Después de haber tomado toda la noche con un amigo,
salimos en un bote al amanecer
a ver quien puede escribir el mejor poema.
Esos pinos, esos robles del otoño, esas rocas,
esta agua oscura tocada por el viento —
soy como tú, bote oscuro,
a la deriva por el agua alimentada de los nacimientos.
Debajo de las aguas, desde que era un niño he soñado con extraños
y oscuros tesoros,
no de oro, ni de piedras extrañas, pero el don
verdadero está debajo de los pálidos lagos de Minnesota.
Esta mañana también, a la deriva en el viento del amanecer
siento mis manos, y mis zapatos, y esta tinta —
a la deriva, tal como todo el cuerpo está a la deriva,
sobre las nubes de la carne y de la piedra.
Algunas amistades, algunos amaneceres, algún vislumbre de la hierba,
algunos remos roídos por la nieve y el calor,
así vamos a la deriva, así a la orilla sobre las aguas frías,
y ya no importa si vamos a la deriva o si vamos derecho.