Universidad de Bruselas (http://www.ulb.ac.be) entre 1980 y 1988. Elegido en marzo de 2004 en la Academia Francesa para sustituir a Maurice Rheims, nunca fue recibido oficialmente y no ocupó ni una sola vez su asiento. Años antes, en 2001, habría declarado a la prensa parisina: “No es un gran honor (entrar en este órgano), habida cuenta de la cantidad de personas que hay allí y de las que seríamos incapaces de decir los nombres”. Incansable provocador de fantasmas sadomasoquistas que a menudo complacieron más en el extranjero que en su propio país, el escritor siguió agitando el mundo de las letras hasta su último libro, Una novela sentimental, publicada en 2007, en la que daba rienda suelta a historias pederastas y criminales. La novela, que definió como un “cuento de hadas” para adultos, llegó a las librerías envuelta en un plástico que impedía hojearla. Estaba casado con la novelista Catherine Robbe-Grillet, autora en 1956, bajo el seudónimo “Jeanne de Berg”, de la novela La imagen, que fue entonces censurada. Fuentes: AFP • Reuters *** Sevilla será sede de un festival de poesía escénica El I Festival Internacional de Perfopoesía de Sevilla “llenará la ciudad de poesía escénica” entre el 21 y 24 de febrero con el objetivo de “superar las tradiciones poéticas del pasado y facilitar el advenimiento de la poesía en clave contemporánea”, según explicó el fundador de la editorial El Cangrejo Pistolero (http://cangrejopistolero.blogspot.com) y organizador del encuentro, Antonio García Villarán. Este festival surge con la intención de dotar a Sevilla de un evento internacional de poesía semejante al que existe en Córdoba, Granada, Madrid o Barcelona y predicar la denominada “revuelta sureña”. Asimismo, se constituye como la “conclusión” de las citas semanales que se vienen convocando en la capital hispalense desde hace dos años en el Café Platea, apuntó García Villarán. Teniendo como epicentro de sus actividades el Centro de las Artes de Sevilla (CAS), este festival aglutinará “innovadores” recitales, conferencias y presentaciones de revistas y editoriales que “lucharán por sacar la poesía de la mesa y el flexo del salón de los poetas tradicionales para llevarla a los bares y ofrecer al público la posibilidad de interactuar”. Con un amplio programa, el evento se inaugurará con una cabalgata de grúas sobre las cuales tres poetas recitarán sus composiciones valiéndose de un megáfono a lo largo de un itinerario que comenzará en el Ayuntamiento de Sevilla y concluirá en el CAS. Los protagonistas de este espectáculo serán el logroñés David Moreno, que trabaja como creativo en la agencia de Publicidad McDiego, ha autoeditado poemas en La Nada Ediciones y publica en diversas revistas; el madrileño Gonzalo Escarpa, que dirige la revista Fósforo (http://www.revistafosforo.com), el boletín Circo de Pulgas y la revista literaria Nayagua, del Centro de Poesía José Hierro (http://www.ayto-getafe.org/paginas/asp/web.asp?id=1800), donde trabaja como coordinador y profesor del Laboratorio de Creación Poética; y el peruano Peru Saizprez, que trabaja en la agencia de publicidad Delvico, sirviendo de apoyo y plataforma para los poetas y creadores más independientes y renovadores del panorama actual. A continuación, tendrá lugar en el CAS la presentación formal del festival de manos del director del centro, Fernando Roldán, y los editores Antonio García Villarán, Nuria Mezquita y Coral Márquez. El maestro de ceremonias de los perfopoetas será el sevillano Javi Gato. En los siguientes días, se sucederán por las mañanas las conferencias y presentaciones de editoriales —las sevillanas Mono Azul Editora y Point de Lunettes, la valenciana Ediciones Transhumantes, la cordobesa Bella Varsovia o las madrileñas Arrebato Libros y Bartleby Editores, entre otras— y revistas, como la sevillana Rojo Bossar, Puerto o la madrileña La Más Bella. Por la tarde, llegarán los recitales poéticos, las “lecturas transgresoras, los happenings, la polipoesía” y acciones diversas que tienen su origen en la nueva poesía joven, a través de la cual se están intentando abrir paso una “élite de animales escénicos que tienen en la palabra poética su mejor arma de futuro”, según García Villarán. Por último, la noche es territorio de la “Poesía baretera”, “la que se hace en los bares”, señaló. Estos recitales estarán protagonizados por Gracia Iglesias (Madrid), Jon Andoni Goikoetxea (Barakaldo), Polipoesídas (Córdoba), el Cangrejo Pistolero y la Carolain Band (Sevilla), MC El Niño Carajaula (Argentina), Rodolfo Franco (Brasil) y los Poetas Pluscuamperfectos (México). “Todos estos poetas serán tratados como estrellas, por lo que llenaremos la ciudad con carteles y postales presentándolos. Además, pasearán por las calles en coche de caballo y desfilarán por una alfombra amarilla a la entrada del CAS”, apuntó el organizador. Por otro lado, el CAS acogerá los espectáculos con una escenografía diseñada para la ocasión e ideada por Iris Muñoz y Ana Arcas. Ésta consistirá en la instalación de bolsitas de cenizas con obras de poetas del pasado, unos “nichos de plástico que contendrán la poesía del pasado”. Para ello, las escenógrafas están recibiendo en su correo las proposiciones de los interesados sobre los poetas que pueden “quemar”. Sin embargo, se advierte de que “no se trata de anular a estos poetas, sino quemar el pasado para abrir el paso a la nueva y fresca corriente poética que llega”. Fuente: Europa Press *** Silvio Rodríguez realizará por primera vez concierto en El Salvador Los boletos para presenciar por primera vez en el capitalino Estadio Jorge Mágico González, de El Salvador, un concierto del cantautor cubano Silvio Rodríguez, comenzaron el pasado 4 de febrero en lo que se prevé una asistencia masiva el próximo jueves 28, según los organizadores del evento, la compañía guatemalteca Extremo Producción. Rodríguez había querido durante años realizar presentaciones en la nación centroamericana, pero su presentación había sido vetada por las autoridades locales. Los boletos son ofertados entre los 15 y 75 dólares en la capital y en varias regiones del territorio salvadoreño. El cantautor se presentará también en Guatemala y en Nicaragua. El trovador cubano fue muy amigo del asesinado poeta salvadoreño Roque Dalton y, tras su muerte en 1975 por un comando guerrillero del Ejército Revolucionario del Pueblo, le dedicó canciones como “El tiempo está a favor de los pequeños” y “El unicornio azul”. Fuente: Notimex *** Una exposición reunirá lo mejor del arte español contemporáneo El ministro español de Cultura, César Antonio Molina, y la directora del Instituto Cervantes (http://www.cervantes.es), Carmen Caffarel, presentaron este viernes 15 de febrero, en el marco de la 27ª Feria Internacional de Arte Contemporáneo (http://www.ifema.es/ferias/arco/default.html), mejor conocida como Arco, la exposición “España 1957-2007: el arte español de Picasso, Miró, Dalí y Tàpies a la actualidad”. Se trata de una de las mayores muestras de arte español contemporáneo que se celebra fuera de España, y con ella se inaugurará el nuevo museo de arte contemporáneo de Palermo (Italia), el Palacio Sant’Elia, que albergará la muestra del 13 de abril al 14 de septiembre de este año. En la presentación estuvo también Demetrio Paparoni, comisario de la exposición. Organizada por el Cervantes y la Administración Provincial de Palermo (http://www.provincia.palermo.it), con el patrocinio del Ministerio de Cultura de España (http://www.mcu.es) y el Parlamento Europeo, se expondrán casi un centenar de obras realizadas por 70 artistas españoles en el último medio siglo, desde el nacimiento del grupo El Paso, en 1957, hasta hoy. Las obras han sido prestadas en su mayoría por el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), el Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo Artium, la Colección De Pictura, la Fundación Juan March, el Instituto Valenciano de Arte Moderno (Ivam), el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac), el Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa, el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (Meiac), el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), el Museo Vostell Malpartida, el Museo de Cáceres y el Patio Herreriano-Museo de Arte Contemporáneo Español. Fuente: Instituto Cervantes *** Convocan en Perú el I Coloquio Internacional de Narrativa Fantástica El 22 y 23 de agosto de este año se celebrará en la sala de conferencias del Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar (Celacp, http://celacp.perucultural.org.pe), en Lima (Perú), el I Coloquio Internacional de Narrativa Fantástica “Manifestaciones de lo fantástico peruano” (http://www.cpecperu.org/docs/coloquio_fantastico.html), evento organizado por el Centro Peruano de Estudios Culturales y la Red de Investigadores Autónomos. Según un comunicado de los organizadores, el evento buscará la participación reflexiva en torno a lo fantástico local, y, por extensión, a lo fantástico de otras latitudes. Podrán participar escritores o investigadores de cualquier nacionalidad, quienes deberán tramitar su inscripción antes del sábado 12 de julio. El coloquio tendrá diversos ejes temáticos, siendo el primero de ellos el referido a las teorías de lo fantástico. También se podrá participar con trabajos sobre las relaciones de lo fantástico con modalidades afines; análisis de autores y textos en particular, estudios temáticos y de motivos fantásticos; la literatura fantástica comparada, estudios de lo fantástico peruano y su relación con lo fantástico latinoamericano y europeo, y literatura fantástica latinoamericana. Un eje temático sobre las manifestaciones de lo fantástico peruano abrirá además un compás para hablar sobre los orígenes del cuento fantástico peruano, la obra de Clemente Palma, el Modernismo y sus publicaciones, el cuento fantástico peruano y su vinculación con la vanguardia, la generación del 50 y la narrativa fantástica peruana contemporánea. Los interesados en participar deberán enviar antes del 14 de marzo un resumen de hasta 250 palabras con el título de la ponencia y el nombre y apellidos del autor, y, de manera opcional, la institución de procedencia. El comité organizador notificará la aceptación de las mismas antes del 28 de marzo. Las ponencias de los participantes admitidos serán recibidas hasta el 30 de mayo y no deberán exceder las 15 cuartillas (incluida la bibliografía), en papel tamaño DIN A4 (210 x 297 mm), escritas en Arial 12 y a doble espacio, en idioma español. Tanto los resúmenes como las ponencias deberán ser enviadas a las direcciones coloquiofanperu2008@yahoo.com o coloquiofantastico@cpecperu.org. El Comité Organizador acusará recibo de esta propuesta, y para garantizar que su nombre aparezca en el programa, el ponente deberá confirmar su asistencia a más tardar el día 20 de junio. La extensión de las ponencias no deberá exceder los 20 minutos de lectura oral. Las cuotas de inscripción para el coloquio tendrán un costo de US$40 para ponentes provenientes de entidades europeas y norteamericanas; US$20 para ponentes provenientes de entidades latinoamericanas, africanas o asiáticas; 30 nuevos soles para ponentes provenientes de entidades peruanas, y 15 para estudiantes. Público en general y estudiantes no participantes deberán pagar 25 y 20 nuevos soles, respectivamente, como costos de certificación. Los pagos deberán ser cubiertos en la sede del coloquio antes de la sesión inaugural del evento. Fuente: CPEC ||||||||||||||||||||||| LITERATURA EN INTERNET |||||||||||||||||||||| CervantesTV.es http://www.cervantestv.es Canal de televisión por Internet del Instituto Cervantes, un medio que posibilita el aprendizaje del español desde cualquier punto del planeta, así como conocer la actualidad de España y de Hispanoamérica. Ofrece cada día boletines culturales, entrevistas, reportajes, tertulias, música y documentales sobre la cultura en lengua española y los más de cinco mil actos que se celebran anualmente en los casi 70 centros que tiene el Cervantes repartidos por el mundo. elojocritico.net http://www.elojocritico.net Publicación digital sobre cultura y actualidad que ofrece opiniones sobre los diferentes acontecimientos que configuran la actualidad española, cultural, deportiva e internacional. En sus páginas es posible leer artículos sobre música, literatura, cine, cómic y otros temas, así como entrevistas, reseñas editoriales y reportajes. Es dirigida por Matías Cobo y admite colaboraciones por correo electrónico. Siguelahistoria.com http://www.siguelahistoria.com Web de literatura colectiva. Cada usuario puede continuar historias creadas por otros desde cualquiera de sus capítulos o iniciar sus propias historias para que otros participen. También se puede escribir versiones de los capítulos ya existentes. Los capítulos pueden contener hasta 1.000 caracteres y son revisados previamente para su aprobación, que es comunicada al usuario mediante correo electrónico. Imagen digital http://www.gusgsm.com Recopilación de apuntes y notas de Gustavo Sánchez Muñoz sobre temas relacionados con la imagen digital, el diseño gráfico y temas afines. Incluye explicaciones técnicas, manuales y un pequeño glosario de artes gráficas y materias relacionadas con ellas. José Manuel Briceño Guerrero http://vereda.hacer.ula.ve/jonuelbrigue Sitio homenaje al destacado escritor venezolano José Manuel Briceño Guerrero (Palmarito, Apure, 1926). El visitante podrá leer su biografía y conocer su bibliografía, apreciar una colección de fotografías o descargar algunas de sus obras en formato PDF. ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Otro Bolívar para la nueva república Harold Alvarado Tenorio ===== Todavía se cree que la más auténtica iconografía bolivariana son los retratos del natural confeccionados entre 1819 y 1830, año de su muerte, donde el Libertador aparece de pie o medio cuerpo, con una espada, tres condecoraciones y la hebilla con sus iniciales. Autores de esas efigies fueron, entre otros, J. M. Espinosa, P. J. Figueroa, F. D. Roulin, A. Meucci, J. Gil de Castro y P. Tenerani, cuyo bronce aún preside la Plaza de Bolívar. Un Bolívar a imagen y semejanza de los idearios políticos de finales del siglo XIX, dignos de las perversas y mezquinas conciencias de Núñez y Caro, cuyo eco aparece en los panegíricos de Montalvo, García Calderón, Blanco Fombona o Guillermo Valencia, un arquetipo del héroe con talante de Julio César o Napoleón, superior a Washington y San Martín y que sólo la violencia política desatada tras la muerte del negro Jorge Eliécer Gaitán y los temores de la oligarquía que destruyó la historia y la lengua con el Frente Nacional, nos permite ver, hoy, al otro Bolívar de carne y hueso —el casi cierto— que ya había retratado también Espinosa después del atentado septembrino y que García Márquez dejó para siempre en El general en su laberinto, la novela más bella y humana que haya escrito. A una miniatura en acuarela sobre marfil de José María Espinosa (Bogotá, 1796-1883) debemos la imagen oficial y alegórica del Libertador. Fue este gran pintor colombiano quien más hizo retratos del natural del padre de la patria. Tenerani usó de esa imagen de brazos cruzados, mirada y desilusión en los labios para la manufactura de la estatua de marras. Dice Espinosa que la hizo antes del atentado de setiembre de 1828, tras ocho días de visitas y apenas cuatro horas de trabajo por causa de las múltiples ocupaciones del Libertador, marfil del cual hizo una copia que conservó y de la cual hizo otras muchas, una de ellas, de cuerpo entero, que el general Tomás Cipriano de Mosquera recomendó al Congreso, donde está todavía, y por la cual el pueblo de Colombia pagó mil pesos de entonces. A pesar de que desde 1821 Santander llamará a la colonial Plaza Mayor, Plaza de la Constitución, en 1846, tres lustros después de la muerte del Libertador y ya disipado el odio contra el héroe, se inició el culto oficial a su memoria colocando, en el mismo lugar donde había estado siempre la picota, una efigie hecha en Italia por el orfebre Pietro Tenerani, conocido entonces por sus piezas neoclásicas y porque había pasado por estas tierras camino de Brasil donde se desempeñó como maestro durante el Imperio de don Pedro II. El encargo fue hecho y pagado por José Ignacio París, a la sazón propietario de la casa de Fucha, última que habitara Bolívar antes de su postrer destierro. Desde entonces el pueblo llama al lugar Plaza de Bolívar, a pesar de las reservas y oposiciones de los santanderistas. El 20 de julio de 1881, bajo la presidencia de Rafael Núñez, el conjunto escultórico fue rodeado con una verja traída de Europa, que protegía un patio inglés, y una turba enfurecida destruyó en 1919. La estatua, apenas algo mayor de tamaño que el natural, muestra a Bolívar como militar y lleva, sin que sepamos por qué, una medalla de Washington al pecho. Tiene la cabeza descubierta y viste un suntuoso manto, botas altas, de caballería, mientras sostiene una espada en su mano derecha y la izquierda empuña un papel a medio enrollar. Ni la postura, ni el traje, con una capa que es pallio griego, se corresponden con los retratos conocidos y es obra de la imaginería de un necesitado escultor italiano, afecto a los monumentos romanos del imperio y cuya fama reposa en efigies sagradas de las iglesias de San Juan Letrán y Santa María, y a la cual van, como anillo al dedo, las frases que el Libertador escribiera desde Cuzco, en 1825, al guayaquileño José Joaquín Olmedo para rechazar su falso Canto a Junín, donde pretendía celebrarle: Todos los calores de la zona tórrida, todos los fuegos de Junín y Ayacucho, todos los rayos del Padre de Manco Cápac, no han producido jamás una inflamación más intensa en la mente de un mortal. Usted dispara donde no se ha disparado un tiro; usted abraza la tierra con las ascuas del eje y de las ruedas de un carro de Aquiles, que no rodó jamás en Junín; usted se hace dueño de todos los personajes: de mí forma un Júpiter; de Córdoba, un Aquiles; de Necochea, un Patroclo y un Ayax; de Miller, un Diomedes; y de Lara, un Ulises. Todos tenemos nuestra sombra divina y heroica, que nos cubre con sus alas de protección como ángeles guardianes. Usted nos hace a su modo poético y fantástico, y, para continuar en el país de la poesía la ficción de la fábula, usted nos eleva con su deidad mentirosa, como el águila de Júpiter levantó a los cielos a la tortuga para dejarla caer sobre una roca que le rompiese sus miembros rastreros; usted, pues, nos ha sublimado tanto que nos ha precipitado al abismo de la nada, cubriendo con una inmensidad de luces el pálido resplandor de nuestras opacas virtudes. Como puede deducirse, Bolívar fue otro. Fue pequeño, huesudo y pálido, tenía sangre de negros y facciones de zambo, patillas y bigotes de mulato y en muy raras ocasiones vestía el traje de los militares europeos y menos el napoleónico. Quienes le conocieron (Hippisley, Proctor, Perú de Lacroix) le retratan las más de las veces con los largos cabellos atados a una cinta, pañuelos de colores alrededor de su cuello, casacas militares, pantalones azules de paño tosco, botas con espuelas o alpargatas, corbatas negras, chalecos blancos, levitas, con sombreros de paja, como aparece en uno de los magistrales retratos que hiciera del Libertador el mismo Espinosa meses antes de su muerte. E incluso, como le vio en los campos de batalla un oficial de la Legión Británica, empuñando una lanza con una banderola negra y unos huesos en corva con la divisa: Libertad o Muerte. Entonces, si, como todo parece indicarlo, una nueva república puede deparar el futuro a los colombianos, es nuestro deber dar a las generaciones venideras una imagen del héroe que se corresponda al menos con ciertas verdades, de su existencia y efigie, que den testimonio del hombre que fue. Porque quien conozca un poco de la historia del Libertador sabe que no fue sino un sabio empujado a la guerra y el más bello modelo de humanidad que pudo depararnos la crueldad de la especie. Bolívar merece otra imagen, como la que nos ofrece la novela de García Márquez, la de un ser de carne y hueso, como nosotros mismos. Como las víctimas de esta prolongada guerra que hoy vivimos y de la cual ha sido ese Bolívar que pisa la Plaza de Bolívar el símbolo. Porque el Bolívar que deseamos para nuestras descendencias debe ser aquel que con estas frases memorables exigió en Angostura, en 1819, la libertad para quienes no la tenían: Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma o la revocación de todos mis Estatutos y Decretos; pero yo imploro la confirmación de la Libertad absoluta de los Esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República. ** Harold Alvarado Tenorio alvaradotenorio@telesat.com.co Escritor colombiano nacido en Buga (1945). Doctor en Letras de la Universidad Complutense de Madrid. Dirigió el Departamento de Español y las Latin American and Spanish Writers Series del Marymount Manhattan College (Nueva York, EUA), así como el Comité de Redacción de la revista China Hoy (Beijing, China). Es profesor titular de la Cátedra de Literaturas de América Latina y director del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia. Dirige actualmente la editorial y la revista de poesía Arquitrave (http://www.arquitrave.com). Ha publicado Summa del cuerpo (2002); Fragmentos y despojos (2002); Literaturas de América Latina (1995); Ensayos (1994); Poemas chinos de amor (1992); La poesía de T.S. Eliot (1988); Espejo de máscaras (1987); Una generación desencantada: los poetas colombianos de los años setentas (1985); Kavafis (1984) y Cinco poetas españoles de la Generación del Cincuenta (1980). Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y el Internacional de Poesía Arcipreste de Hita. Su obra ha sido publicada en inglés, francés, italiano, griego, chino, alemán y portugués. === ¿Reseñas biográficas o advertencias morales? ========================== === Estrategias moralizantes de una editorial católica argentina ========== === en la década de 1960 Augusto Gayubas ============================= Hace no mucho, revisando la pequeña aunque selecta biblioteca de mi abuelo ante el pedido explícito de mi abuela de que me llevara todo aquel libro que me interesara conservar, no sólo me reencontré con viejos volúmenes que marcaron mi infancia y mi adolescencia (cuando los días festivos nos reunían en familia en la casa de mis abuelos y uno de mis mayores placeres era observar los añejos lomos y tomar entre mis manos obras que me influenciarían decisivamente), sino que también descubrí algunos títulos que en su momento habían pasado desapercibidos ante mi distraída mirada. Fue así que entre obras completas de Vicente Blasco Ibáñez, selectas aventuras de Jules Verne y panfletos republicanos de la época de la Guerra Civil Española, encontré un librito en octavo que no escondía ningún misterio ni revestía especial interés, pues no era una edición antigua, ni siquiera “cuidada”, y estaba muy lejos de ser una rareza o un “incunable moderno”. Por todo ello, nada me llamó la atención de él en primer lugar. Aun así, me sentí impelido a leerlo. Se trata, simplemente, de una compilación de cuentos españoles cuyo nombre, como no podía ser de otra manera (de hecho, sí podía), es Cuentos españoles, correspondiente a una colección a cargo de Domingo Lagh (“un auténtico buceador del acontecer literario y profesor experimentado”, según reza una de las solapas interiores), editada por Ediciones Paulinas de Buenos Aires. El volumen en cuestión fue impreso en abril de 1962, y cuenta con una simpática portada “proyectada y realizada por el Prof. Ignacio Corbalán”, según se indica en la otra solapa. Una vez hube trasladado la mayoría de los libros de mi abuelo a mi casa, la portada de Cuentos españoles y los nombres de Gustavo Adolfo Bécquer y Benito Pérez Galdós encabezando el índice de cuentos seleccionados (sobre un total de doce), me movieron a comenzar su lectura. Sabiendo que Ediciones Paulinas es una editorial estrictamente católica, y que a comienzos de los años ‘60 había todavía una postura bastante más dura que hoy de la Iglesia en relación a temas de sociedad y arte (el Concilio Vaticano II impulsado por Juan XXIII, que daría comienzo al proceso de aggiornamento de la Iglesia católica, no sería inaugurado hasta octubre de 1962, y aun en este proceso, en varios aspectos truncado, los grupos conservadores locales mantendrían un férreo hermetismo en relación al cambio), no me sorprendió demasiado leer en la primera solapa interna del libro que “los Autores presentados han sido seleccionados con la mayor amplitud de criterio estético (...), salvándose únicamente la moral, que es la primera e inapelable regla de arte” (1). No me entretuve mucho más en ello y me aboqué a leer, primero la “Advertencia preliminar” de Domingo Lagh (en la cual justifica con cierta coherencia la selección —bastante obvia— de autores, que se sitúan entre el siglo XIX y comienzos del XX y que varían entre escritores de reconocimiento nacional y “escritores regionales y por ende un tanto olvidados”, la mayoría de ellos “aficionados a cierta literatura fantástica e histórica” y algunos mejor conocidos por sus novelas [2]), y a continuación me dispuse a leer los magníficos cuentos seleccionados. Sin embargo, no fueron los cuentos en sí lo que me llamó la atención de la edición que tenía entre mis manos, sino las pequeñas biografías que reposan bajo el nombre de cada autor al comienzo de los sucesivos cuentos. En efecto, lo que resalta en ellas es una fuerte bajada de línea de la editorial que parece haber sido realizada con posterioridad a la selección de los textos y ante la inevitabilidad de aceptar dicha selección. Como veremos más adelante, las biografías parecen cumplir una función aleccionadora dirigida al público católico con el objetivo de dejar en claro qué autores verdaderamente valen la pena en función de su cercanía a la doctrina y la moral cristianas, y quiénes merecen ser olvidados por alejarse y oponerse al catolicismo conservador y por cultivar, por ejemplo, el naturalismo en literatura. El primer cuento es una pieza magistral y aterradora de Gustavo Adolfo Bécquer: “El miserere”. La primera imagen que nos ofrece el relato es la de una célebre (y antigua) abadía en cuya olvidada biblioteca se esconden unos misteriosos cuadernos de música. La biografía que acompaña al cuento es más bien moderada aun a pesar de que en buena parte de la obra de Bécquer se trasluce una “tibia fe” (3) que nada tiene que ver con la fuerte convicción católica que mueve a Ediciones Paulinas. A pesar de esto, pues, a Bécquer no se lo difama y de hecho se rescata particularmente la “tonalidad poética” de su prosa y su “renovación de la lírica española”. Un poco menos “neutral” es la biografía de Benito Pérez Galdós, de quien se seleccionó “El asno y el buey” (4), relato que recupera, más que el espíritu, el clima social de la Navidad para contraponer realidad e imaginación y desplegar juntos el drama de la muerte y de la incomprensión humana, y la inocencia ascendida a estatus angelical. Luego de repasar las obras más importantes de Galdós y de equivocar el año de su nacimiento (“1845” en vez de 1843), el “biógrafo” (si se me permite el uso algo laxo del término) menciona su adscripción al liberalismo, pero con un énfasis significativo: “Era liberal y anticatólico a ultranza y sus novelas son novelas ‘de tesis’ en su lucha de descristianización” (5). Hasta aquí, aunque absolutiza y extrema afirmaciones que hacen de todas las novelas de Galdós novelas de tesis, no le falta demasiada razón al autor de la biografía. Luego agrega: “Hasta en ‘Marianela’, novelita tan simpática y poética, se ha de ver también uno de los procedimientos de la técnica de izquierda, consistente en presentar como extremadamente simpáticos y progresistas a los personajes no creyentes y como odiosos a los católicos”. Si bien estas afirmaciones pueden ser encontradas hoy en varios fragmentos biográficos sobre Galdós, el énfasis del biógrafo es llamativo, como también lo es el hecho de que no hable de liberales y progresistas versus conservadores y tradicionalistas, sino de “no creyentes” (es decir, paganos) presentados como extremadamente progresistas y de los “católicos” presentados como odiosos. La biografía, entonces, parece cumplir más la función de “advertencia” sobre el autor que de contextualización, destacando que el cuento seleccionado es algo de lo que puede rescatarse de un autor que en esencia es anticatólico y, por ende, su obra es poco fiable. Es por eso que en la biografía se sostiene que “ya ha pasado el gran auge de Pérez Galdós”, aunque reconoce que aun así queda “mucho de bueno en recoger en su vasta obra”. A continuación se desglosan unos capítulos de un libro de narraciones infantiles de un novelista poco recordado, nacido en Jaén hacia 1888 y que cuando se editó la selección de Ediciones Paulinas, era considerado un autor de la actualidad: Juan Aguilar Catena. La narración, “Un alumno difícil”, plantea una técnica de aprendizaje que un maestro ejerce sobre un educando ricachón y caprichoso que se resiste a obedecer órdenes. El principio que esgrimen el maestro y el autor es que la enseñanza es un tipo de transacción, que para recibir siempre se tiene que dar algo a cambio. Con este criterio llevado al extremo, el maestro mantiene una muy estricta relación de “intercambio” con el educando, a quien le niega, por ejemplo, una silla donde sentarse, agua y pan hasta tanto éste no lo trate con respeto y cumpla las órdenes y tareas impuestas (entre ellas, memorizar las tablas de multiplicar y rezar). Éste es, de acuerdo con el biógrafo, “un notable caso de pedagogía”. El siguiente texto es una hermosa pieza del brillante escritor Antonio de Trueba, titulada “Jaun-Zuria” y que relata con maestría y vitalidad poética la historia del legendario primer señor de Vizcaya. La biografía nos dice con orgullo que Antón, el de los Cantares “fue católico a macha martillo”, que fue “un paisajista tierno”, y, siguiendo a Ángel Valbuena Prat, que “a pesar de la gloria que se adjudican para sí los escritores de la generación del 98, hay que señalar en Trueba ‘el primer descubrimiento consciente del paisaje de Castilla’ ”, afirmaciones que nada tienen de disparatado pero que resaltan cierto interés por remarcar las virtudes del escritor católico por sobre los autores más ligados a la crítica desde posiciones de izquierda (la generación del ‘98). “La batalla de los cueros” es el siguiente cuento, y su autor es el jesuita Luis Coloma, de quien no se hacen demasiados comentarios: una breve referencia a sus obras exitosas, su paso por la política hasta “hacerse sacerdote y jesuita”, su afición por la historia novelada y los cuadros de época y, por supuesto, el carácter moralizador de algunos de sus relatos. Si bien los escritos de Coloma son de una inapreciable calidad, y es ciertamente positivo que una editorial haya decidido (como tantas otras) incluirlo en una compilación de cuentos, no deja de ser significativo que una de las más llamativas características de este autor natural de Jerez de la Frontera, sea su fuerte tendencia a hacer de sus relatos, manifiestos moralizantes (6). Pues si bien es digno de reconocer que Coloma fue un naturalista (siendo el naturalismo el estilo artístico nacido en Francia de la pluma de Émile Zola y que se proponía retratar la realidad social objetivamente en todas sus dimensiones, y que en España caló hondo entre los grupos republicanos y anticatólicos), tampoco hay que olvidar que por sobre todo fue un naturalista “cristiano” (vertiente del naturalismo que prescindía del principio ateísta y que mantenía una ideología conservadora). Significativamente, el relato seleccionado narra la historia de la defensa del “Jerez cristiano y caballeresco” de la “morisma” en el siglo XIV, centrándose en lo que se llamó la “batalla de los cueros”, en la cual la victoria cristiana fue asegurada por “el socorro de María Santísima de las Mercedes”. La biografía más interesante es, sin ninguna duda, la que toca a Jacinto Octavio Picón, autor naturalista (del naturalismo llamado “radical”) cuyos méritos literarios hoy en día pocos cuestionan. El cuento seleccionado es “La amenaza”, la historia de un obrero que sufre un accidente en la fábrica donde trabaja y pierde el brazo derecho, ante lo cual los directivos de la empresa no se responsabilizan y el obrero, sin esperanzas de conseguir otro empleo dada su nueva condición de manco, se reúne con sus antiguos compañeros y juntos debaten qué hacer: reclamos, huelga, acción directa. Hasta que el obrero lastimado toma una determinación: decide pasar sus días y sus noches pidiendo limosna en la puerta de la lujosa casa del dueño de la fábrica con un cartel colgado al cuello que reza: “Inutilizado en la fábrica de Don Martín Peñalva”. “Allí está cuando el rico, nuevo señor del feudalismo moderno, sale a sus placeres y a sus agios; cuando su esposa vuelve de rezar, y cuando sus hijas van a saraos envueltas en primorosas galas”. Y concluye: “Aquel mendigo en la puerta de aquel palacio, es una ofrenta (sic) viva... Y es también una tremenda profecía. La mano con que pide, parece que amenaza”. La contundencia de las palabras y la maestría con que a lo largo del relato presenta un cuadro sombríamente realista de la situación en las fábricas de fines del siglo XIX, parecen no convencer del todo, sin embargo, al biógrafo de nuestra compilación. De acuerdo con él, Picón es “atildado académico en la frase, superficial en los conceptos y en la ejecución. Autor frívolo, de los que nada se pierde con olvidarlos”. Afortunadamente, Picón no fue olvidado (del todo) (7). El biógrafo, hay que reconocerlo, fue contundente también; sin embargo, la crítica parece exceder el plano literario y desviar su atención hacia el pensamiento disruptivo de Picón. Muy ligado a ello está el rechazo que emerge desde las entrañas mismas del catolicismo contra las tendencias naturalistas en arte, el cual condujo a nuestro biógrafo a arremeter contra todo signo de naturalismo a la manera de Émile Zola, algo que queda patente en la biografía de Picón, pero más aun en la siguiente, la de Emilia Pardo Bazán. De esta reconocida escritora fue seleccionado un breve relato moralizador (“Desde allá”) sobre dos hermanos mellizos que, en lugar de pelearse por la herencia de su difunto padre, deciden compartirla fraternalmente. Se suele considerar a la literatura de Pardo Bazán como una versión cristiana del naturalismo que busca analizar la realidad social y sus conflictos. Y el biógrafo, si bien trata a la autora con cierto desdén en esta inclinación, mantiene un respeto religioso por su filiación cristiana. Sostiene que es una lástima que haya seguido a la escuela del naturalismo francés, “más chocante en ella por tratarse de una mujer”, sentencia que nos advierte cierta idea católica tradicional de lo femenino como aquello que debe refugiarse en el hogar cristiano y debe cultivar “la obediencia, la discreción, la decencia, el orden” y la maternidad (8) (idea que en aquel entonces era bastante más común, aunque en los sectores católicos más conservadores de la actualidad sigue bastante vigente), e imagina que “desprovista de la fe católica hubiera sido una Francoise Sagan cualquiera”, donde esta escritora francesa, famosa por su espíritu rebelde y libertino, la liga de rebote. Pero el biógrafo decide ser más explícito y nos advierte que “eso lo decimos como una mera nota erudita de carácter retrospectivo”, porque “¿qué es el naturalismo de Zola de entonces, si se lo compara con la pornografía, no digamos del cine actual, sino de los más celebrados novelistas de hoy?”. Esta anticuada visión del erotismo literario y cinematográfico del siglo XX como “pornografía”, que se corresponde bastante bien con el uso que se hace actualmente del término en algunas conciencias sexualmente reprimidas del catolicismo ultraconservador, es probablemente lo que llevó al biógrafo a concluir que “lo peor del caso es que éstos no escriben siquiera con una intención moralizadora, sino simplemente para sentirse más cómodos en su especialidad... para escribir de lo que saben y reírse del público con más ganas”. También Juan Valera, famoso entre otras cosas por su escepticismo en materia religiosa y por su concepto del arte por el arte, es víctima de los azotes del cruel biógrafo, en la pequeña biografía que acompaña a su famoso cuento “El caballero del azor”, el cual narra la historia del legendario personaje medieval Bernardo del Carpio (9). De Valera, considerado habitualmente como el prosista español más acabado del siglo XIX y cuyo interés se alejó del realismo en pro de una literatura “esteticista”, la biografía nos dice con ironía que “como académico fue clásico; como católico, volteriano; como escritor, aristocrático; como filósofo, psicólogo y como psicólogo, filósofo. Vale decir que todo se reducía a un vasto, sofisticado y agudo dilettantismo”. Cuando le toca referirse a la obra más conocida de Valera, “Pepita Jiménez”, con un desprecio malhumorado y aires de escándalo sostiene que “es la historia (¿suya?) de un seminarista cuya vocación se pierde ante la cara y las razones de la primera mujer que topa: todo muy poéticamente triste y tristemente poético, porque es la autodefensa del propio autor a través de sus muñecos imaginarios” (10). A diferencia de Picón, a quien en compensación por las duras palabras el biógrafo le regaló un año de vida (declarando que murió en 1924, cuando en realidad Picón murió en 1923), con Valera la saña parece ser tal que el “biógrafo” decidió incluso quitarle tres años de vida, indicando que nació en 1827 (y no en 1824) y que murió a los 78 años. Luego de tan frenética embestida, el biógrafo se toma un descanso y, relajado, pasa a hablar maravillas del siguiente autor de la selección: Ricardo León (nacido en Barcelona en 1877 y muerto, aunque el biógrafo sostiene que en 1944, en 1943). León fue un defensor incondicional del catolicismo conservador, y sus obras son una fuerte reacción contra el naturalismo. Llamativamente, en su pequeña biografía sólo encontramos oraciones como la que sigue: “Poseyó el raro talento de expresar el paisaje y las inquietudes modernas en el lenguaje engolado del siglo de oro español”. El criterio empleado para juzgar su obra (de la cual se seleccionó “Los tres reyes de Oriente”) queda explicitado en la siguiente frase: “Como novelista, sus libros (...), van aumentando en fervor de fe y consistencia de ideario católico”. Para el biógrafo todo lo que escribió Ricardo León es “bueno” y “apreciado”. Del sacerdote sevillano Juan Muñoz y Pavón (que en la primera página del cuento se convierte en Muños), no dice mucho; tan sólo se enumeran algunas de sus obras y se destaca “el precioso: ‘Romancero del Niño de Nazareth’ ”, y se nos advierte sobre lo dificultosa que puede resultar la lectura del cuento seleccionado, “Propósito de enmienda”, dado que su grafía “imita ‘ad pedem litterae’ la manera popular del decir andaluz”. Los últimos dos cuentos corresponden a Eusebio Blasco (“La absolución”, que, como el apellido de Muñoz, sufre una ligera transformación en la primera página del cuento y deviene “La solución”) y a Pedro Antonio de Alarcón (“La buenaventura”). Del primero no se dice prácticamente nada; quizás su convicción católica queda lo suficientemente manifestada en el relato seleccionado, el cual narra la historia de una mujer licenciosa que, cansada de una vida inmoral, decide tomar los hábitos y hacerse monja, situación ideal que podría haber determinado a la editorial a titular erróneamente el cuento como “La solución” (11). Sin embargo, del segundo lo primero que se menciona además de su nacimiento en Guadix, Andalucía, en 1833, es que “su conversión al fervor y práctica del catolicismo data de 1866”, luego de llevar una vida “como revolucionario desde el periodismo y demagogo frenético” (lo que algunos críticos llaman sencillamente una “posición anticlerical”). El biógrafo lo considera “uno de los grandes maestros de la narrativa española” y no teme admitir que es un “puente entre el romanticismo un tanto pasado de moda entonces, y un castizo realismo”. Aunque evidentemente es el último Pedro Antonio de Alarcón el que simpatiza al biógrafo, aquel que en el discurso por su ingreso en la Real Academia Española en 1875 habló extendidamente sobre “La moral en el arte”, el cuento seleccionado corresponde a la faceta anterior, pues fue publicado originalmente en 1853. Como cualquiera podría a esta altura suponer, en la biografía no se pierde ocasión de nombrar a la novela “El escándalo”, la cual no sólo es la más famosa de Alarcón, sino también la que más evidentemente entrelaza la cuestión religiosa y la cuestión social, siendo al decir de muchos críticos una “obra antinaturalista y de tesis”, razón por la cual en su momento se la criticó “juzgándola una novela clerical” (12). Un cuento de este autor es entonces, sin ninguna duda, el broche de oro ideal para un libro como el que nos ocupó. Y el ejemplo de esta última biografía sirve perfectamente para remarcar el fuerte contraste que se percibe en dicho volumen entre las reseñas biográficas de los autores naturalistas y anticatólicos, y aquellas correspondientes a los escritores clericales y conservadores, y por ende para dar conclusión a este pequeño artículo. Notas 1. Los subrayados son míos. 2. Domingo Lagh (comp.), Cuentos españoles, Buenos Aires, Ediciones Paulinas, 1962, p. 5. 3. Russell P. Sebold, “Gustavo Adolfo Bécquer. Apuntes caracterológicos”, en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2006. 4. Tal es el título escogido por los encargados de la edición que nos ocupa, aunque el título original de la pieza es “La mula y el buey”. 5. De aquí en adelante, todos los subrayados dentro de las citas de las biografías discutidas son míos. 6. Véase José López Romero, “Jerez y Coloma”, en Centro de Estudios Históricos Jerezanos, http://www.cehj.org. 7. Rubén Darío escribió sobre una obra de Picón: “Para mí, y para todo el que tenga el gusto de lo humano y de lo pulcro, aparece como el más preciado fruto de su árbol literario esa ‘Dulce y sabrosa’, manzana de Garcilaso, novela de maestro, figuración llena de vida y hechizo” (Rubén Darío, Los raros – Cabezas (pequeñas biografías), Madrid, Aguilar, 1945; cit. en Francisco Arias Solís, “Jacinto Octavio Picón”, en http://franciscoarias.blogcindario.com, noviembre 2006). Agradezco a Francisco Arias Solís el haberme facilitado cordialmente este dato. 8. Verónica Giménez Béliveau, “La imagen de la mujer en las comunidades católicas: entre la tradición y el cambio”, ponencia presentada en el 3r Congreso Virtual de Antropología y Arqueología NAyA 2002, http://www.naya.org.ar, octubre 2002. 9. Véase Remedios Sánchez García, “ ‘El Caballero del Azor’ de Juan Valera, modelo válido de literatura juvenil decimonónica”, en Elvira: Revista de Estudios Filológicos, núm. 7, 2003, pp. 29-37 (reproducido en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2007). 10. Llama la atención que en esta biografía, prácticamente se lo “acusa” a Valera de estar contando en “Pepita Jiménez” su propia vida, lo cual lo convertiría no sólo en el autor de una obra inmoral, sino en una persona inmoral. Sin embargo, y a pesar de que Valera cursó estudios en el Seminario Conciliar de Málaga (específicamente, estudios de filosofía) entre 1837 y 1840, no hay motivos para suponer que la historia presentada en “Pepita Jiménez” sea autobiográfica, mucho menos una “autodefensa” del autor. Véase Pedro Romero Mendoza, Don Juan Valera (estudio biográfico-crítico, con notas), Madrid, Ediciones Españolas, 1940. 11. Ésta sería, en aproximación, la situación inversa a la que al biógrafo le interesa (pero en ese caso para despreciarla) de la historia de “Pepita Jiménez”. 12. José Antonio Molero, “Pedro Antonio de Alarcón”, en Gibralfaro. Revista de creación literaria y humanidades, año V, número 43, septiembre 2006. ** Augusto Gayubas augustogayubas@yahoo.com.ar Escritor argentino (Buenos Aires, 1980). Cursa estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde es investigador de un proyecto Ubacyt. Ha publicado y traducido artículos de carácter historiográfico para una revista de divulgación y para la Cátedra de Historia Antigua de Oriente de la Facultad de Filosofía y Letras. Es autor de dos radiocuentos ("Sabotaje" y "Crazy Story", ambos de 1997) emitidos en una de las, por entonces, más escuchadas radios de Buenos Aires, hasta que uno de ellos fue censurado por las autoridades de la emisora tras una serie de disputas ajenas al autor. === Dos notas Loreto Sepúlveda B. ==================================== *** La maravillosa libertad de escoger La libertad es uno de los derechos más emblemáticos e intrínsecos en el ser humano por el que ha tenido que luchar durante siglos, pero más allá de su connotación simbólica, la libertad es una facultad natural del hombre para hacer legítimamente aquello que lo conduzca a los propósitos de su vida. A menudo nos estamos enfrentando a procesos de elección entre dos o más posibilidades, el escoger desde un yo íntimo y optar por aquello que nos hace sentir conformes, complacidos y contentos, en otras palabras aquello que nos acerca más a la felicidad, nos demuestra el más profundo sentido de libertad. La acción de elegir involucra un conocimiento de las aspiraciones, una validez de las convicciones, una seguridad de saber lo que queremos y perseverar por ellas, lo que refleja el grado de responsabilidad que tenemos frente a nosotros mismos, pues en la medida que nos preocupemos de brindarnos una buena calidad de vida, así será el grado de compromiso en la entrega de los afectos y los afanes del diario vivir. Somos libres cuando en medio de un universo de posibilidades, seleccionamos aquello que creemos es mejor para nosotros y también cuando habiendo sólo una posibilidad frente a la nada, apostamos igual por ella hasta alcanzarla, ese es el ejemplo más fehaciente de que estamos siendo protagonistas de nuestra vida, no podemos vivir la vida que quieren los demás o por complacer a los demás. Cada uno vive lo suyo desde su propia historia y perspectiva en el marco de la libertad con el que nace todo ser vivo. Las experiencias son únicas, individuales e intransferibles, en tanto, el tiempo es lo único que se pierde de manera irreversible, siendo un elemento importante al momento de las decisiones. En esta maravillosa libertad de escoger surgen los derechos y obligaciones que tenemos frente a este principio, el derecho a pensar libremente y la obligación de respetar el pensamiento del otro por distinto que éste sea. Alguien dijo por ahí que nuestros derechos terminan donde empiezan los del otro, premisa válida también ante la libertad que tenemos de escoger en donde somos entes activos y protagónicos de nuestra vida. *** Flexibilidad En ingeniería, la rigidez es la capacidad de un objeto sólido o elemento estructural para soportar esfuerzos sin adquirir grandes deformaciones o desplazamientos. La flexibilidad en cambio, quiere decir “capacidad que tienen las cosas para doblarse pero sin romperse” acercando sus partes distales de los distintos segmentos corporales. Actualmente la flexibilidad es una cualidad no sólo física sino también emocional, susceptible de mejorar a través de distintas técnicas y métodos de entrenamiento entre las cuales figura la actitud, el conocimiento, la práctica y las habilidades, conceptos que pueden transformarse en valiosas herramientas para desenvolverse en un mundo que cambia constantemente, en donde la capacidad de flexibilización es fundamental para interactuar con los demás. Una actitud optimista, abierta, proclive a los cambios, ayuda en la toma de decisiones, por otro lado el conocimiento respecto a las personas nos ayuda a ser empáticas y entenderlas. Si hacemos de la flexibilidad un ejercicio permanente, la comunicación se hace más expedita y finalmente desarrollar todas las habilidades cognitivas y emocionales fortalecerá las relaciones con el universo de personalidades que nos toca conectarnos. Cuando somos flexibles somos dúctiles, adaptamos la forma al espacio, tratamos de sentirnos cómodos en algo que no es de nuestro agrado manteniendo intacta nuestra esencia, con ello no estamos siendo inconsecuentes, pues nuestra manera de pensar se mantiene, lo que cambia no es el contenido sino la forma de observar y asumir los hechos cotidianos. Las personas menos flexibles son rectas, verticales, rígidas, prácticas, objetivas, van en una sola dirección y esperan que el medio se adapte a ellas, en consecuencia que todo cambio debe generarse desde el interior de cada uno y proporciona por lo demás un extraordinario enriquecimiento personal. La flexibilidad camina de la mano de la empatía, la generosidad y la voluntad; elementos necesarios en una relación o convivencia con las demás personas. Vivimos en un planeta generoso en diversidades de plantas, climas, flores, lenguas, culturas, razas, filosofías, cultivos, fauna y todos ellos viven en una armoniosa convivencia, por qué entonces al ser humano se le hace tan difícil convivir con los mismos de su especie. La naturaleza en todo su entorno nos dice cómo vivir rodeados de diferencias sin perder el sentido de identidad y pertenencia. Jaime Barylko, en su libro Vivir y pensar, nos relata un fragmento tomado de J. D. Salinger (Nueve cuentos) en el que un personaje, Teddy, sostiene: “Creo que primero reuniría a todos los niños y les enseñaría a meditar. Trataría de enseñarles a descubrir quiénes son, y no simplemente cómo se llaman y todas esas cosas... pero antes, todavía, creo que les haría olvidar lo que les han dicho sus padres y todos los demás. Quiero decir, aunque los padres les hubieran dicho que un elefante es grande yo les sacaría eso de la cabeza. Un elefante es grande sólo cuando está al lado de otra cosa, un perro, o una señora, por ejemplo. Ni siquiera les diría que un elefante tiene trompa. Cuanto más les mostraría un elefante... lo mismo haría con la hierba... ni siquiera les diría que la hierba es verde”. ¡Qué difícil es pensar! Qué fácil es repetir cosas acerca de elefantes. Somos flexibles cuando nos damos el trabajo de pensar en los demás. ** Loreto Sepúlveda B. losepulv@mail.udec.cl Escritora chilena (Chillán, 1961). Es secretaria ejecutiva en el Decanato de la Facultad de Ingeniería Agrícola de la Universidad de Concepción (http://www.udec.cl). Ha publicado Girasoles para ti (2002) y es columnista del diario La Discusión, de Chillán, y del Boletín Interamericano de Contabilidad, de la Asociación Interamericana de Contabilidad AIC (Miami, EUA). === Los personajes suturados de Oscar Marcano Fedosy Santaella Kruk == Alguna vez tuve la fortuna de disfrutar de Millennium, una serie de televisión magnífica, creada y escrita por Chris Carter, el mismo maestro que tuvo a bien concebir la saga de los Expedientes secretos X. Mientras leía Puntos de sutura de Oscar Marcano, pensé repetidamente en un episodio de Millennium que se me antoja supremo. Una vez terminada la novela, esta referencia toma aun más fuerza. En ese capítulo de Millennium (titulado Room with no view), tenemos una reminiscencia de la Irene Adler de Sherlock Holmes, una asesina de origen ambiguo (algo nos hace pensar que es el demonio mismo) de nombre Lucy Butler. La Butler reta al serenamente atormentado Frank Black con un misterio agudamente maléfico, que al final se convierte una revelación pavorosa. Black descubre que la Butler secuestraba jóvenes para encerrarlos en una casa donde los mantenía sometidos a un subibaja emocional donde por momentos los trataba con suma crueldad y en otros los mimaba con suavidad de madre buena. A toda hora, para completar el horror, sonaba Love is Blue, de Paul Mauriat, en los ocultos altavoces sobre las oscuras celdas de aquel lugar demente. Esta mujer, representación del mal supremo encarnada en una especie de hippie hermosa, buscaba trepanar sus mentes con dosis sobrecargadas de aislamiento, vacío y locura. Es decir, anhelaba anular la voluntad de aquellos jóvenes, que estaban allí por ser excepcionales. Pero he aquí lo más particular: no se trataba de genios de las matemáticas, ni futuros ingenieros, abogados, médicos, líderes ecologistas, pacifistas prometedores o prospectos de sacerdotes o místicos (a todos ellos el diablo los adora). No, estos jóvenes tenían algo que no se puede definir en palabras, una inteligencia especial, preclara. Digamos que estos muchachos estaban más despiertos que el resto de los seres humanos, y esto los hacía más peligrosos a los ojos del demonio que cualquier otra persona. ¿Por qué recordé esta extraña historia cuando leía la novela de Marcano? Porque creo que el autor está hablando de lo mismo. En Puntos de sutura contamos con una cantidad de personajes que, en gran medida, son luminosos. Personajes diferentes, espirituales a su manera, y más sensibles y humanos que el resto de los mortales. Estos personajes, y como señala Antenore sobre Áyax en su texto de introducción a la historia de Puntos de sutura, son héroes perdidos, héroes que alguna vez tuvieron un peso específico en su sociedad y que, de pronto, con el golpe de biela de la historia, dejaron de tener valor e importancia. Los personajes de Puntos de sutura, estos múltiples Áyax (que en el fondo son un solo gran personaje), están condenados a fracasar en un mundo al que no pertenecen. Nuestro tiempo, ese que se cuenta en Puntos de sutura, no es el de El enano, ni el de Kénidi, ni el de Sayegh ni, mucho menos, el de Moj y el de Alfonso Gabbani. En cada una de sus historias —historias que ramifican el libro en una delicia de savia literaria—, entendemos que estos personajes son diferentes, que no pertenecen, que no están del todo porque quizás son demasiado inocentes, soñadores o idiotas. Simplemente estaban destinados a otro tiempo, a otras vidas. El choque con la realidad los condena. Su alma ligera (en el mejor sentido de la palabra, como la entendía Calvino en Seis propuestas para el nuevo milenio), su alma de héroes destinados a grandes cosas se va llenando de peso, de contaminación, de suciedad de mundo. Sólo les queda dos vías: o dejarse llevar y fracasar, o salir de la historia. En Puntos de sutura sólo Alfonso Gabbani decide dejar el juego: pero antes de partir, se hunde en los meandros propios para contar en parábolas las razones de su muerte. Juzgo que Puntos de sutura tiene una unidad interna hecha a prueba de balas, y tengo la certeza de que no son un grupo de cuentos convertidos en novela, como se pudiera creer, sino una novela convertida en una miríada de cuentos, cuyos significaciones más profundas nos llevan siempre al mismo lugar: al entendimiento de los fracasos heroicos de esta novela. Sus personajes, como Áyax, fueron los más grandes héroes de su preclara existencia; no obstante, como Áyax, también fueron desterrados del mundo por ese nuevo tipo de héroe representado en Ulises, el astuto, el pensador, el pragmático, el que no tiene tiempo para morir en combate con gloria y honor, rechazando así la poesía del antiguo guerrero. No es Ulises el guerrero admirable, sino el padre de este mundo desajustado, de este mundo cambalache, como el tango. De allí que Antenore no termine de entender. El hijo no comprende que su padre es un héroe perdido que se aleja y se mata no por egoísmo, sino para que su hijo no corra el mismo destino de los preclaros. Dice Alfonso a su hijo: “Giacometti afirmaba que la verdadera gran aventura era ver surgir cada día algo desconocido en el mismo rostro”. Concede el padre al hijo la entrada al mundo enemigo y yerto, pero lo sospecha tatuado en la misma luz añeja y condenatoria (la guitarra, su gusto por la poesía...), y le advierte de sus peligros en el ejemplo de sus heridas mal saturadas. Alfonso Gabbani busca, como un predicador en el desierto, que el espíritu de su hijo se mantenga inalterable a pesar de la medianía del mundo. “Lo que intento decirte es que no renuncies a la facultad de la aventura”. Y en el fondo de todo esto está la vida como género femenino, la vida mujer, la vida como Atenea, enemiga de Áyax, protectora de Ulises; la vida que es esta vida en la que los personajes luminoso-fracasados no caben. La vida-hembra representada en las mujeres que recorren la novela, mujeres que no son como estos hombres las anhelan: su epítome es la mujer alsaciana de Maigret, el famoso detective de Simenon; una esposa dura, centrada, de otro tiempo, como de otro tiempo son ellos. Dice Moj: “No pretendas tener una mujer voluble. No se te ocurra tener una mujer voluble”. ¿Acaso no es voluble esta vida? ¿Acaso no son volubles estos tiempos donde las fidelidades cambian a capricho? ¿No fueron siempre caprichosos los dioses y las diosas de los griegos, regidores del destino de los hombres? De allí que la imagen de la mujer a lo largo de la novela sea protagónica y vital. De allí que, no por casualidad, hemos comenzado a hablar de Puntos de sutura desde una asesina torturadora que al mismo tiempo nos recuerda a la astuta (tan astuta como Ulises), Irene Adler, más enemiga de Holmes que el mismo Moriarty. Espejos de espejos resulta la literatura. Puntos de sutura es una obra compleja, y hay mucho más que decir de ella. Por los momentos, me quedo con esto, y no dudo en pensarla una de las obras más importantes y poderosas escritas en Venezuela en los últimos años. Salud. ** Fedosy Santaella Kruk fedosy@gmail.com Narrador venezolano (Puerto Cabello, Carabobo, 1970). Licenciado en letras por la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.edu.ve). Ha publicado los libros de cuentos Cuentos de cabecera (2004), y El elefante (2005, premio "Cada día un libro" del Consejo Nacional de la Cultura, Conac, http://www.conac.gob.ve), y la novela Rocanegras (Ediciones B, 2007). Aparece en Antología de la ficción breve en Venezuela (2005). Ha sido colaborador de los diarios Notitarde (http://www.notitarde.com) y El Universal (http://www.eud.com), así como de las revistas Dmente, Rasmia, Códice, Logotipos y Ficción Breve Venezolana (http://www.ficcionbreve.org). Ha participado en los talleres de narrativa y poesía de la editorial Monte Ávila (http://www.monteavila.com.ve). === Literatura de la memoria ============================================== === A veinte años del fallecimiento de Marguerite Yourcenar =============== === Ricardo Adrián Steiner ================================================ Historiadora, traductora, ensayista, crítica, poeta y novelista; así se autodefinía la escritora francesa, autora de obras que ya son clásicos. El pasado mes de diciembre se cumplió el vigésimo aniversario de la muerte de la escritora francesa Marguerite Yourcenar. Autora de obras que se han transformado en clásicos como Memorias de Adriano (1951) u Opus Nigrum (1968), con las que alcanzó reconocimiento a nivel mundial. Fue la primer mujer en ser declarada integrante de la Academia Francesa de Letras (1980), hecho que terminó con más de tres siglos de escritura marcada por el género. También obtuvo esa distinción por la Academia Belga de Letras (1970) y el Instituto de Arte y Letras de los EEUU. Su mundo literario está contagiado del espíritu clásico griego, así como la literatura de India y el Extremo Oriente. Esta influencia se puede ver desde su primer trabajo literario, El jardín de las quimeras, un libro de poemas donde hace una lectura de mitos griegos y los adapta al mundo en que vive. Lo mítico se deja ver también en Fuegos (poema en prosa) y, en menor medida, en Cuentos orientales, allí deja volar la imaginación y la fábula se confunde con la realidad y los sueños. Viajó desde muy pequeña por el mundo y esos viajes se transformaron en una constante en su vida. Un movimiento de búsqueda del ser interior, de búsqueda de lo universal. Todo esto ha sido expresado en su obra de manera magistral, con una retórica poética y fluida que caracterizan su estilo. En Memorias de Adriano describe, con forma de una larga carta y desde la propia voz del protagonista, al hombre capaz de gobernar y estabilizar la tierra, el mundo conocido entonces. Yourcenar escribe las memorias del emperador y lo hace en una época difícil entre las grandes guerras del siglo XX, con una conciencia plena, casi denunciante de la problemática de las desigualdades y la violencia que marcaron el siglo. Este libro de ficción, muchas veces criticado por historiadores, se transforma en obra precursora de la novela histórica moderna. Memorias de Adriano, la vigencia de los ideales Virgilio emprendió el viaje de Eneas para detallar sus vivencias y descripciones; Yourcenar viajó por el mundo rastreando los esparcidos pedazos del viejo imperio, adivinando en sus formas las sensaciones del emperador. Y si Virgilio hizo descender a su héroe al Averno, Yourcenar vivió el infierno en su propia piel, con las guerras y las posguerras. Y fue la escritora francesa quien describió magistralmente al hombre solo, ese hombre que se proyecta en el tiempo: aquél, el emperador; el otro, el de su tiempo; y éste, el de hoy. En las palabras llenas de poesía que puso en boca de Adriano está descrita la dura realidad que atraviesa el tiempo y las fronteras y sigue tan presente hoy en Latinoamérica. Esa voz del príncipe que nos dice: “Parte de nuestros males proviene de que hay demasiados hombres vergonzosamente ricos o desesperadamente pobres”. Una frase tan actual, tan fuerte y que golpea con dureza. Esa misma desigualdad y pobreza que Roa Bastos nos cuenta, a través de Macario, su selvático aeda, en Hijo de hombre, donde nace el mito pagano con la fuerza de la pobreza. Esa idea presente en la obra de Carlos Fuentes, en sus personajes en conflicto por la tierra, dominados por el poder y la corrupción; y en Aureliano Buendía y su mundo, tan reciente, que carecía de nombres, como lo cuenta García Márquez; y Rulfo, en su El Llano en llamas, y tantos escritores que ven y no miran a otro lado, ven, se comprometen y cuentan. La escritora francesa escribió y Adriano dijo, y su voz pareció salir de la selva paraguaya, de la campiña mejicana o del Caribe; salió del mundo, de ese lado del mundo donde esos hombres viven esa realidad. La voz salió hecha grito, un grito atravesando el tiempo y el espacio. Obra • El jardín de las quimeras (Le jardin des chimères) (1921), poemas. • Los dioses no han muerto (Les dieux ne sont pas morts) (1922), poemas. • Alexis o el tratado del inútil combate (Alexis ou le traité du vain combat) (1929), novela. • La nueva Eurídice (La nouvelle Eurydice), (1931). • El denario del sueño (1934), novela. • Fuegos (Feux) (1936), poema en prosa. • Los sueños y las suertes (Les songes et les sorts) (1938). • Cuentos orientales (Nouvelles orientales) (1938). • El tiro de gracia (Le coup de grâce) (1939). • Memorias de Adriano (Mémoires d’Hadrien) (1951), novela, traducida al español por Julio Cortázar, entre otros. • Electra o la caída de las máscaras (Électre ou La chute des masques) (1954). • Las caridades de Alcipo (Les charités d’Alcippe) (1956). • A beneficio de inventario (1962), ensayos. • Opus Nigrum (L’Œuvre au noir), Prix Femina (1968). • Teatro I y Teatro II (1971), obras teatrales. • Recordatorios (1973), primera parte de la trilogía familiar El laberinto del mundo. • Recuerdos piadosos (Souvenirs pieux) (1974). • Archivos del norte (Archives du Nord) (1977), segunda parte de la trilogía familiar El laberinto del mundo. • El cerebro negro de la Piranèse (Le cerveau noir de Piranèse) (1979), ensayo. • Mishima o la visión del vacío (Mishima ou la vision du vide) (1980), ensayo. • Un hombre oscuro (Un homme obscur) (1981). • Ana, Soror (1981). • Como el agua que fluye (1982). • El tiempo, gran escultor (Le temps, ce grand sculpteur) (1983), ensayos. • ¿Qué? La eternidad (Quoi? L’Éternité) (1988), tercera parte de la trilogía familiar El laberinto del mundo publicada póstumamente; inacabada. • Peregrina y extranjera (1989), recopilación póstuma de ensayos. ** Ricardo Steiner ricardosteiner@gmail.com Docente argentino (Buenos Aires, 1973). Profesor de literatura. Ha publicado el libro de cuentos policiales El manual de Dímir, los libros de cuentos Insomíos y Desde los ojos y la novela Decerba. === Ríete, animal Miguel Antonio Chávez ============================== Para Gaby y su sonrisa que cura las amarguras que Patch Addams no me pudo tratar Veo un episodio de Tarzán en el canal Retro e inmediatamente Chita y sus saltos, aplausos y risas se roban la pantalla. Sea o no que hayamos descendido de Chita, ella seguirá riendo (dependiendo de las veces que la saquen al aire) y sus ancestros habrán reído mucho antes de que un puñado de artistas anónimos del paleolítico decidieran montar una exhibición en las cuevas de Altamira. Mi madre adora a los chimpancés. Se muere por tener uno. Pero también se muere por esas lámparas de techo, conocidas como arañas, que según ha visto en el cable, decoran los más fastuosos teatros de ópera como el Colón de Buenos Aires o el Amazonas de Manaos. Ergo, si tuviéramos un chimpancé agarrándose de la araña, ella chillaría peor que María Callas o Montserrat Caballé. Para evitar dispararle al mico o a la araña, le he dicho diplomáticamente que prescindamos de ambos. Pero ojo, los de esta especie no sólo son humoristas de circo. Han servido de inspiración para historias de acción y drama como la saga de El Planeta de los Simios, una alegoría que cuestiona de manera contundente la hegemonía de nosotros, los homínidos. (Pero aclaro: no me gustó para nada la versión de Tim Burton, por más que lo admire como director de otros filmes, redujo esta historia a una guerra gratuita, a un lindo cascarón —el vestuario y maquillaje— pero sin yema. Además, Cira —la chimpancé esposa de Cornelius— tiene un perverso parecido con Michael Jackson). Una vez, viendo un making of de la versión original de 1968, basado en el libro de Pierre Boulle, pude entender el enorme reto del director para crear personajes simiescos realistas sin que éstos provoquen una hilaridad en los espectadores que distraiga su atención de la historia principal, que de por sí no era de humor. ¿Por qué tenemos que reírnos en las fotos? No lo sé, pero me río de que no he conocido un solo cristiano que esté a gusto con su foto en la cédula de identidad. ¿Por qué nos reímos de la desgracia del otro? Tampoco lo sé. Pero si un bebé es capaz de reírse cuando le pega una cachetadita a su mamá, elucubraría que es su mejor forma de vengar el haber sido exiliado de las comodidades de su burbuja amniótica. ¿Por qué la pacatería de nuestra “intelectualidad” suele denostar o pasar por alto el humor como una fuente de riqueza estética? Habría que comenzar revisando grandes obras satíricas como Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, de Juan Montalvo, para darnos cuenta de este pecado histórico de omisión.* ¿O se olvidaron de que el Ingenioso Hidalgo es el manifiesto por excelencia en contra de esa actitud censuradora? El escritor colombiano Fernando Vallejo escribió al respecto una joyita de reflexión: “Al lado de don Quijote, Hamlet y compañía no llegan ni a la sombra de una sombra. Cierro los ojos y veo a don Quijote con su lanza, su adarga y su baciyelmo. Los vuelvo a cerrar para ver a Hamlet y no lo veo. ¿Cómo será el príncipe de Dinamarca? No sé. Presto entonces atención y oigo a don Quijote: (...) “Sois un grandísimo bellaco, y vos sois el vacío y el menguado, que yo estoy más lleno que jamás lo estuvo la muy hideputa puta que os parió”. ¡Eso es hablar, eso es existir, eso es ser! ¡Ay, ‘to be or not to be, that is the question’! ¡Qué frasecita más maricona!”, sentencia Vallejo. *** Mientras tanto, una tarde gris de 1327 en la abadía-baticueva de fray Jorge de Burgos, el bibliotecario ciego (¡pobre Borges!) de El nombre de la rosa lucha por eliminar todo testimonio viviente de la existencia del antiguo tratado de Aristóteles sobre la risa, aduciendo que en ningún lugar de las Escrituras se menciona que Cristo rió y que “la risa sacude el cuerpo, deforma los rasgos de la cara, hace que el hombre parezca un mono”. A lo que el gran Sean Connery, otrora seductor de mujeres con su acento escocés endémico y ahora vistiendo los hábitos franciscanos de William de Baskerville, refuta: tampoco dice que Jesús nunca lo hizo... Pero de nada le sirvió ser el agente 007 o el papá de Indiana Jones: dicho tratado aristotélico igual marchó. Subestimamos terriblemente el poder de la risa, aquella pulsión tan primitiva y tan necesaria para remover las placas tectónicas de nuestra cara endurecida. ¿Por qué no entender los diversos grados del humor, desde la sátira a la ironía, como constructores de verdad, como una forma de reinventar y encarar el mundo de manera distinta? Aristófanes, Monterroso y Woody Allen la tenían muy clara: el humor no es un mero recurso estilístico, es una actitud... La actitud, pequeño saltamones, la actitud. “El que hace reír a sus compañeros merece el Paraíso”, asegura el profeta Mahoma en el Corán. Ojalá me toque mi terruñito junto a Gaby acompañándome en mi senilidad cósmica y mi anhelado monito, moviéndose al son de una cajita musical. La eternidad durará lo que dure la cuerda. * No en vano Ernesto Sábato había reflexionado a fines de los sesenta que se extrañaba de que, además del indigenismo, no advirtiera rasgos lúdicos en nuestra literatura, como sí los había en la de su país y en otros del continente. Pero como dice el dicho, el que no hace goles los ve hacer, cito al respecto un fragmento de una novela contemporánea, Los impostores, del colombiano Santiago Gamboa: “Como tal vez ya sabes se nos viene encima la semana de estudios sobre Jorge Icaza, y a sabiendas de que, en principio, está algo lejos de tu tema, me pregunto si no podremos rastrear la influencia de algún romance medieval, transterrado a América, en El chulla Romero y Flores, o cualquier otra cojudez de ese tipo. Si se te ocurre algo hermanito, avísame y te pongo en la lista. Saludos, Prof. Nelson Chouchén Otálora”. ** Miguel Antonio Chávez miplumalomato@yahoo.com Narrador ecuatoriano (Guayaquil, 1979). Licenciado en comunicación social. Ha publicado el libro de cuentos Círculo vicioso para principiantes. Sus microcuentos constan en la antología internacional Microrrelatos en el mundo hispanoparlante (Universidad de Tucumán, Argentina). Ha colaborado con diversas revistas literarias, HermanoCerdo (http://hermanocerdo.anarchyweb.org), Letras en Rebeldía (http://www.letrasenrebeldia.galeon.com) (México) y Letras.s5 (Chile, http://www.letras.s5.com), entre otras. Miembro fundador del grupo cultural Buseta de Papel (http://grupobusetadepapel.blogspot.com). En 2007 fue escogido finalista en el Concurso Internacional Juan Rulfo, de Radio Francia Internacional (http://www.rfi.fr), por su cuento “La puta madre patria”. === Elegancia, libro y dama Alejandro José López Cáceres ============= (Nota del editor: el escritor y realizador audiovisual colombiano Alejandro José López Cáceres mantiene en un medio de Cali, desde hace algún tiempo, la columna de libros “La letra y el garabato”. Una de sus más recientes entregas ha sido esta reseña sobre El Rey de La Habana, del cubano Pedro Juan Gutiérrez [http://www.pedrojuangutierrez.com], que hoy entregamos a los lectores de la Tierra de Letras). Si me lo preguntás, no sabría decirte a qué horas apareció la señora. Simplemente yo estaba ahí, en pleno café, tomándome uno de esos tintos orgánicos que venden ahora, exquisito, leyéndome una novela de Pedro Juan Gutiérrez, cuando esta dama cincuentona se me fue sentando al lado. —¿Se puede? —Por supuesto —le dije, traicionado por mi instinto de cortesía. —¿Qué lee? —El Rey de La Habana. La miré detalladamente y me di cuenta de que no la conocía. Ni sus gestos distinguidos, ni su pelo cepillado, ni su rostro embadurnado de afeites se me hicieron familiares. Debió percatarse de mi desconcierto porque procedió a explicarse: —Lo que pasa es que alguna vez escuché una conferencia suya y... Me pareció que es usted alguien de criterio elegante. —Muchas gracias. Supuse que se refería a mi hábito de usar blazer, en pleno trópico, siempre que sospecho una ocasión propicia. Con todo, consideré innecesario explicarle que esa costumbre procede de un trauma infantil (mi madre se negó a botar el saco de mi Primera Comunión: se le hacía un desperdicio haber pagado tanta plata por esa prenda de una sola puesta; así que me la hizo vestir siempre que pudo y yo terminé por adoptar ese destino). Me quedé pensando en el comentario de la dama. La verdad es que no explicaba su presencia abrupta en mi mesa, de manera que volví a mirarla inquisitivamente y ella lo notó. —Sucede que lo vi muy concentrado en su lectura; y como sé de su buen criterio, no pude evitar la tentación de averiguarle algo sobre el libro. —Pues ya ve usted: se trata de un narrador cubano contemporáneo. —No se imagina cuánto le agradezco esa información —manifestó mientras miraba de modo recurrente y ansioso hacia la esquina del café—. A mí me encanta leer, y hoy día se consiguen muchos libros; pero yo no estoy dispuesta a perder mi tiempo en cosas burdas u ordinarias. Al escucharla decir eso, me entró un pudor terrible. ¿Cómo iba a explicarle a aquella señora que la obra de Pedro Juan, ese Bukowski caribeño, se inscribe en la estética que suele ser llamada “realismo sucio”? Incluso me apresuré a cerrar, sin que se me notara el afán, la página que estaba leyendo. No deseaba correr el riesgo de que la dama pudiera asomarse al texto, justo ahora que iba en el relato de una faena crudísima y detallada de Rey, el protagonista, cumpliéndole a una jinetera mulata en eso que los cubanos denominan “templar”. —Claro que no siempre la buena literatura es elegante —afirmé con el objetivo de introducir un matiz en la conversación. —¿Por qué dice eso? Yo no encuentro una mejor palabra para referirme a lo que escribió, por ejemplo, Borges. El punto no era discutir ahora sobre el maestro argentino. En lo que a mí respecta, me interesaba simplemente señalar que la calidad literaria tiene muchos modos de ser y, de paso, ayudarle a mi inusitada contertulia a ensanchar su criterio. —¿Cómo dijo que se llamaba el libro? —volvió a intervenir sacando una libreta de su refinado bolso tejido en macramé. —El Rey de La Habana —le repetí; y, decidido a vencer mi bochorno interior, continué—: no olvide usted que la literatura indaga el alma humana y que en ella habita desde lo sublime hasta lo infame. La señora miró una vez más hacia la esquina y, repentinamente, su garbo se volvió nerviosismo: —Disculpe que le haya interrumpido su lectura —dijo poniéndose de pie, y se marchó. Eché un último vistazo a la dama y noté que la aguardaba un joven ostensiblemente apuesto. Sin más en el horizonte, retorné al libro, a la procacidad indomable de Pedro Juan. ** Alejandro José López Cáceres alejolopz@hotmail.com Escritor y realizador audiovisual colombiano (Tuluá, 1969). Ha publicado los libros Tierra posible (crónicas, 1999), Entre la pluma y la pantalla: reflexiones sobre literatura, cine y periodismo (ensayos, 2003), y Dalí violeta (cuentos, 2005). Reside en Cali, donde dirige la Escuela de Estudios Literarios (http://estudiosliterarios.univalle.edu.co) de la Universidad del Valle (http://www.univalle.edu.co). === Tarapoto: fuerza de mujer Lucas Jiménez ========================== Marisol, desigual de labios, suelta un nuevo salivazo en el pasillo del bus que huele a todo. Habla con la seguridad de saberse popular entre choferes y policías a lo largo de la Interoceánica Norte, que une la costa peruana con parte de la Selva Amazónica. Y sin dar tiempo a que sus vecinos de asiento le quiten los ojos de encima, se pasa unos dedos gordos por el labio más abultado, borra el escupitajo con la planta empolvada de su sandalia de goma y vuelve a sus relatos de experta en viajes a la selva. Marisol es mi vecina de asiento, mientras viajo a Tarapoto, esa ciudad del noreste peruano que en la imaginación del Perú de Lima no es más que verdor de bosque, laboratorios de droga y mujeres desteñidas explotadas sexualmente o llevadas con engaños a cantinas populares del norte. ¿Y qué hay detrás de esa careta color selva? Lo sabré al cumplir 16 horas de viaje. Esta historia no tiene que ver con prostitución, pero sí con mujeres de la selva, oriundas o migrantes, como Marisol. Viajo en busca de la imagen ni rosa, ni mafiosa de la mujer tarapotina —la verdadera—, la que escapa a los estereotipos inventados por este país que gusta mirar a su interior por debajo del hombro. Mi vecina es profesora, tiene piel retostada, esmalte negro en las uñas y marido fiel en Jaén. Trabajan separados pero ella —que hoy viene desde Sullana— siempre está viajando “a echarle un ojo, para que no le falte nada”, susurra blanqueando unos dientes de conejo. Sentada en el brazo del asiento 22, al hablar dibuja con las manos figuras imaginarias entre las sombras del atardecer. Infla el pecho recordando que hace unos días, a ella y sus compañeros de viaje, en otro ómnibus de Sol Peruano, la línea verde que hoy nos lleva de Piura a Tarapoto, la desgracia con llantas de camión los embistió de día, les destrozó el bus, el más nuevo de la empresa. Ahora anochece y vamos en uno más viejo. —Por ese chofer estoy viva. Giró el timón para no chocar con el camión de un chofer borracho que se nos venía encima. Nos salvó a todos los pasajeros del ómnibus, pero a él, el carguero se lo tragó, lo hizo pedacitos. Sigue relatando Marisol, ya menos salivosa. Que gracias a ese salvador del volante que dio la vida por los demás, hoy ella está llegando a besar a su hombre que administra un negocio de tragamonedas. Olvida decir que, gracias a ese inmolado, hay una nueva viuda tarapotina, sola, sin la sonrisa que ella suelta justo ahora que el Sol Peruano está entrando en Jaén. —Mírenlo afuera: ahí está, bien sentadito, esperando a su baby. Anuncia triunfante cuando nos detenemos en una terminal sin oficina, ni bien descubre en la calle a un trigueño que bosteza. Esta misma mujer que se ha pasado la tarde aconsejando a sus vecinos de asiento —cuando lleguen a Tarapoto, estar muy atentos al verdor virginal de la selva, a todo amable que te encargue droga en paquete, a la tentación rubia y a la carne blanca...—, esta misma morocha de voz raspada y gritona, como de aguerrida contrabandista, de repente se vuelve romántica. Mientras baja empujando un maletín deforme, susurra delicada, coqueta: —Es que para él yo soy su bebé. El Sol Peruano vuelve a moverse a las 10 de la noche. Después de la cena en Jaén, con aire fresco y pasajeros menos bullangueros que acaban de subir, la calma se anima a llegar. Hay ronquidos interrumpiendo el silencio tembloroso, pegajoso. El viajero ve una rubia sufriendo, en pantalla de 14 pulgadas, al recordar a su marido derrotado y muerto en un infierno de balas. La mujer lucha por cuidar a su bebé recién nacido, por salir del desamparo. Por sacar adelante a la familia rota, como muchas tarapotinas, no de película sino de carne y hueso, que trabajan más que hombre, pero se estremecen al ver buitres pasando por el cielo. Traen mala suerte, te dicen. Y hay quienes llaman “Pistaco” al médico que les tome muestras de sangre (para estudiar las células). Pistaco, en la selva, es un ser mítico que saca la grasa de los cadáveres para usarla de combustible en sus máquinas voladoras. En Relatos de mujeres, vidas de mujeres, un documento que leeré después, Gloria, residente en las afueras de Tarapoto, una de esas mujeres a las que se debe en gran medida que esta ciudad sea llamada “foco económico del Oriente”, revela su temor a los calzones y brasieres de lycra porque —dice— producen cáncer, tanto como tener demasiadas relaciones sexuales. A Tarapoto no se entra, se llega. Bienvenido a la “Ciudad de las Palmeras”, lees en la calle o alguien te lo dice. Pero ves más motos que palmeras, y muchachos de esquina que se ríen con agudas carcajadas como de pájaro salvaje, y las calles tienen nombres de obispo español, y no consigues concentrarte, porque ni bien llegas te marean y ensordecen veinticinco mil taxis motos y motocicletas lineales, subiendo o bajando por sus calles empinadas. Hay ruido de pregoneras de masato en el mercado, hay ruido político en las calles, hay ruido de madereras mermando árboles y agua en zonas que deberían ser intangibles, hay ruido de altoparlantes pregonando una nueva cerveza. Hay ruido. Al mediodía el sol pesa en las cabezas. En medio de una cacofonía sostenida de cláxones, canciones de reggae y 29 grados de sopor, las veredas se convierten en tablas de salvación para no morir embestido por multitudes de fierros ensamblados, con toldo plástico y motor chino. Bienvenidos al centro de la bulla. En el hotel Cumbaza he visto botones obedeciendo órdenes de tarapotinas uniformadas. Da miedo remedarles su acento cantadito de la selva, tan ridiculizado por la televisión en Lima. Barbies amazónicas atienden en zapaterías, mercados, bancos, tiendas de motos, ropa o teléfonos. Lucen laboriosas y, a la vez, tan fashion, que cuesta creer que en Tarapoto se siga teniendo más fe en la medicina tradicional que en la de farmacia y laboratorio, según un reciente estudio de la ONG Cies. Hoy jueves, en pleno centro, al mediodía, veo más trabajo femenino que masculino: justo ahora, multitudes de mototaxistas toman cerveza regalada, cansados de no encontrar pasajeros. Hay líquido rubio suavizando gargantas en la calle Raimondi, que huele a lúpulo y levadura. Por la calzada angosta un hombre muy ancho, barrigón como la palmera que dio nombre a Tarapoto, pasa regalando Iquiteña helada, a vaso lleno. Una camioneta lo pasea a él, como a un dios cervecero en procesión, y un séquito de mototaxistas sedientos lo aclama en cada parada. Si manejas, maneja después de tomar, es la única norma que regula el tránsito alrededor del cortejo bebedor. También los escasos pasajeros estiran la mano, trago adentro, y a comentar que está buenaza la flaca en licra que acompaña al dios, y la Iquiteña de menos de tres soles la botella. —Tómate un vaso... un vaso, y esta noche serás un toro. Dice el gordo de polo tan ancho que parece disfrazado de gordo, y más mototaxistas embotellan la calle por un vaso burbujeante. —Aguaje, joven, lleve aguajito. —¿Esto se come, señora? —No. Primero se pela, después se lo come riquísimo. Sonríe sin dientes Nelly Gonzales García. Abuela de 72 años, pocas ganancias, muchas arrugas, pelos de plata, que envejeció a pocas cuadras de la Plaza de Armas, siempre sentada detrás de un saco de aguaje, esa fruta selvática para refresco que sabe a lúcuma agriada con limón. 52 años pregonando en la vereda de la calle Martínez de Compagñón y sólo cuatro hijos ha podido mantener. A otros seis, se los mató la pobreza, las bronconeumonías, las fiebres. Desde los 20 no ha dejado de levantarse a comprar de madrugada, en el paradero San Pedro, un saco de frutos que agota en tres días. En la vereda donde me vende 12 aguajes por un sol, Nelly es “la Nelly”, o “La tía” o “Vejez”. Ningún apodo, ni los días en que regresa sin vender nada, ni la noche en que un incendio le borró su casa antigua con techo de shapagay, pueden sumir a esta vecina del barrio Ramón Castilla en la esclavitud del desánimo. Nada, ni los kilos que ha perdido Peso Ramírez, su marido de 75, que siempre está en la casa esperando a que ella regrese a calentarle el almuerzo. —Le meto un rayón (a la cédula). Nadie nos ayuda. Ellos ganan y uno sufriendo vive. Dice “Vejez”, convencida, resignada pero sonriente, cuando le pregunto por quién votará en las elecciones municipales. Ningún candidato, sólo el aguaje, va a ampararla contra la olla vacía, repite. Y si escasea el aguajito, venderá plátano, y si no zapote. Y si no se muere y ya. —¿Y no le da miedo morirse? —¿Miedo por qué? Morir es descansar. A los vivos les asusta sufrir. Llevo dos días sin ver boas, plumas, ni la desnudez tarapotina promocionada en Internet. Ayer me tragaba esa idea equivocada de esta ciudad de 54 mil 581 habitantes, al ver a Ricky Martin pidiendo ayuda contra la trata de mujeres y niñas, desde un afiche brillante, pegado en la oficina de venta de pasajes a Tarapoto. Recordé a dos amazónicas adolescentes halladas por la policía, el año pasado, trabajando en un bar piurano de Tambogrande. Una se enamoró de un cliente. Y tomó raticida con gaseosa cuando supo que no era soltero. Marisol también me contó de una madre descubierta llevando droga al Ecuador en el pañal de su bebé, justo el día del Perú. Mujeres y cocaína, esta careta equivocada impuesta desde Lima, es la que el historiador local, Wilson León Bazán, intenta romper con el libro que acaba de escribir sobre la región San Martín. Afuera no saben —dice sosteniendo entre las rodillas el borrador de su libro que editará con ayuda del gobierno regional— que con tanta producción agrícola, acá no hay pobres y que para beber en las fiestas patronales la gente todavía se mezcla sin hacer distinción entre ricos, miserables, serranos, costeños, como ocurre en otros lugares. Económica, política y culturalmente, la ciudad se ha estado alzando en forma vertiginosa en menos de medio siglo. Sus mujeres tienen mucho que ver con este desarrollo, incluso más que los varones. Y me lo dice un varón, el historiador León. Y que, en cuanto al trabajo, el sexo débil aquí es más fuerte que el género macho. —El tarapotino no discrimina, es alegre, muy alegre, franco, trabajador, especialmente la mujer. Más que el varón (“¡Sorpresa!”). El varón es un poco distraído. No flojo, pero conformista en el trabajo. Más emprendedora es la mujer —insiste el profesor, mientras escribo en mi cuaderno: Tarapoto, más tarea de mujer que poto de calendario. —No sé yo de eso. No he sabido nada. Me responde ahora Olga que debe andar en 18, cuando le pido hablar del turismo sexual y trata de tarapotinas. Olga es la encargada de recibir carteras y casacas de quienes cruzan la puerta amarillenta de El Papillón, la mejor discoteca de la ciudad, pero que entrega boletas a nombre de servicios turísticos Rapid Foods. Le encantaría estar en la pista de baile que está a sus espaldas, dice, detrás de montañas de humo y olores y gritos y más gritos procedentes del primer nivel, donde todo es sudor, pantalones sin pretina, politos, ombligos, miradas, humedad salada de manos frotando espaldas atrevidas, saliva entre cuatro labios y deseos alimentados con Cristal chica de tres por once soles. Le encantaría bailar, pero debe trabajar. —Aquí me visto bien, pero soy de familia pobre. La paso bien, pero mi mamá dice que debo ser alguien en la vida. Seré profesional. Juro que seré. Para ayudar a mis hermanos. —¿Modelo por ejemplo? —No sé. —¿Te molesta si te saco unas fotos? Le digo y al instante lamento mi mal método de entrar en confianza. Pero ella se entusiasma, como si posara para el jurado que esta noche elige a Miss San Martín 2006, en otro ambiente del Pailón. Manos a la cintura se hace disparar, clic, perfil derecho, izquierdo, ahora apoyada en la mesa donde atiende. Ni idea de alguien que capte chicas para discotecas, jura. Grita. Grito, para escucharnos. Me pide el celular, busca juegos, escribe su e-mail, me entrega el papel. Que no deje de enviarle las fotos, pide. Y quiere saber en qué canal saldrá. En ninguno, saldrás en periódico, aclaro. ¿Y no has pensado en alguna carrera en especial? ¿Una qué? Una profesión, abogada, médica, ingeniera. No sé, seguramente, dice y —sonrisita mediante— dispara un gesto desafiante de labios apretados, como diciendo ¡qué crees, imbécil, que si pudiera ir a la universidad estaría aquí recibiendo paquetes! Los decibeles le ayudan a ocultar su historia. Me callo. Al rato llega una gorda vestida de rojo que debe ser dueña del Papi. Me mira, la mira, ¿qué quiere este señor?, le pregunta, la regaña. Deja de reprenderla sólo cuando huyo sin entender nada. Sigo huyendo el viernes en la mañana. No de la gorda. Sino de Armando, un iquiteño que fue comerciante mayorista, quebró y ahora ayuda a vender masato a su mujer. Antes de esa fuga, su esposa, Frineth López, ojos claros, redondez de cara encendida, se resiste a aceptar que ha masticado la yuca para el balde de masato helado que vende en el Mercado 2 de Tarapoto. Sólo cuando empiezo a beber el líquido color agua de arroz que me sirve en plato hondo, se sincera: el “mascadito” fue de veinte bocados, para llenar el balde, joven. Mastica sesenta bolos por semana, 240 al mes. Con dientes bien lavados y buena yuca, de San Antonio o de Lamas. Lamas, silencio, soledad de calles aún con huellas del terremoto —ahora recuerdo—, hace dos días estuve allí. Lamas existió antes que la Ciudad de las Palmeras. Tarapoto fue un curato suyo. 224 años después le sigue ganando en antigüedad. Sólo en eso. En todo lo demás, Lamas es menos. Es provincia pero parece caserío. El desarrollo se fue a Tarapoto. La plaza de esa tierra de buenas yucas es grande, pero se ve vacía. De noche luce muda y en penumbras. Con una pileta sin agua, que exhibe una mujer de yeso, con una guagua en la espalda y sin sonrisa. Ya no puedo seguir divagando sobre Lamas envejecida, porque unos reniegos airados me regresan al laberinto de puestos de papas, verduras y pollos y gallinas esperando sacrificio en el Mercado 2. Es la voz cada vez más encendida del esposo de Frineth. El cincuentón tiene la frente recogida y brillante, como el hule de la mesa con gotas de masato. De dónde acá tanta preguntadera sobre bocados y vergüenza o no de su esposa por ganarse la vida masticando, dice biliar. Por último a ver muéstrame tu credencial de periodista, pide. Y ahora que lo recuerdo olvidé el flocheck en el hotel. Y no hay explicación que valga. Los ojos de Armando impresionan, asustan como la oscuridad del cerro Escalera, como todos los misterios de la Selva Alta o las cataratas de Aguashiyacu que visité ayer. Otra vez huyo. Por fin llueve en mi última tarde en Tarapoto. Una trabajadora del hotel Cumbaza arrastra un pesado macetero hacia la calle Pimentel. Pasan muchos varones. Nadie la ayuda. Es una muñeca muy flaca para un bulto tan pesado, pero, sola y experta, pone un helecho de sombra a regarse con agua de lluvia en la vereda. Hay tristeza en su sonrisa. Se parece a su ciudad que vive contenta por sus hoteles, tiendas, cataratas, lagunas, turistas, pero a la vez triste esperando por años una industrialización que no llega, ni siquiera con cuatro universidades y cinco de cada diez sanmartinenses son pobres. Tarapoto es otra cosa, o eso creen miles de sus varones, para quienes selva es igual a riqueza y hambre es lo único que no produce esta tierra. Y eso que la ciudad terminada en poto parece condenada, sin remedio, a vivir mirando la tala de sus bosques. ¿Qué han hecho los tarapotinos por frenar este desastre que ya empieza a mermar el agua en ríos y quebradas, debido a la deforestación de un millón 300 mil hectáreas de bosque, en toda la región San Martín, esa huella dejada por 27 años de migración desordenada de serranos y costeños, que si no transforman la espesura verde en arrozales, ceden el paso a las madereras que se llevan el eshpingo, la caoba, el cedro y el estoraque de zonas intangibles? Hicieron lo de siempre: nada, dijo ayer el carpintero Gilberto Grandes Saavedra, sin haber vendido un solo mueble. Pero la migración no es problema, mejor que venga gente a traernos riqueza, dijo sentado en su oficina de la Cámara de Comercio de Tarapoto, el economista Juan Ríos. Antes de escucharlo hablar dos horas para decirme casi nada, su relacionista pública, Nery Saavedra Pérez, tras lanzar al jefe una mueca de cansancio, con manos lentas como de hojas de palmera al viento, fue más fría y precisa: —En Tarapoto nos hemos dormido. Ojalá despertemos. Luego de dos horas viendo una pelotita que dice DVD, mientras cambia de lugar y de color en una pantalla sin imagen, los insomnes esperan una comedia o romance. Pero ven terror. La profecía III, acaba de poner la terramoza: un zambo sudoroso. A un cura, una madre, un esposo, los vemos en escenas tiernas presagiando miedo, hasta que la maldición satánica, entre cenizas y fuego, parece alcanzar también a la lectora empolvada que chilla y se atasca. Las pifias no parecen importarle al zambo. Pienso que tal vez su mal gusto sea reemplazado dentro de poco por una de las más de 27 mil mujeres que en Tarapoto (distrito) superan en población a los varones. ** Lucas Jiménez salujisa71@yahoo.es Escritor y periodista peruano (Ayabaca, Piura, 1971). Editor del diario El Tiempo de Piura. Se ha desempeñado como reportero y cronista independiente. Es profesor del curso de Géneros Interpretativos en la Universidad de Piura (http://www.udep.edu.pe). Por su crónica “Permiso para aterrizar” fue becario de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI, http://www.fnpi.org), que preside Gabriel García Márquez. Fue alumno del taller de Periodismo y Literatura con la escritora puertorriqueña Mayra Montero, en Cartagena de Indias (Colombia). Sus crónicas han sido publicadas en El Tiempo, suplemento Semana, diario La Industria de Trujillo, diario El Comercio (http://www.elcomercioperu.com.pe) y en Internet, a través de la revista virtual Perú Llacta (Lima; http://www.perullacta.com), dirigida a peruanos residentes en el extranjero. Con su columna Cola para Soñar ganó el premio internacional de periodismo Noticia y Subjetividad 2005 del Centro de Estudios Avanzados en Periodismo Narrativo (Buenos Aires, Argentina; http://www.periodismonarrativo.com). Cada semana publica su columna Crónicas mal pensadas en la página web de El Tiempo. Con sus crónicas “El caballero se fue; está su sobrina” y “Viaje para solitarios” ganó por dos años consecutivos (2005 y 2006) el Premio Nacional de Periodismo Norte Turístico organizado por la Red de Prensa Turística del Perú (http://repturperu.com). Mantiene una bitácora personal en http://blogs.periodistadigital.com/cronicasmalpensadas.php. === Efraín Barquero ======================================================= === La piedra del pueblo para el Premio Nacional de Literatura ============ === Sebastián Jesús Villalobos ============================================ A ver, detengámonos un momento: ¿desde hace cuánto que no es de poesía de lo que hablamos, sino de política y compadrazgos? Si este acuerdo tácito de premiar cada cuatro años a algún vate debe cumplirse este año, ¿no es Efraín Barquero (http://efrain-barquero.net) el máximo poeta chileno vivo después de Nicanor Parra y Gonzalo Rojas? Si el funesto adjetivo “máximo” se aplicase a extensión de obra, sus más de quince libros de poesía madura avalarían mi afirmación. Ahora, si el que ya me parece exiguo adjetivo de “máximo” se aplicase a calidad, podría remitirme a cuatro o cinco libros capitales de Barquero: La piedra del pueblo (con prólogo de Pablo Neruda, 1954), La compañera (1956), Enjambre (Premio Gabriela Mistral, 1959), El viento de los reinos (1967) y La mesa de la Tierra (Premio Municipal de Literatura de Santiago, 1998). A ver, los partidarios de otro candidato al galardón, deténganse un momento, calmen los ánimos, vamos a poner las cartas sobre la letra. La piedra del pueblo (1954) Ya algunos críticos del siglo pasado (Hernán del Solar, Jaime Concha, Naín Nómez) insistieron acerca de las sustancias elementales de la poesía de Barquero: la tierra y el fuego. Tales críticos, a mi parecer turbados por la cotidianidad del par, del portento que se desarrolla en el mismo plano generacional, no han percibido la sabiduría de Barquero para transformar cualquier elemento como el pan, “(...) la historia del pan, la triste historia del pan, / pero el dueño de la hamaca lo muerde con despreocupación, / el invitado de honor lo parte con desgano, / y el niño consentido lo pide en forma de juguete”, o la piedra, “(...) nuestra única arma / con una mezcla de sangraza y de llanto. / La dulce piedra de las construcciones”, o el mimbre, “Mimbrero, sentémonos aquí en la calle, / y armemos con tus hilos blancos y con mis hilos azules / los esenciales artefactos de uso diario: / la paz, la mesa, la poesía, la cuna”, en materia trascendental de la experiencia humana. Además, lejos de toda métrica heredada, la forma característica de casi la totalidad de su obra le da un tono personalísimo. La compañera (1956) Cualquier exégesis acerca del conjunto de poemas que componen este libro nos remite inexcusablemente a citar —sin mutilaciones— el poema que da nombre al libro y que es, sin duda, uno de los más bellos poemas de amor de la lengua española, “La compañera”: Así es mi compañera. La he tomado de entre los rostros pobres con su pureza de madera sin pintar, y sin preguntar por sus padres porque es joven, y la juventud es eterna; sin averiguar dónde vive porque es sana, y la salud es infinita como el agua, y sin saber cuál es su nombre porque es bella, y la belleza no ha sido bautizada. Es como las demás muchachas que se miran con apuro en el espejo trizado de la aurora antes de ir a sus faenas. Así es, y yo no sé si es más bella o más fea que las otras, si el vestido de fiesta le queda mal o la ternura equivoca a menudo sus palabras, yo no sé, pero sé que es laboriosa. Como los árboles, teje ella misma sus vestidos, y se los pone con la naturalidad del azahar, como si los hiciera de su propia substancia, sin preguntarle a nadie, como la tierra, sin probárselos antes, como el sol, sin demorarse mucho, como el agua. Es una niña del pueblo, y se parece a su calle en un día de trabajo con sus caderas grandes como las artesas o las cunas, así es, y es más dulce todavía, como agregar más pan a su estatura, más carbón a sus ojos ardientes, más uva a su ruidosa alegría. Enjambre (Premio Gabriela Mistral, 1959) Desde el título el autor nos remite a la raíz del hombre, la familia, que como en el rito de la abeja se agazapa para producir la miel de los signos característicos de cada clan, que se endulzan con los años: ... Mi abuela era la rama curvada por los nacimientos. Era el rostro de la casa sentado en la cocina. Era el olor del pan y la manzana guardada. Era la mano del romero y la voz del conjuro. .... Quince hijos dormían con sus sueños de águila. (De La miel heredada) Completan el cuadro “Granero”, “La tierra sola”, “Detrás de junio”, “Fogón”, “Tierras de Piedra Blanca”, “Las manos del barro”, “Inclinación del crepúsculo”, por citar algunos de estos instrumentos del autor para resonar con lo mejor de su infancia en el oído de las generaciones posteriores. El viento de los reinos (1967) Alguien podría imprecar la connotación provinciana de los versos de Barquero. Si se duda de la universalidad de su voz, este libro reúne las experiencias del autor en Oriente Medio y particularmente en China: “Extranjero, detente en mis murallas / contengo tantos muertos que entera soy de cal y espinas / mi tempestad será de cenizas extinguidas hace siglos / te quemaré como al caballo de la estepa” (de Puertas de China). Iconos ancestrales como el túmulo de piedra, los antiguos príncipes, el gong, la gran campana, el faisán, el laberinto, la vasija, no sólo dan título a cada uno de los poemas, sino que inmediatamente iniciada la lectura nos trasladan a una dimensión particular y distinta de la producida a priori. Para muestra, la batahola del “Gong”: El tiempo ardía apagando los rostros se inmovilizaban los años para escuchar el grave sonido se ordenaban en círculo los animales de piedra las puertas se abrían con lentitud crepuscular yo avanzaba guiado por el centro de mí mismo por el extraño peso de mi alma se apagaban mis pasos como tragados por las aguas mi aliento se disolvía velozmente mis ojos palpaban como manos mis oídos rechazaban lo exterior nada me era más ajeno que mis pies nada me era más distante que mis brazos resonaban sólo los espacios comprendidos a sí mismos se escuchaban los largos aposentos los dispuestos utensilios ocupaban otro orden las aves emblemáticas habían adquirido otro poder vivían las cosas un interior de frutas solas. La superposición de cada verso con el anterior, sin una puntuación que los delimite, supone el efecto de la cacofónica andanada del gong que conquista todo a su paso: espacios, aposentos, utensilios, aves, casas —basta releer los cinco versos últimos. La mesa de la Tierra (Premio Municipal de Literatura, 1998) Esta obra es, sin duda, la mesa servida de Barquero en donde se ofrece lo mejor de su poesía. Elemental y hondo, el tono solemne de cada acto limita una suerte de búsqueda ontológica —pero siempre pagana— exenta de cualquier rito que no sea propio de la tribu, de la gran tribu del hermano latinoamericano. Cito la leyenda “Fuego humano”: La gente hablaba de la proximidad de su muerte y él vio por primera vez la muerte con rostro humano. Entiérrame en ti misma, le pidió a su mujer. Quiero estar al lado tuyo cuando enciendes el fuego, cuando soplas la cara dormida de las piedras. Al inclinarte me oirás respirar sordamente y sentirás calor durante toda la noche. El hombre calló, ambos se estremecieron como dos sombras friolentas en la penumbra. Ella obedeció, arrodillándose para hacer el fuego, y él comenzó a morir desde ese mismo instante. Fue como una sombra que oscurecía los ojos de su mujer quien ya no lo miraba igual que antes y comenzó a nombrarlo de otra manera. Con uno de esos nombres que nos dan y nos quitan de niños. Y el hombre sólo la reconocía al alumbrar el fuego cuando toda ella se convertía en ella misma. Menos sus ojos oscurecidos por las llamas. Hasta aquí golpea la piedra del pueblo, o mi defensa de Efraín Barquero, nacido en su Piedra Blanca de Curicó de 1931, lanzada a la ventana del jurado, “lamida por el fuego secreto de las manos, / alimentada en el frío de nuestra certeza, / moldeada en silencio a toda hora / para el sitio preciso del asalto”, en su prístino y propio lenguaje oracular. P.D. Bibliografía de urgencia para jurados: • Antología (357 páginas y más de 130 poemas del autor), Lom Ediciones, 2000. • La mesa de la Tierra, Lom Ediciones, 1998. ** Sebastián Jesús Villalobos svillalobosm@mixmail.com Poeta y narrador chileno (Potrerillos, 1975). Egresado de la Escuela Técnico Profesional (http: / / www.etp.uda.cl) e ingeniero en metalurgia por la Universidad de Atacama (http: / / www.uda.cl). En esa institución organizó los Encuentros de Arte y Filosofía y la revista Guñelfe. Ha publicado Instrumentas (Ediciones Tierra Mía, Santiago, 2002), Antología minúscula (SEA Ediciones, Copiapó, 2004) y el Diccionario de Términos Mineros de Chile (RIL Editores, http: / / www.rileditores.com, Santiago, 2006). Ha sido finalista del premio María del Villar Berruezo (Tafalla, España, 2001) y mención de honor en los nacionales Letras de Cobre (2001) y Dolores Pincheira (2001). Textos suyos han sido incluidos en las antologías Homenaje a Neruda (Pegaso Edición, Argentina, 2001), Senderos hispanoamericanos (Altair, Argentina, 2001), Letras de cobre (Codelco Chile, Santiago, 2001), Poetas del desierto (La Cáfila, Valparaíso, 2004) y 10 poetas jóvenes (SEA Ediciones, 2004), así como en la revista Luces y Sombras (Tafalla, España, 2001). === Victoria en España: el doloroso encanto de la soledad ================= === Jesús Alberto Sepúlveda Grimaldo ====================================== “Me llamo Victoria Santamaría. Tengo cuarenta y dos años y, la verdad, siento que la fatiga se apodera de mi vida. Me fastidia la chimenea, apagada en esta tarde calurosa de verano”. Con este párrafo inicial, que nos atrapa de inmediato y nos envuelve sin concesión alguna en el escenario perpetuo de la cotidianidad, de la tragedia en que a veces se convierte la vida, Benhur Sánchez Suárez nos embarca en un viaje, de pronto sin regreso hacia los mares inacabables de la soledad. El autor, escritor y pintor nacido en Pitalito (Huila), finalista del otrora prestigioso Premio ESSO de Novela en el año de 1968 con su obra La solterona (1969), luego de una vasta producción narrativa que abarca, con la intensidad de un trotamundos de la palabra, novelas como El cadáver (1975), Venga le digo (1981), Memoria de un instante (1988) y Así es la vida amor mío (1996), y libros de cuento como Los recuerdos sagrados (1973) y Cuentos con la Mona Cha (1997); incluido en numerosas antologías nacionales e internacionales del género, ensayista y promotor cultural, nos devuelve la película de la vida de un ser irremediablemente condenado a la soledad en una novela de 155 páginas en la que el autor y el personaje no persiguen nada distinto que desentrañar una vida de recuerdos, convirtiéndonos en los cómplices necesarios de una historia que, de paso, nos toca muy de cerca. Así, elemental, sin artificios rebuscados, sin sellos de estilos preconcebidos, el narrador compone página a página el universo nostálgico de su protagonista, alejándola adrede de cualquier atmósfera melodramática. Y es que Benhur Sánchez, luego de tres décadas de haber publicado La solterona, novela con la que inauguraba ese mundo tedioso de la soledad, nos regresa otra vez en Victoria en España (2001) a ese territorio de ecos interiores, de monólogos, de murmullos evocadores, muchas veces dolorosos, que creíamos de pronto haber olvidado en su palabra. En la primera novela, como en la más reciente, el personaje es una mujer solitaria condenada a ese eterno soliloquio que recrea en primera persona la angustia de la desolación que predomina a lo largo de la historia. En Victoria en España, aunque en el argumento soledad y mujer se hacen de nuevo presentes, se nota la evolución narrativa del autor, la presencia de nuevos recursos literarios: los diálogos, aunque escasos, ubicados con precisión en los eventos estrictamente necesarios; el juego de la intertextualidad como excusa válida para organizar en dos planos simultáneos el relato de la protagonista que lee una novela y el acontecer interior del personaje de la novela leída. Y es que ahora Victoria nos habla de nuevo corazón adentro. Otra vez, sentada en un sillón mirando y recreando sus recuerdos a través de un ventanal desde un país lejano, inventándose, con la complicidad del narrador, la lectura tantas veces interrumpida por las nostalgias del libro de Monserrat Roig, La hora violeta. Es como una especie de novela dentro de la misma novela. Una historia en la que el autor, gracias a la manera que expone los hechos, abre un amplio espacio a la imaginación y a la sugerencia y en la que el tiempo parece detenerse de golpe con ese ritmo suave de las evocaciones de quien ha recorrido ya quizá más de la mitad de su vida, el tiempo que se paraliza para cavar de nuevo las heridas, para volverse a interrogar y finalmente avanzar sin esperanzas siempre hacia un presente resignado. Uno de los aciertos más importantes en la novela es, sin lugar a dudas, el tratamiento del lenguaje. Y así como encontramos una permanente preocupación por contar en diversos planos una serie de acontecimientos cuyo desarrollo va configurando un solo cuerpo narrativo, advertimos una tendencia multiplicadora de voces, pero que en su totalidad convergen a la interioridad de un único narrador. Victoria lee desde España una novela, Colombia en la profundidad de los recuerdos. “Andrés no me mira. Lee El País con tanta dedicación, que a veces pienso que lo prefiere a tener que dialogar conmigo”. Desde el libro y desde el periódico, Victoria es una sola. El narrador es uno solo. Desde ese mismo instante Victoria empieza a reescribir su vida en el pequeño pueblo de Laboyos, en algún valle cálido del río Magdalena. La remembranza familiar interrumpe su lectura cuando vuelve a ver a esa madre de su infancia que recorre impaciente la casa a la espera del padre que llegará, quizá ebrio, en la madrugada. Vuelven entonces, como fantasmas, los hermanos entrañables jugando entre los árboles a las escondidas. Las tardes juguetonas en el huerto al que Violeta y el narrador nos llevan de la mano: “El guayabo junto a la tapia era el preferido de Rodrigo para su columpio. Con un buen impulso lograba la altura suficiente para poder espiar el huerto del vecino y hacerle monerías a sus hijas”. La casa habitada por las pequeñas cosas de siempre: “Una moneda por ahí, un libro, unos papeles, alguna repisa con santos y reliquias, en fin, tantos secretos”. Aquí, descripciones de hechos y objetos configuran imágenes que se nos hacen visibles mentalmente, que el autor los muestra como dotados de presencia física y al mismo tiempo nos empieza a enseñar el trasmundo mismo de los personajes. Luego, los primeros años en el Colegio de la Presentación para señoritas; las veladas culturales y las declamaciones patrióticas de esos poemas que recitó con la voz entrecortada; el entusiasmo y el asombro cuando la escogieron de candidata al reinado de los estudiantes, el baile de su coronación en el Club del Comercio y el grato descubrimiento de Sebastián, el estudiante de la Normal Superior, el primer amor de su vida; mientras Andrés hojea imperturbable el periódico pensando quizá en la llegada de Manolo y Merche, un par de amigos, con los que compartirán la cena de la noche, y otra vez la novela de Monserrat regresándola impune a su presente. Gracias a los buenos oficios del autor, Violeta es su pasado y su recuerdo; es la familia de su juventud, es Sebastián, es Norma, la protagonista de la novela que lee, es ella y es todos al mismo tiempo. Así es también la evocación de su despertar enamorado: “Recuerdo que cuando asistíamos a misa los domingos, sentía su mirada en mi rostro y no podía evitar buscarlo en las bancas de la izquierda, donde se formaban los alumnos de la Normal. Lo miraba de reojo, él me sonreía y me hacía monerías... Miraba hacia otro lado y me sentía encendida”. Entre los preparativos para la cena y “La hora Violeta”, el recurso de la intertextualidad cobra su importancia grande y su justificación plena, en momentos en que los dos episodios parecen tomarse distancia, pero que a la larga conformarán un solo coro de voces, y aunque cada una guarde su propia independencia, avanzan siempre hacia un destino común, asegurándonos definitivamente la unidad temática, claramente confeccionada en el transcurrir de la historia. Entonces, el rompimiento con Sebastián y el viaje de Victoria a Bogotá para terminar su bachillerato; el deslumbramiento ante la gran ciudad que la seduce aunque ya “no queden orquídeas en los árboles del parque”; la familia ausente y esa nueva soledad en un pequeño apartamento cuidadosamente amoblado por la madre el día mismo de la visita y la despedida; esa misma soledad que la acompañará desde ahora y para siempre a pesar de sus amigos de la universidad, de Clara Inés, la recién llegada destinataria de sus infidencias y de Nati, la fiel criada que se vino de Laboyos, siempre presente como una sombra en sus silencios. En adelante, la historia es como un permanente interrogatorio interior en el que Violeta intenta descubrir la respuesta esquiva a las posibles equivocaciones de su existencia. Un nuevo capítulo en sus sueños como otro recurso para continuar, esos sueños que el narrador palabra a palabra pone al servicio de la imagen poética y que a la larga resultan ser una especie de aviso, una señal extraña que se convertirá luego en su presente: “Vi en sueños profundos desfiladeros, caminos interminables que me producían sed y en el cielo, extrañamente limpio y azul, un águila que hacía círculos y lanzaba carcajadas. El ave desapareció entre la bruma, que ascendió como un telón sobre mi vista”. La trampa onírica como reflejo de su propio acontecer cotidiano. Un suceso, aparentemente pasajero, marca luego el sentimiento de Victoria, condenada al parecer al sino sin tregua de los amores contrariados. Conoce, casi por accidente, a Salomón, el muchacho del 503 que le hizo latir el corazón de nuevo, aunque el resultado, a la postre, no fuera lo que ella habría soñado: “Comenzó a hablarme de belleza, de amor, y me arrinconó junto al ascensor. Me asustó con su mirada turbia. Un miedo horrible se instaló en mi cuerpo y me dejó paralizada. Me sentí perdida. No pude evitar que me abrazara. Me salvó el vigilante del edificio que bajó silbando por las escaleras. Salomón tuvo que soltarme en momentos en que sus manos me esculcaban y el cosquilleo de mi cuerpo había desbaratado mis defensas”. Este, un breve acontecimiento que agrandaba más la soledad de Violeta, una prolongación que se sumaba a sus nuevas nostalgias. Una reflexión, un recuerdo indeleble que pone al lector sobre las pistas de los eventos por venir. Guadalupe: años sin cuenta, en la sala de un teatro en compañía de cualquier amigo; las cervezas en el Bear House de la 73, la culminación de los estudios de bachillerato de Rodrigo, su hermano, y el matrimonio de Sebastián con una amiga de la infancia por los mismos días en que Jorge Arturo, el hermano calavera llegaba a Bogotá y se instalaba sin aviso en su apartamento y en su vida. Agosto del 78 y la noticia dolorosa de la muerte de sus padres en el accidente de carretera que los llevaría a Bogotá para visitarla de sorpresa. La voz precisa del narrador, puesta con el dolorido acierto en el sitio que le corresponde a las desgracias: “Sentí que el día se ponía gris, que los desfiladeros de mis sueños se hacían realidad y quedaba entonces sola, a merced de las más mínima contingencia. La sensación de nube de mis pesadillas quedó plasmada allí, como una realidad de vacíos y carencias”. El llanto inevitable poblando los recuerdos en medio de la pregunta indiferente de Andrés que parece leer un periódico sin fin y la respuesta casi mecánica de Monserrat Roig como una excusa posible al sufrimiento que la visita y que la embarga. Otra vez la cocina en España. Otra vez Bogotá en los recuerdos como un juego de planos y sucesos simultáneos en la mitad de la rutina. El último sorbo de otro café que Andrés bebe impasible completamente ajeno a las evocaciones de Victoria que se inicia como diseñadora de interiores en la compañía de Gómez y Asociados, las faldas en Mireya Fashion, la ropa interior en Tania y una variedad de blusas en el Pasaje de la Sesenta, antiguo refugio de los hippies; y el compromiso solemne consigo misma: “Te juro que un día tendré mi propia empresa”. En esta multiplicidad de eventos, el autor conserva el hilo de la historia, tejiéndola a través de la articulación precisa de los capítulos, la continuidad sin altibajos en el ritmo narrativo y la dosificación exacta de los efectos que quiere lograr en el lector. Luego, Pedro José, un importante ejecutivo cercano a su nueva condición profesional como un alto obligado en su camino entre las confidencias con Clara Inés, los restaurantes exclusivos, las discotecas, las promesas y quizás de nuevo el amor. La entrega plena de Victoria como en otro juego de amores equivocados: “Quedé a merced de la magia de sus manos. Luego desabotonó mi blusa, su boca cálida comenzó a recorrer mis senos y un calor que desconocía se anidó en mi vientre. Hice un último intento por detenerlo pero cuando sus manos enviaron mi falda a la alfombra y sentí que sus mejillas rozaban mis muslos, ya no tuve conciencia de mis actos, las dudas se perdieron en las fragancias del momento y la puerta abierta del goce prohibido se abrió para conducirme a un éxtasis que sólo en ese instante comencé a sentir como real”. En fragmentos como este el narrador, deliberadamente, pone la palabra al servicio de la seducción; el lenguaje así cobra intensidad, asegurando, paso a paso el transcurrir pleno de la eroticidad, descubriéndonos entonces los ocultos anhelos de la protagonista. Días más tarde el adiós definitivo de Clara Inés, que viajaba al Canadá para casarse con algún arquitecto con el que había entablado relaciones desde una agencia matrimonial, la misma que visitaría luego Victoria, en busca quizá de un compañero definitivo cuando se enteró por boca del mismo Pedro José de la existencia de un matrimonio anterior, que le borraba de plano cualquier esperanza de futuro con ese hombre que por momentos le hizo creer de nuevo en la vida, entre la creencia equívoca de sus sentimientos y los consejos persistentes de los signos zodiacales. Y otra vez la pregunta como una herida en la mitad de los recuerdos: “—¿Qué voy a hacer sola en este apartamento?”. La cercanía, al final de la novela, es un recurso más del narrador para llevar definitivamente a Victoria al tiempo tan presente que la agobia. Las primeras cartas que se cruzan con Andrés por intermedio de la agencia matrimonial; el viaje a la Florida donde Andrés le aguardaba y los planes de residencia en Madrid para iniciar otra vez su vida entre el aroma del pimentón, del aceite de oliva, la sal y la pimienta para la cena con sus amigos españoles; y los secuestros, las masacres y los enfrentamientos violentos en Colombia llenando algunos titulares del periódico que Andrés continúa leyendo; y el tarot y los recuerdos confundidos en “La Hora Violeta”. El encuentro de los cuerpos, otra vez interrumpido por la cena, por la proximidad de los amigos o el timbre del teléfono, para que el narrador termine, como en una gran burla, inventándose en la voz de Andrés la remota posibilidad de un embarazo. Así descrita la trama de la historia, y más allá del juego narrativo que se deja leer en la elementalidad de la palabra, Benhur Sánchez Suárez, logra, y es quizá otro gran acierto de la novela, un tratamiento bien inteligente del personaje, enriqueciéndolo de agudezas psicológicas, para enseñarnos sabiamente una lección de vida. El resto, es una acumulación de silencios que apenas empieza cuando cerramos deliciosamente desolados la última página del libro. ** Jesús Alberto Sepúlveda Grimaldo escritorsepulveda@yahoo.es Escritor y periodista colombiano (Girardot, Cundinamarca). Ha publicado los libros de cuentos Si la muerte me la dieras tú y Nunca le recibas dulces a Karen; el ensayo Antología comentada de la poesía tolimense, el libro de poemas El que salga último apaga la luz y el libro de crónicas y reportajes Páginas de ahora y en la hora de... |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Lucía Salerno ========================================================= === La soledad y la impresión arropan mi existencia ======================= === Alberto José Pérez ==================================================== Casi al final de este ciclo de entrevistas a poetas venezolanos y extranjeros, hoy traemos a la poeta apureña Lucía Salerno, ante nuestros lectores. Licenciada en educación por la Universidad Experimental Simón Rodríguez. Dueña de una personalidad poética atractiva. Su obra se enmarca en lo que podríamos denominar poesía lírica de vanguardia. Ha publicado dos libros de poemas: Las cosas íntimas del cielo (Editorial Trazos, Caracas, 1990) y Herbívoro (Editorial Fedupel, Caracas, 1997). Tiene inédito El silencio de las piedras. Obtuvo el Premio Municipal de Poesía “Bicentenario de la Ciudad de San Fernando” en 1990 y en el 97 fue mención honorífica en la Bienal de Poesía “Francisco Lazo Martí”; también es magíster en evaluación de los procesos educativos por la Universidad Santa María, Caracas. Enseguida entonces preguntamos y ella, Lucía Salerno, responde: —¿De dónde vienes? —Vengo del río Apure, Isla de Elba, casa de Juan Salerno. De la mano de mi madre al primer año de mi vida conocí el mar. Atravesé el océano. El barco “Marco Polo” me llevaría a Italia. Terranova de Pollino (el sur), pueblo de piedra. El monte Pollino, mis abuelos y mi madre. A los seis años me llevaron a la ciudad de Torino (el norte) allí internaron mi niñez y adolescencia en un colegio. Monjas férreas, rebeldía iría de la mano; con todas sus consecuencias. A los doce años regreso a Venezuela, estado Guárico, Puerto Miranda. Vaqueras de Juan Salerno. La soledad y la impresión arropan mi existencia. —La poesía, ¿cuándo entró en tu casa? —La poesía entró en mi casa, una noche de los años ochenta. Ella silenció mi grito y despertó las voces de mis años de existencia. Entro para permanecer en mí y sentir la necesidad de descubrir y reaccionar, a través de la palabra. —La vida: ¿mañana u hoy? —¿La vida? Hoy brota con el despertar de cada mañana, indudablemente sentirla así envuelve e individualiza hacia un fuero interno, hacia una luz que habita en el encierro, y solidarizarme con ella es saber que la vida es hoy. —¿Cuáles son tus gustos literarios? —Mis gustos literarios: la poesía, la novela, a través del poema conozco al poeta y siento verdadera admiración por él. Las novelas me dan oportunidad de relacionar los relatos con muchos aspectos concretos de mi vida. —¿Cuál o cuáles autores consideras que hayan influido en tu poesía? —En mi poesía tuve influencia de Rilke, Pessoa, Kavafis, Enriqueta Arvelo Larriva, Gerbasi, Luis Alberto Crespo, Igor Barreto, de alguna u otra manera me ayudaron a sostenerme. Otros, vendrían después... Hay una (María Inmaculada Barrios) que rozó mi corazón a través de sus “Plegarias”. —El paisaje interior o exterior, ¿cuál es tu preferencia? —El paisaje es la imagen posada en el poder cognitivo de la palabra, siempre hay una experiencia y una intención para convertirla en “palabra”, a través de la poesía. —Cuéntame un poco de tu región de origen. —Mi región de origen es Apure, tierra hermosa, con ríos y caminos que en invierno se hacen aguas. Calurosa y húmeda, a veces de cielo gris y neblinas efímeras. Tierra de ganado y sabanas, donde la soledad, la grandeza, el infinito y el río se confunden con un pueblo que se abandona en las desorganizadas ciudades. —Una anécdota... —El editor del poemario Herbívoro me llamó con la intención de cambiar el título del mismo, yo le dije que lo pensaría, a los días volvió a llamar para el nuevo título y yo le dije que lo había pensado y que el título era “H-e-r-b-í-v-o-r-o”, lo cual le causó risa. —Algo que recuerdes y que te haya marcado... —No recuerdo nada que me haya marcado, quizás con alguna ayuda... En otra oportunidad. Tal vez muchas cosas me han marcado y no sé discernir. —¿Qué es Dios para ti? —Dios es una voz que sale de mi alma para agradecer, para suplicar, evocar y una manera de viajar por el camino de la felicidad. Dios es también poesía. —¿Y el Diablo? —El Diablo también es mi voz, indiferente, y una manera de viajar por el camino de la tristeza. —¿Desarrollas tu escritura alejada de los círculos intelectuales o interactúas con ellos? —No interactúo con círculos intelectuales, mi escritura es personalísima. —¿Qué opinión te merecen los talleres literarios? —Me parecen provechosos cuando los integrantes tienen la oportunidad de ser escuchados y no interpretados por los críticos literarios. —¿La muerte es tema en tu poesía? —La muerte no es tema en mi poesía, en algunos poemas se asoma como inmortal o continuidad. —¿Piensas el poema o es aluvional su llegada? —Pienso en el poema ligado a una imagen que me conlleva a desarrollar una actitud insistente hacia la escritura. Una actitud de mucha concentración, incertidumbre y desasosiego. La intención obsesiva me lleva al poema. No es fácil escribir con el don del estilo y la inspiración. En mi caso no lo es, siento mucha debilidad hacia el hecho poético. No he controlado aún esa pasión obsesiva y con mucha frecuencia me alejo de ella. El aluvión no me llega, es un proceso mental de mucha intensidad. —¿Religiosa? —Sí soy religiosa. —¿Qué es para ti la oración? —La oración es esa voz de la cual te hablé, que pide fuerza, luz, perdón, tesón para vivir día a día. —¿Lectora de qué: cuento, poesía o novela? —Poesía, novela: en este momento leo Un poeta como yo, de Alberto José Pérez, y ¡Oh es Él!, de Maruja Torres. ** Alberto José Pérez albertoperez802@hotmail.com Poeta, editor y comentarista literario venezolano (El Samán, Apure, 1951). Ha obtenido reconocimientos por su obra poética entre los cuales vale mencionar el Premio Único de Poesía de la Bienal de Literatura de la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve) por su libro Homenajes (1991), y el Premio de Poesía de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora (Unellez, http://www.unellez.edu.ve), por el poemario El espejo y la memoria (1987). También ha publicado los poemarios Los gestos tardíos (1975), El libro de Barinía (1985), Marca (1984), Olor de amor (1995), Como si valiera un siglo (1996), Retrato de memoria del corazón de una mujer (1997), Un poeta como yo (2006) y la antología poética El poeta de quien les hablo (1999). === Octavio Escobar Giraldo =============================================== === “A las historias hay que buscarles ==================================== === el tratamiento que mejor se les acomode” Jaime Echeverri ========= El 2007 fue un buen año para Octavio Escobar Giraldo, uno de los mejores escritores colombianos. Su novela histórica 1851 (Folletín de cabo roto) alcanzó varias reimpresiones y Periférica, una joven y exigente editorial española, le apostó a Saide, novela que obtuvo hace más de diez años el Premio Crónica Negra Colombiana, y que con la edición española ha ganado lectores en la península y ha merecido elogiosos comentarios de los resencionistas de diferentes medios. Escobar es un escritor que toma en serio su tarea y que ha relegado a un plano secundario su ejercicio médico para dedicarse de tiempo completo a la literatura. Su prosa es amena y ligera en el buen sentido del término, exhibe un sutil sentido del humor y una ironía seca que le da un toque especial a su obra toda. Aunque ha publicado ya varias buenas novelas, uno de sus libros de cuentos (De música ligera) mereció el más importante premio para el género otorgado por el Ministerio colombiano de Cultura. Ante tales resultados lo primero que se me ocurre preguntarle es si el cuento, género que le granjeó tan justo reconocimiento, ha quedado atrás. —Claro que no. Es posible que no intente otra vez libros unitarios temáticamente como Hotel en Shangri-Lá o De música ligera, que exigen tanto desde el punto de vista del estilo, pero ya tengo algunas ideas que espero cristalicen en nuevos cuentos y acaba de salir Todos los cuentos el cuento, una compilación de poéticas del género de la que fui gestor. También apareció un cuento mío en Al filo de la navaja: diez cuentos colombianos, la antología que acaba de realizar Juan Gabriel Vásquez para la Unam. —¿Da la novela mayor reconocimiento, más satisfacciones? —Desde el punto de vista editorial, sí. Es complicado conseguir que se publique un libro de cuentos y es aun más difícil que alguien se anime a reseñarlo o recomendarlo. Hay un prejuicio o una moda, no sé exactamente cuál de las dos cosas, que aleja a los lectores de textos que pueden leer en el poco tiempo que se supone tienen, y esto obliga a los cuentistas a buscar la manera de dilatar sus narraciones hasta conseguir la extensión suficiente para convencer al editor de que tiene una novela entre las manos. —¿Lo ha hecho? —No. Hay un cuento que tengo muchas ganas de ampliar porque siento que cuando lo escribí abusé de la tijera para ocultar mi incapacidad para hacerlo mejor. Espero que la situación haya mejorado. —Hablemos de Saide. ¿Por qué la novela policíaca? ¿Por qué la novela negra? Tengo la impresión de que hay una tendencia no sé qué tan buena hacia ese tipo de novela, simplemente por creerse que resulta más comercial... —Esa tendencia existe, por supuesto, pero creo que las posibilidades comerciales de la novela policíaca son importantes en Europa y los Estados Unidos, no tanto en nuestros países. A mí me atrae por varias razones: porque el género negro es una matriz narrativa que siempre me ha gustado por su agilidad y su vehemencia, no sólo en la literatura, también en el cine; porque está al alcance de una amplia variedad de lectores, y esto va más allá del aspecto comercial; porque a las historias hay que buscarles el tratamiento que mejor se les acomode y resulta una manera muy adecuada de hablar de la violenta realidad colombiana, de las injusticias sociales, la corrupción y el crimen organizado sin caer en el lamento, la denuncia explícita o la desesperación. —¿Tiene Saide alguna base real? —Sí. El espacio físico y algunos de los personajes de la novela proceden de mis años de labor médica, en particular de los meses del servicio social obligatorio en una población del Magdalena medio colombiano, una región muy infiltrada por el narcotráfico y el paramilitarismo, pero la narración principal es pura ficción. —Una de las reseñas aparecidas en España en los meses que lleva el libro de circulación, la califica de obra maestra y resalta las “calidades” del español colombiano. ¿Qué piensas de ese comentario? —Creo que se refiere al hecho de que no intento escribir en ese español supuestamente internacional —que se me ocurre no es más que un español de traductor— que adoptan muchos escritores hispanoamericanos cuando tienen alguna posibilidad de ser publicados en España. En mis novelas y cuentos no hay bragas ni tampoco tíos, o no ser que ese sea el vínculo familiar específico entre los personajes. —¿Hay relación entre Saide y Rosario Tijeras? —Saide es anterior a la novela de Jorge Franco y está escrita de una manera distinta, pero creo que en las dos novelas es evidente la influencia del cine y ambas se ocupan de un mismo momento de nuestra historia reciente, la mía en una población pequeña, la de Jorge en Medellín. Eso también genera diferencias. Lo que sí hicimos los dos, apartándonos de una prevención muy colombiana, fue reelaborar una realidad conflictiva y violenta en nuestras narraciones. —Algunos críticos lo consideran a usted un autor postmoderno. ¿Cómo compaginar esa clasificación con la novela policíaca? —No me parece que haya contradicción entre una y otra cosa, todo lo contrario; pero es algo que no me trasnocha. Las clasificaciones obedecen a la necesidad de la academia de ordenar de alguna manera el mundo y uno sabe que tarde o temprano termina en una u otra casilla. Mi próxima publicación en España también será una novela negra, así que es inevitable que me empiecen a considerar un autor del género. La catalogación como postmoderno se debió a mi primera novela, El último diario de Tony Flowers. —Esa novela, El último diario de Tony Flowers, es contemporánea de Saide. ¿Por qué marcó tanto la apreciación crítica con respecto a su obra? —Porque cayó en mejores manos. La editorial que hizo la primera edición de Saide no supo qué hacer con una novela policíaca en una época en la que en Colombia no era frecuente que se publicaran, y en el proceso editorial hubo premura y yerros de todo tipo. En cambio a Tony Flowers lo favoreció el interés académico en la postmodernidad. Es probable que surjan nuevas clasificaciones ahora que me atreví a jugar con la historia en 1851. —¿Cuál Saide es la real: la misteriosa, la sensual, la contrabandista? —Esa es una decisión de los lectores. —¿Es posible que reaparezca en otras narraciones suyas? —Es muy tentadora esa posibilidad. ** Jaime Echeverri Escritor colombiano (Manizales). Escritor, poeta, ensayista, profesor de literatura, sicólogo y sicoanalista, autor de novelas (Reina de Picas, Corte final) y libros de cuentos (Historias reales de la vida falsa, Versiones y perversiones, Actos ajenos, etc.). === Juan Martins, un poeta prestado a la dramaturgia ====================== === “Lectores hacen tanta falta como escritores” Rafael Ortega ======= “A veces, uno se sorprende cuando nos dan demasiada importancia y nos invitan a foros y conferencias, nos pagan el hotel y nos tratan bien, y entonces uno piensa: ¡Cónchale, la escritura como que sirve para algo!” Sobre sus inicios en el mundo de las letras, nos confiesa Juan Martins (Maracay, 1960) que primero fue lector y llegó tardío a la escritura. Desde joven le atrapó la pasión y el oficio de leer las obras de Krishnamurti. De aquellos textos de visos filosóficos pasó a la literatura francesa, a través de los talleres que coordinaba Harry Almela y allí comenzó ese acercamiento a la poesía. “También me atraparon las relatos de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar; y en dramaturgia, Gustavo Ott, Isaac Chocrón, Rodolfo Santana, pero reconozco que mis inicios están en la poesía y no en el teatro”, por lo cual se considera un poeta prestado a la dramaturgia y dice no ser “el arquetipo del hombre de teatro”. —Estás al frente de una editorial alternativa llamada Ediciones Estival, ¿en qué momento decides dedicarte al trabajo gerencial? —Después de haber publicado mis textos con la editorial La Liebre Libre y, más adelante, a través de un convenio con una editorial de Nueva York, empecé a desarrollar mi trabajo y entendí que hay que organizarse gerencialmente para editar libros. Por eso, antes de que surgiera todo este boom de la imprenta y todo este proceso, el poeta Harry Almela y yo, a través de La Liebre Libre y Ediciones Estival, logramos editar obras interesantes por otras vías alternativas y todavía se siguen haciendo cosas, aunque la dinámica ha cambiado porque no hay manera de competir con el capital del Estado. —¿Cómo percibes el movimiento teatral en Aragua? —En una ciudad como Maracay, si tú no haces las cosas con tus propios recursos no podrás llegar a nada como dramaturgo. Por muy bien escritas que estén tus piezas, se quedan en gavetas. Entonces se recurre a otros elementos, como la producción, la organización grupal; es decir, la socialización de un grupo para llevar a cabo un proyecto artístico, que es mucho más ambicioso en cuanto a sus factores humanos involucrados. —¿Consideras que los talleres literarios son fábricas de escritores? —El término “fábrica de escritores” no sería el más apropiado porque es muy concreto y delimita una respuesta. Un taller no te va a hacer escritor, porque si el talento no existe, no lo vas a obtener allí, pero, por lo menos, lo que se logra es que te conviertas en un lector, y creo que los lectores hacen tanta falta como los escritores. Participé en los talleres organizados por la Coordinación de Literatura, cuando estaba a cargo de Harry Almela, luego concursé para participar un taller en el Celarg y casualmente quien lo coordinaba era Harry Almela. Por eso, la experiencia que tengo con el poeta es muy implícita en ese proceso. En una ocasión, cuando se publicó mi primer libro, Deseos de casa (1995), le dije a Harry: “Te voy a decir algo que tal vez suene cursi, pero necesito decirlo: es la respuesta del alumno al maestro” y él dijo que no me pusiera tan cursi. Pero para mí era importante porque pasé por un proceso de crecimiento donde hubo voces que me fueron educando, voces que me fueron aprehendiendo, y en poesía todo está antes y después de Harry Almela, en lo referente a esa exquisitez por la literatura, esa pasión por leer. Después adquirí mi propio perfil, por supuesto, y me desarrollé como dramaturgo, como “teatrista” —término que prefiero utilizar— de Aragua, pero más que de Aragua, lo soy del país, lo cual es importante subrayar porque la ciudad no ha sido muy noble con el escritor Juan Martins. Todo lo que el escritor Juan Martins ha logrado, lo ha hecho fuera de la ciudad y fuera del país. —¿Cuáles temas te motivan a escribir? —Te voy a contar una anécdota de algo que me sucedió cuando montaba una de mis piezas un destacado director, que trabaja para Rajatabla, cuyo nombre es José Domínguez, mejor conocido en el medio como “Pepe”. Él me confesó que las actrices me consideraban un escritor perverso y me pareció un término interesante, pues nunca imaginé que podía ser una persona perversa. Incluso, las actrices decían cosas como: “¡Este tipo está enfermo!”. Claro, cuando me conocieron se dieron cuenta de que no era así. Por lo general, los caracteres de mis personajes rayan en lo grotesco y el humor siempre está presente. —Eres poeta, dramaturgo y crítico teatral, ¿en cuál género te sientes más a gusto? —Me cuesta escribir dramaturgia, me es difícil, pero es el género en el que más insisto con disciplina y mi trabajo de crítico teatral es el que me resulta más placentero. —Aparte de la lectura, ¿de qué otras fuentes te nutres para escribir? —Las artes plásticas me estimulan porque soy un hombre del escenario, de las tablas, soy un hombre que está metido allí de lleno, como dice Rodolfo Santana: “Buscando carne en el escenario”. Por eso, las artes plásticas son fundamentales para mí y me permiten crear una ruptura con la convicción naturalista de lo que puede ser una escenografía y así comprender el desarrollo del signo teatral. —A tu criterio, ¿cuáles escritores venezolanos son fundamentales? —Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Alfredo Silva Estrada, aunque es un poeta un poco “sordo”, pues su sonoridad no me agrada, pero sus estructuras conceptuales me llaman mucho la atención... y a nivel de nuestra “no ciudad” —como le llamo, utilizando un término del maestro Francisco Rojas Pozo— diría que son destacadas las obras de Alberto Hernández, Harry Almela, Efrén Barazarte, Rosana Hernández Pasquier, entre otras voces emergentes. Creo que estas personas que nombré ya representan una voz nacional, a pesar de que hoy sean outsiders, están fuera de todas las estructuras, es algo muy curioso y creo que el Estado tiene que revisar qué es lo que está haciendo porque está dejando en la otra orilla a gente inteligente y sensible, que tiene toda su vida dedicada al proceso de la escritura. Y a nivel de dramaturgia, existen dos voces fundamentales en Aragua: Mariozzi Carmona y Lali Armengol Argemí. —¿A qué atribuyes que los escritores venezolanos no sean tan conocidos en el exterior? —Tendríamos que sentarnos varios escritores y editores en una mesa para responderte esa pregunta, pero creo que se trata de un problema editorial, ¿o será que los escritores venezolanos somos muy aburridos? (risas). —¿Cuáles obras o autores de la literatura universal recomiendas? —A veces somos tan arrogantes que no queremos responder con lugares comunes, pero voy a hacerlo: el Quijote, Borges, la poesía española de principios del siglo veinte, Unamuno, Andrés Eloy Blanco, a quien poco leemos, lo cual me preocupa porque debemos reconciliarnos con nuestra lengua. —¿Cómo percibes la presencia de la mujer en el mundo de la literatura? —Fundamental. Te voy a dar un ejemplo: la dramaturga Jenny Pérez, que está muy cercana a Maracay, acaba de ganar un premio muy importante, organizado por el Iaem, dejando de segundo y tercer lugar a excelentes dramaturgos, entre ellos Gustavo Ott. Esto marca una pauta de lo que pueden ser las voces femeninas dentro de la literatura. También te puedo mencionar a Xiomara Moreno y otras autoras importantes de esta ciudad, que han hecho un excelente trabajo, no solamente como escritoras sino como parte de un movimiento feminista. Han sido mujeres preocupadas, con una sensibilidad social y literaria. —¿Cuál es la función de un escritor? —Esa pregunta me obliga a dar una respuesta que me sirve de catarsis. Voy a utilizar unas palabras de Alberto Hernández: “Los escritores somos unos miserables, unos inútiles, no sé qué es lo que estamos haciendo. ¿Qué le puede importar a la sociedad que tú y yo estemos reunidos en este momento hablando de literatura? ¡Nada, somos unos completos inútiles!”. Yo quisiera saber cuál función tenemos para ir a cumplirla. A veces, uno se sorprende cuando nos dan demasiada importancia y nos invitan a foros y conferencias, nos pagan el hotel y nos tratan bien, y entonces uno piensa: ¡Cónchale, la escritura como que sirve para algo! —¿Qué opinas de las nuevas tecnologías? —El problema es cómo se enfoquen; por ejemplo, la manera como se escribe en el Messenger se está socializando, incluso en profesionales, lo cual considero que es algo negativo, pero creo que la Internet es un medio fundamental para dar a conocer lo que estamos haciendo. —¿Los libros virtuales suplantarán a los libros impresos? —No lo creo, quizás los superen y les ganen en algunos elementos, pero no suplantarán el placer conceptual que te produce abrir y oler un libro. Algo parecido sucedió con la aparición de la fotografía, pues se creyó que ésta acabaría con la pintura, pero no fue así y más bien se complementaron. La fortuna del escritor “Escribir es un placer, sobre todo en un país donde pocos nos leen y compran nuestros libros, resulta cuesta arriba dedicarse a la literatura. No todos los escritores tienen la misma fortuna de ganar premios y ser publicados, pero esa fortuna muchas veces no tiene que ver con la calidad”. Esta entrevista fue publicada originalmente en el suplemento cultural Contenido, del diario El Periodiquito (http://www.elperiodiquito.com), de Maracay, Aragua, Venezuela. ** Rafael Ortega rafaelortega@letralia.zzn.com Escritor venezolano (Maracay, Aragua, 1969). Es técnico superior universitario en publicidad. Ha sido jurado en concursos literarios del estado Aragua. Textos suyos han sido publicados en revistas y periódicos venezolanos, así como en las antologías Narrativa aragüeña en Tierra de Letras (Senderos Literarios, 1997), Narrativa de Aragua (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 1997) y Muestra de minificción aragüeña (Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 2001). En 2002 publicó su libro de cuentos La última sutileza del diablo. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === Ideas sobre la ideología Pablo J. Fierro C. ====================== Diccionario de la Real Academia Española. Segundo significado de la palabra Ideología: “Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”. Dentro de las muchas definiciones que desde diversas corrientes del pensamiento puedan dársele a este término, asumamos la del Drae como la más universal. Esbozaremos nuestras primeras conclusiones a partir de la palabra “Idea”, con abundantes acepciones en los listados de la Real Academia, y que para nuestro análisis identificaremos con la primera que aquélla enarbola, representada así: “Primero y más obvio de los actos del entendimiento, que se limita al simple conocimiento de algo”. Esto es una manzana, te dicen. El “simple conocimiento” de la misma; es decir su conocimiento no complejo (que involucraría cosas como su nombre científico, su origen como especie, su desarrollo histórico, etc.); su tamaño, su forma, su color, su olor, su peso, forjan entonces en nuestra mente una Idea de lo que es una manzana. Lo que nos hace deducir de un plumazo —y que por supuesto lo sabemos por nuestra experiencia diaria— que no basta el “simple conocimiento” de algo para utilizar dicho conocimiento como elemento con el cual sustentar sólidos argumentos. Es decir, si al ver por primera vez una manzana, ésta se encuentra picada de pájaros, no iremos luego pregonando que una manzana es un fruto rojo, más o menos redondo, con varios orificios esparcidos en su periferia, a través de los cuales se puede ver una pulpa amarillenta. Es decir, las Ideas pueden estar sustentadas en un conocimiento parcial o superficial, o en un conocimiento profundo. Es una de las razones por las que en ocasiones observamos discrepancias entre los hechos y las palabras; otros casos se dan más bien por conveniencia, como cuando nos dicen que “la burra es calva sin tener los pelos en la mano”, pero ese es otro cantar. Si con el Drae decimos que: “La Ideología es el Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”, pudiéramos decir igualmente, basándonos en lo descrito en párrafos anteriores, que es el acopio de conocimiento, simple o complejo, que de determinadas áreas de lo cognoscible tienen personas, colectividades o épocas, movimientos culturales, religiosos o políticos, etc. En este sentido, creo que no hace falta sobreabundar en premisas para concluir que, de Ideologías e Ideólogos —parafraseando un refrán sobre malagradecidos— está lleno el mundo. Aquel libro: Teoría y práctica de la ideología, de Ludovico Silva, nos permite ahora, tras recordarlo, considerar la cualidad bidimensional de la Ideología. Ésta, como se ve, detenta un nivel intangible, que si mal no recuerdo, Silva, evocando a Marx, denominó “la superestructura”, que es lo que se inscribe dentro del término Teoría, lo cual abarca el mundo de las ideas en su claustro cerebro-emocional; y un nivel concreto, o “estructura” vertido a lo externo, palpable, tangible y motorizador, que denominamos “práctica”. Dicho todo esto podemos más o menos determinar que Ideologizar, en el sentido de percibir ideas y procesarlas en nuestro Yo íntimo, y no como el ejercicio de adoctrinar, es una condición inherente al ser humano, ya que nuestra configuración psico-física ha sido elaborada básicamente con ese objetivo. Nuestros Sentidos están diseñados para que conozcamos el mundo y podamos, de la manera más armoniosa, desenvolvernos en él, ejerciendo nuestro rol de Individuo con compromisos personales, y nuestro rol de Individuo con compromisos colectivos, demarcados en los Deberes y Derechos que establecen las leyes; las cuales, valga apuntar, pueden obligarnos, incluso, a actuar de determinada manera, pero no veo forma de que puedan manejar nuestro pensamiento, por otro camino que no sea la sugerencia, el diálogo, la orientación, la persuasión, el engaño, entre otros. Para bien o para mal, los timoneles de nuestro pensamiento somos nosotros mismos. El famoso slogan de ARS, “Permítanos pensar por usted”, debía ser más bien algo así como: Permítanos pensar a nosotros. Un ser humano, amante de la democracia, el respeto, la libertad, etc., no debería, dentro de aquellas cosas que rebasan los límites de los deberes y derechos, hacer a otros lo que no quisiera que le hicieran a él. Por eso: si nos gusta conocer; forjarnos a partir del conocer Ideas, y por tanto Ideología; y si además nos gusta que se nos permita que también nosotros podamos transmitir o no nuestras ideas a los demás (Ideologizar); no debería molestarnos el que los demás lo hagan; siempre y cuando dichas ideas se mantengan en el plano de la Teoría, y debatidas en los escenarios adecuados, hasta tanto el colectivo —expresado en el conjunto de individuos o grupos con formación idónea para autorizar— no determine que dichas ideas se ajustan a Derecho, y en consecuencia pueden ser llevadas a la Práctica. Por mi parte, no me molesta la Ideologización, de hecho, en este texto la practico; y para hacerlo me valgo de los recursos que me permite mi condición existencial: pintor, diseñador gráfico y escritor —entre otras cosas—; con ideas, una computadora y medios en donde puedo difundirlas. La Ideologización de otros(as) me permite ampliar mis referencias para argumentar. Más me perturba esto que pudiéramos llamar Automatismo: cuando, como zombis, sin estudiar, ponderar, curiosear, averiguar, investigar, comprobar, comparar, contrastar, nos vamos a levantar las banderas del primer Ideólogo que diga cuatro palabras en un artículo llamado: IDEAS SOBRE LA IDEOLOGÍA. ** Pablo J. Fierro C. rmpf@intercable.net.ve Pintor, diseñador gráfico y escritor venezolano (Caripito, Monagas, 1959). Ha publicado Juanín escucha voces. Artículos y relatos suyos han sido publicados en los diarios El Carabobeño y El Sol de Margarita, en el semanario Tiempo Universitario y en la revista Texto y Color. === Del Romancero viejo al moderno: ======================================= === “El infante Arnaldos” y “El prisionero”; ============================== === “La loba parda” y “Los mozos de Monleón” Miguel Díez R. ========== La literatura popular y tradicional Junto a la literatura culta —escrita, inalterable y de autor generalmente conocido— fluye paralela otra literatura llamada popular y tradicional que muestra, a veces, una extraordinaria calidad artística. Esta literatura pertenece al folclore, es decir, al “saber tradicional del pueblo” que, además de las costumbres, los bailes, los juegos, las fiestas, las creencias, etc., incluye como aspectos destacados los cuentos, las leyendas, los mitos, las canciones y los romances. Este folclore literario es una de las más completas y hermosas manifestaciones de la cultura hispánica. Aparte de la brevedad y sencillez, las principales características de la literatura popular y tradicional son la transmisión oral, la anonimia y las variantes. En nuestros días se ha perdido gran parte del prestigio y la fuerza de la palabra hablada. Hemos vivido lo que se ha llamado “el fetichismo de la letra impresa”, que, a su vez, está cada vez más desplazado por la avalancha y la preeminencia de la imagen. Y, sin embargo, durante milenios, la palabra desnuda fue el único procedimiento de conservación y transmisión de la cultura literaria. El pueblo, que ha considerado estas formas literarias como algo suyo, las ha transmitido oralmente, de generación en generación, reelaborándolas. En cuanto a la anonimia, está claro que no se puede hablar de un creador colectivo como se pensaba en el Romanticismo. Hay un creador inicial, un individuo especialmente dotado que interpreta y expresa el sentir del pueblo. Otros individuos a través del tiempo van rehaciendo la obra que se considera un bien común a disposición de la comunidad y, por esta razón, la anonimia no es tanto porque se haya perdido el nombre del autor inicial, sino porque sus autores son cuantos libremente recrean esas composiciones como cosa propia. Lo realmente importante es ese circuito de la tradición en el que la obra ha entrado, y su integración en la vida cultural del pueblo. El autor se desentiende de su obrilla porque la entrega como anónima a la comunidad. A este requisito ha de añadirse otro: que la comunidad prohíje esa obrilla y la considere suya. Cumplidas ambas condiciones y cerrado el toma y daca, la obrilla queda ahí, como bien mostrenco, a la disposición de todos. Todos pueden usarla, manosearla, modificarla, pulirla, deformarla, transmitirla, gastarla. Es un ejido poético (1). Como consecuencia de la anonimia y del carácter oral, aparece uno de los aspectos más claramente diferenciadores de la literatura popular y la culta: las numerosas variantes de un mismo cuento, cantar o romance. Menéndez Pidal decía que la literatura popular es como un ser viviente y la variante su palpitación vital que nunca se repite de idéntico modo; en cambio, la literatura de arte personal, la culta, es como un mármol definitivamente terminado con el último martillazo sobre el cincel, y la variante de mano extraña no es más que un arañazo o desconchón de la bien acabada estatua. Y a partir de aquí el mismo estudioso introdujo el carácter de tradicional para designar a este tipo de literatura y distinguirlo de lo puramente popular, es decir, la simple recepción o aceptación por el pueblo —sin ninguna intervención por su parte— de una obra en cuanto que satisface sus gustos. La palabra tradicional se refiere a la reelaboración por medio de las variantes introducidas por muchos individuos, no coetáneos sino sucesivos, que son la forma en que el pueblo como colectividad interviene en la composición literaria. El pueblo es autor mediante ese perenne fluir de las variantes y no tiene nombre porque es el inmenso anónimo; su único nombre es legión y su fecha son los siglos (2). El Romancero España es el país del Romancero. El extraño que recorre la Península debe traer en su maleta, según consejo de cierto viajero entendido, un Romancero y un Quijote, si quiere sentir y comprender bien el país que visita. (Ramón Menéndez Pidal) Se designa con el nombre de Romancero el conjunto de romances surgidos a partir del siglo XIV. La palabra romance en un principio servía para designar a la lengua vulgar frente al latín de la que derivaba, acepción que aún se mantiene en la actualidad. En los siglos XIII y XIV se aplica a diferentes textos, pero va limitándose progresivamente a unas composiciones literarias muy concretas, de extensión breve y de carácter épico o épico-lírico, compuestas anónimamente y que los juglares cantaban o recitaban delante del pueblo al son de un instrumento que acompañaba al texto con breves y monótonas notas. En su forma más popular los romances están formados por un número indefinido de versos octosílabos con la misma rima asonante en los pares mientras quedan libres los impares. Según la teoría más admitida, los romances más antiguos procedían de ciertos fragmentos de los cantares de gesta, especialmente atractivos para el pueblo, que los retenía en la memoria y después de cierto tiempo, desgajados del cantar, cobraban vida independiente y eran cantados o recitados como composiciones autónomas con ciertas transformaciones. Los oyentes se hacían repetir el pasaje más atractivo del poema que les cantaba o recitaba el cantor o el rapsoda; lo aprendían de memoria y al cantarlos ellos, a su vez los popularizaban, formando con esos pocos versos un canto aparte, independiente: un romance. A estos romances se les denomina épico-tradicionales. Más tarde, los juglares, dándose cuenta del éxito de los romances tradicionales, compusieron otros muchos, ya no desgajados de un cantar, sino inventados por ellos, algo más extensos y con una temática más amplia. Los autores, como ya hemos dicho, desaparecen en el anonimato, y la colectividad, plenamente identificada con aquellos textos, los canta, modifica y transmite. Éstos se conocen con el nombre de juglarescos. Los romances tradicionales se caracterizan por su brevedad e intensidad. La acción y la expresión de los afectos están muy concentradas. Son, en general, situaciones estallantes abordadas de forma directa e incluso brusca, prescindiendo de los pasos que han llevado a ellas y cuya enumeración podría diluir el interés del auditorio. Participan, en diferentes casos, de los tres géneros literarios establecidos por la preceptiva clásica: la ficción narrativa, los sentimientos y un conflicto próximo a lo dramático. El relato y el diálogo refuerzan esta característica (3). En el reinado de los Reyes Católicos estos romances anónimos llamados viejos, que en un principio, como hemos visto, se difundían oralmente cantados por los juglares, entraron en la corte donde eran ejecutados con tonadas más elaboradas, compuestas por músicos cortesanos y, además, se fueron fijando por escrito. Desde comienzos del siglo XVI circularon escritos en pliegos sueltos hasta ser luego recogidos y publicados en extensos cancioneros de romances, como el de 1550 (hubo una primera edición hacia 1545) o el Romancero general de 1600, recopilados por poetas cultos y eruditos. También se han conservado en la tradición oral moderna y por tanto con nuevas y continuas y numerosas variantes, en la Península, Hispanoamérica y las comunidades judeo-sefardíes. La fecundidad y el éxito que tuvo el Romancero Viejo de los siglos XV y XVI, hicieron que se bifurcase en una doble dirección. A partir del siglo XVI hasta finales del XVII, muchos poetas cultos —Cervantes, Lope de Vega, Góngora, Quevedo, etc.— componen también romances, llamados nuevos o artísticos, que amplían y renuevan el contenido temático y los recursos formales de los viejos romances, pero naturalmente estos “nuevos romances” presentan las características propias de la literatura culta: una marcada voluntad de estilo y mayor artificio literario, es decir, una forma literaria cuidada y específica, esa y no otra, creada por un autor con nombres y apellidos, y que por lo tanto no puede modificarse, además de la mayor libertad en cuanto a los temas y, desde luego, la transmisión por escrito. Durante el Romanticismo y en los siglos XIX y XX se conocerá una nueva floración de este tipo de romances cultos, como los pertenecientes, entre otros muchos autores, al Duque de Rivas, Zorrilla, Antonio Machado, Unamuno, Gerardo Diego, García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, etc. La otra dirección es la de la propia tradición popular, pues los viejos romances siguieron transmitiéndose oralmente, y al mismo tiempo se fueron creando otros nuevos de tradición oral más reciente. En palabras de José María Valverde, el Romancero es la columna vertebral de la historia de la poesía española (4) y el profesor Alborg apostilla: El Romancero constituye la poesía nacional española por excelencia: un “inmenso poema disperso y popular”, que representa una de esas pocas cumbres excelsas en la literatura de todos los países, capaces de llegar al alma de todo un pueblo sin distinción de clases ni de preparación intelectual (5). Dos romances viejos: “El infante Arnaldos” y “El prisionero” El infante Arnaldos ¡Quién hubiera tal ventura sobre las aguas del mar como hubo el infante Arnaldos la mañana de San Juan! Andando a buscar la caza para su falcón cebar, vio venir una galera que a tierra quiere llegar; las velas trae de sedas, la ejarcia de oro torzal, áncoras tiene de plata, tablas de fino coral. Marinero que la guía, diciendo viene un cantar, que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar; los peces que andan al hondo, arriba los hace andar; las aves que van volando, al mástil vienen posar. Allí habló el infante Arnaldos, bien oiréis lo que dirá: —Por tu vida, el marinero, dígasme ora ese cantar. Respondióle el marinero, tal respuesta le fue a dar: —Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va. Se suelen distinguir dos tipos fundamentales de romances: el romance-cuento, que desarrolla una acción relativamente extensa con antecedentes, nudo y desenlace, cercana al relato popular, y el romance-escena que se centra exclusivamente en una situación momentánea. Este último es el caso de los romances de “El infante Arnaldos” y el de “El prisionero”. Una característica muy frecuente de los romances populares —precisamente de los romances-escena— es lo que se conoce como fragmentarismo. El romance se centra en un momento determinado de la acción que suele comenzar “in media res”, “ex abrupto”, es decir, se entra directamente en materia prescindiendo de los preliminares o antecedentes porque son conocidos o porque no interesan. Pero además, con bastante frecuencia, la narración se interrumpe bruscamente en el momento culminante sin que se conozca el desenlace final. Es evidente que al cantor no le interesa lo más mínimo ni lo que pasó antes ni lo que pasará después; se trata tan sólo de quintaesenciar una situación aislada y particularmente intensa. En el caso del final “truncado”, el resultado puede ser de una increíble eficacia poética, al atrapar al oyente o lector en el misterio y la emoción, y hacerle participar con su propia imaginación, lanzada a una actividad creadora personal. Tiene mayor atractivo lo que se deja entrever que lo que realmente se dice. Es lo que en una frase de Menéndez Pidal, que ha hecho fortuna, se ha llamado “saber callar a tiempo”. Un ejemplo muy conocido de este fenómeno es el final truncado o súbito del romance de “El infante Arnaldos” que, precisamente en esta versión breve y fragmentada, alcanza verdadera categoría poética y dramática, y que se convierte en una de las joyas de nuestro Romancero por el sugerente clima de misterio y su perfecta estructura. Y aunque los finales en suspenso, a veces están ya en la versión primitiva; en otras ocasiones, como es el caso de nuestro romance, obedecen a un corte posterior dentro de un proceso de depuración. En diferentes versiones de este romance —las más primitivas— la historia continúa, a veces de una manera embrollada y absurda, rompiendo la belleza de la versión truncada, como sucede en una versión del Cancionero manuscrito conservada en el Museo Británico, de comienzos del siglo XVI. En otros casos la continuación de la narración logra un sencillo romance de aventuras y reconocimiento, hermoso, sí, pero que no tiene nada de poético ni de extraordinario. Esto es lo que sucede en una versión muy antigua conservada entre los judíos sefardíes, expulsados de España en 1492, y asentados en Marruecos y que han mantenido en su tradición, con una tenacidad y fidelidad incomparables, además de la lengua, los recuerdos de coplas y romances que sacaron de su patria, la vieja España, llamada por ellos Sefarad. Véase cómo continúa en este caso la segunda parte del poema: [...Allí habló el infante Arnaldos, / bien oiréis lo que dirá: / —Por tu vida, el marinero, / vuelve y repite el cantar. / —Quien mi cantar quiere oír, / en mi galera ha de entrar.] / Tiró la barca el navío, / y el infante fue a embarcar; / alzan velas, caen remos, / comienzan a navegar; / con el ruido del agua, / el sueño le venció ya. / Pónenle los marineros / los hierros de cautivar; / a los golpes del martillo, / el infante fue a acordar. / —Por tu vida, el buen marino, / no me quieras hacer mal: / hijo soy del rey de Francia, / nieto del de Portugal, / siete años había, siete / que fui perdido en el mar. / Allí habló el marinero: / —Si tú dices la verdad, / tú eres nuestro infante Arnaldos, / y a ti andamos a buscar. / Alzó velas el navío / y se van a su ciudad. / Torneos y más torneos, / que el conde pareció ya. El máximo estudioso de los romances españoles, Ramón Menéndez Pidal, a quien continuamente tenemos presente en nuestro trabajo, explica magistralmente las curiosas vicisitudes de este romance de “El infante Arnaldos” hasta llegar a la versión canónica y definitiva, que, por cierto, ya aparece con la forma que presentamos —con mínimas variantes— en la primera edición del Cancionero de romances publicada en Amberes hacia el año 1545 y que fue la que vulgarizó el romance tal como hoy lo conocemos. “En ‘El infante Arnaldos’ es de notar que la misteriosa negativa del marinero, así como todos los elementos fantásticos descriptivos, es decir, todo lo que hace de este romance un modelo de balada universalmente admirado, son extraños a la versión originaria y fueron introducidos en varias refundiciones posteriores. El romance primitivo es narración completa de una aventura nada fantástica en que el infante Arnaldos es recogido en la galera por el marinero cantor, y devuelto a su patria, de la cual estaba ausente hacía mucho. En versiones sucesivas se ve patente el intento de varios recitadores para suprimir en diversas formas esa repatriación final, como no interesante. Un recitador tuvo la feliz idea de dar fin al romance en la respuesta esquiva del marinero, y este simple corte fue una verdadera creación poética con virtud para estimular la imaginación de muchos. Otro recitador añadió los versos de la descripción ideal de la galera. Otro, en fin, tomó de otro romance los dos versos que describen el poder sobrenatural del canto. ”Así, rehaciéndose en la imaginación de muchos recitadores, eliminando lo no interesante, añadiendo algo afortunado, el romance abandonó el terreno de la aventura ordinaria, para lanzarse a la encantadora región del simbolismo, donde Milá y Lockhart podían encontrar un hondo sentido místico, donde Longfellow percibía todo el misterioso encanto de los abismos del océano, y donde Berchet veía cifrada la más alta belleza de la poesía popular. El ‘Romance del infante Arnaldos’ no es, pues, obra de un vate divinamente inspirado, por cuya boca habla el pueblo, según pensaban los románticos; pero tampoco lo podemos atribuir, como quieren los críticos modernos, a un único autor sobre cuya creación el pueblo desarrolla un proceso deteriorante, sino que es obra de varios autores sucesivos, cuya parte respectiva no se puede apreciar aislada” (6). Esta es la historia de este romance tal como ha llegado a nosotros, despojado de todos los elementos superfluos y banales, y convertido así en un poema que puede codearse con las más altas manifestaciones poéticas universales. Todo sucede en la maravillosa mañana de San Juan en la que es posible cualquier prodigio. Además de la descripción de la fantástica galera, construida con materiales preciosos, es notable el movimiento casi cinematográfico con que se describe el entorno de la nave en que viaja un inquietante marinero: la una y el otro son el centro en donde convergen todos los elementos dinámicos de la naturaleza —mar, vientos, peces y aves—, atraídos y dominados por el mágico poder de la misteriosa canción que viene cantando el marinero, como un nuevo Orfeo de significado cósmico. También el gran señor se siente atraído, y, autoritariamente, conmina al navegante a que se la diga de inmediato. Pero, como le responde el marinero, y no sin arrogancia, la revelación del mágico cantar exige el coraje de afrontar el riesgo de una aventura desconocida. Han sido olvidados, pues, los aspectos anecdóticos o novelescos, y todo el poema se concentra en el enfrentamiento dialógico de dos poderes: el del linaje y las armas frente al de la experiencia y la sabiduría. Terminamos con esta recreación literaria de Azorín: “El conde Arnaldos ha salido en la mañana de San Juan a dar un paseo por la dorada playa. Ante él se extiende el mar inmenso y azul... El conde ve avanzar una galera... Las velas son blancas: blancas como las redondas nubes que ruedan por el azul; blancas como las suaves espumas de las olas. En el bajel viene un marinero entonando una canción; su voz es llevada por el ligero viento hacia la playa. Es una voz que dice contentamiento, expansión, jovialidad, salud, esperanza. ¿Qué cuitas íntimas tiene el conde? ¿Por qué, al oír esta voz juvenil y vibrante, se queda absorto? Una honda correlación hay entre la luminosidad de la mañana, el azul del mar, la transparencia de los cielos y esta canción que entona al llegar a la costa quien viene acaso de remotas y extrañas tierras. —Por Dios te ruego, marinero, dígasme ora ese cantar —exclama el conde. Y el marinero replica: —Yo no digo esa canción sino a quien conmigo va. Nada más: aquí termina el romance. A quien conmigo va. ¿Dónde? ¿Hacia el mar infinito y proceloso? ¿Hacia los países de ensueño y de alucinación?” (7). El prisionero Que por mayo era por mayo, cuando hace la calor, cuando los trigos encañan y están los campos en flor, cuando canta la calandria y responde el ruiseñor, cuando los enamorados van a servir al amor; sino yo, triste, cuitado, que vivo en esta prisión; que ni sé cuándo es de día ni cuándo las noches son, sino por una avecilla que me cantaba al albor. Matómela un ballestero; ¡dele Dios mal galardón! El romance del Conde Arnaldos, con su misterioso final, procede, como acabamos de comentar, de poemas muy primitivos y más largos que han sido fragmentados en su evolución tradicional hasta conseguir “misteriosamente” la forma truncada, sumamente poética. Sin embargo, en el romance de “El prisionero” parece haberse dado el proceso inverso. Primero se dio la versión más corta, la canónica, la de mayor intensidad poética que ha llegado hasta nosotros, otra verdadera joya de los romances viejos, tal como aparece ya en el Cancionero general de 1511. Treinta y nueve años después, en el Cancionero de romances de 1550, se encuentra una de las versiones largas más conocidas, cuya continuación dice así: [...Matómela un ballestero; / ¡dele Dios mal galardón.] / Cabellos de mi cabeza / lléganme al corvejón, / los cabellos de mi barba / por manteles tengo yo, / las uñas de las mis manos / por cuchillo tajador. / Si lo hacía el buen rey, / hácelo como señor, / si lo hace el carcelero, / hácelo como traidor. / Mas quién agora me diese / un pájaro hablador, / siquiera fuese calandria, / o tordico, o ruiseñor, / criado fuese entre damas / y avezado a la razón, / que me lleve una embajada / a mi esposa Leonor; / que me envíe una empanada, / no de trucha, ni salmón, / sino de una lima sorda / y de un pico tajador: / la lima para los hierros / y el pico para la torre. / Oídolo había el rey, / mandóle quitar la prisión. Si se comparan los dieciséis primeros versos con los veintiséis de esta continuación se aprecia a primera vista la extrema delicadeza y sutilidad de la versión corta en contraste con la burda continuación de la segunda parte. Se manifiesta tan enorme diferencia de calidad artística que no es posible que la misma mano redactara las dos partes. La segunda es sencillamente una continuación escrita por un versificador de tan pocas luces y tan mediocre que no comprendía que la grandeza del romance consistía precisamente en sus misterios y sus silencios, con ese final en un punto de máxima tensión, sin más aclaraciones (8). En cuanto a las múltiples variantes del poema, obsérvese la siguiente —tan distinta— recogida por Manuel Alvar entre los judíos sefardíes de Salónica (Grecia): De día era, de día / de día y no de noche, / cuando los belos mancebos / servían a sus amores; / quien los vence con naranja, / quien los vence con limones, / quien los vence con manzanas, / qu’es el fruto de los amores. / Triste lo digo, el mezquino, / que cayí en estas prisiones; / ni sé cuándo es de día / ni menos cuándo es de noche. / Tenía tres avesicas, / me cantaban rojioles, / la una era de prima, / la otra de medianoche, / la más chiquitica d’ellas / me cantaba al albores. / Agora, por mis pecados, / no se quién me las llevó. / Si me las llevó el buen rey / tiene mil pares de razón, / si me las llevó la reina, / el Dió que sea pagador, / si me las mató el carcelero, / él que tenga gualadrón (9). El romance de “El prisionero” tiene forma de monólogo pues es la queja desesperada y directa del prisionero, su dolor sin intermediarios. Es, pues, un romance de un lirismo patético en el que la acción queda reducida al mínimo, al ser pura expresión de la intensa emoción del protagonista. Comienza con la partícula que, sin otra función que dar entrada inmediatamente al romance y se abre con la ubicación temporal, en el mes de mayo. Desde El libro de Aleixandre, a mediados del siglo XIII, existía en la literatura castellana el “canto de mayo” en el que se describía cómo despertaba la naturaleza con la llegada de la primavera, y cómo las plantas, los pájaros y los jóvenes se entregan al juego del amor. Así, en la primera parte —la mitad justa del texto—, se describe ese mundo exterior perfectamente escalonado: la naturaleza (primavera, nacimiento de las plantas, flores), el mundo animal (calandria y ruiseñor) y el humano (los enamorados); es decir, la vida que estalla hermosa y floreciente en todas sus dimensiones y en todo su esplendor. El ruiseñor siempre ha sido un objeto poético, además de “personaje” enamoradizo, como la voz melodiosa del mundo florido y renaciente. Ya Teócrito le llamó “mensajero de la primavera”. Y es muy frecuente que aparezca junto a la calandria como cantantes de la pasión primaveral: El rosennor que canta por fina maestría, / siquiere la calandria que faz grand melodía (Berceo, Milagros de Nuestra Señora, estrofa 28) o Chica es la calandria e chico el ruiseñor, / pero más dulce cantan que otra ave mayor (Juan Ruiz, Libro de buen amor, estrofa 1614). Con la entrada del mes de mayo comenzaba “la estación del amor” que tenía su culmen el día de San Juan; así, el misterioso prisionero de este romance se lamenta de su aislamiento cuando los enamorados van a servir al amor. De los primeros escarceos amorosos o enamoramientos en la joven primavera —recuérdese que la palabra significa “primer verdor”—, con los calores de mayo se pasaba al verdadero amor, activo, dinámico, como nos lo recuerda esta conocida canción popular: Entra mayo y sale abril / tan garridico le vi venir. / Entra mayo con sus flores, / sale abril con sus amores, / y los dulces amadores / comienzan a bien servir. El aspecto melodioso del verso y la acumulación de la vocal abierta por excelencia, la a, parece simbolizar la alegre claridad de ese mundo tan bello y armonioso. También es de notar en esta primera parte la ausencia de adjetivos y la concentración de sustantivo para dar mayor rotundidad a la descripción de la armonía ambiental, así como la reiteración del tiempo verbal de presente que actualiza y vivifica la belleza de la naturaleza primaveral, frente al imperfecto del primer verso que confiere al romance la lejanía y distancia de los cuentos populares. Pero esa primera parte se quiebra por la conjunción adversativa de tipo restrictivo sino yo..., mediante la cual, y en acentuado contraste, el prisionero se queja con dolor y tristeza de la oscuridad y soledad de su encierro, al contemplarse a sí mismo como el único ser excluido del goce de tanta belleza y felicidad. Hay que destacar el aspecto quebrado del ritmo de estos ocho versos en contraste con el carácter melódico de los de la primera parte. Por otra parte, la presencia de los adjetivos triste y cuitado, los más importantes y casi en el centro mismo del poema, expresan con acierto los sentimientos del prisionero. Solamente el canto mañanero de un pajarillo le mantiene de algún modo unido a esa luminosa vida que fuera se prodiga tan generosamente, y se convierte en su única alegría y exclusivo consuelo. Por eso, cuando el ballestero mata a la avecilla, ese tenue hilo se rompe y el prisionero, hundido moralmente en un sentimiento de dolor y desesperación, maldice amargamente al causante de su mal. El romance de “El prisionero”, además de una interpretación realista, admite otros significados simbólicos, como el relacionado con un tema muy frecuente en la literatura española del siglo XV: el tópico del amor cortés, es decir, el amante como prisionero de amor —la cárcel de amor. Y, en fin, el eco de este bello romance resuena en esta canciocilla de Rafael Alberti: Prisionero de León, / matáronte el avecica / que te cantaba al albor. / Libre, vendrá una mañana / en que escuches tu avecica / cantando de rama en rama (10). Dos romances modernos: “La loba parda” y “Los mozos de Monleón” Como ya se ha comentado, los viejos romances, además de ser recogidos por escrito en numerosas recopilaciones de romanceros, siguieron transmitiéndose oralmente con sus correspondientes y continuas variaciones; y, lo que ahora más nos interesa, se crearon otros nuevos de tradición oral más reciente. Estos últimos romances de nueva creación se caracterizan por tratar temas costumbristas y locales, casi siempre de ambiente campesino o rural, y por ser de sencilla invención. De entre estos romances modernos escogemos los dos siguientes por el acierto de su composición y por la notable difusión que han tenido. La loba parda Estando yo en la mi choza Pintando (11) la mi cayada, las cabrillas altas iban y la luna rebajada; mal barruntan las ovejas, no paran en la majada. Vide venir siete lobos por una oscura cañada. Venían echando suertes cuál entrará en la majada: le tocó a una loba vieja, patituerta, cana y parda, que tenía los colmillos como puntas de navaja. Dio tres vueltas al redil y no pudo sacar nada; a la otra vuelta que dio, sacó la borrega blanca, hija de la oveja churra, nieta de la orejisana, la que tenían mis amos para el domingo de Pascua. —¡Aquí, mis siete cachorros, aquí, perra trujillana (12), aquí, perro el de los hierros (13), a correr la loba parda! Si me cobráis la borrega, cenaréis leche y hogaza; y si no me la cobráis, cenaréis de mi cayada. Los perros tras de la loba las uñas se esmigajaban; siete leguas la corrieron por unas sierras muy agrias. Al subir un cotarrito la loba ya va cansada: —Tomad, perros, la borrega, sana y buena como estaba. —No queremos la borrega de tu boca alobadada, que queremos tu pelleja pa’el pastor una zamarra; el rabo para correas, para atacarse las bragas (14); de la cabeza un zurrón, para meter las cucharas; las tripas para vihuelas, para que bailen las damas. Nacido en la trashumancia y, por ella, llevado y traído, existen cientos de versiones de este romance de pura cepa rústica y pastoril. La que aquí presentamos es la “facticia” (15) realizada por Menéndez Pidal, en 1928. Los pastores, a la llegada de la primavera, en ciclo anual, repetido durante siglos, conducían por las cañadas reales —y conducen todavía hoy— sus rebaños de ovejas, en busca de los pastos frescos del norte, desde Andalucía y Extremadura a la Cordillera Cantábrica y a las sierras de Soria. Allí pasaban el verano y, antes de que llegaran el mal tiempo y las nieves, volvían de nuevo a hacer la “invernada” en tierras meridionales. Se encuentra, pues, este romance ampliamente difundido en las dos vertientes de esta trashumancia y en las regiones por donde circulaban los rebaños o en tierras próximas —es decir, Extremadura, las dos Castillas y León, hasta el límite con Asturias y Galicia. Al comienzo, se presenta la escena de un yo-pastor, que, en la alta noche, mientras pica su cayada, oye el rebullir de las ovejas en la majada, la cercanía de los lobos y cómo la loba más vieja de la manada se lleva la mejor oveja del rebaño. Y, tras el azuzamiento del pastor a los perros, sigue la persecución de la loba y el diálogo entre ésta y sus perseguidores. La épica lucha de los pueblos indoeuropeos entre el pastor y el lobo se presenta aquí desdramatizada, en tono relajado y con ribetes de humor; y, sin embargo, esta estampa tan viva, tan deliciosa y auténticamente rústica —no fingida ni adornada— y costumbrista, se ha convertido en el más famoso y difundido de todos los romances pastoriles. En una versión de este romance, recogida recientemente en la montaña del noreste leonés y que puede considerarse uno de sus últimos vestigios vivos, se observan numerosas variantes. Es un texto sin retocar, de llamativa rusticidad con un final “chusco” y los esperados vulgarismos, irregularidades métricas, etc., por lo que así conserva la espontaneidad, gracia y viveza de lo auténticamente popular: Estando yo en mi chozuelo, / picando la mi cayada, / vi venir por sierras negras / una muy grande lobada. [...] / —No queremos la borrega / de tu boca maltratada, / que queremos tu pellica / pa’l pastor una zamarra, / pa hacer un zurrón / pa guardar las cucharas, / los dientes pa azadones / pa escarbar las retamas, / los ojos pa candiles / pa ver cómo se acuestan las damas, / el rabo pa abanicos / pa abanicar las damas, / y el culo para que chupen / los mozos por la mañana. Y, dada la enorme difusión de este romance, incluso se han encontrado versiones en asturiano, como la siguiente recogida en el concejo de Lena: Tando yo en la mio choza, / pintando la mio cayada, / les cabres diben altes, / la luna rebaxada. / ¡Mal barrunten les oveyes! / Non paren en la mayada. / Vi venir siete chobos / per una escura cañada. / Veníen chando a suertes / cuál entrará en la mayada. / Tocó-y a una choba vieya, / patituerta, canosa y parda, / que tenía los colmiechos / como puntes de navaya. / Dio tres vueltes al redil, / y non púo sacar ná. / A la otra vuelta que dio / sacó la borrega blanca, / fía de la oveya churra, / nieta de la oreyisana, / la que teníen mios amos / pal domingo de Pascua. / —¡Aquí, mis siete cachorros! / ¡aquí, perra trujillana!; / ¡aquí, perru el de los fierros: / correy a la choba parda! / Si me cobráis la mio borrega, / cenaréis leche y fogaza; / y si non me la cobráis, / cenaréis de mio cayada. / Los perros tras de la choba, / les uñes se esmigayaben. / Siete chegües la corrieron, / per unes sierres muy agries. / Al xubir un catanitu, / la choba ya va cansada. / —Tomay, perros, la borrega, / sana y buena como taba. / —Nun queremos la borrega, / de tu boca achobadada, / que queremos tu pelleya, / pal pastor una zamarra; / el rabu, pa correes, / pa atacarse les calces; / de la cabeza, un zurrón / pa meter les cuchares; / les tripes, pa vihueles / pa que bailen les dames. Y también se encuentran algunas versiones en lengua gallega, como ésta tan curiosa, cuya protagonista es una mujer que interpela a la loba, pero en la que falta el diálogo final: No alto daquela loma / unha pastora andaba, / e a pastora da loba / o seu rebaño gardaba. / A loba viña ás ovellas / e o rebaño devoraba. / —Mira, loba, que che sae / a tua fazaña cara; / déixame a miña ovelliña / que é a riqueza da casa, / que teño sete cachorros / e a miña perra guardiana. / ¡Arriba, sete cachorros / e a miña perra guardiana, / que si colledes á loba / boa cena tendes ganada! / Acolá naquel arroyo / e alá naquela cañada, / alá apañou á loba / a miña perra guardiana. [“En lo alto de aquella loma / una pastora se andaba, / la pastora de la loba / su rebaño bien guardaba. / La loba vino a las ovejas / y el rebaño devoraba. / —Mira, loba, que te sale / esa tu hazaña muy cara; / déjame con mi ovejita / que es la riqueza de casa, / que tengo siete cachorros / y mi perra la guardiana. / ¡Arriba, siete cachorros / y mi perra la guardiana, / que si cogéis a la loba / buena cena tendréis ganada! / Por allí en aquel arroyo / y allá en aquella cañada, / por allá agarró a la loba / mi buena perra guardiana”]. Los mozos de Monleón Los mozos de Monleón se fueron a arar temprano, para ir a la corrida y remudar con despacio. Al hijo de la veñuda (16), el menudo (17) no le han dado. —Al toro tengo de ir, aunque lo busque prestado. —Permita Dios si lo encuentras, que te traigan en un carro, las albarcas y el sombrero de los siniestros (18) colgando. Se cogen los garrochones, marchan las naves abajo, preguntando por el toro, y el toro ya está encerrado. En el medio del camino, al vaquero preguntaron: —¿Qué tiempo tiene el toro? —El toro tiene ocho años. Muchachos, no entréis a él; mirad que el toro es muy malo, que la leche que mamó, se la di yo por mi mano. Se presentan en la plaza cuatro mozos muy gallardos; Manuel Sánchez llamó al toro; nunca le hubiera llamado, por el pico de una albarca toda la plaza arrastrado; cuando el toro lo dejó, ya lo ha dejado muy malo. —Compañeros, yo me muero, amigos, yo estoy muy malo; tres pañuelos tengo dentro, y este que meto, son cuatro. —Que llamen al confesor, para que vaya a auxiliarlo. No se pudo confesar, porque estaba ya expirando. Al rico de Monleón le piden los bués (19) y el carro, para llevar a Manuel Sánchez, que el torito le ha matado. A la puerta la veñuda arrecularon el carro. —Aquí tenéis vuestro hijo como lo habéis mandado. Al ver a su hijo así, para tras se ha desmayado. A eso de los nueve meses salió su madre bramando, los vaqueriles arriba, los vaqueriles abajo, preguntando por el toro; el toro ya está enterrado. Es éste un romance popular salmantino muy extendido por toda la provincia y también por otras zonas de Castilla y León, e incluso por Andalucía. La más antigua e interesante de las versiones —la que aquí presentamos— es la recogida, con la música con que se cantaba, por un sacerdote de Salamanca, Dámaso Ledesma, que la publicó en una obra fundamental para el conocimiento de la música popular española, titulada Folk-lore o Cancionero Salmantino (Salamanca, 1907). Impresionado por este romance, García Lorca lo tomó de dicho Cancionero y lo incluyó en su colección particular de Canciones populares antiguas y, hacia 1930, lo armonizó musicalmente, cambió algunos detalles de la letra y abrevió el final. “La Argentinita” (20) fue la primera cantante que, acompañada al piano por el poeta, registró en disco “Los mozos de Monleón”, en unas grabaciones de La voz de su amo (1931), que incluían diez de las canciones arriba aludidas, recogidas y armonizadas por el poeta: “Los cuatro muleros”, “Las tres morillas”, “Los pelegrinitos”, “En el café de Chinitas”, “Las tres hojas”, “Zorongo gitano”, “Nana de Sevilla”, “Sevillanas del siglo XVIII”, y “Las morillas de Jaén”. El éxito de estas grabaciones fue inmediato y dieron pie a numerosas versiones recreadas en diferentes estilos por importantes artistas, pero las interpretaciones de García Lorca y La Argentinita siguen siendo consideradas las versiones canónicas de estas piezas. Monleón es un pueblo salmantino que, cercado de murallas y con un castillo medieval, se levanta sobre un cerro, y está situado en el sureste de la provincia, en una zona intermedia entre el campo y las Sierras de Francia y de Béjar. Parece ser que el romance parte de un hecho real acaecido a mediados del siglo XIX, durante la corrida de toros que tuvo lugar en la fiesta de algún lugar cercano a Monleón —se ha hablado de Monsergal, ermita próxima al pueblo—, y que se difundió, al principio, como un romance o cantar de ciego; pero, poco a poco, cambió el tono, se modificaron las expresiones típicas de aquellos cantares más vulgares y fue adecuándose a la brevedad, intensidad y síntesis dramático-narrativa de los romances tradicionales, transformándose así en una pequeña joya de arte popular. Es un romance sobrio, intenso y bronco, tal vez el más impresionante y el más bello, en su escueto e intenso dramatismo, de los romances populares modernos, y especialmente apto para una recitación expresiva. Destaca la rapidez y concisión narrativa y el acierto en las transiciones y diálogos. El hecho se narra en tercera persona, sin dar entrada a elementos subjetivos, y los diálogos —sin introducción, como es característico del Romancero— son los que crean la tensión dramática. Tres son los protagonistas de esta “oscura tragedia ritual” (21): el mozo, su madre —la viuda— y el toro. Manuel Sánchez es el joven que quiere probar ante el pueblo su hombría en el rito iniciático de la lucha con el toro, animal totémico y muy importante en la literatura popular de la llamada “Iberia seca”, y en la vida y en las fiestas de tantos pueblos. La maldición de la madre seguramente no fue un elemento real del hecho que dio lugar al nacimiento del poema, sino más bien una aportación estrictamente literaria añadida para enriquecer poéticamente el romance. El final, los seis últimos versos, que no aparecen en algunas versiones, es inquietante, al romper el realismo anterior con esta escena tan sorpresiva por surrealista, aunque narrada escuetamente y con el mismo tono realista que el resto del romance: la madre, que, por su maldición, se creyó causante de la muerte del hijo, después de nueve meses “aletargada” —como el tiempo que lo tuvo en sus entrañas—, sale enloquecida, bramando, en busca del animal asesino, pero el toro ya está enterrado. **** Terminamos este recorrido por el romancero popular y tradicional español con el siguiente texto de Azorín: Romances, viejos romances, centenarios romances, romances populares: ¿quién os ha compuesto? ¿De qué cerebro habéis salido y qué corazones habéis aliviado en tanto que la voz os cantaba? Los romances evocan en nuestro espíritu el recuerdo de las viejas ciudades castellanas, de las callejuelas, de los caserones, de las anchas estancias con tapices, de los jardines con cipreses. Estos romances populares, tan sencillos, tan ingenuos, han sido dichos o cantados en el taller de un orfebre; en un cortijo, junto al fuego, de noche; en una calleja, a la mañana, durante el alba, cuando la voz tiene una resonancia límpida y un tono de fuerza y de frescura... ¿Los ha compuesto realmente el pueblo? ¿Los ha compuesto un tejedor, un alarife, un carpintero, un labrador, un herrero? O bien, ¿son estos romances la obra de un verdadero artista, es decir, de un hombre que ha llegado a saber que el arte supremo es la sobriedad, la simplicidad y la claridad? (22). Notas 1. Emilio García Gómez, Las jarchas romances de la serie árabe en su marco, Madrid, Sociedad de Estudios y Publicaciones, 1965, pág. 36. 2. Ramón Menéndez Pidal: “Poesía popular y poesía tradicional en la literatura española”, en Los romances de América y otros estudios, Madrid, Espasa-Calpe, 1958, págs. 72-73, y en Castilla, la tradición, el idioma, Argentina, Espasa-Calpe, 1945, págs. 70-73. 3. Felipe B. Pedraza Jiménez y Milagros Rodríguez Cáceres, Manual de literatura española, I, Edad Media. Navarra, Cénlit, 1981, págs. 552-553. 4. Breve historia de la literatura española, Guadarrama, Madrid, 1969, pág. 51. 5. Juan Luis Alborg, Historia de la literatura española. I. Edad Media y Renacimiento, Madrid, Gredos, 1972, pág. 431. 6. “Poesía tradicional en el romancero hispano-portugués” (1943), en Castilla, la tradición, el idioma, Argentina, Espasa-Calpe, 1945, págs. 64-65. 7. Al margen de los clásicos (1915), Argentina, Losada, 1968. 24-25. 8. Donald Mcgrady: “Misterio y tradición en el romance del prisionero”. Actas del X Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Barcelona, 21-26 de agosto de 1989; coord. por Antonio Vilanova, vol. 1, 1992, pág. 281. 9. El romancero viejo y tradicional, Argentina, Porrúa, 1971, pág. 217. 10. “Canción 60” de Baladas y canciones del Paraná, 1953-54. 11. pintando, aquí, con el sentido de hacer incisiones con la navaja, o sea, picando o tallando la cayada para adornarla. 12. trujillana, de la zona extremeña de Trujillo; perra adiestrada para carear o dirigir el rebaño según las indicaciones del pastor. 13. el de los hierros: se refiere a la carlanca o collar erizado de puntas de hierro que preserva el cuello de los mastines de la dentellada de los lobos. 14. atacarse las bragas: atarse los calzones anchos y con vuelo, típicos de la antigua población rural masculina del oeste de España. 15. Se denomina “versión facticia” de un romance —o de alguna otra manifestación literaria popular— la que se elabora seleccionando y refundiendo las distintas versiones conservadas para conseguir así la ideal o la mejor posible. 16. veñuda: viuda. 17. menudo: por “remudo”, es decir, la muda o ropa limpia. 18. siniestros o, como aparece en algunas versiones, “indiestos”, que son los estadonios o teleros: palos o estacas de las barandas de los carros para sostener la carga. 19. bués: bueyes. 20. Nombre artístico de Encarnación López Júlvez, famosa “cantaora” y “bailaora”, compañera sentimental del torero Ignacio Sánchez Mejías y, ambos, muy amigos de García Lorca, que, con motivo de la trágica muerte del torero, a ella le dedicó el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, su más importante composición poética. 21. Véase el artículo de José Luis Puerto: “Los mozos de Monleón: oscura tragedia ritual”, Revista de Folklore, Nº 95, 1988, págs. 154-159. 22. Al margen de los clásicos (1915), Buenos Aires, Losada, 1968, pág. 23. ** Miguel Díez R. pazdiez@mi.madritel.es Docente e investigador español (León, 1937). Profesor de literatura española. Ha publicado, además de varios manuales y comentarios de textos, los libros Ramón del Valle-Inclán, Jardín umbrío (Madrid, Espasa-Calpe, 1993), Antología del cuento literario (1985) (Madrid, Alhambra Longman, 2005) y Antología de cuentos e historias mínimas (Madrid, Espasa-Calpe, 2002). También, en colaboración con Paz Díez Tabeada, ha publicado Antología de la poesía española del siglo XX (1991) (Madrid, Istmo, 2004), La memoria de los cuentos. Un viaje por los cuentos populares del mundo (Madrid, Espasa-Calpe, 1998) y Antología comentada de la poesía lírica española (Madrid, Cátedra, 2005). === La misoginia del amor cortés en Cárcel de amor ======================== === Rubén Sánchez Féliz =================================================== Como en todas las congregaciones de los santos, las mujeres guarden silencio en las congregaciones, porque no se permite que hablen, sino que estén en sujeción, tal como dice la Ley. Pues, si quieren aprender algo, interroguen a sus propios esposos en casa, porque es vergonzoso que una mujer hable en la congregación. 1 Corintios 14:33,34, 35. La mujer ha sido objeto de menosprecio a través de los años. La Historia, salvo unas que otras excepciones insoslayables, ha participado en esta sujeción involuntaria. Si nos remontamos al Viejo Mundo vemos que en Grecia, cuna cultural de la época, la mujer tenía el mismo estatus social de los esclavos. Por lo tal, no es nada asombroso conocer la visión que tenía Aristóteles de la mujer. Aparte de haber escrito alguna vez que la mujer era un “hombre imperfecto”, también adujo que al hombre le corresponde gobernar a su esposa y a sus hijos; el varón, según este ilustre pensador que nos legó un arsenal de conocimientos, está mejor dotado que la hembra para el mando. Sobre estos principios se edificaron el pensamiento y la cultura occidental. Durante los siglos posteriores, la situación de la mujer no fue más alentadora. Podemos encontrar pruebas fehacientes de esta realidad en la literatura universal. La Biblia, por ejemplo, está colmada de pasajes vergonzosos que reducen a la mujer a un objeto y, además, es la morada de Eva, la maligna, la culpable por excelencia. Y si bien se pueden señalar varias épocas y textos para realizar un estudio profundo sobre la misoginia, quiero centrarme, no obstante, en una época y en un texto en específico por ser, según se cree, un libro feminista —encasillamiento con el que yo, obviamente, discrepo. Me refiero a la Edad Media y a Cárcel de amor, de Diego de San Pedro. Esta novela, donde prima el amor cortés, fue publicada en 1492 y se convirtió en un fenómeno literario; aparte de ser muy leída en toda España, también fue traducida a varias lenguas. Antes de acercarnos al texto, iniciemos con una breve descripción del amor cortés, tendencia literaria del Medioevo al que pertenece la obra en cuestión, donde, generalmente, un caballero enamorado enaltece la figura femenina y la compara incluso hasta con el propio Dios. Este amor es tan intenso que la misma vida del enamorado pasa a un segundo plano. Es lícito decir que, como toda corriente literaria, ésta no escapa a las costumbres y características del lugar y la época en que nace, por lo tal, es obvio observar que entre los códigos inherentes al amor cortés se encuentran, inevitablemente, el pensamiento del hombre feudal y el catolicismo. Por ende las constantes alusiones religiosas, la visión del amor como una relación analógica del vasallo y el amo, donde se habla de servicio (el hombre es el vasallo y la mujer el “señor”) y de galardón. He aquí el guiño, la trampa en la que han caído muchos críticos: por el hecho de que el hombre se coloque jerárquicamente por debajo de la mujer e incluso le confiera ciertas perfecciones divinas, ellos han llegado a decir que en esta novela se ha revaluado positivamente a la mujer y su rol en la sociedad. Pero la realidad es otra, y me atrevería a decir que muy distinta. Este amor ejercido por la nobleza —si no eres de sangre azul, no puedes experimentarlo— no es más que otra elucubración del hombre medieval para elevar su figura. Por lo tanto, el endiosamiento de la mujer obedece a un capricho del hombre, cuyo propósito no es privilegiar a la amada, sino más bien utilizar la grandeza aludida para luego encumbrar la figura varonil. Pero, probémoslo; vayamos al texto. Primero tracemos un brevísimo cuadro de la trama: Laureano, hijo del duque Guersio y de la duquesa Coleria, se enamora perdidamente de Laureola, hija del rey Gaulo. Mientras se encuentra en una cárcel de amor (alegórica), se tropieza con un extranjero (el autor) a quien le cuenta sus penas y le pide ayuda. El autor, tras ponderar sus opciones, preso de curiosidad e impresionado por el sufrimiento de Laureano, decide ayudarlo y sirve de mensajero (celestino) entre el enamorado y la princesa. Laureola acepta —por piedad— responder a una de las cartas de Laureano, a sabiendas de que esta acción la puede perjudicar. Lo que acontece después es un conjunto de sucesos que incluye el encarcelamiento real de Laureola y que desembocan en el suicidio de Laureano por amor. Como podemos apreciar, ambos personajes pertenecen a la nobleza: un elemento indispensable en el amor cortés. Asimismo, Laureano no ceja en su empresa de engrandecer, divinizar a Laureola, a tal punto que en varias ocasiones señala que si no alcanza el galardón, si ella no acepta sus servicios, prefiere morir: otro elemento esencial del amor cortés. Pero, ¿la presencia de estos elementos convierte a Cárcel de amor en una novela feminista? ¿Debemos obviar las denigrantes alusiones mujeriles del mismo Laureano, incluso en su rebatible apología a la mujer? ¿Debemos abstenernos de cuestionar la caracterización que hace el autor de la mujer —incluyendo a Laureola— en la obra? El rol que juegan las mujeres en esta novela deja mucho que desear. En primer lugar, Laureola, al enterarse de que Laureano está enamorado de ella, se ve inmersa en un dilema: si acepta su amor, es condenada porque, al amarlo, perdería su honra y, a la postre, su vida; ahora bien, si no accede, también es condenada, porque tendría la carga de conciencia por el pretendiente quien, irremediablemente, al ser rechazado moriría de amor. O sea, que aun sin haber movido un dedo para que el galán quedase enamorado, la mujer, de todas formas, lleva las de perder, “Yo soy entre las que viven la que menos debiera ser viva. Si el rey no me salva, espero mi muerte; si tú me liberas, la de ti y la de los tuyos: de manera que por una parte o por otra se me ofrece dolor” (21). Hablemos ahora de las madres de los protagonistas. Creo que sería suficiente con decir que sólo aparecen para llorar por las penas de sus hijos. La madre de Laureola prácticamente se rebaja ante su esposo, el rey, para que éste libere a su hija. Tras el intento fallido, la reina aparece otra vez, llorando en la cárcel por la desdicha de su hija. Ni siquiera se queda para escuchar a Laureola después de haber abonado su cuota de lágrimas y sufrimiento. La razón que nos da el autor deja mucho que desear, “Como la reina acabó su habla, no quiso esperar la respuesta de la inocente por no recibir doblada mancilla, y así ella y las señoras de quien fue acompañada, se despidieron de ella con el mayor llanto de todos los que en el mundo son hechos” (25). Lo mismo sucede con la duquesa Coleria, madre de Laureano. Aparece hacia el final de la obra. Se nos muestra meramente llorando y lamentando la muerte de su hijo, “¡Oh muerte, cruel enemiga, que ni perdonas los culpables ni absuelves los inocentes!” (40). Al parecer el autor está más preocupado en confeccionar el estereotipo de la madre llorona, en construir a personajes acartonados, en vez de ir más allá y mostrar a madres que cuestionan, entes de cierta complejidad, que son capaces de sacudir el universo por salvar la vida de un hijo o hija. Como si esto fuera poco, Leriano, el presunto defensor de las mujeres, al mismo tiempo que enaltece a Laureola y la diviniza de una manera tal que raya en lo inverosímil, en muchas ocasiones parece olvidar lo que pregona y, sin reparar en preceptos, denigra al sexo femenino. Esto lo podemos apreciar de una manera directa en las siguientes frases, “Confía en mis palabras, espera en mis promesas, no seas como las otras mujeres, que de pequeñas causas reciben grande temores. Si la condición mujeril te causare miedo, tu discreción te dé fortaleza, la cual de mis seguridades puedes recibir” (20). Es obvio que en este pasaje Leriano describe a la mujer como un ente asustadizo, incapaz de lidiar con ciertos asuntos debido a su condición mujeril. Aquí se refuerza la idea de que la mujer representa el sexo débil, cosa que, obviamente, no es más que una barrabasada. Pero lo que resulta más extraño y contradictorio es que estas palabras son precedidas por una alabanza colosal por parte de Leriano a su amada. Estamos, indudablemente, ante un caso patológico. Por lo explicado arriba me resultó extraño que Leriano, tras escuchar a su buen amigo Tefeo hablar pestes de las mujeres, reaccionara refutándolo con firmeza. Aunque, debo confesar que me aproximé con cierta suspicacia a las quince causas y veinte razones dadas por Leriano para defender a la mujer. Veamos, pues, la gran defensa que hace a las mujeres este fiel enamorado. Iniciemos, respetando el orden cronológico de la novela, con las quince causas. La primera dice lo siguiente: “Todas las cosas hechas por la mano de Dios son buenas necesariamente, que según el obrador han de ser las obras: pues siendo las mujeres sus criaturas, no solamente a ellas ofende quien las afea, mas blasfema de las obras del mismo Dios” (33). Detengámonos y reflexionemos sobre este razonamiento. Aquí se plantea que las mujeres son buenas porque son obra de Dios, no por mérito propio. ¡Vaya defensa! Veamos la segunda causa: Es porque delante de él y de los hombres no hay pecado más abominable ni más grave de perdonar que el desconocimiento, ¿pues cuál lo puede ser mayor que desconocer el bien que por Nuestra Señora nos vino y nos viene? Ella nos libró de pena y nos hizo merecer la gloria, ella nos salva, ella nos sostiene, ella nos defiende, ella nos guía, ella nos alumbra: por ella, que fue mujer, merecen todas las otras corona de alabanza (33). Si bien no se puede negar que el hecho de establecer una analogía entre la Virgen y “todas las otras” mujeres puede ser halagador por el don divino que posee la primera, hay que ver, empero, que en realidad la segunda causa nos deja con el mismo mal sabor que la primera: las mujeres son buenas porque Nuestra Señora fue mujer. En ese argumento no hay nada que buscar, como tampoco hay que buscar en las causas subsiguientes que, por razón de espacio, me niego a transcribir mas no por ello a dejar de mencionar. En fin, si resumimos todas las causas emitidas por Leriano en defensa de la mujer, no encontramos una sola que diga: debemos respetarlas porque son seres humanos igual que los hombres. No. Según él hay que respetarlas por leyes absurdas, tanto de la caballería, como las religiosas y de la nobleza. También por ser madres, por no buscarse enemigos, por los daños y las consecuencias que la difamación causa a la mujer (que, dicho sea de paso, afecta a los hombres), por mantenerse al margen de las murmuraciones y “Porque de ellas nacieron hombres virtuosos que hicieron hazañas de digna alabanza; de ellas procedieron sabios que alcanzaron a conocer qué cosa era Dios...” (34). Esta última causa es de mis preferidas: a las mujeres hay que respetarlas porque ellas paren a grandes hombres. ¡Qué barbaridad! Si las causas resultan risibles, en las veinte razones, como para no perder el tono, el autor se repite. En cada una de las razones hay por lo menos un hombre y/o un ente divino implicado, ya sea Dios o algunos de sus santos, ya sea un hijo, un padre o un esposo. Leamos la tercera razón que da Leriano: La tercera, porque de la templaza nos hacen dignos, que por no serles aborrecibles, para venir a ser desamados, somos templados en el comer, en el beber y en todas las otras cosas que andan con esta virtud. Somos templados en el habla, somos templados en la mesura, somos templados en las obras, sin que un punto salgamos de la honestidad (38). Cada una de las veinte razones, reitero, tiene que ver directamente con la figura del hombre. Por lo tanto, hay que descalificar este discurso hasta que carezca de ese germen ideológico que aún hoy existe: el machismo. Dar una lista de razones para defender a una mujer donde se encuentren argumentos como el escrito arriba y otros menos tolerables (que son amas de casa, por ejemplo; que guardan el dinero que el hombre gana —como si fuesen alcancías—; que ellas hacen que los hombres sean galanes...) es inadmisible y bajo ninguna circunstancia puede ser vista ni tomada como una apología a la mujer. En lo absoluto. Lo que hace Leriano luego de emitir su majestuoso discurso machista empeora aun más la situación. Buscando probar con ejemplos la bondad de las mujeres, él menciona algunas figuras femeninas y el porqué deben ser consideradas dignas. ¿Preparados? He aquí el primer ejemplo: De las castas gentiles, comenzaré en Lucrecia, corona de la nación romana, la cual fue mujer de Colatino, y siendo forzada de Tarquino hizo llamar a su marido, y venido donde ella estaba, díjole: “Sabrás, Colatino, que pisadas de hombre ajeno ensuciaron tu lecho, donde, aunque el cuerpo fue forzado, quedó el corazón inocente, porque soy libre de la culpa; mas no me absuelvo de la pena, porque ninguna dueña por ejemplo mío pueda ser vista errada”. Y acabando estas palabras acabó con un cuchillo su vida (40). ¿Es este un discurso feminista? Leriano tampoco cambia de tenor en las otras pruebas que menciona. En todas, las mujeres se suicidan para salvar la honra de un hombre y, desde su perspectiva, eso las engrandece. Aunque muchos críticos digan que en esta obra se defiende encarecidamente a la mujer, yo insisto en que no es así, porque me parece más que obvio que cada una de las barras de la cárcel que edificó Diego de San Pedro está construida bajo la ideología machista. Obra citada • Cárcel de amor, Diego de San Pedro. ** Rubén Sánchez Féliz elescribidor1@aol.com Poeta y narrador dominicano (1973). Emigró a los Estados Unidos en 1986. Tiene un asociado en artes liberales y ciencias de Hostos Community Collage (http://www.hostos.cuny.edu) y una licenciatura en pedagogía de New York University (http://www.nyu.edu). Es miembro de la tertulia literaria Aguafuerte. Recibió mención honorífica en el concurso de cuento Virgilio Díaz Grullón 2002 con su cuento "La morada de la Muerte". Resultó finalista en el concurso de poesía Abrace 2001, en Uruguay. Cuatro de sus poemas aparecen en el libro Letras derramadas, uno de ellos traducido al portugués. Está incluido en la antología de nuevos cuentistas hispanos Los magos del cuento. Tiene publicada la novela El décimo día. Sus trabajos han sido publicados en la Internet, revistas y suplementos culturales. Actualmente es coordinador de Talleres en el Comisionado Dominicano de Cultura en Estados Unidos y codirector de la tertulia-taller literario "Nosotros Contamos". ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Tres relatos Jorge Etcheverry *** Ocho poemas Emma Fernández López *** El Bar Roco Carlos Rubio Albet *** Tres poemas Lucía Salerno *** En busca de Jaime Chong Ana María Manceda *** Poemas Roberto José Adames *** El carguito Javier Sánchez Gutiérrez *** Poemas Walter Encinas-Peñaranda *** Llanera con poeta. Breve contrapunto María Elvira González *** Voces de mujer Jorge Dávila Vázquez *** Cuentos Romina Cazón *** Parpadeos del incendio Gladys Mendía *** Diario de lector. ¿Y si no fue Echeverría? Gabriela Urrutibehety *** Ella Gabriel Mantilla Chaparro *** Crónica Juan Carlos Hernández Cuevas *** Adviene María Rosa Perea === Tres relatos Jorge Etcheverry ==================================== *** Suspensión en el aire La levitación tuvo lugar frente al vetusto edificio del Parlamento, llamando la atención de los escasos transeúntes de ese día más bien frío y nublado. Muchos lo achacaron a un nuevo truco publicitario, a los charlatanes y juglares premunidos de nuevas tecnologías que parecen capaces de cualquier prestidigitación. Algunos turistas chinos —de Taiwán— tomaron fotos. Se acercó un par de policías, luego se retiraron a sus vehículos en espera de órdenes superiores. Poco a poco se formó un corrillo. Llegó una periodista de la televisión local para hacer una nota breve de unos treinta segundos de filmación. El hombre, a sólo unos cincuenta centímetros del suelo, le pasó una mano que ella al comienzo rechazó con algo de aprehensión pero luego aceptó con una media sonrisa. Ambos se elevaron hasta una altura de dos metros. El interés de la gente aumentó. Algunos que se alejaban volvieron sobre sus pasos. Otros que miraban desde lejos, desde la vereda del frente, se acercaron. Una ligera brisa levantaba la falda de la periodista. Ahora estaban a unos cinco metros de altura y ella sin soltar su mano le indicó ese hecho, demostró cierto temor. No tardaría en despertarse el interés de servicios de inteligencia, de multitudes y de adeptos de diversas religiones. El número de policías había aumentado, estaban notoriamente formando un cerco y se acercaban otros vehículos. El hombre que levitaba le ofreció a la periodista una entrevista exclusiva para el día siguiente, en su pequeño departamento del barrio chino. Los agentes que trataron de seguirlo a él y a ella sentían la imperiosa necesidad de ir al baño. Si conducían, tenían que estacionar los autos para echar una siestecita. Si llamaban por teléfono, olvidaban repentinamente de qué estaban hablando. *** El poeta es un pequeño Dios Eso no es mío, es de Huidobro. Yo soy ateo, por lo menos ahora. Pero no se puede negar que hay una pizca de verdad en el lema del insigne vate. En cada generación de mi familia se han presentado casos de esquizofrenia, empezando con mi abuelo, que en paz descanse, y hasta ahora terminando con una prima mía que sin embargo no ha tenido problemas en casarse, tener dos hijas preciosas y estar ahora viviendo en Europa. Cuando chico, yo dormía muy mal, tenía pesadillas muy seguido, despertaba gritando. A veces me pasaba que me ponía a conversar con gente que me venía a ver en la noche y se sentaba en la cama, como el seminarista o las dos niñas gemelas, que a veces abrían la puerta del velador y se metían las dos juntitas, una al lado de la otra. Para mí eso era de lo más normal, luego me he dado cuenta de que no es tanto. Mi madre me dosificó por varios años bromuro de calcio bajo una forma que se vendía bajo el rótulo de Calcibronat. Cuando le tocó a mi tía, estuvo internada y en ese entonces le aplicaron electroshock. Pero a lo que vamos. Tengo bastante familiaridad con las enfermedades mentales, varios amigos y amigas mías se cuentan entre la gente aquejada que conozco, fuera de mis parientes. En general, son gente muy creativa e intuitiva, y cuando se dan cuenta de que tienen que hacerse un poco los tontos para que no los jodan mucho, son bastante tratables y una permanente fuente de inspiración. Pero ninguno como Arturo Méndez, que profesa en la literalidad de Huidobro y que cree a pies juntillas que en sus sueños está creando un universo en el que iniciará otra vida una vez que termine con esta. Pero es muy discreto con esta convicción. Hasta donde yo sé, soy una de las pocas personas que saben este asunto. Incluso a mí me parece a veces que me está tomando el pelo. La cosa es más o menos así, en los sueños de los poetas y los creadores, no de todos, en algunos sueños prácticamente todos los elementos aparecen realzados, espacios más grandes, arquitecturas más vertiginosas y colores más vivos. Él soñó esa vez que dice que se le paró el corazón por la diabetes que era un recién nacido y que a su lado yacía un cuerpo ingente de mujer, se trataba del inicio de su nueva vida. Pero no se murió y despertó. Dice que algunos de los lugares, la misma Batôn Rouge donde vive en Luisiana, adoptan una nueva magnificencia, la flora y la fauna pueden ser monstruosas y de una materialidad agobiante. Tiene la impresión de que a veces puede volar, o que se levanta del suelo, levitando. Yo le digo que todos volamos en sueños, que yo mismo hace décadas soñaba ser una especie de ave de presa que se abalanzaba sobre mujeres jóvenes que paseaban por las calles y los campos, despreocupadas, que el vuelo tiene un significado sexual muy claro en el psicoanálisis y que experimentara para que viera que si se corría una paja no iba a volar en sueños, a lo mejor ni siquiera iba a soñar, es decir que iba a caer como piedra en el sueño de los justos. Pedimos más café, es muy temprano para empezar a tomar, aunque a mí ya me esté empezando la tembladera. *** Importancia del aire El verano ya se acaba y con él viene no tan sólo el otoño, con su gama de colores increíbles, pesadilla del pintor y gloria de los fabricantes de postales. Se avecinan ya por la ventana de septiembre las actividades comerciales, políticas y culturales sobre la ciudad como un enjambre de langostas despertado súbitamente por un hambre insaciable. Así es como me había visto de nuevo engatusado, como me habían vuelto a hacer pisar el palito. Me había dejado ir con el calor y la humedad, el florecimiento febril de esta naturaleza siempre a medio podrir, la frecuentación de terrazas y restaurantes con mi compañera, de bares con mis amigos, hasta la gastroenteritis reiterada, parece que ya no soporto por ejemplo los alimentos lácteos. O será el alcohol, o las frituras, o la cafeína. O sinó es que asqueado por la situación a que aludía recién es mi organismo mismo el que se rebela iniciando profundas arcadas. Viendo que no sé distinguir bien el nivel de las cosas, que adopto posiciones extremas y me desahogo lo más pronto posible esos mismos que otrora llegaron quejándose como cabros chicos para hacerme incurrir en pronunciamientos públicos, esos quiltros otra vez se apresuraban a oler el ano de sus maestros luego de que les habían pateado las costillas, por otro lado yo ensimismado en una adrenalina a la vez droga y veneno multiplicaba pronunciamientos morales, caldos de cabeza, tomas de posición olvidando que la justicia es la estatua de una mujer madura, de gris y con los ojos vendados, que vadea un charco. Entonces es que he descubierto nuevamente al aire. Hincho mis pulmones, aspiro y expiro, hago que se corresponda a mi sístole y mi diástole. Me yergo en la noche antes de dormir para ejercicios de respiración, con los brazos abiertos en cruz frente al espejo, tratando de delimitar a mi cuerpo el radio del universo conocido antes de dormirme, pensando en que cuando vaya a ciertas dependencias a buscar el número de una revista llegada del extranjero en que seré poeta invitado me voy a poner una mascarilla. A mediados de octubre voy a limpiar mi sistema a la manera Hata yoga según mi abuelo, ingiriendo una cinta de género para luego irla excretando paulatinamente en un proceso de horas. (Publicado en el Nº 3 de La Bata del Camaleón, http://tinyurl.com/37y3gt) ** Jorge Etcheverry jorgee@magma.ca Escritor chileno (Santiago de Chile). Doctor en literatura y traductor. Ex miembro del Grupo América y la Escuela de Santiago, agrupaciones poéticas de los sesenta. En Canadá desde 1975, ha publicado The Escape Artist / El evacionista (Canadá, 1981), La calle (Santiago, 1986), Tánger (Santiago 1990; versión inglesa, Canadá, 1997), A vuelo de pájaro (Canadá, 1998) y Vitral con pájaros (Ottawa, 2002), además de la novela De chácharas y largavistas (Canadá, 1993) y Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá (Canadá, 1993). Ha publicado prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba y España. En 2000 ganó el concurso de nouvelles de Escritores.cl con "El diario de Pancracio Fernández". === Ocho poemas Emma Fernández López ================================= *** Blancanieves ¿Quién dio una hermosa manzana roja y envenenada a Blancanieves? Su real madre se la ofreció. —Un escalofrío recorre mi espina dorsal— En el primer original del cuento, recogido por los hermanos Grimm, iba la emponzoñada poma en mano de la malévola madre. —En ciertas ocasiones una sonrisa mata— ¡Escándalo, horror! ¡la santa madre, vil asesina! Diligente actúa el interés de las fuerzas vivas, así lo leí, e impone a los redactores trocar a la madre tóxica en madrastra cruel. —Nadar entre dos aguas— ¿Pérfidas ellas, las mujeres? Falaz espejo de cuerpo entero, culpables, siempre culpables, nunca jamás inocentes, de ser distintas e iguales, carne y hueso, al otro sexo. ¿Qué decir de ellos, los hombres? Verdugos en guerra permanente, conforman un formidable y sanguinario ejército sobrecargado de víctimas y cadáveres. ¿Ellas? Aguantan, —espíritu femenino— ocupan la extensa geografía de la miseria planetaria, el récord mundial de analfabetismo suyo es, cargan con el trabajo de la maternidad. En ciertos pueblos las consideran punto menos que animales domésticos. Las estadísticas arrojan que laboran, por menguadas migajas muchas más horas que ellos. Y no se libran de obrar miríadas de brutales estupideces... ¿Ellos? Se arrogan el poder absoluto, —espíritu masculino— son la medida de todas las cosas e imponen su visión, encarnan la mórbida sed de dominio, oculta en infinitas máscaras: emperador, sumo sacerdote, potentado, revolucionario, sabio, proxeneta, científico, líder, poeta, artista, maestro, discípulo, filosofo, héroe, caudillo, sin olvidar al príncipe, a los siete enanitos, al papá de Blancanieves, ni al lobo de Caperucita... Apunte del natural, septiembre de 2006 en Kandahar El Continente Negro hablaba, dos pistoleros en moto disparan, en la frente graban su sello y la silencian. —Cuánto dolor baldío asola nuestras vidas. ¿Por qué?— Punto y aparte. En la plaza del mercado bailan la danza salvaje de la vida, un corrillo variopinto convoca un safari de cuentos y juegos. Señoras y señores, siete cuentos en el tintero: La bala de oro durmiente Alquimia a flor de piel El ? de vivir Un barco de papel en un sombrero La sal de brujas y hadas cuenta Monólogo del revolver enfundado Pastora lee, de la tinta el hierro los hechos canta ¡Aibó. Aibó! ¡Gooooooooooooooooooolllllll! Continuará... *** Cóctel Sardinas plateadas coquetas, sabrosonas. Mero exquisito chafardero. Gambas miss Roja, rica, rica. Carabineros agresivo sabor, sabor y sabor. Cigalas delicias de agua clara. Buganvillas mediterráneo carmín de mil colores. Bloody Mary, Dry Martín y Belmonte. Mojacar Traje de cóctel en la terraza. Dicen que en millones de años se verán menos galaxias en el cielo. A día de hoy, Marte soberbio y rojo, seduce a la Noche. Mañanas de fina piel dorada. Crepúsculos de sal marina. Un jazmín en el jardín. Una rosa púrpura y una rosa negra dan la hora. Bailan las estrellas fugaces. *** Agur Apareció en la línea del horizonte un jinete de acero y fuego, que de cuajo arrancó todos los sueños. Agotado el llanto secos ojos dejó, clavados en el latir del tiempo. Sobre la mesa reposan algunas hojas de papel en blanco. Azul la curva del mar. Azul la bóveda del cielo. Rojas las rosas de mi jardín. De nuevo han llamado a la puerta de la inocencia, aquí un nombre propio espera, nombre que otros han elegido. Con sus velas blancas al viento, un velero entra en el puerto. Suspiro, cierro los ojos y muero. Cuarenta y tres rosas rojas, de mortaja una sábana blanca. A mi cuerpo frío prendedle fuego... Un puñado de ceniza para volar en el viento, si os place brindad por vos y por mí. —Abrir las puertas de armarios ajenos— No poder olvidar el amargo desgarro de la ausencia levanta ampollas en carne viva. Voy a llorar sobre el papel en blanco. Agur. *** La rosa de los vientos Al Norte luce un sol radiante de par en par se abren balcones y ventanas He juntado flores en el prado y tendido la colada Al orear una manta de viaje invisibles alas de aire despliegan solitarios paisajes de invierno atravesados por el humo y los agudos pitidos del viejo Shangai Por las ventanillas del convoy cruzan pueblos y ciudades que habitan entes distintos e idénticos Al Oeste la fugaz visión de un hermoso gato blanco y negro Rojean las hojas de los árboles en pleno crepúsculo una coruxa rasga el horizonte Al Sur días y días dorados Cabalgando hacia el cielo hermética la Sierra ampara a los Hijos de la Noche en un silencio sideral Al Este en venir la primavera enarbola el viento el alegre estallido de la Mascletà y vivaz corteja el azahar embriagador del jugoso sol de las naranjas Bajo el reloj del andén una maleta un hombre y una mujer El tiempo devorador acelera su marcha veloz como el rayo parte el tren Salta una ardilla roja En la próxima estación El Porvenir espera Pandora *** Oleadas La caldera borbotea, oleadas de sabores se agolpan, se mezclan, en clave bullen. Sinuosas humaredas, rojo, negro, naranja, violeta, tiñen el Cielo. A ras de suelo avanza pegajoso polvo amarillo. Furtivos amores cruzan la calle excitados. Bajo la túnica de la pasión, saborean clandestinos encuentros de invierno. Celados por las sombras del crepúsculo, abrazados cual gatos regalones, danzan los amantes y entre risas se retan a jugar al escondite. Fiesta en el coso. El torero da la vuelta al ruedo. Entre sol y sombra, oleadas de dolor trepan por brazos y piernas. Rabioso viento huracanado atiza la innombrable angustia de no existir. El vacío te invita. Vaporosas gasas danzan al clarear la mañana, la ventana se cierra, el aire queda fuera. Olor a sal, mar abierto. Rumbean las olas, en la playa dejan margaritas blancas de tallo erguido y lunar amarillo. Una sonrisa se abanica entre mis labios, sosiego, libertad. Alas de geometría variable surcan el cielo. *** Extraño Un cuerpo extraño viene y va, no acata dominios. Un poso de tristeza carga sobre los hombros, entre paños de alegría oculta su pesar. Abriga un sueño, bailar en brazos de la Noche. La oscuridad absoluta señorea. ¿Quién transita por ella? ¡Alto! ¿Quién va? Las Estrellas. *** Palabras Las palabras se amotinan, en el cerebro reina el caos, letras y números arrojan jeroglíficos indescifrables. La imaginación vuela, los frenos chirrían improperios sobre el pavimento de un maloliente callejón. Se desata la tormenta, el manto de la noche se extiende, el son deja oír su rítmica cadencia. Jazz and rythm and blues. Deseo a todos los colores para el amor y el goce y acuñar palabras con la voz de mis entrañas. Caminar como un espectro, vagabundear de bar en bar, vomitar sobre las losas del patio palabras de arcilla verdes de moho. Ya más tranquila, las palabras recobran una alegre mentira, cualquier mentira, escrita sobre un papel en blanco. ¿A quién pertenecen las palabras? Por herencia a ti te tocan, aman, hieren, matan. Leí que O es la letra más antigua. De H se dice que tiene un terrible rostro negro. H significa: calor, fuego que se infunde y difunde. El símbolo de la vida universal, el aliento, el espíritu y el alma humana es H. Las palabras huyen despavoridas. Los números nos pasan cuentas, caen las hojas sobre cantos rodados, blanca luz corteja a la mañana. Siembran cizaña los poetas con la palabra. Ojos cazadores. El misterio de las hojas parlantes. Tomar el fresco y pescar palabras al vuelo. Jugar y morder, morder un melocotón. *** Raudal Lisboa Raudal Unas manos malditas baten el aire de africano dolor Angustia alza sus brazos al Cielo implorando a la Nada Alegre el sol evapora la humedad del perpetuo raudal de lágrimas vertidas por las calles Lisboa Gran señora del océano Atlántico Hermosa reina del río Tejo Siete colinas suben y bajan los tranvías de madera Viento Norte cuenta la leyenda de Ulises Luz blanca beber y beber La revolución de los claveles El café de Pessoa Raudal con tres mil años de historia Lisboa ** Emma Fernández López emmafer@eventsbcn.e.telefonica.net Experta en organización de eventos (Valladolid, España, 1943). Entre 1955 y 1960 vivió en Caracas y Maracaibo (Venezuela). Reside en Barcelona. === El Bar Roco Carlos Rubio Albet =================================== Ignoré, durante mi indolente y licenciosa adolescencia —siempre obsesionado con nimias y efímeras empresas—, aquel edificio de aspecto, para mis gustos aún sin definir, demasiado sobrio y recargado en su estilo. Pasé, ajeno y presuroso, incontables veces frente a su augusta fachada churrigueresca de esculpidos diseños e imbricaciones mareantes que asaltaban los sentidos. El único indicio claro y directo de su misión —iluminado por los destellos famélicos de una farola anacrónica— era un rótulo sobre el dintel de la angosta entrada: BAR ROCO Nunca me detuve. Aquella edificación, según supe años después, fue erigida originalmente en el siglo XVII. A pesar de la bostezada indiferencia del público en general, el Bar Roco tenazmente había logrado evitar la quiebra total. Mantenía una fiel y recalcitrante clientela que, si no creciente, era por lo menos bastante estable. Otros emporios proliferantes, mucho más modernos y de más fácil acceso —aunque indudablemente de inferior calidad, ahora me doy cuenta— atraían sin dificultad a las muchedumbres con sus promesas huecas y sus novedosos pero a la postre pasajeros estandartes. Entre los más populares recuerdo uno —el cual yo frecuenté por algún tiempo—, y que ejerció una gran influencia sobre varias generaciones: El Real Istmo. A pesar de su actual abandono, todavía atrae a nuevos adeptos con los deslumbrantes manejos y los fáciles espejeos de la burda magia a que últimamente se han aficionado sus más notables prosélitos. Una noche estival, agotados mis exiguos recursos intelectuales, o tal vez impulsado por un olvidado mito o cansancio clásico, abrí la puerta esculpida del Bar Roco. Recorrí, de momento perdido todo sentido de la dirección, las sinuosidades de un zaguán que conducía a su salón central. La inmensa barra remedaba, según sus complejos y entrelazados talles en la madera, un elongado púlpito destinado a una catedral colonial, desde donde sus sacerdotes de más alto rango proyectarían las nocturnas y enrevesadas homilías. Era aquella magnífica obra, me dije de inmediato, una irrefutable prueba —tangible, exuberante y majestuosa— de la expresión americana. Dada su frenética extensión, la barra estaba atendida por tres hombres, aparentemente muy distintos en su aspecto y en la manera en que elaboraban los tragos que consumían los parroquianos. También había, atareados en su interminable ir y venir entre la barra y las mesas, camareros que cuidadosamente trasladaban aquellas elaboraciones a los clientes sentados a las mesas. Opté por una de las banquetas de la barra, frente al más corpulento de los bartenders. De una lista aparentemente olvidada sobre el mármol —los nombres y contenido de las bebidas me resultaron desconocidos, hasta ininteligibles— pedí un trago cuyo nombre sugería una osadía de su inventor: Paradiso. Pagué por adelantado. Roté en la banqueta lentamente, para observar con cuidado el ambiente del bar. De la vitrola brotaba la música de un órgano —sus vibraciones se manifestaban en el tintineo de las filas de vasos vacíos— que inmediatamente reconocí como Bach. Las conversaciones eran suaves, soterradas. Los camareros se desplazaban con ademanes que delataban una confianza engendrada por la familiaridad. Cuando me volví, ya me aguardaba el trago. Era una copa amplia, muy facetada —refractaba, vertiginosamente, la luz que brotaba del bar, creando en mi mano insegura un improbable arco iris fugaz—, cuyo contenido me era desconocido. Sorbí largamente, como siempre lo había hecho, tratando de asimilarlo de un tirón. La abrumadora mezcla de sabores ajenos me detuvo. Intenté, en vano, incorporar aquella bebida poco a poco, permitiendo así que mi paladar se diera el lujo de la lentitud espaciosa de la extraña absorción. No logré, ni siquiera, asimilar la cuarta parte de aquel bebistrajo en el cual, pensé, seguramente había malgastado mi dinero. Frustrado y todavía con el mal gusto en la boca, salí del Bar Roco. Transcurrió el tiempo. Regresé, más por hábito que por devoción, a pesar de que no ofrecían nada nuevo, a los olvidables establecimientos de antaño. Eran locales —ya lo dije— de acceso desenfadado y de dóciles reglas siempre vigentes. Pero ya yo no era el mismo; subconscientemente había trascendido aquella sencillez pueril. Añoraba —aunque aún lo desconociera o aceptara— las tergiversadas elaboraciones que había catado en el Bar Roco. Resueltamente, regresé al recóndito establecimiento. Nada había cambiado. De nuevo, al igual que durante mi primera visita, me senté a la misma sección de la inmensa barra esculpida. Oí, a mis espaldas, la misma música barroca. También me pareció reconocer, aunque no puedo aseverarlo, a varios de los mismos clientes sentados a las mismas mesas. Ordené un Paradiso. Esta vez, sin embargo, no traté de diezmarlo de un tirón —como era mi costumbre en otros establecimientos— sino que sorbí poco a poco, procurando muy conscientemente no desperdiciar las complejas libaciones e inesperadas combinaciones que me aguardaban a cada momento y se conjugaban juguetonamente en mi paladar de una manera sorprendente, inesperada y no del todo desagradable. Desde aquel entonces, a pesar de la crítica solapada de algunas amistades, me convertí en uno de los asiduos del Bar Roco. Su elaborada fachada ya no me pareció excesiva; las de los otros establecimientos se me antojaron blandas, completamente carentes de una personalidad reglante. A medida que frecuenté el local fui asimilando no sólo la actual actividad que allí se desarrollaba, sino también su ilustre historia. Como ya mencioné, el Bar Roco abrió sus puertas en el siglo XVII. En aquellos tiempos estaba en manos de un melindroso peninsular —cordobés— llamado don Luis. Poco después, sin embargo, pasó a manos de unos mexicanos. Entre sus más destacados trabajadores se encontraban Bernardo, Juan y Carlos —este último pariente del dueño original. También se rumoraba que por aquel entonces una monja mexicana llamada Juana —para el desconcierto de sus superiores— había laborado en el establecimiento. Hubo otros después, por supuesto, que no hay necesidad de mencionar. Cuando yo entré en aquel recinto por primera vez, aunque los tres elaboradores actuales eran cubanos, su carácter —que se reflejaba plenamente en la mezcla de sus creaciones—, aspecto físico y preferencias musicales eran bastante distintos. El primero, llamado José, era corpulento y de lentos—casi ceremoniosos— ademanes que con frecuencia suavizaba con las voluptuosas volutas vueltabajeras de un enorme puro que, como un dolmen estrechamente enrollado, se incrustaba en la boca. Sus invenciones, a pesar de lo comedido de sus gestos, adquirían una reminiscencia de recónditas pociones alquímicas aprendidas del Conde de Cagliostro. Los camareros, al colocar aquellas bebidas únicas sobre las bandejas, remedaban a pajes ceremoniosos a punto de distribuir dádivas reales sobre cojincillos de terciopelo bermejo. Las mezclas de elementos inesperados —por muy duchos que fuesen los clientes— siempre engendraban reacciones de sorpresa en su rostro. Hasta los mismos camareros, acostumbrados al diario contacto, nunca dejaban de maravillarse ante la maestría, ingenio y tortuosidad con que preparaba los tragos. A veces el semblante de José —sobre todo durante aquellos ataques en que se le anegaba, como si una estrella fría como la menta le pasara por encima del árbol bronquial— reflejaba sus emociones más reprimidas. ¿Era víctima de un enemigo rumor? ¿Lamentaba la muerte de Narciso? ¿Se remontaba a sus orígenes? Alejo, otro de los trabajadores —más delgado que José y de modales más europeos que americanos— se caracterizaba por la minuciosidad con que preparaba sus tragos y por su acento afrancesado cuando hablaba español. Puntual, siempre metódico en su manera, presidía sobre su sección de la barra con la completa certidumbre de quien es muy dueño de una herencia transmitida de generación a generación. Se apoderaba, desde su discreta llegada, de todos los licores y vasos de mezcla. Al final de la noche, después de innumerables tientos y diferencias, era que permitía que se catasen aquellas tardías elaboraciones —un verdadero concierto barroco— infinitamente trabajadas, pero de indiscutible mérito y originalidad en el acoso implacable de la perfección. Aunque experto musicólogo en nuestros ritmos e instrumentos nativos, siempre sospeché que en secreto prefería las composiciones clásicas europeas —más talladas pero menos espontáneas— que nuestra propia música tropical saturada de ritmos frenéticos y abundosidad de instrumentos percutantes heredados de nuestra rica veta africana. El tercero y más joven de los trabajadores del Bar Roco era Severo. De carácter básicamente guasón, se desenvolvía de una manera distinta a la de los otros. Cuando lo conocí por primera vez, sobre la barra había colocado una cesta de frutas exuberantes realzada por una saludable piña, que como una fresca corona tropical animaba el aspecto obscuro del local. De la vitrola, a un volumen que casi ahogaba las conversaciones, brotaba un son incrustado en el subconsciente colectivo cubano: De dónde son los cantantes. Su manera de dispensar las bebidas era también —en contraste a la forma metódica y minuciosa de Alejo y José— completamente original. Sus gestos, que sincronizaba con la música de la vitrola, contenían la misma voluptuosidad tropical, el mismo desenfado criollo de las bebidas exóticas que creaba en el esotérico y facetado vaso de mezcla. Reía con frecuencia, ilustrando un genuino gozo por todo lo netamente cubano. En tales ocasiones su semblante se metamorfoseaba en el de un Buda benévolo —Maytreya tropical— rodeado de sus adeptos en las riveras del Ganges bajo una lluvia de diminutas flores. Una noche lo vi, de soslayo, anotando los complejos ingredientes de sus elaboraciones —con una tinta china— en el antebrazo. Era como si para él lo escrito sobre un cuerpo fuese mucho más perdurable y sobreviviera la fugacidad engañosa de la memoria. Todas estas idiosincrasias de los nocturnos elaboradores —la creación alcanzaba su ápice a la medianoche— eran aceptadas implícitamente por los camareros del Bar Roco. Este incansable grupo de trasnochados interpretadores de las complejas mezclas que consumían los patrones del bar también tenía sus propias características. Algunos trasladaban las elaboraciones de todos los creadores a las mesas de los parroquianos; otros sólo se especializaban en las confecciones de uno de los esotéricos elaboradores. Al igual que los alquimistas detrás de la barra, todos eran cubanos. Por supuesto, hubo muchos que de después de laborar por un intervalo en aquel singular establecimiento, jamás regresaron. Desaparecieron en busca de lugares más accesibles y de jefes menos impredecibles. El grupo restante era tan estable —pero diverso— como los propios mezcladores: Justo, Leonor, Roberto, Enrico, Emilio y Aída. Justo y Leonor casi siempre trabajaban juntos. Se especializaban en las elaboraciones de José y de Severo. (Después de un tiempo, supe que estaban casados y que ella había nacido en Colombia.) Sus incansables desplazamientos en el Bar Roco estaban reglados por esa confianza engendrada por la seguridad y el conocimiento profundo del local. Con frecuencia comparaban los apuntes que guardaban en unas pequeñas libretas. Emilio, Aída y Enrico eran más específicos en la distancia del Bar Roco que recorrían. Se concentraban exclusivamente en lo elaborado por José. Nunca supe si sería por cuestión de gustos personales o de previo entrenamiento. Roberto —barbudo y de cuello fornido, como los vascos— dispensaba a los clientes lo elaborado por Alejo y por Severo. Conocía holgadamente las astucias de los dos creadores y sus tendencias inusitadas en gustos de bebidas. Una noche —ya había frecuentado el bar durante años y catado todas las creaciones de sus influyentes regidores— siguiendo un secreto impulso autógeno, abandoné la banqueta y pasé al otro lado de la barra. Miré el local. Súbitamente sentí mi respiración acezante; precisé mis manos temblorosas e inseguras, a punto de empuñar todos aquellos alambicados enseres destinados a la creación artística. Nada. El ajetreo en el bar continuó como de costumbre; nadie se percató de mi presencia. O tal vez a nadie le importó que yo me hubiera ubicado en tal posición. Esbocé un intento de comenzar un trago —para los otros trabajadores parecía siempre tan fácil— pero los ingredientes que seleccioné (a pesar de tener disponible el mismo surtido en los pulidos anaqueles) se combinaron en un bebistrajo intolerable. Sin vacilar, lo tiré al vertedero. Nadie, en mi opinión, hubiera seleccionado conscientemente aquella mezcla confeccionada por un novato pretencioso. A la semana siguiente, aunque todavía asediado por secretas dudas, regresé al Bar Roco. Pasé, sin mirar a nadie, detrás de la barra. Comencé, ya más envalentonado, a mezclar los distintos licores en las proporciones que consideré dignas —según había asimilado de José, Alejo y Severo— de aquel establecimiento único. Poco a poco, a medida que frecuenté el bar, algunos clientes se acercaron a la sección de la barra que yo atendía. Cataron —sigilosamente al principio, con más abandono y gusto después— mis confecciones originales. En 1976 José desapareció súbitamente. Había cruzado el Estige para reunirse con Proserpina. Su ausencia creó un vacío indescriptible en el Bar Roco y simultáneamente sacudió hasta el tuétano a camareros, patrones y a los que trabajábamos en la barra. Todos habíamos pensado que su estancia sería indefinida. Me complace saber que su recuerdo no se ha desteñido; es más, nuevas generaciones que jamás lo conocieron exaltan la calidad de sus creaciones. Después de ese suceso, el cual me sobrecogió mucho más de lo que sospechaba, me dediqué aun con más ahínco al exigente trabajo del Bar Roco. Era como si mis esfuerzos se metamorfoseasen en una silenciosa y reverente ofrenda a la memoria del que, sin saberlo, tanto me había influenciado en mis procedimientos creativos. Desde aquel entonces me di cuenta que las columnas humanas que sostenían aquella noble estructura estaban destinadas a desaparecer, pero que su obra única los sobreviviría. En 1980 Alejo abandonó el local. Nos dejó una rica herencia, repleta de nuevos procedimientos y enfoques sobre el arte elaborativo que conjugaba las esencias más americanas con tradiciones de siglos heredadas del viejo continente. Una vez más aquella ausencia sacudió los cimientos del local, sobrecogiendo a los que lo frecuentaban. Quedó una sección de la barra abandonada, solamente habitada por el recuerdo y nutrida por las invenciones de una vida entera. Ya para ese entonces me desenvolvía con bastante soltura en la mezcla de los tragos en mi sección del bar. Había, poco a poco, desarrollado una clientela reducida, pero fiel, de gustos un tanto escabrosos y que me mantuvo siempre ocupado durante años subsiguientes. Un día de verano como otro cualquiera —junio, 1993— noté el inmenso vacío. La vitrola ya no salpicaba con sus compases criollos; la risueña voz de las botellas había cesado. Severo, como un cocuyo al amanecer o un sobresaltado colibrí, también había desaparecido. Sentí, al darme plena cuenta, un frío interior que me cristalizó los huesos. Detrás de la barra, como en una saga, tenazmente me acompañan los espíritus de los tres desaparecidos. Por un tiempo formamos un silencioso quadrivium en el ámbito del Bar Roco. En el bar camareros y patrones esperan que les sirva, que preserve la herencia centenaria del establecimiento. Siento el peso invisible de la responsabilidad. Con frecuencia, tengo miedo. Estoy solo. ** Carlos Rubio Albet dbtcarlos@yahoo.com Escritor cubano (Pinar del Río). En 1961 emigró a Estados Unidos, donde concluyó sus estudios de bachillerato en Wilmington, Delaware. Autor bilingüe con obras en inglés y en español, textos suyos han sido publicados en antologías como 20 cuentistas cubanos, Cuban American Writers, Distinct Voices, Narrativa y Libertad y Motu Proprio. En 1989 su novela Quadrivium obtuvo el Premio Internacional de Novela Nuevo León. Además ha obtenido el segundo lugar en la mención de cuento del concurso literario Sigma Delta Pi (1974) con “Xinef, el eterno”, incluido en su libro Caleidoscopio; ha sido dos veces finalista en el premio de novela Letras de Oro (1993 y 1994), así como en el Pirate’s Alley Faulkner (1995), el Independent Publisher Book Award for Multicultural Fiction (2004) y el premio al Libro del Año de Foreword Magazine por Recuerdos secretos (2005). Muestras de su obra pueden ser apreciadas en su página personal, http://www.carlosrubioalbet.com. === Tres poemas Lucía Salerno ======================================== *** Yanomami Amo esa vida, fraguada en el aroma divino que fue ceniza en mí y verdor en la corteza milenaria. Se encantará la luna con los ritos que hicimos: yo, desde la casa que esconde mi bruma tú, en la semilla que tienta al crepúsculo bañado de dolor. Amo la nostalgia de ese camino que resbala en tus espaldas y te hizo: bosque río luna espíritu, a imagen de la vida. Se encantarán los peces sobre la pradera en las sombras que consumimos: yo, desde un retrato que desata mi corazón tú (como los otros) polvo mágico que huye del espanto. *** El búho El búho me aporta los sueños, en el vértice de la noche. Lo he notado, sobre los cúmulos de la providencia. Cada noche, vuelve y en esos trechos de ausencia, fecundo mis horas. ¡Si me pidiera ventilar el alma! tomaría de él la impavidez y el retorno. *** La cayena Es curioso frotar la cayena. Vierte sangre, cancelando prestigios más allá de su polen. La morada de estas manos es el invierno de su capullo. Caen viscosas las fibras de este encuentro. ** Lucía Salerno lucia-salerno@hotmail.com Poeta venezolana (San Fernando, Apure, 1953). Licenciada en educación por la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR, http://www.unesr.edu.ve). Ganadora del Premio Municipal de Poesía de su ciudad natal y miembro del Círculo de Escritores de Apure. Ha publicado los poemarios Las cosas íntimas del cielo (Editorial Trazos, Caracas) y Herbívoro (Fondo Editorial de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, http://www.upel.edu.ve, Caracas). Reside en Valencia, Carabobo. === En busca de Jaime Chong Ana María Manceda ======================== Al llegar quedó como plantado. ¿Cuándo y cómo había decidido regresar? Sintió un cachetazo de luz blanca, la belleza de la ciudad penetró todos sus sentidos, como un autómata comenzó a caminar mezclándose entre el gentío. El aire propagaba el olor del chupe con tripas de carne, seguro estaba cerca de una picantería, decidió buscarla, tenía hambre, se le hacía difícil avanzar, el pueblo estaba de fiesta, era la semana de festejos conmemorando su fundación, por la noche habría fuegos artificiales en la Plaza de Armas. El colorido de las ropas de los pueblerinos, la música, los bailes espontáneos, los estandartes, los iconos religiosos, las construcciones coloniales y las casas blancas, donde las piedras de sillar volcánicas reflejaban la eterna luminosidad del lugar, le provocaron un nudo en la garganta y no pudo evitar las lágrimas. Su cámara fotográfica colgaba inerte sobre su hombro, hecho curioso, él que sólo vivía para el sonido del flash. Tuvo conciencia de su ser, estaba en el lugar donde había nacido. Recordó qué vientos lo habían llevado a volver a su continente, la enfermedad de su madre produjo la decisión de regresar a Buenos Aires, dejó su apasionado deambular por el mundo en busca de la imagen perfecta de una erupción volcánica, era un irredento cazador de volcanes, sí, dejó todo y acompañó a Tina hasta el último momento. Luego de tantos años de silencio pudieron reencontrarse en las profundas charlas que se debían, la separación con su padre la había destruido, no tuvo el valor para enfrentar a su familia de origen italiano que rechazaba desde los inicios la relación de Tina con un hombre de raíces indígenas por médico que fuere, la constante tensión había desgastado al matrimonio, ella decidió regresar con sus padres a Buenos Aires, junto a su hijo, pero Manuel ya era adolescente y jamás olvidaría el lugar de los Andes en que había nacido y criado, esa tierra lo poseía hasta esculpirlo en sus rasgos. El anochecer los sorprendía con una cierta placidez por las horas de confesiones respecto a la fuerte historia familiar. Cuando la primavera se anunciaba en los paisajes porteños, Tina murió y su niñez pareció refugiarse en ese instante. Ocurrió todo muy rápido, tuvo necesidad de respirar su tierra natal, la de los Córdoba Fonseca y ahí se encontraba. Se sintió guiado por los olores pero no pudo evitar mirar hacia donde todo su cuerpo se lo pedía, el cosquilleo lo atravesaba hasta el estómago, ahí estaba el Misti, bello, imponente. Su cono nevado le daba una apariencia de inocente expectativa, como disimulando su terrible pasado de erupciones destructoras, él no le creía, sabía que estaba alerta, amenazando. Decidió concentrarse en su hambre, allí se veía una banderilla roja, un antiguo símbolo que denunciaba la presencia de la picantería, entró. El ambiente estaba habitado por el humo despedido por la cocina de adobe, donde ardían leñas de sauce calentando la olla de barro que cocinaba los guisos y potajes. Los rayos del sol, penetrando por las claraboyas, jugaban con la humareda, ennegreciendo aun mas las paredes. Se sentó y tuvo la certeza de que no habría nada que lo hiciera más feliz en ese momento, estaba en el templo donde se refugiaban las sustancias y los sabores de las comidas típicas que arrastraban una historia milenaria de ese lugar de los Andes. Comió con deleite el chupe con tripas de carne de res, chicharrón, rocoto, verduras y tostado. Pidió una cerveza arequipeña bien fría, al beberla sintió como una caricia fresca en su ardiente paladar, el rocoto le hacia arder la lengua, sonrió al recordar que llamaban ½ Hot a ese pimiento verde peruano, debido a que picaba lo suficiente pero no tanto como para no sentirle el sabor. Mientras disfrutaba de la comida veía pasar por las vitrinas a la gente alborotada por la fiesta, sus caras de típicos rasgos indígenas y mestizos le hizo recordar a su casi centenaria abuela, doña Ñust’a Amaru. Entre el gentío se mezclaban extranjeros que sacaban fotos sin cesar, su cámara posaba en la silla de al lado, como la compañera que era, sabía que en esos momentos el silencio debía mitigar el impacto de la nostalgia. Miró la hora, a las tres de la tarde iría a la Iglesia, no sabía con qué se encontraría. Ni bien había arribado al hotel le envió una esquela al viejo, en respuesta le dio la cita para esa hora. Decidió que recién al otro día iría a la casa de su abuela, por ser la primera jornada eran suficientes las emociones. Salió reconfortado a caminar por las calles de su infancia, sentía como si su verdadera piel cubría nuevamente su cuerpo, sumido en sus pensamientos caminó por más de media hora, unos niños lo atropellaron y lo hicieron volver a la realidad, los recuerdos quedaron en una noche de riña de gallos que junto a su padre estaba presenciando, ahí fue donde conoció a Jaime Chong. Dentro de los coliseos arequipeños era uno de los más humildes pero eso no evitaba la presencia de ilustres profesionales, políticos, artistas que se citaban los domingos a presenciar la riña de gallos. Éstos, de hermosos colores, siempre prestos para el combate y con sus espolones especiales diseñados para la lucha, enardecían a las multitudes que apostaban frenéticamente por sus favoritos. El doctor José Córdoba Fonseca ignoraba su existencia de médico, de padre de familia, de conflictuado humano descendiente de etnias marginadas, sólo existía ese momento, su cara se transfiguraba, su adrenalina lo llevaba al vértigo, le hacía doler las mandíbulas, lo erguía a la máxima tensión, tenía que ganar. A su lado en una actitud supervisora y delirante, con sus párpados oblicuos cubriendo la mirada sobre todo el espacio y lo que allí ocurría estaba su amigo, mestizo de indígena y chino, Jaime Chong, el gallero. Éste al ver al joven con cara de espanto ante la feroz y sangrienta riña y a la vez de orgullo de acompañar a su padre en el espectáculo que se consideraba sólo para hombres, lo tomó del hombro y le dio unas palmadas, su cara de marfil arrugado le sonrió y Manuel supo, con sus catorce años, que había encontrado un amigo para toda la vida. La pequeña iglesia tenía el aspecto lógico de una estructura del siglo diecisiete, pero a pesar de la antigüedad, de su evidente cansancio, lucía triunfante sobre el paso de los siglos y las catástrofes sísmicas y volcánicas propias de la región. La perenne luz provocaba el resplandor de sus casi blancos muros pero un amarillento matiz indicaba que el sol recién se alejaba del cenit. Manuel sintió el impulso de entrar, tenía unos minutos antes de las tres pero para su sorpresa el portón delantero estaba con candado, rodeó el lugar buscando alguna puerta lateral, en una de sus vueltas encontró un pequeño laberinto donde al final se veía una diminuta puerta de madera la cual se abrió fácilmente. La nave de la iglesia estaba solitaria, la luminosidad que entraba por los vitrales casi lo cegaba, buscó la imagen de Cristo en el altar superior, al bajar la vista se sorprendió ante la figura de un campesino arrodillado, su actitud era piadosa y de penitencia. Sobre su sombrero que se parecía al de un espantapájaros, mágicamente volaban, con una sutil coreografía, una bandada de golondrinas que parecían desafiar al lugar sagrado, al tiempo detectado por los humanos, a los sentidos, a la realidad. El campesino volvió su mirada hacia Manuel, sus ojos oblicuos lo miraban desde su misteriosa existencia. Ya fuera de la iglesia se abrazaron, la apariencia casi cómica del gallero hizo sonreír al fotógrafo, había algo en él de sobreactuación, desconfiaba de su humildad ya que había sabido por su padre de la riqueza que había acumulado con las apuestas de las riñas de gallo y respecto a su religión no dudaba que tenía un origen sincrético personal e intransferible. —Manuel —le dijo entregándole un paquete—, quería darte esto, se lo olvidó tu padre uno de los domingos cuando estaba en la ciudad, pero con el tiempo supe que no fue un olvido sino un mensaje para vos. Caminaron un largo rato, Manuel sintió en su madurez que su vida se prolongaba en la del viejo, charlaron y se acompañaron con silencios, quedaron en verse en esos días de su estadía en Arequipa, juntos irían a lo de doña Ñ’usta. Ni bien se despidieron Manuel corrió hacia el hotel, al llegar a su habitación se tendió en la cama y abrió ansioso el paquete, adentro tenía una tela que envolvía el contenido, al abrirla le pareció detectar un olor que había sentido en una de las excursiones que realizaba con su padre por los montes. Nervioso abrió la tela, quedaron expuestos ante su mirada emocionada unas hojas secas y casi pulverizadas que inmediatamente reconoció como de la planta de coca, una pequeña botella de pisco, un pequeño envoltorio que contenía un puñado de tierra y “apachetas”, cúmulos de pequeñas piedras. En una hoja escrita de puño y letra de su padre decía, “Ama Sua, Ama Llulla, Ama Quella”: “No robes, no mientas y no seas perezoso”. Manuel supo que era la ofrenda de los quechuas a las fuerzas de la naturaleza, a los dioses, a la Pacha Mama, su Madre Tierra, cuando van a iniciar la siembra. Comprendió el mensaje y sintió el profundo significado de sus raíces. Una sensación de paz lo fue invadiendo, lo hacía volver de otras dimensiones, como si fuera saliendo diluido entre el magma que derramaban los volcanes que él locamente perseguía, como si fuera esculpiendo una nueva geografía de su vida. La paz, quizás pudiera cristalizarla a partir de ahora, ahora que los volcanes más amados se habían apagado. (Tercer Premio en el Certamen Internacional “Cenediciones”; Córdoba, Argentina, 2007; y editado en la antología Mensajeros literarios). ** Ana María Manceda amtaboada@smandes.com.ar Escritora argentina (Tucumán, 1943). Estudió ecología en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata (http://www.unlp.edu.ar). Ejerció hasta su retiro la docencia a nivel secundario en geografía y biología en Neuquén, Patagonia Argentina, donde reside desde 1975. Es socia fundadora de la Fundación San Martín de los Andes. Coautora de El libro de los cien años (Fundación San Martín de los Andes, 1999) y de las obras teatrales Corramos, el escrache está a la vuelta (2004), Adelina prende un sahumerio y Los llamadores del viento (2005). Fue seleccionada para antologías de poesía y narrativa por la Editorial Minerva (Córdoba). Textos suyos han sido recogidos en diversas antologías como Analogías (Subsecretaría de Cultura de San Martín de los Andes, 2005), El río demorado (Editorial Dunken, 2006), Poetas y narradores contemporáneos (Editorial de los Cuatro Vientos, 2007) y Mensajeros literarios (Centro de Escritoras Nacionales; Córdoba, 2007). Recibió el 2º premio en Narrativa del Concurso Internacional de Editorial Novelarte (Córdoba, 2006). Ha publicado en revistas digitales como Isla Negra (http://isla_negra.zoomblog.com), Artesanías Literarias (http://www.artesanias.argentina.co.il), Con Voz Propia (http://convozpropiaenlared.blogspot.com), El Cuento Nuestro (http://www.elcuentonuestro.com) y Azul Arte (Uruguay; http://revistaliterariaazularte.blogspot.com), entre otras. === Poemas Roberto José Adames ======================================= *** Mas allá del tacto: la memoria Yo el que se afirma Mero atributo De una memoria al viento Soy el que en la mudez del ojo Invierte el horror de otro abismo Más profundo que el silencio Allí donde el pájaro que me asombra Hace irreductible el vértigo Y pienso: ¿Quién desdibuja la forma que presiento? Entonces descubro que una palabra anula el acto Lo suplanta lo destruye Cifrarla es ignorarse O vivir la invertida inconciencia del espejo Y contemplar órbitas y retiros Lamentándose Entonces uno alucina Interroga al ego Que nos adivina secos Y se debate en cosas Que continúan extraviadas En ese corredor difuso de paisajes Y de infecundas memorias de ausencia De distancia Y antes que la distancia fue el vacío Luego Cuerpos palabras reloj Todo edificando Nada Como un ocaso arquetípico Que derriba estos andamios indefinidos Reniego ¿Quién quiere ser el eco del reflejo? Sólo me permito ser su atributo El que está inexistiendo El otro andamio del indefinido miedo Justo entonces El hado varía Resuelta la forma Presiento que voy a perder sus límites. (de Más allá del tacto: la memoria). *** Partículas fugaces A Juan Bravo ¿Cómo has podido tú Tatuar la edad de lo eterno? ¿Dónde has podido mirar un paisaje sin imágenes? Quizás Entre secretas ciudades inmortales Robas color a la memoria Descifrando sin penumbras cárceles O es que al poblar de nostalgias el recuerdo Algo derrotó la razón Y sin injurias ni yerros Melodías no concebidas abren estos lienzos En vago espejo del ser Como quien canta insinuaciones Claves que el ojo ignora Ese vulgar ojo negro Por donde escapa distendida la luz El ojo de la carne digo No el inmortal que nos devela Una gravitación o una presencia Avocado a revelarnos en lo intemporal Un arquetipo de memoria Mas No quiero confiar en lo que fundas Basta con sentir esa realidad Limpia de voces fatigadas Basta con sentirla pura en el reloj Sin horas de Dalí Basta con sentir el arco iris que desvainas Cuando inauguras pezones y formas irreales Desprovistas de vértigo Formas que alguien colgó del mito En un rito de presencias diluidas Que hacen muy insistente esto que veo y siento Y que a veces niega mi mortalidad Y descose a destajo mi roído retorno Sin embargo Heme aquí Situado en el lugar exacto Donde converge sin traducción el color de la nada Heme aquí sólo Sin máscaras A la espera de que se derrame Mi delirio ya sin bordes *** Plegaria al infinito Desde mis sentidos hasta la Palabra Peces antiguos danzan su extravío Y entre puertas derretidas Emergen llantos desde cada rincón Y un río que se bebe su encanto Y espejos Y espadas Y un remar de breas En retorna hacia el círculo Y justo allí Detrás del musgo Agazapándose La nada o la vergüenza *** Eros creatio ex nihilo Lo redondo es un río que sale y que torna de nuevo hacia sí mismo, hacia la hueca nada donde su ser gravita. Franklin Mieses Burgo A mi esposa Mercedes Olalla No hay inviernos ni flores ni lluvias Todo reposa en lo ido Y cifrar tus actos Es una palabra más pura que el fuego Una palabra que anula el suceso en que te entregas Con suerte de eclipse de distancia De luz desvelada en el destello Luz que me implica otro río Al que irremediablemente atomizas en la bondad de tus ojos Y devoras en la mansedumbre de tu arena ¡Radiante alba anclada en mis orillas! Qué importa la nada que me nombra Si mi yo es parte de tu sed llovida de memoria Parte de la ventana que clama tu presencia Mas Nada detiene el laberinto donde Todos se buscan Todos se pierden Todos se encuentran Sin embargo Ni te busco ni te pierdo ni te encuentro Tú no estás ni te has ido Todo lo que apetezco crece y tiende hacia ti Hacia ti a quien no busco A quien no pierdo A quien no encuentro Hacia ti que sólo eres mi nihilum Sin espadas sin aberraciones sin filtros ambiguos Hacia ti que desde el pretérito de la forma y los abismos Has ganado la consumación de mi ser Alojándote en la líquida premura de mi aliento. ** Roberto José Adames jadames53@hotmail.com Abogado criminalista, poeta y escritor dominicano (Constanza). Ha publicado textos de su libro Antología del suicidio en diversos sitios de Internet. Ha sido finalista y semifinalista, en 2002 y 2003, respectivamente, en el Concurso Internacional del Centro de Estudios Poéticos (Madrid, España). Ha sido incluido en las antologías Revista Antología Romántica (Argentina, 2003, año 1, Nº 23); Editorial Atramentum, antología a los mejores escritores del año en la editora (Argentina 2002); Cuentagotas III (Brasil, diciembre 2002) Antología Latinoamericana Letras Derramadas (Montevideo-Brasilia, 2002), y Penumbra y amanecer (España, 2002). === El carguito Javier Sánchez Gutiérrez ============================= Siempre he sido fiel a los míos. Nadie podrá reprocharme haber nunca vacilado en el cumplimiento de mis deberes con el partido y con la sociedad. Me he entregado al ejercicio de mi responsabilidad hasta el punto de haber sacrificado mi vida familiar y mi carrera profesional al servicio de un ideal, de un hermoso proyecto, de una gran empresa; pero jamás me ha importado porque nuestros talentos valen de poco si no los ponemos a disposición de los demás. Y, en efecto, así sigo después de tantos años: disponible. Preparado para, una vez más, arrimar el hombro y seguir contribuyendo al progreso de este país si es que los electores nos vuelven a otorgar su confianza. Dispuesto para acometer las tareas que se me encomienden, por arduas que parezcan. Firme, como siempre, en mis convicciones. Leal con mis superiores y, ante todo, con los ciudadanos de a pie, de quienes somos simples servidores y cuya esperanza nunca podemos traicionar. ¡Qué buen pueblo el nuestro cuando encuentra un buen gobernante! En estas elecciones ¡vamos a arrasar! Las campañas ya no son lo que eran en mis tiempos. Pasó todo aquello de pegar carteles, cantar himnos en los mítines con las manitas o los puñitos levantados, hacer pintadas... En fin, se ha perdido romanticismo, pero hay que reconocer que todo resulta más técnico, no sé: más higiénico, más cómodo. La empresa de imagen que ha contratado el partido es, además, muy eficiente; ha diseñado un eslogan muy pegadizo, y nos ha dejado al candidato que parece un chico de Operación Triunfo: ya sabemos que muchas señoras votan preferentemente a hombres atractivos, y está comprobado que un líder demasiado viejo, calvo o intelectual vende más bien poco, por no decir nada. Con todo, yo no he participado mucho en la campaña porque, por algún motivo que desconozco, el partido decidió incluirme en uno de los últimos puestos, sin posibilidades de ser elegido. Estuve, cómo no, en el acto de cierre de campaña, pero no en el lugar de honor, detrás mismo del líder, en parte porque no me gustan los protagonismos, en parte porque esos lugares suelen reservarse a jovencitos y jovencitas sonrientes, que quedan más lindos en las pantallas (hay que comprenderlo). Nuestro candidato estuvo brillante, y todo el auditorio vibró con sus demoledoras alusiones a la oposición. Los hombres y mujeres de este país nos necesitan, y este humilde militante, aun en contra de su bienestar personal, seguirá colaborando con este ilusionante proyecto político desde la responsabilidad que se le adjudique. Al final hubo bocadillos y bebidas para todos. Uff, los resultados han sido más ajustados de lo que pensábamos. Quizá no hemos sabido transmitir nuestro mensaje y contagiar nuestro entusiasmo; tal vez no fuimos lo suficientemente pacientes como para reservar para el final de la legislatura las medidas políticas más rentables electoralmente: las rebajas de impuestos, las subidas de las pensiones, las inauguraciones de obras vistosas y cosas así, ya se sabe, de contenido social. Y eso que hay que reconocer que los medios afines se han volcado con nosotros y han mantenido a nuestro candidato a todas horas en el “candelabro”, como dijo aquella pobre estúpida; además, la jugada de airear el pasado etílico del candidato de la oposición nunca se la pagaremos suficientemente (jeje). También es cierto que los medios opositores no han ahorrado espumarajo a la hora de descalificar nuestra tarea de gobierno: ¡lo que hay que aguantar! Si no están a gusto, ¡que se vayan a otro país! Bueno, agua pasada no mueve molinos. El caso es que podemos seguir trabajando sin mayores complicaciones, porque gracias a la ley electoral los partidos pequeños desaparecen y las mayorías sólo pueden ser absolutas (aunque sean por los pelos). Claro que nosotros estamos abiertos al diálogo permanente y que vamos a gobernar para todos, los que nos han votado y los que no, pero lo de tener la última y definitiva palabra da una soltura y una libertad cojonudas. Ahora toca esperar. El partido sabe que, como siempre, estoy disponible, que no conozco otra forma de vida que estar al servicio de los demás. Quizá sea sólo un peón en esta partida de ajedrez que es la arena política, pero un peón capaz de sacrificarse ciegamente para derrotar al enemigo. Últimamente no me encuentro demasiado bien. Duermo mal, he perdido el apetito, me cuesta concentrarme y me noto como hinchado. Mi nombramiento como Delegado Provincial de Abastos está pronto a vencer; el relevo en las responsabilidades es inminente, y todo funciona con cierto aire de provisionalidad. Achaco mis achaques (valga la cacofonía, je) a la emoción que me embarga por ver la próxima culminación de mi tarea política. A fin de cuentas, han sido muchos años en la vida pública. Por otra parte, creo que me he ganado el afecto de mis subalternos; las puertas de mi despacho han estado siempre abiertas, y, en fin, alguno de ellos más de un favorcillo me debe. Hasta ahora no me han comunicado mi nuevo destino. No sé, algunos de mis allegados ya me miran con cierta sorna. ¿Me estaré volviendo paranoico? Paranoico o no, pero el caso es que aquí me tienen para vestir santos. Ya han nombrado a Alfredito, a Ginés, y hasta al bobo de Salmerón, que todo el mundo sabe que su único mérito es ser cuñado del Secretario Provincial y padecer los cuernos en silencio. Encima es que con esto de la paridad de los cojones y con la manía de, para que no se nos enfaden, colocar a los tránsfugas y a los neófitos, resulta que los de siempre, los que hemos estado dando el callo toda la vida, los que sacamos el partido de las cloacas, ahora nos quedamos compuestos y sin novio. ¡Bien caro vamos a pagar el voto femenino, y el de los jóvenes, y el de las minorías étnicas, y el de los votantes de centro, y el de la madre que los parió a todos y a todas! No debo exaltarme y, sobre todo, no debo ser injusto: el partido siempre ha sabido valorar mi honestidad y mi espíritu de entrega. Ya sabemos que a veces las circunstancias exigen contención, expectación, para al final sorprender con un golpe de efecto. No me cabe duda de que aún me esperan años de servicio a la causa. Debe ser la gastritis o el estrés lo que me hace estar así de irritable. Las noches se me hacen interminables; me las paso enteras dando vueltas en la cama y levantándome cada cinco minutos, como un zombi, para ir al servicio y orinar apenas cuatro gotas. Tengo los ojos enrojecidos, me sudan las manos y me tiembla el pulso igual que a una vieja. Como mi situación no se solucione pronto, “doblo la bisagra” en cualquier momento. He ido al médico, le he contado mis problemas y lo primero que ha hecho ha sido meterme dos dedos por el culo, hasta las trancas, el muy cabrón, para hacerme un examen prostático. Me ha recetado unas pastillas para la dichosa próstata y me ha recomendado reposo, paseos al aire libre y vida sana. Le haré caso: ¡tengo que recuperarme para dar buena imagen en el destino que, seguro, ya me tienen asignado! Aún quedan Industria, Turismo y alguna otra cosilla vacante. No corras, decía siempre mi abuelo, que tengo prisa. ¡Ni paseos ni leches! ¡A mí me va a dar algo! ¡Así me recompensan mi entrega incondicional al partido! ¡¿Cuándo he discutido yo una consigna?! ¡¿Cuándo he escamoteado una estrategia?! ¡¿Cuándo he flaqueado en mi apoyo al aparato?! ¡¿Cuándo he revelado información alguna que comprometiese a nuestros líderes o nuestra estrategia?! Y siempre he trabajado alegremente, disciplinadamente, sabiendo que para ganar la guerra a veces hay que retroceder o sacrificar parte de los efectivos. Y siempre poniendo la jeta para recibir hostias que iban dirigidas a los de arriba, como en el caso del vertedero, y la macrourbanización, y el campo de tiro..., para que ahora lleguen cuatro advenedizos con el carnet recién plastificado a lucirse en un despacho que no se han “currao”. ¡Y mientras tanto un servidor aquí, a mi edad, a volver al colegio a lidiar con los putos chiquillos, y con los jodidos padres que han sido incapaces de educarlos, y con esa mierda de leyes que hemos hecho y que no hay dios que las entienda! ¡Bien se podían haber esperado hasta la jubilación para darme una patada en el trasero! Esto ha tenido que ser cosa de los del clan de los golillas, que se han hecho con las riendas del partido y se dedican a colocar a los suyos. Esta noche he quedado con Manolín a echar unos cubatas, a ver si nos camelamos algunas pibas y olvidamos las penas. Y, chico, me están entrando los gintónic como la seda; se conoce que combinan bien con las pastillas de la próstata, porque todas las tías me parece que están buenas y yo me veo así como muy resuelto y muy bien. Manolín es compañero de fatigas desde los tiempos heroicos de la transición, un buen elemento, uno de los que más hicieron para convencer a nuestras bases de la necesidad de superar los viejos conceptos y aceptar todo esto nuevo que tenemos ahora; es decir, un buen tipo, un buen amigo que soporta pacientemente mis neuras: —Te digo yo que los voy a mandar a tomar por saco: que esto no es forma de pagar mis servicios, ¡que gente como tú y yo merecemos un respeto! —Los tiempos cambian, querido. Estos chicos nuevos saben idiomas, han viajado por Europa con los Erasmus esos, manejan las nuevas tecnologías... Tú y yo somos la prehistoria, somos como los “pacomartínezsoria” del partido: representamos el pasado, no el futuro. Lo importante es que las cosas funcionen y España vaya bien, y, si son otros los encargados de hacer el trabajo, pues más tranquilos nos quedamos. Aquí nadie es imprescindible. Además, ya no les tienen que quedar despachos... ¡Como no ensanchen las plantas de las delegaciones construyendo voladizos o algo así! —Venga, ¡no me toques los cojones con el progreso de España, que unos cuantos mítines he dado yo también en mi vida! Esto que nos han hecho no tiene perdón de Dios. ¿Con qué cara vuelvo yo ahora al colegio? ¿Qué van a pensar mis compañeros?, ¿que soy un puto fracasado?, ¿un inútil del que se han deshecho porque ya no vale ni para llevar el botijo? Te digo yo que me paso a la oposición; verás cómo ellos me valoran y me exhiben como un trofeo. Tiene que dar un poco corte al principio, pero luego la gente se acostumbra a verte en otro lado y santas pascuas. Ni sería el primero ni, seguro, el último. Si quieres, te vienes. —Estás loco. Estar de jefe tantos años te ha reblandecido los sesos. No te tomes más cubatas que no le conviene ni a tu próstata ni a tu cabeza. —¡Bueno! Yo la semana que viene convoco una rueda de prensa y entrego el carnet, y luego, poco a poco, ya iré iniciando maniobras de aproximación a la otra gran fuerza política, el otro gran pilar sobre el que se sostiene nuestro modélico sistema político... A fin de cuentas, tampoco hay tantas diferencias: aquí todos somos monárquicos, constitucionalistas, europeístas, atlantistas y demócratas de toda la vida. —¡Que te digo que no “soples” más! ¡Que estás desvariando más de lo normal! La verdad es que he bebido demasiado. Tengo la vejiga a reventar, pero, ¡ah!, las ideas claras y el ánimo decidido. Este Manolín es buen muchacho pero un idealista, un huevón: le falta carácter, y en eso a mí nadie me gana, ¡faltaría más! En fin, voy a desaguar y a seguir con la jarana; hay en aquella esquina unas tías que no hacen nada más que mirarme. No me extraña, ¡anda que no me favorecen a mí los trajes de Armani! ¡Coño! ¿Quién me llama a estas horas? Con los gintónic ya ni veo la pantalla: —¡Aló!, ¡¿qué pasó, mi amor?!... Ah, ¡perdone, don Mariano! ¡No le había conocido, don Mariano!... ¿Cómo está usted?... ¿Y su señora?... ¡Cómo no!, ¡claro que podemos hablar!, ¡siempre a su servicio, don Mariano!... Ya sabe usted que el partido siempre me ha tenido a su disposición..., ¡será para mí un honor!... ¡Ah!, no, no es un simple carguito, cualquier oportunidad para trabajar por el progreso de mi tierra me hace inmensamente feliz... Que no le quepa duda de que ejerceré mis responsabilidades con total lealtad y entrega, y con la misma ilusión que siempre... Muy bien, hablamos el próximo lunes... En su despacho, sí señor... Póngame a los pies de su señora, don Mariano... Un honor, un honor... Jeje, ya sabía yo que no se podían olvidar de mí. Era don Mariano. Menos mal que no podía verme así, con esta pinta, con el cubata en la mano y la mancha de humedad que poco a poco, a pesar de mis esfuerzos, ha ido extendiéndose a ambos lados de mi entrepierna como una marea cálida y placentera. Porque, en fin, quizá no es la imagen más adecuada para un nuevo y flamante Delegado para las Relaciones con las Entidades Menores. ** Javier Sánchez Gutiérrez alcantarias@hotmail.com Escritor español (Albacete, 1965). Es profesor de historia en el Instituto de Secundaria Ramón y Cajal. Redacta guiones para documentales. Ha publicado algunos relatos y poemas en Madrid (Ateneo Cultural 1º de Mayo), Murcia (Certamen Jara Carrillo), León (Casa de Galicia), Cuenca (Biblioteca Pública de Iniesta), Albacete (Certamen Antonio Machado, de Casas Ibáñez) y en algunos portales literarios como Proyecto Sherezade, ElCuento.com y Almiar. === Poemas Walter Encinas-Peñaranda ================================== *** Lenguaje musical Me encontraba en la soledad De vividos recuerdos guarnecida Yo fui donde me llevó el destino Mientras permanecías en la quietud La ciudad guarda los secretos Mil veces encontrados y olvidados Dándose solo al espíritu atento Ahora está allí y refulge el solaz Entrar en un café observar y sorprenderse Escuchar historias que no nos atañían Plasmar en un silencio la esperanza Y el total convencimiento del progreso En los espacios en el candor de una risa Significantes miradas escondían Las preguntas ávidas de encontrar La formalidad el encanto y candidez El bullicio repercutía en el entorno Recomenzaba el murmullo y el decir Del vocerío sometiéndolo todo Tenue espacio de clamores y encuentros *** Magnetismo Música inquietante y maravillosa Trasmisión de la energía Recuperando la expresión clara El ritmo preciso y sostenido Ensoñaciones que dan al ámbito Símbolos y formas destacables Notas amalgamadas en el silencio Música suave tangible y real Diálogo de las musas expresivo Ritmos enervantes compulsivos Arpegios nacientes y furtivos Percepción de alegría y embeleso Rondo remarcando el momento Serena y plácida ensoñación Formas expresivas transparentes Y fúlgidos destellos en la sombra *** Ilusión Compases tenues virtuosos Claridad en el ámbito Ritmos tejiendo melodías Despertando reminiscencias Fantasía que convierte en soñar El divagar de la mente cautiva Vislumbrando en arpegios disonantes Consonancia en el ritmo sonoro Música que desvirtúa pasiones Compases ágiles y sostenidos Desdeñando frágiles entornos Forjados esperando el retorno Mazurca de sones espectrales Nostálgicos Risueños Expectantes En el claror de la tarde *** Tango Sonidos dispersos en pos de la armonía Pensamientos vagos asomando a la mente Solemne representación de arpegios Notas disonantes y encuentro del tono Melodías prolongadas expresivas Sangre fluyendo por las venas Llanura que anida en el puerto Nostalgia y pañuelos al aire Música que llega a los sentidos Barcos zarpando a playas lejanas Sinfonía surgiendo y dominando Llamando las ideas fundirse en el recuerdo Compás ágil e impresionante Sensaciones que elevan el alma Sentimiento pletórico de emociones Vigilante espera de ilusiones Mil batutas rompiendo el silencio En grandes escenarios Martillando el atril Y en el inicio Irrumpen los clamores del bandoneón *** Solidez Vívida expresión de dulces melodías Serenidad Agilidad Improntus del arpegio Ritmos que enmarcan febriles sinfonías Vibrantes sonidos en todo el ámbito Encuentro de la ensoñación tenue y patético Despertando reminiscencias sonoras Vivaz trasfondo de ilusiones Angustia que se plasma en el silencio Invitación al empalme de la música Con el pensamiento libre de quimeras Formas plenas en el entramado de notas Acordes que alcanzan virtuosos sones Romances dignificando pasiones Ilusiones amparadas en el eco Esfuerzos Desafíos Encuentros Plenitud en el don expresivo y versátil ** Walter Encinas-Peñaranda wencinas6@yahoo.es Poeta boliviano (La Paz, 1931). Constructor civil. Cursó estudios en la Universidad Mayor de San Andrés (http://www.umsa.bo), de La Paz, y fue becado en Francia para realizar estudios en viviendas económicas en 1960. === Llanera con poeta ===================================================== === Breve contrapunto María Elvira González ========================== Al poeta Wilfredo Carrizales, porque me da la gana —¡Oye tú, muchacha! Sí, la de rojo. Te ves espléndida, gloriosa en tu verde caballo. Pareces una generala de bronce, una estatua ecuestre en la plaza de un pueblo sin rastro. No me mires así, como una estrella de ángulos precisos, conozco tus violentas crisis de luz y de apagones. —Si te acercas te doy con el fuete en la cara, y después le digo a mi taita que me quisiste violar, dizque poeta. Poeta fue mi hermano que murió improvisando corríos, viviendo a su manera, contrapunteando con los grandes del llano, y eso que no estudió esas letras que dicen que aprendiste en la universidad. —Ven, acuéstate aquí conmigo en la sabana, para que nos ilumine la luz de la conciencia universal y terrena. —Ciencia terrena tendría tu mamá, que te parió y se fue, y te dejó donde los Llamoza, para que te criaran como un señorito en Caracas. —Pareces una cayena. Ven para que escuches lo que nos susurran los ángeles cuando estamos al borde del abismo. —Qué va, poeta, de susurros nada y en el abismo menos. Yo estoy plantada como el moriche a la orilla de la laguna. Me cimbro pero no me quiebro. —Ven, pues, morena iracunda, acicalada, malcriada. Déjame beber en tus ojos la noche. —Bébase todas las noches que quiera con sus estrellas y sus fuegos fatuos, allá en el aljibe que está afuera, que yo me voy por donde vine en mi caballo rucio, que no es verde ni es de ningún general, sino mío. Arre, Raudal, vámonos, por aquí el aire hiede a poeta ajumao. ** María Elvira González mariaelviragonzalez@cantv.net Escritora venezolana (Caracas). Reside en El Limón, Maracay (Aragua). Fue docente en Maracay y en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Beijing (China). Ha sido traductora en la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve) y en forma independiente para diversas publicaciones. Fundó y dirigió durante varios años la revista Libros de Venezuela, que circuló en el país y en bibliotecas del extranjero. La mayoría de sus trabajos están inéditos, aunque dos cuentos breves se publicaron en el diario El Periodiquito (http://www.elperiodiquito.com), de Maracay, y su cuento “Ojos verdes” fue publicado en la página web Escuela de Escritores (http://www.escueladeescritores.com) como finalista del concurso Relatos Breves con Banda Sonora. === Voces de mujer Jorge Dávila Vázquez ============================== (Nota del editor: Jorge Dávila Vázquez es actualmente una de las firmas más destacadas del Ecuador. Su poesía constituye un profundo paseo por la percepción, sin apartarse de un tono fluido y llano, “sin nada de hermético, de raro, de retórico”, como el mismo autor advierte en la nota liminar a su poemario Río de la memoria, publicado en 2004 por la venezolana Universidad de Los Andes [http://www.ula.ve] y en 2005 por el diario El Mercurio [http://www.elmercurio.com.ec], de su Cuenca natal. De este libro hemos tomado una de sus partes, “Voces de mujer”, para los ojos de la Tierra de Letras). *** María En medio del polvo de Nazareth camino por las callejuelas hacia el mercado. Miro las uvas toco la piel dura de las granadas acaricio al paso las pequeñas cabezas sucias de los hijos de las vendedoras y me pregunto si Él será como ellos si tendrá grandes ojos oscuros y piel aceitunada si se llenará de tierra cuando juegue con sus amigos si amará las pequeñas bestias del Señor si será enfermizo y toserá en la noche interminable o será sano y radiante como los campesinos de los alrededores si será dulce con nosotros o será lejano distante como separado de la tierra por su pesada carga de ser Dios. Llevo el mundo en mí y nadie lo sabe quizás debería estar orgullosa pero yo soy para siempre la voluntaria esclava del Señor. Una profunda serena humildad me posee toda entera. Qué hermoso y que duro es saberse dueña del Misterio y no poder comunicarlo aunque quisiera gritar a los cuatro vientos frente a la sinagoga: Llevo en mí al Hijo del Altísimo. Pero es mejor callar. Dirían que estoy loca o que blasfemo. Silenciosa sonrío continuamente porque me parece oír de nuevo la voz luminosa que anuncia la semilla divina en mi vientre. A veces en las noches lloro de soledad mientras el universo se agita dulce y violento en mi interior. Me duermo y al despertar hallo los ojos de José que me miran indefinibles tristes sorprendidos incrédulos pero amorosos mansos. ¿Imaginará él todo lo que nos espera en el futuro a causa de este niño suyo que no es suyo que llegó hasta mí en una especie de gran rayo de eternidad? Tal vez no. Pero en su gran bondad se ha puesto hace tiempo en las manos del Señor que ha querido probarle como a ningún hombre. “Buenos días María”. Susurra tiernamente y su voz es la misma del Ángel emisario. Quién sabe si desde ahora él tiene ya algo de eterno en su silente humanidad. Afuera el sol el polvo de Nazareth las risas de los niños que juegan bajo las higueras. Adentro el fuego del hogar la vida de la vida que se hace fruto día a día en mi cuerpo la discreta sombra del buen José mi asombro que no cesa. Y algo en la atmósfera cerrada de la pequeña casa algo como el anuncio del día y también la tempestad algo como el presentimiento de la dicha y también del dolor. ¿Por qué? Pregunto absorta. ¿Por qué? Y no hay otra respuesta que el viento que juega entre las ramas de las viñas y parece decir “Espera, espera, espera”... *** Ana Pavlova Vengo desde la música de Chopin como una sílfide. Llego desde Saint Saens soy un cisne que muere. Soy la danza toda única y pura eterna inalcanzable Ni yo misma he logrado asirme o comprender ese aire que sopla indescifrable y levanta mi cuerpo como hoja o como pájaro y deposita luego sus cenizas sus plumas un jirón de tules sobre el escenario leve muy levemente. Vengo desde la música y el Génesis desde la Voz que dice eterna que sean hechos la luz, la brisa el ritmo, el movimiento y el vuelo de los pájaros. *** Frida Kahlo ¿Qué quedará de mí después de un tiempo? Mis trajes de poblana mis joyas mis recuerdos irán en pleno olvido a otros cuerpos a otras manos a otros sueños. ¿Qué pasará con los cuadros en los que vertí mi sangre los arroyos secretos de mis lágrimas los torrentes de mis sudores anhelantes las cataratas silenciosas de mi desesperación? ¿Quedará mi nombre en alguna memoria? ¿Me recordarán los que me amaron u odiaron los que se detuvieron un instante en ese camino erizado de penas y ansiedad pero también inundado de luz como un lago en el atardecer que fue mi vida? Yazgo. Espero desde hace años esa cita con las pelonas de José Guadalupe Posada. Ellas vendrán galopando a pie en coche con sus grandes sombreros de plumas con sus abanicos sus trajes anticuados de grandes damas y sus huipiles coloridos de mujeres del pueblo. Llegarán aunque siempre me han estado mirando con sus ojos sin ojos desde las vacías cuencas de sus huesos. No las temo. Nunca temí nada. O quizás sí. La soledad la falta de amor el dolor excesivo. Todo eso fue peor que morirse y lo he sufrido tantas veces en vida. ¿Por qué habría de temerle a la muerte? *** María Duplessis Alexandre pronuncio esas sílabas amadas en medio de la niebla de lo eterno: Alexandre. No me contestas. Me has cambiado de nombre y has hecho de mí la cortesana inmortal dicen quienes todo lo saben: Margarita Gautier. Ahora ya nadie se acuerda de la pobre Maria Duplessis. Te has cambiado de nombre ya no eres el joven señor Dumas hijo del gran Alexandre. Eres Armando Duval. Margarita y Armando un ramo de camelias dos vidas que se juntan se separan y vuelven a juntarse con la muerte para siempre jamás. ¿Sabías que el señor Giuseppe Verdi a su turno me ha cambiado de nombre? Sí ya no soy más María Duplessis ni Margarita Gautier ahora soy Violeta Valery la extraviada que muere por supuesto en el último acto. Y tú ya no eres Armando Duval sino Alfredo Germont. Qué confusión de nombres laberinto de imágenes e identidades y sin embargo exacta la pasión igual dolor idénticas separaciones despedidas altiveces y ese final tan triste siempre el mismo Yo dama de las camelias yo Traviata Alexandre, me da risa. No soy Margarita ni tú eres Armando no soy Violeta ni canto mis desvaríos amorosos. No eres Alfredo ni cantas tu desprecio hacia mí ni tus ternuras verdaderas o falsas. Soy en la eternidad sigo siendo tu pálida y enferma amante deslumbrada por los oropeles de París esa María tuya que quizá amaste. Nada más nadie más y tú continúas siendo el pequeño Dumas el cálido Alexandre que yo amé. ¿Sabes? La eternidad no admite máscaras, cheri. *** María Callas ¿De dónde viene esta voz que me atormenta me hipnotiza me hiere y me fascina me llena de gozo me da la paz o me precipita en la locura? ¿De dónde sale este grito este alarido este trinar de pájaros salvajes este viento que arrasa y transforma en desiertos los imperios? ¿De qué lugar remoto salen las quejas los bramidos los rugidos de las celosas las apasionadas las mujeres terribles que viven por mi canto? Viejos dioses se encarnan en cada acento que sale de mi boca en los sonidos que en mi garganta nacen en aquellos que mi pecho engendra. Viejos dioses a los que llamo golpeando la tierra con mis manos en Medea mientras gimo: “¡Numi!” Y entonces por mis labios hablan las sibilas de los templos de Apolo las profetisas desgarradas por la falta de fe de sus escuchas las parcas las erinis las medusas diosas oscuras cíe la profunda tierra. Pero cantan también las sirenas de Odiseo las magas las ninfas las altas diosas del lejano Olimpo. ¿Por qué vienen a mí? ¿Por qué buscan el refugio oscuro de mi sangre para correr en ella? ¿Por qué se hacen tan pronto de luz o de tinieblas? Nunca me será revelado este secreto. Moriré. Pasarán sobre mí las bandadas del olvido. Y sólo quedará mi voz para todos los hombres de esta tierra en la que siempre fui una extraña. Quizás la última epifanía de los antiguos dioses que volvieron a vivir gracias a la agonía o la resurrección misteriosas eternas de mi voz. *** Fedra Antiguas rencillas entre los hombres las mujeres los dioses y las diosas... Todo eso pesa sobre mi corazón solar de lejana hija de Helios. Tocio eso abruma mi pobre ser de hembra torturada. Lascivia inconfesable. Afrodita Afrodita espantosa Afrodita. No estás hecha de espuma del mar. Mentira. Eres un amasijo de entrañas palpitantes de oscuros paroxismos y de semen. No deberías estar en el Olimpo diosa temible sino en el Hades el mundo de la sombra. Lo que tú desatas está siempre cercano de la noche del corazón de la oscuridad de la razón y el cuerpo. Afrodita Afrodita la vengativa la implacable. Hallas en mí la última víctima de tus viejos rencores. Yo la hija de Minos y Pasifae que dicen los poetas eternamente agoniza suda se retuerce se arrastra con su mano en el vientre gime atormentada por el amor imposible por la pasión impúdica por el deseo oscuro ¡libídine! por todas las violencias que pusiste en su carne y su espíritu formados por las esencias de los dioses pero también por las semillas de los hombres. Yo Fedra a través de los siglos sigo siendo el fantasma de lo prohibido, Afrodita, torva madre de la lubricidad. Muero y no acabo de morir como una llama amarga y voluptuosa alimentada por el aceite del eros y sus insanas fiebres. ** Jorge Dávila Vázquez jedavilav@yahoo.com Escritor ecuatoriano (Cuenca, 1947). Doctor en filología por la Universidad de Cuenca (http://www.ucuenca.edu.ec), en la que es docente. Ha publicado María Joaquina en la vida y en la muerte y Este mundo es el camino, Premio “Espinosa Pólit” 1976 y 1980, en novela y cuento, respectivamente; Los tiempos del olvido (cuentos), premio Casa de la Cultura, 1977; Con gusto a muerte y Espejo roto, teatro (premio nacional CCE, 1990), De rumores y sombras (novelas cortas), 1991; Cuentos breves y fantásticos y Acerca de los ángeles (cuentos, edición trilingüe español, inglés, francés), 1995; César Dávila Andrade, combate poético y suicidio (ensayo), 1998; La vida secreta (novela breve) y Memoria de la poesía (lírica), 1999; Piripipao (novela breve) 2000; cuatro tomos de cuentos: Historias para volar, Entrañables, Libro de los sueños (Premio Gallegos Lara, Municipio Metropolitano, Quito, 2001) y Arte de la brevedad, 2001 y Río de la memoria (poesía), 2004; y La luz en el abismo (antología de cuentos, Colección Cuarto Creciente, Campaña Nacional de Lectura “Eugenio Espejo”). Consta en antologías ecuatorianas y extranjeras, con textos traducidos al francés, inglés, alemán, portugués e italiano. Colabora permanentemente en El Mercurio de Cuenca (http://www.elmercurio.com.ec), Diario Hoy (http://www.hoy.com.ec) y en la revista Mundo Diners (http://www.dinediciones.com/diners). === Cuentos Romina Cazón ============================================= *** Me dijeron Me dijeron que nací cuando el gallo se quedó dormido en el fondo de la casa. La que sería mi abuela tomaba su café caliente y después miraba al cielo. Las hermanas de mi madre jugaban con muñecas de trapos para recibir a la cigüeña. El viejo recorría lentamente el pasillo como si el aire lo obligara a no quedarse estático. Me dijeron que nací en la ciudad del Señor de las Llaves, en donde las personas hacen enormes filas para entrar a un lugar que nadie pudo describir. Yo no sé si les han negado el don de la palabra o ya no pudieron volver, porque eso es otra cosa que nadie conoce. Me dijeron que nací en marzo cuando el sol está cansado de mojar la piel, cuando la piel está cansada del sol, cuando los que circulan son lagartijas, cuando las lagartijas son los hombres. Me dijeron también que marzo es el mes de los muertos, los treinta mil que se aparecen en anuncios para señalar a su asesino. Me dijeron que nací cuando mi madre apenas tenía diecisiete años. Pero eso nunca me dio pánico. A mí sólo me da pánico las gitanas, los que visten de azul, los que gritan desde al balcón que viva la libertad, y la dolencia del lenguaje. A la mujer de diecisiete en efecto, le tengo un amor desmedido. *** Padre Padre, no sé qué hace el tiempo con mi vida, pero creo que la última vez que estuvimos juntos fue cuando yo era tu madre. Por las mañanas volteo la cabeza en la habitación de al lado y me pongo triste por tu ausencia. Fumo un cigarro lentamente para ver si se me pasa. Y la perra desde el patio ladra porque ese es el modo que ha encontrado para prohibirme el dolor. Ciertamente los animales conocen este idioma. Por eso cuando me pasan estas cosas salgo al patio: allí chillo como un cordero cuando se lo sacrifica, allí me despojo. Padre, no sé qué hace la distancia con mi vida, pero creo estar en el planeta de las hormigas que arrinconan sus hojas para que alguien sepa que han vivido. Las cosas en este país están igual que en el tuyo. Quizás peor porque aquí no están los de allá y mucho peor porque aquí está la que falta en su país. Aunque hablemos el mismo idioma y adoremos al mismo Dios, todos, los de allá o los de aquí somos diferentes: miramos al mundo desde otro lugar. Y yo no sé cómo mirar, ahora uso anteojos y las imágenes me aparecen dislocadas. Padre, no sé qué hace este país conmigo o qué hago yo con él, pero desde que estoy aquí tengo una guerra en la sangre. A menudo cuando amo una parte de la sangre me ataca y la otra reposa gloriada en su cuna. Cuando camino una parte de la sangre me cambia el destino y la otra se esfuerza calladamente para devolverme la dirección. A menudo Padre, me pasan cosas como estas. *** Ellos Todas las noches, del otro lado de la pared, rechina pausadamente la cama de mis vecinos. Atraídos por el amor ocupan el tiempo para saciarse y otras veces para agrandar su familia. Mi madre estando en el sur dice que la soledad es una gran fortuna. A ella le resulta fácil hablar porque nunca apreció el silencio de este lugar. Yo prefiero creer que el silencio se debe al diminuto tamaño de la cama. La pronta manera de olvidarme es esconder mis manos entre las sábanas, mientras la cama de mis vecinos se llena de polvo. *** El teléfono Son los meses del otoño los que matan la memoria de las plantas dice mi madre. Luego llora con el teléfono inalámbrico como todos los lunes desde su casa. ¿Es mi voz la aterradora de sus días? ¿Son las plantas las que le impiden el recuerdo? ¿Y quién responderá a todas las preguntas cuando pase el otoño? Ciertamente nosotras seremos incapaces y no por ser hembras sino por estar en la tierra, estirpe de todos. Me dices que no sabes lo que la memoria hace con los hombres. Y yo te digo que iré a visitar a unas amigas. Insistes que no sabes. ¿Acaso soy yo la indicada para hilvanar tantas palabras? ¿Acaso el otoño no ha pasado por aquí? Todos los días sentimos muerta a la memoria y no es por el otoño sino por los hombres. El otoño mata una porción de memoria, un retazo y sólo eso. Los hombres la matan, la aniquilan y la buscan cuando es tarde. En la ventana se asomó un pájaro dices y yo te pido que llores. Me cuentas que el pájaro es verde brillante. Afirmas que es un picaflor. Yo no digo nada porque no sé de pájaros, pero sé qué llanto lava todas las heridas. Por eso lloro con el teléfono en la mano. *** Mi madre y el felino Recibí una carta que viene desde el Sur. Me senté y la leí. Después lloré porque la escribió mamá. Ella dice que me voy a morir pronto si fumo demasiado y le creo. Cuando se me olvida fumo. Y al día siguiente me postro en el lecho para pagar la desobediencia. Mi madre dice que se pinta el pelo de negro desde mi partida y que encontró la mejor manera de vivir al sustituirme con un gato gordo. Me pregunto si es posible que un gato gordo me reemplace. Y si es así pido perdón porque ya encendí un cigarro para elegir el día de mi muerte. *** Ella y yo Ella es la que escribe mirando el panorama de los días, yo soy la que piensa lo que el aura trae consigo desde el Sur: imágenes desteñidas por el viaje y una bandera. De allí es que a veces nos surge un poema. Ella y yo hacemos largas oraciones, pero no a las hadas, no a las vírgenes, no a los dioses, sino a la patria, pez andariego que deambula en la sangre. Tal vez una noche la patria lea nuestras oraciones y nos cumpla el deseo de morir ahí para ahorrarnos la tristeza. Ella y yo escribimos cosas como por ejemplo, lo que aura sacude en la memoria muy a menudo. *** Pájaros domésticos Laura, mi tía, reniega todas las tardes de su esposo. Me advierte que en unos días se irá de su casa porque no le gusta vivir mal. Yo le sonrío porque admiro que pueda escapar. Los peruanos que sintieron los escombros en sus espaldas querrían hacer lo mismo, pero saben perfectamente que cualquiera puede escapar, no de la tierra sino de un lugar de ella. Irak y el resto del mundo también querrían escapar. Después de la masacre llegan los gritos, los lamentos y al fin la resignación: somos de aquí y morimos aquí como pájaros. *** Extravíos Leticia perdió las llaves de su casa. Al darse cuenta entristeció y agarrándose de la cabeza pensó que no servía para nada. Yo creí que había sucedido algo peor y me puse a imaginar la muerte de su padre, la de su madre, la de alguien. Luego reí porque eran las llaves. ¿Pero quién no ha perdido algo? Mi país está gobernado por perdedores que aplastan las nalgas en una silla, cruzan los brazos y no paran de pensar y creen que eso basta. La derrota les invade los ojos y se defienden orinando en los pantalones e incluso lloran. Así nos hicieron perdedores: y como nada es gratis, lo pagamos con las Malvinas, con los treinta mil nombres que fueron sepultados en cajones vacíos. Entonces ¿quién no ha perdido? Yo perdí un poco de memoria, tal vez por eso me resulta difícil contar las veces que he perdido. Acaba de pasar otro minuto y también lo perdí. ** Romina Cazón romina_cazon@yahoo.com.mx Escritora argentina (San Pedro de Jujuy, 1981). Reside en Querétaro (México). Tallerista de poesía en el Seminario de Creación Literaria coordinado por Luis Alberto Arellano. Alumna del curso de Lírica Española dictado por Eduardo Milan. Colaboradora de la revista Babel en Querétaro. Ha recibido el primer premio en cuento “Populoriom Progressio” (Jujuy, 2001) y mención especial en poesía en la jornada de literatura Palabras Cruzadas (Universidad Nacional de Jujuy, UNJ, http://www.unju.edu.ar, 2004). Textos suyos han sido publicados en diarios y revistas de Argentina y México. === Parpadeos del incendio Gladys Mendía ============================= en el túnel a veces veo la mano a veces las piernas y luego salgo a la nieve negra parpadeo de luces entre ceguera y videncia parpadea la nieve en las montañas me encandila el relámpago que salta me hiere los ojos como hundiéndolos en los vapores oscuros la nieve es el mar se le salen los colmillos goteando quién es uno sino un poco de nieve el túnel es el parpadeo en sombras pero veo todo derretirse en sombras pero veo todo derretirse corriendo en el túnel intermitente los ojos parecen girar dar vueltas de ruleta las ventanas del túnel te permiten cosas asómate a la ventana qué es uno sino un asomarse el viaje comenzó hace largo rato que comenzó sin caminar porque aunque no te muevas el viaje comenzó desde las ventanas veo las semillas que aún no revientan y ya piensan en el fin el túnel me enseña la voz aprendo a usarla cómo será la voz es negra es india es blanca el túnel es la destrucción lenta el viaje es la destrucción el viaje es la mezcla entre sombras y luces entre paredes y ventanas no veré el sol de la voz pero el viaje ha comenzado arde el incendio no sale humo caen los árboles en silencio sin cenizas la verdad es que todo arde y se ve tan verde pero arder no es una enfermedad el sueño es la enfermedad el delirio es arder con los ojos cerrados en el fuego está el ritmo pulso de tamborcillo crepuscular todo arde sin saber las invenciones de la voz son chispas feroces derritiéndose se alza una mano gesto sin forma ni color todo arde fríamente la voz es la cuerda floja donde tambalea el orden sólo la desobediencia puede salvarnos los órdenes teóricos están hirviendo se evaporan no hay sagradas escrituras la voz es un momento que será sin territorio sin atuendos marciales sin combate cuerpo a cuerpo sin código de honor ni orgullo ni altivez ni lealtad ni venganza destejer hay que destejer acabar con el rito la voz se está construyendo mientras arde fríamente el intelecto es caricatura el viaje se ha iniciado la desarmonía de las partes la llama de las partes la inestabilidad de las partes lo tóxico de las partes amamantan a la voz lentamente sólo somos parpadeos con nombres confinados y finados nombres repitiendo los mismos incendios caen los pedazos de piel mientras caminamos y conversamos y comemos y dormimos se nos hace cenizas el nombre todo arde sin saber pero a veces uno sabe o sueña que sabe se sabe parpadeo torpe en el viaje repetitivo en la caricatura perdido en las ventanas enfermo de tanto asomarse (de El alcohol de los estados intermedios) ** Gladys Mendía mendia.gladys@gmail.com Poeta venezolana residente en Chile. Ha publicado en revistas literarias de Venezuela, España, Colombia, Perú, Estados Unidos y Chile. Actualmente prepara la edición de su primer libro El alcohol de los estados intermedios. Es directora de la revista literaria latinoamericana Los Poetas del 5 (http://www.lospoetasdelcinco.cl), en sus dos versiones web e impresa, desde el año 2004. === Diario de lector ====================================================== === ¿Y si no fue Echeverría? Gabriela Urrutibehety =================== El lector que escribe un diario ama El matadero, pero odia los versos de Echeverría. El lector que escribe un diario lee una y otra vez ese texto que las profesoras de literatura de la escuela secundaria le dieron alguna vez, advirtiéndole que no se sabía si se trataba de un cuento largo, un cuadro de costumbres u otras calificaciones que nunca llegó a entender qué importancia podrían tener a la hora de leer y gustar (aunque aquí la palabra gusto debe tener otra acepción, seguramente) de esa mezcla de sangre, barro y mierda que aparecía frente a los ojos, en letras bien prolijitas, bien cuidaditas, bien aceptables para una profesora de la escuela secundaria. El lector que escribe un diario se mete de cabeza en ese relato que es relato de un odio profundo, y lo compara con los versos almibarados y altisonantes que la profesora del secundario prefería cuando les hablaba de La cautiva o Los consuelos. El lector que escribe un diario refuerza la sorpresa que sintió en ese tiempo cada vez que se sumerge hasta la garganta en la violencia de los charcos sanguinolentos del matadero del Alto, en la violencia de esos personajes animalizados que se revuelcan en el barro y los desperdicios y nadan en ellos como esos seres primitivos de los que hablan las historias antiguas con que los chicos se asustaban en tiempos en que se les leía cuentos antes de dormir. Y, mientras goza con la naturaleza animal, goce que supone cercano a ese purgar las pasiones del que hablaba el viejo Aristóteles, recuerda aquellos versos limpios, prolijos, bien enjuagados, peinados y perfumados que aparecen cuando es la tarde, y la hora en que el sol la cresta dora de los Andes. O la imposible escena en que Brian, herido, después de haber sido salvado por el coraje y la fuerza más que humana de María, se detiene y le escupe en la jeta un “ya no eres digna de mí”, porque al capitán de un Billiken avant la letre se le aparece la figura del sexo animal de los indios, el apareamiento que piensa contra natura entre los salvajes y la mujer que fue cautiva, pero antes de ser cautiva, fue blanca y ahora pretende volver a serlo. El lector que escribe un diario hubiera preferido una María que escupiera la boca del que pronuncia tal frase, pero el desarrollo posterior de la narración lo desilusiona, y le hace cerrar el libro. Mejor dicho, saltear páginas hacia las que la edición escolar reserva a El matadero: las últimas, las marginales. Las que verdaderamente valen, si se descuenta la inverosímil intervención verbal del unitario a punto de ser violado y torturado. Al lector que escribe un diario le asalta, entonces, una sospecha. Y una sospecha que se hace certeza imposible de corroborar. Lo sabe de antemano, nadie lo ha dicho. Conoce la historia de la historia: un borrador encontrado veinte años después en los cajones del poeta —esa era su identidad, no la de escritor de papeles de mierda, barro y sangre— por un amigo diligente y entendido. Presume su asombro, pero la fidelidad lo obliga a pensar en esbozo, en prueba, en intento fallido, en apuesta abandonada prontamente. Lo publica, claro, porque se debe al título que eligió: Obras completas de Esteban Echeverría. Y completas serán, palabra de Juan María Gutiérrez, pésele a quien le pese. Desde su inicio, papel escondido, papel olvidado, papel vergonzante, El matadero incomoda. El lector que escribe un diario supone que incomoda a Gutiérrez, pero que también habrá incomodado al que todos conocían por poeta exquisito, capaz de algún exceso civilizado como La apología del matambre. Pero no hay comparación posible, piensa el lector que escribe un diario. La violencia no está ahí, en ese texto diletante, sino en éste, el proscripto. Y la sospecha aumenta. Otras voces El lector que escribe un diario lee a Piglia, insertando teoría literaria en un libro de magníficas historietas: una provocación (el libro mismo) y una frase que atribuye a Facundo y a El matadero la fundación de la literatura nacional. Sarmiento escribe el Facundo con las vísceras, con toda la guasada que le permiten su temperamento (dicen los que intentan adecentarlo) y su origen cercano a aquellos de los que su intelecto le exige renegar. Pero reniega como sólo se puede renegar desde adentro, con la conciencia de ser parecido y querer diferenciarse a pura fuerza de voluntad muchas veces dirigida contra uno mismo. Por eso Facundo sale tan bien en la foto de Sarmiento, tan admirado más allá de lo que su constructor podría permitirse decir en voz alta. Parecido y con ganas de diferente, así sale a la luz la violencia, la altivez, el coraje, el miedo: las formas de acomodarse para vivir en los tiempos que corren (que corrían) mientras Sarmiento escribe. Cada tanto, le salen las explicaciones de hombre leido (sin diptongo, como dicen en el campo) y explica y racionaliza y suma y resta y siempre le da lo mismo: civilización o barbarie. Sarmiento sabe escribir sobre la barbarie, porque él mismo es un bárbaro. Y escribe sobre la civilización, porque la pudo leer en los libros y, después, cuando se le dio vuelta la taba, en los viajes y en la importación no tradicional de maestras. Eso siente el lector que escribe un diario, no deja de sentir que Sarmiento vive en cada capítulo del Facundo. Pero, ¿y Echeverría? Vive, sin dudas en Los consuelos, Elvira, La cautiva... ¿Vive Echeverría en El matadero? ¿Vive Echeverría en un texto escrito antes que el Facundo, pero escondido y encontrado cuando ya Sarmiento había pasado por la presidencia y se estaban preparando en su contra los versos de otro gaucho rotoso y melancólico, torazo en rodeo ajeno? Seguir leyendo Al lector que escribe un diario le acercan un libro sobre Echeverría: Los cautivos. El exilio de Echeverría, de Martín Kohan. El lector que escribe un diario desecha el subtítulo por concesión a la colección de narrativa histórica de la editorial Sudamericana. Se queda con la primera parte, como también se queda con la primera parte del libro. Y ahí encuentra una feroz descripción de los hombres y mujeres de tierra adentro, tan feroz que no alcanza a ponerles la calificación de hombres. Vuelve a encontrar en la primera parte reescrita la violencia de El matadero, pautada cada tanto por paréntesis de un narrador distante y enjuagado, un naturalista que observa desde lejos y con asco el cuadro que mira como si apareciera en Discovery Channel. Puede ser omnisciente, como le decía al lector que escribe un diario la profesora de secundaria, y exponer los pensamientos de un personaje, pero abrir paréntesis para aclarar, por ejemplo, que “el magma gelatinoso de los pensamientos de Maure, que era prelingüístico”. Los cautivos habla de los paisanos que viven en la pampa y de un Echeverría que nunca aparece, porque se encerró en la casa, nunca se dejó ver y luego huyó. Lo espían por la ventana, mera silueta, pero sólo lo conocen en su obra: la pigmalización de Luciana, la paisana que es su amante y a la que transforma enseñándole a leer y a escribir. La civilización, es decir la letra, transforma la naturaleza bárbara y las distancia irreparablemente. El lector que escribe un diario piensa que ése es Echeverría: la letra, la distancia de la tierra y los seres que ella pare, por lo que no los puede comprender. Dicen que la escritura cambia radicalmente el pensamiento de una cultura, que no podrá, por la marca indeleble de la huella psíquica que se imprime cuando se aprende, entender otra cultura que no haya pasado por ese proceso. Sólo podrá explicarla. Echeverría puede escribir La cautiva, donde sólo pule versos para hablar de un paisaje sin hombres, no porque no los haya, sino porque no los ve como distintos de la naturaleza. Otro yuyo más, otro animal más, otro charco más. Echeverría estuvo en Europa, leyó en francés, rimó a la moderna: limpió, fijó y dio esplendor. Pero se mantuvo lejos, encerrado como en la estancia Los Talas que propone Kohan. Sarmiento, para cuando escribía Facundo, se acercaba tan clandestinamente como los personajes de Roberto Arlt a la escritura, a la lectura, a la civilización. Estaba metido hasta las verijas en la tierra, sosteniendo diccionarios y enciclopedias. Queriendo fundar la literatura argentina con una frase en francés, pero escrita con carbón en una piedra solitaria de un paso cordillerano, mientras huía hacia Chile. Ambivalencia no resuelta en ese momento que le permitiría escribir el Facundo. (¿Se podría decir, siguiendo a Kohan, que Sarmiento aún estaba en el período de pasaje de lo pre a lo lingüístico propiamente dicho? Echeverría no. Desde que aparece en el salón de Marcos Sastre, Echeverría es absolutamente lingüístico: ha dejado las tripas olvidadas, para poder rimar como se debe). La sospecha ¿Y entonces? La sospecha crece. El lector que escribe un diario es libre porque no le debe explicaciones a nadie, excepto a su propio laberinto de lecturas. No tiene bibliografía que lo ampare y no la necesita para sentir adentro lo que siente. El matadero es demasiado diferente del El peregrinaje de Gualpo, de Los libres del Sur y de todos los otros textos que ha ido recordando. El matadero no puede haber sido escrito al mismo tiempo que las otras obras. Pero los que saben lo fechan por los alrededores de la muerte de Encarnación Ezcurra y las cuentas dan simultaneidad. ¿Puede alguien, simultáneamente, escribir tan distinto? Lo único que lo perturba es la voz del unitario: esa sí que es genuinamente impostada. Pero se decide. Y escribe en su libro de la secundaria, pensando en Sarmiento: este cuento no lo escribió Echeverría. Por eso el olvido en un cajón, por eso la no atribución, por eso la sorpresa de Gutiérrez, por eso no lo publicó nunca, como le había preguntado la profesora de la secundaria. El lector que escribe un diario siente que acaba de descubrir el mayor secreto de la historia de la literatura argentina. Sabe que nunca podrá probarlo pero no le interesa: la academia y sus protocolos le son ajenos. Es sólo un lector y no tiene a mano documentos, testimonios, opiniones que lo avalen. No tiene congresos para debatir, ni simposios para exponer. Es sólo un lector que escribe un diario y en su escritura construye, quizás sólo para sí, como suele ser el destino de los diarios, una organización de argumentos absolutamente rigurosa y coherente, que desdeña las reglas de comunicaciones y ponencias, porque sigue las que tiene a mano un lector: las reglas constructivas de la ficción, esa otra forma de explicar el mundo. ** Gabriela Urrutibehety gurruti@speedy.com.ar Docente y periodista argentina (1961). Reside en Dolores, Buenos Aires. Ha publicado la novela Caras extrañas (2001), y cuentos suyos han aparecido en algunas antologías. === Ella Gabriel Mantilla Chaparro =================================== Ella era fresca, saltaba como loca por la vida Atravesando jardines de extraños dueños Con sus senos al aire que eran el tormento de curiosos Fruta desprendida del árbol del paraíso Tiraba sus redes por la colina, Seductora, como agua abandonada en el desierto Corría por el sendero que va al bosque Dejando huellas de su cuerpo en el follaje Orgullosa de sus cantos cubiertos sus pies de hermosas sandalias Salía siempre con la luz del día Regresaba a casa sólo cuando las tinieblas Lanzaban sus misterios en la Noche cerrada Y las sombras se alargaban Los campesinos dormían con sus manos sufridas O rendidos por el trabajo y la ebriedad Ese día, la hora cuando todas las casas estaban Durmiendo la siesta en medio del sopor de una tarde aciaga Oí su canto río abajo, un son adolorido Traía desgarrados sus jóvenes pechos, Como si hubiera salido de una trampa Ya no era la mujer que conocía el arte de la vida Sino una ola cansada que llegaba a mi orilla Como cierva herida vagando por el bosque Algo había dañado su alegría Una grave amenaza, un horroroso peligro Algún mercenario oculto en la maleza Una serpiente infernal, Algo la sembró de miedo y borró de su rostro aquella sonrisa Estaba como ciega La vi correr por el medio de la calle bajo el sol ardiente Rumbo al abismo del final Corrí tras ella para detenerla Corrí tras ella para detenerla Para que no nos abandonara Yo la amaba a distancia como una antorcha Que ve pasar a la princesa en los pasillos del palacio Mudo, encendido entre el dolor de no tenerla y el gozo de verla Siempre cantando y corriendo ¡Qué cruel combate la hubo herido! ¡Quién habrá de devolverme esa fulgurosa presencia! Ese rayo perfumado que pasaba a mi lado Cuando el tedio del día no tenía nada que ofrecer Ha quedado abierta una gran cicatriz en los días pasados Y una gran duda asalta los que habrán de venir Ella iba valle arriba y valle abajo Hacia el río donde se bañaba con su exquisita desnudez Como Diana, se abrían las corolas de las flores Y el bosque era una espesa canción La vi correr hacia el abismo Traía ausentes los ojos y el pelo desgarrado Ya no existía esa huésped de oro No pude alcanzarla, se lanzó a lo profundo Esa ha sido su tumba, cada tarde me acerco Al borde del risco y toco mi flauta Para que algún día ella entone desde allí su canción De tanta altura ha caído la mujer que amé Herida por la dura realidad del pantano Donde habitan demonios ocultos Quienes odian todo lo alegre, lo que quiere volar ** Gabriel Mantilla Chaparro gabrinadja@yahoo.com Escritor colombiano (Cali, 1954). Reside en Venezuela, país del que se nacionalizó. Licenciado en letras y magíster en literatura latinoamericana por la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co). Es profesor asociado y jefe del Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve), en Mérida. Dicta las cátedras de Taller de Poesía y Cuento y de Literatura Contemporánea. Es autor de los libros de ensayo Hernando Track, el superior de las lámparas (1992), Vivir a pulso (1995), Ser filosófico y ser poético en la obra de Álvaro Mutis (2001), Los hijos de Acteón (2002) y Viaje al poema (2003), y de los poemarios Último bosque (1985), Canción para Mervarid (1985), El velo de Maya (1998-2000), Una tumba en el bosque (2000) y Larga es la noche (2001). === Crónica Juan Carlos Hernández Cuevas ============================= I A don Ignacio Soldevila Durante Las praderas de Kansas son un inmenso mar poblado de fantasmas indígenas, cuyos gritos desgarradores se confunden con el eco del viento y los incesantes gemidos de trenes repletos de mercancías y pasajeros que tratan de cruzar rápidamente sus temibles pueblos y ciudades semidesérticos Sólo aquí, en Emporia City, perjura el maquinista haber sobrevivido torbellinos peores, los cuales suelen abortar por doquier algunas de las cosas atrapadas en cada abrupto e inesperado recorrido. Asimismo y con la intención de entretenerme, refiere que hace años, antes de haber sido calcinada la última estación de Emporia, los citados Odilón Pérez y Pancracio Ramírez empeñaron sus exiguas pertenencias con la idea de emigrar a California. Así, las dos parcelitas heredadas, un refrigerador General Electric y la Juana, engrosaron el arca del cacique. Sin embargo, él también se largaría, dizque para olvidar a su última adquisición, quien a los pocos meses de tratarlo, huyó muy desilusionada para adentrarse en el barrio de La Merced. Desde entonces y aunque la ranchería haya sido borrada en los mapas gubernamentales, ésta ha logrado sobrevivir en la memoria de los viejos que agradecen a la Juana una tranquilidad rodeada por la presencia económica de familiares ausentes, polvaredas e imágenes oxidadas de los últimos candidatos, quienes y no obstante al transcurso demoledor del tiempo, continúan sonriendo, como si verdaderamente desearan alegrar tanta melancolía. —¿Y cómo los conoció? —indagué con la explícita morbosidad que los recorridos largos producen en el viajero inexperto, cargado de aburrimiento, libros, notas y periódicos. —Solíamos emborracharnos en una barra de la Commercial. Por allá, pasé mis últimos cuatro años de estudiante en ESU. Además, me he enterado por esta crónica del Emporia Gazzete. —¿Cómo eran y qué le contaron? —insistió por última vez el intelectual que se dirigía a Missouri para ofrecer una conferencia en la Universidad de Columbia. —Odilón era bajito, ligero como una pluma, poco hablador y antipático; la vasta soledad de su cuero cabelludo contribuía a exacerbar la aspereza del rostro. El vientre de Pancracio fue otro cantar: resaltaba desde la distancia y continúa siendo, al final de cuentas, la mejor inversión ante la adversidad latente de su vida actual. En Tijuana, entablaron amistad con un coyote que consintió llevarlos a trabajar a Los Ángeles. El trato excluía la labor del agro. —El mejor jale está en las fábricas —les confesó el pollero con chasquidos y gestos ininteligibles—. Fue una noche de palabras ebrias que reflejaban toda la razón del mundo, pues la friega del campo está muy mal pagada. ¡Mire mis manos! La ventaja de trabajar encerrado —continuó explicándoles— radica en estar alejado de los drásticos cambios de temperatura. A partir de esa noche, despilfarraron paulatinamente hasta el último centavo en un tendejón del barrio, ya que su traslado y empleo inmediato estaban garantizados por la nueva amistad, y la comisión que los gringos pagaron al coyote. Durmieron las borracheras encima de unos petates acomodados en el interior de un barracón recubierto con láminas de asbesto, cartón, plásticos y hermosas corcholatas de Titán, Jarritos, Pepsi, Orange Crush, Squirt y Coca-Cola. ¿Se acuerda de ellas? Afuera de la suite, los custodiaba un teporocho expatriado que al lado de su perro y un carrito de Safeway, portador de toda su hacienda, vislumbraba con desdén el seductivo resplandor de las luces de San Diego, las cuales y desde cualquier ángulo, aparecen como si fuesen foquitos adheridos a la sombra de un pernicioso árbol de Navidad, rodeado por una obscura hilera de bultos silenciosos que esperan el momento idóneo para trepar el muro de alambre, descender e internarse con vehemencia en las entrañas de la tierra prometida. Los primeros días, les ayudaron gente de Michoacán; los de Guanajuato y Jalisco hablaron también con el mayordomo de la fábrica, quien convencido del ahorro que representaba deshacerse de los perros guardianes, consintió que ambos durmieran en el almacén. Después de tres prolongados meses, el negocio de muebles se declaró en bancarrota, y tuvieron que desplazarse más al norte. Aprendieron a vagar entre la Burnside y el Barrio Chino, pernoctando debajo de puentes con la finalidad de estar cerca de las esquinas donde se selecciona la mano de obra que coadyuva a la prosperidad de los ranchos aledaños y el ensanche urbano que cada día se aproxima más hacia Beaverton, Oregon City o Hood River. —I need four strong men! —vociferaba ese día, con enfado, un bato desde una camioneta Ford. Y después de escupir una mezcla espesa de tabaco encima del pavimento, prosiguió con el dedo índice:— You, you and the other two guys! ¡Patrón, mister!, gritaron con desesperación varios paisanos expuestos a los amenazantes cúmulos que ensombrecían El Edén por enésima ocasión. En la esquina, un autobús desapareció entre el embotellamiento de la mañana; el conductor sonriente saludó, a usanza militar, al compañero que aproximaba otro vehículo hacia la agitada multitud, sobre la cual empezó a caer llovizna gélida que se transmutaba en una violenta granizada que obligó a todos los rezagados a cobijarse debajo de marquesinas de restaurantes y bares, llenos de oficinistas y burócratas indiferentes a la desgracia ajena. —What’s up, man? —Nothing much —respondió el otro chofer. Al llegar la noche, las débiles flamas de una hoguera improvisada cubrieron con más hollín las inmortales capas de grafito multicolor adherido a la parte inferior del puente Rose Island. Odilón y Pancracio acomodaron los improvisados colchones de cartón, e introdujeron al mismo tiempo hojas de papel periódico por debajo de sus camisas y pantalones de mezclilla. Observaron con cierta envidia a los vagos que acomodaban sus escuálidos cuerpos dentro de sacos de dormir. Cuando arreció el frío, cenaron tragos de Mad Dog 20/20, cortesía de los mendigos profesionales que, después de haber trabajado por muchas horas en las calles del centro, compartían con sus colegas e invitados el producto de su faena. —Welcome to America, amigos —balbuceó uno de ellos, al extender su brazo tatuado a los dos huéspedes que recibieron la botella con regocijo, pues ya empezaban a entender al país de acogida. ¡Todo era Rock & Roll!, usar y desechar, aseveró el anfitrión beatneak. Lo que en realidad importaba a las masas, concluía en un español aprendido en México, era la acumulación de cosas y alimentos que envejecían también en amplias cocheras, y frigoríficos colocados en sótanos. La ralea al campo, fábricas, cocinas, hoteles, las guerras y puentes... continuó explicando a sí mismo durante toda la noche. Los días de mala racha hicieron cola en las misiones protestantes donde, y después del rezo obligatorio, engañaban al estómago con caldos o sopas de lata, café de calcetín y pan blanco de molde relleno de fiambre Oscar Mayer. Casi siempre descansaban en la Salvation Army, considerada el Holiday Inn de las misiones del rumbo, y aunque no hablaban inglés, ya habían aprendido a compartir letrinas y literas con drogadictos, alcohólicos, ex convictos y veteranos de guerras, con los cuales fingían estar interesados en los sermones cotidianos. II Sin embargo, pudieron observar que, con la llegada del buen clima, el peso de la fruta doblega los brazos de los árboles. La tierra parece sangrar entre los arroyos morenos, adyacentes a corredores verduzcos que desvanecen por debajo de la bóveda diáfana que cubre el campo abierto, atrapado entre montañas, pobladas con majestuosos pinos, helechos, osos, ardillas y venados que huyen despavoridos ante la presencia de sierras eléctricas y tráileres que se desplazan cuesta abajo, por el camino de la costa. Pese al intenso calor veraniego, incorporaron su trabajo a infinidad de hábiles e incansables manos de hombres, mujeres y niños que arrancan los frutos con desesperación, ligereza, desconfianza y miedo que sólo el color del dólar logra disipar. Soñaron despiertos, y sonreían al imaginar un futuro tan abstracto como el color, la forma o proporción de los elementos que les rodeaban. No quisieron ir a recoger papas a Idaho, pues deseaban un empleo estable y mejor pagado. —En Emporia —dijo un hombrón de Yakima— sobra el trabajo. Sin pensarlo, se sumaron al heterogéneo grupo de indigentes aposentados en el interior de un vagón y sobre las escalerillas del tren que se dirigía a Chicago. Intuyeron que en aquel lugar podrían ahorrar el dinero necesario para comprar una tarjeta de residente y el número de seguro social. Vagaron a placer por el barrio Pilsner, hasta el día en que encontraron empleo de lavaplatos en un diner del lago Michigan. Las conversaciones siempre giraban en torno al mismo tema. —Chicago tiene la ventaja de ser una fuente de jale mal pagado, pero seguro —opinó un huichol, ante el reducido grupo que asentía en silencio, moviendo la cabeza de atrás hacia delante y viceversa, mientras miraba de reojo la torre Sears para soñar en purépecha, náhuatl, quechua y hasta en sioux. Llegaron a Emporia en el tren de las 8:00 pm, y se hospedaron en la misión de la calle doce y Merchant, rodeada en ese momento por árboles de cristal que producían tañidos cautivadores. —Una de las ventajas de estos lugares —les expliqué— consiste en la enorme demanda de mano de obra ilegal. —Sin inmutarse continuaron embelesados por el resplandor de la nieve, los carámbanos adheridos a techos, y el tendido recubierto por una capa invisible de agua congelada. El sonido del hielo, intensificado por el roce del finísimo viento blanco, se perdía en la desmesurada oscuridad de parques y bocacalles. La entrevista fue rigurosa, pero consiguieron trabajo fijo en un matadero enorme y lúgubre. Por varios años y sin chistar, Odilón se encargó de transportar tripas y pezuñas fétidas de bóvidos a la planta procesadora de alimento para perros y gatos. Walter —de esta manera habían apodado a Pancracio en Chicago— separó las entrañas de los corpachones. Impertérrito y quizá animado por aquel hedor infernal, soñaba con la fundación de un sindicato. Los caciques de Kansas son invisibles, pensaba Odilón cada noche, frente a esa fuerza extraña que emana de las corporaciones, y despierta zozobra inconsciente. Los dueños del matadero son seres anónimos con miles de ojos sigilosos, respondía la inquieta y silenciosa mirada de Walter, cuya imagen era reproducida simultáneamente en pantallas de televisor ubicadas en la oficina central y la única retina del capataz ojienjuto, cuyo ojo izquierdo había quedado extraviado en el paralelo 38. La vida en Emporia y sus alrededores es muy distinta. Cada amanecer, el ganado reaparece desperdigado en los llanos, junto a pozos petrolíferos y enormes letreros de propaganda religiosa que exhorta a los automovilistas al arrepentimiento, a cambio de la salvación eterna del alma. Desde las vías, Odilón y Walter divisaban, al igual que nosotros, pero con una perspectiva distinta, el edificio que alberga la cárcel, el Granada, los negros cimborios de la iglesia y, al fondo de la calle, el campus universitario. La sobria atmósfera de la Commercial aparecía acompañada de miradas furtivas que exteriorizan todavía una absurda asociación de ideas preconcebidas en la estrechez del hogar y las instituciones. La discriminación y el racismo eran una realidad que aprendieron a sopesar e ignorar, ya que ambas situaciones representaban una prolongación de lo vivido en México. A pesar de ser tarascos, fueron clasificados legal y socialmente como Hispanics y, a diferencia de México, hasta los paisanos mestizos o güeros, quedaban etiquetados también en una sola casta que los hacía partícipes del mismo desprecio. Les habían gustado los dólares, y se acostumbraron a vivir confinados en un mundo asignado que permite estar sin ser. El sistema los convirtió en obreros cualificados y les asignó la comunidad ubicada al otro lado de las vías del tren. Apartados de los anglosajones. Gracias al influjo y ayuda de algunos religiosos del área, Odilón decidió ser abstemio y tuvo ánimo para establecer una licorería en el centro de Emporia. Walter se asoció con unos restauranteros de Topeka. Deseaba huir del pueblo y volver a empezar. Un miércoles por la mañana, atracaron a Odilón. Durante el funesto acontecimiento le propinaron una paliza, y el cuerpo fue colocado deliberadamente encima de una amplia banqueta, para no volver a ser visto jamás. Esa tarde, el sombrero intacto de la víctima reapareció encallado en la chimenea del hogar de Walter, quien, y sin comprender el porqué, está por conocer la edad dorada en una celda de la prisión federal de Walla Walla. —¡Pero qué crónica tan despiadada y mal escrita! —Si llegamos a Kansas City —contesta de repente el maquinista—, allí tendrá que tomar el expreso a Saint Louis. El tren continúa su diligente e instantáneo trayecto circular, y mis párpados, cegados por el anaranjado violento del horizonte y el impetuoso viento del sur, que continúa creciendo, se cierran como dos ligerísimas cortinas de hierro candente. ** Juan Carlos Hernández Cuevas juancarlos_59@hotmail.com Investigador. PhD en estudios hispánicos (literatura latinoamericana) por The University of British Columbia (Vancouver, Canadá), máster de artes por Pórtland State University (Portland, Oregon, EUA), licenciado en artes y letras (Portland) y minor en estudios africanos (Portland). Tiene también una diplomatura en educación primaria por la Escuela Nacional de Maestros de Ciudad de México. Ha publicado "México" en Max Aub en el laberinto del siglo XX (Ed. Juan María Calles; Valencia, España, 2003) y "Los cuentos mexicanos de Max Aub" en Actas del Congreso Internacional Max Aub: testigo del siglo XX (2003). Becario de la Fundación Max Aub (Segorbe, Valencia, España; 2000-2001), ha trabajado como instructor de español para Emporia State University (Kansas, EUA, 2002-2004). === Adviene María Rosa Perea ========================================= Quisiera ser como la paja brava, una simple hierba a la vera del camino que se inclina antes que sople el viento. Pero no puedo. Y hoy más que nunca busco en la poesía un refugio. *** Adviene Señales furtivas acechan el círculo presente de vidas e historias, dentro del inconmensurable espiral de existencias. Intensa gravitación. Fija un instante. Destruye. Escarpando la tierra inventa una puerta, rompe la rueda del carruaje, calcina la gracia. Sobresalta el vuelo de las aves las almas al marchar entre paraísos de adobe, sueños truncos, cuervos y palomas, y tiramiras de siluetas yacentes cual sombras fantasmales hundiéndose en la inmensidad del sótano. Por donde quiera que vaya sobrevienen señales oscuras. Katrina, Dean, tsunamis, temblores, guerras, hambre, verdades efímeras. ¿Desdichas acaso inevitables? Guerra y pobrezas. ¿Desdichas inevitables? ¡Hambre! Verdades efímeras. ...la vida se esfuma en la infinita rueda de ignorancia y ambiciones... ¿Trazará el hombre su futuro pasado entre las hojas del libro de transparencias? O tal vez perdure en algún nuevo jardín, embarrotado y solo, como animal enjaulado y selecto, para ser domado por destreza y hazaña inconclusa. ¡Ojalá queden viajeros! aunque sea quebrando el paso, errantes, meditando sobre la nada, en el polvo sobreviviente o en la cornisa de algún otro universo. ¡Ojalá queden viajeros escudriñando los sin misterios de la propia naturaleza! *** Rúas perdidas del cielo al límite de la frontera con la misma muerte jinetes de sombras rescataron ecos estrépitos de un violín fantasmal con cuerdas en fuego y sangre vulnerando los sonidos del viento ahuyentando la vida y el canto trunco de los pájaros estalló contra el lenguaje perdido de los hombres y sus alas... pétalos rotos púrpura intenso derramados precipitaron el aire intentando encontrar una mano abierta que los contenga ...antes de morir... *** Brumas La escarcha comprime las rejas y agrieta la antigua madera de lo que alguna vez fue ilusión. Ya no le tengo miedo al silencio. No estoy sola. * Huelen las paredes desnudas lo que queda del territorio frágil y quemado de mi memoria. Una niña herida por la llovizna me acompaña. En el canto olvidado del tiempo gime y resbala por la vertiente cual flor herida lejos se divisa errante... cautiva de un viejo coraje. * No le tengo miedo a la locura ¡yo sola ya no estoy!.. ella vuelve del ayer entre los muros cuando la luz del día borra mis pasos y en la prisión nadie sabe de mí. *** Te alejas... La niebla lleva con ella su opaca bruma y te envuelve, devora en cada paso todo aquello que auguraste y lo vuelve aguacero de luces oscuras, gota de lluvia esfumada junto a sueños que siempre acaban. Hombre, ¿hacia dónde vas? Imposible es guardar las gotas del mar ni derramar sueños en pedazos. Intenta que el amor no se quede sin fe ni se trunque la semilla fraterna en la desidia del desamor. Deja ya tu cordial indiferencia por mantener la apatía en esperar que todo cambie porque sí. ** María Rosa Perea mrperea@gmail.com Poeta y narradora argentina-italiana. Reside en Buenos Aires. Estudió ciencias de la educación en la Universidad Nacional. Ha publicado su poesía en los libros Letras en levedad (Dunken, 2006), La gran apuesta (Dunken, 2005), Poetas y narradores contemporáneos (Editorial de los Cuatro Vientos, 2005) y Poetas argentinos contemporáneos (Argenta, 1996). Tuvo participación especial, con una sucesión de haiku y senryu, en el libro Prosas compartidas, de Yvette Schryer (Editorial Dorgraf, Tel Aviv, 2007). Textos suyos se publican en diversas revistas literarias. ||||||||||||||||||||||| EL REGRESO DEL CARACOL |||||||||||||||||||||| === Poesía Galicia Sociedad Artística Ferrolana ====================== Revista literaria Sociedad Artística Ferrolana (http://www.sociedadartisticaferrolana.es/literatura.htm) Ferrol, Galicia (España), enero de 2006 76 páginas La Sociedad Artística Ferrolana edita desde hace un cuarto de siglo esta publicación, en la que se reúne lo mejor de la poesía gallega contemporánea —en gallego y en castellano—, así como ensayos, artículos, reseñas editoriales y noticias de actualidad cultural del Ferrol, al noroeste de España. La revista se inició como un apéndice de otra, Arte Galicia, y es hoy en día una publicación autónoma y de gran prestigio en la región. El número que la SAF gentilmente ha puesto en nuestras manos es el 20, cuya portada viene ilustrada con una obra del artista local Juan José Rodríguez Soto (1949). La edición incluye también ilustraciones de Corín Diego, M. Suárez, Irlés Romero, Luis Jaime y otros artistas gallegos. Xavier Rodríguez Vergara encabeza este número con su poema “Acógeme”, ganador del primer premio Hernán Esquío. Le siguen un poema de Francisco Vila Fuentes, un relato de Ángel Ruiz de Velasco, dos poemas de Miguel D’ors Lois, una semblanza de Carlos Casares a cargo de José Ramón Vázquez Martínez, una selección de poemas de María donde Carme Kruckemberg, poemas de Juan J. Benítez, María Isabel González Rodríguez, Luis Jaime, Xurxo Alonso, Remigio Nieto, Víctor Corcoba Herrero (http://www.letralia.com/firmas/corcobaherrerovictor.htm) y José Ramón Dolarea Calvar. Luego se puede leer una semblanza de Ricardo Carballo Calero a cargo de Cristina Amenedo, poemas de Javier de la Rosa, Carlos Bustamante Leira, Xoán García, Francisco de Sotavento, Aurora Varela, Arsenio López Morado, Rosa María Martínez Dios, Teresa Arán Trillo, Luis Fernández Guitián, Manuel Pérez de Arévalo, Ricardo Díaz Casteleiro, Diego Romero, José María Maiz Togores, Xoán Xosé Fernández Abella y José Luis Nareo Núñez. La lectura se completa con varias reseñas editoriales y noticias que dan cuenta de la vibrante actualidad cultural de la zona. “Al editar este número 20”, escribe en el editorial el doctor Ricardo Díaz-Casteleiro Romero, director de la revista, “ampliando nuestro equipo de colaboradores, amigos y simpatizantes, amantes, en principio, todos ellos, de la poesía, ampliamos el horizonte de nuestras ambiciones y ponemos en tus manos, lector amigo, una publicación remozada, con aires nuevos y prometedores, de mayor difusión y divulgación, incluso más allá de nuestras fronteras, en esa pretensión de volcar nuestras inquietudes, si cabe, con mayor fuerza e imaginación, en la Poesía”. ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “El verdadero escritor, el escritor a secas, el falso escritor, no son conceptos que revistan gran interés. Encierran, en todo caso, una manera de leer, una aspiración, una colección privada de libros. La verdad de un escritor, cualquier verdad, en realidad, es demasiado maleable como para tomarla en serio, para creerla definitiva y objetiva, más allá de los recorridos personales”. Juan Terranova, “¿Qué hace de un escritor un verdadero escritor?”. En: HiperCrítico (7/12/2007, http://hipercritico.com/content/view/507/42). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. Si lo prefiere, puede recibirlas por correo electrónico escribiendo un mensaje a info@letralia.com, con la palabra "Condiciones" en el subject, o simplemente dando un doble click de ratón en el enlace siguiente: mailto:info@letralia.com?subject=Condiciones. ########################################################################### El alojamiento de nuestra página web en http://www.letralia.com es cortesía de Abracaadabra Network (http://www.abracaadabra.net) Letralia, Tierra de Letras, es una producción de JGJ Binaria (http://www.letralia.com/binaria) y circula para el mundo de habla hispana desde Cagua, Venezuela ########################################################################### Atentos: nuestra próxima edición circula el lunes 3 de marzo de 2008