~~~~~~~~~~~~~~~ Año XVIII Cagua, Venezuela Nº 291 ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras ~~~~~~~~~~~ http://www.letralia.com ~~~~~~~~~~~ ======================================= ~~~~~~~~~~~ 2 de diciembre de 2013 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~~~~~~~ LETRALIA, Tierra de Letras, es ~~~~~~~~~~~ la revista de los escritores ~~~~~~~~~~~ hispanoamericanos en Internet. ~~~~~~~~~~~ Usted puede enviarnos sus ~~~~~~~~~~~ comentarios, críticas o material ~~~~~~~~~~~ literario a info@letralia.com ~~~~~~~~~~~ ~ * ~~~~~~~~~~~ ~~~ JORGE GOMEZ JIMENEZ - Editor ~~~~~~~~~~~ ~~~~ Depósito Legal: pp199602AR26 ~~~~~~~~~~~ ~~~~~ ISSN: 1856-7983 ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ === Sumario =============================================================== | Revista bilingüe de narrativa Aguas del Pozo/Waters of | Breves the Well. / Presentaciones de La contemplazione, de | Edgar Borges, en Italia. / Introducción al estoicismo, | seminario de Josu Landa, en Caracas. / IV Diplomado en | Narrativas Contemporáneas, en Caracas. / Afrodita, C.A., | y otras empresas fracasadas, de John Manuel Silva. | | Falleció a los 88 años el lingüista ítalo-mexicano Guido | Noticias Gómez de Silva. / Elena Poniatowska gana el Premio | Cervantes 2013. / Entregan en Medellín el Premio García | Márquez de periodismo. / Publicarán diario venezolano de | Alejo Carpentier. / Crean un ron en homenaje a Gabriel | García Márquez. / Premian a la biblioteca del Instituto | Cervantes de Tetuán. / Murió a los 88 años el dramaturgo | cubano Abelardo Estorino. / México concede a Hugo | Gutiérrez Vega el Premio Nacional de Literatura. / El | Cervantes y la Unam firman acuerdo para promover el | castellano. / Carlos Monsiváis fue investigado por el | FBI. / La RAE presenta un libro sobre la evolución de | nuestro idioma. / José Marcial Ramos Guédez recibe el | Premio de Historia González Guinán. / Juan Villoro | recibió homenaje de la Casa de las Américas. / Ramón | Barea gana el Premio Nacional de Teatro de España. / | Hansel Leonel Espinoza Villatoro recibe el Premio | Monteforte Toledo. / España perdió más de 24.000 | trabajadores culturales entre 2011 y 2012. / Premio | Aljabibe para el poeta español Manuel Gahete Jurado. / | Biblioteca digital brasileña brinda acceso al catálogo | de la Cervantes. / Perú toma medidas para preservar el | idioma quechua. / Juan José Rodríguez gana en Cuenca el | IV Festival de la Lira. / Páginas de Espuma publica | todos los cuentos de Anton Chejov. / Estrenan en México | la obra teatral La ciudad y los perros. / Premio | Nacional de Poesía de Bolivia podría extender plazo. / | Quetzaltenango acogerá el XXI Congreso de Literatura | Centroamericana. / Emprenden nueva búsqueda de fosas en | zona donde murió García Lorca. / Presentan edición | facsimilar de apuntes de Juan José Arreola. / Se inicia | la FIL Guadalajara con entrega del premio a Yves | Bonnefoy. / Biblioteca del Congreso de Estados Unidos | premia a Miguel León-Portilla. / Celebrarán encuentro | sobre el nororiente venezolano. | | “Desvíos y extravíos en la actual poesía venezolana”, | Artículos y Ramón Ordaz. / “La escritura como viaje en Un cuarto | reportajes lleno de anguilas”, Diamela Eltit. / “Más sabe el libro | por viejo...”, Enrique Trujillo Gamboa. / “Blue | Label/Etiqueta Azul, de Eduardo Sánchez Rugeles”, | Georgina Uzcátegui Gómez. / “Tristana: la obra olvidada | de Pérez Galdós”, Augusto Lázaro de la Torre Casas. / | “Guerras en la paz”, Rafael Pérez Ortolá. / “Leo | Villaparedes”, Manuel Cabesa. / “El camino salvador de | Ana María Velázquez”, Astrid Lander. / “Islas del mundo: | Amedée (Nueva Caledonia)”, Juan Franco Crespo. / “Un | lunar que es una lámpara”, Gabriela Rosas. | | Javier Moro, autor de El imperio eres tú: “Yo quiero | Entrevistas insuflar vida a una página de la historia”, entrevista | por Eduardo Rubilar Aravena. / “La voz despierta de | Dulce Chacón”, entrevista por Efi Cubero. | | “Vincent van Gogh en la poesía colombiana”, Jorge Ladino | Sala de ensayo Gaitán Bayona. | | “Aquella manera atroz de morderse las uñas”, Álvaro | Letras Romero-Marco. / Tres poemas de Julio Paredes Vásquez. / | “El calzado del ángel”, Maribel Urbina. / “Yo pecador” | (extractos), Arturo Álvarez D’Armas. / “Lo propio del | esperar” (microrrelatos), Ricardo Martínez-Conde. / | “Igual que la extensión de tu cuerpo” (extractos), | Leoncio Luque Ccota. / “Wälder del alma”, Esteban J. | Aquino Rivera. / Poemas de Evelyn de Lezcano-Mujica. / | “Juegos”, Diego Valbuena. / Dos poemas de José Siles | González. / Dos relatos de Alfredo Hernández. / “Poemas | para El viejo y el mar”, Aarón Carlos Andrés García. | | Álvaro Mutis. | Post Scriptum | =========================================================================== Premio Unicornio 1997 como Evento Cultural del Año http://www.geocities.com/SoHo/8753 =========================================================================== Premio "La Página del Mes" de Internet de México el 3 de mayo de 1998 http://www.internet.com.mx =========================================================================== Premio "Web Destacada del Mes" de MegaSitio en diciembre de 1998 http://www.megasitio.com =========================================================================== Premio Katiuska de El Mundo Diferente de Katiuska, en enero de 1999 http://www.redchilena.cl =========================================================================== Premio Key Site Award, de Fortress Design, en mayo de 1999 http://www.fortressdesign.com =========================================================================== Premio a la Excelencia, de Exodus Ltd., en mayo de 1999 http://www.exodusltd.com =========================================================================== Premio Mejor Página de Poesía, de La Blinda Rosada, en julio de 1999 http://blindarosada.org.ar =========================================================================== Segundo lugar en los premios Lo Mejor de Punto Com, diciembre de 2004 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Lo Mejor de Punto Com, octubre de 2005 http://www.lomejorde.com =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2006, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Premio Nacional del Libro de Venezuela 2007, Centro Nacional del Libro http://www.cenal.gob.ve =========================================================================== Finalista en los premios Stockholm Challenge 2008, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.se =========================================================================== Mención de honor en los premios Stockholm Challenge 2010, Estocolmo, Suecia http://www.stockholmchallenge.org =========================================================================== Para suscribirse a Letralia, envíe un mensaje vacío a: letralia-subscribe@gruposyahoo.com Para desuscribirse, envíe un mensaje vacío a: letralia-unsubscribe@gruposyahoo.com También puede formalizar su suscripción o su desuscripción en un formulario visible en nuestro sitio en el Web: http://www.letralia.com/herramientas/listas.htm Ediciones anteriores: http://www.letralia.com/tierradeletras/archivo.htm ||||||||||||||||||||||||||||||| BREVES |||||||||||||||||||||||||||||| *** Revista bilingüe de narrativa Aguas del Pozo/Waters of the Well El escritor cubano Luis Marcelino Gómez dirige la revista bilingüe inglés/español Aguas del Pozo/Waters of the Well, una publicación exclusivamente dedicada al cuento, y que surge en el seno de Spanish 394: Creative Writing Workshop in Spanish (Español 394: Taller de Escritura Creativa), que se imparte por primera vez en lengua hispana en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, en Estados Unidos. El curso —el primero dedicado a la creación literaria en español en más de dos siglos desde la fundación de esa universidad en 1789— fue creado y es impartido por Gómez, quien es Senior Lecturer de español y portugués del Departamento de Literatura y Lenguas Romances de esa casa de estudios. La revista, en cuyo primer número aparecen autores de India, Guatemala y Estados Unidos, está abierta a cuentos, artículos y reseñas sobre cuentistas, así como a fotos y pinturas relacionadas con el “pozo”, su tema central, como puede verse en el primer número: pinturas de la artista ucraniana Inna Heisenyuk, y fotos de uno de los pozos más antiguos de América, enviado desde República Dominicana por la poeta y periodista cubana Raysa White. Los textos deben ser bilingües y serán revisados por el consejo editorial. http://watersofthewelljournal.blogspot.com *** Presentaciones de La contemplazione, de Edgar Borges, en Italia El escritor venezolano residenciado en España Edgar Borges (http://www.letralia.com/firmas/borgesedgar.htm) realizará una gira del 5 al 15 de diciembre por Italia. Del 5 al 8 participa en el sexto encuentro “América Latina, Tierra de Libros”, evento organizado por el Instituto Italo Latino Americano y en el cual compartirá debates con autores internacionales como Héctor Abad Faciolince, Santiago Gamboa y Marcelo Luján; y luego, hasta el día 15, irá a varias ciudades con Lavieri Edizioni para presentar su novela La contemplazione. Destaca, entre las presentaciones que realizará Borges en el país europeo, la del 12 de diciembre, cuando hable de su novela con su traductor al italiano, Gianfranco Pecchinenda, en el Instituto Cervantes de Nápoles. http://www.lavieri.it/Catalogo/A-libri/autrement/Contemplazione.php *** Introducción al estoicismo, seminario de Josu Landa, en Caracas Del 10 al 13 de diciembre se realizará en Caracas el seminario intensivo “Introducción al estoicismo”, a cargo del filósofo y poeta Josu Landa Goyogana, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). Las escuelas filosóficas helenísticas, los antecedentes directos del estoicismo, las limitaciones documentales para acceder al estoicismo originario, la articulación del sistema estoico, la idea estoica de la lógica y la ética estoica son algunos de los temas que abordará la actividad a lo largo de sus dieciséis horas repartidas en dos sedes, el 10 y 11 en el Edificio de Posgrado de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) y el 12 y 13 en la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela (UCV), en horario de 10 de la mañana a 12 del día y de 2 a 4 de la tarde. Los participantes recibirán constancia de asistencia siempre que hayan estado presentes en al menos siete de las ocho sesiones del seminario. Landa es maestro en filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Unam. En 1996 obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Carlos Pellicer” por Treno a la mujer que se fue con el tiempo. http://www.svf.com.ve/estoicismo.pdf *** IV Diplomado en Narrativas Contemporáneas, en Caracas Hasta el 13 de diciembre es posible inscribirse en el Diplomado en Narrativas Contemporáneas, que por cuarta vez convocan la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) y el Instituto de Creatividad y Comunicación (Icrea), y que se iniciará en Caracas el 24 de enero de 2014. La actividad, que está dirigida a estudiantes, profesores y profesionales de cualquier área que desean aprender el arte narrativo, se desarrollará a lo largo de dos trimestres en 142 horas académicas (los viernes de 6 de la tarde a 8 de la noche y los sábados de 8:30 de la mañana a 12:30 de la tarde), y sus participantes aprenderán técnicas de redacción, el papel de los signos en la sociedad, elementos de la literatura venezolana contemporánea y otros temas. El diplomado será dictado por los escritores y docentes Fedosy Santaella (http://www.letralia.com/firmas/santaellakrukfedosy.htm), Roberto Echeto (http://www.letralia.com/firmas/echetoroberto.htm), Humberto Valdivieso, Ricardo Tavares y Ricardo Ramírez Requena en el edificio Cerpe, ubicado en la avenida Santa Teresa de Jesús de la urbanización La Castellana, en Chacao (Caracas). El costo es de 7.700 bolívares. Para solicitar mayor información, el interesado puede escribir a narrativacontemporanea@gmail.com. http://narrativascontemporaneas.blogspot.com *** Afrodita, C.A., y otras empresas fracasadas, de John Manuel Silva El martes 17 de diciembre será presentado en Caracas el primer libro de cuentos del escritor venezolano John Manuel Silva, Afrodita, C.A., y otras empresas fracasadas, que acaba de publicar Editorial Ígneo. Con un tono a medio camino entre el vago optimismo y el descorazonamiento, el libro despliega en diez relatos reflexiones sobre diversas temáticas, como la soledad, las siempre conflictivas relaciones entre padres e hijos, el amor, los mecanismos de ascenso social, la sexualidad, el futuro y la relación del hombre con la tecnología. Silva es colaborador habitual de la revista digital venezolana Panfleto Negro y ha publicado en diversos medios impresos y digitales. Ha participado en la V Semana de la Nueva Narrativa Urbana (Caracas, 2010) y en el II Jamming de Escritura Erótica (Caracas, 2012). Resultó ganador del VIII Concurso Nacional de Cuentos Sacven (2011) y obtuvo el segundo lugar en el V Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores (2011), con relatos incluidos en este libro. La presentación estará a cargo del escritor Héctor Torres (http://www.letralia.com/firmas/torreshector.htm) y se realizará el martes 17 de diciembre a partir de las 6:30 de la tarde en la librería Alejandría II, ubicada en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes, en Caracas. http://bit.ly/1jlyiYb ¿Quiere publicar una nota en este espacio? Envíenosla por correo electrónico a breves@letralia.com. === ¿Le interesa estar informado sobre concursos? ========================= Reciba por correo electrónico los anuncios vigentes de concursos literarios y artísticos en general suscribiéndose a nuestra lista de distribución. Todo lo que tiene que hacer es enviar un mensaje vacío a letralia-concursos-subscribe@gruposyahoo.com, o visitar nuestra cartelera de concursos en http://www.letralia.com/herramientas/concursos.htm. Si desea enviarnos las bases de un concurso, escríbanos a info@letralia.com |||||||||||||||||||||||||||||| NOTICIAS ||||||||||||||||||||||||||||| *** Falleció a los 88 años el lingüista ítalo-mexicano Guido Gómez de Silva El lingüista, investigador, lexicógrafo y académico de la Lengua Guido Gómez de Silva falleció a los 88 años este domingo 17 de noviembre, informó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Gómez de Silva nació en Padua, Italia, el 14 de mayo de 1925, y se nacionalizó mexicano en 1940. Se graduó como maestro de ciencias por la Columbia University, así como maestro en lengua y literatura española y doctor en letras por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua (AML) desde 1991, tomó posesión en la misma el 5 de marzo de 1992. Antes trabajó para la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en los períodos de 1947-1954 y 1973-1985. Participó como delegado de México dentro del Grupo de Expertos en las sesiones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Normalización de Nombres Geográficos en Ginebra y Nueva York. Asimismo, fue profesor de la Unam, El Colegio de México y diferentes universidades en el extranjero. Desde 2001 hasta el día de su fallecimiento fungió como presidente honorario de la Comisión de Lexicografía de la AML. Gómez de Silva fue autor de obras como Elsevier’s Concise Spanish Etymologycal Dictionary (1985), Breve diccionario etimológico de la lengua española (1988), Elsevier’s International Dictionary of Literature And Grammar (1991), Los nombres de los países (1993), Diccionario escolar McGraw-Hill de la lengua española (1995), Diccionario geográfico universal (1997), Diccionario internacional de literatura y gramática (1999) y Diccionario breve de mexicanismos (2001), entre otros. Además fue conocido por su International Dictionary of Gastronomy (2003), por el que recibió el premio Gourmand World Cookbook, y por su Diccionario internacional de la gastronomía (2004). Fuente: Notimex *** Elena Poniatowska gana el Premio Cervantes 2013 La escritora mexicana Elena Poniatowska se convirtió este 19 de noviembre en la cuarta mujer en obtener el Premio Cervantes 2013 tras ocho sucesivas votaciones del jurado, según el veredicto leído a las 14:25 horas en Madrid por el ministro español de Cultura, José Ignacio Wert, quien estuvo acompañado en rueda de prensa por José Manuel Blecua, presidente de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) y el escritor José Manuel Caballero Bonald, ganador de la edición 2012. Antes de Poniatowska, el premio Cervantes, que está dotado con 125.000 euros, ha sido concedido a la española María Zambrano, en 1988; la cubana Dulce María Loinaz, en 1992, y la española Ana María Matute, en 2010. El 23 de abril de 2014 —aniversario del fallecimiento de Miguel de Cervantes—, los reyes de España harán entrega de este galardón, considerado el premio Nobel de las letras castellanas, en una ceremonia que tendrá lugar en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, cuna del escritor. Nacida en París bajo el nombre de Hélene Elizabeth Louise Amelie Paula Dolores Poniatowska Amor, en 1932, y descendiente directa del rey de Polonia Stanislaw II, a los 10 años se mudó a México, país del cual obtuvo la nacionalidad a mediados de los sesenta y donde ha realizado la totalidad de su obra literaria y periodística. La escritora estuvo destinada en principio al matrimonio con un príncipe europeo, pero decidió dedicarse al periodismo. Actualmente es una de las figuras más notables de la literatura hispanoamericana, merecedora del Premio Nacional de Periodismo por sus entrevistas en 1978, el Premio Alfaguara de Novela 2001 por La piel del cielo, el Premio Rómulo Gallegos 2007 por El tren pasa primero y el Premio Biblioteca Breve 2011 por Leonora. A partir de 2007, el gobierno de Ciudad de México, a través de su Secretaría de Cultura, ha instaurado el Premio Iberoamericano de Novela “Elena Poniatowska”, dotado de 500.000 pesos. Lilus Kikus (1954); Hasta no verte, Jesús mío (1969); La noche de Tlatelolco (1971); Fuerte es el silencio (1980); La flor de lis (1988); Tinísima (1991); Paseo de la Reforma (1997); Nada, nadie. Las voces del temblor (1998); La piel del cielo (2001); Tlapalería (2003) y El tren pasa primero (2006) son algunos de los títulos que conforman su notable producción. *** Entregan en Medellín el Premio García Márquez de periodismo Periodistas de Brasil, México, Perú y Colombia resultaron ganadores de la primera edición del premio Gabriel García Márquez, que la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) entregó el miércoles 20 de noviembre en la ciudad colombiana de Medellín (noroeste). En la ceremonia fueron anunciados los ganadores de las categorías Crónica y reportaje, Imagen periodística, Cobertura noticiosa e Innovación. El periodista y escritor mexicano Alejandro Almazán se alzó como ganador de la categoría Crónica y reportaje con un texto publicado en la revista Gatopardo sobre la guerra entre la banda de los Zetas y el cartel de Sinaloa en una región de su país conocida como La Laguna. En la categoría Imagen periodística resultó laureado el fotógrafo peruano Esteban Félix, corresponsal de Associated Press (AP) en Nicaragua, por “Azúcar amargo”, una serie fotográfica sobre una misteriosa epidemia que mata a miles de personas cada año. Por su parte, el brasileño Lucio Castro, de ESPN Brasil, ganó en la categoría cobertura noticiosa por su investigación sobre la relación entre el fútbol y las dictaduras militares de finales del siglo XX en América Latina. Finalmente, la página web colombiana La Silla Vacía (http://lasillavacia.com) ganó la categoría de Innovación con su Proyecto Rosa (http://proyectorosa.com), que a través de diversos formatos hace seguimiento a la aplicación de la Ley de Víctimas del conflicto armado colombiano. La periodista costarricense Giannina Segnini, editora de la unidad de investigación del diario La Nación, de Costa Rica, recibió también en la ceremonia el premio Gabriel García Márquez a la Excelencia periodística, que ya había sido anunciado el martes 19. El premio de periodismo García Márquez fue creado este año y formaron parte de su jurado periodistas como Héctor Abad Faciolince (Colombia), Martín Caparrós (Argentina), Jean-François Fogel (Francia) y Sergio Ramírez (Nicaragua), entre otros. El premio tiene una recompensa de 15.000 dólares para los ganadores y de 2.500 para los dos primeros finalistas. La FNPI, creada por el nobel colombiano de literatura, tiene su sede en la ciudad de Cartagena, sobre el mar Caribe. Fuente: DPA *** Publicarán diario venezolano de Alejo Carpentier Un diario inédito del autor cubano Alejo Carpentier (1904-1980), escrito durante los años que vivió en Venezuela y descubierto en La Habana entre la papelería que custodia la fundación que lleva su nombre, se publicará alrededor del 26 de diciembre, fecha de su natalicio, según se anunció el jueves 21 de noviembre. Con el título Diario 1951-1957 y bajo el sello Letras Cubanas, el libro incluye “anotaciones cotidianas” y “reflexiones íntimas” de Carpentier y abarca el período entre 1951 y 1957, considerado por muchos críticos como uno de los más prolíficos en su obra. Carpentier vivió autoexiliado en Venezuela entre 1945 y 1959 y algunos investigadores ven esa etapa como “la más fecunda de su vida” porque fue allí donde escribió tres de sus grandes novelas: Los pasos perdidos, de 1952 e inspirada en la geografía venezolana; El acoso, de 1956, y El siglo de las luces, terminada en 1958. Según la directora de la Fundación Alejo Carpentier, Graziella Pogolotti, el texto “es algo totalmente desconocido y nos sorprendió muchísimo” por las características del autor, que no escribía diarios. La ensayista y crítica de arte agregó que el novelista refleja en el diario “sus lecturas del día a día, la música que escuchaba, con comentarios y notas para sí y no para el público”. Carpentier, novelista, narrador y periodista, es reconocido entre los primeros en introducir el término de “lo real maravilloso” y el neobarroco en el continente, y fue galardonado en 1977 con el Premio Cervantes. Pogolotti rememora que este diario fue encontrado hace algunos años por la viuda y albacea del escritor, Lilia Esteban —fallecida en 2008—, dentro de un sobre sellado, en la casa donde vivió Carpentier, sede de la fundación. Esteban dejó incluso un apunte en una agenda en el que comentó su sorpresa sobre el asunto. “El diario revela las angustias del escritor; lo empieza cuando estaba escribiendo Los pasos perdidos, en un momento en el que se siente muy inseguro, algo que sucede con los escritores, sobre todo porque era una novela que implicaba un cambio muy importante en su obra”, explicó Pogolotti. Fuentes: DPA • EFE *** Crean un ron en homenaje a Gabriel García Márquez La Fábrica de Licores de Antioquia, una licorera colombiana, lanzó el jueves 21 de noviembre el ron Maestro Gabo Reserva Especial, en honor al escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez. El gerente de la compañía, Fernando Restrepo, explicó que el homenaje a García Márquez es un “licor tipo Premium elaborado con siembras de 30, 17 y 12 años que lo convierten en una exclusiva bebida con características que evocan la magia del Caribe y recogen la inspiración del Nobel”. Restrepo agregó, en diálogo con la cadena radial colombiana Caracol, que la compañía está comprometida con la realización de “productos conmemorativos que enaltezcan a los grandes personajes que dejan en alto el nombre de Colombia ante el mundo”. En este sentido, ya a finales de 2012 lanzaron el ron Maestro Botero Reserva Especial. “De color caoba de excelente brillo, el Maestro Gabo Reserva Especial es un ron de notable pasión, sabor y olor equilibrados con notas dulces a fruta y vainilla, que se combinan con sensaciones más profundas producidas por las notas de frutos secos, especias y tabaco”, detalló el gerente de la licorera. Con las ventas del licor, que tuvo un proceso de creación de seis meses y está envasado en una botella que tiene la imagen de García Márquez, mariposas amarillas y varias palabras relacionadas con la vida y la obra del escritor, la empresa espera generar recursos para aportar al arte y la cultura. De acuerdo con Restrepo, 40% de las ganancias del Maestro Gabo Reserva Especial será aportado a la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), creada por el escritor en 1995. Fuentes: Caracol Radio • DPA *** Premian a la biblioteca del Instituto Cervantes de Tetuán La biblioteca “Vicente Aleixandre” del Instituto Cervantes de Tetuán, en Marruecos, ha sido galardonada en la octava edición de los premios de la Sociedad Española de Documentación e Información (Sedic) por su proyecto “Digitalización y difusión del fondo Alfonso de Sierra Ochoa”. El premio se entregó el jueves 21 de noviembre durante las XV Jornadas de la Sedic en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid. El proyecto forma parte de las colecciones digitales del Instituto Cervantes, diseñadas en el software especializado CONTENTdm, y accesibles desde el portal web del centro a través de la dirección http://coleccionesdigitales.cervantes.es/cdm/landingpage/collection/FASO. Este proyecto de digitalización de un fondo de gran importancia patrimonial y urbanística sobre la ciudad de Tetuán comenzó en 1989 con la donación del mismo por el arquitecto Alfonso de Sierra Ochoa, y ha constituido un compromiso sostenido para diferentes profesionales de la información que pasaron por la biblioteca salvaguardando, registrando, catalogando y, finalmente y gracias a las tecnologías disponibles en la institución, digitalizando el fondo. La importancia del proyecto reside igualmente en los esfuerzos dedicados a la difusión del fondo digital y su acercamiento a la comunidad, apostando por el uso de las nuevas tecnologías y utilizando todos los recursos disponibles. Además de la creación de un blog en el que se ha registrado toda la información de interés sobre la exposición y sus contenidos, y de la inclusión de la colección digital en otros repositorios españoles e internacionales —como Hispana y Worldcat—, la biblioteca mantiene una exposición física que aglutina los documentos originales, los digitales y las investigaciones contemporáneas sobre el tema. Titulada “Tetuán desafío moderno 1912-2012. Alfonso de Sierra Ochoa y la cuestión de la vivienda”, la exposición se inauguró en Tetuán (2012) y en Casablanca (2013), y todos los contenidos se recogen en el catálogo de la exposición de nombre homónimo, que incluye además las reflexiones de investigadores y bibliotecarios involucrados en esta exposición. El proyecto cuenta con el apoyo institucional, desde la Biblioteca General y Archivos de Tetuán y el colectivo Tetuan Modern Challenge, hasta el Departamento de Bibliotecas y Documentación y el Departamento de Actividades Culturales del Instituto Cervantes de Madrid y el Instituto Cervantes de Tetuán. Fuente: Instituto Cervantes de Tetuán *** Murió a los 88 años el dramaturgo cubano Abelardo Estorino El célebre dramaturgo cubano Abelardo Estorino, Premio Nacional de Teatro 2002, falleció el viernes 22 de noviembre en La Habana a los 88 años de edad. Nacido el 29 de enero de 1925 en Unión de Reyes, Estorino legó clásicos del teatro cubano como La casa vieja (1964) y su versión de la novela Las impuras, de Miguel de Carrión, en 1962. Además, fue el autor de la gran comedia musical cubana Las vacas gordas (1962), junto con el tándem creativo de Gerardo Piloto y Alberto Vera, así como una amplia colección de piezas infantiles. Estorino llegó a La Habana en 1946 para estudiar cirugía dental, profesión que ejerció entre 1954 y 1957, pero pronto lo atrapó el mundo del teatro. En 1954 escribió su primera pieza, Hay un muerto en la calle, aún inédita, y dos años después montó El peine y el espejo, que estrenó en 1960, como punto de partida para una década prolífica. Estuvo vinculado a Teatro Estudio, con los hermanos Vicente y Raquel Revuelta, y durante las tres décadas siguientes sus obras fueron montadas por múltiples compañías cubanas y extranjeras. Fuente: Juventud Rebelde *** México concede a Hugo Gutiérrez Vega el Premio Nacional de Literatura El escritor, periodista y diplomático Hugo Gutiérrez Vega (Guadalajara, 1934) es el ganador del Premio Nacional de las Artes 2013 en el área de Literatura, debido a sus trabajos literarios, su poesía y “toda aquella escritura que deja reflexiones importantes” en la vida diaria, según anunció el secretario de Educación Pública de México, Emilio Chuayffet, el viernes 22 de noviembre. El secretario llamó al escritor y periodista para confirmarle que el Premio Nacional de las Artes 2013 se le otorgará de manos del presidente Enrique Peña Nieto en una ceremonia especial que se llevará a cabo en la segunda semana de diciembre. Gutiérrez Vega se tituló como abogado en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y luego dejó de ejercer y se dedicó a la literatura. “Me atrajo la belleza del derecho abstracto, pero cuando practiqué la frialdad del derecho penal en concreto, no pude más, me retiré”, dijo en una oportunidad. Bazar de asombros, Algunos ensayos, Los pasos revividos, Georgetown Blues y otros poemas, Cuando el placer termine y Los soles griegos, entre otros, son parte de las obras del escritor, poeta y periodista Hugo Gutiérrez Vega, quien además es director del suplemento cultural La Jornada Semanal. El reconocido escritor y periodista ha recibido el Premio Nacional de Periodismo en 1999 y el Premio Xavier Villaurrutia 2002, entre otros. Fuente: La Jornada *** El Cervantes y la Unam firman acuerdo para promover el castellano El Instituto Cervantes y la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) unen sus esfuerzos para promocionar el castellano en el extranjero, gracias a un acuerdo de colaboración que han firmado ambas instituciones. Con este acuerdo, el Centro de Estudios Mexicanos, dependiente de la Unam, instala su sede en el Instituto Cervantes de Madrid para favorecer la difusión de la cultura mexicana y fortalecer la presencia en España de esta universidad, la mayor del país americano, con más de 300.000 alumnos. “Nos hemos propuesto ‘iberoamericanizar’ el Cervantes y así unir esfuerzos, porque es un absurdo que vayamos a los países de Asia-Pacífico por separado, así evitaremos duplicidades”, aseguró el director del Cervantes, Víctor García de la Concha, en la presentación del acuerdo ante los medios el lunes 25 de noviembre. Este acuerdo permitirá la colaboración mutua en temas como la enseñanza del español para extranjeros y la formación de profesores de la Red Iberoamericana de Docencia del Español como Segunda Lengua. “La colaboración es como una novela por entregas, hemos conocido la primera entrega pero tenemos que empezar a escribir las páginas de la siguiente para que sea tan exitosa como la primera”, aseguró el rector de la Unam, José Narro Robles. El Centro de Estudios Mexicanos fue inaugurado el mismo lunes por el ministro español de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo. Este centro tratará de fomentar el intercambio académico y la movilidad de los alumnos de la Unam con las universidades españolas. El acuerdo ayudará al Instituto Cervantes a promocionar la lengua española, especialmente en Estados Unidos, y llega tras una larga cooperación que surgió en 2003 y a la que pretenden que se unan otras instituciones iberoamericanas. Estados Unidos, Canadá y China cuentan ya con Centros de Estudios Mexicanos, y próximamente se abrirán nuevas sedes en Francia y Costa Rica. El Centro de Estudios Mexicanos también firmó un acuerdo con el Ateneo Español de México para organizar y difundir actividades académicas y culturales. Fuente: EFE *** Carlos Monsiváis fue investigado por el FBI Al Buró Federal de Investigación (FBI) le inquietó la presencia en Los Ángeles del fallecido intelectual mexicano Carlos Monsiváis (1938-2010) por una posible conexión con actividades del efervescente movimiento chicano en la década de 1970, revelan documentos obtenidos por el diario en español La Opinión, de Los Ángeles, y publicados el lunes 25 de noviembre. Los reportes del FBI sobre Monsiváis, considerado el padre de la crónica moderna en México, fueron desclasificados el 13 de noviembre por una solicitud a través de la Ley Federal de Información (Foipa) hecha por el diario mexicano. La agencia envió 12 páginas elaboradas en 1973 y 1974. Para los servicios de inteligencia de Estados Unidos, el autor de Días de guardar y Nuevo catecismo para indios remisos era una persona incómoda por su afiliación a “organizaciones prohibidas”, como Nueva Izquierda, que publicó una revista sin nombre y distribuida en universidades locales. También le preocupó al FBI que el ensayista y cronista fuese identificado en 1969 como uno de los que apoyaron al comité internacional que defendió a Eldridge Cleaver, líder del partido Black Panthers, grupo socialista revolucionario negro que operó en este país de 1966 a 1982. La dependencia federal temía que Monsiváis se involucrara en Los Ángeles en las acciones que el movimiento chicano realizaba a principios de la década de 1970, como pedir justicia por la muerte del periodista Rubén Salazar cuando cubría una marcha antibélica en el este de esa ciudad. De tal manera que la agencia recomendó no otorgar una visa solicitada por el intelectual para participar en el Cuarto Congreso Internacional de Estudios Mexicanos, que se realizó en Santa Mónica en octubre de 1973, y para vacacionar unos días. La Embajada de Estados Unidos en México, empero, sí le otorgó el permiso. “A la luz del informe relativo a la posible conexión del sujeto (Monsiváis) con la Nueva Izquierda en Ciudad de México, y su participación en actividades que pudieran estar conectadas con las actividades de chicanos, se solicita a Los Ángeles revisar los indicios y contactar fuentes lógicas en relación con la presencia y actividades del sujeto en Los Ángeles”, cita un informe del FBI de noviembre de 1973. No está claro si el ensayista asistió al congreso, ni si la hipótesis del FBI se confirmó. Un reporte emitido en 1974 indicó que no había certeza de su conexión con grupos chicanos y se detuvo la investigación. Para Armando Vázquez-Ramos, director del Proyecto California-México, uno de los involucrados en el movimiento chicano y quien invitó al escritor a un evento en la Placita Olvera en 2008, las inquietudes del FBI tenían fundamento. “Me imagino que Monsiváis sí tenía vínculos a diferentes niveles, quizás con académicos, personajes de liderazgo. Ya en 1973 Monsiváis traía cola en relación a lo que venía escribiendo y comentando sobre el 68 en México (la masacre de estudiantes en Tlatelolco), que coincide con el movimiento estudiantil en Los Ángeles”, comenta. De hecho, precisa Vázquez-Ramos, incidentes claves para ambas luchas ocurrieron en 1968: las marchas estudiantiles en esta ciudad pasaron en marzo; y la matanza de Tlatelolco sucedió en octubre. En 1973, dice, ya había una relación directa entre dirigentes estudiantiles estadounidenses y mexicanos, y el gobierno de EUA habría considerado a Monsiváis como un portavoz de estos movimientos. Octavio Pescador, catedrático de la Universidad de California en Los Ángeles (Ucla), ve los informes del FBI en el contexto de un período menos agitado de la Guerra Fría, pero en el que permanecían servicios rusos de inteligencia en América Latina. “Alguien con prominencia intelectual, capacidad de movilidad y que pudiera venir a Estados Unidos resultaba de interés para este país”, explica. La estatura intelectual de Monsiváis habría sido el principal miedo del FBI, presume Pescador. “Los grupos de izquierda, todo aquel que busca emancipación o que aboga por los oprimidos, normalmente gravitan hacia los pensadores críticos como Carlos Monsiváis”, señala. En junio pasado, el FBI también desclasificó reportes de espionaje del escritor mexicano Carlos Fuentes, a quien vigiló por más de dos décadas por considerarlo un “autor comunista antiestadounidense”. Fuentes y Monsiváis coincidieron en las cátedras que la Universidad de Guadalajara organizó en la Biblioteca Central de Los Ángeles hace cinco años. Fuente: La Opinión *** La RAE presenta un libro sobre la evolución de nuestro idioma El libro La lengua y la palabra, que aborda la historia y los retos actuales de la Real Academia Española (RAE), a 300 años de su creación, fue presentado en Madrid el lunes 25 de noviembre. El volumen cuenta con la participación de destacados académicos como Carmen Iglesias, Darío Villanueva, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio del Bosque, Juan Pablo Fusi, Mario Vargas Llosa y Manuel Seco. La lengua y la palabra surgió como catálogo para la exposición del mismo nombre inaugurada por la Biblioteca Nacional de España el 26 de septiembre y que se podrá visitar hasta el 26 de enero de 2014, como informamos en nuestra edición 287 (http://www.letralia.com/287/0926rae.htm). En este libro, los lectores podrán disfrutar del análisis y el ensayo centrado no sólo en la historia de la Academia, sino también en su objeto de estudio; la evolución de la palabra, del habla y de la lengua española y su estudio científico. La Ilustración, la Constitución de 1812, la incorporación de la mujer a la Academia, la defensa de la independencia institucional y la política de la RAE son algunas de las cuestiones abordadas. Los autores participantes en esta edición incluyen textos sobre algunos retos del cierre del siglo XX y del presente, en particular de la revolución cognitiva y tecnológica, que afectan de manera significativa el análisis de la lengua, cristalizando en una nueva generación en diccionarios, gramáticas y ortografía. En la presentación de este libro, patrocinado por el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), el académico José Manuel Sánchez Ron habló de la historia de la RAE: “Los iniciadores tuvieron un ambicioso proyecto que querían que tuviera una meta: hacer un diccionario de la lengua española”. “Éste constituyó una academia que se compusiese de sujetos condecorados y capaces de especular y discernir los errores con que se vició el idioma español con la introducción de muchas voces bárbaras e impropias para el uso de la gente discreta”, continuó. El vocero agregó que “así empezó la proeza de ocho hombres decididos que comenzaron un 6 de julio de 1713 en la casa del marqués de Villena”. En su oportunidad, el crítico literario Darío Villanueva habló de la evolución de los tiempos y las nuevas oportunidades de acercar su trabajo a la sociedad. “Estamos en el siglo XXI, y por suerte, hoy en día nuestro diccionario está en la red y se puede consultar desde un ordenador o un teléfono inteligente. Sólo el pasado mes de octubre recibimos 45 millones de consultas”, sostuvo. El también miembro de la RAE hizo referencia a la supresión, en el diccionario, de palabras y acepciones consideradas ofensivas, sexistas o que pueden fomentar la violencia contra las mujeres. “Las definiciones se depuran continuamente en todo aquello que puede ser ofensivo con el modo en el que se dice”, pero el diccionario de la RAE nunca podrá “suprimir” palabras porque son “canallas o inofensivas”, “simplemente porque esas palabras se usan”, explicó. Eliminar ciertas palabras porque son “injustas” supondría el “final del diccionario”, agregó Villanueva, quien estima que de esta manera comenzaría una espiral “que no tendría fin”. No obstante, matiza que el hecho de que estas palabras aparezcan en el diccionario no significa que éste promueva la violencia, y subraya que “se están depurando” todo lo que se puede. El también académico José Manuel Sánchez Ron apoyó la postura de su compañero con el argumento de que eliminar términos significaría “matar la historia”. “Los valores son una cosa, la historia otra. El diccionario de la RAE es como un cubo de Rubik que contiene montones de dimensiones”, señaló. En la misma línea, la académica Carmen Iglesias defendió que la RAE “no reinventa palabras y acepciones”, sino que la sociedad evoluciona y va dejando atrás las que ya no tienen vigencia. En este sentido, indica que existen acepciones que se encuentran en la literatura del Siglo de Oro, por ejemplo, que han de aparecer en el diccionario. No obstante, algunas de las acepciones más denostadas por su sesgo machista desaparecerán en la vigésimo tercera edición, que saldrá en octubre de 2014. Lo femenino dejará de equivaler a “débil y endeble”, y lo masculino ya no será sinónimo de varonil y enérgico, por ejemplo. Tampoco será más huérfano quien haya perdido al padre que a la madre. Los verbos periquear y babosear ya no se referirán a la mujer en los términos de “disfrutar de excesiva libertad” u “obsequiar con exceso”, y en las cerca de noventa y tres mil entradas de la nueva obra se incorporará lema doble para profesiones como herrero, costalero, soldador o cerrajero, entre otros. Villanueva recordó que la 23ª edición del Diccionario será la última que procede “de la estirpe del Diccionario de autoridades, pero no es la última en papel. Lo que sucede es que el diccionario número 24 va a ser un diccionario digital que tendrá una edición impresa y no al revés como ha sido hasta ahora”. Por ese motivo el nuevo diccionario se presentará durante el simposio “El futuro de los diccionarios en la era digital”, en el que participarán expertos de todo el mundo. La RAE, concluyó Villanueva, no se muestra “apocalíptica” ante la irrupción de las nuevas tecnologías, ya que no consideran que con ellas se vaya a perder la lengua. En este sentido, respecto al uso de abreviaturas en los dispositivos móviles, indicó que ya se usaban en la Edad Media. Fuentes: EFE • El País • Notimex *** José Marcial Ramos Guédez recibe el Premio de Historia González Guinán El historiador venezolano José Marcial Ramos Guédez (Caracas, 1950) recibió el martes 26 de noviembre el Premio Nacional de Historia Francisco González Guinán 2013, que otorga la Academia Nacional de la Historia de su país. La información fue suministrada por el director de la institución, Ildefonso Leal, quien en comunicación dirigida al ganador señala que el premio consiste en un diploma y la cantidad de cinco mil bolívares, “en reconocimiento a su valiosa obra en el campo de la historiografía nacional”. Agrega la comunicación que “la Academia se siente muy honrada de que un historiador de su valía intelectual haya sido distinguido con este galardón”. El premio será entregado el jueves 12 de diciembre a las 11:30 de la mañana en el salón de sesiones de la ANH, ubicada en el Palacio de las Academias, en Caracas. Ramos Guédez es licenciado y magister en historia por la Universidad Central de Venezuela (UCV). En 1993 obtuvo el doctorado en historia de la Universidad Santa María. Es profesor universitario en varias instituciones venezolanas y actualmente es profesor en el Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel). Autor de más de treinta libros y de unos 300 artículos publicados en fuentes hemerográficas nacionales y del exterior, su línea de investigación tiene que ver con la cultura de origen africano y la esclavitud. Fuente: El Universal *** Juan Villoro recibió homenaje de la Casa de las Américas La Casa de las Américas de La Habana abrió el martes 26 de noviembre su “Semana de Autor”, dedicada este año al escritor y periodista mexicano Juan Villoro, quien se declaró “conmovido” por el reconocimiento de una institución considerada “legendaria” por su generación. “Este espacio tiene para mi generación un estatuto absolutamente legendario. Yo tengo casi la edad de la revolución cubana, de modo que crecí en México leyendo las ediciones de Casa de las Américas”, rememoró el autor mexicano antes de impartir la conferencia titulada “La desaparición de la realidad”, con la que se inauguró el evento. En declaraciones a corresponsales, el autor de El testigo (Premio Herralde, 2004) destacó su afinidad e interés por escritores cubanos de su generación como Senel Paz, Arturo Arango, Reinaldo Montero, Leonardo Padura o Abilio Estévez. “Yo creo que buena parte de la mejor literatura del idioma (español) se está escribiendo en Cuba”, dijo Villoro (México DF, 1956), quien definió a la isla caribeña como “un vivero cultural muy importante”. Destacó también la especial relación que han tenido siempre Cuba y México, el único país de la región que no rompió relaciones con la nación caribeña tras el triunfo de la revolución castrista en 1959, y abogó por reactivar los lazos con una isla “imprescindible para América”. “En los últimos doce años se había debilitado esa relación porque teníamos (en México) un gobierno conservador con una política exterior más que mala, nula. Una política que afortunadamente ya se desvaneció”, opinó. Preguntado por sus actuales proyectos literarios, Villoro explicó que trabaja en una obra sobre Ciudad de México, “un libro sin ficciones, con memorias, testimonios y crónicas de 50 años de una ciudad que ha crecido de manera inconmensurable”. “El problema es que el libro se parece mucho a su tema y ha crecido de manera tal, que más que un corrector de estilo, necesito un urbanista que le ponga orden. En esas estoy”, bromeó. La trayectoria de Villoro, a quien la Casa de las Américas presentó como “un gran narrador, un reivindicador del periodismo y un privilegiado ejercitador de la crónica”, centró las conferencias y actos de esta “Semana de Autor” que se extendió hasta el viernes 29. Entre otros, se presentaron en Cuba su pieza teatral Conferencia sobre la lluvia, interpretada por el actor mexicano Diego Jáuregui bajo la dirección de Sandra Félix, así como Espejo retrovisor, una antología personal que reúne 30 años de trabajo en los géneros del cuento y la crónica. “Autor de casi una treintena de títulos que se mueven en los géneros más diversos, del cuento y la novela, al teatro y la crónica (...), pasando por la crítica y la literatura para niños, nada humano parece serle ajeno”, dijo de Villoro el director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, Jorge Fornet, en la apertura del evento. Fuente: EFE *** Ramón Barea gana el Premio Nacional de Teatro de España El actor y director teatral Ramón Barea ha sido galardonado el martes 27 de noviembre con el Premio Nacional de Teatro 2013 de España, que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y que está dotado con 30.000 euros. El jurado concedió este galardón por mayoría a Ramón Barea “por su amplia trayectoria como hombre de teatro integral en la que ha desarrollado todas las facetas en este ámbito (actor, director, dramaturgo y productor)”. También se destacó que Barea “ha combinado proyectos arriesgados —como la sala bilbaína ‘Pabellón 6’, con una clara implicación en su entorno más cercano— con otros de amplia difusión nacional, como sus últimos trabajos en la Compañía Nacional de Teatro Clásico, En la vida todo es verdad o todo es mentira, o Las comedias bárbaras, en las que asume el rol principal de Montenegro”. Barea (Bilbao, 1949), actor, director, dramaturgo y productor, comienza a trabajar en los años setenta formando parte de los grupos de teatro independiente profesional del País Vasco: Cómicos de la Legua y Karraka, de los que fue fundador y actor, para pasar posteriormente a escribir teatro y a ejercer la dirección. En este tiempo destacan espectáculos como el musical Bilbao Bilbao, Oficio de Tinieblas 5, Okupado, Euskadifrenia, Ubú Emperatriz, La Palanca Gran Cabaré y Hoy última función. Más recientemente, entre sus trabajos teatrales destacan La monja alférez, de Domingo Miras; el monólogo Los perjuicios del tabaco, de Chéjov; Luces de Bohemia; La tempestad; Coriolano; Morir cuerdo y vivir loco, escrito y dirigido por Fernando Fernán Gómez; El chico de la última fila y Cartas de amor a Stalin de Juan Mayorga; Puerta del Sol de Jerónimo López Mozo; Beaumarchais, de Sacha Gitry, y En la vida todo es verdad y mentira. Como director teatral sus últimos trabajos han sido El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, basado en el ensayo del neurólogo Oliver Sacks; y El hombre de los dados, de Luke Rinhard, de los que ha hecho igualmente la dramaturgia; El buscón; Emma; Bilbao Bilbao; Ecografías y Esencia patria. Ha participado como actor en diversas series de televisión, mientras que en cine ha trabajado en más de cien películas, entre ellas El cura Santacruz, Entre todas las mujeres, En la puta calle, Matías juez de línea y Atilano Presidente. También ha participado en óperas primas de Imanol Uribe, Enrique Urbizu, Julio Medem, Juanma Bajo Ulloa, Pablo Berger, Ana Díez y Álex de la Iglesia. El jurado estuvo integrado por Asunción Bernárdez, Alfonso Zurro, Garbi Losada, Paco Mir, Alfonso Plou, y Emma Suárez. Lo presidió el director general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem), Miguel Ángel Recio, y actuó como vicepresidenta la subdirectora general de Teatro, Cristina Santolaria. Junto a Blanca Portillo (2012), entre los premiados en ediciones anteriores se encuentran Ramón Fontserè (2000), Fernando Arrabal (2001), José Luis López Vázquez (2002), Gustavo Pérez Puig (2003), José Monleón (2004), la Compañía Animalario (2005), José María Pou (2006), Juan Mayorga (2007), el Centro de Arte y Producciones Teatrales, Atalaya TNT (2008), Vicky Peña (2009), la Compañía Teatro La Zaranda (2010) y Juan Gómez-Cornejo (2011). Fuente: Europa Press *** Hansel Leonel Espinoza Villatoro recibe el Premio Monteforte Toledo El miércoles 27 de noviembre se le entregó al escritor guatemalteco Hansel Leonel Espinoza Villatoro el VI Premio Centroamericano de Cuento Mario Monteforte Toledo, por su obra Copenhague, que narra la historia de un trapecista que un día decidió cortarse la vida en un espectáculo. El escritor nació en 1989 en Retalhuleu (Guatemala), en el seno de una familia lectora, y desde pequeño le llamaron la atención los libros y la escritura. “Considero a la literatura como un escape y una forma de crecer como persona, de viajar sin moverme”, dijo. Este premio es el segundo que recibe en el año, pues en enero ganó los Juegos Florales de Chiquimula, también en cuento. “Es reconfortante que le entreguen a uno un premio tan importante, principalmente porque es un reconocimiento centroamericano. Esto será una motivación para mi carrera literaria”, expresó Espinoza. El ganador reconoce que su literatura está influenciada por escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Adolfo Bioy Casares. “Me gustan los relatos con fantasía, pero que estén bien escritos”, puntualizó. Fuente: Prensa Libre *** España perdió más de 24.000 trabajadores culturales entre 2011 y 2012 El número de trabajadores dedicados a la cultura pasó de 481.700 en 2011 a 457.600 en 2012, lo que supone un descenso de 24.100 empleados, según se desprende del Anuario de Estadísticas Culturales 2013, publicado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes este 28 de noviembre. Según el informe, que busca dar a conocer anualmente la situación de la cultura en España, el total de empresas cuya actividad económica principal es la cultura pasó de 103.320 a 101.342 en el mismo período, lo que supone que se perdieron 1.978 empresas en un año. También descienden de un año a otro la financiación y el gasto público en cultura. El gasto líquido dedicado a la cultura por la Administración General del Estado pasó de 1.051 millones de euros a 957 millones. En las comunidades autónomas el descenso del gasto cultural pasó de 1.769 millones de euros de 2011 a 1.483 millones de 2012, mientras que en los ayuntamientos decrece de 4.043 millones a 3.397 millones. Las familias españolas también han disminuido el dinero que dedican a la cultura. Así, pasan de 14.364 millones a 13.371 millones. Como datos positivos destacan el aumento del consumo de lectura entre los españoles en los últimos años y el incremento del número de alumnos matriculados a enseñanzas relacionadas con el ámbito cultural. Fuente: Europa Press *** Premio Aljabibe para el poeta español Manuel Gahete Jurado El escritor cordobés Manuel Gahete Jurado ha sido galardonado con el XIV Premio de Poesía Aljabibe por su obra Ese antiguo sueño de vivir, del que el jurado destacó que, partiendo de bases renacentistas, “se entremezcla con acentos y formas de la lírica popular o se manifiesta en formas clásicas y evoca en verso libre las angustias románticas y las preocupaciones sociales y metafísicas del autor”, según se anunció el jueves 28 de noviembre. La Asociación Aljabibe, que preside el ex presidente del gobierno andaluz Rafael Escuredo, hizo público el fallo del premio en la Delegación de la Junta de Andalucía en Madrid, en un acto que contó con la asistencia del galardonado, quien manifestó sentirse “emocionado y agradecido”. “Es un reconocimiento a la poesía andaluza, que es la mejor del mundo”, dijo Gahete, “agradeciendo” a la Asociación Aljabibe su “lucha” por la poesía andaluza y reconociendo su “admiración e intento de imitación” del también poeta cordobés Pablo García Baena, presidente del Jurado. La ganadora de la primera edición del Aljabibe de Poesía, Rosa Díaz, fue la encargada de realizar la semblanza literaria de la obra, destacando el “esplendor” de su lenguaje y “el encuentro de la palabra engarzada con meticulosa labor de taracea”. Esas palabras “suenan a nuevas por arcaicas o elitistas” que sean, añadió. Durante su intervención manifestó que “el poeta nombra lo inestable y lo rescata”, “pule y distribuye con magisterio y sabiduría” las palabras y llega “sin ascos ni repudios lo mismo al latín bajo que al caló”. “Su lenguaje es ni rebuscado ni encontrado, sino escogido y seleccionado, justo y hábil”, dijo. Además, para Díaz, el poeta sigue la tradición clásica y, para ello, se alía “con distintas perspectivas literarias con oficio y sin encorsetamiento”. “Se mueve desde aquí hasta Manrique, coexistiendo con los maestros que nos renovaron el lenguaje en América y con los nutrientes de la poesía europea, no exento de los libros santos de la oralidad”. Contiene guiños a Salinas, a Neruda y a Pablo García Baena, concluyó. El que fuera presidente de la Junta, Rafael Escuredo, también reflexionó durante su intervención sobre el “tiempo difícil para la cultura y para la poesía” que vivimos, y reconoció que es “un momento complicado y, por ello, difícil mantener el premio”, por lo que agradeció al gobierno regional “el esfuerzo que hace dando algún dinerito” para el galardón. Sin embargo, la delegada de la Junta en Madrid, Candela Mora, subrayó que, pese a la situación, que el Premio Aljabibe haya alcanzado ya su XIV edición pone de manifiesto que “nunca hay malos tiempos para la lírica”. Mora subrayó el apoyo de la Delegación a la actividad cultural andaluza como “ventana” en Madrid. Fuente: Europa Press *** Biblioteca digital brasileña brinda acceso al catálogo de la Cervantes La biblioteca digital brasileña Nuvem de Livros (http://www.nuvemdelivros.com.br), la de mayor nómina de usuarios en Iberoamérica, incluirá en breve el catálogo de los contenidos editoriales de la española Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com) para que pueda ser consultado desde ordenadores, teléfonos inteligentes y tabletas. Según un comunicado emitido el jueves 28 de noviembre por la Cervantes, con sede en la Universidad de Alicante, esta nueva posibilidad es fruto del reciente acuerdo alcanzado por la fundación de la biblioteca virtual española con la editora Gol, con sede en Río de Janeiro. El convenio tiene como ámbito de actuación tanto España como Brasil y el resto de Iberoamérica, y prevé la distribución de las obras por medio de su plataforma web, accesible por cualquier aparato provisto de navegador o aplicaciones de acceso a Internet. El catálogo editorial de la Cervantes, en formato epub2, se compone en estos momentos de más de 300 clásicos de la literatura española e iberoamericana. Destacan las obras de los considerados autores fundamentales en español, como Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Larra, Galdós y Rubén Darío, y también hay espacio para otras firmas menos conocidas aunque de indudable valor literario, como Gonzalo de Céspedes y Meneses, Juan Cortés de Tolosa o Julia de Asensi. La plataforma Nuvem de Livros comenzó su andadura en Brasil en 2011 y en apenas dos años ha superado el millón de suscriptores, lo que le ha llevado a convertirse en la biblioteca “online” con mayor número de usuarios en Iberoamérica. En la actualidad, ofrece más de 10.000 contenidos multimedia entre libros, audios, videos y teleaulas para todas las edades, y su responsable literario es Antônio Torres, uno de los autores brasileños más respetados, miembro de la Academia Brasileña de Letras y premio Machado de Assis en 2000. Por su parte, la Cervantes nació en 1999 por iniciativa de la Universidad de Alicante, el Banco Santander a través de la división global Santander Universidades, y la Fundación Botín. En la actualidad se desarrolla bajo la tutela de la fundación del mismo nombre, que preside el Nobel 2010, el peruano Mario Vargas Llosa, y su objetivo es la difusión de la cultura iberoamericana. Ofrece en Internet libre acceso a más de 160.000 registros bibliográficos y ha obtenido el premio Stanford para la innovación en bibliotecas de investigación. Fuente: EFE *** Perú toma medidas para preservar el idioma quechua El Ministerio de Cultura del Perú anunció este 28 de noviembre que, debido al poco interés de la juventud en hablar la lengua quechua, adoptará medidas para preservar e incrementar el número de 3 millones 360 mil peruanos que actualmente hablan y entienden el idioma de los incas en todo el país. José Antonio Vásquez Medina, coordinador de la Dirección de Lenguas Indígenas del ministerio, adelantó la implementación de la Ley de Lenguas Originarias 29.735, que se aprobó en 2011, a fin de mantener este patrimonio inmaterial. “Las tareas que tenemos son diversas y van desde la investigación de lenguas, registros de lenguas y formación de intérpretes para brindar servicios públicos, hasta la recuperación de las lenguas en peligro de desaparición”, indicó. “El gran desafío es hacer que más personas hablen la lengua originaria en el ámbito urbano”, agregó. Una de las voces más autorizadas para la promoción del quechua en la Ciudad Imperial es la Academia Mayor de la Lengua Quechua. Fernando Hermoza, su presidente, subrayó que el reto mayor de esta institución es cómo hacer que el quechua deje ser una lengua oral para convertirse en una lengua escrita, con una propia sintaxis, normas y lingüística. En ese sentido, hay una experiencia desde la Municipalidad de Cusco, bautizada como “La Hora del Quechua”, en el que a través del teatro, animación de lectura, poesía, relatos y música, se difunde y promueve el uso del idioma quechua. Silvia Uscamaita Otárola, teniente alcaldesa de la Municipalidad Provincial del Cusco, comenta: “Estamos promoviendo la práctica del idioma en los diversos centros educativos de la zona”. La idea es capacitar a todo el personal interno de la municipalidad para que puedan atender a la población en su lengua originaria. “Sin embargo, nuestra preocupación está en los niños y jóvenes, a quienes no se les está inculcando el idioma quechua”. Fuera del ámbito estatal, el Centro Guamán Poma de Ayala y la empresa Microsoft Perú vienen trabajando también en la preservación del idioma de los incas. Virginia Cáceres, vocera del centro, explica que el principal problema es que esta lengua es básicamente oral, por lo que urge crear una normativa para su uso en el plano escrito. “Sólo así se podrá garantizar su permanencia”, asegura. Ellos apoyan a la municipalidad en su programa de impulso a esta lengua. En tanto, la empresa acaba de lanzar aplicaciones para tabletas y otros softwares en los que se emplea el quechua. Según la Academia Mayor de la Lengua Quechua, el 95% de los cusqueños entiende quechua, pero solo el 45% lo habla. Fuente: Andina *** Juan José Rodríguez gana en Cuenca el IV Festival de la Lira El poeta, traductor y licenciado en periodismo Juan José Rodríguez (http://www.letralia.com/firmas/rodriguezjuanjose.htm) es el ganador de la IV edición del Festival de la Lira, premio que dio a conocer el jurado del certamen la mañana del jueves 28 de noviembre. Rodríguez (Ambato, Ecuador, 1979) es premiado por su libro Estereozen, publicado por la editorial Tribal, en Lima, Perú, en 2012. La entrega del premio, que está dotado con la “Lira de Oro” y 30.000 dólares —gracias al auspicio de la Fundación Cultural Banco del Austro— se realizó el viernes 29 en la clausura del festival. El poeta ecuatoriano, quien tiene un magíster en Estudios de la Cultura con mención en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar, también ha escrito varios ensayos y cuentos. Rodríguez se mostró contento de que su libro —en el que hace referencia al budismo, a la contemporaneidad y a su ex mujer, entre otros temas— le haya gustado al jurado. Además opinó que el Festival de la Lira es un certamen importante para entablar un diálogo con las personas y conocer trabajos de poetas ecuatorianos y extranjeros. Otro poeta galardonado fue el peruano Mario Pera, con su libro Ruido blanco. Él recibirá 5.000 dólares por parte del Municipio de Cuenca. Fuente: El Comercio *** Páginas de Espuma publica todos los cuentos de Anton Chejov Anton Chejov, el maestro universal del cuento y de la prosa pura y desnuda con la que diseccionó sin esfuerzo la complejidad humana, escribió 600 relatos en su corta vida, 240 sin editar en español. Ahora se publica el primer tomo de sus Cuentos completos, también con relatos no publicados en vida. Un ambicioso proyecto que ha llevado a cabo la editorial Páginas de Espuma de la mano del eslavista, traductor y escritor Paul Viejo, quien ya preparó el monumental Diario de un escritor, de Dostoievski, y la correspondencia de Anton Chejov, nacido en 1860 y fallecido en 1904. “Se trata de reunir los muchísimos cuentos del escritor ruso y hacerlo de manera cronológica y ordenada para saber cuándo escribió cada cosa. El lector tendrá cuatro volúmenes en una edición digna de un clásico como él, que irán saliendo uno por año”, explica Viejo. En este primer volumen, que estará en la calle en España el 4 de diciembre y en América Latina a principios de 2014 —incluso habrá una edición mexicana a mitad de año—, se incluyen los primeros cinco años de producción de Chejov, de 1880 hasta 1885, con 90 cuentos hasta ahora sin traducir. “En estos primeros cuentos, y posiblemente también en los del segundo volumen, está el Chejov más prolífico, el joven estudiante de medicina que empieza a escribir y a mandar sus relatos a las revistas”, asegura. “Son piezas, en muchos casos humorísticas, que parodian a la sociedad rusa, pero que también muestran a un escritor preocupado por la forma y la experimentación del relato, por los temas y las nuevas propuestas”, subraya. En este tomo, de tapa dura y con una larga introducción, Paul Viejo afirma que hay un Chejov que va construyendo lo que hoy se conoce como el relato moderno con clima chejoviano. “En estos cuentos, muchos de ellos por encargo, hay destellos alucinantes, porque él se adaptaba al espacio que le daban, y crea así el relato moderno evitando la tradicional estructura de inicio, desarrollo y desenlace, para dejar los finales abiertos, lo que hoy reconocemos como finales chejovianos”, argumenta. Un volumen con 90 cuentos en español que nunca habían aparecido en ninguna antología, y que Viejo ha traducido de la edición canónica de cuentos de Chejov que publicara la Academia de las Ciencias de Moscú. “Aquí el lector se va a encontrar con un escritor muy fresco e irreverente, con una modernidad sorprendente, por los temas y la forma, con una corrección política espectacular y una técnica muy elegante. Existe una gran experimentación con la forma y lo que ahora llamaríamos pequeñas vanguardias”, subraya. Ejemplos de esta experimentación chejoviana en este volumen hay muchos, como el cuento en el que el autor de “La dama con perrito” dedica a detallar los tipos de cartas que existen, como las cartas románticas, oficiales, etc., u otros con el mero listado de cosas. El segundo tomo de tan ambicioso proyecto abundará en el descubrimiento de este Chejov juguetón; el tercer volumen será el de sus obras más clásicas, y el cuarto y último recogerá, en opinión del editor, la explosión total del autor, que incluirá, además, un apéndice con los cuentos que dejó a medias y que hasta hace poco eran inéditos también en Rusia. Anton Chejov, médico de profesión —una actividad que ejerció poco—, empezó a escribir muy joven y de forma apabullante, sin intención moral o didáctica. Sin embargo, con su prosa directa, escueta y lírica, planteó subrepticiamente todas las cuestiones verdaderamente importantes de la vida, no solo en sus cuentos, sino en sus obras de teatro, género al que se dedicó en la última etapa de su corta vida. El escritor ruso murió con 43 años. Las piezas teatrales La gaviota, Tío Vania, Tres hermanas o El jardín de los cerezos son dramas ya de la madurez del escritor, en los que no se muestra tan irónico y sarcástico como en sus cuentos, sino mucho más pesimista y lírico. Fuente: EFE *** Estrenan en México la obra teatral La ciudad y los perros En el marco de la celebración del programa “¡Viva Perú!” (que forma parte de la organización internacional de Viva en el Mundo), este viernes 29 fue estrenada en Ciudad de México la obra teatral La ciudad y los perros, bajo la dirección de Edgar Saba y basada en la novela homónima del escritor peruano-español Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010. La obra se presenta en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque, en la capital mexicana, hasta el 8 de diciembre. La obra presenta a un grupo de adolescentes sometidos al desamparo, y plantea el eterno problema de la libertad y el poder. Situada en los ambientes de un colegio militar, la obra traduce un microcosmos de lo que fue la vida peruana donde el poder tiene todas las prerrogativas. Viva en el Mundo es una organización internacional que busca dar a conocer y reconocer lo mejor del Perú en México y de México en Perú, con el fin de estrechar las relaciones entre ambas naciones, bajo la convicción de que cuentan con una historia y un espíritu común. Fuente: La República *** Premio Nacional de Poesía de Bolivia podría extender plazo El jurado considera que ninguna de las obras presentadas llena los requisitos para obtener el galardón. El Ministerio de Culturas quiso reemplazar a los jueces, pero finalmente se llegó a un acuerdo. El Premio Nacional de Poesía de Bolivia podría recibir una extensión en el plazo de recepción de obras, luego de que el jurado declarara que ninguna de las obras presentadas reúne los méritos para hacerse con el galardón, se informó este viernes 29 de noviembre. El miércoles 27, el Ministerio de Culturas de Bolivia anunció que convocaría a un nuevo jurado para reemplazar al que había sido designado originalmente, dado que el premio no puede ser declarado desierto. Sin embargo, el viernes se planteó la posibilidad de extender el plazo hasta el 25 de febrero de 2014. La propuesta surgió de una reunión entre el ministerio, los representantes de la familia de Yolanda Bedregal —en cuyo honor se creó el galardón—, Plural Editores y los jueces. “Hemos tenido un encuentro con el ministro (Pablo) Groux en el que se propuso que los interesados en participar puedan entregar sus obras hasta el 25 de febrero y que también se permita que quienes están en competencia puedan retirar su poemarios para mejorarlos”, informó Rosángela Conitzer Bedregal, hija de la escritora Yolanda Bedregal. La información fue confirmada por los integrantes del jurado del certamen, cuyos nombres no pueden ser revelados antes de conocerse el veredicto. Los miembros del jurado aclararon que no quisieron declarar desierto el concurso y que lo que buscaban era plantear soluciones al dilema. También negaron haber renunciado y que el único documento que poseen es la carta de invitación del ministerio. Este año el concurso recibió 94 trabajos, de los que fueron preseleccionados 87 que cumplían con los requisitos de longitud y calidad requeridas por la convocatoria inicial. El ganador del certamen recibirá un premio dotado con 37.000 bolivianos y una medalla de plata. Homero Carvalho, quien formó parte del jurado del premio en 2012, se manifestó a favor de impedir que los concursos literarios de Bolivia puedan terminar desiertos. “Lo que se hace (al no nombrar a un ganador del certamen) es menospreciar el esfuerzo que los participantes invirtieron. También hay que considerar que los premios sirven para ver una pequeña fracción de lo que se publica en un determinado momento”, explicó el escritor. Por su parte, Benjamín Chávez, poeta y también anterior jurado del premio, indicó que es necesario que los premios nacionales de literatura sí puedan terminar sin ganador para elevar la calidad de los trabajos postulantes. “Es un premio grande, no podemos elegir cualquier trabajo sólo porque debe haber un ganador”, expresó Chávez. Ambos autores coincidieron en reconocer que esta última opción puede no ser viable para el ministerio por temas administrativos. “Este dinero se revierte al Estado y es registrado como baja ejecución. Es muy difícil explicar que no se utilizó ese monto por factores externos a la institución y esto puede llegar a generar un vacío en el presupuesto”, sostuvo Carvalho. Fuente: La Razón *** Quetzaltenango acogerá el XXI Congreso de Literatura Centroamericana La vigésimo primera edición del Congreso Internacional de Literatura Centroamericana (Cilca) se celebrará en la ciudad guatemalteca de Quetzaltenango del 26 al 28 de marzo del 2014, según se informó el 29 de noviembre. En esta edición, el Cilca —que se celebró por primera vez en Nicaragua en 1993— estará dedicado al escritor guatemalteco Humberto Ak’abal, y el tema central será la literatura indígena de Centroamérica. Uno de los encuentros más importantes para la difusión de la literatura guatemalteca y centroamericana, el Cilca recibirá a críticos literarios, profesores de distintas universidades del mundo y expertos en letras. De esta actividad surgirán publicaciones, revistas y traducciones de diversas temáticas literarias. Cilca 2014 convoca a críticos, estudiosos, maestros, estudiantes y escritores para que se inscriban como participantes y/o presenten sus ponencias. Las inscripciones se recibirán hasta el 10 de marzo del 2014. Las ponencias deberán tener una extensión máxima de 25 cuartillas y como mínimo 10, escritas a una sola cara de página, en fuente Arial punto 12, a renglón abierto. Los trabajos se deberán presentar por escrito y en archivo digital en la sede la Casa de la Cultura de Quezaltenango (7ª calle 11-35, zona 1 de esta cabecera). Quienes deseen más información pueden escribir al correo electrónico viniciocontreras@gmail.com. Fuente: Prensa Libre *** Emprenden nueva búsqueda de fosas en zona donde murió García Lorca La Junta de Andalucía inició el sábado 30 de noviembre una nueva excavación en la zona donde se cree que está enterrado Federico García Lorca, el Barranco de Víznar. Hace cuatro años la Consejería de Justicia intentó encontrar los restos del poeta español —y de otros cuatro fusilados— junto al parque que lleva su nombre en Alfacar, pero no halló absolutamente nada, como informamos en nuestra edición 224 (http://www.letralia.com/224/1221garcialorca.htm). El pasado verano, la Dirección General de Memoria Democrática excavó también en esa área, a 800 metros del Parque García Lorca, y encontró algunos restos óseos (todavía sin identificar) y armas de fuego. Y ahora, según anunció el viernes 29 el director general de Memoria Democrática, Luis Naranjo, la Junta regresa con un nuevo sondeo, esta vez en el Peñón Colorado, a unos 500 metros del Barranco de Víznar y a un kilómetro del Parque García Lorca. Allí, en un terreno ligeramente hundido frente al cortijo Los Llanos de Corvera (conocido también como cortijo Gazpacho o Pepino), el historiador Miguel Caballero cree que pueden estar los restos de García Lorca y de otras personas que fueron fusiladas junto a él: el maestro Dióscoro Galindo y los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcoyas. Caballero, autor del libro Las últimas 13 horas en la vida de García Lorca, lleva años intentando que las Administraciones —Ayuntamiento de Alfacar, Junta de Andalucía— apoyen esa excavación, pero el fiasco de 2009 hizo que el gobierno autónomo no quisiera saber nada de nuevos sondeos. Sin embargo, la llegada de IU a la Junta y la creación de la Dirección de Memoria Democrática ha impulsado de nuevo la localización de fosas de la Guerra Civil y el franquismo, y Caballero ha encontrado en Naranjo el aliado que buscaba. No obstante, Naranjo ha aclarado que el objetivo de este nuevo sondeo “no es encontrar a García Lorca, sino a personas asesinadas durante el golpe de Estado que desembocó en la Guerra Civil”, aunque no descarta que se puedan hallar los restos del poeta. La excavación se enmarca, según el director general de Memoria Democrática, en los objetivos generales que se ha marcado su departamento para la localización de fosas de personas desaparecidas “de forma forzada” o asesinadas en los días del levantamiento militar de 1936, con el objeto de reparar el daño de las familias, y la indagación que comenzó el sábado 30 de noviembre constituye una segunda fase de la iniciada en el Barranco de Víznar en junio del pasado verano. “Sería una falta de respeto para el resto de víctimas que personalizáramos este sondeo solo en García Lorca, aunque reconocemos su proyección histórica y mediática, pero para nosotros todas las víctimas son iguales”, indica Naranjo. Un equipo de 14 personas realiza catas de forma manual, ayudadas con el uso de un georradar, en un área de 1.200 metros cuadrados, donde Miguel Caballero cree que, según los archivos y documentos que ha consultado, así como las pesquisas de otro investigador, Eduardo Molina Fajardo, podría haber tres fosas con personas enterradas. El presupuesto inicial de este sondeo es de 10.000 euros. El Peñón Colorado era un antiguo campo de instrucción de las tropas de la Falange, aunque después tuvo uso como olivar, y Miguel Caballero estima que existen varios testimonios recogidos por Molina Fajardo que coinciden en que esos terrenos podrían albergar varias fosas con personas fusiladas. Sin embargo, el arqueólogo director de este nuevo sondeo, Javier Navarro, señaló el viernes que los trabajos serán “complicados”, pues la zona ha tenido uso agrícola y los terrenos han sido alterados. “En lugares no agrícolas, cuando se excava, aunque pasen muchos años queda una especie de bañera, un área deprimida. Esperamos que en esta zona de intervención, que fue un olivar y después yermo, estas evidencias persistan”, explica. “En dos zonas quitaremos la tierra, y rascando en ella se puede determinar dónde está la fractura y si existe o no fosa. A veces no se excava con rigor metodológico, se emplean palas excavadoras que son un error, porque se pierden datos y se destroza el terreno, hay pistas que si no se excavan con rigor, se pierden”, según el arqueólogo. El entorno del Barranco de Víznar constituye, para la Dirección de Memoria Democrática, uno de los puntos neurálgicos de Andalucía para la localización de fosas de la Guerra Civil. Según Naranjo, se estima que allí pueden estar enterradas “entre 3.000 y 3.500 personas”. Fuente: El País *** Presentan edición facsimilar de apuntes de Juan José Arreola La Secretaría de Cultura de Jalisco (SC) presentó el sábado 30 de noviembre el libro De las ferias la de Arreola es más hermosa, un facsimilar de la libreta donde el escritor tapatío Juan José Arreola realizó notas y apuntes para lo que sería una de las novelas más importantes de la literatura jalisciense. Este facsimilar se da a conocer tras 50 años de la publicación de La feria, del escritor de Zapotlán el Grande, en un acto en el que estuvieron presentes Orso Arreola, escritor e hijo de Juan José Arreola, y Sara Poot, investigadora y doctora en literatura hispánica, quien ha realizado un sinnúmero de trabajos sobre distintos autores y propietaria de la libreta reproducida en este libro, que además cuenta con un prólogo de su autoría. También, Samuel Gómez Luna, director de Publicaciones, y Jorge Souza Jauffred, poeta y coordinador de la Maestría en Letras de la SC. Orso Arreola dijo que la publicación de este libro es el cierre perfecto para las celebraciones por el 50º aniversario de la publicación de La feria, y los 95 años del natalicio de su padre. Recordó que todo esto comenzó “con un regalo de cumpleaños que le hicieron a Sara de este primer borrador realizado en 1954, que se publica por primera vez con una transcripción y con una introducción de una de las estudiosas más lúcidas de la obra de Arreola”. Señaló que esta novela es tan compleja que seguirá dando de qué hablar en futuras investigaciones. A su vez, Sara Poot agradeció a todos los involucrados en la edición y reproducción de esta libreta original, que cumplirá 60 años de haberse escrito y que recoge fielmente la figura del natural y su reclamo sobre la tierra. Sostuvo que Arreola ha sido uno de los escritores más leídos por otros escritores, por lo que dijo que “este libro no envejece, al contrario, rejuvenece”. En su turno, Gómez Luna señaló que esta publicación es la primera de la colección “Libros raros y documentos inéditos”, “y qué mejor que con este libro de nuestra queridísima maestra Sara Poot, que no solamente en el espíritu del maestro Juan José Arreola sino en el de sus fieles lectores, lo sabrán apreciar”. Souza Jauffred habló sobre la novela, “cuyos primeros esbozos se pueden ver en esta edición, donde los lectores podrán darse cuenta de cómo Arreola fue trazando poco a poco este libro”. Indicó que en este contexto no queda más que celebrar la llegada de esta obra, que en 288 fragmentos narrativos que la integran refleja el alma colectiva y multifacética de una ciudad pequeña vendida por su historia, agitada por las pasiones, ambiciones, represiones, ilusiones y fracasos de sus habitantes. Además, el poeta señaló que “por su diversidad y riqueza, el libro ha sido estudiado desde varios ángulos por distintos especialistas que la han considerado como una novela de la etapa final de la literatura de la Revolución Mexicana, ya que plantea problemas relacionados con esta guerra social”. Fuente: El Universal *** Se inicia la FIL Guadalajara con entrega del premio a Yves Bonnefoy La entrega del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances al poeta, crítico y traductor Yves Bonnefoy, el sábado 30 de noviembre, marcó el inicio de las actividades de la 27ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL, http://www.fil.com.mx), que se extenderá hasta el 8 de diciembre y que este año tiene como Invitado de Honor a Israel. Lo esencial de la poesía, afirmó Bonnefoy al recibir el galardón, está “en la vida misma de las palabras, y es en esa profundidad de la palabra donde hay que encontrar la acción de la poesía y, a partir de ahí, comprender su importancia. Comprender que la poesía es el fundamento de la vida en sociedad. Comprender que la sociedad sucumbirá si la poesía se extingue, poco a poco, en nuestra relación con el mundo”. En un discurso gentil y generoso, Bonnefoy, considerado uno de los escritores y pensadores más importantes de la segunda mitad del siglo XX, dijo que la belleza de vocablos en español como “piedra”, “viento” o “fuego”, han contribuido al amor que el autor tiene por la palabra. Bonnefoy habló de sus lecturas de autores en castellano, como Federico García Lorca, Góngora y otros poetas del Siglo de Oro, así como Octavio Paz. “Hay aún en su sociedad de lengua española, anclada en un rico pasado prehispánico, esta bella continuidad entre la cultura popular y las preocupaciones del intelecto que es el lugar del espíritu donde la poesía se abreva vigorosamente”, señaló el autor francés nacido en 1923, en la ciudad de Tours. Con 90 libros publicados hasta ahora, Bonnefoy explora en su poesía la “plenitud experimentada en los años infantiles, seguida por la aprehensión del no ser que subyace debajo de esos instantes. Y que se traduce en duda y esa indecisión que es la vida. Su poesía representa nuestra voluntad de que debe haber sentido en el momento en que el sentido desaparece”, indicó Homero Aridjis, poeta mexicano que habló sobre Bonnefoy. La jornada inaugural de la FIL concluyó con el diálogo entre el presidente de Israel y Premio Nobel de la Paz, Shimon Peres, y el ex presidente español Felipe González, dos estadistas de talla mundial que conversaron sobre el reactivado proceso de paz entre el país Invitado de Honor y Palestina. El diálogo entre ambos políticos tuvo lugar pasadas las ocho de la noche, 40 minutos más tarde de lo previsto y bajo extraordinarias medidas de seguridad, y estuvo mediado por el historiador Enrique Krauze. González aseguró que Oriente Medio está viviendo un momento histórico e irreversible. “Las negociaciones con Irán, que pueden dar frutos, junto a la crisis en Siria y el impacto de ésta sobre el Líbano o Hamás, pueden ser decisivas. Israel necesita llegar a un acuerdo con los palestinos” aseguró el ex presidente español. “La paz no depende de la eficacia de un muro (en Cisjordania), que paradójicamente recuerda a los guetos impuestos al pueblo judío, sino de algo más”, agregó. El ex presidente español expresó su sincera preocupación ante el continuado interés por parte de la comunidad internacional en que Israel y Palestina se sienten a negociar: “Se celebran éxitos efímeros, cuando el objetivo debe dejar de ser que se sienten a negociar. El objetivo tiene que ser que se llegue a un acuerdo”. Por su parte, Peres recordó que mientras los palestinos estén divididos la paz será muy complicada y reivindicó el valor de la paciencia. “Tengo 90 años y cuando echo la vista atrás veo que conseguimos la paz con Egipto y Jordania, que parecía inalcanzable. Ahora tenemos una oportunidad de lograrla con Palestina”. “Estamos negociando con ellos y es cierto que puedo observar relevantes cambios en el mundo árabe: cuando empezamos la Liga Árabe era totalmente hostil, mientras que ahora han presentado su propia propuesta de paz”, recordó Peres. “Pero aun así es difícil. Hay que contentar a la propia opinión pública, no sólo a la internacional, y muchas veces los israelíes no están dispuestos a pagar un precio demasiado alto por la paz. Se preguntan si ello no significa que sus gobernantes no saben gobernar, o no entienden por qué deberían confiar en los terroristas”, continuó. Pese a ello, el presidente manifestó su apoyo al actual gobierno de Benjamin Netanyahu, “distinto del mío”, y aseguró que harán todo lo posible por alcanzar la paz, por el bien de ambos pueblos. “Desde un punto de vista conceptual no hay tantas diferencias, compartimos un mismo deseo”, expresó el mandatario. “Israel es una isla política en un océano político, tenemos que defender nuestra isla y tranquilizar al océano. Queremos más que nadie un Oriente Medio tranquilo, no queremos ver más sufrimiento, ni hambre ni sangre en las calles”. Para concluir su intervención se mostró esperanzado: “Si uno fracasa hay que levantarse y seguir intentándolo. Al principio parecía inalcanzable, pero lo lograremos”. El resto de la charla abordó la trascendencia de la Primavera Árabe, para ambos políticos sólo el principio de un cambio que no será tan rápido como algunos quisieron creer. “Cuando me preguntan quién está en contra de la democracia en Oriente Medio digo: los maridos”, sentenció Peres en relación con la intolerancia del mundo árabe con el sexo femenino. Los dos estadistas discutieron también los cambios derivados del cambio de siglo, el nuevo papel de la política y la democracia en el mundo, un sistema que para Peres ha dejado de buscar la igualdad de las personas para defender el derecho a ser diferentes, así como la revolución tecnológica y científica. González transmitió su inquietud respecto al renacimiento de los nacionalismos e identidades excluyentes. “La deriva de Oriente Próximo y Medio hoy, a diferencia del siglo pasado, es de una confrontación religiosa muy difícil de frenar y administrar. Creía que la revolución científica y tecnológica iba a acercar a los seres humanos, pero la realidad es que mientras más avanza la ciencia en la explicación de lo desconocido, más pulsiones identitarias y religiosas hay en el mundo”. En los nueve días de la Feria se espera la asistencia de 700 mil personas. Se harán presentes 650 autores de más de 24 países, además de la oferta de dos mil editoriales y la actividad de 20 profesionales del libro. Fuente: FIL *** Biblioteca del Congreso de Estados Unidos premia a Miguel León-Portilla La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos reconocerá la labor del historiador mexicano Miguel León-Portilla, investigador emérito del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), a quien otorgará el premio “Leyenda Viva” el próximo 12 de diciembre, en el marco del coloquio “Celebrando a México”. James H. Billington, bibliotecario del Congreso, informó del galardón —que se entrega por primera vez a una persona que no es de Estados Unidos— al autor de La visión de los vencidos, a través de una carta en la cual le explica que se reconoce su obra y trayectoria de antropólogo, investigador de la filosofía e historiador de la cultura. Afirma además que León-Portilla “ha explicado una cultura entera de pensamiento que de otra manera hubiera languidecido en las sombras; ha traído a la vida al antiguo imperio azteca y nos ha iluminado sobre cómo la cultura sigue viva en sus descendientes y herederos y ha inspirado a los profesores de México para educar a los niños en el lenguaje de sus ancestros”. En una conferencia de prensa en la cual se dio a conocer el reconocimiento a los medios de comunicación mexicanos, León-Portilla, historiador y también filólogo nacido en la Ciudad de México del 22 de febrero de 1926, habló de los pueblos originarios de México e instó a rescatar su legado y preservar la riqueza de su patrimonio cultural. Autor de Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, El reverso de la Conquista, Nezahualcóyotl: poesía y pensamiento y Quince poetas del mundo náhuatl, entre otros, León-Portilla estuvo acompañado por Ana Carolina Ibarra, directora del IIH, quien destacó que es la primera vez que un extranjero recibe el reconocimiento, creado en 2000 con motivo del bicentenario de la biblioteca, la institución cultural federal más antigua de Estados Unidos. El premio distingue a quienes por sus logros profesionales y excelencia personal han aportado a la diversidad del patrimonio cultural, científico y social de Estados Unidos. Ha sido recibido por cineastas, médicos, deportistas, escritores, artistas y hasta servidores públicos. Se puede mencionar a Madeleine Albright, Katharine Graham, B. B. King, Martin Scorsese, Yo Yo Ma, Bill Cosby y Mario Andretti, entre otros. La directora del IIH se refirió al historiador como “maestro de generaciones y la mayor autoridad en el estudio del pensamiento, la cultura y la lengua náhuatl”. El premio se entregará al celebrarse el coloquio Celebrando a México, organizado por la Biblioteca del Congreso, en el cual se darán cita escritores, antropólogos, historiadores, investigadores y músicos, que mostrarán diferentes aspectos sobre el patrimonio cultural y natural del país azteca. Se presentará en forma paralela una exposición con material mexicano en posesión del recinto bibliográfico. Fuente: Proceso *** Celebrarán encuentro sobre el nororiente venezolano Hasta el 20 de diciembre es posible presentar resúmenes para participar en el I Encuentro Interdisciplinario del Nororiente Venezolano y su Vinculación Caribeña (http://relacionesinterinstitucionalesudone.blogspot.com), evento que, en el marco del aniversario de la Universidad de Oriente Núcleo Nueva Esparta (Udone), se celebrará del 29 al 31 de enero de 2014 en el campus Guatamare de esta casa de estudios, ubicado en la Isla de Margarita (Venezuela). La actividad está orientada a la discusión y reflexión, por parte de la comunidad universitaria venezolana, en torno a los procesos sociohistóricos, económicos, antropológicos, etnológicos y turísticos de la región nororiental caribeña, sus localidades y comunidades. Se realizará con la modalidad de ponencias individuales, seguidas de una sesión de preguntas y comentarios. Asimismo, se realizarán conferencias centrales a cargo de conferencistas invitados. Habrá cuatro áreas temáticas, cada una con múltiples opciones: procesos históricos en el nororiente venezolano y su vinculación caribeña, el turismo como actividad socioeconómica de transformación del nororiente venezolano y su entorno caribeño, cultura e identidad del oriente venezolano y visión historiográfica del nororiente venezolano y del Caribe. Los interesados deberán enviar, antes del 20 de diciembre, una propuesta de ponencia en idioma español a la dirección electrónica riiudone@gmail.com, que contendrá los datos personales (nombre, correo electrónico, número telefónico móvil) y profesionales (grado académico y pertenencia institucional) del ponente, así como el título de la ponencia, el área temática seleccionada y un resumen de hasta 250 palabras. La ponencia completa debe ser enviada antes del 14 de enero de 2014, en formato Word, espacio y medio, con una extensión máxima de 12 cuartillas, incluyendo referencias. La matrícula por participante tiene un precio de 350 bolívares. Fuente: Web del evento ||||||||||||||||||||||| ARTÍCULOS Y REPORTAJES |||||||||||||||||||||| === Desvíos y extravíos en la actual poesía venezolana ==================== === Ramón Ordaz =========================================================== Más allá de las fronteras idiomáticas, la poesía es una, un solo tronco de cuyo cuerpo salen infinitas ramificaciones, sobre las que se posan las diversas aves del mundo a ejercitar sus cantos; árbol polifónico, la poesía crece, se multiplica a través de ramas y raíces. Telúrica por sus cimientos; coral, aérea, espacial por los alados cantos que fluyen de sus transitorios albergues. La poesía es obra de una dualidad: fija en un punto de la tierra; móvil, viajera, inasible entre la estelar música de las esferas y el concierto de voces humanas que emergen como una sola oración solicitando la presencia de Dios, y ese Dios es el poema que nadie ha escrito todavía. Por imposible, por lejano que se presente, no cesará el hombre en su intento de alcanzarlo algún día. El día aquí no es lo que creemos, las horas tampoco, pero ayudan a que conozcamos la medida de las cosas: caemos así en el curso de la temporalidad, en la angustia de nuestro tránsito, en la seducción y deseo de una trascendencia de los que sólo puede dar cuenta el más delgado verso de la poesía: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”. Ningún ser sobre la tierra podría negar la violencia de esta verdad poética. La luz lo es todo, de ella nacen todos los cantos, todas las resurrecciones. Tenemos, entonces, que la poesía no tiene patria; que ningún imperio lingüístico podría apropiársela, que ningún territorio, por mucho que tenga de tierra prometida, puede ser su vergel o paraíso. No han sido pocos los intentos de concretar una visión panorámica de la poesía venezolana. Poetas y críticos de inobjetable autoridad intelectual como Juan Liscano, Guillermo Sucre, Oscar Rodríguez Ortiz, José Ramón Medina, Luis Beltrán Guerrero, Elena Vera, Vilma Vargas, José Napoleón Oropeza, Javier Lasarte, Rafael Arráiz Lucca, Joaquín Marta Sosa, Antonio Pérez Carmona, Gina Saraceni, Alejandro Oliveros, entre otros, han intentado aproximaciones que tienen la virtud del testimonio, el plausible propósito de ciertas valoraciones que hoy podemos apreciar como escalones que conducen a una unidad irradiada por efecto de la suma de múltiples cosmovisiones, es decir, por la amalgama de disímiles y encontradas miradas de nuestra poesía en el contexto de la literatura nacional. Estemos de acuerdo o no, son estas contribuciones imprescindibles frente a cualquier exigencia que se plantee mostrar con datos valederos, legitimados por el discurso operante, la más mínima de las listas de nuestros poetas ante el mundo. Entendemos que es imposible dar cuenta de todos nuestros poetas, menos en nuestros días cuando insumos como el papel constituyen un producto suntuario, ya que editar tantos volúmenes para complacerlos a todos devendría en un desangre de la economía y en la más terrible de las demagogias. A fin de cuentas, papel aguanta todo, y no es esta la dirección de lo que queremos expresar. Una antología pretende ser una muestra representativa en la que estarían los infalibles, pero después de ellos queda un amplio margen para el escamoteo, para que los caprichos del antólogo expulsen sus fantasmas, sus criaturas congeladas bajo el hielo de inexistentes generaciones. La franca verdad es que la mayoría de nuestros poetas carecen de ubicación. Son meteoritos, bólidos errantes frente al sistema cerrado de quienes han echado sus cartas en grupos y manifiestos, en supuestas generaciones o confluencias de época o en la revista que los pudo haber unido circunstancialmente en el objetivo común de gritar al mundo la inconformidad juvenil. Hechos como estos han devenido después en parto de los montes; ya que no poca gracia ha colocado en la palestra, en los escenarios más importantes de la vida nacional, a muchos de esos afortunados seres que del acto fortuito del pasado saltaron al quicio inmediato que abre las puertas de Miraflores. Sí, el palacio presidencial se llenó de poetas, de bufones, de alabarderos, de rastreadores de oportunidad, de arribistas de toda laya que sin mediar acuerdo empezaron a inflar glóbulos rojos y a sacarse de la boca banderitas tricolores, a escribir y a cantar al padre de la patria con ritmo monocorde como nunca jamás se había hecho; era la resurrección de los patriotas que como cabalgadura encincharon el avión presidencial y las apuestas naves de nuestras aerolíneas para esos interminables vuelos de la poesía. Imposible dar cuenta de semejante acoso “intelectual”, de tantos relamidos flirteos al poder. Tanta desvergüenza no provoca sino escepticismo, la respuesta irónica como única salvación ante el coro plaudente de nuestros poetas que, aletargados en las botillerías, quedaron para exhibición en los frascos del frasquitero mayor, Enrique Hernández D’Jesús, cuyas artes malabares imponen jurados, premios, ediciones y hechos afines que tengan que ver con el ramo de la poesía. Puede sonar a burla, pero sabemos cuán corto se queda nuestro entendimiento. El escarnio proviene de esos sujetos del poder. ¿Por qué tanta agua sucia y cielo tan empañado en el panorama de nuestra poesía? La explicación es una sola: el destierro de la crítica. Hace más tres décadas que el oficio del crítico empezó a perder vigor, a volverse laxo y complaciente frente a la producción literaria del país. La crítica académica, si es que se puede hablar con propiedad de ella, jamás trascendió el aula universitaria, amén de regodearse en exámenes de las obras que se diluían en estudios semióticos, lingüísticos, estructuralistas, culturalistas, etc. Excepcionalmente hicieron incisiones allí, en el centro del problema, en la raíz del mal que debían atacar para que no se propalara una literatura inoficiosa, insustancial, surgida de la entraña de una bohemia marcada por la esterilidad y el oficio fácil y volandero de la escritura. El halago, el encomio y el coro laudatorio determinaron la iglesia pobre de nuestra crítica. Que el crítico rozara con su escalpelo la ultrasensible piel de un poeta, era ganarse de antemano también el destierro del oficio. Así la indecencia y la falta de ética fue ganando terreno: mejor alabar que condenar, mejor celebrar que enjuiciar; mejor estar con Dios y con el diablo que permanecer en el limbo, hasta que sin anuncio alguno la crítica se esfumó de nuestro espacio, lo que dejó las puertas francas a toda suerte de populismo literario. Emulando a un nadaísta colombiano, Gonzalo Fragui pondría el inri a tan noble oficio: “Los críticos en el fondo son buenos, pero en el fondo del mar”. Estas circunstancias las vivió y las padeció tal vez uno de nuestros más emblemáticos críticos, Jesús Semprum. Cito un fragmento suyo como ilustración de las palabras antecedentes: “Es incalculable el maleficio que causa entre los jóvenes que se inician en el cultivo de cualquier arte el elogio desmesurado, la ponderación exorbitante que se estila entre nosotros. La costumbre de distribuir alabanzas a diestra y siniestra ha traído como primera fatal consecuencia el descrédito de toda censura y el peligro de censurar, así sea de un modo lene. La reprobación se atribuye siempre a inquina, a envidia, a alguna negra pasión del ánimo; y luego, todo el mundo cree obligados a los escritores a que se les encomien sus obras sin reparos, porque de lo contrario se considera víctima de atroz insulto”. Nada nuevo en el huerto de nuestra literatura, la conducta ante la crítica asoma dos caras: la que la requiere para el elogio, para la acreditación pública, para posesionarse en los círculos de las élites y el poder; y la otra, la que abiertamente expresa su desprecio, el rechazo a su presencia, postura que por lo general asumen grupos e individualidades que carecen de seriedad en sus propuestas estéticas, sujetos inseguros de la obra que realizan. Poeta y premio Nobel, Juan Ramón Jiménez ejerció la crítica sin complejo alguno. En defensa de la actitud del crítico llegó a decir que el deber de éste es “estimular a los jóvenes, exigir a los maduros y castigar a los viejos”. Adscribimos sin reservas este postulado del poeta español. Ocurre, sin embargo, que la falta de temple, de coraje, mantiene alrededor de nuestro universo literario un silencio cobarde. Todos sueñan con la gloria literaria, todos se creen con derecho a ascender al Olimpo del Premio Nacional de Literatura, y por este camino de señales equívocas nadie arriesga su carta de futuro que, debemos decirlo, cada vez más está condicionada por el poder. La mano oculta del poder lo decide todo, cómo negarlo, pero lo lamentable es que nuestros poetas y escritores marchen uncidos como bestias al carro de la historia sobrealimentados por la ilusión que los compensará algún día con el lauro y ceremonia que reserva el poder a los obedientes. Un escritor, un poeta de esa estirpe no merece nuestro respeto. Ninguna enseñanza se podría extraer de su obra y de su estado de sumisión. Cuánto quisiéramos que nuestros poetas tuvieran la hidalguía y el desprendimiento que manifestó el nadaísta Gonzalo Arango ante la obra de X-504, Jaime Jaramillo Escobar, compañero de ruta y a quien llama poeta inmortal. Argumenta Arango: “Cuando tomas la palabra dices verdades inexorables y terribles, eres como un rumiante para pensar lo esencial, lo último, lo definitivo, por eso tu obra quedará, perdurará. Yo te seguiré mirando desde mis siglos olvidados. Mi obra literaria en cambio no quedará, soy poeta de lo fugaz, mi reino es cada instante, lo que perece y no renace, lo que es y no continúa. No hay solución a eso: es mi manera de ser, puro canto de sirena que desaparece en las olas, que se lleva la brisa. Mis bodas son con el instante, con el sol, poeta de la burbuja. No me quejo, yo me aniquilo en el goce de cada cosa, en lo efímero, a mi paso no dejaré ecos, dejaré mi silencio y todo me sobrevivirá. Okay, yo soy mi carne”. Me permití la larga cita que, aunque no pretende demostrar nada, sí pone de relieve la hermosa aventura de unos poetas y cuánta bonhomía y grandeza los acompaña; cómo la poesía que escribió el padre fundador del Nadaísmo, Gonzalo Arango, no dio para encumbrarlo, en tanto que el gesto humanitario, humanístico, altruista y revolucionario de sus cartas, fue suficiente para inmortalizarlo también. Actitudes como esas estamos muy lejos de observarlas en nuestro país, donde nuestros poetas piensan en petrodólares, en premios que le revientan la vejiga a los descamisados, mientras los muy orondos, neohedonistas, desde su Olimpo predican el socialismo de botella y copa alzada. En honor a Semprum, en honor a Juan Ramón Jiménez, desde nuestra trinchera abogamos por una “crítica impune”, “lejos del sentimentalismo estético y de la corrección política”, como la plantea el escritor mexicano Christopher Domínguez. En honor también del pensador cubano Enrique José Varona, quien advirtió que “El hombre será, como afirmó el estagirita, un animal político; pero de seguro no es un animal crítico (...)”, auspiciamos la reivindicación de la crítica con todas sus consecuencias. Señala, por otra parte, Varona, que “el espíritu crítico” es “como una excrecencia del cerebro humano; y como toda monstruosidad, abunda poco”. Desde aquí suscribimos la “monstruosidad” de la crítica y las consecuencias que de ella se deriven; asumimos con plena lealtad y responsabilidad ética nuestro insoslayable papel en el que nada tenemos que perder. Ya desde el siglo XIX José Martí alertaba acerca de la mudanza de los poetas: “Nadie tiene hoy su fe segura. Los mismos que escriben fe se muerden, acosados de hermosas fieras interiores, los puños con que escriben”, expresa en el prólogo al “Poema del Niágara” de Juan Antonio Pérez Bonalde. En atención a lo que someramente hemos expuesto, dar razones de vicios y deformaciones en el acontecer de nuestra literatura se hace impostergable. Un primer aspecto a destacar tiene que ver con la (b)vasta producción de libros de poesía en los dos últimos lustros en el país. Alguien podría argüir, ¿y qué tiene de malo?; nada, por supuesto, más allá de alimentar la vanidad de los versificadores sin oficio y consumir buena parte del presupuesto del Ministerio del Poder Popular para la Cultura en la publicación de obras pueriles, que obedecen a los caprichos y complacencias de un funcionariado sin formación en la materia. Ocurre que mientras más publican a pseudopoetas, a rimadores, a escribidores, debido a la palabra en descenso y a la brusca caída del buen decir en nuestra lengua, la media docena de poetas oficiales se sienten con derecho a pontificar desde el reino intangible del premio y la gloria transitoria que ostentan. Que la demagogia y el oportunismo de un político los cite en la tribuna pública es para ellos la consagración definitiva. De esta manera se han repartido entre ellos premios nacionales y regionales, aparecen como eternos jurados de los concursos literarios, se canjean anualmente una codiciada agenda de viajes al exterior, gozan de las milagrosas canonjías, se editan y reeditan hasta el descaro sus libros, sacan del cajón de sastre sus intentos fallidos de escritura, retazos de poemas trasnochados y tienen el santo brío de publicarlos en las imprentas del Estado como pulquérrima donación espiritual al pueblo. En esa falta de modestia, enfermedad curricular crónica, han caído Luis Alberto Crespo, William Osuna, Enrique Hernández D’Jesús, Gustavo Pereira y el no menos narcisista Tarek William Saab, entre otros. Aventajados alumnos que han sabido sacar provecho a las instancias de poder donde “trabajan”. Léanse los últimos poemarios de estos bardos y corroborarán la repetición formularia del estilo, la pobreza lírico-semántica que anuncia el descalabro, el finis terrae de la creación, de cómo se han secado las fuentes de estos labriegos. Lamentable que nuestros poetas no conozcan el silencio, el saber callar a tiempo. Bien vale recordarles el sexto principio del Abate Dinouart en su Arte de callar: “El hombre nunca es más dueño de sí que cuando se aplica a contener su pluma; si no toma esa precaución, escribe demasiado y se derrama, por así decir, fuera de sí mismo; de suerte que se pertenece menos a sí mismo que a los demás”. Este es el cuadro de 5 y 6 de nuestra poesía hoy. Quien pretenda negarlo no vive en nuestro país. Ni un solo poeta joven brilla por cuenta propia desde la cultura oficial; siguen siendo los viejos del pasado los que ocupan las pocas sillas del escenario. Cero virtud, cero templanza, sino la desmedida ambición del protagonismo. A este desconcierto habría que sumar uno no menos escandaloso. La Fundación Editorial El perro y la rana, la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello y Monte Ávila Editores Latinoamericana pusieron en circulación una selección de poetas bajo el título Palabras en confluencia, 51 poetas venezolanos modernos, realizada por quienes ocupan cargos de dirección en las citadas instituciones; es, ostensiblemente, una partitura oficialista. Escudados detrás de dieciocho notables poetas muertos, la incorporación del grupo Tráfico, a excepción de Rafael Castillo Zapata, la inclusión del polémico Rafael Cadenas y uno que otro poeta del convite, los vivos que integran la “muestra” —vivos de verdad— pasan de la veintena; en su mayoría son el menú exquisito y elitesco de la cultura oficial, es decir, reconocidos funcionarios del Estado y prominentes adhesiones. Debo aclarar que no es cuestionable la militancia de un poeta o un artista en cualquier proyecto o partido político. Todo ciudadano es libre de profesar y practicar la ideología política de su preferencia. Lo grave comienza cuando siendo parte de la coreografía oficial se presten para la manipulación y el escamoteo literario. El meollo de esta “muestra” poética, como pretende llamarla el prologuista Gabriel Jiménez Emán, es la inclusión en ella de Farruco Sesto que, como poeta, es un excelente operador político. Señala Jiménez Emán, a tientas justificando lo injustificable, que no es esta una antología, mientras arguye razones banales para explicarse. No es una antología, pero sí es una antojolía como ironizaba el cáustico Unamuno. Una muestra, un panorama, una antojolía, un paisaje, una antología, pues, que venden los poetas oficialistas, “atrevida”, “plural”, como osa decir el prologuista, “para asimilarlos y disfrutarlos desde el entusiasmo y la pasión”. Por su intencionalidad esta antología es espuria, perversa, y que nos excusen los dignos poetas que allí cursan y que nada tienen que ver con ese entuerto. Líneas atrás se lee en el prólogo: “Sin embargo, veremos a poetas de trayectoria reconocida compartiendo espacio con poetas jóvenes que poseen clara voluntad de continuar; otros, pese a su trabajo sostenido en el tiempo, han sido poco divulgados”. Uno de esos jóvenes, a la vez que poco divulgado es, sin lugar a dudas, Farruco Sesto. Amanecieron de bala (2007) es otra selección que pretende darnos un “Panorama actual de la joven poesía venezolana”. Guiarse por ella es extraviarse en cuanto a lo que acontece en la joven poesía actual en Venezuela. Uno podría argumentar cosas duras, irritantes, inesperadas, sobre Amanecieron de bala, pero nuestro objetivo no es provocar ni malquistar. Sin duda, es otra antología oficial, pero como se trata de jóvenes, tenemos muy presente el consejo de Juan Ramón Jiménez. Apenas quisiéramos apuntar algo sobre la introducción que titulan “A manera de preámbulo”. Lo que se dice allí, sobre todo cómo se dice, nos entristece, ya que era de esperarse mayor arrojo y bizarría de la palabra por tratarse de la joven guardia. La cuña gastada del compromiso y cierta pacatería verbosa quitan el aliento, anticipan el desencanto. Comparada esta antología con los manifiestos, proclamas y poemas de los años sesenta, sin ánimos de restarle credibilidad a los nuevos poetas, consideramos que se ha dado un paso atrás. Dichosos ustedes, “amanecidos”, porque el viento sopla favorable a sus futuras batallas. En cuanto a publicaciones periódicas, no hemos visto en el sector oficial estos quince años una sola revista literaria digna de mención. Las pocas que han aparecido han sido eventuales, espasmódicas, sin continuidad alguna. Todo ha sido parasitar las del pasado —Revista Nacional de Cultura, Imagen—, que a pesar de que emergen a la superficie esporádicamente, siguen siendo clandestinas, inexistentes. La inconsecuencia con las revistas literarias es una evidencia más del comodismo de nuestros escritores, de la indiferencia pequeñoburguesa que los distingue, del burocratismo que arrastran como estigma del pasado. Se nos quedan en el morral muchos aspectos y temas que preferimos no abordar aquí. Quisiéramos añadir, antes de concluir, que sin negar la importancia de los jóvenes poetas adscritos al oficialismo, al margen de éstos se levanta una relevante presencia de la poesía venezolana que no es grupal ni política, tal vez, pero en la que podemos ubicar nombres y libros significativos para corregir, llegado el caso, tantos extravíos y desvíos. El fallo de la historia, vale decir el TIEMPO, no lo dan los contemporáneos, menos los arribistas que han medrado siempre en la cultura oficial. No es posible que en nuestras antologías aparezcan poetas como consecuencia del oráculo oficial, y no como fruto de la crítica, de la hermenéutica, de las impresiones que va arrojando una época en revistas y periódicos, y en la definitiva instancia de un público lector que las demanda sin las manipulaciones y presiones del mercado oficial. No hay arte sin utopía, dice el crítico y poeta Eduardo Milán, lo que no cuesta nada suscribir. La tragedia de los poetas oficiales en Venezuela es que la utopía dejó de ser un destino, porque parte de su propósito se ha cumplido en ellos, en una hacienda burocrática que se pierde de vista, en eso reincidente y salvaje que prolifera en los ámbitos sin control del oficialismo, eso otro que satirizaba en su “Manifiesto contra la basuratura” Chevige Guayke y que parece tener correspondencia en los márgenes del poder. Como ayer, lo que pasa es que el bosque no deja ver los árboles. Referencias • Jesús SEMPRUM. “Notas críticas”. Visiones de Caracas y otros temas. Caracas: Ediciones de la Corporación Venezolana de Fomento, 1969. • Enrique José VARONA. “Los aciertos de la crítica”. Desde mi belvedere y otros textos. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho, 2010. • Christopher DOMÍNGUEZ. “Elogio y vituperio del arte de la crítica”. Letra Internacional, Nº 62. Madrid, mayo-junio, 1999. • José Antonio ESCALONA-ESCALONA. “Tres factores en la crítica de poesía”. Lector de poesía. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1984. • Gonzalo ARANGO. Correspondencia violada. Bogotá: Intermedio Editores, 2000. • Palabras en confluencia. 51 poetas venezolanos modernos. Prólogo de Gabriel Jiménez Emán. Caracas: Fundación Editorial El perro y la rana. Disponible en http://bit.ly/IxOyqp. • Abate Joseph Antoine TOUSSAINT DINOUART. El arte de callar. Madrid: Biblioteca de Ensayo Siruela, 1999. • Amanecieron de bala. Panorama actual de la joven poesía venezolana. Caracas: Fundación Editorial El perro y la rana, 2007. (Conferencia leída en el XXXIV Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana, celebrado en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador-Instituto Pedagógico de Maturín “Antonio Lira Alcalá”, el 7 de noviembre de 2013). ** Ramón Ordaz http://www.letralia.com/firmas/ordazramon.htm Escritor venezolano (Anzoátegui, 1948). Licenciado en educación por la Universidad de Oriente (UDO, http://www.udo.edu.ve), tiene una maestría en literatura iberoamericana por la Universidad de Los Andes (ULA, http://www.ula.ve). Investigador en el Instituto de Investigaciones Literarias “Gonzalo Picón Febres” de la ULA (http://vereda.saber.ula.ve/sitioinstituto; Mérida) y profesor de posgrado en la Maestría en Literatura Iberoamericana (ULA-Mérida) y en la Maestría en Literatura Latinoamericana y del Caribe (ULA-Táchira). Director-fundador de la revista de arte y literatura En Ancas (Caracas, 1976-1981, 9 números), director del periódico Oriente Universitario (Cumaná, 1981-1983) y director-fundador de la revista Trizas de Papel del Centro de Actividades Literarias “José Antonio Ramos Sucre”. Dirigió el Centro de Actividades Literarias “José Antonio Ramos Sucre” (Cumaná, 1983-2000). Docente de la Escuela de Humanidades y Educación de la UDO-Sucre. Profesor de posgrado en la Universidad de Carabobo (UC, http://www.uc.edu.ve), en el Instituto Universitario Pedagógico de Maturín (http://www.ipm.upel.edu.ve) y en la ULA. Colaborador de varias publicaciones literarias de Venezuela, integra el cuerpo de colaboradores de la revista Poesía. Ha publicado, entre otros, los libros Esta ciudad, mi sangre (Caracas, 1977), Potestades de Zinnia (Caracas, 1979), Antología del otro (Caracas, 1990), Grafopoemas (Barcelona, Anzoátegui, 1992), Diario de derrota (Cumaná, Sucre, 1993), Kuma (Caracas, 1997), En los jardines de Colón (Cumaná, 1998), El pícaro en la literatura iberoamericana (México, 2000) y Profanaciones (Mérida, 2002). Ganador del Premio Conac de Poesía 1991 y del Premio de Poesía Bienal Literaria “Teófilo Tortolero”. === La escritura como viaje en Un cuarto lleno de anguilas ================ === Diamela Eltit ========================================================= Recuerdo de manera muy especial la capacidad narrativa de Rubén Sánchez Féliz (http://www.letralia.com/firmas/sanchezfelizruben.htm) para textualizar la infancia, mientras cursaba su maestría en escritura creativa. Sus textos construían estéticamente la niñez desde una mirada siempre poética que imprimía una suerte de esperanza encarnada en esos cuerpos niños que contenían un momento único y preciso de irrepetible belleza. Porque es la poética la que organiza los mundos narrativos de la obra de este autor que, una y otra vez, vuelve a explorar la fragilidad en que se cursa el mundo cotidiano, mientras sus sujetos cruzan las mismas avenidas o caminan traspasados por una forma sofisticada y única de insalvable soledad. Pero ahora quiero detenerme en un texto específico y me pregunto cómo dar cuenta de la latencia generalizada que opera y cruza la novela Un cuarto lleno de anguilas, que obtuvo el Premio de Novela Letras de Ultramar 2012. Rubén Sánchez Féliz cumple, con una pericia poco habitual, la tarea literaria de cercar y acercar los espacios por los que transita el protagonista de su obra. Espacios que transcurren en medio de una normalidad estallada que parece a punto de desintegrarse. El viaje del protagonista Guillermo desde Chicago a Nueva York conforma el suceso que demarca un presente pero, a su vez, porta la herida de un pasado que permanece vigente en su imaginario mientras evoca las imágenes del padre ausente, un padre —es un decir— que se filtra de contrabando. Una ausencia que instala en el hijo, como diría Freud, la persistencia del duelo y la melancolía. Como el hijo de un padre contrabandista, el protagonista da una cuenta muy precisa de cada uno de los espacios por los que transita. El ojo detallista de Guillermo analiza sus propios pasos y allí el tío Raúl, lacónico, reservado, lo acoge, pero ese tío está también apegado a su propio pasado, a su particular tragedia amorosa, intentando dilucidar su propio laberinto de emociones. Recibe al sobrino en su casa, un espacio donde faltan las palabras, porque el silencio parece formar parte de un pacto familiar que, a pesar de los afectos más tangibles, opera como una convención que señala una forma parca de entendimiento. El joven protagonista ocupa los espacios mediante una circulación lúcida. Se cruza con un lector de su vida, su compañero de estudios Mike, quien a su manera, desde una mente intrépida e imaginativa, le proporciona un análisis vital del mundo que habita, desde una perspectiva oscura, cruzada por teorías conspirativas. Y allí en ese mundo va a convertirse en un centro Alan, el protegido de su tío, un personaje impenetrable que vive una vida torcida o retorcida o autónoma en el sótano de la casa. Alan aparece como un personaje dotado del poder de la adivinación, como si hubiese sido tocado por el halo de los viejos dioses. Es un ornitólogo autoformado que vigila la procreación de sus aves. Pero más atrás, en una pieza inalcanzable, están las anguilas eléctricas ominosas que, a la manera del inconsciente caótico y confuso, señalan que existe un trasfondo perturbador que radica en la trastienda de cada una de las vidas. La novela va develando que en esas existencias comunes, la del tío Raúl y la de Alan, su protegido, existen factores excepcionales o, dicho de otra manera, que cada sujeto es excepcional más allá de la serie humana que conforma. Es esa excepcionalidad la que detona en Mike la fantasía de un crimen, quien transforma a Alan en un personaje arrancado de una película de misterio o de terror. Pero, en otro registro, va mostrando la soledad cotidiana, las alianzas circunstanciales, la privacidad más privada, las singulares aficiones en las que se desgrana el tiempo, la imposibilidad de lo que entendemos por común, las singularidades que emergen desde todos los rincones. La sexualidad se cursa de una manera fluida, más allá de sus específicas condiciones; me refiero al intento de castración que experimenta el protagonista en medio de un viaje erótico con su singular acompañante Kelly, misteriosa, radical y especialmente artística. Sin embargo, es Amanda la que cautiva a Guillermo. Amanda, la que trabaja para su tío y en la que se proyecta como una forma de espejo. Ambos comparten un tipo de extrañeza ante sí mismos, idéntica distancia. Pero, sin duda, el gran nexo es que Amanda se va a ir de Nueva York, desaparecerá al igual que el padre de Guillermo y alimentará así su imaginario cruzado por la melancolía, tal como lo ha hecho la imagen paterna. Se puede pensar el viaje a Nueva York entonces no sólo como un viaje al estudio y al saber universitario, sino especialmente como un viaje tras la búsqueda memoriosa de su padre. Un padre que está retenido en la pieza impenetrable de Alan, un padre convertido en una anguila eléctrica, única en su especie, que detona peligrosas descargas en la psiquis del hijo. Es el padre encarcelado, deportado, desaparecido el que está en el sótano de Guillermo, una anguila poderosa perdida en el interior de la familia y custodiada por uno de sus representantes. Es allí, en el lugar más próximo a esa anguila irrepresentable, donde finalmente Guillermo extraña a su madre y a su parco padrastro. Allí, en el centro del propio sótano de emociones, consigue comprenderlos y aceptar la nueva vida que eligió su madre. En ese lugar preciso es donde quiere volver a recorrer el espacio que dejó, pero paralelamente se desencadena en él la pulsión de muerte. El suicidio lo acecha desde un trasfondo de sí, precipitarse al vacío que lo ha acompañado, salir de la vida como un acto autónomo o automático. Huir de sí mismo. El ritual suicida no se consolida, sólo se suma como una experiencia más de la distancia consigo mismo. En ese tránsito Mike y Guillermo finalmente van a encontrar un lugar para sus imaginarios; mientras Mike opta por el activismo para saldar su condición de hijo no deseado, Guillermo encuentra en la literatura el lugar de deseo. Escribe una épica enmascarada, su propio camino a Nueva York como un viaje a la escritura. Entiende, y esta es una mera posibilidad, que esas anguilas eléctricas —me refiero a las anguilas que pueblan las mentes de cada uno de nosotros— están allí para señalar que las heridas no van a cerrar pero que, sin embargo, es posible apaciguarlas. ** Diamela Eltit http://www.letralia.com/firmas/eltitdiamela.htm Escritora chilena (Santiago, 1949). Profesora de castellano y licenciada en literatura. Desde 1991 hasta 1994 se desempeñó como agregada cultural de la Embajada de Chile en México. Tres novelas suyas están en la lista “Las mejores 100 novelas de la lengua española de los últimos 25 años” (http://bit.ly/1cSHxda), confeccionada en 2007 por 81 escritores y críticos latinoamericanos y españoles para la revista colombiana Semana (http://www.semana.com): Lumpérica (1983), en el Nº 58; El cuarto mundo (1988), en el Nº 67, y Los vigilantes (1994), en el Nº 100. Ha obtenido la Beca Guggenheim (http://es.gf.org; 1985) y la Beca del Social Science Research Council (http://www.ssrc.org), de Estados Unidos (1988). Finalista del Premio Rómulo Gallegos 2011 con Impuesto a la carne (2010), ha ganado el premio José Nuez Martín (1995) y el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2010. Ha sido candidata al Premio Nacional de Literatura de Chile. Desde 2008 es columnista de cultura y política en el semanario chileno The Clinic (http://www.theclinic.cl). Su obra ha sido objeto de numerosos estudios, tanto en español como en otros idiomas, y en 2013 la Universidad de Princeton (http://www.princeton.edu) adquirió su archivo, compuesto por manuscritos, correspondencia y fotos. Ha publicado una decena de novelas, entre las que se cuentan, además de las ya mencionadas, Por la patria (1986), Vaca sagrada (1991), Los trabajadores de la muerte (1998), Mano de obra (2002), Puño y letra (2005), Jamás el fuego nunca (2007) y Fuerzas especiales (2013). Además tiene varios libros de ensayo y testimonio. === Más sabe el libro por viejo... Enrique Trujillo Gamboa =========== Hay quienes, pobres, se han comido el cuento de que tener muchos libros lo hace a uno más inteligente, más interesante, más sensual y apetecible, mejor en la cama y en la cocina y, en consecuencia, mejor persona. Para probar lo contrario, debería bastar la mención de las atiborradas bibliotecas de muchos tiranos, asesinos en serie, ex presidentes y políticos involucrados en procesos criminales, dirigentes deportivos y presentadores de televisión. Es vergonzoso tener que decir algo tan obvio, pero el hecho de tener libros en casa no significa necesariamente haberlos leído, haberlos entendido o haberlos disfrutado. Aceptemos, pues, que ser dueños de muchos libros no nos hace mejores; pero para algunos, el saberlos cerca y sentirnos en su compañía es una de las cosas fundamentales, una de las pocas que dotan de sentido nuestra existencia. Hay libros que nos conocen mejor que esos amores arrogantes que se fueron creyendo habernos descifrado por completo y muchas veces, después de recorrer algunas páginas, constatamos que no se puede “leer para escapar”, porque el libro que escojamos, sea cual sea, sabrá hablarnos al oído de nuestros tormentos y tristezas. Leer es tal vez la única actividad realmente transformadora dentro del repertorio de la especie, y muy a menudo, el placer de asomarse a la vida en los libros se acompaña de esa necesidad (necesidad con la punta del zapato en lo patológico) por adquirirlos como sea, obtenerlos con engaños burdos y espantosas mentiras, comprarlos, robarlos, cambiarlos por una libra de nuestra carne, y acumularlos sin preguntarnos realmente dónde los vamos a poner, cuándo los vamos a leer o para qué. Algunos simplemente necesitamos físicamente de los libros, no nos podemos resistir, si se da la ocasión, a la posibilidad llena de promesas e interrogantes de llevar otro libro a casa, como quien encuentra, al caer la noche, atravesando el bosque en mitad de la tormenta, un pájaro herido con una llave atada a una de sus patas. Desde hace un par de décadas, compro tantos libros como puedo (nunca he podido tanto como he querido, a despecho de cierto machacado eslogan de libro de superación) y puedo usar, hablando de los libros, la frase que se atribuye a muchas divas del cine en blanco y negro hablando de diamantes: Tengo bastantes, pero nunca suficientes. Eso, por supuesto, me hace un visitante frecuente de librerías de viejo olorosas a trago y a madera, tienduchas de saldos y reventas llenas de revistas lúbricas literalmente manoseadas, mercados de las pulgas, tenderetes improvisados sobre andenes untados de sangre fresca, oficiales y proscritas Ferias del Libro y sus alrededores y donde sea que se presente la ocasión para que unos cuantos pesos abandonen mi bolsillo y me traigan a cambio un tomo encuadernado en relativo buen estado. Compro muchos libros nuevos y, sobre todo, muchísimos usados. Quisiera, además de la razón evidente y nada trivial del precio, explicar por qué. Cuando se compra un libro nuevo, aparte, por supuesto, del placer o la decepción por la lectura de su contenido, las posibilidades de meterse entre los callejones de una aventura de la imaginación son pocas. El libro ha pasado por un aséptico proceso de impresión, compaginación, corte, encuadernación, embalaje y distribución que lo ha llevado, limpiecito, hasta el estante de la librería donde uno lo toma, lo hojea, decide llevárselo, paga si no hay más remedio y se va feliz, mientras el corazón palpita dentro de la bolsa; a menudo, antes siquiera de llegar a casa, lo desnuda de plásticos y cintillas con evidentes y trilladas asociaciones eróticas, lo huele, sí, sí, ya sé, como quien se asoma a un escote largamente deseado, lo comienza a leer en cualquier parte, sonríe, sonríe mucho... y poco más (como si fuera poco). En cambio, si el libro es usado, si el libro es viejo, si viene de una mesa de saldos condenados al olvido, si es un libro que ha sido amado, como diría don Julio Ramón Ribeyro, si es un libro leído, para usar la afortunada expresión que muchos libreros han hecho suya, las posibilidades son infinitas, pues ese libro, desde que alguna vez fuera un mozalbete de márgenes inmaculados y puntas simétricas, ha vivido, lo recuerda y quiere contárnoslo, si es que sabemos escucharlo. Comprar en librerías de viejo tiene una pizca de arqueología, algo de ecología y mucho de resistencia frente a ese Darth Vader implacable y abstracto llamado las leyes del mercado; comprar un libro de segunda mano es como acoger un huérfano que llora abrazado a una manta raída. Los libros veteranos son ellos mismos personajes inquietantes de historias a las que apenas, a veces temblando, podemos asomarnos. Las manchas y rayones en sus páginas son como las cicatrices, que siempre revelan episodios de nuestro pasado. Lo que encontramos entre las hojas de los libros viejos es más literatura en forma de huellas de recorridos vitales: anotaciones intrigantes en los márgenes, estampitas de santos condenados al fuego entre libros de Sade o de Bukowski, números telefónicos (alguna vez, hace años, marqué el número que encontré en un papel amarillento entre las páginas de un libro de Cortázar, esperando escuchar una voz suave pero ronca, a punto de derrumbarse y a la vez segura, como suelen serlo las voces de las lectoras de Cortázar. Escuché el timbre un par de veces y... tuve que colgar, nervioso, asaltado por el terror a que fuera mi propia voz la que contestara al otro lado de la línea), recetas de cocina, trozos de cartas de amor y desamor que jamás se enviaron, separadores de librerías que no sabíamos que existían, que no sabemos si aún existen, cifras borrosas que tal vez estén por ganar la lotería, recibos de compra por espaguetis, vino y preservativos, reflexiones íntimas que nos hacen, al mismo tiempo, sonrojar y sonreír, dedicatorias que nos dejan la tarde anegada en lágrimas o intranquila de preguntas, abundantes restos de marihuana y todo tipo de pequeñas ventanas, de retazos de vida y de lecturas. Hace un par de meses, por ejemplo, compré por la cuarta parte de su valor en librerías de nuevo, La pista de hielo, la novela de Roberto Bolaño protagonizada por Enric Rosquelles, ese funcionario gordo, metódico e insignificante enamorado dolorosa y demencialmente (¿acaso vale la pena enamorarse de otra forma?) de Nuria Martí, la rubia patinadora olímpica que derrite el hielo con la estela de sus piernas perfectas, que no tolera preguntas personales y que a veces llora mientras hace el amor, obviamente, jamás con Rosquelles. El libro, cosa que lo salva de la irritante perfección de los libros de Anagrama, está marcado con letra adolescente como perteneciente a DanielaVenegas, así, sin espacio entre nombre y apellido, y tiene numerosos subrayados en las primeras veinticuatro páginas trazados con resaltador fluorescente, a veces rosa, a veces verde. Lo más fácil sería pensar que Daniela, a quien imagino casi tan hermosa como Nuria Martí, se resistió a ser seducida por la prosa de sátiro sediento de Bolaño, no entendió un carajo, se aburrió y se refugió en YouTube o en Glitz, pero, ¿y si no fue eso? ¿Por qué dejó de leerlo? ¿Abandonó la novela porque le contaba su propia historia? ¿Perdió el libro, lo que la obligó a dejar inconclusa su lectura? ¿En qué circunstancias lo perdió? ¿Alguien o algo hizo que Daniela no llegara nunca hasta la parte del crimen? ¿Descubrió algo que significó su perdición? ¿Acaso la bella, la inefable DanielaVenegas corrió con la misma suerte de Carmen González Medrano en la novela, esa cantante loca asesinada por haber visto demasiado? ¿Será posible que los subrayados, que torpemente juzgué inocuos y chapuceros, frases aparentemente sin misterio como “A esa misma hora, más o menos, la calma descendía sobre las tiendas” escondan una verdad terrible y el más atroz de los crímenes, el secreto del mundo? Hay noches, se los juro, en que esas preguntas no me dejan dormir. Hace unas semanas, un domingo que habría sido otro más de no ser por ese encuentro, levanté del pavimento, a pocos pasos de la bogotana esquina de la 23 con 7ª y me traje a casa, por dos mil pesos, El Museo de la Inocencia, de Orhan Pamuk, en impecable edición de Mondadori. No hay, prácticamente, marcas en el libro, están casi intactas las 648 páginas, salvo por esta cita, subrayada con azul ultramar, en el segundo párrafo de la 286: “El auténtico dolor de amor se instala en el punto más esencial de nuestro ser, nos atrapa bien fuerte por nuestro punto más débil y, uniéndose íntimamente a los demás dolores, se disemina por nuestro cuerpo y por nuestra vida de manera imparable”. ¿Cómo no agradecer a quien haya sido por señalar esa frase hermosa, como un regalo adicional al ridículo precio del libro? ¿Por qué dolor de amor se quejaba él o ella cuando encontró, enredada entre el huerto de palabras del autor turco, esa afirmación que la o lo define, que nos define a todos? ¿Esa noche, tuvo que ser una noche, qué provocó que usara precisamente ese color para señalar la cita? ¿Cómo llegó a sus manos la novela del Premio Nobel de Estambul? ¿Lo compró esperando que su lectura le ayudara a olvidar el roce y el sabor de unos labios? ¿Fue acaso, como sucede tantas y tantas veces, un regalo de aquel o aquella que con el puñal de sus caricias abrió la herida de amor? ¿Lloraba como quien se despide, tal vez para siempre, de su ser amado, a orillas del Bósforo? Y de nuevo, ¿por qué demonios, cómo y cuándo se deshizo o se separó del libro que está en este momento sobre mi escritorio? Habrá que creer, aunque sea un cliché, quizá justamente por eso, que son los libros los que ejercen su soberana voluntad, que son ellos quienes nos escogen y a menudo deciden abandonarnos, como a un bote podrido y débil, que no habrá de llevarlos a ninguna parte. No tengo idea qué me voy a encontrar entre los próximos libros que compre, pero por ahora quisiera terminar con lo que me gusta llamar el affaire Giardinelli-Bonnett. Hace ya un tiempo, sobre una mesa de promociones en otra de las librerías del centro de Bogotá, encontré un libro cuya portada no es lo que se diría atractiva, que no está particularmente bien editado y cuyo papel e impresión no son los mejores, pero que en muchas formas resume lo que he querido decir aquí. Se titula El fomento del libro y la lectura y es la compilación, editada en 2001 por la Fundación Mempo Giardinelli y el Centro de Altos Estudios Literarios y Sociales del Chaco, en Argentina, de una serie de conferencias y reflexiones presentadas entre 1996 y 1999 por diversos invitados, justamente alrededor de los múltiples matices en la relación entre libros y lectores. El volumen incluye disertaciones de autores como Ana María Shua y Antonio Sarabia, entre muchos otros, y una charla de Piedad Bonnett llamada De la literatura por deber y otras aberraciones. Hasta ahí, la cosa no pasa de ser un muy interesante hallazgo; sin embargo, el libro está dedicado y autografiado así: Con un beso para Piedad Bonnett, de su amigo Mempo. Bogotá, 2005. No cabe duda, el libro fue o quiso ser un regalo afectuoso del novelista argentino a la poeta colombiana, que a lo mejor no había visto la edición que incluye su conferencia de años atrás. Pero entonces, ¿cómo llegó a la mesa de promociones donde lo encontré? ¿Acaso la autora de El hilo de los días lo olvidó en algún café, distraída por otros libros y otros besos? ¿Acaso él, el hombre que escribió Luna caliente, sintió un ataque tardío de timidez y no entregó el libro? ¡Ni pensarlo! Eso es imposible y ridículo, pues es bien conocida y documentada la galantería de los argentinos cuando hay colombianas cerca. ¿Acaso, puesto que la dedicatoria incluye un beso, y tanto Giardinelli como Bonnett saben, con Kafka, que los besos por escrito jamás llegan a su destino, se los beben en el camino los fantasmas, es posible que se haya entregado el beso mas no el libro? (¡Oh!) ¿Cómo culpar al escritor, en ese caso, cómo no sentirse atraído por el dulce rostro, por la acariciante sonrisa de Piedad, por esa forma tan suya de hacer el gesto oficial de los intelectuales, llevarse un par de dedos a la mejilla? ¿Acaso ella olvidó el libro a propósito, o lo regaló, decepcionada por algún desaire del autor de Santo oficio de la memoria? ¿Alguien, celoso, o envidioso, o simplemente perverso, robó el libro del bolso (pero no del corazón) de la profesora Bonnett? Con seguridad, lo que realmente pasó fue mucho más pedestre y cotidiano, normal, aburrido, si se quiere, que el pastiche de culebrón insinuado; pero pensar en eso, con el libro en mis manos, me hace sonreír y forma parte del placer de su lectura. Por eso necesitamos de los libros. Porque a la vida a diario le hacen falta colores y palabras. Porque es posible que no exista una mejor imagen del amor a los libros que las peripecias de un libro que habla del amor a los libros dedicado y autografiado, con un beso, de un novelista para una bella poeta. Porque los libros, como dicen que hacen los dioses, se mueven por caminos misteriosos. ** Enrique Trujillo Gamboa http://www.letralia.com/firmas/trujillogamboaenrique.htm Escritor colombiano (Bogotá, 1975). Profesor de literatura. En 2011, con un poema titulado “Refugio”, fue uno de los ganadores del Concurso Nacional de Poesía “La Poesía como una Casa”, de la Casa de Poesía Silva (http://www.casadepoesiasilva.com). Twitter: @gatodelalluvia. === Blue Label/Etiqueta Azul, de Eduardo Sánchez Rugeles ================== === Georgina Uzcátegui Gómez ============================================== La novela Blue Label/Etiqueta Azul —galardonada con el Premio Iberoamericano de Literatura Arturo Uslar Pietri en su edición del año 2010—, escrita por el narrador venezolano Eduardo Sánchez Rugeles, y que ha sido recibida con excepcional entusiasmo por los jóvenes lectores del país, comienza con una referencia ineludible, en boca de su protagonista Eugenia Blanc, a lo que hoy constituye el credo de una nueva camada de venezolanos que salen del país, con un bagaje de vivencias que los convierte en los primeros en escoger una hoja de ruta distinta a la de sus antecesores, una frase que a modo de epígrafe dará entrada a su capítulo inicial: —Y tú, ¿qué quieres ser cuando seas grande? —Francesa. U.E. Colegio S. _____________. Cuarto Grado, sección C. 2001 Alumna: Eugenia Blanc. Su joven protagonista, caraqueña sin mayor experiencia de la ciudad que habita pero no conoce, con una prematura visión de la vida marcada por decepciones y ausencias familiares irreparables, en un recorrido que nos remite a un bildungsroman, urbano y provinciano a la vez, con elementos de una posmodernidad cuyo eco no termina de disiparse, emprende un viaje absurdo en apariencia, en compañía de Luis Tévez y Vadier Antonio Suárez, compañeros de estudios, semejantes a ella en su desarraigo congénito, en busca de un abuelo desaparecido que apenas conoció, un europeo perdido en Indias, extraviado en algún pueblo olvidado del pie de monte cordillerano, de quien necesita obtener la posibilidad de emigrar del país arropada en el hecho de poder adquirir la nacionalidad que aquél ostenta, como una carta a favor de su deseo de escapar de una realidad que no entiende y le fastidia. Vemos, en este recorrido de vida, a seres unidos por intereses disímiles que llegan a converger por circunstancias accidentales conforme avanza este relato, que representan distintos estratos sociales, personas jóvenes que reniegan de un pasado que entienden como equivocado pero que no terminan de aceptar la responsabilidad por una historia que ellos no han escrito ni un presente que se les pretende vender como una receta única; en ese grupo de outsiders destacan Eugenia y Luis, príncipes sin corona a quiénes aquellos rinden admiración, cual corte de los milagros que los acepta sin juzgarlos. En el desarrollo de esta trama presenciamos el derrumbamiento progresivo y la transformación no sólo es de sus personajes, sino de una generación desengañada ante lo que consideran el fracaso estruendoso y colectivo de una nación, que se va desmigajando entre las contradicciones de sus individuos e instituciones, en perpetua recreación fundacional en cada etapa de su historia remota o reciente. A lo largo de esta travesía que se va diferenciando en cada capítulo con títulos que aluden a referencias espaciales, ciudades o pueblos que los viajeros recorren, nos toca presenciar cómo éstos ponen en evidencia, en diferentes episodios hilarantes o funestos, sus mutuas diferencias, sus propios demonios por conjurar, que los hacen buscar diversión sin freno y mostrar irreverencia ante un establishment tropical del que se burlan y al que desprecian, pero el amor se hace presente cuando Eugenia y Luis logran, en instantes cortos e intensos, darle forma y consistencia a un afecto que, pese a lo breve de su duración, tiene resonancias futuras en la vida de Eugenia, cuando ya mujer adulta recuerde y reviva de la manera más insospechada los instantes vividos con su amante y con el resto de sus compañeros de viaje. No puede pasarse por alto que este libro se alimenta de los referentes culturales propios del final de siglo y de la primera década del siguiente milenio: giros en el habla coloquial, películas y personajes del panteón nacional y foráneo, modas, costumbres y hábitos de seres que transitan el final de una época y presencian el nacimiento de otra etapa de una tierra nativa que ya no reconocen ni los reconoce; la música que escuchan, cantan y sufren, que parece acompañar a la trama de este libro en distintos momentos y durante ese viaje del cual regresan convertidos en adultos, son coordenadas claras que definen muchas de las atmósferas emocionales que alimentan esta historia a un mismo tiempo hermosa y trágica, un soundtrack donde convergen Bob Dylan con una Paulina Rubio o El Canto del Loco con el tema musical de una serie de televisión popular en los canales de señal cerrada. Al final, esta narración, que empezó con el deseo de Eugenia de ser una extranjera, nos muestra que sus expectativas se cumplen pero el círculo de vida se abre y cierra para ella en la misma soledad que ha elegido, en donde sus afectos y sueños quedan atrás en el país inconcluso al que ha prometido no volver jamás. ** Georgina Uzcátegui Gómez http://www.letralia.com/firmas/uzcateguigomezgeorgina.htm Narradora y abogada venezolana (Maracaibo, Zulia). Egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve). Tiene estudios de maestría en comercio internacional y es cursante de la Maestría en Literatura Iberoamericana de la Universidad de los Andes (ULA, http://www.ula.ve), en Mérida (Venezuela). Dedicada, tanto en Mérida como en Caracas, al derecho mercantil y administrativo, y a asesorar a particulares e instituciones. Ha trabajado en la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo (1994-2003), en Despacho de Presidencia, Departamento de Jurisprudencia y Secretaría de la Corte. También se ha desempeñado como asistente a la Coordinación de Actividades de Extensión de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UCV. Participó en talleres de narrativa, ensayo y poesía con los profesores María Isabel Novillo, Ramón Ordaz, Enrique Plata y Gabriel Mantilla Chaparro, en la ULA (2004-2005). Cuentos suyos aparecen en las antologías Relatos de humor sin extrema-unción (2006) y Entre Eros y Tánatos (2007), publicadas por la Asociación de Escritores de Mérida (http://www.escritoresmerida-ve.com). Es, además, colaboradora regular de la publicación trimestral Valdeoleacolor, del Ayuntamiento de Valdeolea (Cantabria, España; 2004-2006; http://www.ayuntamiento.es/valdeolea). Tiene inéditos el poemario Historias de Mu Bay (Poemas de pleno páramo) y el libro de cuentos Pequeña crónica de la convivencia y otros rencores. === Tristana: la obra olvidada de Pérez Galdós ============================ === Augusto Lázaro de la Torre Casas ====================================== Cuando se habla de la producción literaria de Benito Pérez Galdós, apenas se menciona una pequeña novela titulada Tristana. Después de leerla, se puede pensar que no faltan razones para obviarla, si se la compara con esas grandes obras de este tan digno representante de la mejor literatura española del siglo XIX y principios del XX: Doña Perfecta, Fortunata y Jacinta, Misericordia, Nazarín y, sobre todo, con esos encantadores Episodios nacionales que alcanzan su más alto nivel de creación. Pérez Galdós (nacido en Las Palmas, Islas Canarias, en 1843, y muerto en Madrid en 1920) recrea en sus obras la vida cotidiana con sus mediocridades y su monotonía, describe las interioridades de la clase media, nos muestra las pasiones, los caracteres y los cuadros históricos de la España de su siglo. Tristana es, precisamente, un buen resumen de esa característica de su autor, pues nos habla de un destino que se escapa entre sueños y vacíos, entre la abulia de esta clase que tiene en los defectos señalados su rasgo principal. Toda la limitación, toda la tara, toda la incomprensión de la familia española de 1800... se destaca (se repite) en la novela. Una síntesis de esta obra podría ser el primer paso para comprender por qué Tristana apenas se menciona. Don Lope Garrido hace un compromiso con su amigo Reluz: velar por su hija cuando él muera. Poco después de esa esperada muerte, don Lope “deshonra” a “la niña” y se convierte, de hecho, en marido a la fuerza de la “pobre muchacha”. Tristana acepta resignada esta primera parte de su “cruel destino”. Más tarde conoce a Horacio, joven figurín y pintor que encarna el ideal que la joven no ha tenido mucho tiempo de soñar todavía. Ambos se enamoran y Tristana encuentra su mundo nuevo en esta nueva relación. Al calor de la misma, sus ideas se desarrollan, se vuelve despabilada, inteligente, pensadora. Una tía del joven se enferma y éste parte hacia Villajoyosa, lejos de Madrid, al tiempo que en la “sierva” va creciendo un odio fiero hacia su viejo opresor. Se cruzan cartas ricas en detalles pintorescos de este devaneo distanciado. Pero la muchacha enferma y es necesario amputarle una pierna. Horacio regresa y, como era de esperar, su amor por ella comienza a decrecer, hasta que desaparece totalmente. Por último, al enterarse ella de que “su hombre” se ha casado, termina casándose también, con su antiguo y ahora nuevo opresor: el viejo don Lope, y resignándose a vivir de esta manera la última etapa de su “destino” histórico. La descripción: brazo derecho de Tristana Comienza el libro con una descripción muy minuciosa, muy española, de los personajes principales: don Lope y Tristana. El señor y la señorita. La fuerza y la belleza. La boca que ordena y los “ojazos” que enternecen. Y continúa describiendo sucesos y personas, lugares y costumbres, hasta el mismísimo final de corte brusco. La descripción desempeña un papel de primer orden en toda la novela. Pero con esta madeja bien peinada de prosa descriptiva, Pérez Galdós da la emoción, el sentimiento de sus personajes, no su sicología. Ésta queda rezagada, abandonada en una habitación oscura y fría, tal vez entre líneas, donde el lector común no puede entrar. Veamos la página 11 de la edición cubana de 1970 (colección Huracán, Instituto del Libro, La Habana): Ejercía sobre ella su dueño un despotismo que podemos llamar seductor, imponiéndole su voluntad con firmeza endulzada, a veces con mimos o carantoñas, y destruyendo en ella toda iniciativa que no fuera de cosas accesorias y sin ninguna importancia. Con este párrafo Pérez Galdós nos da prácticamente la esencia de toda la novela. Porque después están de más escenas y parrafadas y detalles y datos biográficos (todos excesivos) que, si se suprimen, su falta no sería notada. Claro que, como se trata de Pérez Galdós, por lo refrescante y agradable que resulta el hablar del narrador (y de los personajes), cualquier lector se sentiría animado a seguir la lectura. En la obra hay pocos rasgos sicológicos. Uno de esos pocos es el cambio del sentir de Tristana hacia don Lope, en la primera parte, reflejado por el cambio de su conciencia y de su inteligencia. La joven, poco a poco, se va “mundanizando”. Sus pensamientos toman formas desconocidas y atrevidas, despierta su sicología, aunque no se le saca partido a ese despertar en ninguno de los capítulos siguientes. La psiquis ha nacido y ha muerto casi al mismo tiempo. Lo demás es coser y cantar, leer y digerir. El encuentro entre Tristana y Horacio tiene matices demasiado simples. Se exagera el desconcierto por el primer amor que llega. El romance que nace de este encuentro (que no plantea nada nuevo, que peca de común, de “literario”), los largos paseos de los dos amantes, nos huelen a zarzuela. Tristana ha sido empujada a los brazos de Horacio por el trato que le da don Lope, y esta es una solución muy pusilánime para la gran literatura. Aquella limitación, aquella tara de la familia española de 1800... está prendida aquí con alfileres y muy clásicamente, y esto nos parece una debilidad insuperable (más bien imperdonable) de semejante autor. Si a esto añadimos un final de colorín colorado, encontraremos otra razón (y poderosa) para que Tristana no aparezca siquiera en la lista de obras de Pérez Galdós en el Pequeño Larousse. ¿Dónde está el otro brazo? Cuando don Lope se vuelve un viejo débil, se convierte en el típico tirano, en el padre protector y vigilante del bien de su “niña”. Entonces se produce un cambio que ya estaba enunciado: de esposo a la fuerza a padre déspota, muy sutil casi siempre. Pero casi siempre la fuerza, aunque se la adorne con ribetes de ternura. La imposición, la falta de opciones para la muchacha. La fuerza como símbolo de un poder que es más formal que real, porque está condenada por su abulia y su mediocridad. La novela satiriza este tipo de hombre —padre tiranuelo con ideas anacrónicas— que persiste únicamente por obra y gracia del propio medio en que se forma y desarrolla. Don Lope colma su egoísmo en la vejez (edad difícil como la adolescencia) y no pudiendo tener a Tristana como mujer quiere tenerla y controlarla como hija. El perro del hortelano, clásico y aburrido. Sin embargo, justo es reconocer que no le falta amor, pues don Lope ama a Tristana, la ama de verdad, con un amor egoísta, a veces tierno y a veces violento, pero siempre amor. Esto es una pincelada positiva de la obra: los personajes no son buenos ni malos, son solamente humanos. Y este corte de la pierna de Tristana es el momento cumbre en la novela. Con el desgarramiento, que se produce en don Lope, y con las lágrimas que junto a Saturna derramarán todavía muchas amas de casa recostadas a la soledad de sus comadritas, la pérdida de tan preciosa pierna está en primera línea, en el plano emocional, porque no otra cosa que emoción ofrece este capítulo. Y yo diría que toda la obra. El amor se dibuja, no se pinta, y por eso a veces nos resulta rechazable. Tristana va desarrollando sus ideas y Horacio a su lado va sintiéndose cada vez más extraño. Ya no puede subordinar su recuerdo, su presencia, su contacto. El amor lo anonada y abandona el arte, pero sólo temporalmente, pues al final el arte vuelve a llenar toda su vida. Horacio, al parecer, había llegado a adorar a Tristana. No obstante, no concibe la vida a su lado, al lado de esta joven que despunta y asombra. Las piernas (no amputadas) de la obra La descripción merma también el interés por descubrir los personajes. Es demasiado directa. Cuando se esperan actos, acciones, composturas, palabras en boca de cada uno de ellos, sólo se encuentra aquélla. El lector no participa, el autor insiste demasiado en describir sus personajes con sus propias palabras, y así los enfría totalmente. Por ejemplo, refiriéndose a don Lope, describe el autor: “Eran sus atractivos personales de tan superior calidad que al tiempo le costaba mucho trabajo destruirlos” (edición citada, p. 25), en lugar de hacer lo que siempre debió hacer, como se nota en el siguiente párrafo: De buena os habéis escapado, pobrecitas —es don Lope quien habla—, agradeced a Dios el no haber nacido veinte años antes. Precaveos contra los que hoy sean lo que yo fui, aunque, si me apuran, me atrevería a decir que no hay en estos tiempos quien me iguale (ed. citada, p. 8). La chispa: todo el cuerpo Pero, eso sí, muy ricos los diálogos, riquísimas las cartas, sin dudas. En ellos, la voz de los personajes sobrepasa el tema, se sitúa por encima de la idea tratada. Y en las cartas entre Horacio y la joven se plasma ese ingenuo encanto de los enamorados a distancia. Los diálogos, las cartas y algunos monólogos salvan la “honrilla” de Tristana. De Pérez Galdós se reconoce su gran objetividad y realismo, su poder imaginativo, sus dotes de fino observador, y sus personajes y situaciones llenos de humanidad. Incluso el doctor Ricardo Repilado ha repetido en varias ocasiones que “si Galdós, en vez de gallego hubiera sido berlinés o parisién, sería considerado un genio”. De acuerdo con el querido y siempre profesor, en general. Pero en esta novela creo que don Benito se calzó la boina, profesor. Y con todo respeto. ** Augusto Lázaro de la Torre Casas http://www.letralia.com/firmas/delatorrecasasaugustolazaro.htm Escritor y asesor literario cubano-español (Pinar del Río, 1938). Reside desde 1995 en Madrid (España). Estudió economía e idiomas y trabajó durante 25 años como asesor literario en el Ministerio de Cultura de Cuba (http://www.min.cult.cu). Ha publicado artículos, críticas, cuentos y teatro en Cuba, México, Rusia, Alemania, Estados Unidos y España. Obtuvo el Premio Casa de las Américas en 1984 con el libro de cuentos En la viña del Señor. Mantiene el blog La envolvencia (http://laenvolvencia.blogspot.com). === Guerras en la paz Rafael Pérez Ortolá ============================ Las encrucijadas vitales son la regla y sobrepasarlas a toda velocidad, también. Como la rapidez no casa bien con la percepción y el análisis de los matices, me detengo hoy en la relectura de un clásico donde los haya. Guerra y paz, de León Tolstoi. Extraigo de su obra algunas nociones estimulantes, por la actualidad de sus contenidos y por su sentido de participación ciudadana. Preguntas Son tantas las preguntas nucleares, que el pretendido núcleo entró en expansión, diseminó las preguntas y multiplicó las incógnitas. Allí donde alcanzaba la mirada, observábamos fondos desconocidos. Hasta tal punto fue así, que la mera enumeración de los misterios nos enorgullecía y pensábamos que eran los grandiosos conocimientos humanos. Y quizá fuera verdad, porque habitamos el reino de las preguntas. Destapas una y surgen potentes los nuevos interrogantes. Lo que sea el saber, mudó su morfología, cambió su sentido original, quedando como un anhelo siempre menesteroso, pendiente de las pesquisas renovadas. Saber conducirse Hechas las preguntas, acucian las dificultades. Apenas intuimos algún conato de respuesta. Quedamos pasmados e indecisos frente a los contratiempos. Navegamos dando brazadas contra las dudas y tropezando con opciones indeterminadas. ¿Olvidamos el libro que detalle la ruta? Si algo quedó claro, es que no existe. El aprendizaje crucial será individual, desarrollado al son de las actitudes aportadas por cada sujeto; se conducirá después a sí mismo con todas las consecuencias. Ante cada opción, habrá diferencias en los planteamientos. Aquel famoso gen egoísta es muy incisivo, coloca sus artes al menor descuido. También debe existir otro gen altruista, casos hay, pero con menos poder de penetración; las demostraciones son rotundas. Otros genes serán intermedios. Unos y otros van encaminados al ¿para qué?; el aprendizaje les dirige hacia ese objetivo, cuya malicia o beneficencia marcará los resultados. La verdadera vida La confusión dispone de las mayores posibilidades en las extrañas modernidades que vivimos. Hemos permitido que nos dibujen arabescos en los decorados y adornos en los grandes montajes, con las parafernalias que suplantan la verdadera realidad de las personas. Juzguen ustedes la impertinencia o no de dichos intentos. Sustituyen al hálito de la verdadera vida, bien repartido, pero desdeñado por poderes y pérfidos actores. Las pulsiones vitales vibran en torno de la salud y la enfermedad, aportan poesía y arte a raudales; las pasiones o las emociones encienden los registros, reaccionan ante las necesidades primarias. Las manifestaciones de las memorias históricas pretenden un engaño tras otro, dado que prescinden de los pormenores sociales, que son ¡nada menos! que las vidas particulares. Subyugados por los escenarios relumbrantes, aunque falseados; solemos desatender las minucias esenciales. La visión del roble Casona nos deleitó sobre aquel tronío de los árboles, que morían sin abdicar, permanecían hasta el final en su papel. Ora admiramos la firmeza del roble, ceñudo, sí, pero enhiesto y vital pese a los arrebatos circundantes; o somos testigos de los sufrimientos del mismo con resignado talante ante el clima adverso y los comportamientos ajenos. Son visiones paisajísticas. Sin menoscabo de su notable vida interior, de firme arraigo, labor constante y finales con sentido. Sobrepasan la figura del espectador, con su peculiar viveza. Huidos de la vida Por el contrario, pasadas las primeras nubes del determinismo a ultranza, con ellas nada dependería de nosotros; de vez en cuando refulge algún rayo de sol y encontramos parcelas en las que podemos influir. Somos capaces de mirar hacia otro lado, no cabe duda, y adopta muchos matices dicha escapada. El empecinamiento en el trabajo obsesivo no es la menos frecuente; deja relegadas familias y responsabilidades. Qué me dicen de las drogas, menuda evasión, de alcances imprevistos; con razón se ha dicho del trabajo que puede convertirse en una droga potente. Pero la ambición desmedida arrastra por recorridos ajenos a la vida buena; establece numerosas redes conectadas con las áreas de la actividad social. También la pasividad castrante supone una huida hacia ninguna parte. Cinismo instrumental Recurrimos a triquiñuelas inverosímiles para hacer ver lo que no es. Desde antiguo incordia esta actitud intempestiva y la sinceridad escasea en las redes sociales, sedes y plazas. Más allá del engaño, cunde el alarde de ciertos posicionamientos. En las prácticas solapadas actuamos con criterios inconfesables y opuestos a los procedimientos de colaboración sincera. Aunque la debilidad propia, la ignorancia o el fatalismo, resulten cómplices de dichas discordancias, suelen añadirse tentaciones en forma de intereses varios. Provocan el revoloteo de los aprovechados de turno ante cualquier beneficio a su alcance (puestos, categoría, sueldos, fama), sin el reconocimiento en público de su pertenencia a la confabulación, a la que sirven de instrumentos necesarios. Lazos rotos Las historias son variadas hasta la saciedad, pero apenas pasan de simples anécdotas individuales, generacionales o institucionales. ¿Qué significan 100 años? El tiempo las funde en la intrascendencia. Lejos de la sencillez, suceden evoluciones complejas e interrupciones inconcebibles. En la medida que profundicemos en los aconteceres de cada momento comprobaremos las conexiones subyacentes entre las actuaciones que nos parecían muy independientes. Hay una especie de lenguaje común, que supera los idiomas intrincados y trasciende los léxicos gramaticales. Este discurso peculiar y latente de los humanos sólo es perceptible por la sensatez de quienes no se conforman con el vocerío habitual carente de sentido. La insensatez puja con fuerzo por todo lo contrario, defiende la disgregación a ultranza. Clama por el derecho a la frivolidad, irrespetuosa al máximo con las identidades ajenas. Sólo aprecian las ideas propias. Para ellos, ni comunidad, ni naturaleza, contarán para sus afanes. Los insensatos de alcurnia maquinan con movidas sofisticadas, similares en el fondo a las ejercidas por la gente con menos recursos. Los lazos se fueron al garete con la insensatez. Grandeza Con toda seguridad, es uno de los conceptos representativos de la ambigüedad. Planteó los mayores equívocos a los seres humanos; sometida a las interpretaciones, quedó desdibujado su significado. Hablamos de humanos y entran en juego múltiples aplicaciones. Los tamaños, perversidad, sentimientos, trabajos, discursos, pendencias y silencios, pueden ser grandes o pequeños; sin embargo, nos alejan del concepto de grandeza. Si la dejamos recluida en la divinidad no lograríamos percibirla; uno de sus primeros requisitos será la sencillez, que la haga asequible a las personas. Si no ejerce de bondadosa, ¿en qué fundamenta su grandeza? Y por último, sin el cupo de verdad a nuestro alcance, tampoco habrá grandeza a percibir. Son alcances que superan los simples datos científicos. ¿Estimaremos los atributos de la grandeza? Rasero de lacayos En la consideración de las cosas es precisa una valoración constante; de su acierto derivarán las mejores decisiones. En todos los grupos gestores siempre desearemos las mentes más aventajadas y las personalidades cabales; lo contrario deslizaría a la baja la entidad de dichos grupos. ¿Aspiran a la superación constante? Los infiltrados de carácter poco lúcido, serviles y rastreros en sus acomodos, destrozan con rapidez el prestigio del grupo. Quien pretenda un dirigismo sin el debate constructivo sabrá rodearse de lacayos, con el resultado previsible de la mediocridad o el despropósito. El porcentaje de esbirros de esta calaña en gobiernos, consejos directivos y departamentos, constituye un buen indicador de la futura gestión. El panorama actual no es muy halagüeño en tal sentido. Vida y razón La literatura, pero sobre todo la realidad, desvelan patentes desencuentros entre los dos conceptos. El exceso de razones acaba en códigos y normas, huyen de la humildad como si trataran con el diablo; llegan a taponar los menores resquicios, con arrogancia y pretensión de absoluto. A pesar de las evidencias, la espontaneidad de la vida permanece relegada en las diferentes reglamentaciones. Leyes o religiones, políticas y corrupciones, protagonizan desequilibrios trágicos. Quién será el buen equilibrador de ambos rasgos; al menos nos conformaríamos con una aproximación. La sociedad no consigue el ahogo de los impulsos existenciales, pero, vaya que sí, lo intenta. Actividad en la paz El contenido de los libros, como la vida misma, traza argumentos de fuste variable. Habitamos en ambientes llenos de posibilidades. Cada uno experimenta el reto con dignidad o sumido en la frivolidad. El relato de Guerra y paz incide en las aventuras propias de la existencia humana, necesarias para la consecución de una cierta paz confortable. El conflicto de cada persona es insustituible, la abdicación no resuelve nada y la participación renueva las esperanzas. ¿Extraeremos lo conveniente desde los conflictos? ** Rafael Pérez Ortolá http://www.letralia.com/firmas/perezortolarafael.htm Médico español (Pego, Alicante, 1945). Reside en Vitoria, Álava. Es autor de Álava. Geometría sentimental itinerante. Ha publicado artículos en La Vanguardia Digital, El Inconformista Digital, Bierzo Noticias, Deia y Noticias Médicas. === Leo Villaparedes Manuel Cabesa =================================== Pensamos que la historia es solo aquella que nos enseñaron en la escuela, llena de fechas memorables, de héroes con nombres ampulosos, de hazañas apenas imaginables en nuestra vida cotidiana, y nos conformamos con que así sea quizás por respeto al pasado y lo que él representa. Pero la verdad no siempre es así. Hay historias que sin ser grandilocuentes también pueden ser extraordinarias como éstas que nos entrega Leo Villaparedes en su libro Voces e imágenes subyacentes, y que recientemente obtuviera, en la V Bienal Nacional de Literatura “Ramón Palomares” 2013, el galardón correspondiente al género de crónicas. Este pequeño volumen es toda una cantera de anécdotas y remembranzas escritas con ese tono pulposo que tiene a la hora de hablar nuestro amigo Leo, practicante perspicaz del arte hoy casi perdido de la buena conversación. A medio camino entre la crónica y la ficción Leo nos va echando el cuento de su vida, la historia de los suyos y la memoria de su pueblo: La Victoria. Ubicado entre dos fechas claves dentro del proceso político venezolano del siglo XX, el 5 de diciembre de 1948 con la caída del presidente Rómulo Gallegos y el 23 de enero de 1958 con el derrocamiento de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, este libro escapa del acontecer sociopolítico para recrearse en las pequeñas anécdotas de un pueblo que, aunque cercano a la capital, aún vive la inocencia bucólica de una comarca rural. Allí, en esa fuente, bebe Villaparedes el sabor de sus orígenes, allí comienza el relato de su vida que, como suele suceder, también es la vida de muchos. Siento que estas páginas pueden resumirse con las palabras que el poeta José Antonio Castro utilizara a la hora de definir el contenido de Paradiso, de Lezama Lima: “Es literatura de lo vivido y que se recrea por medio de la memoria, pero también es mundo creado por la imaginación y podríamos decir que la vida detenida en el recuerdo se proyecta hacia lo desconocido, hacia lo sobrenatural. Y entonces nos tropezamos con situaciones que eluden el devenir histórico o la veracidad hasta convertir todo aquello en un mundo propio, inflado como un globo por la imaginación”. Por estas voces e imágenes transitan diversos caracteres, personajes presentados por el autor con un lenguaje diáfano como la querencia, anécdotas cargadas de sabrosa simpatía, objetos, momentos y lugares fijos en la memoria: la totuma, la radio de galeno, el almanaque de Rojas Hermanos, las gallinas del patio, el corralón que servía de cine, el trueque de huevos caseros por otros pertrechos, el barbero, el pulpero, los compañeros de la infancia, el legendario Juan Camejo... van formando una galería de personajes entrañables para un lector que, como yo, ha vivido ajeno a las incidencias de una geografía rica en paisajes y personas afables. El mismo autor nos dice acerca del trasfondo de su empresa: “Las historias se construyen sobre los escombros y las cenizas. Desde allí resurgen como el Ave Fénix recreadas por la magia de la memoria y esa ha sido la intención. Los lugares jamás envejecen ni mueren al igual que los mitos y las leyendas”. Pensamos que la historia es sólo aquella que nos enseñaron en la escuela. Pero hay otra, la historia sencilla de gente que como Leo Villaparedes Morales tienen una confianza inalterable en la vida, gente que hace de una acción pública un acto de fe, gente cuya presencia es inexplicable sin su gentilicio. Quizás esta sea la verdadera historia, la que hacemos cada día, con cada esfuerzo, en función de aquellos que un día tal vez sigan nuestros pasos. ** Manuel Cabesa http://www.letralia.com/firmas/cabesamanuel.htm Narrador, poeta y ensayista venezolano (Caracas, 1960). Perteneció al Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg, http://www.celarg.org.ve) y ha colaborado con las principales páginas literarias de la región y del país. Ha publicado el poemario Vida en común (1985), la antología El acto y el lugar de la poesía. Una antología de arte poética venezolana (Maracay, 2002), el libro de cuentos Falsificciones (Villa de Cura, 2004) y la antología Un lento deseo de palabras (Monte Ávila Editores, http://www.monteavila.gob.ve; Caracas, 2010), que reúne su obra poética completa. Reside en Maracay, Aragua. === El camino salvador de Ana María Velázquez Astrid Lander ========== Cadaqués, palacio de viento Ana María Velázquez Poesía Fundación de Estudios Literarios Lector Cómplice (http://lectorcomplice.blogspot.com) Caracas, 2013 ISBN: 978-980-7477-19-2 33 páginas El poemario Cadaqués, palacio de viento, de Ana María Velázquez (http://www.letralia.com/firmas/velazquezanamaria.htm), es un libro que va por partida doble en el hecho de que involucra, a manera de presentación bilateral, tanto una crónica de viaje como un poemario. En este sentido, el libro abre con una narración sensible y emotiva acerca del recorrido de la narradora por los caminos y pueblos en vía a la casa del artista Salvador Dalí. Una vez que se lee el texto en prosa, vienen las imágenes que sobresalen para ser presentadas en poesía. Entonces surge la poeta con sus poderosos versos. En el introito del poemario, justo antes de tomar las estaciones del camino, aparece Alma como el nombre de un personaje de raza negra, como la tierra negra de esos campos, negra fértil, negra que da pan. Junto con ella, la poeta nos revela el otro yo, las oscuridades secretas y las revelaciones a la luz. Esa alma que acompañó a la poeta no es otra que el alma de la poesía, el alma que predispone a escribir en palabras simbólicas, en ritmo, en imágenes. Y es un acierto que el poemario comience con la enumeración de las preguntas al alma, a la inmortalidad: “¿Recuerdas Alma cuando eras vieja y sabia?”. Y culmina con la repregunta: “¿Recuerdas?”. El recuerdo del alma eterna como la persistencia de la memoria, tal cual el cuadro de los relojes fundidos de Dalí. Y, sobre todo, enfatiza en el alma libre, el tema central de este libro. Ocho estaciones poetizan este camino. Nótese que son ocho, el número en círculos, el lazo que se une, que representado acostado nos indica el infinito. También es el nudo en ocho, el nudo de los marineros en las barcas como las tantas que vio Ana María Velázquez en las bahías de este viaje. Y este tipo de nudo, que tan bien como anuda se puede aflojar con facilidad cuando lo requiera, es un nudo libre. De ahí la relación con el tema poetizado en este libro: la libertad individual, la libertad creativa. Tampoco es casual que sea Dalí el impulso para la literatura de viaje, la poesía como pasaporte para contemplar y expresar los claroscuros, conjugarlos con la sombra junguiana y el desplazamiento anímico hacia la luz, para ser libres. Entonces la poeta emprendió el verdadero viaje de la imaginación creadora, lo que se descubre, lo que renace. Cuando se llega a la primera estación, el poema abre con el verso: “Hay dos partes dentro de mí”. Con ello, la apertura ante el examen del alma. Alma que ha de pasar por la locura para coincidir con la lucidez. Y lo transmuta en Alma como un personaje, su compañera de viaje, una negra que tiene miedo de no ser aceptada, como los inmigrantes africanos que llegan a España, desposeídos. En esta poesía de los detalles, se sigue a la segunda parada, en Girona. La enumeración de lo que la poeta visualiza desde la ventana del tren: los campos, las casas, lo que pasa rápido, lo que se ve como parpadeo, y la sentencia del verso final: “No es extravío, dice / sólo desorientación al inicio del viaje”. Y bien se sabe que no importa perderse, sino libremente aventurarse a descubrir lo olvidado. Tercera parada: la poeta nos señala una estación “ínfima”, y desde ese andén, pobrísimo, nos lleva de lo micro a lo macro con una imagen global: un niño geopolítico. Justo en esta tercera estación, “observa el nacimiento del hombre nuevo”, la Trinidad. Cuarta parada: el campesino arando, el duro trabajo para obtener el pan que le da la tierra. Es un poema sonoro por excelencia, vibra el sonido del azadón. Quinta parada: esta es la parada del tiempo, la parada del loco viento tramontano. Con el verso: “Locura salvadora”, que la poeta repite tres veces, como el mago Merlín. Repetirlo, tal vez, para invocar a Dalí. La locura salvadora, como lo es la poesía. Sexta parada: aquí se percibe un poema social a la valoración de la mujer. Con el fondo de una trasnacional, contrasta la imagen de las mujeres árabes tapadas en burkas negras, con la represión de la sangre de sus piernas. Séptima parada: llegada a Cadaqués, el palacio de viento, las barcas, las casas de cal, la tierra surreal, los artistas surrealistas, los desnudos de Gala, para captar los orígenes de los cuadros de Dalí. Octava parada: Port Lligat, adonde solamente se llega a pie, como un buen camino. Tras subida y bajada para entrar a “la salvadora casa salvada de Dalí”. Allí donde el alma halla el purificado mar, alma que se muestra en el verso final en la forma de un velero, navegando mar adentro, en libertad. Este es el poemario de la poeta que fue hacia el norte de España, a la zona limítrofe con Francia, y allí halló su alma poética. Es la que leemos en este libro, el cual contiene el tríptico galardonado con el premio Alejo Moreno, en San Joaquín, estado Carabobo (2009). Ana María Velázquez, quien cuenta con una trayectoria como narradora, cuentista, novelista, es una poeta ¡poeta! Y mi afirmación ha sido corroborada otra vez más, puesto que obtuvo la Mención especial del premio José Antonio Ramos Sucre 2013, en Cumaná, estado Sucre, con su segundo poemario, Extranjera de por vida, que pronto saldrá en circulación y nos llevará, como Cadaqués, palacio de viento, al alma poética libre. (Palabras de presentación del poemario Cadaqués, palacio del viento, de Ana María Velázquez, durante el bautizo realizado el viernes 22 de noviembre de 2013 en la librería Alejandría del Centro Comercial Paseo Las Mercedes, en Caracas). ** Astrid Lander http://www.letralia.com/firmas/landerastrid.htm Escritora venezolana (Caracas, 1962). Licenciada en letras por la Universidad Central de Venezuela (UCV, http://www.ucv.ve). Ha publicado, entre otros, los poemarios La distancia por dentro (Premio Ramón Palomares, 1994), AzuLejos (Premio Lucila Palacios, 1997), Se es; poemas novelados (1999) y Buen camino, hacia el Camino de Santiago (2008). Textos suyos han sido incluidos en diversas antologías. === Islas del mundo: Amedée (Nueva Caledonia) Juan Franco Crespo ===== Hablar de la isla Amedée es hablar de su faro. Una peculiar e histórica construcción que realizó un impresionante viaje por barco desde París, en donde se construyó, hasta esta pequeña, pero preciosa islita en medio de la Gran Laguna, a poco menos de 25 kilómetros de Nouméa (la capital de Nueva Caledonia), y uno de esos puntos que uno no debiera perderse si tiene la oportunidad. Personalmente, fue en 1974 cuando tuve conocimiento de esa preciosa isla gracias a una amiga de correspondencia que en aquellos años iniciaba su formación y estaba estudiando español por aquellas latitudes. Estaba realizando el servicio militar en septiembre en la murciana Cartagena, y aquella carta desde tan lejos me sorprendió; por supuesto, tampoco fue una experiencia traumatizante: estoy de acuerdo con el pueblo suizo sobre los beneficios que ello comporta y el desacuerdo total para la estulticia de los políticos españoles. Tras varios años de correspondencia, en algunas de aquellas cartas me habló de la isla y jamás pensé que podría tener la fortuna de visitarla. Pero la vida da muchas vueltas y un día se presenta esa oportunidad, que fue en 2013 con motivo de mi cese en el servicio activo (medio siglo de trabajo, creo, merecían un regalo especial), aunque los políticos no paran de arrearnos porque, al parecer, los culpables de todo cuanto ocurre en este país son los funcionarios de carrera que se ganaron sus oposiciones con grandes esfuerzos y sacrificio de su tiempo libre (la selección actual verdaderamente da asco, y así nos luce el pelo desde que se instaló el todos sirven para todo y comenzaron a regalar titulaciones que en nada se asemejan a sus equivalentes décadas atrás). ¿De qué se extrañan si después estamos a la cola de cualquier estudio sobre la calidad de nuestros discentes? ¿De verdad están por la labor de formar a los mejores expedientes académicos o realmente de elevar la idiocia al grado mayor? Así que, viendo los continuos “corralitos” a los que nos han sometido desde que nos metieron en la UE (fue casi similar al Otan de entrada, ¿lo recuerdan?). No me lo pensé dos veces y en el otoño de 2012 comencé a “guardar” el porcentaje que calculaba para ese viaje. Momentáneamente, la vuelta al mundo quedaba aparcada ante una realidad que desborda cualquier previsión, y resultó más económico de lo que había calculado a pesar de que Nueva Caledonia no es un destino barato. Los días de estancia en Nouméa me permitieron gestionar nada más llegar de Vanuatu la salida para pasar un domingo (este es un día que, generalmente, en tierras galas, todo está cerrado, así que tienes que llenarlo como sea) en el Faro Amedée. ¡Bingo! Fue una de esas excursiones caras que, al final, resultan baratas por todo cuanto comporta esa experiencia, y si te descuidas no consigues realizar todas las actividades que te tienen programadas. Desembarco, zumos de bienvenida, explicación de las actividades, barco con fibra de vidrio para visionar la fauna marina de aquel paraíso, comida, espectáculo tahitiano, desfile de bellezas autóctonas (son las mismas chicas que te dan la bienvenida en el puerto de Nouméa y que lo mismo te acogen que te preparan la comida), pruebas de pareo (ya participa el mismo público), subida a los cocoteros —previo entrenamiento—, compras y, sobre todo, en mi caso: la visita al faro. Se trata de una estructura ideada por Rigolet en el nordeste de la ciudad de la luz en 1862. Todos sus componentes metálicos fueron montados y luego cuidadosamente embalados para ser enviados siguiendo el curso del Sena hasta el puerto de El Havre, en donde embarcarían con destino a Nueva Caledonia. En total 387.953 kilos que dan una soberbia silueta de 56 metros visible para los navegantes que se introducen por aquellas aguas repletas de arrecifes. Fue el primer faro totalmente metálico construido en Francia y desde el 15 de noviembre de 1865 (día de la emperatriz Eugenia, a la sazón esposa de Napoleón III; ese detalle napoleónico está bien presente en el frontispicio de acceso al faro en cuyos bajos tienen montada una pequeña exposición con paneles y fotografías que explican todo el proceso desde su concepción al resultado final) se encarga, con solemnidad, de la seguridad de los navegantes que tienen señalada la entrada al pasaje Boulari, uno de los tres pasajes naturales en torno a la islita y que de manera natural forma el arrecife circular. Hay otro faro igual, pero en el otro lado del mundo: en el Canal de La Mancha, en Les Roches Douvres, fue preparado para la Exposición Universal de París en 1867 y luego colocado en su actual ubicación. Cuando el faro de Amedée fue encargado por el entonces comandante Jean Marie Saisset (Nueva Caledonia fungía como colonia penal y hacía pocos años que era administrada por Francia) había escogido la isla para los convictos de la metrópoli y el faro tuvo que hacerse en París porque no había personal cualificado que pudiera iniciar la obra de ingeniería. La islita tampoco tiene material que permitiera pensar en extraer lo necesario de su suelo, así que absolutamente todo tenía que ser transportado desde el puerto de lo que hoy se conoce como Nouméa y que es la capital de estas islas en el Pacífico Sur. Los militares fueron los encargados de levantar la obra, auxiliados por algunos trabajadores indígenas que hicieron el milagro en tan solitario rincón del mundo. Las costas francesas siguieron un efectivo programa de balizamiento, los primeros faros de este proyecto inicial se levantaron en 1825. Ello hizo de Francia una de las principales administraciones en la construcción de este tipo de ayudas a la navegación. Había dos constructoras especializadas, Sautter y Henry-Lepaute, a las que en 1862 se les añadió la Barbier-Fenestre. Hay que contextualizar el momento histórico y la importancia de la seguridad marítima en un momento en que el barco era el medio de transporte por excelencia, sobre todo en los viajes interoceánicos. Rigolet fue el que propuso para Amedée la construcción del “mecano de hierro”. Más de 1.265 pesados cajones fueron embarcados en el Émile Pereire en mayo de 1864 en el puerto de El Havre. El viaje duró tres meses hasta que se desembarcó el encargo en el entonces Port-de-France (Nueva Caledonia): al año siguiente ya estaba listo para ser inaugurado. Pocas semanas después partía desde Marsella el ingeniero colonial al que se le confiaba el proyecto: Stanislas Bertin, quien fue el encargado de supervisar el montaje de uno de los faros más bonitos del mundo (infinidad de imágenes están disponibles en cualquier buscador; impresionante —y cansada— su escalera de caracol con 247 peldaños y el paisaje que se ve desde su privilegiada atalaya, sobre todo si el día está claro). Los 56 metros equivalen a un bloque moderno de veinte pisos; contemplar la belleza de la naturaleza desde tan impresionante atalaya en los 360º es algo que difícilmente olvidarán tus retinas. La explotación de la isla la realiza la empresa Mary D, que promueve las excursiones de manera regular y hace que unas 25.000 personas tengan, cada año, la oportunidad de disfrutar de tan inaccesible lugar (no hay otra forma de ir, excepto que seas un potentado y elijas el helicóptero, un taxi exclusivo o una escapada para hacer submarinismo con las agencias que prestan este servicio). La excursión, ya lo hemos dicho, es cara, pero si tenemos en cuenta las prestaciones, convendríamos en decir que resulta barata. Por ello cualquiera que esté por la zona debería permitirse ese capricho. Desde que accedes a uno de sus modernos yates, prácticamente todo está preparado, sólo tienes que tener en cuenta el reloj para poder realizar todas las actividades previstas y, con suerte, hasta puedes ver saltar a las ballenas, algo que nunca se sabe y aconteció durante mi escapada; estos cetáceos vienen a la región a criar desde la lejana zona Antártica. De su fauna terrestre la más característica es la tricot rayé. Diferentes paneles informativos advierten al visitante de la presencia de esta serpiente de mar que suele descansar y realizar su digestión en tierra (su dieta son las anguilas y los pececillos que atrapa en los cercanos arrecifes coralinos). En la isla uno la suele encontrar arrastrándose, debajo de la hojarasca, entre las raíces de los árboles, entre las pocas piedras procedentes de los trozos coralinos de sus alrededores o los huecos que escarban los cangrejos. Son unas serpientes simpáticas y tímidas, pero ¡ojo, son venenosas! Aunque los paneles ya nos advierten de que por su morfología es prácticamente imposible que ataque al ser humano. Se trata de una especie protegida (prácticamente todas las especies de la zona tienen este estatus) y no hay que molestarlas cuando regresan a tierra a descansar. Varias veces ha sido filatelizado el Faro Amedée; hemos buscado y localizado tres efectos dedicados a él. En la oficina del aeropuerto había dos enteros postales, pero no estaban a la venta porque se habían agotado y esos dos ejemplares no hubo forma de conseguirlos porque había que desmontar el mostrador, así que estarán allí hasta que cambien la configuración de la oficina. En la isla hay un solitario buzón de correos para dejar nuestras postales, a las que les aplican una marca de tampón azul. Lamentablemente no siempre queda bien estampado, las postales tienen una superficie que no absorbe y, en la manipulación postal correspondiente, esa tinta se corre y la marca se acaba estropeando. Pero, todo hay que decirlo, las 10 postales que dejé llegaron a su destino (los 20€ esta vez no fueron en vano). Para los que llegan al Faro Amedée y no han preparado sus envíos, hay una tienda de recuerdos en la que tienen un buen surtido de “la isla postal”, justo bajo las piedras del solitario buzón, suelen estar durmiendo algunas de las inofensivas serpientes de la zona. ¡Que la disfruten! Referencias • Mary D Enterprises (http://www.amedeeisland.com). • Centro de buceo de Bernard Andréani (http://www.amedee.sponline.com). • Amédée Diving Club (http://www.amedeediving.nc). • Office du Tourisme de Nouvelle-Calédonie (http://www.office-tourisme.nc). • Air Calédonie (http://www.air-caledonie.nc). ** Juan Franco Crespo http://www.letralia.com/firmas/francocrespojuan.htm Docente e investigador español (Alhama de Granada, 1953). Profesor de primaria, licenciado en geografía y estudios de doctorado en historia de América. Ha colaborado regularmente desde los años 70 con publicaciones especializadas del mundo de las comunicaciones, como WRTH (Dinamarca), DSWC (Dinamarca), Radio Nuevo Mundo (Tokio, Japón), y otras de Argentina, Uruguay, Perú, México, Estados Unidos y España, entre otros países. Durante varios años también colaboró en el mundo de la radio con diferentes emisoras internacionales. Actualmente algunos de sus trabajos son radiados para América Latina a través del espacio Frecuencia RM, en la emisora La Voz de Rusia. Colabora regularmente con Madrid Filatélico, El Eco Filatélico y Crónica Filatélica y mantiene una sección, sobre filatelia alusiva a literatura infantil y juvenil, en la revista Educación y Biblioteca, así como en las publicaciones electrónicas OpusMúsica (http://www.opusmusica.com) y Naturaleza Educativa (http://www.natureduca.com). === Un lunar que es una lámpara Gabriela Rosas ======================= Lunar de viento Jason Maldonado Poesía Fundación de Estudios Literarios Lector Cómplice (http://lectorcomplice.blogspot.com) Caracas, 2013 ISBN: 978-980-7477-21-5 67 páginas Uno se levanta para tropezar con la memoria, con el ruido que somos y dejamos de ser. Uno se levanta para tropezar, porque vivir es sobre todo eso. Este mes de noviembre la moneda cayó del lado de la suerte y tropecé con Lunar de viento. Lunar de viento, de Jason Maldonado (2013), es una publicación editada por la Fundación de Estudios Literarios Lector Cómplice que se agradece desde la portada hasta el último verso. Este libro es como entrar en una morgue, ver un cadáver y tratar de identificar de quién es el cuerpo, para darse cuenta de que es inútil, el cuerpo que yace tendido es el de cada lector, ese cuerpo es de uno y es el de Jason Maldonado, y aún respira. Uno abandona a dios, no viceversa. El posible ahorcado en estas páginas se bebió todo el veneno disponible en algunos de los rincones de su cama, que es la más íntima de nuestras casas, y logró salvarse. Luego anudó con cuidado y respeto la soga, pero la dejó abandonada por “un brillo último que se niega a morir”. “Soy un veneno punzante”, “un simple copular en el silencio”, nos dice. Durante la lectura, la soga es el silencio que nos toca celebrar. En este poemario hay lecciones que lo increpan a uno, como llaves; uno no sabe si va a salir o va de entrada para siempre en este libro, y eso es maravilloso. Lo es también darse cuenta de que este poemario es un espejo donde nadie se reflejará con el mismo rostro dos veces. Uno lee y las pestañas se aferran a la vida, es imposible cerrar los ojos, no leer hasta el último verso. Uno quiere mecerse en su cadencia hasta el final. Desde el comienzo la ciudad ocupa los pasos del poeta, que se asume en tránsito. Y, como todo iniciado, el poeta ofrenda sus versos a los cuatro elementos de la naturaleza y rinde tributo a sus ancestros, porque somos ellos, la sangre se nombra en presente, y esto lo sabe todo aquel que transita por el camino del medio. Hay que decir muchas veces algo para lograr nombrarlo. Así ocurre con el dolor, este libro duele, te levanta, tiembla en las córneas; así es como se logra, así es como se hila este poemario. Así se sobrevive. En Lunar de viento toda reiteración es existencia. Jason Maldonado dice lo que duele, lo que da frío, lo que pasa de largo y lo que se queda, y uno recuerda a Lope de Vega, a Cavafis, a Pizarnik, entre otros, mientras avanza en su lectura. Se agradece el plus, lo leído, lo que trae consigo el poeta, todo lo subterráneo y la fineza del lenguaje. El libro es también el de un cazador, presa a voluntad de las pasiones, y otras por azar, como todo lo ciertamente humano. Es el álbum de fotografías de un sobreviviente, como lo somos todos. En este primer poemario publicado de Jason Maldonado, ocurre todo lo antes dicho, ocurren la vida y sus estallidos, ocurre también el poema como una llama, se funda el hambre y el asombro ante un verbo que se atreve a encenderse. Este libro es una lámpara. Paso el testigo. ** Gabriela Rosas http://www.letralia.com/firmas/rosasgabriela.htm Poeta venezolana. Cursó estudios de educación integral en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel, http://www.upel.edu.ve). Ganadora del Primer Premio Nacional de Poesía para Jóvenes Liceístas (1995), otorgado por la Casa de la Poesía Juan Antonio Pérez Bonalde. Ha publicado los poemarios La mudanza (Eclepsidra, http://www.facebook.com/editorial.eclepsidra, 1999) y Agosto interminable (Eclepsidra, 2008). Ha realizado talleres de poesía y narrativa con Santos López, Carmen Verde y Fedosy Santaella, http://www.letralia.com/firmas/santaellakrukfedosy.htm, entre otros. Poemas suyos han sido incluidos en las antologías Las voces de la hidra (Miguel Marcotrigiano, Mucuglifo, Mérida, 2002) y El coro de las voces solitarias (Rafael Arráiz Lucca, Eclepsidra, 2003), y en reconocidos medios de Venezuela y otros países, y han sido traducidos al catalán y al italiano. Participó en varias ediciones de la Semana Internacional de la Poesía de Venezuela, en el III Salón Pirelli de Jóvenes Artistas y en la Feria Internacional del Libro de Lima (2011), entre otros eventos. @magarosas. |||||||||||||||||||||||||||| ENTREVISTAS |||||||||||||||||||||||||||| === Javier Moro, autor de El imperio eres tú ============================== === “Yo quiero insuflar vida a una página de la historia” ================= === Eduardo Rubilar Aravena =============================================== Javier Moro, autor reconocido de best-sellers como Pasión india y El sari rojo, cuenta aquí los prolegómenos de su último libro —El imperio eres tú (Premio Planeta 2011)—, donde narra los desasosiegos de Pedro I como emperador de Brasil cuando la corte de Lisboa decide trasladarse a Río de Janeiro huyendo de las bombas y proyectiles napoleónicos, conformando así un caso único en la historia de los países de la América Latina. Lo entrevistamos a propósito de su presencia como invitado en la última versión de la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile. —¿Por qué Brasil? ¿Por qué Pedro I? —A mí siempre lo que más me extrañó fue que no hubiera más escritos sobre Pedro I. De hecho, cuando un amigo me señaló ese tema, yo dije eso debe estar superescrito. Nada menos que se trata del fundador de la patria, un personaje tan atractivo, tan contradictorio, tan dramático, tan literario. Pero resulta que no. Se ha escrito mucho sobre él, mucho por historiadores, mucho fragmentado, pero no aparecía un libro que contara la épica de la independencia del Brasil y de la historia fabulosa de esta familia portuguesa, de manera comprensiva, de manera global. Siempre había una información por una parte aquí y otra parte allá, parcelada. Yo quería darle un big picture a todo eso. —¿Le gustan las historias aristocráticas? El sari rojo es una historia aristocrática. —Sí, lo que me gusta más es gente normal puesta en situaciones críticas, de alta responsabilidad, lo que literariamente es muy dramático. A mí lo que me interesa es buscar el punto de conflicto, el punto literario en todo. Yo, si cuento la historia, es desde un punto de vista literario. Yo no soy un historiador, a mí no me interesa tanto la exactitud de la fecha como que el libro sea fiel al espíritu de la época. —Pero si una persona que no conoce nada de la historia brasileña lee su libro, ¿puede usted responsabilizarse de lo que ha escrito tiene fundamento histórico? —Oh, por supuesto, está todo basado en fuentes históricas, en fuentes secundarias y en fuentes primarias. Absolutamente. Lo que pasa es que yo hago una interpretación literaria de esto. Pero los personajes son descritos en mi libro tal y como han existido. Yo no he inventado nada en ese sentido. O sea que el rey Joao VI se pasease con pollitos asados en los bolsillos de su chaqueta y fuese hablando con sus ministros y escupiendo los huesos y que luego se limpiase —porque era un guarro—, eso está dicho, está escrito, son datos. ¿Es que lo tengo que inventar? ¡No! Es que lo increíble de este libro es que no hay que inventarse nada. —¿Le parece que la historia del Brasil es toda literaria? —Mucho. —¿Que casi no es necesario inventar nada? —Muy poco, porque es un país con tantísimo contraste, con una historia absolutamente increíble. Piense que la familia real portuguesa constituye un único caso en la historia europea en que una familia real se muda a las colonias; y al hacerlo, convierte a Río de Janeiro, entonces centro político de la colonia, en capital del Imperio. Eso salva al Imperio Portugués. Entonces la historia de esa huida, la historia de esa decisión es ya de por sí distinto a todo lo demás. Yo si hubiera hecho este libro como novela pura, estoy seguro de que me lo hubieran tirado por la cabeza. ¡Esto es totalmente increíble! Esto no puede existir, me habrían dicho. —Eso si lo hubiera inventado de punta a cabo. —No me lo hubieran admitido. Pero resulta que esto es verdad. Fíjese en un detalle: Pedro I nació y murió en la misma habitación del mismo palacio, de Queluz, con 36 años de diferencia. Hasta eso es literario, eso no parece real. Todo es literario. Lo que quiero decir es que, en este caso, la historia de él era especialmente literaria, los padres que tiene, la madre como era... —¿Tuvo que viajar por Brasil y noticiarse para escribir este libro? —Yo siempre viajo. Viajé primero a Portugal y luego a Sao Paulo y a Río de Janeiro, que es donde más cosas hay porque allí está la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, donde, si buscas, hay un cajón con documentos. Entrevisté a varios historiadores. Pero lo máximo son fuentes escritas, fuentes secundarias, muchas. —¿Alguien le estimuló a escribir precisamente este libro o había un interés propio personal? —Había un interés mío, pero me empujó mi amigo Ramón Menéndez que es un director de cine que vive en Hollywood, que es cubano, y que me dijo “es un historión, métete en ello”. Yo lo miré y me asusté al principio pensando que este era el mito fundador de un país, y dije: “Ya debe estar hecho”. Y la verdad es que no, no tanto. A mí me interesa mucho el vínculo entre España y América Latina. Estaba contando que ayer estuve 14 horas en un avión, venía de París. Ya de por sí esto me parece un milagro, esto de estar en un avión, estar confortabilísimamente instalado y llego a la otra mitad del mundo. Y me encuentro con gente que habla mi idioma. También me parece extraordinario. No es que llegue a la otra mitad del mundo y me encuentro con pigmeos; me encuentro con el mismo mundo que he dejado. Eso es el gran capital que tenemos nosotros. —Esta es una novela sobre la colonización del único país de habla portuguesa de toda América Latina. ¿Qué hubiera ocurrido si los portugueses hubieran conquistado toda América Latina? ¿Sería todo distinto? —Sería, yo creo, un continente más unido. Brasil tendría que haber acabado como los otros países de la América Española, o sea disgregándose en multitud de países pequeños porque había grandes tensiones indigenistas: estaba la Confederación de Ecuador en el norte, estaba Nuevo Portugal, que se reclamaba de las Cortes de Lisboa, y en el sur estaba la República de los Farrucos. Todo eso iba a estallar, como iba a estallar la América Hispana. Era el mismo proceso. Pero, ¿por qué no estalló en Brasil? Porque allí se mudó la familia real. Esa fue la gran diferencia. Si Carlos IV hubiera ido a México —como quiso en un momento dado, pero ya era demasiado tarde—, le aseguro que las fronteras latinoamericanas hoy, de los países de habla hispana, serían muy distintas. A lo mejor no habría un solo país, pero habrían dos, tres o cuatro. —Habría varios Brasil. —Sí exacto, pero no cincuenta como muestra el mapa de Centroamérica. —¿Fue la colonización portuguesa más salvaje que la española, o fueron iguales? —No, la colonización es un momento histórico y entonces se hicieron salvajadas en todos lados. Ahora que estoy estudiando otro tema, sé de las salvajadas que cometieron los ingleses impregnando de viruela las sábanas que luego entregaban a los jefes de las tribus en Norteamérica. Se tiene que todo eso es comparable, es la civilización nuestra que avanzaba con ese salvajismo y en nombre de la religión. Si usted ve la colonización brasileña encuentra una cantidad infinita de esclavos, lo que explica por qué Brasil es un país tan desigual. Es el país, creo, más desigual del mundo, según no sé qué organismo internacional. Lea el libro. Ahí está. Es un país hecho por los esclavos, donde la gran mayoría eran esclavos. Los negros llegaban al puerto de Valongo (la antigua ensenada de la Bahía de Guanabara) —y lo describo en el libro—, los enterraban de pie en el Cementerio dos Pretos Novos —cementerio del final del siglo XVIII y principio del XIX ubicado en el antiguo mercado negrero de Valongo en el litoral carioca, y que todavía está en Río de Janeiro— para ahorrar espacio y tierra. Un día llegó un barco con todos muertos, no sobrevivió nadie. Entonces fue cuando alguien puso manos y empezó a decir que eso no podía ser y que había que asumir algunas medidas de control sanitario en los barcos. Quiere decir que todo eso fue muy salvaje. —Novela histórica. ¿Le gusta ese género? —Yo no hago novela histórica, yo novelo la historia que no es lo mismo. Yo hago historia novelada. Yo no invento, aquí no hay personajes inventados, no hay escenas inventadas, no hay batallitas inventadas... —Entonces es como un reportaje. —No, es como una adaptación televisiva, es una dramatización. Está más cerca de la adaptación televisiva de una serie que de una novela histórica. Porque una novela histórica es una trama de ficción, con personajes de ficción, que evolucionan en un entorno histórico. Y a veces los haces hablar con Napoleón y eso. Yo no hago eso. Nunca he hecho eso. Todas mis historias son basadas en hechos reales, investigadas o comentadas, procurando acercarme siempre a la fuente, para darle un poco de rigor. Yo creo que de eso el lector se da cuenta, que finalmente sin darse cuenta está aprendiendo algo de historia. Pero sin darse cuenta, porque a mí lo que me interesa es darle una forma literaria a todo esto. Yo quiero insuflar vida a una página de la historia. No me interesa contarla como un historiador porque no soy historiador; me interesa apelar a la emoción del lector para que pueda vivir esa época como si estuviera allí. —¿Es como una telenovela? —Yo le propongo al lector un viaje en el tiempo y en el espacio, que lo haga conmigo, y procuro dar vida a esa página de la historia, y para eso se utilizan recursos de la literatura. Y estudias cómo son los personajes y procuras ponerte en su piel e intentas saber cuáles son los conflictos a los que se han enfrentado y hacer literatura con esa página de la historia. Yo procuro mantenerme siempre en un estrecho límite para no tener que inventar nada que no sea plausible. Me da como pudor. —En literatura brasileña, ¿tiene algún autor preferido? —No tengo autores preferidos. Yo era muy fan de Jorge Amado, que yo no sé por qué ahora ha caído como en el olvido. Ahora ya como vendió muchos libros, parece ser que ya no merece ser tratado. Él es un gran tipo, un gran escritor. Él realmente mostró el Brasil profundo. ¿Autores brasileños actuales? He leído a Joao Riveiro, que es interesante. —¿Se siente influenciado por alguna corriente literaria, europea o latinoamericana? —Yo antes de empezar un libro siempre tengo que leer algunas páginas de García Márquez, para el sonido, para la respiración, para el tono. O de Isabel Allende, que también lo hace muy bien. En sentido general, no, en absoluto. Los grandes del boom latinoamericano me influenciaron mucho en mi época, pero también tengo influencias de la literatura francesa. Yo estudié en un liceo francés. A mí a los quince años me obligaban a leer a Stendhal, a Balzac, a todos los grandes novelistas del siglo XIX. Luego, yo soy sobrino de Dominique Lapierre y he trabajado con él como investigador en varios libros y he escrito un libro a medias con él. Eso también ejerce influencias. —¿Su próximo proyecto? —¿Mi próximo proyecto? No lo tengo todavía muy claro, pero quiero contar una de las grandes expediciones científicas españolas del siglo XIX en América. Todo lo que no tiene nada que ver con la conquista y también se hizo y no se conoce nada. —Le gustan los temas ignotos, poco explorados... —Sin quererlo me he especializado en historias verídicas, que han ocurrido y que están medio olvidadas. Yo soy como un buscador en un cubo de basura, a ver si encuentro algo que se pueda limpiar, reordenar, rearmar y decir ¡mira, tenemos aquí un diamante y nadie lo había visto! Porque la gran historia de Pasión india (Seix Barral, 2005) es eso. Nadie se había ocupado de esa historia, la de una bailarina que se casa con un maharajá y se va a vivir a la India. Parece una historia de un cuento de hadas, pero que fue verdad. Un exitazo editorial enorme. —¿Le produce alguna emoción ser best-seller, o usted no lo busca? —Es que best-seller es todo y nada. Best-seller es El Quijote, es Vargas Llosa. ¿Que me gusta tener muchos lectores? ¡Claro! Obviamente. Porque... si eso me permite no más seguir... —En este mundo de hoy, ¿no es necesario bajar la calidad de lo escrito para tener muchos lectores? —No es un problema de calidad. Creo que es un problema de encontrar o tener la suerte de tocar una fibra del lector en ese momento. Mira a Umberto Eco con El nombre de la rosa. No me puedes decir que era literariamente un libro con poca calidad y mira el best-seller que fue..., bestial. —Al final de sus días, ¿qué le gustaría escribir? —Seguir en lo que estoy haciendo, si encuentro historias que me vayan inspirando, que me vayan transportando... porque en el fondo yo disfruto escribiendo, porque me meto en este viaje. —¿Cree que así se puede vivir de la literatura? —Yo lo he conseguido y algunos amigos que tengo también. Yo creo que ahora sí. —¿Hay más posibilidades para los literatos hoy día que hace cincuenta o cien años atrás? —Sí, hoy es muy difícil que se tenga un manuscrito que merezca ser publicado y no lo sea. —¿Qué opina de la digitalización de los textos? ¿Facilita la lectura o es un impedimento para ella? —Bueno, yo soy de los que leen en el iPad, yo quería comprarme el libro digital de Bolaño, el de Los detectives salvajes, y no está. Entonces tuve que comprarlo en papel. Pero si no, para un viaje así en avión, yo leo en el iPad. —¿Es ese camino el del fin del libro como lo conocemos actualmente? —Yo creo que el libro se mantiene eternamente, lo que pasa es que esta es otra forma, pero es otra forma que nos puede matar a nosotros los escritores. Porque a mí me piratean todo, el 80 por ciento: los libros están en la red de manera ilegal y los bajan. Por uno que vendo, cinco se los bajan ilegalmente. —¿Eso es bueno o es malo? —Una catástrofe, yo creo, porque la cultura no es gratis. A mí no me importa que se bajen mi libro siempre que me dejen ir a su casa por un filete de carne cuando tenga hambre. —El Nobel, ¿le emociona? ¿no se siente en esa carrera? —No, no, en absoluto. A Alice Munro, mira, la empecé a leer cuando le dieron el Nobel. Estoy leyendo un libro suyo de cuentos, hace como un mes, pero fue ese día, porque no la conocía realmente. ** Eduardo Rubilar Aravena http://www.letralia.com/firmas/rubilararavenaeduardo.htm Periodista chileno (1964). Egresado de la Pontificia Universidad Católica de Chile (http://www.uc.cl), ha cubierto durante más de veinte años las informaciones nacionales e internacionales desde su base en Santiago. Perteneciente a la camada de profesionales que luchó por el retorno de la democracia a su país, cursó estudios posteriores en Estocolmo (Suecia) y de cinematografía y psicología en Chile. === La voz despierta de Dulce Chacón Efi Cubero ====================== “Segada en dos y sola / no permitas mi olvido”. Recuerdo estas palabras tuyas, Dulce, cuando al inútil amparo de lo escrito giran otras secuencias mientras la luz incide sobre folios en blanco, a la espera, como aquel plano, hondo y horizontal, por el que transitabas junto a tus desgarrados personajes, codo a codo con ellos y sus historias perfilando aquel tiempo de memoria abolida, amplificando el eco de las dormidas voces —más despiertas que nunca— junto a tu voz creadora y solidaria. Tú honraste aquellas voces despertando a la tierra sin descanso. Tú horadaste silencios. Sabes perfectamente, querida Dulce, que no soporto las necrológicas, acaso porque soy más de elegías sutiles, ya que siempre he opinado junto a María Zambrano que “tan sólo da vida lo que abre el morir” y que nada, por estéril e inútil que parezca, caerá en saco roto si lo escrito tiene autenticidad. Sabes, como yo y como tantos, que tu obra, como tú, sigue viva, por eso mismo, porque contiene verdad. Se empeñaron en ello las voces a las que despertaste con tu entrega absoluta para hablarnos por ellas. Abierta sigue porque está formada de aliento y de memoria, de capítulos vivos y de fondos secretos que se van paso a paso revelando, desvelando en su oculta identidad. Lúcidamente dura la activa despedida, la reflexión serena ante un poso de olvido que sin embargo a ti te ha respetado. Lo físico es tan sólo transitorio, el reflejo de la caducidad de la materia, que es lo que importa menos. Lo que importa es la vida que trasciende prendida en la palabra, y tú la poseías. Sigues eterna en ella. Frente a este tiempo nuestro de guerras y barbarie, de pandemias, de brutal agresión a las mujeres, a los niños, los débiles del mundo, se alza tu rebeldía como un grito de paz y de concordia porque, aunque a veces se desande lo andado, se sigue caminando sin descanso traduciendo el dolor, y lo escrito, lo vivido y lo sentido pueden formar un sueño de futuro donde comunicarnos y entendernos al fin. Me quedo, Dulce, con ese hernandiano perfil tuyo de “una mujer morena resuelta en lunas” que abre de par en par las puertas de su mundo, y de su corazón, sin más reserva que derramarse en hilos de sentido y hablar, tan largamente y tan sincera, de todo lo que duele al ser humano, porque es lo que te duele. Lo que nos duele a muchos. En la materialidad del escribir se funden ahora mismo dos conceptos, la pena y la certeza. La pena por tu ausencia irremediable, y la certeza de que el testigo queda en otras manos, limpias, comprometidas como lo eran las tuyas. Las manos escritoras de tu hermana gemela: Inma Chacón. Tu otro yo desdoblado y diferente, complementario y a la vez autónomo que, mientras tú vivías, eligió lo discreto de una sabia penumbra para que tú te alzaras, acaso para no hacerte sombra en tu carrera vertiginosa y libre. Fulgurante. Ahora triunfa, por ella y su talento, sin dejar de nombrarte para que no te alejes, como siempre, en este recorrido en soledad, tan bien acompañado. Me quedo, Dulce, con aquel termo de café sobre la mesa que las dos compartimos aquel día de septiembre; con las vigas desnudas de la madera cálida y con la luz filtrándose en sonidos por la ciudad animada. Con tu voz reflexiva matizando respuestas. Con las conversaciones que no se lleva el tiempo del olvido, con el amor común y compartido hacia esta tierra nuestra matizando este otoño con la luz de tu voz que no nos deja, tan presente. Yo me quedo también con aquel día —uno de julio era, que aún me acuerdo— de aquel año fatídico 2003, cuando nos encontramos de nuevo en Barcelona, tú sin respuestas ante lo que se avecinaba, yo sintiendo en la mirada extraña, profundamente oscura, como una sombra que no pude descifrar que contrastaba con tu rojo vestido y con la calidez de la sonrisa amiga. Venías a presentar un libro colectivo: Entre raíles, y al terminar el acto nos sentamos las dos para charlar de nuevo, de nuevo ante el café, en la cafetería de los grandes almacenes donde el libro se había presentado. La enfermedad que te zarandeaba no te había doblegado, pero yo lo ignoraba, y estabas allí tú hablando de mil cosas mientras que al fondo de los ojos, siempre tan expresivos, había un silencio doloroso e íntimo. Nos abrazamos en la despedida con la cordialidad de los reencuentros y yo no pude sospechar siquiera que jamás volveríamos a encontrarnos. Me quedan las palabras de “cariño y gratitud” que escribiste como última dedicatoria para mí en ese día subrayando el recuerdo de otro encuentro en Madrid, donde, en tus palabras escritas sobre el tiempo: “La magia se hizo lenguaje en forma de entrevista”. Rilke, que tanto te gustaba, me susurra al oído que “Antes que la vida deberíamos ganarnos la muerte”, y yo le he respondido que esa muerte es injusta, que lo que te has ganado bien limpiamente a pulso, sigue siendo la vida. Puesto que sigues viva. Y siempre lo estarás en la memoria de tu voz despierta. Más despierta que nunca. La entrevista Desde la estación del mismo nombre subí la cuesta de la calle Atocha, que no se me hizo entonces cuesta arriba. La gente subía y bajaba por las escaleras del metro de Antón Martín y Atocha. Todas las razas, todas las etnias se entrecruzan y pasan por las aceras de la capital de España. Las perforadoras y los automóviles ponen ritmo a las calles y a los apresurados transeúntes. Tras los cristales de las tascas castizas se mueve lo diverso, lo variado o variopinto, lo multicultural y lo multirracial. ¡Un ají de gallina! ¡Marchando una de callos! El sancocho y la arepa, la tempura, el cocido o la fritanga, el mojito, el tintorro, el mezcal y el chinchón: marcas y mezclas. Madrid combina bien con casi todo, lo nuevo con lo antiguo, lo mínimo y lo máximo, lo cutre y lo exquisito, lo fugaz en la posmodernidad y la pétrea dureza del pasado. Porosa esta ciudad tomada por bohemios y yuppies, nostálgicos de la movida, o de los de toda la vida, los movimientos alternativos y los inamovibles. Miradas serenas, sabias y reflexivas de Velázquez, miradas fulminantes, incendiadas, incisivas de Goya. Miradas con memoria o desde la memoria. Miradas sobre el tiempo. Como el paisaje urbano se amplía el paisaje humano, todo adquiere su fuga y su desgarro, su pauta y su concierto, su voluntad de ser —también su desconcierto— y esa viveza única que adquieren las ciudades, caóticas y libres, cuando tantos las pisan, las quieren y las odian, y que saben también el cómo sorprenderte a cada paso. Me quedo ahora con esta luz antigua y mesetaria, perpetuamente nueva, que ilumina los verdes de sus árboles y el verdín de sus viejas estatuas, el sesgo esmerilado de sus modernas torres y el azul de este cielo... fui a decir velazqueño y me detuve a tiempo y, sobre todo, con las múltiples caras de este cubo de Rubik que, a punto de arrojarlo al Manzanares, nos vuelve a fascinar con sus propuestas dispersas y diversas, huidizas como los espejos deformados del Callejón del Gato valleinclanesco, insolentes y mágicas como una página desde el umbral de los mentideros, divertidas o trágicas como los fotogramas o las secuencias almodovarianas. Como los propios sueños. A veces pisas esta ciudad y te peleas con ella... Siempre la buscas. Al final, siempre termina por reconciliarte con los vericuetos de su particular laberinto. Es un día luminoso de septiembre de 2002, casi al finalizar la cuesta de la calle de Atocha, cerca, muy cerca de la plaza Jacinto Benavente y, entre las calles por donde transitan algunos de los personajes de sus novelas, Dulce Chacón me recibe. He subido los peldaños de gastada madera y ella me acoge cordial y confiada en su salón repleto de plantas y de libros. Ahí me detengo. En los escaparates de todas las librerías se halla expuesta La voz dormida, su, por ahora, último libro. Personajes sin tiempo adquieren en su palabra validez verbal y sobre todo calidad humana. (La entrevista sería publicada en febrero de 2003 por Frontera, revista en la que yo colaboraba por entonces). La escritora Dulce Chacón nació en Zafra, Badajoz, en 1954. Hija del poeta y ex alcalde Antonio Chacón, a los 11 años la llevaron a Madrid, ciudad donde residió hasta su muerte un día 3 de diciembre del año 2003. Su primer libro publicado fue un poemario publicado en 1992: Querrán ponerle nombre, al que siguieron tres poemarios más. Cuentos, obras de teatro y algún que otro reportaje. Y las novelas: Algún amor que no mate, 1997, sería la primera, formando una trilogía con Blanca vuela la mañana y Háblame musa de aquel varón, y Cielos de barro, en 1998, con la que obtuvo el Premio Azorín en el 2000. Además de otros premios en poesía, colaboró en series de televisión, en una biografía de la torera Cristina Sánchez y en el libro La voz y la palabra, contra la invasión de Irak. Comprometida siempre con las causas más justas perteneció a Mujeres contra la Violencia de Género y colaboró siempre con actos solidarios. La editorial Alfaguara le publicó La voz dormida, que rápidamente alcanzó ocho ediciones, donde —según Sabina Lloret— “Dulce Chacón recupera los años grises de la posguerra española y el testimonio silenciado de los vencidos, sobre todo de las mujeres del bando republicano que sufrieron la represión franquista en las cárceles”. Hay ahora un termo de café sobre la mesa, una blancura tibia en el sofá, vigas dándole vida al techo, plantas y libros y cuadros y ventanas por donde se cuela el aire tan limpio hoy de la ciudad. Y la madera dúctil recubriéndolo todo y la sonrisa amplia de la escritora. “Segada en dos y sola. / No permitas mi olvido...”. Le recuerdo esos versos, y también las palabras que dijo cierto día: “Se escribe poesía para no morir”. E.C. ¿Se escribe poesía para no morir, Dulce? D.Ch. Sí, se escribe poesía para no morir, efectivamente. Yo siempre recordaré uno de los libros que siempre me acompañan: Carta a un joven poeta, de Rilke. Ahí, él explica cómo este joven poeta le pide opinión de si debe seguir escribiendo o no y, entonces, el Maestro le dice: “Si usted puede vivir sin escribir, déjelo, no merece la pena; ahora bien, si usted siente que se muere si deja de escribir, entonces tiene que seguir escribiendo, da igual que yo le diga si sus poemas me gustan o no me gustan...”. Sí, se escribe para no morir, efectivamente. “Cada cosa, con sólo mirarla me suscitaba una ansiedad irresistible de escribir para no morir”, escribe García Márquez y, en este juego de analogías y correspondencias, se expande el “veneno” sutil de la literatura, su permanente indagación: ¿Hacia los demás o hacia nosotros mismos? La charla continúa. Existen vivencias y recuerdos en parecidos entornos y similares escenarios: Dulce Chacón es de Zafra y yo de Granja de Torrehermosa, no existen aquí nostalgias de tiempos ya perdidos, pero sí la conciencia y la consciencia de pertenecer, para siempre, a un territorio como referencia desde donde una parte, en un amplio contexto de universalidad, para entender el mundo y entenderse a sí misma. La mirada se tiende hacia los pueblos blancos del sur de Extremadura. También hacia el color y los matices que exhiben las hojas del otoño en el Valle del Jerte. La frescura y luminosidad de los paisajes evocados centra la charla; tan sólo son preámbulos para incursiones de mayor calado. Por este valle anduvo Dulce con otras hojas en la mirada y en la mente. Con otros matices que el viento del olvido no consiguió borrar. “Supervivientes que pelearon al lado de la República intentan recuperar la memoria de aquellos tiempos —dice—. En el Valle del Jerte y en Santa Cruz de Moya traté con guerrilleros —me cuenta la escritora— y con presos. ”Unos me llevaron a otros, y poco a poco me encontré con un montón de testimonios, tardé dos años y medio en escribir La voz dormida y cuatro en documentarme. Tengo una gran deuda con todos los que me ayudaron con sus testimonios, por la generosidad que tuvieron al regalarme sus recuerdos. ”Lo que más me impresionó de ellos fue su ternura, su pasión y esa inmensa dignidad de sobrevivir con la cabeza alta en medio del horror”. Se hace recio el acento, vocablos olvidados giran en la conversación. Fluidamente se engarzan igual que las cerezas de esa tierra o, como los canchales, ásperos, erizados y tenaces. Pero yo quiero empezar por el principio y le pregunto: E.C. En cierta ocasión tú dijiste que tu madre te enseñó a leer y tu padre a escribir, no es mal comienzo para andar el camino de la literatura... D.Ch. Bueno, mi padre era poeta y cuando acababa un poema nos reunía a todos, somos nueve hermanos, y junto a mi madre nos leía el poema. Por las noches, en lugar de contarnos cuentos nos recitaba sus versos. A mí el amor por el lenguaje, la pasión que suscita el lenguaje, por lo menos la que yo veía en mi padre, creo que él me la contagió. Él me contagió la literatura, que es un “virus” que se contagia... Te envenena y ya no te curas jamás... Afortunadamente (subraya). E.C. Tengo entendido que tu padre murió joven. D.Ch. Sí, tenía yo once años cuando él murió. Él me enseñó a escribir. Yo escribo poemas desde niña y recuerdo que los ponía sobre la mesa del despacho de mi padre para que él los leyera... E.C. ¿Qué profesión tenía? D.Ch. Mi padre era abogado. Era también alcalde de Zafra, procurador en Cortes y diputado provincial, pero cuando alguien me preguntaba: “¿Qué es tu padre?”, yo siempre decía: “Mi padre es poeta”. Mi madre en cambio me enseñó a leer. Ella era una gran lectora; yo creo que la pasión por la lectura también te la han de inculcar, tuve suerte por parte de los dos. Ella fue la que dirigió mis lecturas, de pequeña y en la adolescencia hasta que yo empecé a leer. Me transmitió el amor por los clásicos, los rusos... Dirigió bien mis lecturas. E.C. ¿Tienes algún libro que te marcara especialmente en esa etapa de la adolescencia? D.Ch. Fueron muchos, pero uno de los que yo recuerdo de ese tiempo es Por quién doblan las campanas, de Hemingway. A veces pienso que quizás el recuerdo de esa novela me haya llevado a escribir La voz dormida, fíjate. E.C. “La poesía —dices— es una forma de mirar el mundo. Sin esa mirada el mundo se vaciaría por completo”, pero tú sabes que la mirada, cuando se halla atravesada por la memoria, no resulta neutral, ni mucho menos inocente... ¿Cómo entonces se contempla el mundo? D.Ch. Yo creo que nadie es inocente. La mirada somos nosotros, ¿no? Creo que tampoco somos neutrales; que somos los recuerdos que tenemos y que la memoria nos acompaña siempre. Y escribir, de alguna forma, es también recuperar la memoria. Enfrentarse a un texto es también enfrentarse a uno mismo: al conocimiento que tienes y al que adquieres durante la elaboración de ese texto. Yo creo que se escribe, como decía Rimbaud, para conocerse a sí mismo, pero también para conocer el mundo. E.C. ¿Cuál sería el motor que te empujase a escribir: necesidad, diversión o desasosiego? D.Ch. Yo diría, con Pessoa, que el desasosiego. Esas preguntas que están en el aire y que nosotros nos hacemos intentando buscarles respuestas pero que, sin embargo, no es lo importante encontrarlas sino, precisamente, buscar esas respuestas. O hacerse esas preguntas... Yo creo que eso es lo que me lleva a escribir. El viaje... E.C. ¿El viaje es más interesante que la llegada? D.Ch. Exactamente. O como decía Kavafis en su poema “Ítaca”, que llegar allí es la meta pero lo que encuentres en el camino es lo que va a enriquecerte, no Ítaca. E.C. ¿Puede un escritor apropiarse de la realidad sin simbolizarla? Te digo esto porque, aunque en tu prosa hay sentimientos concretos y no abstracciones, juegas también con determinados símbolos... D.Ch. Yo creo que el lenguaje construye el mundo también; y necesitamos de los símbolos para construir el mundo. La capacidad creadora del lenguaje. La capacidad de sugerencia y de evocación del lenguaje es también necesaria. E.C. ...e incluso la ausencia. D.Ch. Efectivamente. Incluso el silencio. Yo creo que es necesario también para la prosa... Esa capacidad de sugerencia, esa capacidad de evocación, y esa capacidad de crear del lenguaje tiene que estar también en la prosa, no sólo en la poesía. Y muchas veces nos lleva al sentimiento, aunque no lo nombremos. Utilizar el silencio como elemento del lenguaje... eso que se ve tan claro en poesía. E.C. El “punto cero” de Celán o Valente. D.Ch. Sí, yo le doy una gran importancia a ese “punto cero”. E.C. ¿Y cómo definirías tu poesía? ¿De la experiencia? ¿Meditativa? Si es que debe ponérsele etiquetas... D.Ch. A mí no me gusta ponerle etiquetas a los poemas y tampoco me gustan las diatribas literarias en torno a la experiencia, etc. No me gustan. Además, todo eso es ajeno al poema. Es ajeno a la poesía. La poesía viene desde dentro y viene de cada cual. Cada uno tiene que escribir como le sale o como le da la gana sin que tenga que adherirse a un grupo a una tendencia o a una corriente. Yo creo que estamos sujetos a la evolución, afortunadamente, y a lo mejor podemos empezar a escribir de una determinada forma y terminar escribiendo de otra manera. Aparte de que a mí me asusta mucho eso de “yo escribo poesía de la experiencia” o “poesía del conocimiento”, etc. Toda la poesía es de la experiencia y del conocimiento, por supuesto. Suena el teléfono repetidamente. Dulce Chacón esboza una sonrisa de disculpa. Tiene una sonrisa luminosa y amplia la escritora. Es lo que primero, si hicieras un apunte, subrayarías. Pero después te darás cuenta enseguida de que los ojos a veces desmienten esa alegría contagiosa. Son ojos oscuros y profundos, como de heroína clásica o tal vez lorquiana. Ojos analíticos, observadores y reflexivos... Familia Para que la conversación respire dejo “aparcado”, de momento, lo literario, y le hago una pregunta personal, pero tengo la secreta impresión de que Dulce no es muy amiga de extenderse en estos pormenores, así que no insistimos en el tema y lo apuntamos de pasada. E.C. ¿Cómo es un día cualquiera en tu vida? ¿Estás casada? ¿Tienes hijos? D.Ch. Tengo tres hijos, dos chicas y un chico, y estoy casada por segunda vez. Como los chicos son ya son independientes, vivimos mi marido y yo solos y nos lo “montamos” muy bien —dice sonriente, luego rectifica—. Bueno, la verdad es que los echo de menos... Pero siempre vienen. Siempre están ahí. En cuanto a qué es lo que hago en un día cualquiera pues la verdad es que sobre todo lo que hago es escribir. Que es lo que más me gusta del mundo, con lo cual no necesito ni disciplina, ni horario, ni estímulo, sino dejarme llevar por mi pasión. Dejarme arrastrar por ella. Naturalmente que a veces voy al cine o pongo un ratito la televisión, charlo con mis amigos, me pongo a leer, etc. Una vida como vez muy normalita. A veces, si estoy en promoción de algún libro, pues imparto muchas charlas, voy a institutos o a otras ciudades, pero, vamos, generalmente mi vida es muy normal. E.C. Junto a Diego Doncel te has incorporado recientemente a la Universidad de Extremadura. ¿Cómo resultó la experiencia? D.Ch. Pues para mí fue muy gratificante. La verdad es que me resultó corta. E.C. ¿Cuánto duró? D.Ch. Fueron solamente cinco meses y yo creo que debería haber durado por lo menos un curso escolar. Fui a dar charlas en las distintas sedes de la universidad y talleres de literatura. La verdad es que el contacto con los jóvenes, con los estudiantes, a mí me enriquece una barbaridad. Me gustó muchísimo la experiencia. Me parece un acierto que los chicos tengan contacto con los creadores y que sepan que somos gente normal que nos dedicamos a esto como se puede uno dedicar a otra cosa. Este contacto directo a mí me gusta mucho. ¡Lástima que resultara tan corto! E.C. Dante eligió a Virgilio: ¿qué hipotético guía sería el tuyo en este purgatorio, infierno y paraíso de la literatura? D.Ch. De elegir yo escogería a César Vallejo. A mí me parece el gran poeta con el que yo me identifico. Otro de mis poetas es Celán, José Ángel Valente, Rilke, por supuesto... Y en narrativa Julio Llamazares, que es un escritor de los que enseñan, y José Saramago, un escritor que también me interesa muchísimo. Hay bastantes escritores que me gustan. E.C. ¿Temes que te influencien? D.Ch. No. A mí las influencias no me asustan, yo creo que bebemos de las fuentes que nos enriquecen y eso siempre es saludable. E.C. Un libro que te apasione. D.Ch. La Odisea. La Odisea me parece un libro que contiene muchos libros, ahí están la poesía, los libros de aventuras, los libros de amor, los de caballería, todos, todos... Los contiene todos. Y luego me encanta también el de Las mil y una noches. ¡Sabían tan bien narrar! E.C. La verdad es que no sabemos cómo sería el texto original pero lo traducido es realmente una belleza. Estoy por completo de acuerdo contigo. D.Ch. Además tienen mucho de literatura oral que a mí me gusta tanto. Es que venimos de esa tradición... Yo creo que la literatura empieza ahí, en los cuentos que nos leían nuestras madres; el “érase una vez...” nos marcó, sin duda. Lo verdadero E.C. Stendhal afirma que a la verdad únicamente se puede llegar a través de la novela. ¿Suscribirías estas palabras? D.Ch. Quizás, porque es más fácil de creer aquello con lo que te identificas. E.C. ... y de crear. D.Ch. Y de crear. De todas formas yo no sé... A mí me parece que la poesía es muy verdad también... E.C. Es la Verdad. D.Ch. Sí. Es la Verdad. Entonces yo no estaría muy de acuerdo, por eso, porque yo pienso que en todos los géneros puede encontrarse una verdad; por ejemplo en el teatro: ¿qué es más verdad que el teatro también? Opino que la verdad se persigue y que muchas veces no se encuentra. Hay muchas, muchas maneras de llegar a la verdad y una de ellas, por supuesto, es la novela. Pero no la única. Me parece que la única no. E.C. Tú empezaste en la poesía y has terminado por decantarte hacia la novela, ¿qué te llevó de la poesía a la narrativa? D.Ch. Pues la verdad es que a mí siempre me llamó mucho la atención la narrativa, pero siempre pensé que era difícil escribir una novela y que yo nunca lo iba a conseguir y, fíjate, ya voy por la quinta... El caso es que me daban una “envidia” los novelistas entonces. Una vez, en un taller de literatura, al que asistí porque yo iba a dar otro y quería ver cómo aquella escritora lo hacía, nos mandó escribir un cuento de quince líneas y yo escribí ese cuento y entonces fue cuando me percaté de que esa voz que yo había entregado al papel quería seguir contando cosas, le seguí la pista y terminé escribiendo mi primera novela: Algún amor que no mate. E.C. Que, junto a Blanca vuela la mañana y Háblame musa de aquel varón completarán lo que has dado en llamar Trilogía de la huida. ¿Por qué Trilogía de la huida? D.Ch. Yo en realidad quería escribir sobre la incomunicación en el mundo de la pareja, y esa, mi primera novela, se ciñó mucho al ámbito de lo doméstico; a los malos tratos, a la sensación de que no hay huida. Que no hay salida posible. Luego quise escribir la segunda, y la tercera, desde distintos puntos de vista: cómo la comunicación se rompe en el mundo de la pareja y cómo la mujer afronta esa incomunicación. E.C. ...Desde el silencio y desde la soledad. D.Ch. Exacto. Me interesa muchísimo la incomunicación porque es uno de nuestros grandes males. ¡Si tuviéramos una comprensión del otro y una aceptación del otro... nos libraríamos de muchas cosas si lo llegáramos a lograr! La mujer (Le recuerdo sus versos) “Que no sea el dos un par / que sea una sucesión de uno en uno” —sonríe. Pienso que es una presencia el elemento testimonial de muchos de los personajes femeninos de sus obras, su propio mundo convertido en presencia. Cómplices siempre antes que personajes... E.C. ¿Se profundiza o completa así el lugar para esa existencia que —en tus palabras— “les ha sido negada durante tantos años”? D.Ch. Claro. Yo creo que la mujer ha sido una figura en la sombra y nunca, aunque haya sido protagonista, se le ha reconocido ese protagonismo. Yo pienso que estamos demasiado acostumbrados a que la mujer tenga que demostrar doblemente su valía. En cualquier ámbito, no solamente en las artes o en la política; en cualquier aspecto de la vida tenemos que demostrar esa valía doblemente e incluso triplemente, y creo que ya está bien de este papel secundario que nos han dado. Que el mundo es machista, ¡eso ya lo sabemos! Pero tenemos la obligación de cambiar el mundo... E.C. O por lo menos la visión del mundo. D.Ch. Claro, dándole a la mujer el papel que le corresponde: no usurpar el sitio de nadie. La sociedad es un tejido de seres humanos, no de hombres. Hombres o mujeres y, cuando desaparezca esa frontera entre el hombre y la mujer, donde no tengamos que estar luchando por nuestros derechos, yo creo que entonces habremos llegado a un nivel igualitario... E.C. ¿Crees que en la actualidad es cuando la mujer comienza a hablar con voz propia? D.Ch. Creo que hay muchísimo avance en esto. Sí que empezamos a hablar con voz propia. Ya no es necesario, por ejemplo, el que la mujer se disfrace de hombre para escribir, no. Por lo menos se empieza a escuchar esa voz, se empieza a tener en cuenta la voz de la mujer, aunque todavía no podamos echar las campanas al vuelo... Pero sí que es verdad que hay avance en este tema... De lo sencillo a lo complejo y de lo primitivo a lo organizado, los planteamientos de las historias de Dulce Chacón, como la propia Naturaleza, marcan sus propias leyes. Coro sin corifeo, esta empresa sinfónica anula lo prolijamente demarcado y parece avanzar hacia el contacto directo con la problemática del ser humano, principalmente con la de la mujer en nuestros días, o también con marcadas referencias al pasado cercano. E.C. En la elaboración de una novela, ¿qué constituye para ti el núcleo más difícil? D.Ch. Para mí el más difícil es la estructura. La verdad es que cojo estructuras algo complejas, sobre todo, en las dos últimas novelas donde se entrelazan muchos personajes. Novelas corales... Estructuras bastante complicadas de hacer aunque fáciles de leer. E.C. ¿El lenguaje resulta suficiente para dar cuenta de la realidad o nunca está todo dicho? D.Ch. El lenguaje es muy poderoso. Yo creo que tiene el poder de crear, de fascinar y de contar, y que también lo que no está dicho, queda plasmado por el lenguaje y por los silencios. Yo, cuando acabo un libro, tengo la sensación de que lo que quería contar lo he contado. Por ejemplo, en este libro de La voz dormida me están sucediendo cosas muy curiosas, como está siendo también un acontecimiento social, no sólo literario, la gente me viene a contar sus historias, me vienen a contar sus duelos, me vienen a contar sus desgarros... Y en muchas ocasiones les digo: ¡Ay, si lo hubiera sabido lo habría incluido en la novela! ¿Sabes? Pero cuando di por finalizada la novela, realmente conté lo que yo he querido contar. Otra cosa es lo que está sucediendo después: que me está llegando mucha información que yo no sabía y que sí que podía haber incluido. Que acaso podía haber tenido cabida ahí... La obra E.C. Pero que son historias que ya no te pertenecen... D.Ch. Exactamente. No me pertenecen. E.C. ¿La obra tira del escritor o es el escritor quien tira de la obra, como Benet diría? D.Ch. Pues creo que más bien es una mezcla de las dos cosas. Yo estaría más de acuerdo con Pirandello cuando habla de los Seis personajes en busca de autor. Yo creo que es una combinación de ambas cosas. El escritor tiene que tener muy claros los personajes en la cabeza y también ha de tener muy claro que los personajes crecen y que muchas veces amplían tu mirada y lo que querías contar. E.C. Y que a veces vampirizan... D.Ch. ... y te vampirizan. Y te llevan. Lo que ocurre es que no debes dejarte llevar así. El escritor debe tener control sobre la obra al mismo tiempo que la mano muy amplia y muy libre para dejar a los personajes que respiren y que sean. E.C. ¿Partes en cierta forma de hechos reales o te dejas llevar más por la imaginación? D.Ch. Pues las dos cosas, porque, como hemos dicho al principio, la memoria siempre nos acompaña, ¿no? Yo siempre que he escrito cosas basadas en hechos reales las he “ficcionalizado”, o sea, es un sistema pasivo de ida y vuelta. Siempre he escrito basándome en hechos reales o siempre, cuando escribo, lo hago real para mí de tal manera que la ficción y la realidad se confunden en el texto. E.C. Como los recuerdos. D.Ch. Como los recuerdos. Cuando hablo de cosas reales he de darles la vuelta para hacer la ficción, pues si escribo ficción, a pesar de que esté apoyada en hechos verdaderos, siempre es a través de ese tamiz: el de la ficción. E.C. A veces has mencionado que te informas y te documentas bastante para la realización de tus novelas. ¿Una información y documentación excesiva puede lastrar la imaginación? D.Ch. Desde luego hay que controlar muy bien la documentación. Hay que llegar a un punto en el que digas, esto me sirve y esto no. Yo suelo usar la documentación como base o apoyo: pero yo hago ficción con la documentación. Me interesa la verdad para contar la ficción, entonces, el documento me parece fundamental a la hora de escribir, pero siempre controlando lo que sirve y lo que no sirve. E.C. ¿Alguna vez terminas siendo prisionera de tus propios personajes? D.Ch. Pues no. Yo cuando acabo una novela, un libro, un cuento o una obra de teatro, no lo vuelvo a leer ni siquiera cuando está editado. Ya no me pertenece a mí, y así también no corro el riesgo de querer cambiar cosas. Prefiero no leerlo. Cuando he acabado un libro ya estoy pensando en el siguiente. En cuanto a los personajes, naturalmente que los llevo en el corazón, supongo que como cualquiera que escribe, les tengo un cariño muy especial, pero no, no soy prisionera de ellos, afortunadamente. E.C. En la actualidad, y en algunas de las novelas de más éxito, surgen numerosos elementos del pasado reciente... ¿Piensas que esta visión contemporánea puede encerrar el germen de la literatura del futuro o que quizás pueda agotarse en sí misma? D.Ch. Yo creo que vivimos en un tiempo de muchas preguntas. En el aire de muchas historias sin contar. De muchos y muy largos silencios y, después de más de veinticinco años de democracia, nuestra generación, la mía, se asoma a ese mundo desde un punto de vista que es necesario, para compartir sin rencor, con inquietud, con curiosidad... E.C. ¿Porque la historia tiende a repetirse? D.Ch. Claro. Y porque los silencios son muy malos, y nosotros tenemos una obligación con los jóvenes. E.C. Cuando se investigan determinados sucesos —como en tu caso—, ¿se corre el peligro de que la emoción de lo narrado llegue a anular, en cierto sentido, la razón? D.Ch. Se corre el peligro, desde luego, pero yo creo que ahí está la línea, esa media que no tienes que pasar para caer en el morbo o la sensiblería y, en mi caso, yo creo que he tenido que limar muchas cosas de la verdad, contar menos de lo que se puede contar para no caer en la sinrazón, porque la verdad del horror es muchas veces infinitamente superior a lo narrado. El horror es muy difícil de contar y muchas veces la ficción no soporta ese horror tal y como verdaderamente es, y hay que darle, en cierta forma, normalidad, que no se haga increíble. E.C. Profundizar y explorar el lado oscuro del ser humano, ¿puede llevar a un laberinto sin salida? ¿A la caverna donde los que sólo ven sombras se carguen a Cratilo? D.Ch. Yo pienso que al lado oscuro hay que darle luz y que esas sombras se descubran. Aunque el sol nos ciegue al salir, porque la verdad también deslumbra y también ciega. Creo que hay que salir afuera y decir la verdad aunque nos maten por ella. Hay que ser valiente. Yo creo que hay que arriesgarse a eso. E.C. ¿Qué concepto a tu juicio define mejor nuestra época: la incertidumbre o la duda? D.Ch. Yo creo que la incertidumbre, porque pienso que vivimos en una época donde ponemos muy pocas cosas en duda, ¿no? Pienso que no nos cuestionamos grandes cosas, las creemos o no las creemos, pero no las cuestionamos. Estamos en una situación de aceptarlo todo. Es muy difícil que alguien tire del carro, es muy difícil que alguien levante la voz, que se mueva, que haga cosas por los demás... muy difíciles. E.C. No es tiempo de héroes... D.Ch. No. Es tiempo de gente acomodada en el presente. Emoción E.C. “Hablo en mis libros de sentimientos —dices—, hablo de lo que me duele”. ¿Qué le duele ahora mismo a Dulce Chacón? D.Ch. Yo escribo sobre lo que me duele, ¡y me duelen muchas cosas! Me duele muchísimo la situación de la mujer en el mundo. Me duele sobre todo el mundo en que vivimos. La situación en el mundo, la tiranía de tantos, la mano abierta que se está dejando, apoyando decisiones imperiales, que además se mueven por motivos económicos, haciéndonos creer que son los salvadores del universo, me dan miedo, y me duele, los que se autodenominan salvadores... Me duelen muchas cosas. Además, el escritor es un reflejo de un aspecto de la sociedad y a mí me interesa reflejar la sociedad en la que vivimos. E.C. ¿El conocimiento a través de la emoción? D.Ch. Sí. Nos identificamos a través de las generaciones con los protagonistas de los hechos históricos y entonces yo pienso que se nos hace mucho más cercana la emoción. E.C. ¿Hay —como diría María Zambrano— que “razonar el delirio”? D.Ch. O hay que delirar con razón y así le damos la vuelta (responde sonriente). Yo creo que los delirios son muy hermosos y que nos acompañan mucho. No sé si habría que razonarlos o no. Yo creo que no, que hay que dejarse llevar por el delirio de vez en cuando. ¡Esa bendita locura, esa bendita explosión de todo! E.C. ¿Entre inteligencia e intuición es Dulce fronteriza? D.Ch. Yo creo que soy muy intuitiva, mucho. Que trabajo más con la intuición que con la inteligencia, por supuesto que el intelecto tiene que estar ahí porque, si no, la literatura sería palabra sin contenido y ha de tener sobre todo, contenido... Pero, fundamentalmente, yo me guío por mi intuición. Extremadura E.C. Y retomando Extremadura, a veces me pregunto, leyendo tus novelas, y otras novelas de distintos autores donde de alguna forma Extremadura se halla presente, el porqué de esa insistencia trágica. Ese tono elegíaco que parece acompañarla; de perpetua tragedia, como si de un coro griego se tratase. A veces, en esta visión se echa de menos el humor. Creo que no debe renunciarse a nuestras posibles voces... D.Ch. No, no podemos ni debemos renunciar a nada. De todas formas opino que el humor nos ha acompañado siempre. El humor está dentro de la ironía y dentro del sarcasmo e incluso dentro del chiste. Y de la sabiduría popular. El humor ha ayudado bastante a conocernos. Pero en cuanto a lo que dices de lo trágico de Extremadura, yo pienso que sí, que nuestra tierra tiene una historia muy dura y que afortunadamente ha cambiado muchísimo, muchísimo, pero esa historia de caciquismos y latifundios donde el señorito era, no solamente dueño de la tierra, sino también de los hombres que trabajaban en ella... Sobre todo el sur de Extremadura. La tierra de mis padres que es la tierra de barros..., eso realmente fue terrible. E.C. ¿Este pasado nos hace tener este apego tan fuerte hacia nuestra tierra? D.Ch. Sí. Yo creo que somos gente muy apegada a nuestra tierra y que nos influye mucho; y luego también hay una cosa fundamental, que, hasta hace nada, los extremeños éramos los hermanos pobres del resto de España. Éramos los olvidados e innumerables veces tenías que ir defendiendo a Extremadura. Yo soy extremeña, con muchísimo orgullo y con muchísimo corazón. Tenemos un pasado duro y complejo, rico y difícil y lo difícil siempre es lo mejor... Yo creo que por lo mismo los extremeños, o la mayoría, la defendemos y la queremos tanto. Sin patrioterismos, ¿eh? Y sin complejos. El tiempo avanza y hablamos de muchas cosas: de los nuevos proyectos que, para el teatro, prepara ilusionadamente la escritora y de infinidad de cosas más. Para terminar retomo el tema del principio: su última novela, que tanto interés ha suscitado. La voz dormida E.C. Cielos de barro —le digo— fue definida como epopeya rural. ¿Cómo definirías tú La voz dormida? D.Ch. Yo siempre he dicho que es una novela coral y que es un homenaje a los perdedores, a la gente que perdió pero que supo conservar su dignidad, sus ideales intactos, su fuerza, su frescura y su pasión. Es un homenaje, sobre todo un homenaje. E.C. Y a las mujeres, sobre todo, que, según tus palabras, “perdieron doblemente la guerra”. D.Ch. Sí. Las mujeres perdieron doblemente la guerra, porque estuvieron en el conflicto armado y perdieron los derechos que habían conseguido durante la República. Se las relegó al ámbito doméstico otra vez. No podían ir a las universidades... En fin, lo de “la pata quebrada y en casa”. E.C. “Pero las madres terribles levantaron la cabeza”. No sé por qué, Dulce, pero al leer La voz dormida me viene a la memoria ese verso del Lorca de La sangre derramada. A la manera de una tragedia griega me llegan las imágenes de tu novela. No es una obra con planteamiento, nudo y desenlace, sino como un inmenso escenario donde se está gritando, alzando la voz sin máscaras, amplificando lo dicho; están ahí, frente a las sombras donde hasta las guardianas o cancerberas se diluyen. No existe una visión que las enfrente. Parecen estar solas, como Antígonas, porque apenas se cuenta, sólo, acaso, se intuye que existe otra verdad... D.Ch. Está buscado. Yo, en esta novela, utilizo el recurso de pasado, presente y futuro, y doy voz a la gente que nunca la tuvo. Eso es lo que a mí me interesa. Dar voz a la gente que no la tuvo hasta ahora. E.C. De todas formas —lo vemos en el tiempo y en la historia de manera continua—, ¿qué sucede cuando las víctimas se convierten en verdugos? El ser humano —por lo menos una parte— no es del todo inocente... D.Ch. Cuando las víctimas se convierten en verdugos es mucho más cruel que cuando directamente el verdugo se hace verdugo. ¡Fíjate lo que está pasando con tantos pueblos en la actualidad! E.C. A eso precisamente me refería... En las guerras nadie hay del todo inocente. D.Ch. Pero hablando del caso de las mujeres republicanas, yo creo que no se convirtieron en verdugos, porque después de la guerra, cuando llegó la supuestamente denominada “paz”, se tendrían que haber terminado los horrores y la barbarie que hubo durante el conflicto y no se acabaron; entonces empezó un horror aun más negro y más directo. La política entonces era la ampliación del horror. La aniquilación física y la aniquilación moral del espíritu de la República. Y yo creo que fue una injusticia terrible y una tiranía atroz durante muchos años... Las mujeres no sólo perdieron la guerra. Perdieron hasta la paz. E.C. Por lo tanto no les fue posible convertirse en verdugos, ¿no? D.Ch. Exactamente. No les fue posible. E.C. El personaje en tus obras: ¿retrato o conciencia? D.Ch. Conciencia. E.C. Por último, ya que hablas de cárceles y exilios, ¿escribiendo encuentra Dulce Chacón su propia libertad? D.Ch. (Rotunda) Sí. Por supuesto. Sin ninguna duda. ** Efi Cubero http://www.letralia.com/firmas/cuberoefi.htm Escritora española (Granja de Torrehermosa, Badajoz, 1949). Estudió historia del arte, lengua y literatura en Barcelona, donde reside. Ha publicado los poemarios Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004) y La mirada en el limo (2005). Poemas y relatos suyos han formado parte de las antologías Kylix (1992), Estrechando círculos. Antología de escritores extremeños y colombianos (1999), La narración corta en Extremadura. Siglos XIX y XX, T. III (2000), Ficciones ERE (2001), Antología de poetas extremeñas (Mérida, 2002), Compilación de relatos y Cuentos ilustrados (2004), entre otras. Es corresponsal de la revista Frontera en Barcelona y colaboradora habitual de Revistart (Revista de las Artes) y Ventana Abierta, entre otras publicaciones. Ha publicado también numerosos artículos, prólogos y extensas entrevistas (Javier Cercas, J. A. Goytisolo, Joan Brossa, Arnau Puig, José María Valverde, Rafael Moneo, Rufino Mesa y otros). Parte de su obra ha sido traducida al francés —Peut ce vent, por Alain R. Vadillo—, al braille y al inglés —sobre la obra de Doménech, Chiaroscuro y Meditations, editado por Washington Green Fine Art Publishers (Birmingham; http://www.washingtongreen.co.uk). También ha participado en varias exposiciones de arte contemporáneo con la revista objeto Lalata, con poemas visuales: Efigrafías, Strangers in the night, Pinzamientos, Ónfalos, presentes en Estampa, Arco, Euskal Erico Poesía Esperimentalaren i. Jardunaldiak, Sin.Con.Texto (Espacio Contemporáneo Arte Toledo), o ArtistaAlbacete en el Palazzo Magnani (Reggio Emilia, Italia), en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid (UCM, http://www.ucm.es), entre otras. ||||||||||||||||||||||||||| SALA DE ENSAYO |||||||||||||||||||||||||| === Vincent van Gogh en la poesía colombiana ============================== === Jorge Ladino Gaitán Bayona ============================================ Preámbulo Los artistas malditos resultan cautivantes a través de los tiempos: existencias anómalas que desafían la moral imperante; pasajeros de bajos fondos y a veces de los manicomios; bohemios que se tributan a mundanas experiencias para dotar de fuerza su sensibilidad y luego, replegados en su soledad, generar propuestas estéticas que terminan convirtiéndose en canónicas. Nada más disciplinado, autoexigente y obsesivo que un maldito cuando se encierra a crear: “El poeta como el danzarín que se ha roto mil veces las piernas a escondidas antes de exhibirse en público” (Baudelaire, citado por Friedrich, 1974, p. 55). A la altura de Baudelaire, Rimbaud y Verlaine, habría que situar en la historia de la pintura occidental a Vincent van Gogh. Treinta y siete años le bastaron al pintor neerlandés para consolidar una obra de más de 900 cuadros que en la actualidad valen millones de dólares, pero que en su tiempo poco dinero le reportaron pues sólo logró vender un cuadro en vida. La obra de Van Gogh, así como su biografía —desórdenes mentales, deambular por Europa, escándalos con prostitutas, automutilación de oreja y suicidio—, no dejan de ser un valioso tema para la poesía. En el caso colombiano, autores como Héctor Rojas Herazo y Juan Manuel Roca le dedicaron poemas individuales (“Una lección de inocencia” y “Cinco veces Van Gogh”), mientras otros optaron por libros completos: Del huerto de Van Gogh (1990), de León Gil; Surgidos de la luz (2000), de Nelson Romero Guzmán, y La casa amarilla (2011), de Jorge Eliécer Ordóñez. Sobre estas creaciones líricas centra su atención este ensayo, el cual aborda el concepto de écfrasis desde las propuestas teóricas y críticas de Michael Riffaterre, W. J. Thomas Mitchell, Danilo Albero, Luz Aurora Pimentel y Pedro Antonio Agudelo. La écfrasis: miradas teóricas y críticas La écfrasis es mímesis doble, en tanto se constituye en “una representación verbal de una representación plástica” (Riffaterre, 2000, p. 161). Hay varios niveles de relación entre la sensibilidad del escritor y el objeto visual: la descripción lírica; la interpretación; y la recreación. El arte plástico se convierte en un “pretexto” (p. 166) del acto poético. No se trata de la simple imitación o de considerar que el poeta traduce al lenguaje verbal lo que es propio del lenguaje pictórico, acá lo que opera es la intertextualidad, en tanto hay resignificación y reinvención. La écfrasis es arte que nace del arte: literatura que se inspira en las artes visuales, no en cualquier imagen u objeto. A nivel de creación poética, la écfrasis admite varias modalidades. Al respecto, Luz Aurora Pimentel (2003) genera la siguiente clasificación: • Écfrasis referencial: “cuando el objeto plástico tiene una existencia material autónoma” (p. 207). A partir de un cuadro específico el escritor desarrolla su poema. • Écfrasis referencial genérica: los textos poéticos, en vez de “designar un objeto plástico preciso, proponen configuraciones descriptivas que remiten al estilo o a una síntesis imaginaria de varios objetos plásticos de un artista” (p. 207). El escritor retoma en su poema varias creaciones de un artista plástico; es como si el texto lírico ofreciera una mirada panorámica a la obra extensa de un artista visual. • Écfrasis nocional: “el objeto ‘representado’ solamente existe en y por el lenguaje” (p. 207). La obra pictórica que alude o recrea el escritor no tiene una existencia autónoma, sino que es una invención poética. Los dos primeros tipos de écfrasis dan cuenta de una relación intertextual con un objeto plástico real y el tercero con un objeto plástico ficticio. Como ejemplo de la écfrasis nocional la profesora mexicana señala A la sombra de las muchachas en flor, de Marcel Proust, donde se habla del cuadro “El puerto de Carquethuit”, de Elstir, y dicha obra pictórica existe solo en el lenguaje y la imaginación del escritor francés. Una silla para “Una lección de inocencia” En el libro Las úlceras de Adán (1995), la última parte, titulada “Los artesanos de la luz”, incluye poemas donde el escritor sucreño Héctor Rojas Herazo establece varias écfrasis con pinturas de Rufino Tamayo, Diego Velázquez, Piero della Francesca, Paolo Uccello y Vincent van Gogh. El poema-homenaje al pintor neerlandés se titula “Una lección de inocencia”: Van Gogh pintó una vez el retrato del mundo Allí estaba todo: las flores que se abren y las puertas que se cierran, los días del llanto y los días de oro, los senderos y los sueños, los ramajes y las palomas. También un niño mirando dos amantes y también la hora del nacimiento y la muerte de cada hombre. Para lograr ese retrato, Van Gogh no tuvo sino que pintar una silla (1995, p. 70). “Una lección de inocencia” logra su ritmo mediante enumeraciones poéticas y un final sorprendente que permite establecer una écfrasis referencial con el óleo sobre lienzo “La silla”, efectuado por Vincent van Gogh en 1888. Más que ponerse a describir colores y componentes del objeto pictórico, lo que le importa al poeta es fabular todo “el retrato del mundo” (p. 70) que subyace en la silla. La écfrasis opera en las instancias de la recreación; el óleo es un disparador de la imaginación del poeta cuyas imágenes están más allá de la tela. El poema se convierte en una suerte de Aleph borgesiano donde se mira un universo en el que conviven lo bello y lo siniestro, las contradicciones que han dinamizado la historia: “las flores que se abren / y las puertas que se cierran” (p. 70), “los días de llanto / y los días de oro” (p. 70); “y también la hora del nacimiento / y la muerte de cada hombre” (p. 70). “Cinco veces Van Gogh” y la écfrasis referencial genérica Juan Manuel Roca, en La farmacia del ángel (1995), establece vínculos con el mundo literario a través de textos líricos que entran en diálogo con la obra de Homero, Rimbaud y Juan Rulfo. Aparte de la intertextualidad propiamente literaria hay otras que, desde el título mismo, dan cuenta de la écfrasis: “Exorcismos ante El grito de Munch”; “Ante dos cuadros de Lucas Cranach” y “Cinco veces Van Gogh”. Este último poema dice: 1 El cartero de Van Gogh no visita el vecindario desde que recibió un telegrama de la muerte. Pero nos mira desde una sorda eternidad. El cartero, portador de alguna esquela que le llevaba razones de la luz. 2 Como su sombrero, que siempre estuvo alumbrado por el rojo candil de su cabello, fueron sus noches solares. Detuvo el sol en cada cuadro, mas no como el bíblico Josué que cuando detuvo el sol no pensó en el girasol: la pasión o la fiebre dieron a sus girasoles una rotación de astros familiares. 3 Pintó trigales y la flor del pan empezó a oler en las desiertas alacenas. 4 Pintó una silla vacía, y sin embargo en ella está sentada una tertulia de ausentes. Antonin Artaud ha dicho que esa silla anuncia alguien por entrar. La silla sigue vacía, pero siempre volvemos a ella para saber si alguien acaba de llegar. ¿Theo o Gauguin? 5 Un último furor: trazó con su pincel una puerta en el aire y por ella salió dando un portazo. Otra versión dice que dibujó un revólver y con él se disparó en el vientre. Pero antes, previendo las largas noches del hombre acorralado en el invierno, decidió llenar de soles nuestros muros para ayudarnos a habitar el laberinto (1995, pp. 32-33). Al final de “Cinco veces Van Gogh” existe una indicación paratextual: “Para Héctor Rojas Herazo” (p. 33). Como el autor sucreño a quien dedica su poema, Juan Manuel Roca logra un texto lírico en el que la écfrasis, más que en la descripción poética de objetos visuales, se funda en interpretaciones y recreaciones. Los misterios, revelaciones y redenciones que habitan el cuadro se recrean en el poema en prosa: “pintó trigales y la flor del pan empezó a oler en las desiertas alacenas” (p. 32), “pintó una silla vacía, y sin embargo en ella está sentada una tertulia de ausentes” (p. 32); “decidió llenar de soles nuestros muros para ayudarnos a habitar el laberinto” (p. 33). En “Cinco veces Van Gogh” se da la écfrasis referencial genérica, pues en un solo texto se contienen varias obras y obsesiones temáticas del pintor. Sobresale en el poema de Roca la agudeza de la metáfora para entrar en profunda conexión con la vida y los cuadros del artista neerlandés. El poema inicia hablando de una ausencia: el cartero que llevaba cartas a Van Gogh y que no volvió al vecindario donde éste falleció. Las cuatro partes restantes del poema destacan lo que hacen eternas las creaciones pictóricas de un artista cuya dura existencia compensó con los frutos de la belleza: “la pasión o la fiebre dieron a sus girasoles una rotación de astros familiares” (p. 32). El hambre que refiere Van Gogh a Theo en sus cartas, así como su cabello encendido de rojo y su muerte tras propinarse un disparo en su vientre, están contenidos en el poema. El poeta lo enaltece como demiurgo y héroe que ofrece su vida para la salvación —mediante la belleza— del género humano. Del huerto de Van Gogh: entre el biografismo y la écfrasis Del huerto de Van Gogh (1990) es el primer libro publicado por el escritor antioqueño León Gil. En sus ochenta y cuatro páginas hay una pretensión de generar dinamismo en la lectura mediante variadas formas textuales: epitafios, oraciones, caligramas, grafitis, poemas largos que juegan con el espacio y otros breves de tres y cuatro versos. Sin embargo, no siempre se logra fundar en la palabra los devaneos existenciales y estéticos de Vincent van Gogh, por más que varios poemas manejen datos reales del pintor (como entrando en consonancia con las tres páginas del “Bosquejo biográfico”, ubicadas en el libro antes de los epígrafes). En varios textos líricos el poeta se dirige a Van Gogh tratando de descifrar algunas claves simbólicas de sus cuadros y comportamientos por los que lo señalaron de loco y maldito: “paraguas para todo”, “maldición cromática”, “Autorretratos”, “Cromatitis”, “Convaleciente”, entre otros. En ellos abunda la expresión llana. En vez de una sencillez cargada de resonancias y conmociones al lector, se cae en la precariedad y en versos demasiado descriptivos. No es una lírica ingeniosa en ritmos, ironías, giros en el lenguaje o en configuración de hondas miradas a la condición humana. Los poemas, frecuentemente, se exceden en lamentos. Dicho tono quejumbroso se hace también patente en algunos textos donde se cede la voz poética a Van Gogh, caso, por ejemplo, de los poemas “Plegaria”, “S.O.S.” y “Lamentaciones de un infausto”. De la écfrasis referencial genérica se encuentra el poema “Retratos”, donde el poeta interpreta en los autorretratos de Van Gogh su desamparo y miseria: “A sus mejillas ascéticas les faltan / las oraciones, las cenas y el lecho” (p. 31); igualmente se da en aquellos textos donde el poeta habla del gusto de Van Gogh por los cuervos, los soles y girasoles. En concordancia con la primacía del amarillo, se destaca el poema “Pescador de soles”: Ah, mi querido y descabellado y descabezado y desorejado Vincent van Gogh cómo diablos no se te ocurrió pensar que no se puede ser un gran pescador de soles sin arriesgar a la vez con ello por lo menos una mano la fortuna el amor o una oreja... Con lo peligroso que es lanzar arpones contra los dragones del cielo. Y tú temerario alucinado compulsivo casi loco persiguiendo a los astros día y noche por el cielo por el mar y por la tierra, para después salir por ahí con los bolsillos llenos de soles o disfrazado de constelación con 12 estrellas prendidas en un sombrero... ¡Abusando del fuego sacro! sabiendo perfectamente que frente a él todas las alas y todas las manos resultan ser de cera. Pobre Ícaro has atrapado al sol y el sol te ha abrasado (1990, pp. 23-24). Los versos aluden a la locura del creador que lo llevó a mutilarse una oreja y a querer pintar la noche alumbrando con velas en su sombrero un febrero de 1889. La intensidad de la luz y la espiritualidad del amarillo (búsqueda de elevación, redención y poder) entran en la escena poética a través de imágenes de dragones, velas, soles y fuegos sacros. Además, el mito griego de Ícaro se reactualiza en la figura del pintor, quien para alcanzar la gloria poética como “pescador de soles” sacrificó su existencia. El arte como inmolación resulta afín a las confesiones de Van Gogh en Cartas a Theo: “No quiero de ninguna manera suprimir el sufrimiento, porque a menudo es lo que lleva a que los artistas se expresen con mayor energía” (2005, p. 103). El poeta colombiano traza juegos de espejos entre Van Gogh y Rimbaud, tal como se revela en los poemas “Maldición cromática” y “Crepúsculo ustorio”. Ese coqueteo con la locura es tema y componente de la forma compositiva de “Pescador de soles”, de ahí que se altere la distribución espacial de los versos. Surgidos de la luz: la contundencia de las cartas y de la écfrasis Surgidos de la luz (2000), del autor tolimense Nelson Romero Guzmán, obtuvo el XIV Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia en 1999. Sobre Cartas a Theo y los cuadros de Vincent van Gogh se teje la intertextualidad del libro. Como si se tratara de una liturgia, el primer poema es un ritual de preparación donde el poeta brinda su declaración de principios, confiesa su admiración por el pintor neerlandés, da pistas sobre los objetos y situaciones del arte plástico que serán resignificados y señala que, aparte de creador, será también mensajero, como se descubre en “Para una iniciación”: ¿Quién no hubiera querido ser la mano de Van Gogh? Estos poemas quisieran, por lo menos, revelar al lector los secretos de su oreja mutilada. Por ahora sueño que estoy sentado sobre la silla que dibujó, y que él viene; viene bajo el cielo de Arles, se me acerca y desenrolla un lienzo transparente a través del cual puedo mirar unas campesinas barriendo en los patios de su infancia. Más allá, sembradores de patatas, y los cuervos sobrevolando los trigales por cielos de eternidad. Pero cuando voy a entrar a una casa que me ha dibujado, despierto asomándome por ventanas solares. Antes, el pintor me ha pedido que le lleve a Theo una carta (p. 9). Las menciones de la silla, sembradores de patatas, cuervos, campesinas barriendo, ventanas solares y hasta la oreja mutilada corresponden a cuadros de Van Gogh, por lo cual, al ofrecer una mirada panorámica a la obra extensa de un artista visual, se da la écfrasis referencial genérica. La écfrasis se cimenta en metáforas sugestivas y gestos metaficcionales debido a que la poesía se reflexiona a sí misma, desnudando al lector sus deudas con el arte pictórico: “Estos poemas quisieran, por lo menos, revelar al lector los secretos de su oreja mutilada” (p. 9). Dicha reflexión metaficcional es un indicativo de los desafíos que impone la écfrasis: ir más allá del cuadro, contar los secretos y el pasado oculto en la tela. Se descubre acá “una tendencia de la écfrasis a sustituir el análisis de cualquier pintura por el relato de lo que antecede o lo que sigue al acontecimiento o la situación que ella está representando” (Riffaterre, 2000, p. 166). Esta idea se reafirma en el poema “Señales de un autorretrato”: Que algo suceda en la parte oculta de la tela: un crimen por ejemplo, y en la escena unos ojos al revés y una oreja vendada. Todo ocurrido como en un día sin fecha. Sólo así nos regalas la confianza de que la culpa no es del cuchillo que mutila, sino de la mano que trazó, de un crimen, la gloria (p. 21). Se presenta una écfrasis referencial genérica que trae a ojos del lector los célebres óleos donde Van Gogh hace sus autorretratos con oreja vendada. Se vislumbra, más allá del rostro representado, las lecciones estéticas de quien encuentra en la herida y la experiencia del horror embriones para la creación artística. Esta concepción del arte como “tortura intelectual” (Van Gogh, 2005, p. 32) es la que Vincent le indicaba a su hermano Theo cuando meditaba las palabras de su admirado Jean François Millet: “En el arte hay que jugarse hasta el pellejo” (citado por Van Gogh; 2005, p. 104). Surgidos de la luz tiene poemas depurados en el lenguaje, llenos de sonoridades, sinestesias y metáforas donde se siente la agonía del hombre que, a pesar del hambre y las deudas, era dedicado a su arte. Sugestivas resultan las imágenes donde el poeta imagina otras cartas a Theo en las que Vincent pide apoyo para labrar la eternidad: “Sólo como pan y cerveza. / El hambre es de pinceles, de telas... (...). Envíame un poco de dinero para ganar los días que vienen, / voy a terminar los bordes de un cielo por el que quiero escapar” (Romero, 2000, p. 11). En el poemario subyace una estética de la conmoción. Las angustias y soledades de Van Gogh se recrean desde los valores plásticos y sonoros del lenguaje. Como bien señala Gabriel Arturo Castro, “por fortuna, Romero Guzmán, ante el reto de incursionar por la obra del pintor holandés, toma lo esencial: su alcance profético, la función instituyente, original y ontológica de la imagen, su profunda y dolorosa complejidad sicológica” (2013, p. 183). Cabe resaltar que Surgidos de la luz y otras creaciones del escritor tolimense (donde se destaca en La quinta del sordo la écfrasis con la pintura de Goya) inspiraron el poemario Raíces (2013), de Pastor Polanía. Al inicio de este último, el autor huilense reconoce: “Realizado con la lectura de las obras escritas por Nelson Romero Guzmán, a quien dedico estos poemas” (p. 5). Varios versos de Nelson Romero —indicados unos a través de epígrafes y otros finamente aludidos en los poemas— le permiten a Pastor Polanía erigir su universo estético en conexión temática con la obra del poeta homenajeado: la búsqueda de la eternidad mediante la belleza; la miseria, soledad y angustia de artistas incomprendidos en su tiempo; la obsesión por Van Gogh, Goya y Chagall. En este sentido, la literatura se acepta palimpsesto: un libro con raíces en otros libros, como bien sugiere el artista huilense en el título de su poemario y en uno de sus versos: “Mi aventura es / sobre una línea prolongada, / en el intestino avaro / del silencio” (p. 7). La casa amarilla: el poeta como Theo La casa amarilla (2011), del escritor caleño Jorge Eliécer Ordóñez, presenta poemas donde Theo se dirige a su hermano Vincent van Gogh para insinuarle que evoque de su infancia escenas que puedan nutrir sus cuadros; le responde las cartas en las que su hermano cuenta “que las cosas no son fáciles” (p. 14); comenta cuadros y tragedias de Shakespeare que gustan al pintor; le recuerda su época de “Profeta en Paturages” hablando de “Cristo a los aldeanos” (p. 19) con “palabras como clavos en viernes santo, / en sus almas cotidianas y hambrientas” (p. 19). Son múltiples las écfrasis (referenciales y genéricas) presentes en La casa amarilla. El poeta se camufla en la voz de Theo para dar su visión sobre cada cuadro que se trae a ojos del lector; a la vez, posibilita “un impulso narrativo que dinamiza al objeto de la representación” (Pimentel, 2003, p. 208), tal como se percibe en el poema titulado “Pintura con soldado”, el cual tiene como referente el “Retrato de Millet, teniente soldado”, de Van Gogh: Ya debiste pintar ese soldado, su cara fuerte y taciturna, sus ojos acostumbrados a la muerte, ¿Encontraste un fulgor en sus pupilas, algo que te hiciera pensar en un gesto sensible hacia los otros? Me pongo en tu lugar, ¿qué pensarías? Tú que pintaste el río con sus pinos y un puente de eternidad en sus orillas, hermano de mi sombra, y esa noche que baja en farolitos sobre las piedras del antiguo bulevar, donde un coche de caballos negros no cesa de pasar en la ventisca. El soldado acaso te miró con sobresalto y las horas se fugaron como cuervos (Ordóñez, 2011, p. 16). Curioso juego de máscaras el que sustenta el poema: el poeta funge de Theo y éste se pone en el lugar de su hermano Vincent para imaginar el antes y el después del cuadro: lo que quizás eran los ojos del sujeto modelo que impulsaron a pintar y los desafíos que su mirada impusieron al artista. Acá “el poeta se convierte, entonces, en el re-constructor de la prehistoria, historia y posthistoria de la escena del cuadro” (Agudelo, 2011, p. 84). El poeta-Theo reconoce que “los colores tienen alma” (Ordóñez, 2011, p. 59) y que en un cuadro se pueden contener melancolías o estados profundamente inquietantes del hombre. Por eso en sus poemas elogia a Vincent y le resalta que, en medio de las adversidades, él descubre la belleza: “Hermano, lo tuyo no es miseria, / es música de las esferas, / tus ojos saben encontrar la epifanía / en una choza triste” (p. 24). Consideración final Bajo las diversas posibilidades de la écfrasis y desde sus particulares propuestas estéticas, Héctor Rojas Herazo, Juan Manuel Roca, León Gil, Nelson Romero Guzmán y Jorge Eliécer refiguran líricamente la vida y obra de Vincent van Gogh. Sus écfrasis presentan “un efecto de elogio o, si se prefiere, un discurso laudatorio” (Riffaterre, 2000, p. 166) sobre el artista que padeció “lo infinito de la penuria” (Van Gogh, 2005, p. 196), abrevó en su propia desolación y en las múltiples resonancias que encontró en el campo para crear representaciones pictóricas que se convirtieron en alimento espiritual: “Tu alma de raíz quiere atrapar el dolor de la vida, / su don perfecto” (Ordóñez, 2011, p. 29); “El pintor, en su taller alucinado, regalaba su camisa a los vientos, excitado de sobrenaturaleza” (Romero, 2000, p. 17); “Rimbaud / encontró el color de las vocales / y Van Gogh / el color de las pasiones” (Gil, 1990, p. 12); “Decidió llenar de soles nuestros muros para ayudarnos a habitar el laberinto” (Roca, 1995, p. 33); “Van Gogh pintó una vez / el retrato del mundo” (Rojas Herazo, 1995, p. 70). Estos poetas colombianos se afilian a una prolífica tendencia iberoamericana que ha generado propuestas líricas entrando en relación intertextual con el universo de la pintura, como bien lo hicieron el chileno Gonzalo Millán, el mexicano Octavio Paz y los españoles Irene Sánchez Carrón, Olvido García Valdés, Joaquín Lobato y Antonio Colinas, entre otros. Referencias • AGUDELO, P. (2011). “Los ojos de la palabra. La construcción del concepto de écfrasis, de la retórica antigua a la crítica literaria”. Lingüística y literatura, revista de la Universidad de Antioquia, Nº 60, pp. 75-92. • ALBERO, D. (2007). La écfrasis como mímesis. Buenos Aires: Universidad Nacional de San Martín, Instituto de Altos Estudios Sociales. • CASTRO, G. A. (2013). Extravíos, comentarios bibliográficos de ida y vuelta. Pereira: Klepsidra Editores. • GIL, L. (1990). Del huerto de Van Gogh. Bogotá: Editorial Copyyepes. • MITCHELL, W. J. T. (1994). Picture Theory: Essays on Verbal and Visual Representation. Chicago: The University of Chicago Press. • PIMENTEL, L. A. (2003). “Écfrasis y lecturas iconotextuales”. Poligrafías, revista de literatura comparada, Nº 4, pp. 205-215. • POLANÍA, P. (2013). Raíces. Neiva: Altazor Editores. • RIFFATERRE, M. (2000). “La ilusión de la écfrasis”. Literatura y pintura. Ed. Antonio Monegal. Madrid: Editorial Arco, pp. 161-183. • ROCA, J. M. (1995). La farmacia del ángel. Bogotá: Editorial Norma. • ROJAS HERAZO, H. (1995). Las úlceras de Adán. Bogotá: Editorial Norma. • ROMERO GUZMÁN, N. (2000). Surgidos de la luz. Ibagué: Imprenta Departamental del Tolima. • VAN GOGH, V. (2005). Cartas a Theo. Barcelona: Edicomunicación S.A. ** Jorge Ladino Gaitán Bayona http://www.letralia.com/firmas/gaitanbayonajorgeladino.htm Poeta colombiano. Es profesor de literatura de la Universidad del Tolima (http://www.ut.edu.co), en Colombia. Doctor en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile (http://www.uc.cl). Autor de los libros de poemas Manicomio Rock (2009), Buzón de naufragios (2012) y Baladas para el ausente (2013). Coautor de La novela del Tolima 1905-2005, bibliografía y reseñas (2008); Cien años de novela en el Tolima 1905-2005 (2011), y Cuentos del Tolima, antología crítica (2011). Mantiene una bitácora literaria en http://quijoterock.blogspot.com. ||||||||||||||||||||||||||||||| LETRAS |||||||||||||||||||||||||||||| *** Aquella manera atroz de morderse las uñas Álvaro Romero-Marco *** Tres poemas Julio Paredes Vásquez *** El calzado del ángel Maribel Urbina *** Yo pecador (extractos) Arturo Álvarez D’Armas *** Lo propio del esperar (microrrelatos) Ricardo Martínez-Conde *** Igual que la extensión de tu cuerpo (extractos) Leoncio Luque Ccota *** Wälder del alma Esteban J. Aquino Rivera *** Poemas Evelyn de Lezcano-Mujica *** Juegos Diego Valbuena *** Dos poemas José Siles González *** Dos relatos Alfredo Hernández *** Poemas para El viejo y el mar Aarón Carlos Andrés García === Aquella manera atroz de morderse las uñas Álvaro Romero-Marco ==== Aunque hacía más de diez años que no había visto a Ramón Hurtado, lo reconocí al instante. Su pelo seguía siendo abundante y sin canas, y tenía la piel tersa y las maneras apacibles de siempre. En un principio me pareció que no había cambiado, como si el transcurrir del tiempo no hubiera hecho mella en su cuerpo. Pero, al poco rato de estar conversando con él, pude percibir algunos cambios. En la mirada tranquila de antaño se podían advertir ciertas huellas de acritud, y la lentitud de sus gestos mostraba tristeza y cansancio. Seguía vistiendo con los colores vivos de la típica indumentaria andina, pero, ahora, impregnados por algo impreciso y sombrío, difícil de definir. Su voz, sin serlo, parecía gangosa, y en todo momento mantuvo su mano izquierda enguantada. Temiendo ser indiscreto, logré reprimir la curiosidad y no le pregunté por qué llevaba aquel guante; pero, lógicamente, no pude evitar interesarme por Lisa. —Bien, bien. Por ahí anda, casi ya demediada. Únicamente alguien que conociera la historia de la pareja podría comprender el drama que albergaban aquellas palabras. Yo presencié cómo empezó y había sido testigo de su evolución; pero nunca me interesó escribirla. Era demasiado fantástica para mi gusto. Excesivamente irreal como para intentar hacerla verídica. Sin embargo, desde hace algunos días, desde que no puedo olvidar el guante de cuero negro enfundando la mano de Ramón, ha dejado de importarme que pueda resultar inverosímil y he decidido contarla. Habiendo sido contratados por la Universidad de California, llegaron a Santa Cruz al iniciarse el curso, poco antes de que Larry Page y Sergey Brin empezaran a padecer aquellos ataques de narcolepsia que los mantenían dormidos durante toda la noche y la mayor parte del día, con el consecuente pánico de las empresas del Silicon Valley dependientes de los magnates. Lisa acababa de divorciarse y venía de la prestigiosa Universidad de Yale, donde había estudiado y sido Lecture del Departamento de Historia durante algunos años; hecho que no dejaba de mencionar con arrogancia a la primera ocasión que tenía; mientras que Ramón, también divorciado, procedía de la de Boulder, en Colorado, circunstancia que ni le preocupaba ni dejaba de hacerlo. A Lisa le adjudicaron el apartamento 234 del Faculty Housing, a Ramón el 236. Se conocieron, pues, en vecindad. La biografía de Ramón era singular. Cuzqueño de nacimiento, a los diecisiete años sus padres lo enviaron a estudiar a un seminario de Roma y, poco después de renunciar a cantar misa y siguiendo los pasos de la Teología de la Liberación y de una ex monja con la que acabó casándose, de Roma pasó a Chile y Brasil, hasta que, ya en la década de los ochenta, desencantado de los movimientos revolucionarios latinoamericanos, emigró a Estados Unidos para estudiar sicología. Dos hijos, un doctorado en la Universidad de Nueva York y un divorcio eran algunos de los restantes aconteceres de un periplo vital del que Ramón dejó de hablar al poco tiempo de casarse con Lisa, cuando la de Yale condenó a la hoguera el manuscrito de una autobiografía que el sicólogo había ido pergeñando durante su tiempo libre. Unas memorias que, si por alguna fantástica razón renacieran de las cenizas, necesariamente deberían de ampliarse con los extraños sucesos que acaecieron el día en el que, al enterarse de que a su marido se le había negado el Tenure, Lisa empezó a morderse las uñas de una manera atroz, tan desaforada y tenaz que al poco tiempo ya había acabado con las de los dedos anular y corazón de la mano derecha, siendo lo más portentoso que las heridas que producía la brutal devastación se iban cicatrizando a gran velocidad. Fue durante una de las tres o cuatro cenas semanales que aquel grupo entrañable de amigos celebrábamos en casa de Enrique Ibarra, cuando Ramón sacó su cámara digital y nos enseñó las fotografías de la mano derecha de su mujer. Era asombroso. Las uñas de los dedos anular y corazón habían desaparecido totalmente y en su lugar había un desagradable y abultado muñón de color crema. Las cutículas aparecían rabiosamente enrojecidas e inflamadas y la piel de la yema profundamente estriada. Después de ver aquel despropósito, todos estuvimos de acuerdo en que el ataque de nervios que había sufrido Lisa al enterarse de que a su marido no le iban a renovar el contrato laboral había sido excesivo, pero también comprendimos que era necesario hacer algo para que la soliviantada académica dejara de mutilarse. Así que, al día siguiente, algunos del grupo ayudamos a Ramón a iniciar una serie de actuaciones con las que poder superar los innumerables obstáculos que le habían impedido llegar al despacho del rector para intentar que éste revisara el caso de su Tenure. Y aunque es cierto que, pese a nuestros esfuerzos, nunca llegó a conseguir que el rector lo recibiera, Ramón no se dio por vencido y durante las siguientes semanas acudió a cuantos departamentos, sindicatos y asociaciones universitarias encontró, y se hizo escuchar, e insistió hasta el fastidio, y exigió sin ambages. Como suele decirse, peleó duro; pero desgraciadamente sólo obtuvo un montón de buenas palabras y algunas pequeñas promesas. Nada realmente efectivo, es cierto; aunque también hay que decir que aquel momento no era precisamente el más boyante para la universidad, pues además de la profunda crisis económica que había desencadenado la persistente narcolepsia de los magnates de Google en todo el Silicon Valley (asunto de lo más misterioso que ni los más avanzados remedios médicos podían solucionar), estaba aún por resolverse el asunto que salió a la luz con el suicidio de la rectora que según las malas lenguas no se había quitado la vida debido a una desilusión amorosa sino al ser descubierto un gran escándalo económico en el que parecía estar involucrada. Aquellos tiempos adversos para la universidad, aquellos cortes económicos que, presuntamente, habían contribuido a que el Departamento de Sicología no concediera el Tenure a Ramón, únicamente empezaron a mejorar algunos meses después, cuando los magnates comenzaron a superar la enfermedad. Como es sabido y para el escarnio de los más prestigiosos médicos de California, finalmente fue un mago de feria argentino el que por arte de birlibirloque logró curar a Larry y a Sergey, quienes, como forma de agradecimiento, donaron veintitrés millones de dólares para que se llevara a cabo Green Magic, un revolucionario parque temático dedicado a los más espectaculares trucos de magia que pueda imaginarse. Las consecuencias de la recuperación de los ilustres forjadores de Google no se hicieron esperar y el rector de la Universidad de Santa Cruz se sintió aliviado e inmediatamente inició las diligencias necesarias para cerrar el turbio caso de la ex rectora y aprobar los presupuestos anuales. De tal modo que en pocas horas llegaron al Decanato y, a los dos días, nos enteramos de que Ramón, a pesar de que los heraldos anunciaban la recuperación económica, había sido excluido definitivamente del Departamento de Sicología. Se le había negado la renovación del contrato laboral, se le había expulsado como si fuera un apestado, pero Ramón no se vino abajo y aquel mismo día irrumpió en la antesala al despacho del rector con las fotografías de Lisa en la mano. Guiado por la irritación y la cólera que habían rebrotado en Lisa al saber que la universidad no iba a revisar el caso de su marido, y que éste quedaba irrevocablemente expulsado de su trabajo, la demanda de Ramón se intensificó y duplicó: ahora, además de la revisión de su caso de Tenior, exigía una compensación por los daños y perjuicios que todo aquel asunto estaba produciendo en su mujer. Sin prestar mucha atención a sus peticiones y mientras echaba una ojeada a las fotografías, la secretaria que le atendió en el rectorado le interrumpió y le dijo que sí, que ella ya había oído hablar de aquella manera indecente de morderse las uñas y que, desde un punto de vista legal y oficial, aquello era una extorsión en toda regla. Algo insoportable por lo que la universidad debería expulsar a la profesora. Llegó el invierno y aquel constante espíritu de protesta y de demanda acabaron engarzándose a la perfección en la cotidianidad de Ramón. Además de consultar con abogados y continuar con los trámites para que sus peticiones fueran atendidas, el sicólogo ocupaba el resto del día realizando las tareas de la casa y cuidando con mimo a Lisa, cada día más irascible. Sólo algunos fines de semana sacaba algo de tiempo para acudir a las cenas del grupo trayendo nuevas muestras de la mano derecha de su mujer. De manera que algunos miembros del grupo comentaban con cierta sorna que Ramón, además de conocer los intrincados pasillos burocráticos de la universidad como nadie y ser una ama de casa ejemplar, sabía, para la envidia de los equipos médicos de California, absolutamente todo sobre mutilaciones y cicatrizaciones. Dejando aparte las bromas y comadreos, lo lamentable fue que a partir del momento en que Lisa empezó a engullir sus uñas, Ramón ya no nos volvió a tocar las panpipes y tambores andinos a los que era tan aficionado. Salía de casa a primeras horas de la mañana con nuevas cartas y peticiones, con fotografías recientes de los dedos de su esposa, día a día más menguados, y algunas noches regresaba más allá de las doce, desencantado y pesaroso, pero siempre sonriente, no fuera a ser que Lisa advirtiera en su rostro las huellas del desánimo. —El anular. El primero que se comerá será el anular —nos decía Ramón algunas noches, tras haberse bebido unas cuantas copas de vino en casa de Enrique Ibarra. Fue durante una de aquellas vaporosas cenas cuando Ramón, después de mostrarnos las últimas fotografías de la mano derecha de Lisa (ya sin dedo anular), propuso que el caso de su esposa fuera considerado y difundido como una muestra de las terribles consecuencias del neoliberalismo. Idea que sorprendió tanto a Asunción (cubana y enemiga declarada de Lisa) que no tardó en protestar: —¡Y qué tendrá que ver el neoliberalismo con la histeria de esa señora! ¡Ganas de llamar la atención y nada más! Cuando desaparecieron las nieblas del invierno, el campus recuperó la bahía, y desde las explanadas de algunos colleges o desde los pisos altos de la biblioteca se podían divisar, sobre el océano en calma, las playas de Monterey. Aparecieron las primeras flores y Enrique Ibarra, como todos los años, volvió a exhibir sus trenes y soldaditos dos veces por semana. Curiosamente, entre el profesorado de la universidad se habían hecho famosos los extraordinarios espectáculos que don Quique, así llamábamos a Enrique Ibarra los del grupo, ofrecía al empezar la primavera, y muchos profesores, incluso algunos de los más renombrados, acudían a presenciar las maravillosas máquinas de vapor arrastrando docenas de vagones de fantasía o alguna de las famosas batallas que los soldaditos del coleccionista ejecutaban. Una tarde de aquella hermosa primavera, mientras asistíamos a la batalla de Waterloo, Ramón entró en la sala y, más silencioso y triste de lo habitual, cogió una silla y se sentó en un rincón. Cuando don Quique acabó la exhibición y la mayoría de los profesores se marcharon, Juan (otro de los miembros del grupo, un vasco alegre y bonachón, cuyo único defecto era su exagerada forma de mentir) se acercó a Ramón y le preguntó qué le ocurría. —Si sigue así —le contestó Ramón con pesadumbre— acabará sin mano. Y a continuación sacó la cámara del bolsillo y nos enseñó la última fotografía de la mano derecha de Lisa. Además del anular y el corazón, la de Yale se había comido el índice y el meñique y ya había dado cuenta de la falange del pulgar. Algunos nos frotamos los ojos negándonos a dar crédito a lo que estábamos viendo y otros prefirieron dejar de mirar la fotografía; únicamente Josefina (una de las amigas de Asunción) actuó con cierta sensatez y, mirando a Ramón con mucha compasión, exclamó “¡Pinche chancha!”, y después lo tomó por la cabeza y le dio un beso en la frente. Como es natural, durante la cena de aquella noche no dejamos de discutir acaloradamente sobre lo que habíamos visto y, al final, todos estuvimos de acuerdo en que el caso de Lisa era tan extraordinario que tenía que darse a conocer. Descartando por unanimidad acudir a la prensa, pensamos que, dado el trasfondo ético del asunto, lo más adecuado sería acudir al Departamento de Historia de la Conciencia (uno de los más prestigiosos de la Universidad de Santa Cruz) para que convocara un congreso donde se debatiera el tema de las mutilaciones de Lisa. Entusiasmados por la idea, al día siguiente, Ramón, don Quique y yo, representando al grupo, fuimos al Departamento de Historia de la Conciencia y solicitamos una entrevista con Robert Willson, el eminente pensador y jefe del departamento que según decían algunos era uno de los grandes conocedores de los recovecos de la conciencia humana y según otros sólo era una especie de la coctelera posmoderna y ecléctica donde todo cabía. Un visionario para muchos, una expendedora de frases hechas para otros. A las dos horas Willson nos recibió en su despacho, y cuando vio las fotografías de la mano derecha de Lisa fue tal su altanería y escepticismo que lanzó un par de bostezos y, como si estuviera haciendo un esfuerzo descomunal, caminó hacia la puerta y, dirigiéndose a don Quique, emitió su veredicto antes de desaparecer: —Parece un truco de magia —dijo—. Desde el punto de vista racional es, sencillamente, inaceptable. Y si lo decía “el genio”, nada se podía hacer. Así eran las cosas; acompañamos a Ramón hasta la puerta de su casa, le dijimos que saludara a Lisa de nuestra parte y dimos por zanjado el tema del congreso. A principios de junio, cuando finalicé el taller literario, regresé a España y, aunque mantuve contacto con don Quique y otros amigos del grupo durante algún tiempo, nadie me habló de Ramón ni de Lisa. El tiempo, ese viejo desmemoriado que todo lo confunde, fue arrinconando su historia en mi memoria, hasta que fui invitado por la Universidad para impartir otro taller literario. Cuando me topé con Ramón a la entrada de la biblioteca, su recuerdo carecía de la nitidez que deben de poseer para que los podamos sentir. Con el distanciamiento que producen el tiempo y la lejanía, charlamos un buen rato. Recordamos las cenas en casa de don Quique y sus fantásticos trenes. Hablamos de algunos amigos comunes. Sin dejarnos arrastrar por la añoranza, conversamos como lo hubieran hecho dos viejos amigos y después de decirme que no pensaba cesar en la lucha hasta que no viera solventadas sus demandas, nos despedimos. Mordiéndose las uñas de la mano que no llevaba enguantada, lo vi caminar hacia una de las sendas que se internaban en el bosque y, de repente, me golpeó la desgracia que escondía aquel guante. ** Álvaro Romero-Marco http://www.letralia.com/firmas/romero-marcoalvaro.htm Escritor español. Es profesor en la Universidad de California en Santa Cruz (http://www.ucsc.edu). Ha escrito numerosos artículos especializados de crítica literaria sobre diversos temas y autores (Max Aub, Américo Castro, Alfonso Sastre, Rafael Chirbes, Juana Salabert, Roberto Bolaño, etc.). Próximamente, la Fundación Max Aub (http://www.maxaub.org) —que le concedió una de sus becas de investigación— publicará su libro Max Aub y el cine, y la Biblioteca de Valencia (http://www.gva.es/bpv/indice.htm) El epistolario de Max Aub y Américo Castro. Ha publicado la novela El pretendiente (1996). Además ha publicado numerosos poemas y relatos en revistas españolas y de otros países. === Tres poemas Julio Paredes Vásquez ================================ *** En el tren No es el paisaje lo que dejamos atrás. Es el tiempo. A veces, la decisión de partir también es una manera de quedarse. Recuerdo el invierno de 1931: la noche regresó cuando éramos niños y el agua se acercó a nuestros pies. *** ¿Dónde está el río? Aquí, dijiste, ¿acaso no ves sus ondas azules encima de nosotros? *** Pequeño poema Mediodía. El río retrocede. El aire en calma. ** Julio Paredes Vásquez http://www.letralia.com/firmas/paredesvasquezjulio.htm Poeta, artista gráfico y corrector de estilo peruano (Tarapoto, San Martín, 1987). Poemas suyos han sido incluidos en la Antología de la poesía amazónica (Universidad Nacional Federico Villarreal, http://www.unfv.edu.pe) y han sido publicados también por el colectivo Rimary, en el libro grupal Rezistencia y en las revistas El Cuervo (Argentina) y Remolinos. Ha participado en eventos como “El Patio Azul”, “Novissima Verba”, “La Fiesta del Diantre”, “Enero en la Palabra”, “Un par de vueltas por la realidad” y el Festival de Poesía de Lima. Ha exhibido sus dibujos en una muestra bipersonal y en la exposición de arte y diseño del Colegio de Arquitectos del Perú (http://www.cap.org.pe). Finalista del II Premio Internacional de Poesía “Un Café con Literatos” (España, 2013). === El calzado del ángel Maribel Urbina ============================== El ángel reflexionó sobre el sitio en el mundo más deseable para obtener su primera experiencia humana. Hizo el recuento de nobles y elevadas almas; desde Ghandi y Krishnamurti hasta Muktananda y Sai Baba. Eligió India, y, con un gozo casi impaciente, descendió a las calles encharcadas de Mumbai. En un solo impulso ya estaba deslizando sobre el aire su cuerpo apenas luminiscente. Su tacto y olfato aún estaban a una mínima capacidad, así que no lo ayudaban a descifrar olores ni variación de temperatura; sin embargo, la euforia lo tomaba de la mano como a un niño pequeño y lo iba empujando por las calles nubladas. Deseaba acostumbrarse rápido al peso de la materia, pero aún sus sandalias pasaban rozando a casi un centímetro del suelo. Con su pantalón café y su camisa blanca se mezclaba entre los demás sin que repararan en él. Flotó simulando caminar por Colaba Causaway entre saris, punjabis y dupattas de brillantes colores. Cuando su sentido de la vista le permitió recibir a pedazos intermitentes esas imágenes, se sintió atraído y mareado. Al ver que mucha gente se fotografiaba, se desplazó hasta la Puerta de India. Sabía que ese momento sólo era presente en apariencia, pues en realidad se trataba de un recuerdo. Algo que ya había pensado la mente hacía mucho tiempo, pero la materia era lenta, muy lenta para ejecutar. Así que atesorar en una fotografía el pasado de otro pasado le causaba mucha risa. Al ingresar a la explanada miró de frente a un sujeto famélico con la piel azulada por el sol. Las pupilas del hombre se dilataban entre la desesperación y la ira. No lo siguió pidiéndole rupias. Sólo era parte de la multitud. Pero al verlo de frente el ángel tuvo una sacudida que hizo descender un poco más sus sandalias. Caminó por Ramgula Marg para llegar a la estación de trenes Chhatrapati Shivaji, pero antes dio varias vueltas por Mint Road. No había una sola fachada que no estuviera completamente derruida y sucia. Todas las calles parecían ser la misma con ese uniforme de mugre. Acostumbrarse al oído tampoco era fácil. Lograba reconocer los graznidos de los cuervos y los cláxones de los vehículos que atestaban las calles en desbandada, pero al mismo tiempo ninguno cesaba y su cerebro los confundía. Caminó junto a un puesto de humeante chai, se detuvo para contemplar a dos niños que jugaban con el agua estancada entre el pavimento y la banqueta. También los miraba de reojo un cuervo que arrancaba pedazos rosados del cuello de una rata. El ave sentía amenazado su alimento cada vez que alguno de los pequeños lo salpicaba con el charco. Atravesó la avenida principal. Pasó al lado de una familia que estaba acostada en el piso lleno de heces fecales apenas dispersadas con la incesante lluvia del monzón. Pudo ver bajo un largo trapo sucio asomarse los pies del padre, un poco más sobresalientes que los talones ajados de la madre; enseguida vio los dedos menudos de quien podría ser un adolescente, e inmediatamente después tres bultos pequeños tapados hasta la cabeza. Llevaba la cuenta de cuántas familias estaban durmiendo en el suelo, pero cuando llegó a la esquina, la perdió al tropezarse con un borde en el asfalto. La lluvia arreció de improviso. Se apresuró a la estación de trenes. Se sobresaltó cuando las gotas le golpetearon con fuerza la cabeza y los hombros, y empezó a sentir escalofrío. Había otros cinco pares de pies cubiertos con un trapo maloliente. Cuando pasó junto a ellos, un niño les jaló a los demás el pedazo de tela para cubrirse hasta la frente porque lo despertó una luz fosforescente que provenía de las rodillas del ángel. Lo paralizó unos segundos la mueca vacía de una mujer encorvada que le sonreía como si lo amenazara. De nuevo se cruzó con más familias durmiendo sobre el excremento y el lodo. Otra vez le dolieron los ojos de un hombre desgreñado, con tal cólera que podría molerlo a golpes a él y a cualquiera sin necesitar ninguna razón. Se le hizo inacabable el trayecto rumbo a las escaleras: le parecía tener todo hueco desde los tobillos hasta los muslos. Sin embargo, al alcanzar el pasillo interior se dio cuenta de que había empezado a correr entre las filas desordenadas de personas que llegaban o salían de los andenes. Un grupo más nutrido lo inmovilizó en un denso abrazo de transpiración de especias, humedad y calor. Los empujó a todos con el hombro izquierdo. Aceleró el paso al salir de nuevo a las calles lluviosas. Las sandalias del ángel se llenaron de mierda. No sabía a qué poner más atención: si a los oídos palpitantes que le devolvían un volumen alto hasta dolerle la quijada, o al pecho que se expandía y contraía con dificultad. Hiperventilar lo asustaba más de lo que imaginó. Creía que respirar se trataba tan sólo de permitir al aire alimentarlo suavemente con el prana sagrado, y que éste jugueteara con el ritmo regular de sus pulmones. No calculó el vértigo del aire detenido en el pecho, lo inútil del esfuerzo por aspirar a través de una tráquea casi cerrada, pero al mismo tiempo el pánico lo hacía repetir ese movimiento a una velocidad que le producía náuseas. El ángel cayó doblado en la banqueta con el rostro oculto en medio de las rodillas. Permaneció en esa posición hasta que la oscuridad llegó y volvió a retirarse. Lo despertó el sonido de una moneda de dos rupias que alguien arrojó a su lado. Fue a comprar algo de comer. Sonrió pero no recordaba qué era lo que le causaba risa. Pasó meses de delirio antes que decidiera empezar a trabajar reparando sombrillas, lo cual le iba dando el dinero indispensable para sobrevivir. Sintió el impulso de abandonar Mumbai y continuar su camino por otras ciudades. Tomó un tren de un día completo y se instaló en Varanasi. Ahí recibió una mañana la bendición de un sacerdote del infierno. Fue en un ghali, en una de esas callejuelas laberínticas, lodosas y demasiado estrechas por las que camina de todo, incluso vacas y bueyes recién bañados en el Ganges. Presenció el descenso de muchos cuerpos amortajados en las escalinatas del Manikarnika. Miró en incontables ocasiones las piras crepitantes y bulliciosas que elevaban el humo de la purificación. Necesitaba entender algo, pero no sabía a dónde lo llevaría contemplar cadáveres cubiertos de papeles dorados una y otra vez. Se preguntó si eso era todo lo que existía: una vida de miseria y suciedad, amortajada y olvidada. Se apretó las sienes con furia porque el vacío le desbordaba la mente. Un anciano reparó en su desolación, le dio una palmada en la rodilla y le explicó —como si respondiera a una pregunta nunca formulada— que todo en Varanasi era coherente, porque la ciudad vivía a orillas de un río dedicado a la adoración de Shiva, la emanación destructora de la divinidad. Le recalcó que la destrucción se veneraba a tal punto que el mismo espíritu del río había partido ya, así que los peregrinos se bañaban desde hacía mucho tiempo en un Ganges muerto. En otro Ghat, en el Dasaswamedh, se conmovió ante un renunciante que cantaba tratando de hacer vivir de nuevo al río. Contempló la devoción del cuerpo inclinado en las escalinatas, así como las manos reteniendo el agua unos segundos en la cuenca que formaban juntas. Se llevaba esa agua achocolatada a los labios y algo le recitaba. Esos segundos bastaban para que el renunciante se convenciera de que el río estaba reviviendo poco a poco. El antiguo ángel lloraba al mirarlo, pensando que a él le gustaría creer que algo más allá de la basura y la ambición podría abrazar a los hombres y revivir lo yerto. Esa es la última imagen que recordaba con agrado, aunque algunas veces no estaba seguro si formaba parte de su memoria o de sus deseos, porque después siguieron días de fiebre incesante. Enfermó de algo más hondo que el cuerpo. Caminaba mareado por las calles atestadas de peregrinos vestidos de naranja. Empezó a dormir la mayor parte del día y de la noche. Tenía pesadillas todo el tiempo. Le atenazaban a borbotones imágenes de mendigos mutilados, sin piernas, pero persiguiéndolo a la velocidad que les permitían las manos; figurillas de Ganesha en plástico; miradas psicotizadas por el hambre y la frustración; baratijas doradas; ghalis interminables con olor a orina, excremento y sudor de las multitudes. Una y otra vez despertaba del delirio sintiéndose aliviado de que nada era realidad, pero en unos pocos segundos reconocía seguir en Varanasi, y se devastaba. Despertaba de esas pesadillas, pero ya no estaba en el estrechísimo cuarto que compartía con otros vendedores, sino en una calle semioscura, en la que los monos hurgaban el piso. Lo sobresaltaban sus pleitos de machos alfas y betas, ya sea por la comida del basurero o por el privilegio sobre las hembras. Tuvo el impulso de acercarse a un grupo de policías para explicarles que viajaba solo, estaba desorientado y había enfermado. Le lastimaba que la miseria fuera un sistema normal, cotidiano, donde la suciedad lo hería de manera tan profunda que lo dejaba desvalido por completo. Quizá sí se los dijo, porque guardaba una imagen de dos policías ofendidos por sus palabras, amenazándolo con sus anticuados rifles. Se desplazaba con dificultad entre los ghalis, y una vez le dio a un sacerdote shivaíta, famélico hasta los huesos, las únicas diez rupias que se esculcó en el pantalón. El sacerdote se alegró mucho, lo miró a los ojos varios minutos mientras colocaba la mano izquierda sobre su nuca para bendecirlo o consagrarlo. Pero alguien le dijo que fue él quien bendijo con su mano huesuda a un hombre que le dio como limosna un billete de diez rupias. La mayor parte del día recorría los ghats de norte a sur y viceversa, sin que escapara alguno a la obsesión de sus rituales. La repetición de sus actos aliviaba las heridas de vacío que a veces sentía arder en silencio cuando llegaba la noche. Sin embargo, una madrugada tuvo un sueño vívido que lo atragantó con bocanadas de alegría. Soñó que estaba durmiendo en la misma esquina de siempre y sentía que alguien se había detenido cerca de él. Bajó un poco la manta hasta media nariz, vio que la rodilla derecha de un joven expulsaba una especie de suave fosforescencia. Cuando se incorporó, el muchacho avanzó rápidamente. Sin pensarlo, empezó a seguirlo. Todo era familiar y extraño al mismo tiempo, porque reconocía las calles por las que avanzaban pero estaban llenas de una neblina polar que lo confundía. Perdía de vista la silueta y volvía a hallarla por la luz que emanaba de sus coyunturas. Llegaron a la estación de trenes y el joven abordó de un solo salto un vagón. El tren ya estaba arrancando su marcha, y al avanzar la máquina recortó toda la neblina para devolver los mismos tonos derruidos de las calles. No necesitó despertar para saber con certeza que debía marcharse. Aunque no tenía que dar cuentas a nadie, esa mañana se dirigió a la estación con movimientos furtivos como quien recibe la gracia inmerecida de abandonar la cárcel, y se va a hurtadillas antes de que su libertad sea considerada un error. Abordó el tren que saldría en tan sólo unos minutos, cuyo último destino era Khajuraho. Llegó al poblado con las pupilas dilatadas por el hambre y la esperanza. Cuando se instaló el nuevo monzón, fue retomando su oficio de reparador de sombrillas. Una tarde en la que hubo dos horas de sol a plomo, se encontró con un grupo de mujeres que llevaban en las cabezas bandejas de agua. Él se quedó quieto de súbito. Las mujeres también se detuvieron, lo miraron extrañadas al ver que no les cedía el paso, y finalmente, lo rodearon para continuar su camino. No podía moverse. Lo abrumó la sensación de haberse visto caminando de frente como si su mirada estuviera repartida en los ojos de las cuatro mujeres. Detenido como estaba, pudo aspirar por varios segundos el aroma que se desprendía de su cuello, y era el mismo que el olor del pasto; le parecía que su cuerpo perdía peso, le mareaba la densidad del aire porque lo atravesaba sin prisa, sin tiempo. Caminó varias horas hasta que se debilitó por el sueño. Se recostó en el pedazo de tierra donde solía dormir, se cubrió con su manta, pero ahora fijaba la atención de manera diferente en los pares de pies que caminaban cerca de su cabeza. Iban y venían agitados. A ratos cerraba los ojos porque la fosforescencia intermitente de las piernas lo deslumbraba. Empezó a notar que algunos talones apenas tocaban el suelo; otros definitivamente flotaban, a pesar de que se movían como si caminaran. Comenzó a pasar los días asombrado al observar la belleza de los rostros radiantes, que a su vez lo veían a él con una compasión ceremoniosa, como si reconocieran algo en sus andrajos. ** Maribel Urbina http://www.letralia.com/firmas/urbinamaribel.htm Escritora mexicana (1975). Licenciada en lengua y literaturas hispánicas, con maestría en literatura latinoamericana y doctorado en letras mexicanas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam, http://www.unam.mx). Ha publicado el libro de crítica literaria Borges, creador de Dios: Dios como personaje en la narrativa borgeana (Ediciones Eón, http://www.edicioneseon.com; 2010) y los libros de poesía Holograma del fuego (Editorial Nave de Papel, 1998) y Noestálgia (Editorial La Tinta de Alcatraz, 1999). Actualmente es docente, tutora e investigadora de tiempo completo en el Instituto de Educación Media Superior del Distrito Federal (IEMS, http://www.iems.df.gob.mx). === Yo pecador (extractos) Arturo Álvarez D’Armas ==================== No puedo vivir un silencio endurecido algo me reclama no sé dónde está, ni qué es. Hay un vacío el silencio mata. Paso noches a la intemperie días tormentosos me lanzaré desde la roca Léucade se abrirán las puertas del Hades oraré en el templo de Artemisa en Efeso. Aún estoy en el laberinto pero te quiero conmigo. === Estas líneas son para ti. No hay sutura para la herida abrió en vez de cerrar tengo tristeza no sonrío ando en penumbras lloro no duermo te deseo ¿Por qué no puedo amarte? === Se perdió el hálito esotérico nuevamente beberé vino en la soledad de la noche basta de palabras la tensión y la angustia corroen mi esencia deseo el fuego de la carne el mismo fuego que una vez prendió mis sueños. === Eras delgada igual que la pluma del pavo real como Josué hiciera con las murallas de Jericó derrumbé la pared de tu carne deseo ese instante con el perfume de nardo ungido a tus pies, tapizada de besos penetro en la oscuridad de la noche y me evado entre el viento frío de la madrugada soy un extranjero en tu cuerpo iré al infierno el día del juicio final. === Para Aly Pérez Mi vida es un rocío suspendido entre hojas de árboles. Al igual que Ulises en la orilla del río veo la bora como sirena sumergida lluvia espesa aguas cambiantes en su rugir corren sin cesar iluminado por la luna voy protegido por mis libros mientras el agua se desplaza hacia el infinito. === Cuando llegue te desnudaré posaré mi cabeza sobre el seno virgen seremos cobijados por el verde lecho guinea. Lameré tu silueta de ébano en el río madre. Cuando llegue. ** Arturo Álvarez D’Armas http://www.letralia.com/firmas/alvarezdearmasarturo.htm Bibliógrafo y poeta venezolano (La Pastora, Caracas, 1950). Investigador de las tradiciones africanas y afrocaribeñas. Edita las plaquettes de poesía Cumbe y Tambor y Viento del Sur. === Lo propio del esperar (microrrelatos) Ricardo Martínez-Conde ===== *** Clasismo El viento es muy caprichoso. No bambolea los árboles grandes, antiguos y altivos, sino aquellos más débiles que no le alcanzan a éstos más allá del ombligo. El caso es que así la realidad parece otra. ¿Por qué no todos los árboles, al unísono, zarandeándose al capricho ventoso que viene de lejos, bien se sabe, desde más allá del mar y sus caprichos? ¡Sería un espectáculo tan emocionante; casi mitológico! Pero no. Entonces me digo: ¿es que acaso el viento, esa libertad, también es clasista? No sé. Me siento triste. *** Derecho laboral Nunca había presumido de ir al trabajo con ilusión y aquel era su primer día en la nueva empresa. Sintió un picor momentáneo y pasajero en la frente, en la vertical misma del ojo derecho, allí donde se traza esa curva de significado oculto: frente de bobo o frente inteligente. Se miró al espejo y observó exactamente allí, donde la fisonomía del bobo o inteligente se agazapan, un círculo negruzco que por momentos parecía crecer en anchura y en altura. —¡Mala pinta, vive Dios! No dolía, no escocía pero ahí estaba la huella (mortal, pensó por un instante), indeleble. —Un mosquito tigre, sin duda —pensó, inteligentemente para sí. Procuró serenarse. Se lavó, como un hábito sencillo, con agua y jabón. —¿Sin más? —Sin más. Luego aplicó el antídoto; dejó la empresa (previa denuncia, firmada, por exceso de material agresivo: mobbing pernicioso-activo, se le denomina técnicamente). —Seguro que tigres había más, muchísimos más —pensó mientras disfrutaba la cerveza al apacible sol de una terraza callejera. *** El meteorito Dicen las agencias de noticias que el pasado catorce de febrero ha caído, muy fragmentado, un meteorito que ha causado un gran impacto en la tierra. Muchos corazones, a buen seguro, habrán notado su efecto (y algunos habrán sufrido daños, tal vez irreparables). *** El pañuelo Una mañana de mayo encontró un pañuelo violeta. La mañana guardaba todavía en el horizonte marino algo de un tono soltero que le había dejado el lento amanecer. Guardó el pañuelo sin pensar en nada. ¿O tal vez sí? Pensó en cómo le gustaría que fuese su propietaria. (La juventud le llevaba a pensar que había de ser una mujer decidida, tal vez muy importante en su vida. De hecho ya lo era desde el momento en que comenzó a pensarla para sí). Ya en casa, su madre le dio las gracias. ¡Qué despistada! —le dijo. (...) *** La bicicleta Iba en su bicicleta nueva. Por fin era capaz, por sí solo, de mantenerse en vertical. Desde allí, desde esa altura veía las flores del camino, las hierbas, incluso la inacabable acequia como algo menor, casi insignificante. ¡Es el vértigo de las alturas, seguramente!, pensó. No obstante, cuando una piedra inoportuna en el camino de sirga le llevó al suelo hasta el punto de que sus ojos, ahora, veían la humilde flor un poco más arriba, se ruborizó. La flor, discreta, no dijo nada, pero su gesto era de silenciosa ironía. *** La sabana ¿A qué huele en la sabana? Huelen los animales, esto es: excrementos, sudor, la tensión permanente en que viven para resguardar sus vidas de un ataque inesperado. Huele la piel herida por el ataque de los parásitos; huele la carroña después de las hienas, antes de los buitres... Huele vagamente a sangre derramada y mezcla híbrida de pasto seco y vaharada de calor; el mismo que confunde en los olores; en el color; en la percepción del peligro, la ubicación: la exterior y la interior. *** Monarquía Mi mujer ha enloquecido. Esta mañana, en el desayuno, me ha dicho: “¿Quieres algo más, mi rey?”. (Eso: locura a secas o que la monarquía, tal como me temo, ya va en desuso). *** Ella Tarde o temprano, estoy seguro, pensarán algunos que ha sido por ella; que mi vida, impropia para las conciencias acomodadas, haya estado motivada, con todas las actitudes personales añadidas, por la desidia de ella (no escucha), por su arrogante independencia: lo que, se pensará, me ha sumido en un desarraigo de seriedad y melancolía, de una grave tristeza. Alto sería el motivo si así fuese, alto y digno pienso yo, pero, en honor a la verdad, no me ha movido a todo esto, a haberme dejado ir, más que la indiferencia, la indiferencia y... ¿el miedo? ¿Tal vez el orgullo que me pudiera corresponder a tenor de las circunstancias de que mi vida haya venido ya tasada por su intervención? No lo sé; no lo sé. (Ella, la muerte, lo sabrá. La muerte es la certeza). *** Olor a naranja Su expresión era de dignidad y tristeza. Iba vestida con estricta humildad. Al pasar a mi lado me llegó, perceptible, el olor a naranja que se iba comiendo. Luego se inclinó a recoger las dos bolsas donde transportaba todas sus pertenencias. Yo reparé en la bolsa de basura en la que ella había hurgado para recoger la naranja. *** Recortes Estamos en tiempos de recortes, así que me callo. *** Soñó Pensó que dormiría. Sin embargo soñó. Un gran barco de tonos oscuros cruzaba, insomne, por la lejanía. A su ritmo escuchaba una hermosa melodía que duraba el tiempo de su estela... Era una rara canción imaginaria que hablaba de amor. Él, durmiente, era el mar. *** Tarde de fútbol Una llamada indeseada; en el momento menos oportuno. —No. ¡No! El árbitro principal, al oír una opinión tan rotunda por el sistema interior de comunicación, negó la existencia de un penalti, evidente para todos, en el último minuto. Y además al equipo que iba perdiendo. El linier se quedó de piedra: —Mamá, ¡no me llames cuando estoy en el trabajo, te lo he dicho mil veces! ¡Y no, no quiero otro abrigo! —lleno de rabia, guardó el móvil. Otra vez se le había olvidado dejarlo en el vestuario. “¿Y ahora como rectifico una decisión tan injusta?”. *** Un arma para la eternidad Odiaba la vulgaridad, los gritos... Y esa mujer lo tenía todo. James Linthey Aquella mañana, en la cafetería, cuando ella comenzó a hablar, primero alzó la vista, sorprendido. Luego de un breve examen se le notó un rictus amargo. Trazó el dibujo del arma, lo más fiel posible, y lo recortó con esmero. Se acercó el cañón a la boca, disparó, y el horror del eco todavía resuena... *** Crisis —¿Y cómo hago? —me dije, más meditabundo que cabizbajo. Ya está. Malo será que pueda contratar a un flechilla de esos de la calle dispuesto a una aventura con riesgo. Y así lo hice. La cuestión era burlar a un mendigo que, para desgracia de mi orgullo, tenía siempre los bolsillos de su chaqueta deformados como un colgajo debido a la cantidad de monedas que recibía. “Y yo así —me decía al pasar a su lado—, pobre por servir como plumífero a un Sistema en el que no creo. No puede ser”. Dicho y hecho. Le amenacé, le insulté para herir su orgullo de extranjero. Y él respondió: se quitó la chaqueta para pelear. En ese momento el chaval echó mano de la chaqueta con el contenido de sus bolsillos. Ahora desde aquí, desde la celda, me digo a dónde huyó el muy... ¡Ya daré con él! *** El milagro Hace frío. He visto la rama desnuda y me ha entrado frío. Sin embargo sé que esa rama desnuda está engendrando una pera. Es como un milagro. Este año volveré a robar una. ¡Estaba tan dulce y como soñadora..! *** Viaje al cielo Al pasar junto al crematorio he visto salir un hilo de humo que hacía como un requiebro en el aire; semejaba un juego de seducción. Seguro que era mi abuela. Se murió ayer y todos sabemos que siempre fue muy presumida. ** Ricardo Martínez-Conde http://www.letralia.com/firmas/martinez-condericardo.htm Escritor español (Sanxenxo, 1949). Cursó los estudios de filosofía y letras y el doctorado en la Universidad Complutense de Madrid (http://www.ucm.es). Textos suyos han aparecido en la Revista de Occidente, el Boletín Galego de Literatura y las revistas Clarín, Claves y Extramundi. Además ha sido colaborador en diversos periódicos. Ha publicado los poemarios en gallego Lento esvaece o tempo (Milladoiro, 1990), Orballo nas camelias (Sotelo Blanco, 1993), O silencio das árbores (Espiral Maior, 1995), A núa lentitude (Follas Novas, 2001) y Compostela, vella memoria (3C3, 2003); y, en castellano, Los argumentos de la tarde (A.G., 1991), Sombras del agua (Endymión, 1993), Evoë (Calambur, 1997) y Los días sin nombre (Calima, 2000, premio Benasque de Poesía). En prosa ha publicado, en gallego, Os simbolos de Galicia (Cª Cultura, 1993) y Debullar (Galaxia, 1998) y, en castellano, Cuentas del tiempo (Pre-textos, 1994), La figura del Rey según Quevedo (Una lectura de la "Política de Dios") Ed. Endymión-Mº Cultura, Madrid, 1996, Alusión al paisaje (Calima, 2002). Ha recibido diploma de honor en el Concurso Internacional de Relatos Breves "Jorge Luis Borges" (California, 1992) y el premio Reimóndez Portela de Xornalismo (A Estrada, 1997). === Igual que la extensión de tu cuerpo (extractos) ======================= === Leoncio Luque Ccota =================================================== (Nota del editor: los poemas que siguen son una selección de este libro inédito del escritor peruano Leoncio Luque Ccota, quien ganara con este trabajo el Copé de Oro en la XVI Bienal de Poesía 2013, certamen que organiza desde 1979 la petrolera estatal de su país). *** Prólogo a la muerte de Matías Luque La soledad hiela mis venas El sol se enrosca como una serpiente Alejandro Peralta Levántate y olvida este efímero mundo. Omar Khayyam, Rubaiyat En el Ayllu Hachasullcata (1), en la estancia de Quencha El susodicho: Matías Luque, insuficiente, roído por la muerte, Ha llamado a los testigos, a familias enteras de esta jurisdicción Donde ha forjado imágenes de vientos helados, sin cerrojo A medianoche antes de que el aliento se enfríe en la garganta. En esta Capital aimara, reino del folklore donde ha vivido despierto Como un cuerpo deshabitado entre conjuros del pasado y del presente. A los veinte nueve días del mes de octubre de mil novecientos Cuarenta y uno (2), Deja la sombra de invierno como cuando el cuerpo se enferma Al borde de la fiebre y el deseo raspa el alma inquieta de un ojo que [parpadea. Son las dos de la tarde en pleno viento de agosto, de tarde débiles De balbuceos en que el parca despierta a la muerte, Herencia de lo humano, espejo con que uno choca cada mañana Con el viento trenzados de los eucaliptus al compás de la coca que [chacchamos Y que dicta la aspereza de nuestra voz ahogada, Que devela la frontera de la vida y parece acabar entre insomnios y [duermevelas, Presentándose a los testigos de la vida, reblandeciendo los frutos de los [insomnios Que nos apuntan con su mirada fatal de soledad y soledad entre despedidas y [entelequias, Espantando al dueño del manto negro que debajo de los cabellos acaricia, la [herrumbre del rostro cetrino Cuando el sueño es la llave de otro sueño mágico sin retorno. Con ruegos de avemarías y cánticos tristes al margen del cuerpo lloran los [presentes, Que tal vez no tengan imágenes de acierto en el dolor en que viven sobre un [papel arrugado con noticias antiguas y amarillas. Están a su lado aprovechando la oportunidad de la partida celestial: Mariano, Jacinto, Juan, amigos de desengaño, a los cuales les lleva la [delantera nada más —que así es la vida—, dice; gimiendo Ellos, mayores de edad en cosas sólidas, tejen la vida en la mañana con [tacto preciso en la pesca de la vida; Son labradores de amor y hombres crédulos en casamiento Y consejo de desacierto para la vida, ahora consolando desde esta mañana, En que amanece todo en silencio de vida torpe, En esta enfermedad purificadora que es arma secreta para estar despierto Todos los días, con la muerte de teclado en mi pensamiento; Que me consume en melancolía y remordimiento. *** Prólogo de mi muerte uno Es duro: pero la resignación hace más soportable Aquello que no se puede cambiar. Horacio, Oda Yo Matías Luque Aruquipa (3) Postrado entre quebradas experiencias Vaticinando desdichas, usanzas, entre hojas de coca amarga. Postrado, enfermo, estoy en cama de metal envejecido, Entre pausas y lágrimas del silencio juyphi (4). En este momento anuncio estar en mi juicio Como un yatiri (5) sin oficio En plena facultad y razón, Para decir lo que pienso y siento. Expreso que soy mayor de edad y casado Con doña Catalina Huanca Sejje (6) Hasta el último día de mi infortunio. Dejo todo de mí, el mundo y su fuego, El temblor de mi vida cercana para mis hijos, El templo y el navío, para mi esposa Y para los amigos la sabiduría que otorga La forja de la amistad en el tiempo. Y así surco por el canal de lo tranquilo al wiñaya pacha Por la vida que me queda entre borrones miradas Sin molestia alguna. Como dije al principio, Y si no dije, lo digo ahora, Soy labrador de plumas sin acierto E ideas ancestrales que la naturaleza confiere A quien lo busca. He vivido muchos guarismos Por singulares caminos Que no son suficientes En esta edad caduca. Soy peruano Por todo los poros. He caminado Por indivisos lados y pasos Surcando en el alba preñada de alegría Para reconocer a los amigos En las carencias y turbiedades Ya en el crepúsculo De los corazones deshechos. He esperado la vida repicante De verde pámpano y sequedad del altiplano. He vivido en Quencha de suaves nubes Como algodones oscuros, Un lugar que ustedes no conocen y No podrán conocer, Donde la naturaleza Es hermosa cortando los vientos A toda hora. Soy propietario de todo (7), las hierbas y árboles De piedras, surcos y animales que surcan mis pasos Soy propietario de mis sueños Lo que dejo a mis hijos Como herencia. Estoy idóneo bajo una dolorosa queja Que me hace temblar el comienzo del fin Las familias desfilan como códigos morse Sin decir nada A pesar del lamento Y mi voz triste que encaja en cada oído; Dejo este lugar anticipadamente Por voluntad propia para esculpir mí destino. He acordado otorgar antes de tiempo Mi testamento de paz conmigo mismo Como un verdadero poema digno de redención Sin defecto, como una hierba verde floreando A favor de mis hijos que serán ecos en el mundo: José (8), Ignacia, Guillermo (9) y Concepción, Los que están a mi lado Llorando de espanto parados en hileras Que me parte el corazón reseco de vida; Y los otros hijos, que tuve Murieron En primer matrimonio, Como son Remigio, Domingo, Manuela, Juana y Gregoria Que florecieron solteros serpenteando por la vida Y fallecieron cuando aún soplaba el viento de agosto Con tanta fuerza desmadejando los techos de las casas Sin excepción alguna en cólera de tambores y pututos. *** Prólogo de mi muerte dos Los fríos chicoteros de las heladas Oh las moradas de la muerte, atrayente aderezos para el anfitrión de la casa, que solo fue huésped. Oh dedos el umbral de entrada tendiéndose como un cuchillo entre vida y muerte. Nelly Sachs, En las moradas de la muerte (poemas) En primer casamiento cuando se amarillaba el campo De una sequía de ala oscura y engañosa Me casé con Feliciana Con quien viví feliz estremecido de amor vegetal Hasta que el viento convertido en guerrero indomable Flanqueado con los ichus y lagartijas se lo llevó la apachita (10) Guardián de nuestros sueños en un linajudo día. Con Feliciana tuve una hija llamada Calixta (11), La misma que murió casada con un corazón blanquecina Con un tal Eusebio Uturunco (12) Dejando mi garganta sin voz e hirsuta mi alma Y mis ojos en diluvio de aflicción y tristeza temblorosa. He mencionado todo, he descubierto las arterias de mi latido y sus penas marchitas que suministran de un luto recién salido he descubierto los latidos de mi corazón que desfallecen Y si me falta algo decir algo Diré después, en póstuma ternura Cuando ondeen las sosegadas ternuras Estoy agradecido a mi esposa e hijos Por su amor de cielo azul desinteresado De gratitud de ramillas tiernas del campo Y de servicio como de ramaje de eucaliptos cubriendo del sol Que me hicieron vivir la vida en avidez amor ardiente. Por eso paso a manifestarles En este epílogo de la mañana o de la tarde donde brotan heridas Como de un surtidor de dicha Para decir que la luz de mis ojos se retira, pero Declaro ser impenetrable de corazón y cristiano de fe Amo a mis ancestros y mis dioses tutelares. Creo en todos los santos misterios que navegan por las parroquias De nuestra santa madre Iglesia, Católica Apostólica, romana, Bajo cuya verdadera fe Y creencia he vivido, Y protesto vivir y morir así, Y no de otra manera. Declaro, a través de estas lágrimas sólidas Que igualmente soy hijo legítimo De don Gabriel y doña Martina (13) Y así inicio la aporía DE MI EXISTENCIA De memoria testamentaria Leída después de mi muerte. *** Primera crónica testamentaria antes de mi muerte Hecha a favor de mis hijos Huancané, 3 de noviembre, 1941 Juzgado de Paz - Huancané - Puno. La sombra me llama en el fondo de un espejo dormido El sol desaparece devorado por la oscuridad Considerando que soy casado al divino contagio Y velado con Feliciana (14) consorte del primer matrimonio Que me lleva entre sus alas a un espacio eólico. Con ella procreamos una hija llamada Calixta, En feliz respuesta a nuestro matrimonio que duró para luego volar Como el aire. La realidad es un inmenso espacio donde la sombra Nos arrebata la ilusión de una voz que nos ama Con sus dientes picados pero filudos. El dolor se acerca en gramática de balbuceo Trato de fingir mi quebranto que me roba el pecho En cada respiro donde se enreda mi lengua. Casi no hablo mucho Siento el sabor de una noche sinfónica de ranas que croan Mi reino se desordena. En segundo matrimonio es preciso decir, Soy casado y velado Con Catalina Huanca, de una voz tibia que circula por mis oídos Que me mira con sus ojitos de pena Reduciendo mi pena o incrementando Desde hace treinta y cinco años En los cuales procreamos diez hijos en plena luna llena De los cuales otros hijos míos, se han alejado viajando a las estrellas. Pero ahora están presentes cuatro Dos hijas y Dos hijos, José, Ignacia Guillermo y Concepción (15). En este viaje de partida volando a la región donde no hay vuelta Me quedo solo, El viento arrastra mi alma como las hojas secas De los campos a un lugar sin destino incierto a pesar de mi fe. Me acompañan con pena Almas de otoño serrano y viento helado Y llanto cerrado que adoro A pesar del destino que espero, trágico para Estos hijos con sollozos quebrados Que son compañía grata ahora, pero qué será después sin mí en sus días Jugando en el sonido del viento Que escucho y es mi lamento. Por ellos, mi aliento se vuelve ave mítica y roca azul que oculta la noche Para estar solo con ellos de día como criaturas de la aurora A los cuales lloro de impotencia, como hierba apacible con sus rocíos Ante esta desgracia inclemente de la Parca. Yo aparecí en este mundo confundido en la espuma del rio caudaloso Del tiempo y la lluvia haciendo renacer la tierra reseca y partida. Por eso declaro que soy propietario Y heredero legítimo de mi lágrima y de esta tierra tendida como sábana Fulgurante que me hechiza y deslumbra como los trinos salvajes de sus aves. Yo soy de mis padres como soy de ellos, como un río sus laderas Yo soy de mis abuelos, y de sus huesos infinitos perdido en la tierra Quienes han dejado este mundo de manera ligera como un haz de luz [desaparece de pronto en la oscuridad Yo he cosechado los matinales días con sus prematuras sombras Cruzando la apacheta sin saber si voy a regresar después de partir a [lejanas tierras Como lo harán mis hijos, sin saber si regresarán a esta tierra que yace [apenas Y sueña con sus hijos inmortales caminando sobre su tierra fértil. Yo dormiré en la sombra sin muros de los silencios Dejaré los terrenos libres que enmudecen bebiendo la sed de la lluvia Que los abrasa de fecundidad bajo el wayra (16) Viejo macho huracanado que siempre nos acompaña. El cuerpo y el alma son frutas únicas que cuando se separan Se alejan como las horas nocturnas en las noches. Mi sonrisa es doliente exhalo tristeza muerta sin haber muerto La sonrisa es doliente cuando el alma se aleja del cuerpo Y vemos que nada llevamos de la triste forma de nuestro cuerpo A pesar de haber adquirido la imagen de la tierra, sus aromas Que han sido comprados para los hijos, para que ellos continúen Con el ritual de la lluvia y la mamapacha. Según la ley del pueblo de un artículo que no me acuerdo Dejo todo en orden, sin débito alguno, Dejo todo en claro En este momento cuando mi sombra decae y sale a pasear Convertido en mariposa, mi vida se mantiene Aún no me sumerjo en la tormenta de viento oscuro De mi cuerpo inmóvil Me pongo fuerte Como los eucaliptos se defienden de los vientos huracanados. A pesar de mi desdicha funesta, Se siente el olor de la muerte que encrespa mi alma Aún me sobra la poca vida de un rayo en plena oscuridad Para alumbrar por última vez e imprimirlo en la retina. Los yatiris han señalado mi vida en hojas de coca doliente Yo vi una flor como la luz espiritual de los poetas Acariciado en besos continuos. Yo he fracasado varias veces en el intento de no creer nada En este viaje eterno de insurgencia yatiri Padre mío; Muchos amigos llegan como salidos de sombras Y familias enteras Se anegan en llanto de cota Como salido de una tormenta. Pero yo aguardo con esperanza mi muerte Y permanezco atento como el sol Que se anuncia en el morir, Aunque los recuerdos huyan como lunthatas (17) Y hagan daño mi alma Como mordisco insepulto. Notas 1. Un ejemplo de la existencia del ayllu en las comunidades en estudio lo constituye el de Hachasullcata, al que se integraba la comunidad de Calahuyo. Esta comunidad fue en el pasado una parcialidad que al lado de otras, denominadas Quencha, Callapani, Accoccoyo, Totorani, Huayrapata, Chacacruz y Azangarillo, conformaba el indicado ayllu. Dentro del conjunto de dichas parcialidades, una de ellas representaba la capital —en el caso de Hachasullcata, la constituyó Azangarillo—, donde se concentraba una autoridad central identificada como el jilakata del ayllu. 2. Fecha de la redacción del testamento. 3. Matías Luque Aruquipa nació en 1881 y murió en 1941. Su madre era de Bolivia. Este apellido no existe en Huancané. 4. Helada. 5. Adivino andino de la muerte. 6. Catalina Huanca Sejje, es la segunda esposa de Matías, a quien raptó muy joven, sin conocerla. Era la costumbre del tiempo. 7. Gabriel Luque, padre de Matías Luque. 8. José, hijo mayor de Matías Luque, que le robó el dinero, por lo que se enfermó y cayó enfermo, y por lo cual murió: de pena. 9. Guillermo Luque Huanca, se casó con Damiana Ccota Quispe, con quien tuvo seis hijos. 10. Montón de piedras que por superstición van haciendo los caminantes y los adoran. 11. La primera hija de Matías Luque. 12. Origen del apellido y papá del primer policía de Quencha, llamado. De quien Damiana Ccota estaba enamorada y de Guillermo Luque. 13. Padres de Matías Luque. No existen las partidas de nacimiento en la municipalidad de Huancané de 1929 para atrás. 14. Feliciana Zencara, primera esposa de Matías Luque que vivió hasta los 40 años. 15. Hija menor de 9 años que murió después que falleció el padre: Matías. 16. Viento huracanado, “viejo, pasa, pasa”. 17. Ladrones. ** Leoncio Luque Ccota http://www.letralia.com/firmas/luqueccotaleoncio.htm Escritor peruano (Puno, Huancané, 1964). Siguió estudios de economía en la Universidad Nacional del Callao (http://www.unac.edu.pe, 1985), la misma que abandonó un año después, para seguir estudios de educación en la especialidad de lengua y literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal (http://www.unfv.edu.pe). Publicó los poemarios Por la identidad de las imágenes (1996), En las grietas de tu espalda (2001) y Crónicas de Narciso (2005). Actualmente estudia la maestría en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (http://www.une.edu.pe, La Cantuta). Mantiene los blogs http://noblekaterba.blogspot.com y http://cronicaskaterbianas.blogspot.com. === Wälder del alma Esteban J. Aquino Rivera ========================= El silencio del mediodía solo se rompió con el sonido seco del hacha que entraba y salía por la corteza arrugada —viejísima— de aquel árbol grandote que llevaba erecto en el centro de Wälder más tiempo del que este pueblo llevaba fundado. Zab zach, sonaba el hacha y el tronco del sabino se estremecía. Ya se podía ver de lejos la herida profunda, producto del trabajo de días. Resina dorada brotaba por la herida y chorreaba del hacha como sangre, espesa en contacto de oxígeno. Zab zach... zab zach... zab. —¡Déjalo, bestia! ¡Idiota! —cesó la monotonía, ahora con los gritos agudos de una jovencita que se acercaba corriendo: Graciela Consuelo. Gritaba indignada, con una voz que, aún llena de ira, ni siquiera conmovía al hombre del hacha. Se podría decir que hasta lo llenó de buen humor el escuchar una voz tan tierna y delicada como la de ella, siempre tan bonita, que seguía gritando y manoteando en lo que el hachero volvía a tomar el ritmo con su herramienta. Zab zach... Al cabo de una hora el tronco volvió a estremecerse y el hombre salió corriendo con media sonrisa en su rostro. Su misión había terminado luego de largos días: el gran árbol caería aquella tarde. Como en cámara lenta, el gigante empezó a inclinarse e inclinarse. La madera que aún quedaba pegada crujía cruelmente, astillándose hasta que ya no hubo más fibras pegadas y, con un último golpe, el tronco se derrumbó. Los gritos de Graciela Consuelo cesaron, transformándose en dolor y unos ojos llenos de lágrimas. En vez de gritos y golpes de hacha, el aleteo desordenado de los pájaros negros que salían de las ramas llenó la escena hasta desvanecerse en el cielo. Entonces, por primera vez en mucho tiempo, no hubo ni canto ni sombra en el centro del parque. Graciela Consuelo se quedó llorando, mirando el pedazo de madera que quedaba todavía arraigado al suelo. El hachero observó fijamente el árbol caído con una sonrisa cansada, suspiró y secó el sudor de su frente. Había sido otro largo día de trabajo. Empuñó su hacha y se acercó a un árbol joven que crecía cerca. —Por favor... a este no, ¡a este no! —decía Graciela Consuelo, que entre sollozos avanzó al lado del joven árbol y lo abrazó, en lo que el hachero pasaba por su lado y se marchaba. Ya no quedó más del hombre, sino la prueba de su trabajo aquella tarde, derrumbada allí. Se había ido, Dios sabe a dónde, dejando en el parque un árbol moribundo, otro vivo y a la muchacha que lo abrazaba. Pasó un rato en lo que Graciela Consuelo se tranquilizaba. Antes, mojó el tronco del arbolito con sus lágrimas. Cuando volvió en sí se encontró sola en el parque y, con la cara ardiéndole todavía, se marchó. No miró hacia atrás, sólo tomó su bicicleta y en cada pedaleo se acercó a su casa, luego a su cama y se echó a dormir. Fue una noche serena, sumida en un descanso cálido, oscuro y muy cómodo. Las mejillas le dejaron de arder cuando llegó al primer sueño, y el fuego de sus ojos se fue apagando poco a poco. Ni recordaba cómo había llegado a la cama, pero reconocía que soñaba y que no le interesaba para nada despertar todavía. Sintió una vibración y se acabó la noche. —¿Qué será... a esta hora? —abrió los ojos con esa mueca de todas las mañanas. La luz entraba por las ventanas, amarilla y cegadora. Afuera había mucho ruido—. Malditos constructores, haciendo ruido tan temprano —pensó. Un mensaje de texto en su celular decía: “Mira la televisión”. Después de vencer a la fuerza de gravedad anormal de su cama y levantarse toda despeinada, con las líneas de la sábana marcadas en la cara, obedeció el mensaje. —Continuamos nuestra cobertura de la noticia que ha dejado al país entero atónito. Al parecer, este fenómeno comenzó ayer en la tarde al ser cortado un árbol en el parque central —decía el reportero, y la curiosidad pateó por la puerta el sueño que le quedaba a Graciela. En la pantalla se veía una toma aérea de lo que parecía ser su pueblo, pero con las calles llenas de miles de figuras caminantes, como hormiga en filas alborotadas, pero no eran humanos—. Todavía muchos no lo pueden creer. —¿Qué diablos? Esto es una promoción para algo, ¿o alguna broma? Una película... seguro que es una película. ¡Claro! —pensó Graciela, estrujándose los ojos. —Así es —continuó la reportera—. Esta mañana, al despertarse, los habitantes de Wälder se encontraron con sus patios y parques con yerbas y nada más, pues los árboles salieron de sus agujeros y ahora andan. Como siempre, aquí en las noticias estamos preparados para llevarles la mejor información y tenemos imágenes captadas desde una cámara de seguridad del parque central, donde se cree que comenzó este evento histórico. Riéndose, incrédula, Graciela subió el volumen. No podía escuchar bien entre el ruido de los constructores. La imagen cambió de los dos reporteros a un video de seguridad donde se veía al gran árbol caído en el suelo, tal y como ella lo recordaba. Pero la escena se transformó. De repente, un ser que no era humano ni humanoide comenzó a tomar animación al fondo de la pantalla. De lo profundo del suelo salieron sus procesos radicales llenos de pedazos de tierra y el ser los sacudió. Se sacudió completo, quitando la tierra de sus raíces y los pájaros de sus ramas. Graciela no lo podía creer, como seguramente nadie lo podía creer, y se le borró la sonrisa de la cara. —Mierda. ¿Qué es esto? —en el cuerpo ancho y lleno de arrugas escamosas, duras, negras como verrugas, se comenzaron a ver unas manchas y el antes ciego tuvo ojos... y boca...—. Imposible —la criatura, como una inmensa araña con cientos de raíces como patas, se acercaba y miraba al árbol que estaba sin vida en el suelo. Se detuvo a su lado y por primera vez en la historia, en forma de un fuerte, amargo y quebrantado llanto, quedó documentada la vocalización de un árbol. —Claro, estoy soñando —Graciela se mordía las uñas. Se pellizcó el brazo y sintió la quemazón. Se miró al espejo y vio su rostro tan claro como el día anterior. No era un sueño y eso no le pareció una buena idea. Entonces cambió de canal. —El día de ayer cayó un hermano... ¡cayó el Jefe Strom! en manos de una de sus armas humanas —decían en la televisión—. El Jefe Strom será recordado entre sus seguidores como un sabio y poderoso líder. ¡Jamás olvidaremos su caída! —¡No! —Graciela no podía creerle a sus ojos. ¡La estaban engañando!—. Me estoy volviendo loca... tengo que calmarme —repetía una y otra vez. En la pantalla ya no había un reportero, sino un árbol sin hojas, aun más arrugado que el anterior, sujetando un micrófono. Estaba rodeado de otros más, frente a una multitud de periodistas y reporteros que tomaban fotografías y hacían pregunta sobre pregunta. La voz del titán de madera era decrépita, con sabor a tierra, sin dientes, y con la pronunciación de los ancianos más salvajes pero sabios del bosque. —No perdonaremos a los habitantes de este pueblo por la muerte de nuestro amado jefe, y cada año, al repetirse el día de su muerte, lloraremos y recordaremos que ustedes fueron responsables. Nos llenaremos de ira, porque así nos dolerá el alma y nuestro xilema arderá de dolor ¡por el resto de nuestras vidas! —dijo el árbol blanco y se escucharon gritos de apoyo de los demás árboles en pantalla. El viejo árbol continuaba su discurso y la gente se desmayaba, gritaba... y Graciela cambiaba otra vez de canal. En la siguiente frecuencia, un hombre hablaba de algo sobrenatural, una manifestación espiritual. En el siguiente había comerciales. En el siguiente, mostraban las imágenes del pueblo sin árboles: un desierto de yerbas y cemento, autos estrellados los unos con otros y colinas calvas con agujeros en todas partes. Los ojos de la chica se querían salir de sus cuencas y esconderse otra vez debajo de la almohada, pero no podían. Las piernas no le respondían. Cambió nuevamente el canal. Ahora aparecía una reportera corriendo al lado de un enorme árbol, haciéndole preguntas. La cámara se tambaleaba tratando de seguir el paso del árbol que los miraba con el rabo del ojo, con desprecio, sin interés de contestar preguntas. —Sus tierras no merecen ser nuestro hogar. Nuestros cuerpos no merecen ser sus recursos —dijo con voz áspera, como piedras molidas mezcladas con astillas. Graciela realizó algo... —Esto es real. ¡El ruido de los constructores! —apagó la televisión, se despegó del asiento y corrió a la puerta. Lo que encontró en la calle no se acercaba ni un poco a lo que esperaba encontrar: era una multitud de gigantes de madera, llenando el horizonte. Un bosque que se movía solo por las calles, llevándose todo a su paso como los carruajes de “Juggernaut”. El corazón de Graciela Consuelo no sabía qué hacer con lo que sus ojos le mostraban. Era aterrador, no cabía duda. Pero también era majestuoso, un milagro, una maravilla, un poema viviente de marrones y verdes, y otros colores. Los seres que conoció toda su vida como indefensos, ahora se paseaban por ahí como los mismos Titanes, Centimanos monstruosos. Intentó apreciar la maravilla, pero una corriente subió siete veces en un segundo por su espinazo y comenzó a temblar y a tartamudear. Todo se desvanecía, se ponía negro, no había rigidez en sus músculos ni en sus pensamientos. Sus ojos daban casi media vuelta dentro de sus órbitas. Entró a su casa y cerró la puerta con las pocas fuerzas que le quedaban. Las paredes se movían y también el piso, que subía y bajaba y subía y se acercaba rápidamente a la cara de Graciela Consuelo. Y ¡bam!, todo acabó en un golpe seco. A algunos minutos de la casa de Graciela Consuelo, en la Alcaldía, se desataba una discusión como nunca se había visto alguna. El salón más grande estaba abarrotado de personas y árboles. Frente al alcalde y senadores se encontraban, intimidantes, los cuerpos leñosos de los jefes Crann, Albero, Pokok y Tsarr, el Sauce Llorón, los árboles más viejos del pueblo que aún vivían. Todos eran muy arrugados, pero Crann era el más arrugado, pálido y viejo de los cuatro, con sus ramas casi sin hojas y con semblante gruñón. —Todo nuestro pueblo llegó a un acuerdo anoche —Crann hablaba con lo que parecía ser su ceño fruncido—. No pueden privarnos de nuestra autonomía. Nos iremos de este lugar. —Demandamos poder cruzar sus fronteras y un barco para algunos de los nuestros —decía Pokok, el oscuro, esforzándose para hablar. Una gota de sudor helada cruzaba por la frente del alcalde, que, con los dedos entrecruzados frente a su boca, no tenía palabras que decir. Ni siquiera pensaba en las exigencias de los jefes frente a él, sino que su mente no dejaba de darle vueltas a lo que sus ojos veían. —No podemos dejarlos ir de Wälder. Ustedes son un recurso natural. Se quedarán —un senador de rostro rígido declaró, y Crann crujió sus ramas, se elevó en sus raíces y levantó su voz. —¡Nosotros no seguimos órdenes de humanos! Al extremo del pueblo la inmensa arboleda andante se acercaba a la frontera a encontrarse con un muro de humanos, policías y soldados, bloqueando su paso. Las pisadas del bosque eran como las de cientos de insectos golpeando el piso —tac, tac, tac, tac— cada vez más cerca de las personas. La vibración era muy grave. Había árboles de tantos colores que no era más que confusión para las personas del muro. Una botella voló por el aire, entre el caos, y con el craqueo del vidrio un árbol se cubrió en llamas. El sonido de latigazos de las lenguas de fuego, el humo negro y los gritos de agonía del árbol se unieron en un coro. Tanto los hombres como los árboles se quedaron atónitos ante esa horrible escena. Los árboles gritaron, intentaron apagar las llamas, pero al final vieron cómo su hermano se consumía hasta solo quedar un pedazo de carbón negro tirado allí. El silencio que quedó después no duró mucho. El bosque dejó de ser bosque para convertirse en una estampida salvaje, una embestida de furiosas bestias llenas de ira y deseos de venganza. Quizás era el miedo, siempre tan poderoso en los humanos, pero tan desconocido en los árboles, pero la reacción de los árboles fue aterradora, inesperada y sangrienta. Los cuerpos de los humanos volaban por el aire, atravesados por ramas, por espinas. Entre la cortina de árboles bajos, altos, gordos y delgados apareció una bestia. Una ceiba monstruosa, con ramas enormes y raíces aun más aterradoras se movía con pasos lentos pero poderosos entre la multitud. Abrió su boca y rugió, y agitó sus ramas espinosas contra la barrera humana. Hubo fuego y sangre en la frontera, pero más sangre que fuego, y aquello se convirtió en un campo de batalla. “¡Por Strom!”, se escuchaban los gritos de los árboles: gritos de guerra. De vuelta en un pequeño vecindario, en el piso de su casa, Graciela Consuelo seguía desmayada. No soñaba, pero su cerebro trataba de aliviarse de toda la confusión que había tenido hacía varias horas. Parecía que podía quedarse allí hasta el próximo día, pero los constantes golpes en su puerta la hicieron reaccionar. Toc, toc, toc. Abrió los ojos y vio que había oscurecido el cielo afuera de sus ventanas. Sólo el bermellón del ocaso se dejaba ver un poco. Toc, toc, toc. Parecía haber sido un sueño, una inesperada pesadilla. Se sintió a gusto de que todo hubiese terminado y que ahora sí estaba despierta. Alguien la buscaba en la puerta. Toc, toc, toc. —¿Quién es? —se puso de pie Graciela, y acomodó su ropa en lo que caminaba. Nadie le contestó. No había ruido de constructores ni de nada afuera que no fuese el de la puerta—. Ya voy, dame un minuto. Debía ser algún niño vendiendo “cositas”, un amigo buscándola, o quizá sus vecinos. Tal vez la andaban buscando en lo que dormía en el piso y no la encontraban. Giró el pestillo y al otro lado de la puerta estaba un arbolito, un poco más bajo que ella, grisáceo y muy sonriente. —Mierda, mierda, mierda. No vuelvo a... Me volví loca —pensó abriendo los ojos y manoseando el aire. El arbolito la miraba a los ojos con unos ojos muy brillantes, llenos de esperanza. —¡Hola, señorita! Soy Rubi —dijo con voz juvenil, sin maltrato como el de los árboles más viejos. Extendía una raíz a la chica que lo miraba incrédula, paralizada—. Oh, lo lamento mucho. No quería asustarla —cabeceó señalando su raíz extendida. Graciela, vacilando, extendió su mano poco a poco, insegura, y saludó al pequeño árbol—. ¿Cómo la puedo llamar, señorita? —Gra... Graciela. Graciela Consuelo. —Graciela... —suspiró Rubi—. Qué nombre tan bonito. Va perfecto contigo —su sonrisa seguía amplia, emocionada. —¡¿Qué es esto?! Ahora el árbol es lindo conmigo. ¿Qué se supone que haga? —pensó, mordiéndose el labio. —¿Puedo pasar? —preguntó el árbol muy educado. —¿Qué? ¿Me puedes explicar lo que está pasando? ¿Por qué ustedes hablan... y caminan? —su voz se quebraba. —Si quiere. Por usted haría lo que fuera, señorita Graciela. Pues, le explico. El jefe Strom fue cortado ayer en el parque, tú estabas allí. Él era el árbol más poderoso y respetado de todo el pueblo. Era el más viejo. Era una leyenda entre mi pueblo, algo así como Prometeo, el Árbol de Tule y el general Sherman. ¿Los conoces? ¡Dicen que Strom los conoció en persona! Eso es impresionante. —¿Pero por qué tomaron vida? —lo interrumpió la chica. El tono era un poco más alto. —Siempre hemos estado vivos... pero, pues los demás árboles, en especial los otros jefes, se sintieron muy ofendidos cuando asesinaron al jefe Strom, ¿sabes? La noche después que murió se regó la noticia y decidieron que nos iríamos de aquí. Por eso vine, para invitarte a que vengas conmigo —los ojos de Graciela casi se abren más grandes de lo que ya estaban, si hubiesen podido—. No eres como los demás aquí. Cada semana veo cómo vas al parque y cuidas de todo allí. Corriges a los que nos dañan. Todos te llaman la “Ama Árboles”. Y justo ayer me salvaste la vida. Todavía recuerdo cómo se sentían tus lágrimas... No sé qué mejor manera hay para agradecértelo. Te me haces una gran persona. Graciela recordó sin dificultad al arbolito que hacía un día abrazaba, tan indefenso ante la amenaza del hachero. Pero ahora no estaba indefenso. Ahora era un ser extraño y hasta feo a sus ojos. Ahora levantaba su raíz, o mano, o lo que fuese, y la acercaba a la mejilla de Graciela hasta que la apoyó en ella y la acarició. —Te amo, Graciela Consuelo. —¡¿Qué es esto?! —pensó, y el frío le volvió a subir por la espalda al sentir los ásperos deditos asquerosos del pequeño monstruo. Salió corriendo, agitada, por los pasillos de su casa. Su corazón corría como el galope en un hipódromo. Sus piernas se movían más rápido que nunca. Su respiración se aceleraba. Podía oír los cientos de pequeños pasos detrás de ella, persiguiéndola. —¡Perdóneme! No quise asustarla —escuchaba, mientras huía del arbolito que la perseguía, preocupado por haber asustado a la mujer que amaba. Entraron a una habitación y Graciela dio una vuelta y salió otra vez por la puerta. Rubi, el árbol, se detuvo, desconsolado. Sabía lo que pasaba, pero no lo quería admitir. Miró hacia la puerta y caminó de vuelta a la sala. Sus ojos se mojaron, pero no de emoción como antes, y su sonrisa se puso de cabeza. Cabizbajo, llegó a su destino y allí encontró a la causante de su pena, tan hermosa como siempre. —Lárgate de mi casa... cosa —dijo la mujer, pronunciando esa última palabra entre dientes, casi con asco. Fue entonces cuando Rubi notó lo que Graciela llevaba en su mano: una brillante hacha. —Se me rompe el xilema... Lo siento mucho. Comprendo que tiene que ser difí —¡Zach!, el hacha cortó el aire una vez. Los ojos del árbol se abrieron y no hubo expresión en su rostro. Comenzó a caminar hasta que llegó al marco de la puerta de entrada y se dio media vuelta para encontrarse a una Graciela Consuelo empuñando un hacha, jadeante y con la frente llena de sudor—. Eres como ellos. Igual que todos —dijo con ojos decepcionados, y se marchó dando cientos de pasos con sus raíces, un sonido que se desvaneció sin dejar rastro. Al nacer nuevamente el Sol la mañana siguiente, Graciela Consuelo y el resto del pueblo de Wälder salieron de sus camas preguntándose nuevamente si lo que había ocurrido había sido un sueño. Afuera había un silencio increíble. Graciela permaneció inmóvil, sentada al filo de su cama, pensativa como nunca. Una lágrima corrió por su mejilla y mojó su sábana. Se vistió y caminó hacia el parque donde hacía dos días había estado, y se encontró solo con un terreno plano, vacío y lleno de agujeros de tierra. Ya ni siquiera había un árbol muerto en el centro, solo un tocón que se secaba con el sol. Se sentó sobre él y entonces se percató de lo cambiado que estaba el pueblo: de que todavía, después de dos días... seguía sin haber ni canto ni sombra en el centro del parque. ** Esteban J. Aquino Rivera http://www.letralia.com/firmas/aquinoriveraestebanj.htm Escritor puertorriqueño (1993). Estudia biología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez (http://www.uprm.edu). === Poemas Evelyn de Lezcano-Mujica ================================== *** El sur En pleno centro del mundo, la brisa taconea las cortinas del azar. Abre las ventanas hacia las Dunas y los Océanos, vueltos sobre sí mismos, sonríen. Es en el centro del mundo donde el Sur purga Soles, escupe lunas y esparce Arena, en las entrañas mismas de las pesadillas. Mi Sur, sima de Agua, de búsqueda insaciable donde recuesto mi cabeza para no olvidar que existe un Azul más intenso. *** Mar de vuelta El mar va mordiendo en cada embate la piedra sigilosa. Siglos de dientes y uñas de espuma la arañan. El mar quiere volver a la playa, borra todas las hendiduras que el viento traza. Ese mar que regresa y huye... Esas rocas calladas... Esa arena siempre casta... *** Rayuela Dónde van a dormir las palabras cuando el verbo descansa en la arena, cuando el tibio adjetivar las aleja de los despojos que cortan las venas. Esas frases aireadas al sueño son sólo alazanes, desbocadas quimeras, restos grises de plomo hacinado en las fábricas, plata negra, oscuras monedas con las que trucar la magia indecisa si, al callar, las despiertas. Las miro: ya se marchan dibujando en el agua las ondas que, al lanzarlas, dejan las piedras. *** Regreso a Belén Regreso a Belén una tarde muda, muda de agravios en las que las playas encarcelan oleajes nefastos y en los abisales florecen libres abecedarios, obsequios malvas, recostados sobre la montaña. Belén, Belén es el regreso, partida a expediciones antropofágicas, donde buscar con los huesos la verdad que se escapa. *** Tránsito Las estaciones espuma en la arena dejan, hilos de estrellas perdidas con los que coser las ausencias a las faldas de esos llanos que en soledad recuesta. Ese amor antojado ríos de polvo sedimenta, caudales de cuerpos húmedos, palmas, manos desnudas, sensuales inocencias, las pulsiones primeras en atávica danza donde los cuerpos se alejan, si las miradas furtivas otros ojos no encuentran. Las estaciones recuerdan que sólo el árbol se queda cuando la hojarasca, reclina ocre, saludando a la hoja nueva. Son esos surcos de vida, en los que el color se siembra, los que arrullan a la tierra, hermana ungida para la entrega; brote de unidad, música que busca la voz que la ascienda, sin esos pasos transidos del temor, que con luz se apacientan. *** Resignación Uno convive con la locura en ciernes. Calibrando el espacio que nos separa del gran pájaro que sobrevuela, con afiladas alas, nuestra carne abierta. Aun así, disfrutamos del paisaje: un trébol, una piedra, una coca-cola fría o una cerveza. *** Presentimiento Agachas la cabeza y la tejes entre las manos como un ave dormida sobre el manto del cielo gris. Agachas la cabeza mientras presientes, con los dedos entrecruzados, la sombra lenta que se recuesta para enturbiar todas las copas que has alzado. ** Evelyn de Lezcano-Mujica http://www.letralia.com/firmas/delezcano-mujicaevelyn.htm Escritora española. Reside en Las Palmas de Gran Canaria, Islas Canarias (España). Es trabajadora social y experta en terapia familiar. Mantiene un blog literario en http://maevelyn19.blogspot.com.es. === Juegos Diego Valbuena ============================================ La buscábamos pero parecía haberse escondido. Tú mirabas hacia los árboles mientras yo observaba las casetas y los pequeños grupos que se formaban. Estamos seguros de que viene sola. Yo no le creo del todo, tú crees todo lo que te dicen. La viste primero, sentada como tomando el sol, a la sombra. Desde la distancia que nos separaba y mientras dábamos pasos cortos, nos fijábamos en sus rasgos generales. No es tan corta de estatura como nos había insinuado, es casi tan alta como nosotros. A ti te gustó su piel canela, oscura, dorada, yo me quedé embelesado con su enorme cantidad de cabello negro recogido en la nuca. Ya nos vio y nos ha reconocido. Nos fijamos en que es muy poco lo que sonríe y sus cejas bien definidas son algo más que inexpresivas. Líneas que no se mueven como en ciertos dibujos animados. Yo ejemplifico con el anime pero tú escoges esos dibujos gringos viejos. No se levanta de su lugar para saludarnos así que lo arreglamos todo con un gesto distante con las manos o con la cabeza, no lo recuerdo, tú no dices nada. Preguntamos un par de cosas sin sentido, con más diplomacia que interés, y nos quedamos encantados por su voz delgada, suave, como de niña, consentida dices tú, yo prefiero tímida. Poco nos observa mientras que le contamos el viaje hasta acá. Pero con cada descuido suyo nos detenemos a observar las líneas suaves de su piel desde su cuello bajando hasta su clavícula tenuemente marcada. Nos ofrece un cigarro y aceptamos, aprovechando el gesto para acercarnos un poco más, a la distancia de un brazo nuestro. Ella rompe el hielo con facilidad y comienza a contarnos fragmentos de su día, de su vida, eso que aún no conocemos. Quisiéramos tomar uno de esos pedazos de hielo descongelándose y deslizarlo por sus labios carnosos pero es muy pronto para tanta proximidad. Tú pensaste en un beso húmedo, yo prefiero uno esquivo. Cuando nos pasa un nuevo cigarrillo aprovechamos para sentir sus manos, sus dedos. Cuánta suavidad en su piel. Yo fui el que descubrí unos dedos cortos y muy delgados, como de pianista, mientras que tú contemplabas las líneas marcadas de sus palmas. Tal vez podamos sentirlas en nuestro rostro al final de la jornada, todo puede pasar. Una ráfaga de viento no le permite encender su cigarro, así que nos acercamos aún más para acudir en su ayuda. Tú le das fuego mientras yo cubro para que no se apague. Descubrimos que su cabello suelta un aroma a melocotón que imaginamos comerlo a grandes mordiscos. Cuánto daríamos por ver su cabellera suelta agitándose con esta ventisca que nos ha permitido la proximidad de su aroma. Nos quiere tomar una foto, para no olvidarnos según nos dice, pero nos hacemos los difíciles y miramos hacia otra parte, hacia los caminos recorridos por hombres que llevan sus perros y mujeres que llevan sus hijos. Tú dices que es al contrario y yo me río con descaro. Al voltear nos encontramos muy de cerca con su mirada, no, con sus ojos que todo lo quieren traspasar, como queriendo rasgar nuestras vestiduras para averiguar si somos mortales. Cuánto queremos sentirla, palparla como se tocan las frutas maduras aunque sus senos aún en ciernes te tientan más a ti que a mí. No sabemos en qué momento el tiempo huyó de nuestro lado pero ella se levanta de un brinco y aduce excusas poco creíbles. Tú le tomas de la mano y yo alcanzo algunas de sus hebras de cabello. Es poco con lo que hoy nos quedamos pero tenemos la certeza que a la siguiente no podrá escapar. La dejamos ir con sus pasos largos y lentos, como una huida en cámara lenta, como yéndose sin querer. No nos importa porque sabemos jugar estos juegos hasta sus últimas consecuencias. ** Diego Valbuena http://www.letralia.com/firmas/valbuenadiego.htm Escritor colombiano (Bogotá, 1977). Licenciado en humanidades y lengua castellana por la Universidad Distrital Francisco José de Caldas (http://www.udistrital.edu.co; Bogotá). Ganador del I Concurso de Escritores de la comunidad literaria virtual Arihua.net (2005). Ganador del concurso “Bogotá: Historias Paralelas”, proyecto ganador de Bogotá Capital Mundial del Libro (2008). Finalista en el II Concurso Literario Umpalá (2005). Publicación en la antología de cuento urbano Cenizas en el andén (Bogotá, 2009), Letras capitales: Talleres literarios “Ciudad de Bogotá” (Bogotá, Común Presencia Editores, http://comunpresenciaeditores.blogspot.com; 2010), y Antología Relata 2012 (Sílaba Editores, http://silaba.com.co; 2012). === Dos poemas José Siles González =================================== *** La metamorfosis del mercader Amaba los arreboles del atardecer, los contemplaba desde la paz y la brisa sentado en un noray enmohecido calibrando el universo marino con su caña de pescar más veterana. Amaba las transeúntes Matuteras que desfilaban por su puesto de frutas dejando aquellas estelas perfumadas que se mezclaban caracterizando la atmósfera de un mercado algo más que municipal, casi cosmopolita. Amaba las mutaciones de la luna, Las hermosas siluetas que todas las noches le contaban un secreto distinto revelando una verdad que variaba tanto como sus formas de hermeneuta selenita. Sensible y apto para el amor y la melancolía, sin embargo acabó aferrado al dogma y fue tanta su fe, pasión y entrega que nunca más se tomó el tiempo preciso para ninguna otra cosa más que seguir la senda estipulada por la doctrina. No volvió nunca a practicar la meditación serena bajo los arreboles del atardecer. Desterró su caña de pescar y mandó serrar el noray porque el moho era signo de impureza según los escritos. Despotricó contra las transeúntes matuteras y prohibió su entrada al templo de los fieles municipales porque su fragancia pervertía los sentidos de los mercaderes distrayéndolos de la oración. Nunca más confió en las revelaciones de la hermeneuta selenita, dado que cada noche mostraba caras diferentes y sacrílegas de la Verdad aliándose con una orgia de siluetas crecientes y menguantes, que perturbaban la incontestable e inconfundible certeza del dogma. Finalmente, fue tan apasionadamente fiel al credo y admirador de mártires, que decidió llegar a las últimas consecuencias y sacrificó su vida tras obtener el título de suicida en uno de los tenderetes del templo municipal. Explotó una mañana de verano a esa hora punta en la que las transeúntes matuteras abarrotaban su puesto de frutas y verduras. *** La loca Carcomida por la rutina que amortaja la atmósfera del santísimo sifilicomio, de soslayo, la muy fiel a su veteranía ...institucional, orgullosa de su título te mira y, más que reír carcajea su gloria cubierta de ceniza ..., ese polvo gris de pasado incandescente. (de La sal del tiempo; Huerga & Fierro, Madrid, 2006). ** José Siles González http://www.letralia.com/firmas/silesgonzalezjose.htm Escritor español (Cartagena, 1957). Doctor en historia y profesor en la Universidad de Alicante (http://www.ua.es). Ha publicado diversos libros y artículos científicos. Ha publicado, en narrativa, Resaca estigia (1987), La última noche de Erik Bicarbonato (1992), El hermeneuta insepulto (1993), La delirante travesía del soldador borracho (y otros relatos) (1994), El latigazo (novela de encargo con propósitos moralizantes) (1997) y La Venus de Donegal (2012), y los poemarios Protocolo del hastío (1996), El sentido del navegante (2001) y La sal del tiempo (2006). Textos suyos han sido incluidos en la antología Poetas valencianos del noventa; antología y diccionario (ed. Ricardo Llopesa, http://www.letralia.com/firmas/llopesaricardo.htm; 2000). === Dos relatos Alfredo Hernández ==================================== *** El pez Amada: el pez viene a ser un ente prodigioso que se desliza en silencio por el agua y por los sueños. Su inventor es el mismo que diseñó la naranja, la espada, el huevo y la bicicleta. Lo mismo que la naranja, es el más remoto símbolo de la caducidad de los imperios, la veleidad y belleza de los adolescentes y la eternidad de las querellas entre los amantes. Su vestidura ha sido creada a partir de una aleación alquímica entre la plata, el diamante y las lágrimas. Su ojo redondo representa al anillo de Saturno y por eso entre algunos disidentes coptos suele llamársele sábado. El pez original, el padre de todos los peces, viaja invisible por las constelaciones. Le conocen en los nueve planetas y en todos es objeto de la misma veneración. El paso de los diluvios ha ido modificando la forma de su cuerpo y se dice que hoy es ya sólo una minúscula esfera transparente. Debo decirlo todo: en el año del pez también te amo. *** Fotografía Prisionero sin horizonte oigo los ruidos de la calle G. Apollinaire Esa es la mano deslizando la cortina suavemente. No esta mano, aquella. Un poco de perfil, más al fondo, quizá en la débil penumbra del taller, se adivina, sin distinguirse con claridad, la figura de la joven y bella mujer visitando, de tarde en tarde, al tapicero. Puede ser la esposa o una amante de las llamadas ocasionales, así son de frecuentes sus visitas, cuando el calor es más inclemente por estos rumbos y el único sonido rompiendo la tranquilidad y el silencio es el de la cortina al ser deslizada. Existe la terrible sospecha de que en la tapicería ellos hacen el amor encima de los muebles, jugueteando entre sedas y brocados. Tampoco se escucha ruido en el taller y eso puede ser peor. La mano corre la cortina suavemente en un murmullo del color de la ceniza y nadie siente el filo cortante de la incertidumbre. El tapicero no muestra el torso desnudo, ni su silueta se dibuja en parte alguna. No aparece. Ahora bien, hace más o menos veinte años se le veía desde temprana hora elevar la cortina metálica y penetrar al taller. Veinte años, tal vez más. Su existencia sólo se presume, como la de la mujer. La mano vigilante es también vigilada. Hoy el calor es sofocante, muy parecido al calor de ayer, seguramente más. Luego la mano reposa en algo parecido al descansabrazos de una silla de ruedas o de un viejo sillón adaptado para alguien enfermo, para alguna persona paralítica o casi paralítica que de cuando en cuando desliza la cortina con la mano derecha enfundada en un añoso guante de matiz amarillento. Su propósito es vigilar. Una vez más la mano corre la cortina, aparentemente de terciopelo verde o quizá de alguna seda o brocado. Algo que solamente podría definir el tapicero, ausente en este momento. El taller de tapicería continúa cerrado en medio de aquel infernal calor de la media tarde, cuando se supone alguien abre la cortina metálica, sigilosamente o no. Pero no ocurre nada. Lucía, mientras tanto, deambula por la planta alta de la casa familiar, asoma al balcón y grita alguna frase y palabras sueltas en francés. Piensa en la mujer descorriendo la cortina y la asocia con aquella abuela húngara que cantó una canción sobre la juventud, la vejez y la muerte para el nieto moribundo en Nueva York. Las abuelas se parecen entre sí como dos gotas de agua y Lucía recita: Ô ma jeunesse abandonnée comme une guirlande fanée voici que s’en vient la saison des regrets et de la raison Pero son palabras que casi nadie escucha. Y quien escucha no entiende o finge no entender, es necesario reconocerlo. Nadie escucha, porque la calle está desierta y sólo el borracho del pueblo, a quien Lucía ha identificado como Edgar Allan Poe, la mira desde lejos, recargado en aquel poste y agitando la mano de izquierda a derecha, suavemente, como si saludara desde la cubierta de un barco o desde la ventanilla de un tren a punto de alejarse o alejándose ya. Es un adiós para Lucía, intuimos, o para algún reconocible fantasma de ayer. Ya no ajusta el guante en la mano. Pareciera haber sido adquirido para otra mano más robusta y no para esta, ya sólo piel sobre los huesos, víctima de una dolorosa rigidez exenta de elegancia y como de muñeca o como de niño, con dedos largos, finísimos y por supuesto blancos, marfileños, translúcidos ya, con delicadas venas azuladas. También persiste la memoria de que ayer esa mano fue besada con ternura, o así debió haber sido, al menos. Delicadamente, aunque ahora sea mano mustia y solitaria recorriendo por las tardes una cortina, con el propósito de vigilar la calle y en particular el taller de tapicería. Esa mano acarició tal vez otra mano o un cuerpo, todo ello en el riguroso fuego de algún combate amoroso. También. En la otra mano el inhalador. En el ya no tan diáfano, sí vaporoso universo de Lucía, se van traslapando las imágenes y lo mismo está sentada en el café parisino, donde dice haber visto una plaquita, no sabemos si de latón o de bronce, indicando que ahí pasó febriles noches Apollinaire, a quien muchos apenas estamos comenzando a leer y en cuya identidad encontramos vagamente un rasgo de la personalidad de Lucía. O bien ahora ella mira la lluvia lavar los cristales del departamento de la gran ciudad, en donde continuamente fuma taciturnos cigarrillos y escucha interminables noches a los amigos diciendo siempre las mismas cosas, leyendo a los mismos poetas, casi siempre malditos de aquellos años y de estos días, bebiendo en los mismos vasos y copas las mismas bebidas fuertes y dramáticas. Súbitamente, sin advertencia, alguien ha reabierto el taller de tapicería, modificando el rumbo de los silencios. La mano vuelve a correr la cortina y una mirada cansada pero crítica atisba por la separación existente entre los dos lienzos. Pesada quietud lo envuelve todo; dentro del taller nada se mueve. Luego, del fondo, proviene un rumor de sedas y alguien adivina la figura de la esposa o la amante del tapicero, vistiéndose de manera apresurada con una gran sonrisa en el rostro, sonrisa producto de algo más allá de una satisfacción quizá pecaminosa. Sudorosa, agitada la respiración, entrecortado el aliento, brillante aún la mirada y algo así como el eco de un anhelo no totalmente satisfecho. A lo lejos, una cigarra lanza al vacío su melancólico lamento. Sabe que después de adulto solo vivirá un verano, por eso la estridencia y monotonía del sonido que emite. Pero en otro tiempo, antes o después de eso, a Lucía tú y yo la hemos acompañado con excitación creciente en una profusión de maletas, paquetes inverosímiles, olvidos, cabelleras desordenadas, maquillaje disperso y angustias y confusiones y cartas y mensajes y recados de última hora hasta la estación de ferrocarril, porque antes de irse a París necesita despedirse de la abuela asmática y de la familia perdida en un pueblo polvoriento del norte, aun a sabiendas de que cuando llegue allá nadie tendrá la seguridad de reconocerla. Todos la mirarán con curiosidad y no faltará quien pregunte quién es esta mujer tan encantadora, como de película o como de sueño, o de qué pariente irreconocible se trata, y nadie sabrá responder. Embelesados la mirarán llegar, sonreír, charlar, mover las manos en ademanes infantiles y abrumadoramente bellos. La escucharán tararear canciones desconocidas pero hermosas y de pronto la verán irse con la misma viveza con que llegó, como un vendaval de esos tan frecuentes por aquellos rumbos. Luego, de acuerdo a lo previsto, los trenes se dispersarán, corriendo hacia la noche. Y ninguno hacia ti o hacia mí. Entre todas las aventuras emprendidas por Lucía, la más fascinante es aquella de los viajes terrestres, y visitar a la familia para despedirse de ella parece ser sólo un pretexto para justificar la travesía en tren hacia los páramos desolados donde dice haber gozado una infancia y desde luego una pubertad feliz, plena de belleza y libertades. Pero ninguno, ni el más imaginativo de nosotros, cree en la existencia de esos páramos bíblicos, y todos sospechamos que se trata de otra invención de ella, como con toda seguridad es también el caso de la plaquita de bronce o latón en la mesa donde se supone que bebió café o tomó ajenjo Apollinaire, a quien nadie termina de leer entre nosotros. A algunos parece un ser deslumbrante y a otros no logra conmover con sus extravagancias. Hay quien sostiene repetidamente que Lucía es un dulce reflejo del poeta, estemos todos o no de acuerdo. Mientras tú y yo reconstruimos la imagen de Lucía pretendemos ordenar los fragmentos de nuestra vida, tratamos de cimentar el precario equilibrio donde nos mantenemos, para no derrumbarnos y disolvernos en la nada, en el olvido, en los desencuentros. Por eso para ti y para mí es importante no perder detalle de sus pasos, de su existencia errabunda, de sus últimos días en este territorio de quebrantos y pesares. Necesitamos reelaborar minuciosa, amorosamente, tal vez con dolor, esas últimas horas para desentrañar la sinrazón de su muerte. Así reencontraremos nuestros pasos y podremos fijarlos en este difícil ahora, cuya carga nos resulta casi siempre intolerable. La intrusión en la historia de aquel hombre moreno con una gran cicatriz en el rostro, visitándola una noche en su departamento, cubierto con una chamarra negra empapada por la lluvia, es totalmente inverosímil, y la descripción de su aspecto hecha por algunos vecinos no se ajusta a nadie conocido por nosotros, aun cuando los pinceles de una exaltada inclinación lo perfilen como un oscuro adonis de arrabal o un guapo siciliano diestro en contiendas de navaja. Alguien trata de convencernos de esa posibilidad, pero muchos, tú y yo sobre todo, nos resistimos a creerlo, porque Lucía nunca, nunca. Pareciera todo suspendido en la calle, pues la mano ha desaparecido tal vez momentáneamente de la ventana y solo el dolorido canto de algún pájaro extraviado se escucha con monótona persistencia. Es un canto no exento de claridad. Sí, perdido por ahí. Lo mismo da escuchar su canto surgiendo por entre las ramas de algún árbol o tras las rejas de alguna jaula, así de triste es su melodía en esta hora inmóvil y soporífera. Lucía debe estar hojeando algún álbum fotográfico en la planta alta de la casona, para descubrirse niña de nuevo o adolescente, de pie, recargada en una mesa alta de madera oscura, con el puño de la mano derecha en la mejilla, mirando enigmáticamente por encima de la cabeza del fotógrafo, más allá, con su adorable media sonrisa, esa que desde hace un tiempo suele asaltarnos por la noche y quebrantarnos el intermitente sueño. Aquel a quien conocimos como O. también desapareció de nuestras vidas. Su bello semblante se desvaneció entre lo que suele llamarse la nada. O. es un mal recuerdo enredado en nuestra memoria, como una telaraña pegajosa que quisiéramos eliminar, pero para ello los dedos no bastan. La misma Lucía no lo mencionaba ya los últimos días y raras veces le vimos reflejarse en sus bellos ojos oscuros, como al principio, cuando no eran tan difusas las imágenes del rostro varonil. La tarde aquella se fue simplemente sin motivo claro y sin un comentario, sin despedirse de ella ni de nosotros. En ese entonces ya se empezaban a pronunciar en voz alta las palabras resistencia, revolución y anarquía. Nosotros, como la mayoría, teníamos miedo, y cuando quisimos recuperar algo de aquella época, era demasiado tarde. Lo más inexplicable es que ya no había un suspiro evocando a O., ni una lágrima perdonándolo. Era una ausencia total, una herida cauterizada en medio del pecho. Y parece que ya no hay ni habrá más personajes en este recuento. Tampoco la hora cruel de la media tarde será modificada. Quizá sólo el paisaje parecerá una especie de postal móvil, algo así como las imágenes cambiantes de lo que solemos llamar la magia del cinematógrafo o algún paisaje soslayado desde la ventanilla de un tren dirigiéndose hacia algún mar muerto o hacia ninguna parte llevando a Lucía, mientras la mano parece descansar y no corre la cortina porque es de noche, cuando las ausencias causan más pesadumbre y la calle está tan solitaria como siempre. Ni siquiera los pasos tambaleantes de Allan Poe se escuchan en el empedrado. A esta hora, en este sitio, nadie canta canciones de amor ni mira las hojas de los árboles, casi marchitas, ligeramente acariciadas por una brisa nocturna, brisa incapaz de disipar el terrible calor cuya repetida ceremonia es la de agobiar los sentidos todo el día, abrasar hasta los más pequeños recuerdos. Especialmente desde la media tarde que tornará una y otra y otra vez hasta el fin de los tiempos en estos infames arenales. Infames arenales donde suelen ocurrir las extrañas historias contadas por Lucía. Como la del hijo mayor de la abuela asmática, aquel que un mediodía se desnudó en la plaza y así, desnudo, salió del centro del pueblo y empezó a caminar rumbo al desierto, llevando en la mano izquierda un ramo de flores blancas y un libro en la derecha. Decía la abuela que le habían visto caminado en línea recta hacia los arenales, con el propósito de adentrarse en ellos. Unos niños le habían perseguido, riendo y cantando alrededor de él, provocándole con bromas acerca de su desnudez. Él, impasible, había seguido caminando. Más tarde, cuando los niños eran interrogados, juraban haberle visto desintegrarse poco a poco, tal como si fuera un algodón de azúcar en el agua, de esos algodones rosados que venden en las ferias, o como una nube de verano disolviéndose en el cielo hasta desaparecer. Nadie le volvió a ver; sólo de entre las sábanas de soltero cuarentón, el día siguiente de su desaparición, emergió una pequeña mancha de sangre perfectamente circular y no hubo quien se atreviera o intentara siquiera explicar el asunto. Todo está cada vez más allá de la mano corriendo la cortina para vigilar a la pareja del taller de tapicería, más allá de Allan Poe agitando la mano mientras realiza un grotesco giro de la cintura para no caer, en esa calle con casas cuyas puertas y ventanas parecen haber sido cerradas, selladas para siempre. En tanto, Lucía permanece allá lejos, mucho más allá, en la ciudad aparentemente en ruinas, como bombardeada, con calles y avenidas nuevas, donde hay gente nueva inventando cosas nuevas. Quizá en otro sitio, también Lucía, con una copa a medio llenar de una bebida aromática y ligeramente dorada, mira absorta la plaquita de latón adivinando para sí no sé qué cosa, y responde claro, sí, a las preguntas formuladas en un pésimo español por sus parisinos compañeros de juerga. Nadie tiene seguridad, pero a lo mejor en ese momento regresa de la bruma el hermoso rostro moreno de O. y le sonríe como solía hacerlo, mirándola fijamente a los ojos. En su afiebrada imaginación, ella ve cómo extiende la mano con aquel gesto entre amistoso y enamorado, para tocar, acariciar la negra cabellera de Lucía. Puede ser que en la ventana la mano enguantada corra la cortina por última vez, buscando encontrar a la pareja del taller de tapicería, para ver si es posible verlos ahora sí. Pero el silencio persiste. Quizá en esos instantes, poco antes de que, bajo la mesa, el filo de la navaja se deslice cortando las finas venas de la muñeca derecha, Lucía evoque su pueblo agobiado por un sol inclemente que no volverá a padecer. Tal vez recuerde la casona familiar por cuyos balcones gritaba incomprensibles palabras en francés, aquella media tarde solitaria, cuando por compañía tenía únicamente a Edgar Allan Poe, mirándola desde la tibia turbia nube del alcohol, mientras con toda seguridad éste repasaba una historia de horror o un poema. Probablemente también Allan Poe, el otro exiliado, levante la mano por última vez en un adiós, gesto que ahora sí tú y yo sabemos con absoluta certeza va dirigido a Lucía. Y es dolorosamente improbable escuchar tu nombre y el mío, juntos o por separado, aflorando de sus labios. No, no serán murmurados ni se deslizarán por el suave arroyo de su memoria. Porque en otro momento tú y yo con seguridad estaremos rasgando sobres para releer sus cartas, andaremos sacudiendo libros para encontrar entre sus páginas viejas o recientes fotografías de ella y del grupo de amigos, donde tú y yo aparecemos invariablemente. Descubriremos flores rosadas, blancas, amarillas y azules disecadas, envueltas en rectángulos de papel de seda; extenderemos, de rodillas en el piso, pliegos de papel nacarado o de color ligeramente violeta, donde escribió mensajes y largos poemas amorosos. Andaremos manoteando en un mar de presentimientos, pero sin ser capaces de captar el mensaje de su muerte, hasta que una fotografía complementando la pequeña nota de un periódico o un telefonema a medianoche nos lanzan de golpe contra este interminable dolor en espiral. Ese dolor apenas unas horas o unos días antes de hoy supuestamente exorcizado. Ya nada será. Ahora es la mano derecha deslizando el filo de la navaja por las venas de la muñeca izquierda y un gesto mínimo, un pequeño rictus de dolor en el inmensamente bello rostro pareciera delatarla. Pero en medio de aquellas conversaciones casi siempre frívolas y pretendidamente profundas, nadie se da cuenta de lo ocurrido a los demás y la sangre fluye manchando la falda oscura de Lucía, sus medias azules. Ella sonríe. Acá nadie se derrumba en la angustia, sólo tú y yo. No se crispa la mano cuando descorre la cortina y en algún lugar de la gran ciudad, donde quiera que se encuentre O., no se fractura ningún espejo, ninguna ventana lanza astillas de vidrio por el aire, no cae ninguna lámpara, ninguna carta de amor es devorada por las llamas. Nadie lee un poema. El paisaje ya no es tan nítido como se intentaba que fuera al principio. Ya no lo será. Nunca más. ** Alfredo Hernández http://www.letralia.com/firmas/hernandezalfredo.htm Escritor mexicano (San Pedro de las Colonias, Coahuila, 1943). Jubilado. Textos suyos ha sido publicados en revistas, diarios y otros medios. Ha ganado concursos regionales de narrativa. === Poemas para El viejo y el mar Aarón Carlos Andrés García ========= a la memoria de Ernest Hemingway *** Soledad Tal vez seas la llama sobre el muro del aire que me libra de aljibes poderosos y cristales de sombra pero no, mi soledad no es esa. Una impresión de rojas desnudeces que se abrazan por dentro y se construyen sobre labios de olas pero no, mi soledad no es esa. Como un solo plumaje de simétricas alas o una tropa de filósofos tristes señalando a los vivos pero no, mi soledad no es esa. Quizás feliz anecdotario de los soles y pálpitos o su raudo oleaje construyendo la ocasión de la estrofa pero no, mi soledad no es esa, esa, esa. *** Barcarola No sé yo si sabría cómo abrir los ojos y nombrar cada uno de tus anchos sabáticos. Posiblemente nacería entonces redondo, pasajero pero no me abriría a los ecos del lodo ni sería la limpia sepultura de un afán de gaviotas. No sé si sabes, mar, mar engendrada de mi poema lleno de desiertos, de por qué tantos son, tus versos tan dispares que incluso los silencios me bastaran. Puerto mío y tacto de los dedos ingentes. Como un viejo platero con el pecho sembrado de naufragios tristes cada quimera malva reconozco de tu amor descalzo. Porque te fuiste ahondando con tus olas indígenas me has robado la sombra y las raíces. Me obligaste a visitar los puentes, a seguir sepultado como un sueño cualquiera en mitad de los ríos. Por tu atuendo de ráfagas aprendí a divagar en tus laderas peregrinas de fango. Y ahora sueño enormes, diligentes brazos. Ya no espero nada. Sólo amar, tenderme. Porque soy azul. Del inmenso azul. Tu diván azul. *** Final La mar de cal. Mirarla es despedirse de su alborada fiel. Acaso sigue. Tal vez no salga nunca del umbral o tal vez sí, se extinga nada más. Que blanco su portal, blanco distante. Lo sabe ya, seguro que lo sabe. Sabe el ayer que el mar de sus silencios no dura más de lo que dura un verso. La mar de cal, al fondo veo las suaves ataduras de un velero virando en soledad. Sólo las barcas arden al sol de la pared descalza. ** Aarón Carlos Andrés García http://www.letralia.com/firmas/andresgarciaaaroncarlos.htm Escritor español (Villafranca del Cid, Castellón, 1972). Reside en Castellón. Licenciado en derecho por la Universidad Jaume I (http://www.uji.es), de Castellón. ||||||||||||||||||||||||||| POST SCRIPTUM ||||||||||||||||||||||||||| “Cada poema es un pájaro que huye / del sitio señalado por la plaga. / Cada poema un traje de la muerte / por las calles y plazas inundadas / en la cera letal de los vencidos. / Cada poema un paso hacia la muerte, / una falsa moneda de rescate, / un tiro al blanco en medio de la noche / horadando los puentes sobre el río, / cuyas dormidas aguas viajan / de la vieja ciudad hacia los campos / donde el día prepara sus hogueras”. Álvaro Mutis, Los trabajos perdidos (1965). === Cómo publicar en Letralia, Tierra de Letras =========================== Antes de enviarnos algún texto para publicar en Letralia, le agradecemos leer nuestras condiciones de publicación. Usted puede verlas en el Web en http://www.letralia.com/tierradeletras/publicar.htm. 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