“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
Saltar al contenido

Tres relatos sobre ratas y ratones

sábado 8 de febrero de 2020

Tres relatos sobre ratas y ratones

Contenidos

Rata

Feng Meng-long (1574-1646)

Tres relatos sobre ratas y ratones traducidos del chino al español por Wilfredo Carrizales

Tememos anhelarnos mutuamente. Solitaria me acuesto vestida. Cierro los ojos. Espero que mi señor venga en el sueño. Aborrezco de muerte a aquella rata que hace de diosa y causa calamidades. Pienso en mi señor y difícilmente lo veo. Desde lejos mirará mis ojos secos. Encontrarnos en el sueño. Rata. Tú todavía no me toleras.

(Después del sueño muy difícilmente llega el amor. Más vale no soñar. La rata de veras es un animal interesante).

(De Libro del amor. Comienzos de siglo XVII).

 


 

Los ratones actores

Pu Song-ling (1640-1715)

Tres relatos sobre ratas y ratones traducidos del chino al español por Wilfredo Carrizales

En el mercado de la ciudad de Chang An1 había un hombre vendedor de ratones que sabían actuar. El hombre siempre cargaba una bolsa a la espalda donde ocultaba más de diez ratones pequeños. Cada vez que estaba en medio de la gente extraía una pequeña tabla de madera y se la fijaba detrás de los hombros como si fuese una tarima de actuación. Entonces se ponía a tocar un tambor y cantaba algún antiguo drama poético-musical. Al sonido del canto y el redoble del tambor los ratones salían de la bolsa, con los rostros cubiertos por máscaras y vestidos con pequeños trajes. Los ratones se trepaban a la espalda del hombre y luego subían a la tarima, se erguían cual personas y danzaban. Exteriorizaban penas y alegrías, por completo unidos en el drama y con los ojos cerrados.

(De Registro de lo extraño durante conversaciones ociosas en un estudio; 1751).

 


 

La rata fantasma

Yuan Mei (1716-1798)

Tres relatos sobre ratas y ratones traducidos del chino al español por Wilfredo Carrizales

Un tal Cui de Hanyang era rico. Fue seleccionado como magistrado de distrito en la provincia de Yunnan.2 Se llevó a la familia cuando tomó posesión del cargo. Dejó a un viejo sirviente para que custodiara la puerta y cerrara con candado desde el gran salón hasta las habitaciones posteriores. Varios años después, Cui cesó en el cargo y regresó a casa. Algunos días después de instalado vino un tropel de habitantes de la casa a informarle que en el edificio dedicado a Buda ocurrían cada noche sucesos extraños. Cui siempre era valiente. Trasladó su cama hasta el dormitorio ubicado en la planta baja del edificio budista. Pensaba mirar lo raro que aconteciera. Cuando la clepsidra marcó el comienzo de la medianoche, Cui apagó la vela y puso su cabeza sobre la almohada. Escuchó en la parte superior del edificio el sonido de golpes en la mesa, aporreos en las sillas y sonidos de pasos en círculo, como cuando los funcionarios salen de su sede y los esbirros del yamen3 arrastran las palmetas. Un rato después, el extraño suceso, gradualmente, fue bajando de la parte superior del edificio. Al descender un escalón parecía el ruido de un mazo al golpear las tablas de la escalinata. Cui tuvo mucho miedo. Golpeó la cama y lanzó un gran grito. Escuchó como si alguien arrastrara un mazo arriba. Los habitantes de la casa acudieron todos. Encendieron los faroles y subieron a la parte alta a mirar. Estaba vacía. Todos aumentaron su creencia en que no eran demonios, sino fantasmas. Invitaron a un hechicero para que hiciera un conjuro, pero fue inefectivo. Por toda la ciudad corrió el rumor de que en la casa de Cui había fantasmas.

En casa de Cui había un grupo de ópera local basada en baladas. Algunos de sus integrantes eran muy valientes. Pensaron en echar un vistazo al fantasma. Así, al hacerse de noche, se maquillaron los rostros y se cambiaron de trajes. Uno se disfrazó de emperador Fu Mo;4 otro, de general Zhou,5 quien a su lado prestaba asistencia. Encendieron velas y aguardaron. De improviso, una rata bajó del tope del trono donde estaba colocada la imagen de Buda y huyó. La cola de la rata parecía un gran mazo. Tres personas apresuradamente salieron en su persecución para atraparla. Debido a que la cola de la rata era demasiado grande y su cuerpo torpe y pesado, de inmediato fue capturada. Al observar con detenimiento la cola de la rata resultó que estaba formada de polvo solidificado y pesaba varios jin.6 No se sabía la razón. Cui lo comprendió de prisa: “Hace años esta rata comía a escondidas el aceite de las lámparas. Yo desde atrás atrapé su cola. La rata empleó su fuerza y escapó. La piel de la cola se desprendió completamente. La sangre fresca le empapó el cuerpo. El polvo se fue acumulando día a día y mes a mes hasta que adquirió esta forma. Al moverse por el piso producía aquel ruido. ¡Risible que en estos meses yo haya venido numerosas veces a rogarle a Buda y no vi fantasmas en absoluto!”.

(De Lo que no dijo el Maestro; 1788).

 


 

A manera de epílogo

Aunque la presente selección sólo abarca tres breves relatos sobre ratas, decidí incluir, a manera de epílogo, dos poemas anónimos, muy antiguos (datados entre el siglo XI y el VII a.C.), que versan sobre el tema de las ratas.

 

Grandes ratas

Grandes ratas, grandes ratas,
No se coman nuestro mijo.
Tres años les hemos servido, señores,
Y no han accedido a gratificarnos.
Les juramos que nos marchamos
A una tierra feliz.
Tierra feliz, tierra feliz,
Donde amemos nuestras moradas.

Grandes ratas, grandes ratas,
No se coman nuestro trigo.
Tres años les hemos servido, señores,
Y no han accedido a compensarnos.
Les juramos que nos marchamos
A un país feliz.
País feliz, país feliz,
Donde obtengamos nuestros derechos.

Grandes ratas, grandes ratas,
No se coman nuestros brotes.
Tres años les hemos servido, señores,
Y no han reconocido nuestros méritos.
Les juramos que nos marchamos
A una comarca feliz.
Comarca feliz, comarca feliz.
¿Quién quiere lamentarse por siempre?

 

Mirar la rata

Mira la rata: tiene piel;
Es el hombre sin solemnidad.
Hombre sin solemnidad,
¿Por qué no te mueres?

Mira la rata: tiene dientes;
Es el hombre sin rectitud.
Hombre sin rectitud,
¿Por qué no te mueres?

Mira la rata: tiene patas;
Es el hombre sin modales.
Hombre sin modales,
¿Por qué no te mueres de prisa?

Wilfredo Carrizales
Últimas entradas de Wilfredo Carrizales (ver todo)

Notas

  1. Antiguo nombre de la actual ciudad de Xi An, provincia de Shaanxi.
  2. Provincia del suroeste de China.
  3. Institución civil, sede oficial de los funcionarios en la China feudal.
  4. Se refiere a Guan Yu, general valiente y leal de la Época de los Tres Reinos (220-280), quien fue deificado después de muerto. La tradición dice que el Emperador de lo Alto lo enfeudó con el título de Emperador Fu Mo (Fu Mo quiere decir “Oculto Portento”).
  5. El general Zhou Zang, militar subordinado a Guan Yu.
  6. Unidad de peso, equivalente a medio kilo, aproximadamente.