Chino
Feng Meng-long y otros
El bosque de la risa

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Feng Meng-long
(Repertorio de la risa)

La pata del taburete

Ilustración de Liu Er-gang

En el campo hacen taburetes y utilizan mucho las horquetas de los árboles como patas. Accidentalmente se rompió una pata y el amo le ordenó a un sirviente que fuera al bosque en busca de una horqueta. El sirviente salió portando un hacha. Llegada la noche regresó sin nada. El amo le preguntó la razón. El sirviente respondió: “Horquetas había, pero todas crecían hacia arriba; ninguna hacia abajo”.

 

Enviar documentos oficiales

Ilustración de Liu Er-gang

Había la urgencia de enviar con apremio documentos oficiales. El funcionario temía que el envío se retrasase. Le asignó un caballo a un mensajero y le ordenó partir. El hombre partió siguiendo al caballo. Alguien le preguntó: “Esto es un asunto urgente, ¿por qué no montas en el caballo?”. El hombre respondió: “Si seis patas andan, ¿acaso no son más rápidas que cuatro?”.

 

Firme temperamento

Ilustración de Liu Er-gang

Un padre y su hijo tenían firme temperamento y no consentían ceder ante nadie. Un día, el padre invitó a huéspedes a beber en su casa. Envió a su hijo para que entrara en la ciudad por carne. El hijo adquirió la carne y se dispuso a regresar. A punto de salir por la puerta de la ciudad, se topó directamente con un hombre que venía. Ninguno quería ceder el paso al otro. Se mantuvieron inamovibles por largo tiempo. El padre vino en busca del hijo y lo vio. Le dijo al hijo: “Usted, por el momento, tome la carne y regrese a acompañar a los huéspedes en la comida. Le reemplazaré aquí en la confrontación con éste”.

 

En busca de las barras del palanquín

Ilustración de Liu Er-gang

Una joven se casaba por vez primera. Estaba llorando de pena, cuando escuchó que los porteadores no conseguían las varas. Aún llorando, ella dijo: “Madre mía, las varas del palanquín están en el rincón de la puerta”.

 

Caída del piso del palanquín

Ilustración de Liu Er-gang

A una recién casada, en el camino, se le cayó de repente el piso del palanquín. Los porteadores del palanquín intercambiaron opiniones sobre el problema. Le dijeron a la nueva esposa que no podía marchar a pie y que si deseaba cambiar el palanquín, debían retornar a una larga distancia. Al escuchar esto, la mujer dijo: “Yo tengo una idea”. Todos los porteadores se alegraron y le preguntaron qué idea tenía. Ella respondió: “Ustedes van afuera cargando el palanquín; yo voy adentro caminando por mí misma”.1

  1. Para comprender mejor este chiste y el anterior hay que saber que las mujeres que se iban a casar eran conducidas en palanquín desde su casa hasta la casa del novio, donde éste la aguardaba en la entrada.

 

Mirar al revés

Ilustración de Liu Er-gang

Un rico anciano le exigió el pago de la deuda a un hombre y sostuvo al revés el contrato, mientras se lo mostraba. El hombre se rió del anciano. Enojado, dijo el anciano: “Yo especialmente lo sostuve para que tú lo vieras, ¡acaso era para verlo yo mismo!”.

 

Aturdimiento

Ilustración de Liu Er-gang

Tres hombres dormían juntos. Un hombre sintió mucha picazón en las piernas, pero estaba aturdido de sueño. Al cabo, con toda energía rascó las piernas del segundo hombre. La picazón no disminuyó. Rascó de nuevo con más fuerza hasta que le sacó sangre al segundo hombre. Éste movió su mano hasta el lugar húmedo y asumió que el tercer hombre le había orinado involuntariamente, entonces le urgió a que se levantara. El tercer hombre se levantó a orinar. Pared por medio había una taberna; el sonido del goteo de la extracción del aguardiente no paraba. El tercer hombre creyó que no había terminado de orinar. Permaneció parado allí hasta que amaneció.

 

Ronda nocturna

Ilustración de Liu Er-gang

Un oficial militar de bajo rango andaba de ronda nocturna. Encontró a un transgresor de las ordenanzas nocturnas. Éste dijo que era un estudiante que había asistido a clase y que regresaba retrasado a su casa. El oficial militar le dijo: “Así que tú dices que eres estudiante. Por ahora voy a someterte a un examen”. El estudiante le invitó a formular las preguntas. El oficial militar pensó y no encontró preguntas. Dijo en alta voz: “¡Afortunado tú! Por suerte esta noche no tengo preguntas”.

 

Escoger un nombre

Ilustración de Liu Er-gang

Una mujer estaba a punto de dar a luz. Era muy doloroso para ella hacer un juramento a su esposo: “Después no te permitiré que penetres mi cuerpo. Es preferible que no tengamos un hijo, a de nuevo tener que pasar por aquel trabajo”. El marido dijo: “Meticulosamente condescenderé a acatar la orden”. La mujer parió a una niña y los esposos discutieron acerca de la asignación de un nombre. La esposa dijo: “Le llamaremos ‘Atraer al Hermano Menor’ ”.

 

Casamiento por la fuerza

Ilustración de Liu Er-gang

Un hombre pobre deseaba casarse con una mujer rica. La familia del hombre temía que se rompiese el compromiso matrimonial. Escogieron un día y el hombre condujo a un grupo para llevarse por la fuerza a la mujer. Por error cargaron a la espalda a la hermana menor de la mujer y escaparon. La mujer casadera les siguió y gritó: “¡Arrebataron a una por equivocación!”. La hermana menor de la mujer, desde la espalda de quien la cargaba, dijo: “¡No la escuchen a ella! ¡No hay equivocación, no hay equivocación! ¡Corran de prisa!”.

 

Afición por montar a caballo

Ilustración de Liu Er-gang

Había un hombre aficionado a montar a caballo. Alguien le engañó al cambiarle un caballo que no trotaba rápido por cincuenta monedas de oro. El hombre no pudo soportar el ardid. Entonces, alquiló una barca para transportar el caballo, mientras él iba montado sobre su lomo. Después de viajar varios li,1 se quejó por el retraso y le dijo al barquero: “Yo compraré aguardiente para invitarte si te mueves más rápido. Yo deseo salir a probar la brida”.

  1. Un li equivale a medio kilómetro, aproximadamente.

 

Custodiar las estacas de álamo

Ilustración de Liu Er-gang

Hubo un hombre que plantó estacas de álamo y le ordenó a un niño que las custodiara. Diez días después no se había perdido ni una estaca. Alegre, el dueño le dijo al niño: “Con diligencia lo hiciste bien, pero ¿qué procedimiento usaste para que no pudieran perderse?”. El niño respondió: “Cada noche las arrancaba y las guardaba en mi casa”.

 

Vino ácido

Ilustración de Liu Er-gang

Un hombre fue a una taberna y se quejó de que el vino estaba ácido. El tabernero se enojó y colgó al hombre de una viga. Un cliente vino y preguntó el motivo. El tabernero dijo: “El vino de esta pequeña taberna es muy bueno. Este hombre dijo que estaba ácido. ¿No tenía que colgarlo?”. El cliente dijo: “Permítame una taza para yo probarlo”. Después de probarlo, frunció el ceño y le dijo al dueño de la taberna: “Puede bajar a este hombre y colgarme a mí”.