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Textos de Para vivir un gran amor, de Vinicius de Moraes

miércoles 5 de agosto de 2020

Agua clara con sonido

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Vinicius de Moraes

El título de esta crónica está en español, en el original (nota del traductor).

De Garcilaso de la Vega se decía que era el más hermoso y gallardo de cuantos componían la corte del emperador.1 Llamábanlo sin envidia el amado de los dioses y su elegido.2 Muerto con la edad de Cristo (1503-1536), vivió el gran toledano una vida de un brillo raro, distribuida entre un destierro, muchas batallas y, en los interludios, lindas mujeres, entre las cuales sobresale su mayor pasión, doña Isabel Freyre, dama portuguesa de la corte de la emperatriz Isabel que, aparentemente, no le daba la debida respuesta. Mas la verdad es que el poeta-cortesano iba levantando la mano en el guardamano de la espada, una sonrisa en los labios y estrofas de Virgilio, Dante y Petrarca en la punta de la lengua, para ablandar otros corazones que no el de la bien amada.

¿Qué mayor gloria para Garcilaso que ver que sus innovaciones constituirían las formas dilectas de los poetas españoles del siglo XVI?

Era un valiente, a la manera de Villon y de Camões. Tan bien a caballo como a pie, amigo de poetas y de santos, murió en los brazos de su amigo, el marqués de Lombay, que la Iglesia canonizaría como san Francisco de Borja, después de, solitario, dar inicio al asalto a la fortaleza de Muy, en Provenza. Mas cuando descansaba de las armas, empuñaba, según se cuenta, un arpa con igual maestría. Formal, en el sentido clásico, sin ser culterano, sabía dejar fluir de su corta, mas magistral obra poética una luminosa música verbal que lo distingue entre los pioneros del llamado Siglo de Oro de la poesía española. Y fue también un extraordinario innovador, no sólo con traer para la lírica de su patria los elementos positivos de la escuela italiana, sino con enriquecerla de creaciones nuevas, como es la estrofa compuesta de versos de cinco, siete y once sílabas, conocida como estrofa-lira, por ser ésta la palabra final del primer verso de su famosa canción “A la flor de Gnido”:

Si de mi baja lira
tanto pudiese el son que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar, y el movimiento…

¿Y qué mayor gloria para Garcilaso que ver que sus innovaciones constituirían las formas dilectas de los poetas españoles del siglo XVI de la estatura de fray Luis de León y, sobre todo, san Juan de la Cruz?

Hay un verso del poeta que me encanta, en la égloga dedicada al virrey de Nápoles, en que son personajes sus dos hijos pastores más amados, Salicio y Nemoroso. Viene de allá por el medio del poema, y dice así:

…cuando Salicio, recostado
al pie de una alta haya, en la verdura,
por donde una agua clara con sonido
atravesaba el fresco y verde prado…

El verso al que me refiero, como ya ha de ser percibido, es el tercero del extracto aquí citado: “por donde una agua clara con sonido”. Es inútil intentar traducir.3 Agua clara con sonido, agua clara con ruido —nada tendrá nunca la belleza natural, la luminosidad de arroyo límpido corriendo apacible al sol, el onomatopeyismo sustantivo, sin necesidad de aliteraciones del verso original de Garcilaso. Son como sones puros de música.

Yo, si jamás hubiese hecho un verso así, colgaba los zapatos de fútbol.

Wilfredo Carrizales
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Notas

  1. Id.
  2. Id.
  3. Traducir al portugués.